domingo, 19 de mayo de 2019

Fernández-Fernández: el día después

    A 24 horas del terremoto político que causó la decisión de CFK, puede concluirse, aún con una cuota de incertidumbre, que ya impulsa una ampliación de la base política del Frente Patriótico, ahora para las futuras elecciones y, en su dinámica, como sustento para que un futuro gobierno popular pueda enfrentar la crítica situación en que el macrismo ha hundido al país.
    Con ese objetivo, ya descolocó al oficialismo y al denominado “peronismo alternativo”, pero ante todo puso en evidencia que la ex presidente optó por un liderazgo estratégico, lo que supera ampliamente una decisión electoral.
    El macrismo recibió la noticia con evidente desconcierto, al que siguió una suerte de triunfalismo con frases para su propia interna, al estilo de “no cambia nada” o, incluso, es “un regalo para nosotros”.
    Más experimentada en profundizar las grietas y realizar el trabajo ajeno, la UCR oficial mostró su preocupación e inició una campaña de terror de la mano de Alfredo Cornejo y Hernán Lombardi. El primero, gobernador de Mendoza, afirmó que estamos ante “una trampa”, que “Es Cámpora al gobierno, Perón al Poder”, una “época nefasta en la que se incubó el Rodrigazo, la hiperinflación, una mega devaluación, un destrozo del aparato productivo y terminó en el golpe militar” El segundo, titular del Sistema de Medios, terminó de falsear la cronología y la historia: “terminamos en Isabel, Videla y la catástrofe”.
    Clarín y La Prensa repiten estos argumentos, sin pudor alguno por haber sido los que impulsaron la proscripción de Perón, apoyaron la orientación neoliberal y la subordinación externa que la acompaño; como luego fueron voceros de la dictadura y, ahora, promotores del olvido de sus crímenes y el indulto a los genocidas.
    Estos medios aportan sus propios enfoques para engrosar los oficialistas, y entre ellos destaca el ninguneo de la potencia política de la decisión de CFK: desvían la atención hacia “la difícil situación judicial”, que ellos mismos promueven, y le añaden “motivos personales”, como la enfermedad de su hija o la muerte de su madre. También se esfuerzan por impulsar versiones con las que esperan sembrar desaliento en el propio kirchnerismo, como recordar las conocidas diferencias que mantuvo Alberto Fernández, afirmar falsamente que “es” el Grupo Clarín, o anticipar un “segundo renunciamiento” que alejaría en forma definitiva a la ex presidente.
    Si omitir que estamos ante el inicio del proceso, hay señales de un reacomodamiento en los agrupamientos políticos.
    Massa eludió una definición clara pero dejó entreabierta la puerta para participar en las PASO frentista o, en caso de no hacerlo, para apoyar a su fórmula en una eventual segunda vuelta. Si eso ocurriera, podría mantener su “diferenciación” para los propios, a la vez que reduciría parte de las prevenciones kirchneristas, con lo que podría reservar para otra oportunidad sus inciertas ilusiones presidenciales. Schiaretti, pese a su proclamada posición centroderechista y su pertenencia al “peronismo alternativo”, en un ballottage puede considerar un apoyo implícito, o aún explícito, sobre todo si la se triunfa en la primera vuelta y las conveniencias le indican privilegiar una buena relación para su gestión provincial. Por otra parte, entre los gobernadores peronistas ya comenzó un alejamiento de Alternativa Federal y predomina la valoración de la fórmula de Alberto y Cristina Fernández.
    Si pensamos en términos de ciudadanía, o electorado global, entre los seguidores de CFK la respuesta mayoritaria es de una aceptación esperanzada de la iniciativa. En forma minoritaria, aparecen dos reacciones extremas y diferenciadas. Por un lado, el entusiasmo forzado entre los más fieles, mientras en el opuesto, la desilusión, y hasta cierto enojo, por el renunciamiento de quien no solo visualizan con el mayor caudal electoral, sino como única garantía del rumbo político. Es posible homogeneizar las tres posturas, si se convoca al protagonismo y control de la militancia, en base a los ejes discursivos del mensaje de la ex presidenta.
    No hay que esperar reflexión, menos aún cambios, entre los que odian, primorosamente, e irresponsablemente, alimentado por el oficialismo y los medios. El 25/30% del electorado que históricamente rechazó las expresiones populares, desde el yrigoyenismo hasta el peronismo, es un bloque hegemonizado por el minoritario poder real, incluidos los medios periodísticos que le sirven en la construcción de “sentido común”. Mediante este mecanismo llegan y cooptan a ese porcentaje de la población que, en definitiva y para su perjuicio, abraza a sus victimarios.
    En los tiempos que vienen, hasta agosto y en la recta final que lleva a octubre, el poder tratará de dinamizar a los cooptados para volcar a su favor a los indecisos, esa franja del electorado que no quiere a Cristina, pero tampoco la odia, menos aún cuando empiezan a comparar su situación actual con la vivida durante su gobierno. Entre ellos hay una desconfianza inicial, que tanto el macrismo como los medios hegemónicos intentan potenciar, sembrando miedo al anticipar caos e inestabilidad por el “doble comando” de “Alberto chirolita de Cristina” y el recuerdo de la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, que citamos al comienzo de este análisis.
    No son líneas de acción para subestimar, confiando en lo forzado y hasta ridículo de esas comparaciones y afirmaciones. En la franja que tienen como objetivo ya tuvieron cierto eco las acusaciones que ubicaban a Kirchner como “chirolita de Duhalde”, luego a Cristina como “mascara” de Néstor. Recientemente, logró fuerte impacto el ataque a Zannini, supuestamente “comisario político” de Scioli.
    Por el contrario, el mensaje del Frente Patriótico puede disputar un porcentaje de estos indecisos, tal vez escaso pero quizá definitorio. El renunciamiento de CFK, su convicción para superar aquello de que sin ella no se puede, pero con ella no alcanza, abre camino a un amplio acuerdo para definir la correlación de fuerzas en las PASO, despeja los argumentos prejuiciosos y permite disputar conciencias e, incluso, inclinarlas electoralmente a favor de la única alternativa real para cambiar el rumbo ruinoso del macrismo.
    Una parte de las cartas, no todas, están echadas. Siempre es tiempo de reflexión, pero ahora también de acción.

Cristina, Perón y el diálogo

    Cristina Fernández de Kirchner propuso a los argentinos la construcción de un nuevo Contrato Social y lo vinculó con las propuestas de acuerdos promovida por Juan Perón durante su última presidencia, lo que permite reflexionar acerca de la revalorización de este aspecto de su legado político.

    A su regreso, luego de ser perseguido y proscripto por casi 20 años, Perón concretó el más importante intento de sellar la "grieta" que falsamente dividió al país entre peronistas y antiperonistas, una brecha que fue irresponsablemente alimentada para cuestionar la gestión kirchnerista, y ahora para sostener al macrismo.

    Frente a la difícil situación económica que dejó la dictadura de Onganía/Lanusse, Perón concretó la llamada Acta de Compromiso con los productores agrarios. Era el cierre de un lineamiento iniciado con el Pacto Social, durante el gobierno de Héctor Cámpora, que tuvo como protagonistas al ministro de Economía, José Ber Gelbard, el sindicalismo y el empresariado.

    Ambas iniciativas recibieron rechazos dentro y fuera del Frejuli, pero no hubo cuestionamientos ante la mayor audacia de la etapa: la convocatoria presidencial para un diálogo, sin temario previo, con los ocho partidos que entonces tenían representación parlamentaria. En concreto la UCR, el Intransigente (PI), Comunista (PC), Demócrata Progresista (PDP), Revolucionario Cristiano (PRC), Socialista de los Trabajadores (PST), Socialista Popular (PST) y UDELPA.

    El primero de los encuentros, realizado en abril de 1974 en la Quinta de Olivos, fue presidido por el propio Perón y permitió elaborar un documento en que las fuerzas participantes se pronunciaron por la defensa y consolidación del proceso democrático frente a "los poderes que desde antiguo han venido sometiendo a la República"; a favor del federalismo y de la integración latinoamericana, entre otros puntos. Otros dos ejes fueron la ratificación de la individualidad e independencia de cada partido y el compromiso de mantener una comunicación fluida, permanente.

    Estas reuniones, de un estilo inédito, para dialogar francamente entre el gobierno y las fuerzas que no participaban de él, se mantuvieron regularmente, e incluso fueron ampliadas con la participación de distintos ministros del Gabinete que debían responder inquietudes o encarar soluciones a los problemas planteados. No volvieron a repetirse tras la muerte de Perón.

    Tiempos difíciles entonces y ahora, aunque por razones distintas.
Entonces, junto a la ola de atentados y crímenes de militantes populares por bandas parapoliciales y paramilitares se empujaba el desabastecimiento, el sabotaje, la especulación y la desestabilización golpista por parte de los grupos concentrados, en sintonía con las ambiciones externas.
    Este segundo aspecto fue el que motivó la convocatoria del presidente Perón a la acción organizada del pueblo en su último discurso, pronunciado el 12 de junio de 1974. Aquella pieza, una suerte de testamento político, dejó claro que había regresado "para lanzar un proceso de liberación nacional y no para consolidar la dependencia".

   

Ahora, con tres décadas con democracia formalmente consolidada, pero con sus conquistas en peligro, el desafío es superar el brutal endeudamiento, la destrucción del aparato productivo y el saqueo al bolsillo popular que prosigue la gestión de Cambiemos.
Plantear, hoy, un "contrato social" es asumir el reclamo de la hora. Implica retomar aquel legado político y profundizarlo, con una amplia participación y un protagonismo imprescindible, pero hasta ahora nunca logrado.

viernes, 26 de abril de 2019

Acerca de "Sinceramente"


Dos reflexiones acerca de “Sinceramente”, como hecho político, por fuera del análisis de su texto:

    El llamativo éxito del libro de CFK (64.000 ejemplares en la “preventa” y la apresurada orden de sucesivas reimpresiones), implica que su compra corre por cuenta mayoritaria de franjas de la clase media, una parte de la cual en 2015 le retiró expresamente el apoyo a la ex presidente. En su momento, el macrismo y los medios que lo promovieron interpretaron ese abandono como un “triunfo en la batalla cultural contra el populismo”.

    Es posible especular acerca de que una buena parte de los lectores aludidos no hubieran adquirido, mucho menos leído, el libro, en lo que constituye una suerte de exitosa contraofensiva de CFK.

martes, 12 de febrero de 2019

Un canalla amoral



Daniel Santoro, operador pago de Magneto, tiene una larga historia de violación de toda de ética periodística, que en estas horas vuelve a quedar en evidencia con la operación montada para extorsionar a un empresario, como es ya público y denunciado en la causa de las “fotocopias de cuadernos”.

La grabaciones de video y audio, así como los mensajes telefónicos que constan en la causa que lleva adelante el juez Alejo Ramos Padilla, muestran el mecanismo de plantar una falsa denuncia, publicarla en Clarín con la firma de Daniel Santoro, y –previamente avisado—la rápida actuación de oficio del fiscal Carlos Stornelli.

Hay virginales desmentidos del periodista militante (de Magneto) y su medio, cuando esta historia es conocida y repetida, sin ir más lejos un titular central de Clarín acusando, entre otros, a Máximo Kirchner y la ex ministra Nilda Garré de tener cuentas por más de u$s 80 millones en un banco de Delaware, con los correspondientes números de cuentas, lo que fue desmentido en forma oficial por el Departamento de Justicia de EE.UU. Claro, en una página interna del diario, largo tiempo después, Santoro publicó una confusa “aclaración”, en la que en realidad no se retractaba de nada.

Personalmente puedo dar fe de su amoralidad.

En octubre de 1990, en los difíciles días en que el que fuera mi partido se desgarraba internamente, fui entrevistado por muchos periodistas, entre ellos  Andrea Rodríguez, Edgard Mainhard, Andrés Sikirko, y Santoro, a los que brindé declaraciones públicas, y una opinión más general, pero reservada, pues aún no había decidido presentar mi renuncia al Comité Central del PC.

Santoro, el día 2 de ese mes, mostró cabalmente qué tipo de “profesional” y persona era y es.

Años después, en 2011, pude relatar públicamente lo que había denunciado  en voz alta, pero sin eco. Estas son, textualmente,  las (pocas) líneas que dedico al hecho, y al personajillo, en mi libro “Secretos en Rojo. Un militante entre dos siglos”,

 (…)
El entonces recientemente incorporado periodista de Clarín, Daniel Santoro –quien hoy pretende dictar cátedra de Ética Periodística– consignó la noticia, pero violando groseramente en su nota el off the record[1].

Cualquier periodista sabe lo que tantas veces le repetí a mis alumnos de la materia “Ética y Periodismo” en la Universidad de Palermo: es parte de la “ética”, de la conducta moralmente correcta del periodista, preservar las preferencias del entrevistado/fuente en relación a lo que  dice “en on” (sea información extra o sus datos personales, el periodista es libre de publicarlo) y lo que dice “en off” (cuando el entrevistado indica que cierta información, incluidos nombre y apellido se mantengan en secreto).
Se trata de un principio ético central, con justificaciones que van desde lo deontológico (teniendo en cuenta los intereses de quien de buena fe nos ha brindado información y nuestra promesa de no traicionarlo) hasta lo teleológico (teniendo en cuenta los intereses de la circulación de información entre, hacia y para los periodistas).
Ante mi renuncia al PC, todos los medios  lo respetaron, en la cobertura de aquel suceso (desde Página/12[2] hasta, nada menos, que Ámbito Financiero[3] y El Cronista Comercial[4]). Todos los medios, exceptuando el de Santoro, a quien en esa época, de seguro, le preocupaba más ascender en el escalafón, lo que logró con creces, que torturarse acerca de los valores..



[1] Daniel Santoro, El Poder sobre el dinero. Discusión en el PC sobre los fondos partidarios, Clarín, 2 de octubre de 1990.
[2] Página/12, Manotazos contra disidentes. La interna del PC, 2 de octubre de 1990.
[3] Edgard Mainhard, Crisis no ideológica en el PC: se robaron la caja, Ámbito Financiero, 2 de octubre de 1990.
[4] Andrés Sikirko, Amenazas y escándalo en el PC “por un puñado de dólares”. El Cronista, 2 de octubre de 1990.


martes, 1 de enero de 2019

¿Qué hacer ante la destrucción del país y la ruina de los argentinos?




   La situación ha llegado a un límite insostenible con la nueva oleada de brutales aumentos del transporte, la luz, el gas y el agua, que se suman a cifras dramáticas de pobreza e indigencia, endeudamiento externo, recesión económica e inflación descontrolada, con pretensión de imponer un techo a las paritarias.

   Ante esta realidad, que se fue agravando día tras día desde diciembre de 2015, fuera del oficialismo explícito hay una parte de la dirigencia política burguesa que es cómplice y otra que se reivindica opositora, pero facilitó gran parte de los atropellos de la derecha neoconservadora.

   Los dirigentes surgidos del campo nacional y popular han cometido –a mi juicio, claro-- dos errores, que no son nuevos:

1)    No convocan –los que tienen autoridad y poder para hacerlo-- en forma permanente a la lucha organizada del pueblo. Piensan que con la crítica, aún la más enérgica, se cumple con el papel opositor, y que ese rol se agota en la difícil tarea de presentar una alternativa electoral para 2019.

2)    Como no conciben la construcción de poder popular en los territorios, los establecimientos educativos y de trabajo, causa fundamental que limitó las indudables conquistas de 12 años de gobierno, impidió su profundización y nos llevó a la derrota en 2015, creen que la construcción del frente nacional se reduce a los acuerdos superestructurales, aún los mejores que se puedan lograr. Esos acuerdos son imprescindibles, sin duda, pero totalmente limitados, y hasta con perniciosos condicionamientos, si carecen del acompañamiento del más amplio protagonismo popular.


   Es absurdo enojarnos con la supuesta “indiferencia”, de una porción importante de nuestro pueblo, entre ellos los principales afectados por este gobierno, si los que hoy son objetivamente la dirigencia opositora no convocaron desde la política a resistir desde el primero al último intento de avasallar derechos y conquistas, lo que se hizo muy parcialmente, y fundamentalmente desde el sindicalismo combativo y las organizaciones sociales.

   No se hizo, y lo que es más grave, no se ha producido un planteo político concreto que impida, o frene tanta brutalidad, con lo que de hecho se llamó, y se llama, a esperar un triunfo electoral en 2019, y hasta entonces se resignan a la destrucción del país y el empobrecimiento del pueblo, que se agravó con cada día de la actual gestión y se agravará aún más en cada día que nos queda hasta esa fecha.

   No pretendo, al margen de mis ideales, que  convoquen a una revolución, o asuman las peregrinas ideas de todo o nada que plantean los que los medios denominan como “la izquierda”. Sencillamente porque no es posible, ni el planteo ni su concreción.

   Nuestra Constitución Nacional, concebida al igual que la estadounidense bajo el concepto de que “El pueblo no delibera ni Gobierna, sino a través de sus representantes”, expresamente formulado para impedir la participación popular, no contempla mecanismos de democracia directa como la Constitución De La Ciudad De Buenos Aires, que habilita en su artículo 67 la “Revocatoria de Mandato”. La condición es que el Supremo Tribunal Electoral declare la razonabilidad del pedido y habilite planillas especiales para sumar una cifra equivalente al 20% del padrón electoral del distrito (unas 500.000 firmas), con lo cual se convoca a un referéndum, que si gana en las urnas desplaza por voluntad popular al Jefe de Gobierno y/o los funcionarios cuestionados.

   Claro que el PRO lo oculta pero, con intencionada demora en su decisión, la justicia electoral admitió ya avanzado 2014 la “razonabilidad” de un pedido de revocatoria para Macri y Vidal, fundamentada en la brutal represión en el Borda, las muertes y destrucción de las inundaciones en Saavedra y la violación de la legislación vigente por el abuso de los decretos de necesidad y urgencia. En poco tiempo, se obtuvieron 130.000 firmas, sin el apoyo de ninguno de los partidos de la oposición, ni siquiera del Frente para la Victoria porteño, pese a que éramos referentes de ese espacio los que impulsamos esa iniciativa, que debió interrumpirse cuando en 2015 comenzaron a regir los plazos previos a las elecciones nacionales.

   ¿Qué hubiera pasado si la oposición se unía, si entre todos los que bien sabíamos quiénes son Macri y Vidal obteníamos el respaldo suficiente, y llegábamos al referéndum?

   Aun sin lograr mayoría, lo que era previsible por la conducta del electorado porteño, el debate y esclarecimiento en todo el país en torno a la gestión y las responsabilidades de Macri y Vidal no dudo que hubieran hecho imposible su estrecho triunfo, y en el balotaje, a nivel nacional.

   Ya dijimos, la Constitución Nacional no habilita estos mecanismos de democracia directa, pero si permite que los legisladores reclamen el juicio político a Macri y sus funcionarios sobre la base de su mala gestión, el injustificable endeudamiento externo, su –en casos-- mortal desprotección de la población en salud, educación o vivienda. Concretamente, el Artículo 53 confiere la potestad a la Cámara de Diputados de acusar ante el Senado "...al presidente, vicepresidente, jefe de gabinete de ministros, ministros y a los miembros de la Corte Suprema, en las causas de responsabilidad que se intenten contra ellos, por mal desempeño o por delito en el ejercicio de sus funciones; o por crímenes comunes...". En el caso de que el Senado decida por la mayoría de dos tercios de votos sobre todos los cargos, o sobre alguno de ellos, se declarará al acusado incurso en la destitución de su empleo, según lo establece el Artículo 60.

   Esta es una iniciativa política concreta –legítima, legal, constitucional y totalmente democrática-- para reconciliar la Ciudadanía y la Política, que convoca al protagonismo popular, al debate y movilización masiva para frenar los abusos, aún si no se logran las fuertes mayorías exigidas en las dos Cámaras, al tiempo que facilita y da un marco general para la multiplicación de las luchas para frenar esta ofensiva brutal, el despojo a que nos somete Cambiemos, que no se detendrá mientras conserven el poder.

   Esta es, ante todo, una posición y no una receta, puede no ser compartida, o surgir otra/s, aunque no sucedió a lo largo de estos tres años, pero lo que no se puede hacer es limitarse a esperar un triunfo electoral (por el que sin duda pondremos todo lo que cada uno pueda poner), mientras día a día destruyen al país y condenan a los argentinos hasta un muy lejano 10 de diciembre de 2019.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Los libros rojos


“El rol del comunismo en la historia nacional”, tremendo tema, que encara Pablo Leoncini con centro en el recorte de un período de la increíble historia de impresión y difusión de clásicos del marxismo, ensayos, literatura, ciencia y técnica por parte del Partido Comunista de la Argentina.

Escribió Antonio Gramsci en 1932 que “del modo de escribir la historia de un partido deriva el concepto que se tiene de lo que un partido es y debe ser. El sectario se exaltará frente a los pequeños actos internos que tendrán para él un significado esotérico y lo llenarán de místico entusiasmo. El historiador, aún dando a cada cosa la importancia que tiene en el cuadro general, pondrá el acento sobre todo en la eficiencia real del partido, en su fuerza determinante, positiva y negativa, en haber contribuido a crear un acontecimiento y también en haber impedido que otros se produjesen.”

Y vale la evocación a la nota gramsciana para intentar sumar un aporte que desnaturalice la explicación –histórica y presente– que impuso la clase dominante sobre el rol del comunismo en la historia nacional.

En la ofensiva reaccionaria de las últimas tres décadas, liberales y no pocos “marxistas” repitieron, sin mayores análisis, el lugar minimizado, siempre equivocado y casi desconocido que la derecha –en sus versiones conservadoras y posmodernas– asigna al Partido Comunista Argentino en la cultura y en la lucha de clases.

Lejos estamos de reivindicar la contracara metafísica de esta postura, esto es, el dogmatismo nostálgico. Pero resulta evidente que la derrota del movimiento revolucionario en los últimos años no se resume a los efectos sobre el presente sino que, como alertara tempranamente Walter Benjamín, opera sobre todo en la destrucción de la memoria colectiva de los vencidos para anularles su historicidad, para ocultarles cualquier sentido del mundo y la vida alternativos al que impone la mercantilización alientante del capital en todas sus expresiones.

Matar al “fantasma del comunismo” fue y sigue siendo el combate estratégico de los opresores en los últimos 170 años.

La pregunta inevitable sería ¿es posible reconstruir aquella experiencia en las actuales condiciones? Frente a dicho interrogante no tenemos respuestas claras, pero tenemos la certeza de que los aportes posibles y concretos de la cultura comunista, sin nostalgias ni dogmas pero sin renuncias a nuestros logros, para la construcción actual de una alternativa de sociedad al capital son fundamentales.

Recuperar esos aportes supone entenderlos en la historicidad de los mismos, considerarlos en el contexto específico de las relaciones de fuerza internacionales y nacionales, en los significados particulares que para la cultura dominante y las expresiones culturales subalternas representaba y, retomando a Gramsci, considerarlos como materializaciones de praxis políticas que tuvieron un activo papel en concientizar al pueblo y enfrentar a la clase dominante en el desafío de transformar la sociedad.
Desde esta perspectiva es que rescatamos varios párrafos del libro de Andrea Petra Intelectuales y cultura comunista[1], referidos a la política que el PCA desarrollara en el terreno editorial:


“La historia de la actividad impresa del comunismo argentino se convertirá, a partir de 1930, en una sección permanente y preferida de la crónica policial, al punto que casi los únicos datos para reconstruirla se encuentran en prontuarios, sumarios y legajos policiales (…) es poco probable que nos equivoquemos al afirmar que el espacio cultural del comunismo argentino fue, desde mediados de la década de 1940 hasta los primeros años de la década de 1960, el mayor editor de literatura política de Argentina y, tal vez, de América Latina.
Entre 1939, cuando se inauguró la Editorial Problemas, y 1966, cuando el golpe de Estado comandado por Juan Carlos Onganía puso fin a varios de los emprendimientos aquí considerados, las editoriales ligadas a la órbita comunista (partidarias y no partidarias) editaron, en condiciones de ilegalidad permanente, mas de 1200 títulos y 570 autores, sin contar los impresos editados por los grupos idiomáticos, asociaciones mutuales y gremios y los libros y folletos editados por revistas culturales. Tampoco, por supuesto, las publicaciones periódicas (…) con la excepción de Anteo, dedicada por entero a la literatura doctrinal, el resto de las editoriales consideradas publicó una variedad de géneros (ensayo y ficción literaria sobre todo) y se interesó por diversos saberes (ciencia, historia y, en menor medida, economía, filosofía, psicología).

A pesar de su sostenida aunque acotada labor editora, no será hasta 1939, cuando Carlos Dujovne inauguró el sello Problemas, que el comunismo argentino pudo contar con una editorial propiamente dicha (…) Entre 1939 y 1943, Problemas editó casi 150 títulos, un número extraordinario para cualquier emprendimiento editorial de corte militante, convirtiéndose en la mayor empresa de difusión de la cultura soviética en América Latina. Bajo el lema “El libro para el obrero”, Problemas se enfocó en la edición de folletos y libros de bajo costo, aunque sin renunciar a ediciones mas cuidadas, como fue el caso de la primer edición castellana de Dialéctica de la Naturaleza, de Engels, con la traducción de Augusto Bunge; o manuales de historia y filosofía soviéticos, como el compendio de Historia de la filosofía dirigido por Sheglov y traducido directamente del ruso por V.M. Dalmacio; o la biografía de Napoleón escrita por Eugenio Tarle y traducida desde la versión francesa por Delia Ingenieros, hija del célebre filósofo y psiquiatra. Durante esos años, Problemas dedicó más de la mitad de su catálogo a la difusión de autores marxistas soviéticos y, en menor medida, a la edición de las obras de Marx y Engels. Publicó libros sobre diversos aspectos de la construcción del socialismo en la URSS, así como literatura infantil y juvenil (como las novelas y los cuentos del ruso Mikhail Ilin y la alemana Lisa Tetzner), biografías, clásicos del “realismo socialista” (como la novela Así se templó el acero, de Ostrovski), algunos pocos títulos de autores comunistas latinoamericanos y, finalmente, autores argentinos que se repartían entre los más encumbrados dirigentes partidarios (Victorio Codovilla, Rodolfo Ghioldi y Paulino González Alberdi), escritores realistas o filocomunistas (Bernardo Kordon, Álvaro Yunque, Cayetano Córdova Iturburu, Raúl González Tuñón) y el grupo de historiadores comunistas organizados en torno de Rodolfo Puiggrós, quien desde las páginas del diario La Hora festejó la iniciativa en el tono antiimperialista que correspondía a la coyuntura: como una apuesta por la “cultura nacional” ante la pertinaz tendencia europeizante de los editores argentinos.

Hasta la creación de la editorial Anteo en 1942, que se dedicó fundamentalmente a publicar literatura doctrinal y partidaria, Problemas actuó como una editorial cuasioficial del PCA, aunque la persistente marca de su director (cuyo nombre y función eran indicados en cada volumen) le imprimían una identidad y un rasgo de autonomía que no volverían a repetirse en emprendimientos semejantes. Sin embargo, el modelo de Problemas fue retomado por emprendimientos independientes, aunque dirigidos por comunistas, como fue el caso de Lautaro, creada en 1942 bajo la dirección de Sara Jorge, y Futuro, inaugurada en 1944 por el escritor Raúl Larra. Estas, al mismo tiempo, abrieron un camino a las futuras editoriales de la nueva izquierda, como La Rosa Blindada y los Cuadernos de Pasado y Presente.
El 19 de junio de 1943, apenas unos días después del golpe de Estado que puso fin al gobierno de Ramón Castillo y marcó el inicio de la, desde entonces, ascendente carrera de Juan Domingo Perón, el local de ventas y los depósitos de Problemas fueron allanados en cuatro procedimientos policiales sucesivos, lo que ocurrió también con la editorial Anteo, los diarios La Hora y Orientación y mas de treinta organizaciones sociales, étnicas, políticas y vecinales cuya lista encabezaba la Junta de la Victoria, presidida por Victoria Ocampo. Ochenta camiones de libros, de un valor aproximado de 300.000 pesos moneda nacional (equivalente a 75.000 dólares aproximadamente), fueron llevados a los depósitos del Banco Municipal y luego destruidos. En los meses posteriores, el noticiero cinematográfico Sucesos Argentinos exhibió el asalto al local de Sarmiento 1462 como parte de la campaña oficial para combatir al comunismo (…)”.



La estrategia del capital no se reduce sólo a la cosificación de la vida, sino al borramiento de los mundos históricos y simbólicos que constituyeron la lucha de la izquierda par crear una alternativa de sociedad. Es por ello que la incesante actividad por hacer “desaparecer” al comunismo como movimiento político de nuestra historia supone, antes que nada, la desaparición o deformación de las narraciones históricas que lo enuncian, que lo reconocen. Visibilizar aquel fantasma sea, quizá, una apuesta por el futuro.

Pablo Leoncini, historiador, Córdoba 2018.



[1] Andrea Petra, Intelectuales y cultura comunista. Itinerarios, problemas y debates en la Argentina de posguerra, Buenos Aires,  Fondo de Cultura Económica, 2017, pp. 93-97.

martes, 27 de noviembre de 2018

El día que el PC asaltó la ESMA

     En mi libro "Secretos en Rojo" revelé, hasta donde viví personalmente, o tuve vía libre de los protagonistas para hacerlo público, hechos desconocidos de la historia del Partido Comunista (PC). Desconocidos, cabe admitir, en la mayoría de los casos por la decisión propia, para mantener oculto su carácter de organización político militar, pero en otros por certero ocultamiento.

     Todavía ni la política ni la academia se ha han dado por enterados que hay que corregir la historia de la lucha armada en la argentina, pues la primera guerrilla fue organizada por el pc, entre fines de los 30 y principios de los 40 del siglo XX, en el entonces Territorio Nacional del Chaco, en autodefensa frente al asesinato, robo de tierras a colonos y superexplotación de los pueblos originarios, por parte de La Forestal y otros pulpos.

     Me consta que muchos han accedido a la historia y la documentación que brindé en mi libro, pero no se dan por enterados.

     Tampoco, de la admisión en ese mismo trabajo de acciones de corte militar de los comunistas durante la última dictadura genocida, pese a su conocida y deplorable posición política en el plano público.

     Un episodio que no relaté fue sorprendentemente revelado por Página/12 hace 16 meses, sin que a nadie de la política o la academia se le mueva un pelo. Si bien es cierto que no es el titular principal de la nota, en ella se demuestra que un frente secreto del PC atacó la ESMA --si, ¡la ESMA!-- y facilitó la fuga de prisioneros propios y ajenos en el Centro Clandestino de Detención y exterminio que allí funcionó.

     La condena de la derecha no me molesta, si me lastima el silencio de los amigos y la hipocresía de algunos académicos...