viernes, 26 de abril de 2019

Acerca de "Sinceramente"


Dos reflexiones acerca de “Sinceramente”, como hecho político, por fuera del análisis de su texto:

    El llamativo éxito del libro de CFK (64.000 ejemplares en la “preventa” y la apresurada orden de sucesivas reimpresiones), implica que su compra corre por cuenta mayoritaria de franjas de la clase media, una parte de la cual en 2015 le retiró expresamente el apoyo a la ex presidente. En su momento, el macrismo y los medios que lo promovieron interpretaron ese abandono como un “triunfo en la batalla cultural contra el populismo”.

    Es posible especular acerca de que una buena parte de los lectores aludidos no hubieran adquirido, mucho menos leído, el libro, en lo que constituye una suerte de exitosa contraofensiva de CFK.

miércoles, 10 de abril de 2019

¿Es cierto que Fernando Nadra apoyó a Carlos Menem?


A casi 25 años de la muerte de mi padre, todavía hay quienes repiten una y otra vez falsedades acerca de su trayectoria, o los motivos de alejamiento del PC. Es el caso de un lector de mi muro de Facebook, quien luego leer mi desmentida a su afirmación de un “acercamiento político” de Fernando Nadra a Menem, me “invita” cordialmente a que lo demuestre. Transcribo el texto de mi segunda respuesta.

Estimado LVS:

Agradezco la invitación, y probaré que es totalmente inexacto que Nadra apoyara en modo alguno la presidencia de Carlos Menem, y aún mucho más falso que fuera su asesor.

Sin embargo, debo aclarar que -tanto en el derecho burgués como en la legislación socialista- es el que acusa y no el acusado quien debe probar sus afirmaciones.

Nadra efectivamente se entrevistó con Menem, a quien conocía desde mucho tiempo atrás, como a casi toda la dirigencia argentina del siglo XX, el 14 de agosto de1989. Lo hizo para cuestionarle en persona el anuncio del regresivo plan económico (Bunge Born) que anunció a contramano de sus promesas electorales, y rechazar las primeras insinuaciones de que decretaría un indulto a los genocidas, como finalmente hizo.

Esto queda comprobado con un comunicado de prensa elaborado y firmado por mi padre, en el que también desmiente a "voceros del PC", y cuya copia fotográfica incluyo en primer lugar, el que para despejar toda duda tiene sus propias correcciones manuscritas.

Aquella cúpula del PC es la que difundió esa versión a la prensa (que la reprodujo con entusiasmo y ocultó la desmentida de Fernando), para desprestigiarlo y enfrentarlo con los miles de militantes que lo acompañaron durante años, un ladrillo más en la pared de viles ataques a que lo sometieron para justificar el posterior desplazamiento y suspensión de quien entregó buena parte de su vida a ese partido y la causa revolucionaria, lo que pagó con años de persecución y prisión.

Otro dato que celosamente ocultó esa dirección, y omitió publicar la prensa canalla, es que Nadra volvió a rechazar expresamente esa versión en 1990, luego de una segunda entrevista con Menem en la que expresamente le fundamento su reclamo de un inmediato retiro de un proyecto para aplicar la pena de muerte en la Argentina. También, con sus correcciones manuscritas, incluyo la fotografía de este otro comunicado.

Con sus habituales códigos, fruto de largos años de dirigir y ampliar las relaciones políticas del PC, no incluyó un dato vital, pero que fue confirmado por el propio Carlos Menem: lejos de acercarse a sus posiciones, Fernando Nadra rechazó su propuesta formal de ser embajador argentino en la Unión Soviética o Cuba, una astuta maniobra de captación en la que sí cayeron otros políticos como Jorge Abelardo Ramos, que aceptó y ocupó la embajada en México.

Esta mentira -como otras tan absurdas como cenas con el genocida Videla o una confrontación en la selva boliviana con el Che Guevara, con quien estableciera una afectuosa relación, pero en La Habana- son parte de la campaña a la que aludo.

En el caso de la supuesta calidad de “asesor” de Carlos Menem, esta falacia fue lamentablemente reproducida por el historiador Horacio Tarcus en su Diccionario biográfico de la izquierda argentina: de los anarquistas a la “nueva izquierda” (1870-1976), en 2007.

A los pocos días de su aparición, me reuní con Tarcus, titular del Cedinci, al que nuestra familia donó buena parte del archivo y biblioteca partidaria de mi padre, en su oficina porteña de Fray Luis Beltrán al 100, y en esa reunión se comprometió a corregir el error en futuras ediciones.

Conozco esta campaña de difamación en detalle, no solo como orgulloso hijo de Fernando, sino como miembro del Comité Central del PC elegido por el XVI Congreso, y director del periódico partidario, afiliación y responsabilidades a las que renuncié públicamente en 1990, camino que luego fue siguiendo el 90% de esa cúpula partidaria, una parte de ella para seguir cómodos y redituables caminos, alejados de los ideales que decían defender.

La agradezco LVS, y lo invito a publicar esta aclaración, junto a los comunicados, en su propio muro (cuyos textos originales puede hallar en el Fondo Fernando Nadra de la Biblioteca Nacional), pues todavía son muchos afiliados, o ex afiliados, que con dolor han creído este tipo de mentiras.

Lo saludo cordialmente

Alberto Nadra

martes, 12 de febrero de 2019

Daniel Santoro: un canalla amoral



Daniel Santoro, operador pago de Magneto, tiene una larga historia de violación de toda de ética periodística, que en estas horas vuelve a quedar en evidencia con la operación montada para extorsionar a un empresario, como es ya público y denunciado en la causa de las “fotocopias de cuadernos”.

La grabaciones de video y audio, así como los mensajes telefónicos que constan en la causa que lleva adelante el juez Alejo Ramos Padilla, muestran el mecanismo de plantar una falsa denuncia, publicarla en Clarín con la firma de Daniel Santoro, y –previamente avisado—la rápida actuación de oficio del fiscal Carlos Stornelli.

Hay virginales desmentidos del periodista militante (de Magneto) y su medio, cuando esta historia es conocida y repetida, sin ir más lejos un titular central de Clarín acusando, entre otros, a Máximo Kirchner y la ex ministra Nilda Garré de tener cuentas por más de u$s 80 millones en un banco de Delaware, con los correspondientes números de cuentas, lo que fue desmentido en forma oficial por el Departamento de Justicia de EE.UU. Claro, en una página interna del diario, largo tiempo después, Santoro publicó una confusa “aclaración”, en la que en realidad no se retractaba de nada.

Personalmente puedo dar fe de su amoralidad.

En octubre de 1990, en los difíciles días en que el que fuera mi partido se desgarraba internamente, fui entrevistado por muchos periodistas, entre ellos  Andrea Rodríguez, Edgard Mainhard, Andrés Sikirko, y Santoro, a los que brindé declaraciones públicas, y una opinión más general, pero reservada, pues aún no había decidido presentar mi renuncia al Comité Central del PC.

Santoro, el día 2 de ese mes, mostró cabalmente qué tipo de “profesional” y persona era y es.

Años después, en 2011, pude relatar públicamente lo que había denunciado  en voz alta, pero sin eco. Estas son, textualmente,  las (pocas) líneas que dedico al hecho, y al personajillo, en mi libro “Secretos en Rojo. Un militante entre dos siglos”,

 (…)
El entonces recientemente incorporado periodista de Clarín, Daniel Santoro –quien hoy pretende dictar cátedra de Ética Periodística– consignó la noticia, pero violando groseramente en su nota el off the record[1].

Cualquier periodista sabe lo que tantas veces le repetí a mis alumnos de la materia “Ética y Periodismo” en la Universidad de Palermo: es parte de la “ética”, de la conducta moralmente correcta del periodista, preservar las preferencias del entrevistado/fuente en relación a lo que  dice “en on” (sea información extra o sus datos personales, el periodista es libre de publicarlo) y lo que dice “en off” (cuando el entrevistado indica que cierta información, incluidos nombre y apellido se mantengan en secreto).
Se trata de un principio ético central, con justificaciones que van desde lo deontológico (teniendo en cuenta los intereses de quien de buena fe nos ha brindado información y nuestra promesa de no traicionarlo) hasta lo teleológico (teniendo en cuenta los intereses de la circulación de información entre, hacia y para los periodistas).
Ante mi renuncia al PC, todos los medios  lo respetaron, en la cobertura de aquel suceso (desde Página/12[2] hasta, nada menos, que Ámbito Financiero[3] y El Cronista Comercial[4]). Todos los medios, exceptuando el de Santoro, a quien en esa época, de seguro, le preocupaba más ascender en el escalafón, lo que logró con creces, que torturarse acerca de los valores..



[1] Daniel Santoro, El Poder sobre el dinero. Discusión en el PC sobre los fondos partidarios, Clarín, 2 de octubre de 1990.
[2] Página/12, Manotazos contra disidentes. La interna del PC, 2 de octubre de 1990.
[3] Edgard Mainhard, Crisis no ideológica en el PC: se robaron la caja, Ámbito Financiero, 2 de octubre de 1990.
[4] Andrés Sikirko, Amenazas y escándalo en el PC “por un puñado de dólares”. El Cronista, 2 de octubre de 1990.


martes, 1 de enero de 2019

¿Qué hacer ante la destrucción del país y la ruina de los argentinos?




   La situación ha llegado a un límite insostenible con la nueva oleada de brutales aumentos del transporte, la luz, el gas y el agua, que se suman a cifras dramáticas de pobreza e indigencia, endeudamiento externo, recesión económica e inflación descontrolada, con pretensión de imponer un techo a las paritarias.

   Ante esta realidad, que se fue agravando día tras día desde diciembre de 2015, fuera del oficialismo explícito hay una parte de la dirigencia política burguesa que es cómplice y otra que se reivindica opositora, pero facilitó gran parte de los atropellos de la derecha neoconservadora.

   Los dirigentes surgidos del campo nacional y popular han cometido –a mi juicio, claro-- dos errores, que no son nuevos:

1)    No convocan –los que tienen autoridad y poder para hacerlo-- en forma permanente a la lucha organizada del pueblo. Piensan que con la crítica, aún la más enérgica, se cumple con el papel opositor, y que ese rol se agota en la difícil tarea de presentar una alternativa electoral para 2019.

2)    Como no conciben la construcción de poder popular en los territorios, los establecimientos educativos y de trabajo, causa fundamental que limitó las indudables conquistas de 12 años de gobierno, impidió su profundización y nos llevó a la derrota en 2015, creen que la construcción del frente nacional se reduce a los acuerdos superestructurales, aún los mejores que se puedan lograr. Esos acuerdos son imprescindibles, sin duda, pero totalmente limitados, y hasta con perniciosos condicionamientos, si carecen del acompañamiento del más amplio protagonismo popular.


   Es absurdo enojarnos con la supuesta “indiferencia”, de una porción importante de nuestro pueblo, entre ellos los principales afectados por este gobierno, si los que hoy son objetivamente la dirigencia opositora no convocaron desde la política a resistir desde el primero al último intento de avasallar derechos y conquistas, lo que se hizo muy parcialmente, y fundamentalmente desde el sindicalismo combativo y las organizaciones sociales.

   No se hizo, y lo que es más grave, no se ha producido un planteo político concreto que impida, o frene tanta brutalidad, con lo que de hecho se llamó, y se llama, a esperar un triunfo electoral en 2019, y hasta entonces se resignan a la destrucción del país y el empobrecimiento del pueblo, que se agravó con cada día de la actual gestión y se agravará aún más en cada día que nos queda hasta esa fecha.

   No pretendo, al margen de mis ideales, que  convoquen a una revolución, o asuman las peregrinas ideas de todo o nada que plantean los que los medios denominan como “la izquierda”. Sencillamente porque no es posible, ni el planteo ni su concreción.

   Nuestra Constitución Nacional, concebida al igual que la estadounidense bajo el concepto de que “El pueblo no delibera ni Gobierna, sino a través de sus representantes”, expresamente formulado para impedir la participación popular, no contempla mecanismos de democracia directa como la Constitución De La Ciudad De Buenos Aires, que habilita en su artículo 67 la “Revocatoria de Mandato”. La condición es que el Supremo Tribunal Electoral declare la razonabilidad del pedido y habilite planillas especiales para sumar una cifra equivalente al 20% del padrón electoral del distrito (unas 500.000 firmas), con lo cual se convoca a un referéndum, que si gana en las urnas desplaza por voluntad popular al Jefe de Gobierno y/o los funcionarios cuestionados.

   Claro que el PRO lo oculta pero, con intencionada demora en su decisión, la justicia electoral admitió ya avanzado 2014 la “razonabilidad” de un pedido de revocatoria para Macri y Vidal, fundamentada en la brutal represión en el Borda, las muertes y destrucción de las inundaciones en Saavedra y la violación de la legislación vigente por el abuso de los decretos de necesidad y urgencia. En poco tiempo, se obtuvieron 130.000 firmas, sin el apoyo de ninguno de los partidos de la oposición, ni siquiera del Frente para la Victoria porteño, pese a que éramos referentes de ese espacio los que impulsamos esa iniciativa, que debió interrumpirse cuando en 2015 comenzaron a regir los plazos previos a las elecciones nacionales.

   ¿Qué hubiera pasado si la oposición se unía, si entre todos los que bien sabíamos quiénes son Macri y Vidal obteníamos el respaldo suficiente, y llegábamos al referéndum?

   Aun sin lograr mayoría, lo que era previsible por la conducta del electorado porteño, el debate y esclarecimiento en todo el país en torno a la gestión y las responsabilidades de Macri y Vidal no dudo que hubieran hecho imposible su estrecho triunfo, y en el balotaje, a nivel nacional.

   Ya dijimos, la Constitución Nacional no habilita estos mecanismos de democracia directa, pero si permite que los legisladores reclamen el juicio político a Macri y sus funcionarios sobre la base de su mala gestión, el injustificable endeudamiento externo, su –en casos-- mortal desprotección de la población en salud, educación o vivienda. Concretamente, el Artículo 53 confiere la potestad a la Cámara de Diputados de acusar ante el Senado "...al presidente, vicepresidente, jefe de gabinete de ministros, ministros y a los miembros de la Corte Suprema, en las causas de responsabilidad que se intenten contra ellos, por mal desempeño o por delito en el ejercicio de sus funciones; o por crímenes comunes...". En el caso de que el Senado decida por la mayoría de dos tercios de votos sobre todos los cargos, o sobre alguno de ellos, se declarará al acusado incurso en la destitución de su empleo, según lo establece el Artículo 60.

   Esta es una iniciativa política concreta –legítima, legal, constitucional y totalmente democrática-- para reconciliar la Ciudadanía y la Política, que convoca al protagonismo popular, al debate y movilización masiva para frenar los abusos, aún si no se logran las fuertes mayorías exigidas en las dos Cámaras, al tiempo que facilita y da un marco general para la multiplicación de las luchas para frenar esta ofensiva brutal, el despojo a que nos somete Cambiemos, que no se detendrá mientras conserven el poder.

   Esta es, ante todo, una posición y no una receta, puede no ser compartida, o surgir otra/s, aunque no sucedió a lo largo de estos tres años, pero lo que no se puede hacer es limitarse a esperar un triunfo electoral (por el que sin duda pondremos todo lo que cada uno pueda poner), mientras día a día destruyen al país y condenan a los argentinos hasta un muy lejano 10 de diciembre de 2019.

viernes, 28 de diciembre de 2018

¿Qué hacer ante la destrucción del país y la ruina de los argentinos?


La situación ha llegado a un límite insostenible con la nueva oleada de brutales aumentos del transporte, la luz, el gas y el agua, que se suman a cifras dramáticas de pobreza e indigencia, endeudamiento externo, recesión económica e inflación descontrolada, con pretensión de imponer un techo a las paritarias.

Ante esta realidad, que se fue agravando día tras día desde diciembre de 2015, fuera del oficialismo explícito hay una parte de la dirigencia política burguesa que es cómplice y otra que se reivindica opositora, pero facilitó gran parte de los atropellos de la derecha neoconservadora.

Los dirigentes surgidos del campo nacional y popular han cometido –a mi juicio, claro-- dos errores, que no son nuevos:

1) No convocan –los que tienen autoridad y poder para hacerlo-- en forma permanente a la lucha organizada del pueblo. Piensan que, con la crítica, aún la más enérgica, se cumple con el papel opositor, y que ese rol se agota en la difícil tarea de presentar una alternativa electoral para 2019.

2) Como NO conciben la construcción de poder popular en los territorios, los establecimientos educativos y de trabajo, causa fundamental que limitó las indudables conquistas de 12 años de gobierno y contribuyó a la derrota en 2015, creen que el armado del frente nacional se reduce a los acuerdos superestructurales, aún los mejores que se puedan lograr. Esos acuerdos son imprescindibles, sin duda, pero totalmente limitados, y hasta con perniciosos condicionamientos, si carecen del acompañamiento del más amplio protagonismo popular.

Es absurdo enojarse con la supuesta “indiferencia”, de una porción importante de nuestro pueblo, entre ellos los principales afectados por este gobierno, si los que hoy son objetivamente la dirigencia opositora no convocaron desde la política a resistir desde el primero al último intento de avasallar derechos y conquistas, lo que se hizo muy parcialmente, y fundamentalmente desde el sindicalismo combativo y las organizaciones sociales.

No se hizo, y lo que es más grave, no se ha producido un planteo político concreto que impida, o frene tanta brutalidad, con lo que de hecho se llamó, y se llama, a esperar un triunfo electoral en 2019, y hasta entonces se resignan a la destrucción del país y el empobrecimiento del pueblo, que se agravó con cada día de la actual gestión y se agravará aún más en cada día que nos queda hasta esa fecha.

No pretendo, al margen de mis ideales, concretar una revolución, o las peregrinas ideas de todo o nada que plantean los que los medios denominan como “la izquierda”. Sencillamente porque no es posible.

Nuestra Constitución Nacional, concebida al igual que la estadounidense bajo el concepto de que “El pueblo no delibera ni Gobierna, sino a través de sus representantes”, expresamente formulado para impedir la participación popular, no permite mecanismos de democracia directa como si lo hace la Constitución de la Ciudad De Buenos Aires, que habilita en su artículo 67 la “Revocatoria de Mandato”. La condición es que el Supremo Tribunal Electoral declare la razonabilidad del pedido y habilite planillas especiales para sumar una cifra equivalente al 20% del padrón electoral del distrito (unas 500.000 firmas), con lo cual se convoca a un referéndum, que si gana en las urnas desplaza por voluntad popular al Jefe de Gobierno y/o los funcionarios cuestionados.

Claro que el PRO lo oculta, pero con intencionada demora en su decisión, la justicia electoral admitió ya avanzado 2014 la “razonabilidad” del pedido de revocatoria para Macri y Vidal, fundamentada en la brutal represión en el Borda, las muertes y destrucción de las inundaciones en Saavedra y la violación de la legislación vigente por el abuso de los decretos de necesidad y urgencia. En poco tiempo, se obtuvieron 130.000 firmas, sin el apoyo de ninguno de los partidos de la oposición, ni siquiera del Frente para la Victoria porteño, pese a que éramos referentes de ese espacio los que impulsamos esa iniciativa, que debió interrumpirse cuando en 2015 comenzaron a regir los plazos previos a las elecciones nacionales.

¿Qué hubiera pasado si la oposición se unía, si entre todos los que bien sabíamos quiénes son Macri y Vidal obteníamos el respaldo suficiente, y llegábamos al referéndum?

Aun perdiendo, que era previsible por la conducta del electorado porteño, el debate y esclarecimiento en todo el país en torno a la gestión y las responsabilidades de Macri y Vidal no dudo que hubieran hecho imposible su estrecho triunfo, en el balotaje, a nivel nacional.

Ya dijimos, la Constitución Nacional no habilita estos mecanismos de democracia directa, pero si permite que los legisladores reclamen el juicio político a Macri y sus funcionarios sobre la base de su mala gestión, el injustificable endeudamiento externo, su intencionada desprotección de la población en salud, educación o vivienda.

Concretamente, el artículo 53 confiere la potestad a la Cámara de Diputados de acusar ante el Senado "...al presidente, vicepresidente, jefe de gabinete de ministros, ministros y a los miembros de la Corte Suprema, en las causas de responsabilidad que se intenten contra ellos, por mal desempeño o por delito en el ejercicio de sus funciones; o por crímenes comunes...". En el caso de que el Senado decida por la mayoría de dos tercios de votos sobre todos los cargos, o sobre alguno de ellos, se declarará al acusado incurso en la destitución de su empleo, según lo establece el artículo 60.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Los libros rojos


“El rol del comunismo en la historia nacional”, tremendo tema, que encara Pablo Leoncini con centro en el recorte de un período de la increíble historia de impresión y difusión de clásicos del marxismo, ensayos, literatura, ciencia y técnica por parte del Partido Comunista de la Argentina.

Escribió Antonio Gramsci en 1932 que “del modo de escribir la historia de un partido deriva el concepto que se tiene de lo que un partido es y debe ser. El sectario se exaltará frente a los pequeños actos internos que tendrán para él un significado esotérico y lo llenarán de místico entusiasmo. El historiador, aún dando a cada cosa la importancia que tiene en el cuadro general, pondrá el acento sobre todo en la eficiencia real del partido, en su fuerza determinante, positiva y negativa, en haber contribuido a crear un acontecimiento y también en haber impedido que otros se produjesen.”

Y vale la evocación a la nota gramsciana para intentar sumar un aporte que desnaturalice la explicación –histórica y presente– que impuso la clase dominante sobre el rol del comunismo en la historia nacional.

En la ofensiva reaccionaria de las últimas tres décadas, liberales y no pocos “marxistas” repitieron, sin mayores análisis, el lugar minimizado, siempre equivocado y casi desconocido que la derecha –en sus versiones conservadoras y posmodernas– asigna al Partido Comunista Argentino en la cultura y en la lucha de clases.

Lejos estamos de reivindicar la contracara metafísica de esta postura, esto es, el dogmatismo nostálgico. Pero resulta evidente que la derrota del movimiento revolucionario en los últimos años no se resume a los efectos sobre el presente sino que, como alertara tempranamente Walter Benjamín, opera sobre todo en la destrucción de la memoria colectiva de los vencidos para anularles su historicidad, para ocultarles cualquier sentido del mundo y la vida alternativos al que impone la mercantilización alientante del capital en todas sus expresiones.

Matar al “fantasma del comunismo” fue y sigue siendo el combate estratégico de los opresores en los últimos 170 años.

La pregunta inevitable sería ¿es posible reconstruir aquella experiencia en las actuales condiciones? Frente a dicho interrogante no tenemos respuestas claras, pero tenemos la certeza de que los aportes posibles y concretos de la cultura comunista, sin nostalgias ni dogmas pero sin renuncias a nuestros logros, para la construcción actual de una alternativa de sociedad al capital son fundamentales.

Recuperar esos aportes supone entenderlos en la historicidad de los mismos, considerarlos en el contexto específico de las relaciones de fuerza internacionales y nacionales, en los significados particulares que para la cultura dominante y las expresiones culturales subalternas representaba y, retomando a Gramsci, considerarlos como materializaciones de praxis políticas que tuvieron un activo papel en concientizar al pueblo y enfrentar a la clase dominante en el desafío de transformar la sociedad.
Desde esta perspectiva es que rescatamos varios párrafos del libro de Andrea Petra Intelectuales y cultura comunista[1], referidos a la política que el PCA desarrollara en el terreno editorial:


“La historia de la actividad impresa del comunismo argentino se convertirá, a partir de 1930, en una sección permanente y preferida de la crónica policial, al punto que casi los únicos datos para reconstruirla se encuentran en prontuarios, sumarios y legajos policiales (…) es poco probable que nos equivoquemos al afirmar que el espacio cultural del comunismo argentino fue, desde mediados de la década de 1940 hasta los primeros años de la década de 1960, el mayor editor de literatura política de Argentina y, tal vez, de América Latina.
Entre 1939, cuando se inauguró la Editorial Problemas, y 1966, cuando el golpe de Estado comandado por Juan Carlos Onganía puso fin a varios de los emprendimientos aquí considerados, las editoriales ligadas a la órbita comunista (partidarias y no partidarias) editaron, en condiciones de ilegalidad permanente, mas de 1200 títulos y 570 autores, sin contar los impresos editados por los grupos idiomáticos, asociaciones mutuales y gremios y los libros y folletos editados por revistas culturales. Tampoco, por supuesto, las publicaciones periódicas (…) con la excepción de Anteo, dedicada por entero a la literatura doctrinal, el resto de las editoriales consideradas publicó una variedad de géneros (ensayo y ficción literaria sobre todo) y se interesó por diversos saberes (ciencia, historia y, en menor medida, economía, filosofía, psicología).

A pesar de su sostenida aunque acotada labor editora, no será hasta 1939, cuando Carlos Dujovne inauguró el sello Problemas, que el comunismo argentino pudo contar con una editorial propiamente dicha (…) Entre 1939 y 1943, Problemas editó casi 150 títulos, un número extraordinario para cualquier emprendimiento editorial de corte militante, convirtiéndose en la mayor empresa de difusión de la cultura soviética en América Latina. Bajo el lema “El libro para el obrero”, Problemas se enfocó en la edición de folletos y libros de bajo costo, aunque sin renunciar a ediciones mas cuidadas, como fue el caso de la primer edición castellana de Dialéctica de la Naturaleza, de Engels, con la traducción de Augusto Bunge; o manuales de historia y filosofía soviéticos, como el compendio de Historia de la filosofía dirigido por Sheglov y traducido directamente del ruso por V.M. Dalmacio; o la biografía de Napoleón escrita por Eugenio Tarle y traducida desde la versión francesa por Delia Ingenieros, hija del célebre filósofo y psiquiatra. Durante esos años, Problemas dedicó más de la mitad de su catálogo a la difusión de autores marxistas soviéticos y, en menor medida, a la edición de las obras de Marx y Engels. Publicó libros sobre diversos aspectos de la construcción del socialismo en la URSS, así como literatura infantil y juvenil (como las novelas y los cuentos del ruso Mikhail Ilin y la alemana Lisa Tetzner), biografías, clásicos del “realismo socialista” (como la novela Así se templó el acero, de Ostrovski), algunos pocos títulos de autores comunistas latinoamericanos y, finalmente, autores argentinos que se repartían entre los más encumbrados dirigentes partidarios (Victorio Codovilla, Rodolfo Ghioldi y Paulino González Alberdi), escritores realistas o filocomunistas (Bernardo Kordon, Álvaro Yunque, Cayetano Córdova Iturburu, Raúl González Tuñón) y el grupo de historiadores comunistas organizados en torno de Rodolfo Puiggrós, quien desde las páginas del diario La Hora festejó la iniciativa en el tono antiimperialista que correspondía a la coyuntura: como una apuesta por la “cultura nacional” ante la pertinaz tendencia europeizante de los editores argentinos.

Hasta la creación de la editorial Anteo en 1942, que se dedicó fundamentalmente a publicar literatura doctrinal y partidaria, Problemas actuó como una editorial cuasioficial del PCA, aunque la persistente marca de su director (cuyo nombre y función eran indicados en cada volumen) le imprimían una identidad y un rasgo de autonomía que no volverían a repetirse en emprendimientos semejantes. Sin embargo, el modelo de Problemas fue retomado por emprendimientos independientes, aunque dirigidos por comunistas, como fue el caso de Lautaro, creada en 1942 bajo la dirección de Sara Jorge, y Futuro, inaugurada en 1944 por el escritor Raúl Larra. Estas, al mismo tiempo, abrieron un camino a las futuras editoriales de la nueva izquierda, como La Rosa Blindada y los Cuadernos de Pasado y Presente.
El 19 de junio de 1943, apenas unos días después del golpe de Estado que puso fin al gobierno de Ramón Castillo y marcó el inicio de la, desde entonces, ascendente carrera de Juan Domingo Perón, el local de ventas y los depósitos de Problemas fueron allanados en cuatro procedimientos policiales sucesivos, lo que ocurrió también con la editorial Anteo, los diarios La Hora y Orientación y mas de treinta organizaciones sociales, étnicas, políticas y vecinales cuya lista encabezaba la Junta de la Victoria, presidida por Victoria Ocampo. Ochenta camiones de libros, de un valor aproximado de 300.000 pesos moneda nacional (equivalente a 75.000 dólares aproximadamente), fueron llevados a los depósitos del Banco Municipal y luego destruidos. En los meses posteriores, el noticiero cinematográfico Sucesos Argentinos exhibió el asalto al local de Sarmiento 1462 como parte de la campaña oficial para combatir al comunismo (…)”.



La estrategia del capital no se reduce sólo a la cosificación de la vida, sino al borramiento de los mundos históricos y simbólicos que constituyeron la lucha de la izquierda par crear una alternativa de sociedad. Es por ello que la incesante actividad por hacer “desaparecer” al comunismo como movimiento político de nuestra historia supone, antes que nada, la desaparición o deformación de las narraciones históricas que lo enuncian, que lo reconocen. Visibilizar aquel fantasma sea, quizá, una apuesta por el futuro.

Pablo Leoncini, historiador, Córdoba 2018.



[1] Andrea Petra, Intelectuales y cultura comunista. Itinerarios, problemas y debates en la Argentina de posguerra, Buenos Aires,  Fondo de Cultura Económica, 2017, pp. 93-97.

martes, 27 de noviembre de 2018

El día que el PC asaltó la ESMA

      

En mi libro "Secretos en Rojo" revelé, hasta donde viví personalmente, o tuve vía libre
de los protagonistas para hacerlo público, hechos desconocidos de la historia del Partido Comunista (PC). Desconocidos, cabe admitir, en la mayoría de los casos por la decisión propia, para mantener oculto su carácter de organización político militar, pero en otros por certero ocultamiento.

Todavía ni la política ni la academia se ha han dado por enterados que hay que corregir la historia de la lucha armada en la argentina, pues la primera guerrilla fue organizada por el PC, entre fines de los 30 y principios de los 40 del siglo XX, en el entonces Territorio Nacional del Chaco, en autodefensa frente al asesinato, robo de tierras a colonos y superexplotación de los pueblos originarios, por parte de La Forestal y otros pulpos.

           Me consta que muchos han accedido a la historia y la documentación que brindé en mi libro, pero no se dan por enterados.

           Tampoco, de la admisión en ese mismo trabajo de acciones de corte militar de los comunistas durante la última dictadura genocida, pese a su conocida y deplorable posición política en el plano público.

           Un episodio que no relaté fue sorprendentemente revelado por Página/12 hace 16 meses, sin que a nadie de la política o la academia se le mueva un pelo. Si bien es cierto que no es el titular principal de la nota, en ella se demuestra que un frente secreto del PC atacó la ESMA --si, ¡la ESMA! -- y facilitó la fuga de prisioneros propios y ajenos en el Centro Clandestino de Detención y exterminio que allí funcionó.

           La condena de la derecha no me molesta, si me lastima el silencio de los amigos y la hipocresía de algunos académicos...

Reproduzco, textual, el texto publicado el 2 de julio de 2017:

Un dirigente distinto y de otra época

Los recuerdos de Juan Carlos Carinelli hablan de una vida intensa, hiperactiva. Tan futbolera como política, entre libros de historia, un bandoneón sobre las piernas y el fratacho para alisar el revoque. Hizo y hace de todo.

Fue presidente del club Almagro en el año de su centenario. Tiene 74 años y milita en el Partido Comunista desde que era un pibe. Estuvo detenido-desaparecido en la ESMA, de donde cuenta que se escapó. Se recibió de profesor en la UBA, es maestro mayor de obras y tocó en varias orquestas, donde reemplazaba a otros músicos.

Sentado a la mesa de un bar en Corrientes y Dorrego, muestra dos objetos que son como sus señas de identidad. El carnet del club con tapas de cuero, donde está irreconocible en una foto de 1959. Tiene un jopo abundante del que ya no queda nada. De su teléfono celular emerge como fondo de pantalla la cara de un Carlos Marx inconfundible. Aunque el aparato se resiste a sus órdenes. Teclea y no le encuentra la vuelta.

El ex dirigente saborea un café y empieza a contar: “Soy hincha de Almagro desde que nací. Me hice socio de jovencito. Mi viejo era quintero y vendía sus productos en el mercado de Abasto donde estaba Almagro. Él iba con su carro o su chata, y las vueltas de la vida, ¿no? Muy cerca de mi casa se instaló la cancha. El club anduvo por todos lados, hasta que por un gobierno radical consiguió el predio actual. Mi viejo era hincha de Almagro porque vendía verduras y hortalizas en el barrio. Era la época en que se ponía el Alumni en las esquinas. Yo no fui buen jugador de fútbol, solo jugaba en los potreros, y no se me dio por eso.

Tampoco había sido dirigente de Almagro hasta que fui presidente”.

Carinelli saca una tras otra las fotografías que ilustran una considerable porción de su vida. En una, de pantalones cortos, toca el bandoneón mientras su padre canta un tango. En otra aparece con Luciano Lele Figueroa, aquel jugador que llegó a Almagro en 1976, cuando él militaba en la clandestinidad y terminó en la ESMA. “Puede haber sido el jugador más representativo del club para mí, aunque hay otros: Chiche Sosa, Humberto Recanatini, Albino Valentini, el Beto Yaque…” comenta.

Su paso por la presidencia, entre 2010 y 2014, coincidió con el cumpleaños número cien de Almagro: el 6 de enero de 2011. El ex dirigente integraba la peña Azul, Blanco y Negro y desde ahí saltó al máximo cargo. “Cuando empecé a ver cómo estaba el club, con la agrupación hacíamos asados, rifas, juntábamos dinero… todo en José Ingenieros, porque la sede de Capital está concesionada a Sport Club. Empezamos a construir los baños, hicimos tribunas, sectores de plateas. Le podría mostrar cómo estaba el club antes y cómo quedó después. Cómo trabajábamos con la hormigonera. Estoy con la lleca (apela al lunfardo) y la palabra, pero también con la maza y el martillo. A los 17, 18 años estudié para maestro mayor de obras. Más tarde comencé a cursar historia. Mientras tanto tenía que trabajar, ayudar a mi viejo Juan”.

Cuando era presidente de Almagro iba hasta la AFA en bicicleta. Asegura que todavía hoy la sigue utilizando, aunque acortó el recorrido. Pedalea desde donde vive, en Villa Alianza, Caseros, hasta el barrio porteño de Agronomía. En estos días tuvo que parar porque sufrió un accidente doméstico y se lesionó una rodilla.


Carinelli destaca de sus dos períodos como presidente que “la conducción en aquel momento estaba unida por los colores, no por las banderías políticas. Una cosa es tener ideología, pero en el club es completamente distinto. Las decisiones que se toman a veces no caen bien. En una institución, ser solidario es muy importante. Pero ahora no hay tanto compromiso. A los pibes no les importa nada, quieren ver un partido y pagan la entrada o si no, consiguen una por ahí…”

Mucho antes de que alcanzara la presidencia de Almagro, había arrancado con su militancia política. Abrazó las ideas de izquierda –la influencia de su padre anarquista y su madre comunista fueron determinantes– y no las abandonó nunca. “Siempre mantuve mi conducta y compromiso políticos”, señala. Y aunque prefiere evitar la evocación de momentos dolorosos del pasado o dar precisiones de su cautiverio en la ESMA, recuerda: “Yo estuve sesenta y pico de días ahí. En el 76, pasados tres meses del golpe, nos llevaron y al entrar nos metieron al fondo. Nos llevaban a la tortura, siempre tabicados, sin poder ver, hablábamos con alguno, con otro. Imagínese. En esa época, hace más de 40 años no había las comunicaciones que hay ahora, era completamente distinto. Pero nosotros sabíamos por compañeros que eran llevados ahí que en cualquier momento iba a haber una acción para poder sacarnos”.

Carinelli desemboca su relato en un episodio que nunca detalló hasta hoy: “Cuando pasó el tiempo y estábamos ahí, hubo una explosión muy grande en la entrada. Pensaban que si atacaban la ESMA iba a ser por adelante, pero también hicieron pelota un portón atrás. Pudimos salir quince, de los cuales tres quedaron por el camino. Uno se cayó y se rompió la pierna. Yo y mis compañeros tratamos de hacer un círculo de silencio por nuestras familias, porque no sabíamos lo que podía llegar a pasar. ¿Usted iba a pensar que pasados los años iban a salir por el 2 por 1? Yo sigo pensando, aunque me puedo equivocar, que pueden volver los tiempos duros”.

La historia del ex presidente de Almagro se emparenta en este punto con la de otro símbolo del club: Claudio Tamburrini. El ex arquero de la Primera División que militaba en la Federación Juvenil Comunista. Se fugó en 1978 del centro clandestino Mansión Seré, en Castelar, junto a otros tres compañeros de cautiverio. “Hablamos de hacer cosas con él, pero no tengo relación con Claudio. No se dio que habláramos de ciertos temas. Yo lo vi dos o tres veces, pero no conversamos de eso, paramos la pelota ahí”, cuenta.

Carinelli evoca ahora que “nosotros llegamos a la costa del río, donde nos esperaban. Lo que los militares no pensaban era que podíamos escaparnos por ahí. Yo estuve viviendo después bastante tiempo en el Tigre. Mi viejo iba a pescar todos los fines de semana con la Cacciola, bajaba en un muelle y de ahí iba caminando hasta donde estábamos nosotros”.

Su vida parece sacada de una película. Le hace falta música de fondo. El propio personaje de esta historia podría tocarla con el bandoneón o una trompeta. Los instrumentos con que se lo ve en las fotos apiladas en un sobre. En otra se lo ve orgulloso con tres hinchas de Almagro y un pedazo de tribuna de fondo. Ésa que levantó con sus propias manos, porque Juan Carlos Carinelli ha dejado una obra a sus espaldas. En la vida, en la militancia, en la educación, en un club de fútbol. Podría afirmarse con certeza que nunca perdió el tiempo.