martes, 12 de febrero de 2019

Un canalla amoral



Daniel Santoro, operador pago de Magneto, tiene una larga historia de violación de toda de ética periodística, que en estas horas vuelve a quedar en evidencia con la operación montada para extorsionar a un empresario, como es ya público y denunciado en la causa de las “fotocopias de cuadernos”.

La grabaciones de video y audio, así como los mensajes telefónicos que constan en la causa que lleva adelante el juez Alejo Ramos Padilla, muestran el mecanismo de plantar una falsa denuncia, publicarla en Clarín con la firma de Daniel Santoro, y –previamente avisado—la rápida actuación de oficio del fiscal Carlos Stornelli.

Hay virginales desmentidos del periodista militante (de Magneto) y su medio, cuando esta historia es conocida y repetida, sin ir más lejos un titular central de Clarín acusando, entre otros, a Máximo Kirchner y la ex ministra Nilda Garré de tener cuentas por más de u$s 80 millones en un banco de Delaware, con los correspondientes números de cuentas, lo que fue desmentido en forma oficial por el Departamento de Justicia de EE.UU. Claro, en una página interna del diario, largo tiempo después, Santoro publicó una confusa “aclaración”, en la que en realidad no se retractaba de nada.

Personalmente puedo dar fe de su amoralidad.

En octubre de 1990, en los difíciles días en que el que fuera mi partido se desgarraba internamente, fui entrevistado por muchos periodistas, entre ellos  Andrea Rodríguez, Edgard Mainhard, Andrés Sikirko, y Santoro, a los que brindé declaraciones públicas, y una opinión más general, pero reservada, pues aún no había decidido presentar mi renuncia al Comité Central del PC.

Santoro, el día 2 de ese mes, mostró cabalmente qué tipo de “profesional” y persona era y es.

Años después, en 2011, pude relatar públicamente lo que había denunciado  en voz alta, pero sin eco. Estas son, textualmente,  las (pocas) líneas que dedico al hecho, y al personajillo, en mi libro “Secretos en Rojo. Un militante entre dos siglos”,

 (…)
El entonces recientemente incorporado periodista de Clarín, Daniel Santoro –quien hoy pretende dictar cátedra de Ética Periodística– consignó la noticia, pero violando groseramente en su nota el off the record[1].

Cualquier periodista sabe lo que tantas veces le repetí a mis alumnos de la materia “Ética y Periodismo” en la Universidad de Palermo: es parte de la “ética”, de la conducta moralmente correcta del periodista, preservar las preferencias del entrevistado/fuente en relación a lo que  dice “en on” (sea información extra o sus datos personales, el periodista es libre de publicarlo) y lo que dice “en off” (cuando el entrevistado indica que cierta información, incluidos nombre y apellido se mantengan en secreto).
Se trata de un principio ético central, con justificaciones que van desde lo deontológico (teniendo en cuenta los intereses de quien de buena fe nos ha brindado información y nuestra promesa de no traicionarlo) hasta lo teleológico (teniendo en cuenta los intereses de la circulación de información entre, hacia y para los periodistas).
Ante mi renuncia al PC, todos los medios  lo respetaron, en la cobertura de aquel suceso (desde Página/12[2] hasta, nada menos, que Ámbito Financiero[3] y El Cronista Comercial[4]). Todos los medios, exceptuando el de Santoro, a quien en esa época, de seguro, le preocupaba más ascender en el escalafón, lo que logró con creces, que torturarse acerca de los valores..



[1] Daniel Santoro, El Poder sobre el dinero. Discusión en el PC sobre los fondos partidarios, Clarín, 2 de octubre de 1990.
[2] Página/12, Manotazos contra disidentes. La interna del PC, 2 de octubre de 1990.
[3] Edgard Mainhard, Crisis no ideológica en el PC: se robaron la caja, Ámbito Financiero, 2 de octubre de 1990.
[4] Andrés Sikirko, Amenazas y escándalo en el PC “por un puñado de dólares”. El Cronista, 2 de octubre de 1990.


martes, 1 de enero de 2019

¿Qué hacer ante la destrucción del país y la ruina de los argentinos?




   La situación ha llegado a un límite insostenible con la nueva oleada de brutales aumentos del transporte, la luz, el gas y el agua, que se suman a cifras dramáticas de pobreza e indigencia, endeudamiento externo, recesión económica e inflación descontrolada, con pretensión de imponer un techo a las paritarias.

   Ante esta realidad, que se fue agravando día tras día desde diciembre de 2015, fuera del oficialismo explícito hay una parte de la dirigencia política burguesa que es cómplice y otra que se reivindica opositora, pero facilitó gran parte de los atropellos de la derecha neoconservadora.

   Los dirigentes surgidos del campo nacional y popular han cometido –a mi juicio, claro-- dos errores, que no son nuevos:

1)    No convocan –los que tienen autoridad y poder para hacerlo-- en forma permanente a la lucha organizada del pueblo. Piensan que con la crítica, aún la más enérgica, se cumple con el papel opositor, y que ese rol se agota en la difícil tarea de presentar una alternativa electoral para 2019.

2)    Como no conciben la construcción de poder popular en los territorios, los establecimientos educativos y de trabajo, causa fundamental que limitó las indudables conquistas de 12 años de gobierno, impidió su profundización y nos llevó a la derrota en 2015, creen que la construcción del frente nacional se reduce a los acuerdos superestructurales, aún los mejores que se puedan lograr. Esos acuerdos son imprescindibles, sin duda, pero totalmente limitados, y hasta con perniciosos condicionamientos, si carecen del acompañamiento del más amplio protagonismo popular.


   Es absurdo enojarnos con la supuesta “indiferencia”, de una porción importante de nuestro pueblo, entre ellos los principales afectados por este gobierno, si los que hoy son objetivamente la dirigencia opositora no convocaron desde la política a resistir desde el primero al último intento de avasallar derechos y conquistas, lo que se hizo muy parcialmente, y fundamentalmente desde el sindicalismo combativo y las organizaciones sociales.

   No se hizo, y lo que es más grave, no se ha producido un planteo político concreto que impida, o frene tanta brutalidad, con lo que de hecho se llamó, y se llama, a esperar un triunfo electoral en 2019, y hasta entonces se resignan a la destrucción del país y el empobrecimiento del pueblo, que se agravó con cada día de la actual gestión y se agravará aún más en cada día que nos queda hasta esa fecha.

   No pretendo, al margen de mis ideales, que  convoquen a una revolución, o asuman las peregrinas ideas de todo o nada que plantean los que los medios denominan como “la izquierda”. Sencillamente porque no es posible, ni el planteo ni su concreción.

   Nuestra Constitución Nacional, concebida al igual que la estadounidense bajo el concepto de que “El pueblo no delibera ni Gobierna, sino a través de sus representantes”, expresamente formulado para impedir la participación popular, no contempla mecanismos de democracia directa como la Constitución De La Ciudad De Buenos Aires, que habilita en su artículo 67 la “Revocatoria de Mandato”. La condición es que el Supremo Tribunal Electoral declare la razonabilidad del pedido y habilite planillas especiales para sumar una cifra equivalente al 20% del padrón electoral del distrito (unas 500.000 firmas), con lo cual se convoca a un referéndum, que si gana en las urnas desplaza por voluntad popular al Jefe de Gobierno y/o los funcionarios cuestionados.

   Claro que el PRO lo oculta pero, con intencionada demora en su decisión, la justicia electoral admitió ya avanzado 2014 la “razonabilidad” de un pedido de revocatoria para Macri y Vidal, fundamentada en la brutal represión en el Borda, las muertes y destrucción de las inundaciones en Saavedra y la violación de la legislación vigente por el abuso de los decretos de necesidad y urgencia. En poco tiempo, se obtuvieron 130.000 firmas, sin el apoyo de ninguno de los partidos de la oposición, ni siquiera del Frente para la Victoria porteño, pese a que éramos referentes de ese espacio los que impulsamos esa iniciativa, que debió interrumpirse cuando en 2015 comenzaron a regir los plazos previos a las elecciones nacionales.

   ¿Qué hubiera pasado si la oposición se unía, si entre todos los que bien sabíamos quiénes son Macri y Vidal obteníamos el respaldo suficiente, y llegábamos al referéndum?

   Aun sin lograr mayoría, lo que era previsible por la conducta del electorado porteño, el debate y esclarecimiento en todo el país en torno a la gestión y las responsabilidades de Macri y Vidal no dudo que hubieran hecho imposible su estrecho triunfo, y en el balotaje, a nivel nacional.

   Ya dijimos, la Constitución Nacional no habilita estos mecanismos de democracia directa, pero si permite que los legisladores reclamen el juicio político a Macri y sus funcionarios sobre la base de su mala gestión, el injustificable endeudamiento externo, su –en casos-- mortal desprotección de la población en salud, educación o vivienda. Concretamente, el Artículo 53 confiere la potestad a la Cámara de Diputados de acusar ante el Senado "...al presidente, vicepresidente, jefe de gabinete de ministros, ministros y a los miembros de la Corte Suprema, en las causas de responsabilidad que se intenten contra ellos, por mal desempeño o por delito en el ejercicio de sus funciones; o por crímenes comunes...". En el caso de que el Senado decida por la mayoría de dos tercios de votos sobre todos los cargos, o sobre alguno de ellos, se declarará al acusado incurso en la destitución de su empleo, según lo establece el Artículo 60.

   Esta es una iniciativa política concreta –legítima, legal, constitucional y totalmente democrática-- para reconciliar la Ciudadanía y la Política, que convoca al protagonismo popular, al debate y movilización masiva para frenar los abusos, aún si no se logran las fuertes mayorías exigidas en las dos Cámaras, al tiempo que facilita y da un marco general para la multiplicación de las luchas para frenar esta ofensiva brutal, el despojo a que nos somete Cambiemos, que no se detendrá mientras conserven el poder.

   Esta es, ante todo, una posición y no una receta, puede no ser compartida, o surgir otra/s, aunque no sucedió a lo largo de estos tres años, pero lo que no se puede hacer es limitarse a esperar un triunfo electoral (por el que sin duda pondremos todo lo que cada uno pueda poner), mientras día a día destruyen al país y condenan a los argentinos hasta un muy lejano 10 de diciembre de 2019.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Los libros rojos


“El rol del comunismo en la historia nacional”, tremendo tema, que encara Pablo Leoncini con centro en el recorte de un período de la increíble historia de impresión y difusión de clásicos del marxismo, ensayos, literatura, ciencia y técnica por parte del Partido Comunista de la Argentina.

Escribió Antonio Gramsci en 1932 que “del modo de escribir la historia de un partido deriva el concepto que se tiene de lo que un partido es y debe ser. El sectario se exaltará frente a los pequeños actos internos que tendrán para él un significado esotérico y lo llenarán de místico entusiasmo. El historiador, aún dando a cada cosa la importancia que tiene en el cuadro general, pondrá el acento sobre todo en la eficiencia real del partido, en su fuerza determinante, positiva y negativa, en haber contribuido a crear un acontecimiento y también en haber impedido que otros se produjesen.”

Y vale la evocación a la nota gramsciana para intentar sumar un aporte que desnaturalice la explicación –histórica y presente– que impuso la clase dominante sobre el rol del comunismo en la historia nacional.

En la ofensiva reaccionaria de las últimas tres décadas, liberales y no pocos “marxistas” repitieron, sin mayores análisis, el lugar minimizado, siempre equivocado y casi desconocido que la derecha –en sus versiones conservadoras y posmodernas– asigna al Partido Comunista Argentino en la cultura y en la lucha de clases.

Lejos estamos de reivindicar la contracara metafísica de esta postura, esto es, el dogmatismo nostálgico. Pero resulta evidente que la derrota del movimiento revolucionario en los últimos años no se resume a los efectos sobre el presente sino que, como alertara tempranamente Walter Benjamín, opera sobre todo en la destrucción de la memoria colectiva de los vencidos para anularles su historicidad, para ocultarles cualquier sentido del mundo y la vida alternativos al que impone la mercantilización alientante del capital en todas sus expresiones.

Matar al “fantasma del comunismo” fue y sigue siendo el combate estratégico de los opresores en los últimos 170 años.

La pregunta inevitable sería ¿es posible reconstruir aquella experiencia en las actuales condiciones? Frente a dicho interrogante no tenemos respuestas claras, pero tenemos la certeza de que los aportes posibles y concretos de la cultura comunista, sin nostalgias ni dogmas pero sin renuncias a nuestros logros, para la construcción actual de una alternativa de sociedad al capital son fundamentales.

Recuperar esos aportes supone entenderlos en la historicidad de los mismos, considerarlos en el contexto específico de las relaciones de fuerza internacionales y nacionales, en los significados particulares que para la cultura dominante y las expresiones culturales subalternas representaba y, retomando a Gramsci, considerarlos como materializaciones de praxis políticas que tuvieron un activo papel en concientizar al pueblo y enfrentar a la clase dominante en el desafío de transformar la sociedad.
Desde esta perspectiva es que rescatamos varios párrafos del libro de Andrea Petra Intelectuales y cultura comunista[1], referidos a la política que el PCA desarrollara en el terreno editorial:


“La historia de la actividad impresa del comunismo argentino se convertirá, a partir de 1930, en una sección permanente y preferida de la crónica policial, al punto que casi los únicos datos para reconstruirla se encuentran en prontuarios, sumarios y legajos policiales (…) es poco probable que nos equivoquemos al afirmar que el espacio cultural del comunismo argentino fue, desde mediados de la década de 1940 hasta los primeros años de la década de 1960, el mayor editor de literatura política de Argentina y, tal vez, de América Latina.
Entre 1939, cuando se inauguró la Editorial Problemas, y 1966, cuando el golpe de Estado comandado por Juan Carlos Onganía puso fin a varios de los emprendimientos aquí considerados, las editoriales ligadas a la órbita comunista (partidarias y no partidarias) editaron, en condiciones de ilegalidad permanente, mas de 1200 títulos y 570 autores, sin contar los impresos editados por los grupos idiomáticos, asociaciones mutuales y gremios y los libros y folletos editados por revistas culturales. Tampoco, por supuesto, las publicaciones periódicas (…) con la excepción de Anteo, dedicada por entero a la literatura doctrinal, el resto de las editoriales consideradas publicó una variedad de géneros (ensayo y ficción literaria sobre todo) y se interesó por diversos saberes (ciencia, historia y, en menor medida, economía, filosofía, psicología).

A pesar de su sostenida aunque acotada labor editora, no será hasta 1939, cuando Carlos Dujovne inauguró el sello Problemas, que el comunismo argentino pudo contar con una editorial propiamente dicha (…) Entre 1939 y 1943, Problemas editó casi 150 títulos, un número extraordinario para cualquier emprendimiento editorial de corte militante, convirtiéndose en la mayor empresa de difusión de la cultura soviética en América Latina. Bajo el lema “El libro para el obrero”, Problemas se enfocó en la edición de folletos y libros de bajo costo, aunque sin renunciar a ediciones mas cuidadas, como fue el caso de la primer edición castellana de Dialéctica de la Naturaleza, de Engels, con la traducción de Augusto Bunge; o manuales de historia y filosofía soviéticos, como el compendio de Historia de la filosofía dirigido por Sheglov y traducido directamente del ruso por V.M. Dalmacio; o la biografía de Napoleón escrita por Eugenio Tarle y traducida desde la versión francesa por Delia Ingenieros, hija del célebre filósofo y psiquiatra. Durante esos años, Problemas dedicó más de la mitad de su catálogo a la difusión de autores marxistas soviéticos y, en menor medida, a la edición de las obras de Marx y Engels. Publicó libros sobre diversos aspectos de la construcción del socialismo en la URSS, así como literatura infantil y juvenil (como las novelas y los cuentos del ruso Mikhail Ilin y la alemana Lisa Tetzner), biografías, clásicos del “realismo socialista” (como la novela Así se templó el acero, de Ostrovski), algunos pocos títulos de autores comunistas latinoamericanos y, finalmente, autores argentinos que se repartían entre los más encumbrados dirigentes partidarios (Victorio Codovilla, Rodolfo Ghioldi y Paulino González Alberdi), escritores realistas o filocomunistas (Bernardo Kordon, Álvaro Yunque, Cayetano Córdova Iturburu, Raúl González Tuñón) y el grupo de historiadores comunistas organizados en torno de Rodolfo Puiggrós, quien desde las páginas del diario La Hora festejó la iniciativa en el tono antiimperialista que correspondía a la coyuntura: como una apuesta por la “cultura nacional” ante la pertinaz tendencia europeizante de los editores argentinos.

Hasta la creación de la editorial Anteo en 1942, que se dedicó fundamentalmente a publicar literatura doctrinal y partidaria, Problemas actuó como una editorial cuasioficial del PCA, aunque la persistente marca de su director (cuyo nombre y función eran indicados en cada volumen) le imprimían una identidad y un rasgo de autonomía que no volverían a repetirse en emprendimientos semejantes. Sin embargo, el modelo de Problemas fue retomado por emprendimientos independientes, aunque dirigidos por comunistas, como fue el caso de Lautaro, creada en 1942 bajo la dirección de Sara Jorge, y Futuro, inaugurada en 1944 por el escritor Raúl Larra. Estas, al mismo tiempo, abrieron un camino a las futuras editoriales de la nueva izquierda, como La Rosa Blindada y los Cuadernos de Pasado y Presente.
El 19 de junio de 1943, apenas unos días después del golpe de Estado que puso fin al gobierno de Ramón Castillo y marcó el inicio de la, desde entonces, ascendente carrera de Juan Domingo Perón, el local de ventas y los depósitos de Problemas fueron allanados en cuatro procedimientos policiales sucesivos, lo que ocurrió también con la editorial Anteo, los diarios La Hora y Orientación y mas de treinta organizaciones sociales, étnicas, políticas y vecinales cuya lista encabezaba la Junta de la Victoria, presidida por Victoria Ocampo. Ochenta camiones de libros, de un valor aproximado de 300.000 pesos moneda nacional (equivalente a 75.000 dólares aproximadamente), fueron llevados a los depósitos del Banco Municipal y luego destruidos. En los meses posteriores, el noticiero cinematográfico Sucesos Argentinos exhibió el asalto al local de Sarmiento 1462 como parte de la campaña oficial para combatir al comunismo (…)”.



La estrategia del capital no se reduce sólo a la cosificación de la vida, sino al borramiento de los mundos históricos y simbólicos que constituyeron la lucha de la izquierda par crear una alternativa de sociedad. Es por ello que la incesante actividad por hacer “desaparecer” al comunismo como movimiento político de nuestra historia supone, antes que nada, la desaparición o deformación de las narraciones históricas que lo enuncian, que lo reconocen. Visibilizar aquel fantasma sea, quizá, una apuesta por el futuro.

Pablo Leoncini, historiador, Córdoba 2018.



[1] Andrea Petra, Intelectuales y cultura comunista. Itinerarios, problemas y debates en la Argentina de posguerra, Buenos Aires,  Fondo de Cultura Económica, 2017, pp. 93-97.

martes, 27 de noviembre de 2018

El día que el PC asaltó la ESMA

     En mi libro "Secretos en Rojo" revelé, hasta donde viví personalmente, o tuve vía libre de los protagonistas para hacerlo público, hechos desconocidos de la historia del Partido Comunista (PC). Desconocidos, cabe admitir, en la mayoría de los casos por la decisión propia, para mantener oculto su carácter de organización político militar, pero en otros por certero ocultamiento.

     Todavía ni la política ni la academia se ha han dado por enterados que hay que corregir la historia de la lucha armada en la argentina, pues la primera guerrilla fue organizada por el pc, entre fines de los 30 y principios de los 40 del siglo XX, en el entonces Territorio Nacional del Chaco, en autodefensa frente al asesinato, robo de tierras a colonos y superexplotación de los pueblos originarios, por parte de La Forestal y otros pulpos.

     Me consta que muchos han accedido a la historia y la documentación que brindé en mi libro, pero no se dan por enterados.

     Tampoco, de la admisión en ese mismo trabajo de acciones de corte militar de los comunistas durante la última dictadura genocida, pese a su conocida y deplorable posición política en el plano público.

     Un episodio que no relaté fue sorprendentemente revelado por Página/12 hace 16 meses, sin que a nadie de la política o la academia se le mueva un pelo. Si bien es cierto que no es el titular principal de la nota, en ella se demuestra que un frente secreto del PC atacó la ESMA --si, ¡la ESMA!-- y facilitó la fuga de prisioneros propios y ajenos en el Centro Clandestino de Detención y exterminio que allí funcionó.

     La condena de la derecha no me molesta, si me lastima el silencio de los amigos y la hipocresía de algunos académicos...


martes, 20 de noviembre de 2018

Acerca del discurso de Ferro



En un post en el muro del amigo Pablo Gamba en Facebook, cuyo enfoque comparto, un ex camarada expresó su disconformidad global con el discurso de CFK, similar a otras que escuché, o leí, a partir de ayer.

Aunque fuera del contexto, me permito reproducir parte de mi reflexión en el muro de Pablo:

...me parece que el compañero, con su crítica a la intervención de CFK en Ferro, peca de inocente al pretender un enfoque antisistema de quien ha reiterado muchas veces su vocación (equivocada o no, pero la suya, y mayoritaria) de lograr mejoras y una reducción de la injusticia social dentro del capitalismo.

Al mismo tiempo, su enfoque recae nuevamente en los clásicos bandazos del Partido Comunista (PC), precisamente con una cita del dirigente que encabezó desde 1986 un nuevo período de esas oscilaciones de "derecha" a "izquierda", y viceversa, que caracterizaron durante buena parte de su historia a la política de alianzas de los comunistas, de la que hasta 1990 me hago cargo.

Luego de una justa –y todavía inédita para partidos y personalidades políticas del país y el extranjero-- autocrítica en 1986, se pasó a una infantil caricaturización de su histórica concepción del "Frente Democrático Nacional" (que vale recordar lo era también "antioligárquico, antiimperialista y con vistas al socialismo"), como una despreciable variante "burguesa" de la que siempre nos habríamos puesto a la cola, con la consiguiente hipoteca de la toma del poder por una fuerza, o conjunción de fuerzas, sólo revolucionarias.

Este enfoque ya expresó su miopía, por no decir un claro infantilismo, gestando, y abandonando, valiosas alianzas como el FRAL (Frente Amplio de Liberación), para refugiarse en una forzada unidad con el trotskismo, empujado más por la orfandad política electoral que por las convicciones. De esta manera, se dejó de lado a fuerzas y corrientes históricamente combativas y aún revolucionarias del campo popular con las que, luego de muchos desencuentros, se había avanzado de manera inédita hasta fines de los 80, para terminar en la frustrante experiencia de "Izquierda Unida”.

Más adelante, después de rechazar el apoyo a Néstor Kirchner en 2003 por similares razones, se pasó progresivamente a una posición casi acrítica frente al rumbo del gobierno, y ahora aparece el enojo y la sorpresa ante lo obvio: que CFK coincide en cuestiones sustanciales, pero no piensa como muchos de nosotros que hay que cambiar este régimen. El trascendente proceso que encabezó jamás pretendió una revolución, aún menos socialista, sino mejoras dentro de este sistema capitalista, lo que si se quiere podemos caracterizar como imposible en términos históricos, pero que obtuvo claros logros para el aquí y ahora de nuestro sufrido pueblo.

La táctica y la estrategia se confunden permanentemente para algunos compañeros, lo cual es lógico del punto de vista marxista, si partimos que hace años no realizan una caracterización seria de la actual estructura económico-social argentina, muy diferente a la de comienzos del siglo pasado, a la de 1943, 1983 y hasta a la del 2015. Tampoco del tipo de revolución a la que se puede aspirar a partir de esa caracterización, ni de la etapa política (¡horror, "etapas", "etapismo"!, como si hubiera un muro entre unas y otras...), y por lo tanto de instrumento para lograrlo (un frente de liberación nacional y social).

Sin embargo, hoy, ahora, es momento de lucha en las calles, organización y alianzas electorales, impulsar la recuperación de derechos y, si logramos derrotar al neoliberalismo macrista profundizar el proceso que se inicie con medidas de fondo, que deberán necesariamente incluir no pocas de carácter anticapitalista.

El verdadero macartismo no surge de una frase, comparación poco feliz, o concepto suelto de CFK, sino que se expresó en concreto con la exclusión del PC de Unidad Ciudadana en 2015, lo que no impidió al máximo dirigente de esa organización legitimarlo, al aceptar el último y decorativo puesto de candidato bonaerense al Parlasur. Al macartismo hay que enfrentarlo sin concesiones, no por una cuestión de un partido o ideología en particular, sino porque siempre apunta contra el campo popular en su conjunto.

De la misma manera, es legítimo debatir si es correcto, y personalmente considero que sí, que CFK incluya a sectores populares, no a los fachos, que portan el pañuelo celeste; o si considera superado, y personalmente considero que se equivoca, hablar de izquierda y derecha.

Sin embargo, es absurdo ponerlo como eje central, cuando al mismo tiempo CFK plantea, por primera vez en su discurso algo mucho más radical y confrontativo, como lo es el cambio en la estructura institucional impuesta por las revoluciones burguesas del siglo XIX, lo perimido de la absolutización de la "división de poderes", la regulación de nuevos actores (con respecto al viejo capitalismo) como los monopolios, en particular del predominio del capital financiero, los medios hegemónicos como grupos económico-políticos de configuración de la subjetividad de masas, la monárquica rémora del poder judicial vitalicio, y sobre todo avanzar hacia formas de protagonismo popular que superen la coyuntura electoral cuando un gobierno es "legal pero no legítimo": aunque no lo dijo, estamos hablando de revocatoria de mandatos, plebiscitos, consultas populares vinculantes, etc.

Bueno, ya es largo, pero que quede claro que si derrotamos a Macri no será, como no lo fue en 2003 ante el menemismo, con un gobierno revolucionario, sino democrático burgués, en todo caso con predominio del sector de la burguesía nativa ligada al mercado interno, en permanente disputa de clases --y por lo tanto política-- tanto externa como al interior del frente.

Todas estas indignaciones virginales, que finalmente aceptan el rumbo, pero con tan pocas ganas que no suman para ganarle a nadie, no ayudan a iniciar YA la pelea por el tipo y alcance de este Frente, a definir nosotros que entendemos como la "categoría" pueblo, que desde ya no es nueva ni un invento del Foro de Ferro. Y es el único escenario posible en la actual correlación de fuerzas, para colmo con la inexistente presencia y protagonismo de una izquierda revolucionaria, tarea todavía pendiente en la argentina, con una conformación y caracterización que merece un largo debate, mientas no renunciamos a nuestros ideales e impulsamos la acción popular en forma permanente, una buena forma de ir encontrando los caminos que no están claros y exigen una fortaleza teórica de la que carecemos y un debate abierto y desprejuiciado, que es evidente que nos cuesta afrontar.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Perón, el PC y el Golpe de 1955



    En estos días debemos recordar aquel septiembre negro de 1955, cuando el golpe de la “fusiladora” derrocó el gobierno democráticamente elegido de Juan Perón a sangre y fuego, e inició 18 años de proscripción, asesinatos, cárcel y tortura a decenas de miles de ciudadanos.
    Hoy Macri miente alevosamente al hablar de “70 años de decadencia”, la que se habría iniciado, precisamente, en 1948, pues todavía el establishment no puede digerir los avances en justicia social, soberanía económica e independencia política, pero –por ignorancia, mala fe, o ambos- elude que se trató de una década en que el Producto Bruto Interno “per cápita” superaba ampliamente al de países como Francia, Alemania o Italia.
     "La realidad es otra: la decadencia comenzó con la ultima dictadura militar y el formidable negocio del endeudamiento externo, y de la mano de los gobiernos que prohijaron políticas neoliberales", desmiente el profesor emérito de la UBA, Mario Rapoport, a lo que podemos añadir que el "Clan Macri" fue beneficiario directo de esos períodos.
    La mentira, también fue un clásico en los arrolladores años ’60 y ’70, en ese caso de la mano de algunos seudohistoriadores que promovieron, y en casos “impusieron” como cierta la falsedad de un apoyo del Partido Comunista (PC) al golpe de 1955 y un posterior “asalto a los sindicatos”, cuando en realidad esa organización -que es cierto, y admitido, que cometió un error histórico al integrar la Unión Democrática en 1946- fue la única que reclamó “armar al pueblo” para resistir el intento.
    En esta página de homenaje, sin desconocer que Fernando Nadra renunció al PC en 1989, publicamos un breve fragmento de su libro “Conversaciones con Perón”, en el que relata la sexta de las entrevistas oficiales de los comunistas con el ex presidente  (en su caso también las hubo extraoficiales y bilaterales), realizada en abril de 1974, en el que se deja claro como personalmente planteó el tema:

    “…Hablando del movimiento obrero, surgió incidentalmente el asunto del golpe de Estado de 1955, y aprovechamos la oportunidad –la primera que habíamos tenido en casi veinte años—de defender nuestra verdadera posición, tergiversada por los ‘historiadores’ farsantes, el nacionalismo burgués, el peronismo de derecha y los escribas de los terratenientes e imperialistas.
    “Le recordé entonces al General que en 1955 habíamos sido los únicos que denunciamos el golpe de Estado gorila y llamamos a la clase obrera, al pueblo y al propio gobierno a combatirlo con las armas en las manos si fuera necesario. Que nuestros camaradas –entre ellos Rubens Iscaro y Vicente Marischi—recorrieron infructuosamente los locales de la CGT y del Justicialismo, sin poder localizar a nadie o sin encontrar eco a nuestro llamado; que nuestros compañeros de las fábricas estuvieron en  la Plaza de Mayo y en los demás lugares del país, siendo también víctimas del gorilaje y de la represión; que era totalmente falsa la canallesca afirmación de que luego asaltamos los sindicatos, cuando la verdad es que, junto a las masas peronistas, los defendimos contra las intervenciones represivas de los gorilas, y a veces contra los dirigentes peronistas desleales que se plegaron a los nuevos amos. Y todo esto –dije—lo sostuvo y realizó el Partido, cuando teníamos numerosos presos y a pocos meses de haber sido asesinado en Rosario por la policía, sometido a bárbaras torturas, nuestro destacado dirigente y querido camarada, el doctor Ingalinella.
    “Eso quedó claro, muy claro, por cierto. Perón se mostró sorprendido, guardó silencio y no dijo nada al respecto”.

sábado, 9 de junio de 2018

A 100 años de la Reforma Universitaria: Fernando Nadra y la bandera nazi


  En su juventud, Fernando fue un muy popular y querido dirigente estudiantil, primero de la Federación de Estudiantes Secundarios de Tucumán, su provincia natal,  luego secretario general de la FUA y  presidente de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), ciudad donde trabó relación y amistad con la principal figura de la Reforma Universitaria de 1918, el mítico Deodoro Roca, en cuyo funeral lo despidió en nombre de la organización estudiantil.

  De aquellos tiempos, surge este relato periodístico, de un hecho casi desconocido de la lucha contra el nazifascismo en la Argentina:

  Según relata Bernardo Kleiner en su interesante y documentado libro "Veinte años de movimiento estudiantil reformista" (Editorial Platina, Buenos Aires 1964), el 20 de junio de 1941, Día de la Bandera, justo dos días antes de la invasión hitleriana a la Unión Soviética, un grupo de estudiantes, acompañados por numerosos obreros, reclamó del consulado alemán en Córdoba, con oficinas en la Avenida Colón, que la bandera argentina flameara en sus balcones.

   Ante la negativa germana, los estudiantes organizaron varios actos relámpago. Cuando se aglomeró el público al grito de "abajo el nazismo, viva la bandera argentina", un dirigente de la Federación Universitaria de Córdoba se encaramó al mástil a varios metros de altura. Y, ante la expectativa general y la amenaza armada de los burócratas del consulado, el estudiante arrancó la bandera nazi haciéndola pedazos, en medio de la clamorosa ovación de los asistentes, quienes realizaron luego una combativa manifestación por las calles de la ciudad.

   Los diarios La Voz del Interior de Córdoba y La Nación de Buenos Aires, diarios de derecha que entonces coqueteaban con las "potencias anticomunistas", no ocultaron su indignación por el "ingrato episodio". Y El Pampero, rotativo nazi que estaba directamente financiado por el embajador alemán Von Thermann, rugió: "Fueron atacados consulados de países amigos".

   La Alemania nazi protestó entonces con una reclamación diplomática, presionando al gobierno de Ramón S. Castillo (de claras simpatías por el fascismo) para que intervenga la provincia mediterránea. El periódico local Córdoba describió el episodio de este modo:
   "... el joven estudiante que había subido y que alcanzó un extremo de la bandera nazi, se colgó de ésta y sin soltarla saltó a la acera. El peso del cuerpo hizo que el asta de la bandera se quebrara cayendo todo al suelo, donde fue recogida por los manifestantes que en aquel mismo momento la destrozaron...".
   Los pedazos de la bandera nazi fueron disputados por los asistentes al acto; obreros y estudiantes los guardaron como verdaderos trofeos de la lucha antifascista.

   Casi inmediatamente se desató una ola de antisemitismo feroz en todo el país. "Los usureros judíos y el marxismo internacional no nos van a impedir que la Argentina mantenga relaciones con aquellos países que están luchando bravamente contra el comunismo apátrida", rezaba un volante profusamente distribuido por la Legión Nacionalista en la ciudad de Buenos Aires y que terminaba de este modo: "¡Viva la patria! Abajo el judaísmo y el comunismo, fuentes de miseria y esclavitud!".
   Resulta curioso que, pese a la masiva participación judía en los movimientos antifascistas, el joven que protagonizara aquella acción ante el consulado alemán en Córdoba no fuera judío sino de origen árabe. Se trataba de Fernando Nadra que, luego, sería uno de los dirigentes más conocidos del Partido Comunista Argentino…
   A raíz de su arriesgada acción en Córdoba, Nadra fue procesado y detenido junto a otros veinticuatro estudiantes reformistas "en virtud del estado de sitio" implantado en todo el país para "ahogar las crecientes manifestaciones del pueblo contra el fascismo y la guerra", de acuerdo al libro de Kleiner.