martes, 21 de marzo de 2017

Todos los misterios de la Carta de Walsh


Impactante (e imprescindible) Iinvestigaciòn de Diego Igal en la revista Anfibia (Universidad Nacional de San Martín-UNSAM), con ilustraciones de Sebasatiàn Angresano y Julieta Marziani

Entre enero y marzo de 1977, Rodolfo Walsh escribe la “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar”. La firma en el primer aniversario del Golpe, alcanza a distribuir algunas copias y, horas después, es asesinado y luego desaparecido. Durante meses, y años, el texto prohibido circula de mano en mano y se transforma en canónico. ¿Quiénes reciben esas copias? ¿Quiénes las ponen a circular aquellos días aciagos del ’77? ¿Quién es el argentino que la publica completa, por primera vez, a más de 7 mil kilómetros de Buenos Aires? Con el pulso de un thriller, Diego Igal responde estas y otras preguntas sobre la famosa Carta y reconstruye los últimos días de la vida cotidiana y clandestina de su autor.
http://www.revistaanfibia.com/cronica/todos-los-misterios-la-carta-walsh/






viernes, 17 de marzo de 2017

La vieja trampa de la corrupción...

    

Hace apenas quince días realice un (otro) comentario acerca de la manipulación del tema “corrupción” (http://albertonadra.blogspot.com.ar/2017/03/bueno-vamos-hablar-otra-vez-de.html), pero creo que es necesario volver a encararlo, esta vez apelando a la memoria colectiva, tantas veces extraviada en nuestra Argentina.
   
    Cuando publiqué “SECRETOS EN ROJO. Un militante entre dos siglos”, cité en su página 261 un par de párrafos de mi apertura de un programa de “Política en Acción”, que entonces, 30 de septiembre de 1998 (sobre el final del menemismo), conducía por Cablevisión:

    “Algunos amigos del Frente Grande me critican haberles cuestionado su absolutización del tema corrupción, y llaman al canal [ilustré el comentario con la lectura de algunos mensajes]  para decirnos que, por ser estructural, la lucha contra la corrupción es una cuestión de principios. Es cierto. Y también lo es que combatir la corrupción es parte de construir una Argentina más justa. Pero está lejos, muy lejos, de ser la base de su logro, la principal ‘cuestión de principios’”.

    En mi libro, cuya primera edición publiqué en 2012, añadía:

    “Plantear, como buena parte de la UCR (menos Alfonsín, hay que rescatarlo, quien combatió abiertamente el neoconservadurismo de Menem y el hegemónico sector continuista en la propia Alianza) que la corrupción era “el” problema –en lugar del modelo rentístico y de rapiña que hegemonizaba la política argentina desde 1975– era cambiar de collar para vendernos el mismo perro: nos conduciría, como nos condujo, al desastre; al menos para el pueblo trabajador y la clase media.
Pero esa posición fue la que hegemonizó el proceso cuando el ultraconservador De la Rúa fue elegido como candidato a Presidente el 29 de noviembre de 1998, y “la gran esperanza progresista” Carlos “Chacho” Álvarez– combinaba su macartismo con la tesis de que la militancia “dejó de existir en la Argentina”, relegando y frustrando la vocación de cambio de una generación entera de cuadros técnicos con vasta experiencia militante: un acervo de personalidades y potencialidades irrepetible en un futuro inmediato.
¿Y en qué depositaba aquel “teórico del nuevo progresismo” las esperanzas? ¿Cómo pretendía vincular a la dirigencia de un proceso de cambios con “la gente” cuando pregonaba que estaba “superado” lo de decirle “pueblo” al pueblo, y “peronismo” al peronismo (al que él mismo había pertenecido)? Nada menos que a través de “Los medios masivos de comunicación. La comunicación ahora es directa entre los dirigentes y la ‘gente’ mediante los medios”, repetía.
Borracho de figuración por el abierto empujón mediático que recibió su figura –también la de Graciela Fernández Meijide– cuando el establishment consideró agotada la experiencia Menem, el “Chacho” adecuó el gatopardismo y confió en que los grandes medios concentrados por siempre llevarían su mensaje; así, desinteresadamente, y a lo largo y ancho del país. Un visionario…”

Ahora bien: ¿por qué apelamos a reflexiones pasadas sobre hechos que ya ocurrieron? Pues nos venden, y una parte importante de la ciudadanía, aún compra el pescado podrido que nos vende la reacción conservadora. Pues GRAN parte de la dirigencia y una parte de la militancia no considera necesario pensar nuestros errores y el porqué de los fracasos del campo popular.

     Aún hoy, 2017, casi veinte años después,  desde un supuesto “progresismo” hay quienes piensan, o al menos así lo declaman,  que el problema –que problema es—de la corrupción sigue siendo el nudo que explica el atraso argentino, y el sufrimiento del pueblo.

    Aún hoy una parte de nuestro pueblo escucha ese fatal canto de sirena conque nos han estafado –encarcelado y asesinado en el caso de los luchadores del campo nacional y popular—todo los impulsores y protagonistas civiles y militares de los golpes de Estado y los gobiernos conservadores y neoconservadores desde inicios del siglo pasado.

    Aún hoy, en 2017, en el campo nacional y popular, algunos creen que la política se define por centimetraje o minutos en los grandes medios de comunicación.


    Aún hoy, pese a la lección de la derrota en 2015, algunos creen que las alternativas nacen sólo de acuerdos electorales, que deben transitarse, sin dudas, y no en la construcción de poder popular, en una alternativa organizativa y programática asentada en barriadas, centros productivos agrarios e industriales, en las casas de estudio y a lo largo de todo el campo de la creación artística y cultural.

jueves, 2 de marzo de 2017

Bueno, vamos a hablar (otra vez) de corrupción


   Una amiga a la que quiero y respeto por su trayectoria y entrega, me llama la atención por eludir los casos de corrupción en los gobiernos de Néstor Y Cristina Kirchner, en mi referencia al hipócrita --en ese aspecto, para otros tramos tengo adjetivos y caracterizaciones menos favorables-- discurso de Macri ante la Asamblea Legislativa. 

   Jamás oculté mis críticas, es más se lo anticipe a Néstor Kirchner cuando con otros compañeros decidimos apoyarlo en 2003, mucho antes de su triunfo: lo haría como marxista, con un fuerte impulso a lo que se hiciera bien, una crítica constructiva a las carencias o insuficiencias, y la condena a lo que en mi opinión se hiciera mal, con o sin convicción, calculado o no. 

   Mucho antes que aparecieran las denuncias de Lázaro Báez, para tomar un caso emblemático, denuncié las infamias que se producían de la mano del ahora preso Ricardo Jaime al frente de la secretaría de Transporte: en ferrocarriles, pero no únicamente.

   También los interminables negociados de los “barones del conurbano”, muchos de los cuales finalmente fueron desplazados por el voto popular, pese a que después de agitar su “cristinismo” (como antes su menemismo, su duhaldismo y así sucesivamente), en casos recalaron en las filas de Massa, o directamente del PRO-Cambiemos.

   Tampoco los manejos y muchas decisiones de las gestiones, para llamarlas de alguna manera, de gobernadores como Alperovich, Beder Herrera, o Fellner para citar algunos ejemplos.

   No esperé a su desplazamiento para opinar sobre Redrado, Prat Gay, Beliz, Lousteau, Diego Bossio, Sergio Massa o Stiuso y el aparato de la SIDE.

   Pero ahora no estamos ante la corrupción que habitualmente acompaña gobiernos, militares y democráticos, y que es parte de la matriz constitutiva del capitalismo (otra diferencia, en este caso de perspectiva, con el gobierno anterior), e incluso infectó fatalmente los intentos de construir otra sociedad.
Ahora se trata de TODO ESO, que bien conocemos y sufrimos, pero SUMADO dentro de un plan sistemático de negocios para esquilmar el Estado por parte de una CEOCRACIA aliada a lo peor del actual sistema-mundo: el súper concentrado, improductivo, y depredador sector financiero internacional.

   Esto no se resuelve con las filmaciones del torpe ladronzuelo de López arrojando bolsas llenas de dólares en un convento, o en una de las tantas cuevas que el establishment inició en dictadura y multiplicó en democracia, en casos para derrocar presidentes (Alfonsín), en otros hostigarlos y arrancarles concesiones como el mantenimiento de la Ley de Entidades Financieras de la dictadura, la renta minera y pesquera (CFK) y en los más cooptarlos como en los ’90 y la trágica experiencia de la Alianza.

   La HISTORIA muestra que el Grupo Macri, uno de los fundadores de la “Patria Contratista” que esquilmó al país en los últimos 40 años, se benefició con el (primer, pero no único), perdón del funcionario de la dictadura genocida Domingo Cavallo, quien estatizó la deuda de los grandes grupos económicos nativos, en este caso particular por 170 millones de aquella época, con lo cual SU deuda pasamos a pagarla entre todos.

   No en vano, el Grupo llegó a 1976, el inició la dictadura con siete (7) raquíticas empresas, e inició la democracia, en 1983, con cuarenta y siete (47) compañías, un poderoso núcleo concentrado de poder, que jugaría un papel tan decisivo como nefasto en los años por venir. 

   Sin tener en cuenta la depreciación de la moneda estadounidense equivale a casi VEINTE VECES el contenido de LOS TORPES BOLSOS DEL CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS.

   En relación a la ACTUALIDAD, el “perdón” que intentaron con el CORREO implica VARIOS CENTENARES DEL TORPES BOLOS DEL CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS, con lo cual las horas de filmación hubieran excedido cualquier prudente campaña de videopolítica.

   Finalmente, si consideramos las otras CINCO CAUSAS (PANAMA PAPERS, AVIANCA, entre las más comprometedoras) en las que está imputado el Presidente, y los casi 100 funcionarios de su Gobierno implicados en los llamados pudorosamente casos de “conflictos de intereses”, EL CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS, tendría que pasar varios días para tirar mucho más de MIL BOLSAS DE DOLARES POR ENCIMA DE LA PARED DEL CONVENTO, o de otra propiedad de su gusto.

   Claro, no fue ni es necesario: las transferencias electrónicas y los paraísos fiscales son prolijas, pulcras, y muy de gente como ellos.

   Me produce tristeza, por la impotencia, ver al hombre y la mujer de la calle, y aún más a dirigentes que pretenden regir los destinos del país, cargar las tintas entre los políticos que “roban en el Congreso”, o desde los despachos oficiales. No porque no sea cierto, que lo es en no pocos casos. Condenables, sí, pero una minúscula, insignificante parte, de la DECENAS DE MILES DE MILLONES DE DÓLARES de la deuda externa de la que se beneficiaron funcionarios e intermediarios de la dictadura, el gobierno de Menem, el de Cavallo-De la Rúa y de la actual escalada que supera todo lo anterior, en VOLUMEN y VELOCIDAD.

   En estos casos, mientras algunos se entretienen con venales legisladores y funcionarios, que lo son, TODOS ELLOS JUNTOS, y también el CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS DEBERÍAN ACARREAR BOLSAS NO DÍAS SINO DÉCADAS, ni que hablar si cumplen con las ocho horas reglamentarias de labor.


   REPITO: no estamos ante la corrupción que habitualmente acompaña gobiernos, militares y aún democráticos, y que es parte de la matriz constitutiva del capitalismo, sino a TODA ESA CORRUPCIÓN SUMADA A UN PLAN SISTEMÁTICO DE NEGOCIOS DELICTIVOS para esquilmar el Estado por parte de una CEOCRACIA aliada a lo peor del actual sistema-mundo: el súper concentrado y depredador sector financiero internacional.

viernes, 6 de enero de 2017

Piglia: Adiós a un escritor enorme


La literatura argentina e hispanoamericana tiene en otra tarde agobiante de Buenos Aires un nueva y estremecedora pérdida. Ricardo Piglia murió hoy a los 75 años como como consecuencia de una enfermedad degenerativa, la esclerosis lateral amiotrófica, que padecía desde hace más de un lustro. El nombre de Piglia se ramifica virtuosamente en distintas esferas de la cultura argentina desde finales de los años sesenta: la narrativa, tanto en novela como cuento, el ensayo, el guión cinematográfico y televisivo, y la docencia que ejercitaba con pasión.
Su nombre completo era Ricardo Emilio Piglia Renzi y lo desdobló por décadas: Renzi fue el personaje de sus novelas más notables, 'Respiración artificial' y 'La ciudad ausente', entre otras ficciones. Piglia y suerte de alter ego literario volvieron a juntarse en 'Los Diarios de Emilio Renzi', bitácora privada que empezó a escribir hace más de medio siglo cuando vivía en la localidad bonaerense de Adrogué. El segundo volumen, que llega a las puertas del último golpe de Estado en Argentina, fue editado hace pocos meses y celebrado por la crítica. Más que diario personal, Piglia había construido sin proponérselo quizá un gran fresco político y cultural de un país a la deriva en el que también, naturalmente, se cruzaban sus anotaciones sentimentales. Nadie esperaba que fuera su último libro en vida.

Decir 'Piglia', a secas, ha sido, por muchos años, un modo reverente de invocarlo. Siguiendo la senda de su amigo David Viñas, le enseñó a varias generaciones a leer la literatura argentina y norteamericana, establecer sus cruces con la política y la crítica (pasando por Lukács, los formalistas rusos o Bertolt Brecht), iluminar la espesura de las tramas paranoicas, descubrir el peso de voces que se creían menores o laterales o establecer nuevas jerarquías dentro de las letras de su país. Roberto Arlt y Macedonio Fernández adquirieron a través de su mirada otro lugar de relevancia. A principios de los sesenta se convirtió en uno de los intelectuales que adhirió a la Revolución Cubana. De hecho, su primera mención literaria la obtuvo en el VII concurso Casa de las Américas.

AUTOR PARA LECTORES EXQUISITOS

Durante la última dictadura fue un escritor de culto que se recomendaba sigilosamente. En 1978, la revista Punto de Vista publicó un anticipo de “Respiración artificial”. Dos años más tarde, esa novela devino una pieza fundamental para la comprensión no solo del horror que se vivía sino del camino personal trazado por su autor. A través de sus páginas no solo se discute a Jorge Luis Borges (al que define como un autor del siglo XIX) sino los afluentes de la barbarie que inundaban a una sociedad todavía impasible o indiferente. Con la recuperación de la democracia, Piglia fue constituyendo en uno de las figuras de mayor peso de la cultura argentina. Sus libros de cuentos “La invasión”, “Nombre falso” y “Prisión perpetua” pasaron a integrar la biblioteca de los lectores exquisitos.
Cada intervención de Piglia establecía una diferencia. En los años noventa publicó “La ciudad ausente”, una novela de corte futurista que tuvo su versión operística, a mediados de la misma década, a través de la colaboración con el compositor Gerardo Gandini. Es, ese, el momento en que Piglia deja de ser un autor de culto nacional para trasvasar las fronteras y alcanzar gran reconocimiento en España especialmente. “Plata quemada” le supuso un extraño privilegio: fue llevada al cine. Después vinieron “Blanco nocturno” y “El camino de Ida”, Anagrama, Barcelona, 2013

Piglia vivió en Estados Unidos, donde fue profesor en Harvard y Princeton. Años atrás su figura algo desgarbada irrumpió en la televisión. Una serie de clases magistrales, transmitidas el sábado por la noche, lo ubicaron en un sitio inédito. Fue, aunque parezca extraño, un Piglia de masas. El gran narrador ha sido además objeto de una notable película, 327 cuadernos, de Andrés Di Tella, una suerte de versión cinematográfica de sus diarios.
“Quién de nosotros escribirá el Facundo”.  La pregunta que se hace en “Respiración artificial” tiene que ver con el modo en que Piglia pensaba el legado. “Facundo”, de Domingo Faustino Sarmiento, funda la literatura argentina. Nadie,se sabe, podía escribir como él. Y tampoco nadie lo hará como Piglia. Deja un vacío enorme. Su muerte es otra de las marcas de un drástico cambio de época cultural. Días atrás fallecieron Andrés Rivera, otra de las figuras señeras de los años sesenta y Josefina Ludmer, acaso la crítica literaria más renovadora, estrechamente ligada al autor de “Prisión perpetua”.
Abel Gilbert

lunes, 19 de diciembre de 2016

Macrismo y Capitalismo: Diagnóstico y Programa De Lucha



“El pasado no se puede modificar; el futuro es incierto; el presente es de lucha”. Una consigna rigurosa para volver a pensar quiénes somos, qué nos pasó y qué debemos hacer de cara a lo que viene, nos propone en estas notas Norberto Colominas, periodista y escritor.
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El nuevo gobierno del PRO es bien capitalista, es decir genuinamente ladrón, puesto que el capitalismo se basa en  un robo: la sustracción y acumulación de plusvalía, que consiste en pagar un salario inferior al valor que produce un trabajador durante un mes. Este es el origen de la ganancia y la única explicación racional de cómo se produce la acumulación del capital: simplemente, plusvalía sobre plusvalía. El hecho de que esto sea aceptado en casi todo el mundo lo vuelve legal, pero no legítimo.

El macrismo es una formación capitalista de las peores, porque representa al estamento más concentrado de la economía, el financiero-exportador, y por ende al más explotador de todos, puesto que no se basa en la ganancia industrial (que producen las fábricas) sino en la renta del dinero (que generan los depósitos en y los préstamos de los bancos).

El peronismo también es capitalista, pero no representa al mismo sector económico ni social. Por eso a derecha lo estigmatiza llamándolo “populismo”.
El PRO se propone aumentar la extracción de plusvalía mediante una reducción del salario real, por la vía de no aumentar las remuneraciones tanto como la inflación, es decir un aumento nominal que no compense lo perdido, como ya lo anunció  el ministro Prat Gay.
Si no le queda más remedio, el sindicalismo peronista resistirá ese intento del oficialismo, pero antes tratará de negociar un acuerdo aceptable;  difícilmente lo consiga, pero, como siempre lo hizo, aún con dictaduras militares, lo hará de nuevo.

Según la OCDE, el PBI argentino crecerá en 2016 un 0,7 por ciento, lo que no compensa el aumento de la población, y si se ajustara por inflación casi no habría crecimiento.
En un segundo plano, la lucha por el ingreso tiende a calcarse con la lucha política por la hegemonía. Un peronismo dividido --como aparece hoy-  difícilmente pueda plantarse frente al gobierno con la posibilidad de torcer su rumbo. Antes de intentarlo deberá recuperar la unidad partidaria y programática, pero eso no es tan fácil como decirlo.


La derrota

La derrota ha sido dolorosa, pero no abultada. Se perdió por menos de tres puntos. Allí no está el problema. Los malos candidatos --que todos conocemos--  ya son parte del pasado, tanto como quienes se equivocaron al  elegirlos.
Ahora toca ordenar las ideas y empezar a vislumbrar una recomposición basada en nuevas ideas para enfrentar problemas que se arrastran sin resolver desde la fundación del justicialismo.

Las banderas siguen siendo las mismas de siempre. Lo que se espera de nosotros es una nueva lectura, una puesta en valor de los principios históricos de justicia social, soberanía política e independencia económica; una adaptación basada en el reconocimiento de errores que se cometieron y que no se pueden repetir.

En principio, no se puede andar peleando todo el tiempo con todo el mundoporque eso es soberbio e irrita sobremanera al ciudadano. Y otra cuestión, ligada a la anterior, aunque muy importante: el objetivo de la política es la lucha por la hegemonía, no por el dominio político absoluto,  ya que eso sería tiranía, estalinismo.

Ahora me voy a permitir la siguiente enumeración de problemas, de los que, a mi entender, hay que ocuparse en primer término.

1)    Si los enemigos históricos del pueblo argentino siguen siendo los mismos, y si continúan siendo muy fuertes, como efectivamente lo son, entonces no inventemos enemigos nuevos. Ya tenemos bastante con estos, que son el 3, o, como mucho, el 5 por ciento de la población, pero controlan mecanismos decisivos, entre otros las palancas de la economía más concentrada, los medios de comunicación y, desde diciembre, el poder político. Esto quiere decir que respecto de la amplísima mayoría de la sociedad (mínimo, el 95 por ciento de ella) tenemos dos posibilidades: o representamos sus intereses, o negociamos con la parte a la que no representamos (pero que tampoco se siente representada por el macrismo) en condiciones dignas y en pie de igualdad, sin atropellar a nadie y respetando los derechos de cada quien.

2)    La Argentina tiene una dependencia marcada de su producción agrícola  y ganadera. En términos de propiedad, el campo se divide en tres sectores: la gran estancia, las estancias medias de hasta 1.500 hectáreas, y los pequeños propietarios, de hasta 250 hectáreas o menos. Con estos dos últimos sectores debemos tener la mejor relación posible, y con el primero debemos asegurarnos de que paguen hasta el último centavo de sus impuestos, y que los campos sin cultivar paguen un tributo especial (el olvidado impuesto a la renta normal potencia de la tierra). Esta norma es más efectiva que las retenciones (incluida la soja), porque no afecta a todos sino solamente al sector más rico y al improductivo. Los tres sectores le venderán al estado, que exportará, cobrará los dólares y pagará en pesos en las siguientes 72 horas.

3)    La banca privada nacional y extranjera tendrá que seguir estrictas reglas de funcionamiento determinadas por el Banco Central. Los bancos públicos cobrarán tasas de interés testigo para todos los tipos de préstamos: comercial, de consumo, hipotecario, etc. Ningún banco privado del país (ya sea de capital nacional o extranjero) podrá abrir cuentas sino en pesos ni enviar al exterior suma alguna en moneda extranjera. Los dólares sólo podrán estar en alguno de estos dos lugares: en el Banco Central o en el cochón.

4)    La gran industria será sometida a un severo escrutinio impositivo, y los dólares que obtenga por sus exportaciones serán ingresados en cuentas especiales del Banco nación, quien los pagará en pesos en las siguientes 72 horas de haberlos cobrado.

5) Inflación. Se establecerá un estricto control de precios, empezando por los grandes mayoristas y desde allí para abajo en toda la cadena de distribución y comercialización hasta llegar a las bocas de expendio.
En toda la cadena las cajas registradoras serán cargadas con los precios máximos de cada mercadería (sobre un universo aproximado de 15.000 productos) y serán selladas por la AFIP. La violación por algún sector de la cadena será multada con severidad, con penas de hasta un millón de pesos y/o la cárcel, según corresponda.

6) A los comerciantes mayoristas (y/o acaparadores) que violen los precios máximos se les expropiarán las empresas sin pago alguno. Las mismas serán reconvertidas en cooperativas integradas por sus trabajadores, quienes, a su vez, se comprometerán a respetar dichos precios. Para ello hace falta una nueva Ley de Agio.

7) Las mismas penas se aplicarán a los productores del campo que se nieguen a enviar al mercado su producción, a los precios fijados. Se buscará también recomponer al alza el precio que reciben los productores por sus mercaderías, que hoy es tomado por los mayoristas. Así funciona en China e Irán, y la prueba de que funciona muy bien es que en esos países no hay inflación. (Y China tiene 1.350 millones de habitantes, no 40 y pico).

8)    Con los dos puntos anteriores se acabará con la ganancia inflacionaria, madre de la inflación, y con la inflación misma. No es una receta mágica; está probado que funciona.

9)    Habrá paritarias todos los  años, como corresponde. Y los aumentos deberán superar en un 5 por ciento a la inflación anual, cualquiera fuere, siempre medida por el INDEC (que deberá funcionar como un buen reloj, sin atrasar ni adelantar la hora).

10)  Los medios de comunicación hegemónicos serán expropiados, sin más. Nada de ambigüedades, ya que en el futuro otro gobierno de derecha  puede cambiar cualquier ley, como ya lo están haciendo con la Ley de Medios. Una ley de expropiación, y ya. No se trata sólo de Clarín y La Nación; hay varios grupos más, en provincias, como el Grupo Uno de Vila-Manzano, por ejemplo.

Se repondrá el artículo 45 que Menem eliminó para beneficio de Clarín y compañía. Ese es el origen de los multimedios. En la legislación de Estados Unidos y Francia hay un equivalente del artículo 45 (que prohibía expresamente que el dueño de un medio gráfico pueda poseer uno televisivo o radiofónico) y de allí fue tomado por la Argentina en 1949. Cómo sería necesario ese artículo que los constituyentes de la reforma de 1957 lo respetaron y no lo quitaron de la Constitución. Pero…Menem lo hizo.

Un elemento central a considerar es si un nuevo movimiento político estará dispuesto a llevar esta pelea hasta las últimas consecuencias, es decir, hasta  disciplinar a los enemigos del pueblo. Hasta disciplinarlos, hasta expropiarlos o hasta encarcelarlos, lo que corresponda en cada caso. Sin vueltas, directo y a fondo. Esa será una pelea que merezca ser dada.
La duda de muchos compañeros es si el peronismo  --que tiene los mismos límites que la penosa  burguesía nacional-- está o estará en condiciones de encabezar esa lucha. Pienso que hoy no lo está, pero habrá que esperar y ver.
Compañeros: para que el justicialismo vuelva a ser el movimiento revulsivo (no me animo a escribir “revolucionario”) que fundó Perón debe incluir, a la cabeza de sus políticas, la nacionalización de la banca y del comercio exterior, y un estricto control de precios. Tal como hizo Perón durante sus dos primeros dos gobiernos. Esas decisiones son imprescindibles para quebrar el modelo de acumulación del neoliberalismo. Sin esas medidas fundamentales no hay justicialismo. Habrá otra cosa, incluso algo aproximado al progresismo, pero no será justicialismo.


Levantemos el ánimo, porque, como sabemos, las derrotas enseñan más que los triunfos. Aprendamos, entonces, de ésta última.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Para debatir "la década larga" kirchnerista...



En poco menos de 30 minutos pueden ver (y escuchar) una "supersíntesis" de las poco más de dos horas y media que duró el 1º de diciembre la presentación de mi libro "DE KIRCHNER A MACRI. Crónicas de una derrota", dividida en cinco bloques de un promedio de cinco minutos cada uno, algunos un par menos algunos un par más.

1.5 PRESENTACIÓN (Teresa Hernández de Tamayo, secretaria de Cultura de SADOP/Nadra).

2.5 PABLO GAMBA, abogado, referente de Patria Grande.

3.5 JORGE SCHUSSHEIM, músico, escritor, escritor y dramaturgo, y aquí --sobre todo-- ácido humorista.

4.5 MERCEDES MARCÓ DEL PONT, ex diputada del FPV y Presidenta del BCRA.

5.5 ALBERTO NADRA








martes, 6 de diciembre de 2016

Polo, veinte años después


   Para mí son 33.

   Recuerdo la primera entrevista que tuve con Claudio, entonces con apenas 19 años, en la redacción recién salida de la clandestinidad de Aquí y Ahora, la revista de la Fede, que entonces dirigía, un talento que atropellaba, pese a su modestia: pichón de periodista había conseguido.

   Luego, pantallazos: sus primeras crónicas y notas, su abrazo el día del nacimiento de mi primera hija, Yamilé, en la sala de espera de la maternidad, en enero 1984, él último --días antes de su muerte-- cuando lo sentí tan cercano, pero irremediablemente lejos.

   En el medio,  el impacto irreversible que produjo su aparición en la televisión de la época y en miles de jóvenes periodistas su éxito, mientras aún veo una y otra vez malos imitadores de lo que nace solo una vez.

   Esa etapa, que reconozco viví con un orgullo al que (sabía) no tenía derecho, la seguí de lejos.

   En estas líneas, que tomo prestadas, las refleja la revista SUDESTADA:

"La aparición del programa de Polosecki a principios de los noventa representó algo más que una bocanada de aire fresco, fue la definitiva imposición de un estilo inédito en televisión.
"La clave fue detenerse en aquellas historias que ya nadie se preocupaba por escuchar. Esa nueva mirada que se instaló a partir del impacto de El otro lado se basaba en la búsqueda de historias que estaban allí, casi ocultas en las calles de Buenos Aires. El programa de Polo se encargó de correr las luces y enfocar la mirada hacia esas miles de historias escondidas en las sombras de la vida diaria y protagonizadas por ladrones, por vecinos, por trabajadores. Una verdad poética recorrió desde el principio su trabajo y generó una mística propia: lo extraordinario respira en lo cotidiano.

"Polosecki terminó sus días arrojándose bajo las vías de un tren el 3 de diciembre de 1996, dejando tras de sí una brumosa estela de dolor e interrogantes, pero también un legado artístico que resuena hasta nuestros días.