martes, 1 de febrero de 2011

Túnez, la revolución del verdulero


El amigo Norberto Emmerich, licenciado en Relaciones Internacionales y doctor en Ciencia Política, esta actualmente trabajando en la Universidad de México, pero desde allá nos manda este aporte sobre un tema, un paìs, una zona, de la que conocemos poco, pero es de estricta necesidad comprender un poco más. Lean y vean porquè. Vale la pena.

El domingo 23 de enero de 2011 miles de personas rodearon el palacio del primer ministro interino, Al-Ghannouchi. El palacio del Primer Ministro, situado en la Kasbah, en la parte antigua de la ciudad, convive con el Ministerio de Finanzas, el Ayuntamiento y el Palacio de Justicia. Allí van los manifestantes a exigir la renuncia de Ghannouchi y la de todos los miembros del gabinete que pertenecen al régimen anterior, especialmente los ministros de Defensa, Interior y Relaciones Exteriores.

La semana anterior ya habían renunciado cinco ministros, con lo cual el país está gobernado por un gobierno incompleto.

El contingente crecía constantemente, nutrido de miles de manifestantes que se unían a las manifestaciones en la capital provenientes de las ciudades del interior del país.

La denominada Caravana de la Liberación partió el sábado a la noche de Kasserine y Sidi Bouzid, la tierra natal de Mohamed Bouazizi, en el centro del país.

Todos ellos fueron convocados por la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT). Activistas sociales, estudiantes, campesinos, profesionales sin trabajo, policías y bomberos se unieron a la caravana.

En un intento por volver a la normalidad, el gobierno provisional anunció la reapertura de colegios y universidades para el lunes 24. Por su lado los maestros de todo el país anunciaron el inicio de una huelga por tiempo indeterminado. Entre sus demandas también figura la disolución de la Reagrupación Constitucional Democrática (RCD), el partido del dictador Ben Alí. El sindicato de maestros exigió “la formación de un gobierno provisional que aparte de entre sus miembros a los enemigos de nuestro pueblo”.

El poder ejecutivo no lograr hacerse cargo del gobierno, sus decisiones no son acatadas, su composición es desafiada y su permanencia parece insostenible.

Por su lado la UGTT está impulsando la creación de comités sindicales para elaborar propuestas en materia de reformas políticas, económicas y sociales. También ha pedido la proclamación del 14 de enero como día de fiesta nacional.

Sin embargo también ha hecho un llamamiento a los trabajadores “para oponerse a los intentos de obstaculizar el normal desenvolvimiento de las instituciones y su retorno a la normalidad”, precisamente lo que están haciendo los desempleados y jóvenes tunecinos con sus movilizaciones y su exigencia de renuncia del gobierno interino.

El mismo domingo 23 de enero se anunció la creación del Frente 14 de Enero, una coalición que agrupa a un amplio espectro de fuerzas izquierdistas y nacionalistas hasta ahora divididas: el Partido Comunista, los Patriotas Democráticos, el Partido del Trabajo Patriótico y Democrático, nasseristas, baasistas, trotskistas y otros grupos de inspiración marxista. No se ha incorporado el Congreso de la República, de Moncef Marzouki, que está negociando una alianza con los islamistas del Nahda, el partido del promocionado Rachid Gannouchi, vuelto del exilio y sin fuerza en este proceso revolucionario. La fuerza decisiva sigue siendo la UGTT, que tiene medio millón de afiliados en todo el país. Mientras sus bases son el componente decisivo de la movilización, su dirección ha sido en parte tolerante y en parte cómplice del régimen anterior, y formó parte del primer gabinete de Al-Gannouchi.

El programa del Frente 14 de Enero impulsa el establecimiento de un gobierno provisional del que solo estaría excluida la antigua RCD y la convocatoria de elecciones para asamblea constituyente a fin de redactar una nueva constitución. Ese gobierno se mantendría durante un año. Pero también incluye algunos puntos concernientes a la política social e internacional: “la construcción de una economía nacional al servicio del pueblo que ponga los sectores vitales y estratégicos bajo el control del Estado, con la nacionalización de todas las empresas e instituciones privatizadas y el rechazo de toda naturalización de relaciones con la entidad sionista, así como el apoyo a todos los movimientos de liberación nacional del mundo árabe”.

Ya se han formado las llamadas “comisiones populares” o “consejos de defensa de la revolución” en todo el país. Su misión principal es proteger a los barrios de las milicias del régimen anterior, pero ante los acontecimientos se están encargando de los servicios municipales por la incapacidad de la burocracia gubernamental para poner en funcionamiento el aparato del Estado. Por otro lado también deben solucionar la parálisis empresaria porque muchos gerentes y directivos de empresas estatales y privadas fueron expulsados por los trabajadores.

En cuanto a las milicias benalistas, el peligro proviene de la Guardia Presidencial, un cuerpo muy bien armado y compuesto por una cantidad desconocida de miembros. La dictadura de Ben Alí mantenía prisioneros políticos en cárceles secretas, la UGTT desconoce la cantidad de prisioneros políticos en el país. Casi todos ellos son miembros del Partido Comunista o del partido islamista Nahda, las dos únicas fuerzas realmente opositoras a Ben Alí. Debe remarcarse que el islamismo del Nahda es moderado, aceptando la separación de Iglesia y Estado.

Mientras la policía se ha unido a los manifestantes, el Ejército se mantiene expectante y relativamente independiente, mientras acumula el apoyo de la población, que desconfía de la policía. Rachide Ammar, el héroe militar que se negó a aceptar las órdenes represivas de Ben Alí, dio un discurso en la Kasbah el martes 25 convocando a apoyar al gobierno interino. Las aguas comienzan a separarse, dejando claro que la unidad que implica toda revolución democrática, cede paso a la división que caracteriza a toda revolución socialista. Los medios de comunicación que festejaron la caída de Ben Alí, ahora difunden imágenes y comentarios de la Avenida Bourguiba, donde los turistas y los intelectuales progresistas festejan la revolución, mientras desconocen y silencian los acontecimientos de la Kasbah, donde miles de manifestantes exigen la caída del gobierno.

Qué piden los tunecinos en sus consignas: democracia. Lo único que todos quieren negarles, Estados Unidos, la Unión Europea, Kadafi, los islamistas, Israel y la RCD.

Las inútiles políticas preventivas de los países vecinos

Esta situación explosiva no es privativa de Túnez, en un grado u otro está presente en países como Egipto, Argelia, Libia, Siria, Jordania, Sudan y Mauritania. En Túnez la chispa del movimiento que derrocó a Ben Alí fue la autoinmolación de Mohamed Bouazizi en protesta por la persecución de la policía municipal contra su actividad de venta ambulante de verduras. Ejemplos como estos ya se repitieron en Argelia, Egipto, Mauritania y otros países. Las manifestaciones que reclaman trabajo y exigen el fin de los aumentos de precios ya son hechos cotidianos e incluyen el reclamo de cambios políticos.

Siria lleva años aplicando una política de eliminación de subsidios a los alimentos, los hidrocarburos y a otros insumos de consumo popular. Ahora está adoptando medidas en sentido contrario. El 16 de enero el gobierno decretó el aumento del bono petrolero a sus funcionarios públicos hasta un monto de 33 dólares por mes. Estableció una red social que atiende a las necesidades de 2 millones de personas mientras otras instancias civiles calculan que se trata de 4.5 millones. En 2008 el mismo Gobierno había rebajado el bono petrolero elevando así los costos de producción especialmente de los agricultores. Además eliminó las subvenciones a los fertilizantes a pesar de la oposición de los sindicatos campesinos.

Algo similar sucede con la monarquía en Jordania. Desde la asunción del rey Abdallah II todos los sucesivos gobiernos ajustaron la economía del país a los parámetros neoliberales: disminución o anulación de los subsidios a los alimentos básicos, a los derivados de hidrocarburos, apertura del mercado a la inversión extranjera directa, etc.

El 14 de enero en la protesta del “día de ira”, más de 5.000 personas marcharon contra la escalada de precios de los alimentos y el desempleo.

Ante la abrupta salida de Ben Alí en Túnez el gobierno jordano anunció el 16 de enero la puesta en marcha de un plan de emergencia de 225 millones de dólares para reducir los precios de los hidrocarburos y de alimentos básicos como el azúcar y el arroz. Luego anunció la asignación de 283 millones de dólares para sueldos de funcionarios y jubilados. La respuesta popular exige cambios políticos: equilibrio entre los poderes de la Corona y el Ejecutivo con el Parlamento y el fin de los aumentos de precios.

Argelia, un país productor de petróleo y gas, con una formidable reserva internacional de divisas (150 mil millones de dólares) lleva varios años enfrentando un creciente descontento popular por la caída de sus servicios públicos (educación, vivienda, salud), el alto desempleo juvenil y una economía alimentaria informal con especulación y aumento de precios. El 4 de enero la Gaceta Oficial publicó el presupuesto anual 2011 con aumento de precios en los productos básicos como el azúcar y el aceite de cocina. Ante los hechos de Túnez el gobierno redujo esos precios en un 41% y anuló impuestos y aranceles al azúcar y el aceite de cocina. Sin embargo estas medidas no calmaron los reclamos populares que se extienden y radicalizan.

En Egipto los reclamos alcanzaron un alto nivel político. Ante la amenaza de la revolución tunecina el 17 de enero el gobierno anunció un aumento en las subvenciones a los productos de consumo popular por más de 1.200 millones de dólares, beneficiando a 63 millones de egipcios. El descontento no disminuyó, 4 manifestantes se autoinmolaron y en el “día de ira” del 26 de enero las calles del país exigieron la renuncia de Hosni Mubarak. A diferencia de Túnez, el país más pequeño del Magreb, Egipto tiene 80 millones de habitantes y es el país más poblado del mundo árabe. Por otro lado a diferencia de Túnez, la oposición islámica ha jugado un rol importante en las movilizaciones contra el régimen de Murabak. Y finalmente, si Túnez no tiene un gran peso estratégico para Estados Unidos, Egipto es el segundo receptor mundial de ayuda militar, sólo detrás de Israel.

También en Marruecos el régimen del Rey Mohamed VI es inestable y tiene similitudes con la situación tunecina.

El proceso tunecino fue tema central de la Segunda Cumbre Económica de países árabes reunida en el balneario egipcio de Sharm El Sheij. Originalmente la agenda de la cumbre trataría sobre megaproyectos de ferrocarril, marítimos y terrestres, liberalización de servicios y apertura de los espacios aéreos. Finalmente se decidió priorizar un programa de 2 mil millones de dólares para "apoyar las economías más débiles" y evitar las "protestas callejeras".

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