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miércoles, 10 de abril de 2019

¿Es cierto que Fernando Nadra apoyó a Carlos Menem?


A casi 25 años de la muerte de mi padre, todavía hay quienes repiten una y otra vez falsedades acerca de su trayectoria, o los motivos de alejamiento del PC. Es el caso de un lector de mi muro de Facebook, quien luego leer mi desmentida a su afirmación de un “acercamiento político” de Fernando Nadra a Menem, me “invita” cordialmente a que lo demuestre. Transcribo el texto de mi segunda respuesta.

Estimado LVS:

Agradezco la invitación, y probaré que es totalmente inexacto que Nadra apoyara en modo alguno la presidencia de Carlos Menem, y aún mucho más falso que fuera su asesor.

Sin embargo, debo aclarar que -tanto en el derecho burgués como en la legislación socialista- es el que acusa y no el acusado quien debe probar sus afirmaciones.

Nadra efectivamente se entrevistó con Menem, a quien conocía desde mucho tiempo atrás, como a casi toda la dirigencia argentina del siglo XX, el 14 de agosto de1989. Lo hizo para cuestionarle en persona el anuncio del regresivo plan económico (Bunge Born) que anunció a contramano de sus promesas electorales, y rechazar las primeras insinuaciones de que decretaría un indulto a los genocidas, como finalmente hizo.

Esto queda comprobado con un comunicado de prensa elaborado y firmado por mi padre, en el que también desmiente a "voceros del PC", y cuya copia fotográfica incluyo en primer lugar, el que para despejar toda duda tiene sus propias correcciones manuscritas.

Aquella cúpula del PC es la que difundió esa versión a la prensa (que la reprodujo con entusiasmo y ocultó la desmentida de Fernando), para desprestigiarlo y enfrentarlo con los miles de militantes que lo acompañaron durante años, un ladrillo más en la pared de viles ataques a que lo sometieron para justificar el posterior desplazamiento y suspensión de quien entregó buena parte de su vida a ese partido y la causa revolucionaria, lo que pagó con años de persecución y prisión.

Otro dato que celosamente ocultó esa dirección, y omitió publicar la prensa canalla, es que Nadra volvió a rechazar expresamente esa versión en 1990, luego de una segunda entrevista con Menem en la que expresamente le fundamento su reclamo de un inmediato retiro de un proyecto para aplicar la pena de muerte en la Argentina. También, con sus correcciones manuscritas, incluyo la fotografía de este otro comunicado.

Con sus habituales códigos, fruto de largos años de dirigir y ampliar las relaciones políticas del PC, no incluyó un dato vital, pero que fue confirmado por el propio Carlos Menem: lejos de acercarse a sus posiciones, Fernando Nadra rechazó su propuesta formal de ser embajador argentino en la Unión Soviética o Cuba, una astuta maniobra de captación en la que sí cayeron otros políticos como Jorge Abelardo Ramos, que aceptó y ocupó la embajada en México.

Esta mentira -como otras tan absurdas como cenas con el genocida Videla o una confrontación en la selva boliviana con el Che Guevara, con quien estableciera una afectuosa relación, pero en La Habana- son parte de la campaña a la que aludo.

En el caso de la supuesta calidad de “asesor” de Carlos Menem, esta falacia fue lamentablemente reproducida por el historiador Horacio Tarcus en su Diccionario biográfico de la izquierda argentina: de los anarquistas a la “nueva izquierda” (1870-1976), en 2007.

A los pocos días de su aparición, me reuní con Tarcus, titular del Cedinci, al que nuestra familia donó buena parte del archivo y biblioteca partidaria de mi padre, en su oficina porteña de Fray Luis Beltrán al 100, y en esa reunión se comprometió a corregir el error en futuras ediciones.

Conozco esta campaña de difamación en detalle, no solo como orgulloso hijo de Fernando, sino como miembro del Comité Central del PC elegido por el XVI Congreso, y director del periódico partidario, afiliación y responsabilidades a las que renuncié públicamente en 1990, camino que luego fue siguiendo el 90% de esa cúpula partidaria, una parte de ella para seguir cómodos y redituables caminos, alejados de los ideales que decían defender.

La agradezco LVS, y lo invito a publicar esta aclaración, junto a los comunicados, en su propio muro (cuyos textos originales puede hallar en el Fondo Fernando Nadra de la Biblioteca Nacional), pues todavía son muchos afiliados, o ex afiliados, que con dolor han creído este tipo de mentiras.

Lo saludo cordialmente

Alberto Nadra

jueves, 2 de marzo de 2017

Bueno, vamos a hablar (otra vez) de corrupción


   Una amiga a la que quiero y respeto por su trayectoria y entrega, me llama la atención por eludir los casos de corrupción en los gobiernos de Néstor Y Cristina Kirchner, en mi referencia al hipócrita --en ese aspecto, para otros tramos tengo adjetivos y caracterizaciones menos favorables-- discurso de Macri ante la Asamblea Legislativa. 

   Jamás oculté mis críticas, es más se lo anticipe a Néstor Kirchner cuando con otros compañeros decidimos apoyarlo en 2003, mucho antes de su triunfo: lo haría como marxista, con un fuerte impulso a lo que se hiciera bien, una crítica constructiva a las carencias o insuficiencias, y la condena a lo que en mi opinión se hiciera mal, con o sin convicción, calculado o no. 

   Mucho antes que aparecieran las denuncias de Lázaro Báez, para tomar un caso emblemático, denuncié las infamias que se producían de la mano del ahora preso Ricardo Jaime al frente de la secretaría de Transporte: en ferrocarriles, pero no únicamente.

   También los interminables negociados de los “barones del conurbano”, muchos de los cuales finalmente fueron desplazados por el voto popular, pese a que después de agitar su “cristinismo” (como antes su menemismo, su duhaldismo y así sucesivamente), en casos recalaron en las filas de Massa, o directamente del PRO-Cambiemos.

   Tampoco los manejos y muchas decisiones de las gestiones, para llamarlas de alguna manera, de gobernadores como Alperovich, Beder Herrera, o Fellner para citar algunos ejemplos.

   No esperé a su desplazamiento para opinar sobre Redrado, Prat Gay, Beliz, Lousteau, Diego Bossio, Sergio Massa o Stiuso y el aparato de la SIDE.

   Pero ahora no estamos ante la corrupción que habitualmente acompaña gobiernos, militares y democráticos, y que es parte de la matriz constitutiva del capitalismo (otra diferencia, en este caso de perspectiva, con el gobierno anterior), e incluso infectó fatalmente los intentos de construir otra sociedad.
Ahora se trata de TODO ESO, que bien conocemos y sufrimos, pero SUMADO dentro de un plan sistemático de negocios para esquilmar el Estado por parte de una CEOCRACIA aliada a lo peor del actual sistema-mundo: el súper concentrado, improductivo, y depredador sector financiero internacional.

   Esto no se resuelve con las filmaciones del torpe ladronzuelo de López arrojando bolsas llenas de dólares en un convento, o en una de las tantas cuevas que el establishment inició en dictadura y multiplicó en democracia, en casos para derrocar presidentes (Alfonsín), en otros hostigarlos y arrancarles concesiones como el mantenimiento de la Ley de Entidades Financieras de la dictadura, la renta minera y pesquera (CFK) y en los más cooptarlos como en los ’90 y la trágica experiencia de la Alianza.

   La HISTORIA muestra que el Grupo Macri, uno de los fundadores de la “Patria Contratista” que esquilmó al país en los últimos 40 años, se benefició con el (primer, pero no único), perdón del funcionario de la dictadura genocida Domingo Cavallo, quien estatizó la deuda de los grandes grupos económicos nativos, en este caso particular por 170 millones de aquella época, con lo cual SU deuda pasamos a pagarla entre todos.

   No en vano, el Grupo llegó a 1976, el inició la dictadura con siete (7) raquíticas empresas, e inició la democracia, en 1983, con cuarenta y siete (47) compañías, un poderoso núcleo concentrado de poder, que jugaría un papel tan decisivo como nefasto en los años por venir. 

   Sin tener en cuenta la depreciación de la moneda estadounidense equivale a casi VEINTE VECES el contenido de LOS TORPES BOLSOS DEL CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS.

   En relación a la ACTUALIDAD, el “perdón” que intentaron con el CORREO implica VARIOS CENTENARES DEL TORPES BOLOS DEL CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS, con lo cual las horas de filmación hubieran excedido cualquier prudente campaña de videopolítica.

   Finalmente, si consideramos las otras CINCO CAUSAS (PANAMA PAPERS, AVIANCA, entre las más comprometedoras) en las que está imputado el Presidente, y los casi 100 funcionarios de su Gobierno implicados en los llamados pudorosamente casos de “conflictos de intereses”, EL CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS, tendría que pasar varios días para tirar mucho más de MIL BOLSAS DE DOLARES POR ENCIMA DE LA PARED DEL CONVENTO, o de otra propiedad de su gusto.

   Claro, no fue ni es necesario: las transferencias electrónicas y los paraísos fiscales son prolijas, pulcras, y muy de gente como ellos.

   Me produce tristeza, por la impotencia, ver al hombre y la mujer de la calle, y aún más a dirigentes que pretenden regir los destinos del país, cargar las tintas entre los políticos que “roban en el Congreso”, o desde los despachos oficiales. No porque no sea cierto, que lo es en no pocos casos. Condenables, sí, pero una minúscula, insignificante parte, de la DECENAS DE MILES DE MILLONES DE DÓLARES de la deuda externa de la que se beneficiaron funcionarios e intermediarios de la dictadura, el gobierno de Menem, el de Cavallo-De la Rúa y de la actual escalada que supera todo lo anterior, en VOLUMEN y VELOCIDAD.

   En estos casos, mientras algunos se entretienen con venales legisladores y funcionarios, que lo son, TODOS ELLOS JUNTOS, y también el CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS DEBERÍAN ACARREAR BOLSAS NO DÍAS SINO DÉCADAS, ni que hablar si cumplen con las ocho horas reglamentarias de labor.


   REPITO: no estamos ante la corrupción que habitualmente acompaña gobiernos, militares y aún democráticos, y que es parte de la matriz constitutiva del capitalismo, sino a TODA ESA CORRUPCIÓN SUMADA A UN PLAN SISTEMÁTICO DE NEGOCIOS DELICTIVOS para esquilmar el Estado por parte de una CEOCRACIA aliada a lo peor del actual sistema-mundo: el súper concentrado y depredador sector financiero internacional.

lunes, 22 de junio de 2015

Defendamos el Proceso, para ir por el Proyecto


"En estos tiempos de tanto panqueque (bienvenidos), obcecaciones varias, crudos desengaños y cándidos estupores, cuando no de 'pa pa' (papelones patéticos) como los de los revolucionarios amateurs (me dan hasta ternura) de 876 vale la pena recordar", me dice mi  hermano "del medio", Rodolfo, para alentarme a traer al presente lo que escribió hace 8 meses, el 30 de octubre de 2014. El "negro" es un militante de toda la vida, periodista desde hace 50 años y hoy consultor en imagen, y escribió este análisis para la página de la entonces  agrupación LA CHE, de la que yo era dirigente.  Análisis despojado de adjetivaciones inútiles, pero con el que no estuve muy de acuerdo. Ahora, coincido, vale la pena releerlo.
En 2015: DEFENDAMOS EL PROCESO PARA IR POR EL PROYECTO
por Rodolfo Nadra, especial para “LA CHE”

     En 2015 probablemente votaré por Scioli. Digo probablemente porque todavía no sé si será el candidato del kirchnerismo, que es lo que voy a apoyar. Pero me gustaría que sea, aunque no es santo de mi devoción. Lo que sí tengo claro es que en 2015 decidiremos la continuidad del proceso abierto en 2003 con Néstor Kirchner y después Cristina, y con el que avanzamos como nunca en nuestra historia, desde los primeros gobiernos de Perón.
Eso, que no es poco, no es una revolución, vale la pena aclararlo, ni tampoco implicó hasta ahora ningún cambio estructural de fondo, como en la Bolivia de Evo Morales, por ejemplo. Pero es un salto hacia adelante, coincidente con los nuevos vientos en el Continente; y no hacia atrás como el que pretenden dar TODOS los candidatos de la oposición, incluida la letanía confusa, difusa y obtusa de la “progresía” perfumada de UNEN y cierta “izquierda”, trotskista y no trotskista que lo apoya.
     ¿Por qué digo que Scioli es la expresión de la continuidad viable del actual “proceso”? Porque el “proyecto” es, o debe ser en mi opinión, otra cosa. El proceso es lo que tenemos y transcurrimos, y en buena hora. El proyecto en cambio es eso: un proyecto, una aspiración; lo que queremos conquistar y convertir en realidad a partir de consolidar el proceso y seguir avanzando, como hasta ahora, con aciertos y errores.

     Pero sobre todo reconociendo el devenir en permanente lucha que implica avances, pero también retrocesos. No hay otra forma.
     Cabría advertir que no reconocer los retrocesos es lo mismo que aceptarlos. En cambio, admitiéndolos sabremos qué corregir y en qué enemigos poner el acento. También nos permite saber quién y con quién podemos caminar en cada etapa, sumando y no restando. Y si en política la suma no es una operación aritmética y dos más dos pueden ser dos o tres o cinco-seis, una mala apreciación de lo que tenemos y a lo que aspiramos a partir de lo que tenemos, nos puede llevar a saltar etapas y caer en un precipicio.
     En otras palabras, al margen de los nombres, que podrían dar para hoy largos e inútiles debates, ¿qué base tendría en 2015 un candidato de lo que se ha dado en llamar el “kirchnerismo duro”? Muy poca, en mi opinión, aunque hubiera ganado ajustadamente la interna del Frente para la Victoria. No tendría, tampoco, ni una pizca del liderazgo y la imagen positiva que mantiene Cristina y le permite, aún así, sólo resistir, y no mucho más, el embate brutal de la canalla mediática y el revanchismo oligárquico.
     ¿Vamos apretaditos en 2015 tras ese candidato ideal, con las banderas bien altas pero renunciando, objetivamente, a los sueños, para que gane Macri, o lo que es peor (sí, peor, por muchas razones) Massa? Para esa necedad no habrá que contar conmigo. Yo quiero contribuir a que gane Scioli y, como hasta hoy, seguir avanzando pasito por pasito, en lucha, presionando, rodeando, obligando, peleando cada espacio, comprometiendo hacia delante. El atajo, por no decir la cobardía o pasividad del todo o nada o del cuanto peor mejor ya tiene una historia trágica en Argentina.
     Insisto: un proceso alentador es los que transitamos; el proyecto transformador es a lo que aspiramos.

     La Asignación Universal por Hijo; las paritarias; la (tardía, por cierto) renacionalización de YPF; la firme posición frente a los buitres, la comunión con los procesos de Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela, o Chile y Uruguay; la política de derechos humanos con la firme recuperación de la memoria y la justicia para las víctimas del genocidio; la igualdad de género y el matrimonio igualitario; el reajuste por ley de la asignación de los jubilados; la maravillosa y trascendental política científico-técnica por la que miles y miles de nuestros compatriotas han retornado a la Patria; etc., etc., etc., son, junto a muchas otras medidas de esta gestión de gobierno, que todos conocemos y disfrutamos, los hitos de un proceso que aspira a realizarse definitivamente en un proyecto nacional y popular. Es lo que apoyo y seguiré apoyando con firmeza.
     Por el contrario, lamento el inmenso equívoco que se generó con la 125, por el que debimos enfrentar y derrotar un plan destituyente montado sobre ella, pero que permitió a la vez una fabulosa transferencia de ingresos a los pools de siembra y los grandes acopiadores exportadores en detrimento de los pequeños y medianos productores agrarios.
      No apoyo el visto bueno al negocio criminal y extranjero de la minería a cielo abierto; tampoco los acuerdos secretos con Chevrón y la insólita y francamente entreguista Ley de Hidrocarburos que acaba de aprobar el Congreso. Me huele mal, en general, toda la política energética.
     No me gusta la subrepticia inclusión de la xenofobia y la vara otorgada al poder mediático para determinar casos de “conmoción social” en el proyecto (en general muy positivo) de nuevo Código Procesal Penal.
     No apoyo la intención de modificar la ley de medios a partir de otra que retrotrae al proyecto inicial (repudiado y modificado por el debate nacional) para alentar un nuevo monopolio de las telefónicas foráneas; ni el impulso discriminador, grotesco y represivo (Lear) del doctor-coronel Berni, la espada del Poder Ejecutivo para combatir la inseguridad; o el triste epílogo de un general Milani al frente del Ejército de la democracia en el gobierno de los derechos humanos.
     Tampoco respaldo, desde luego, la homologación de esas políticas nacionales por parte de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires. No me gustan. Me hacen mucho ruido. No estoy de acuerdo. Claro que no levanto por eso tribuna, sino sólo por lo positivo, en ambos casos. Porque sé cuál es mi lugar en esta lucha. De igual manera, no admito la corrupción en MI gobierno, más allá de que exista en todos los países y al abyecto de Lanata se le ocurra vociferar falsedades o decir que es “mayor que la de Menem” (sic).
     Sin embargo, no creo que sea útil entre los militantes, en nuestros intercambios de ideas y propuestas, limitarse a callar todo y seguir con el ¡Viva Cristina Carajo! Me inclino más bien por un más reflexivo e igualmente comprometido ¡Carajo, Viva Cristina! No dejemos que siga avanzando el enemigo y admitamos que estamos perdiendo terreno (no la guerra, desde luego) en algunos aspectos de una Argentina en la que no hay ciertamente, ni por asomo, ninguna otra alternativa que no sea la continuidad (la posible, no la imaginaria o deseable) de esta gestión, de este proceso, del kirchnerismo o como quiera llamárselo.
Peguntémonos, entonces, ¿qué estamos haciendo para consolidar este proceso, además de vivar a los nuestros e insultar y ridiculizar a las basuras? ¿Interroguémonos por qué y con qué consecuencias NUESTRO gobierno no concreta la participación activa a la que nos convoca y la reduce a sólo movilizaciones y discursos de adhesión? 
     ¿Se entiende la trampa en que se nos pretende envolver? Se trata de que no asumamos la etapa. Que compremos sin beneficio de inventario la foto o la película que nos venden los medios hegemónicos. O sea, la de una país envuelto en una “grieta” en todos los planos, entre los partidarios de un gobierno cuasi socialista o comunista, títere de Venezuela o Cuba, etc.; versus una oposición moderada, que viene a restaurar la democracia frente al autoritarismo y el antiperiodismo, así como a “corregir” la economía enfrentando la inflación y los problemas “de la gente” (esa seudo categoría sin clase que inventó el Chacho Álvarez) acabando con la inseguridad.
     Ni lo uno ni lo otro. Este gobierno no es, ni de lejos, algo diferente a un capitalismo que intenta ser humano por su impronta peronista (y no termina de conseguirlo porque no deja de ser capitalismo) y renguea en consecuencia para el lado del pueblo (como ningún otro que lo precedió) y para el de la independencia y la justicia social.
     Tampoco las propuestas opositoras son inocentes, sino que vienen a reinstaurar el orden capitalista más feroz y explotador, a terminar en los hechos con la libertad de expresión y volver a la más absoluta y totalitaria libertad de empresa. No quieren acabar con la inflación sino con todo avance de este gobierno que implique ampliación de los derechos colectivos o individuales de las mayorías (no de unos pocos), o algún control sobre los monopolios e independencia de los poderes imperiales. Tienen, sí, cortita la bocha, una receta contra la inseguridad y es la represión indiscriminada, incluyendo la protesta social, y la paz de los cementerios. Se lo propongan o no, terminarán mandando a nuestros científicos, otra vez, a lavar los platos.
     Este y no otro es el contexto en el que marchamos a 2015. Para seguir manteniendo y profundizando los logros, como en Brasil, Uruguay o Bolivia, salvando las respectivas distancias, o a los fines de replegarse cerrando y ampliando filas para volver (sin tener que reconstruir todo) en 2019, como en Chile.
     No es ni será un camino fácil, aun ganando, y el candidato para esa etapa no es, en mi opinión, un dirigente del Movimiento Evita, de Nuevo Encuentro, La Cámpora o cualquier otro sector u organización que se precie, o sea, probadamente nacional y popular, como postula con más deseo que visión Carta Abierta. Al menos que optemos por una victoria testimonial, que sería una derrota al fin, y no es una disyuntiva que se plantee hoy en esos términos.
     La correlación de fuerzas actual no es otra cosa que el producto de la dramática batalla ideológico-política-cultural que se libra a través de los medios de comunicación, entre los que las redes sociales son una instancia no menor. Por eso apuro estas reflexiones. No para abrir un debate en si mismo sobre las mismas, valga la redundancia. Más bien para bajar en alguna medida los decibeles del griterío exitista, al que tendemos acaso por necesidad, y comenzar a elevar el tono de las propuestas y los análisis que nos permitan unificar toda la fuerza que tenemos, en el puño que tenemos, para enfrentar al enemigo que tenemos, en los tiempos que tenemos.
     De ahí que aspiro a votar al mejor candidato posible en 2015, aunando convicciones y esfuerzos, límites y objetivos, de forma tal de convertirlo, condicionarlo si se quiere, a ser continuador del proceso para bien del proyecto; y no en un mero mal menor “ajeno”. De nosotros depende, como todo.-
Buenos Aires, 30 de octubre de 2014.-

lunes, 1 de abril de 1996

Alfonsín 1996: alto voltaje en el debate con el neoconservadorismo


Desgrabación -con pocas correcciones de puntuación y subtitulados- de mi intervención en la presentación de Democracia y Consenso, en la reciente Feria del Libro, en una mesa integrada por Aldo Neri, Fabián Bosoer y el autor.

            No es fácil reflexionar acerca de un libro tan abarcativo y meduloso como el que generosamente nos ha invitado a comentar y debatir el Dr. Alfonsín, ensayo que la prensa comenta con superficialidad, omitiendo sugestivamente su eje central: el mayor voltaje político producido hasta ahora por un político argentino en el debate con el neoconservadorismo y el capitalismo salvaje.

            El ensayo abandona el facilismo de la imagen, la videopolítica y las frases marketineras, para encarar un tema clave para el futuro de los argentinos.

¿Por qué?

Pues no estamos, como algunos creen o simplifican, ante una versión trasnochada del reaganismo o el thatcherismo, sino ante una verdadera Revolución Conservadora, un salto político ideológico encabezado por preparados teóricos y cientìstas políticos con el objetivo de elevar la tasa de ganancia del capital a costa de ahondar la brecha entre ricos y pobres, entre países y continentes, lo cual pone en riesgo la legalidad y aún la estabilidad democrática en algunas naciones.

En lo económico se va imponiendo un verdadero fascismo de mercado, según la terminología de alguien insospechado de marxista, el ex profesor del ministro Cavallo, Paul Samuelson, alarmado por las cifras de pauperización de América Latina.

También se expresa en otros aspectos, que no cabe analizar ahora, como el eficientismo, el individualismo y el “sálvese quien pueda” en lo ideológico, o la seudocientífica tesis racista desarrollada desde EE.UU. en el libro La Curva de la Campana, según la cual los hispanos y negros seríamos irremediablemente inferiores. En definitiva, se busca imponer a nivel mundial la supuesta inutilidad del gasto social, o sea el “despilfarro” de ayudar a quien está condenado “genéticamente” a ser inferior.

Por eso, frente a la dictadura de datos macroeconómicos, la expropiación de la política por los tecnócratas, es fundamental la reivindicación que el autor hace del rol del político y de la teoría política. No como un recurso voluntarista ante su descrédito, sino porque nada sólido de puede proponer sin ella, y solo desde la política podemos decir que la democracia es participación.

Es hipócrita el llamado formal a la participación ciudadana cuando los movimientos de la economía real la marginan y excluyen, así como fracturan y fragmentan a la sociedad.

Frene a ello, la búsqueda del Estado Legítimo, como una actualización del Estado de Bienestar, de la complementación de libertad e igualdad, de la ética de la solidaridad frente a la exclusión y el individualismo, es la base del debate que plantea el ex presidente.

Estamos ante una polémica vital en un país donde pretenden naturalizar que es más importante la paridad cambiaria que la paridad social. Que un peso vale igual que un dólar, pero un argentino no vale igual que otro argentino, porque millones carecen de las mismas posibilidades de acceder a la salud y a la educación, mucho menos a la justicia y al trabajo.

 

Pacto Democrático, acuerdo de Olivos y neoconservadorismo

La búsqueda del consenso, de un Pacto Democrático y la propia concreción del llamado Pacto de Olivos, son parte de esa confrontación global y multifacética con el neoconservadorismo.

Creo que el libro de Alfonsín lo plantea con claridad, pues no es casual que el capitulo acerca del vapuleado “pacto” continúe con otro en el que subraya que el acuerdo y la reforma constitucional son la contracara de los criterios de gobernabilidad autoritarios que entraña el neoconservadorismo.

El eficientísmo y el neoconservadorismo han dado un paso desembozado para cuestionar la justicia social como un bien deseado, pero sus cultores ya avanzan hacia el cuestionamiento de la propia democracia como un sistema “eficiente” en términos económicos.

Esa controversia ya está planteada en Europa y Latinoamérica ante la experiencia de los “tigres asiáticos”, la propia China, o el ensayo de Fujimori en Perú, regímenes cuyo autoritarismo plantean como una virtud instrumental, otra “ventaja competitiva” para los adoradores del eficientísmo.

El Pacto de Olivos puede cuestionarse, pero no puede negarse que impidió una reforma autoritaria de nuestra Carta Magna, con un contenido regresivo. En cambio, facilitó la conquista de una constitución con indiscutibles avances, a contramano en lo ideológico-institucional de la ola neoconservadora nacional y mundial, con el método de la democracia y el progresismo: dialogo, consenso, participación.

Es lamentable escuchar la repetición de críticas superficiales acerca de una “democracia de dos”, la "menemizacion de la oposición", o una presunta “renuncia a los principios”, cuando el libro demuestra con amplia documentación algo que podría deducirse sin esfuerzo con un poco más de sentido común, pero menos mezquindad política.

En la vida política siempre hay y habrá reuniones reservadas, y aún secretas, y podrían ratificarlo los negociadores palestinos e israelíes, que lo hicieron durante meses, mientras no solo disputaban diplomática sino militarmente.

O, con un ejemplo doméstico, las muy reservadas y secretas reuniones de algunos críticos al Pacto, autodesignados propietarios exclusivos de la oposición al menemismo, quienes han elegido el 90% de sus autoridades partidarias y electivas entre las cuatro paredes de despachos y confiterías, sin ninguna participación de la militancia.

Es que lo que importa de cualquier reunión política, reservada o no, es si busca y contribuye a mejorar las condiciones de vida del pueblo, y si en última instancia sus resultados serán sometidos a su juicio y veredicto. Y en esto no caben dudas con el cuestionado pacto, aprobado posteriormente por comités y convenciones partidarias, y finalmente por el voto mayoritario de la ciudadanía.

Desde ya que la transparencia y la supuesta falta de democracia no es la crítica del poder real. Lo señala el autor, quien recuerda el inmediato rechazo editorial de La Nación, escandalizado por el peligro en que el acuerdo sometía a las “bases liberales” de la Constitución.

Es también, la condena previa, y más aún después de la reforma, del ingeniero Alsogaray, quien la calificó de “socializante”, adjetivo que gusta usar para cualquier tema relacionado a una mayor participación popular o la recuperación y defensa de derechos, todo lo cual considera, un inaceptable atentado a “libertad de mercado”.

Lo concreto es que el Senado, mayoritariamente menemista, ya había aprobado un proyecto retrógrado de reforma por vía legislativa de Leopoldo Bravo, al que la Comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados dio vía libre mediante un despacho (Durañona y Vedia y otros) de “interpretación” del artículo 30 de la Constitución de 1953, con lo cual se permitía la convocatoria a una asamblea por los 2/3 de los presentes, y no del cuerpo legislativo.

Lo concreto es que íbamos a tener que explicar, como todos los que nos consideramos progresistas lo tenemos que hacer hoy, que tipo de oposición “firme y sin concesiones” es aquella que permite que la provincia de Buenos Aires tenga una Constitución acordada entre el oficialismo y Aldo Rico, que la proclama orgullosamente como propia.

Ahora, hay quienes reclaman por una lista de puntos del Pacto de Olivos que no se cumplen.

Olvidan que la violación de los acuerdos es una realidad objetiva que hay que enfrentar en lugar de lamentar, desde los cotidianos hasta los políticos, sean estos nacionales o internacionales. Que jamás desechamos presentar un habeas corpus porque la dictadura no lo respetaba, y en muchos casos así se salvaron vidas. Que jamás renegamos de la Constitución porque se la pisoteaba.

Omiten, sobre todo, que lo que no se cumple, o se intenta tergiversar, lo que tenemos el derecho y el deber de exigir que se cumpla no es el Pacto de Olivos, sino la Constitución de los argentinos, aprobada por una Asamblea Constituyente elegida por el pueblo.


 

Economía de guerra y Estado de Bienestar

El Dr., Alfonsín, quien encara estos temas cuando trata La búsqueda del Pacto Democrático sabe que he sido un duro opositor, incluso un duro opositor, a lo que llamó Economía de Guerra.

Sigo convencido que las medidas que se impulsaron en ese periodo fueron perniciosas, mientras otras necesarias no se tomaron. Pero valoro diferente las relaciones de fuerza en ese momento excepcional de la historia argentina, jaqueada por la crisis de la deuda externa y la presión de los grupos económicos.

Entonces, buena parte del progresismo seguía -seguíamos- casi en una oposición sistemática y planteando como alternativa inmediata Liberación o Dependencia, plenamente vigente en los años 70, pero ahora en un país y un mundo que mal que nos guste había cambiado irreversiblemente, y requería creatividad y esfuerzo intelectual para encontrar nuevos caminos y reagrupamientos para realizar los mismos sueños y utopías.

Espero que el autor, que anticipa el tratamiento a fondo el Estado de Bienestar en próximos trabajos, pueda ahondar en estos elementos, sobre todo en datos precisos sobre aquel periodo, tan reveladores y documentados como los que nos brinda, en este, acerca del Pacto de Olivos. Que la sociedad toda conozca de la letra de un protagonista principal la presiones que llevaron al llamado “golpe blando”, a un nuevo tipo de terrorismo económico.

Entonces, quizá nos enteremos que algunos de aquellos victimarios son ahora víctimas de este modelo, quienes sin perder bienestar personal dejaron de ser parte del poder económico, cada vez más concentrado y voraz.

O que otros terminaron en la cárcel por rebelarse militarmente, “denunciando” que hubo quien (o quienes) no cumplieron las promesas que recibieron para -aprovechando la desesperación popular ante la crisis- pintarles la cara a los asaltos de supermercados.

 

Derechos Humanos y leyes de “impunidad”

El Dr. Alfonsín sabe también que en rechacé y rechazo las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida.

No puedo ignorar que su libro me hizo y me hace reflexionar pues los argumentos son sólidos y sinceros, aunque no alcanzan para modificar mi opinión crítica.  Sin embargo, como en el caso anterior, espero que el trabajo dedicado a ese tema nos permita conocer un poco más de la trastienda de la fundamentación de lo que él llama “punto de convergencia entre consideración de justicia y prudencia frente a un estado de necesidad”.

Es con esa autoridad que diferencio la comprensible parcialidad que impone el dolor de los familiares de las víctimas de la abierta e intencionada desinformación, a la vez que deploro la mezquindad electoral que pone en un pie de igualdad la política de derechos humanos de su gobierno y el indulto menemista.

En aquellos años difíciles, a horas de asumir y sin haber derrotado a ningún ejército, se anuló la ley de Autoamnistía, contrariando precedentes anteriores; se conformó la Conadep, que mostró a la sociedad hasta donde había llegado el horro; se juzgó y condenó a las Juntas Militares genocidas.

Mientras los demócratas chilenos deben soportar aún hoy la afrenta diaria de sufrir como comandante en jefe al criminal con cuyo nombre (pinochetismo) se rebautizó a los regímenes militares asesinos de sus pueblos, aquí, de no ser por el indulto, los responsables estaban y tendrían que estar por años tras los barrotes, para ejemplo de todas las instituciones y la ciudadanía.

Aquella fue una auténtica política de derechos humanos, aún con los retrocesos que remarcamos, mientras que, en tiempos más calmos, el indulto es una afrenta que algún día deberá ser revisada, porque es quizá el mayor agravio que sufre la causa de los derechos humanos en la Argentina.

 

Búsqueda del consenso y Pacto Democrático

El libro reseña buena parte de la búsqueda del consenso y el Pacto Democrático, antes, durante y después del gobierno del Dr. Alfonsín, y muestra clara coherencia en la conducta del autor.

Considero particularmente valioso el documentado rescate del pluralista Consejo para la Consolidación de la Democracia, que convocó durante su gestión, y de su ignorada contribución para la reforma constitucional. Era una deuda de la bibliografía política argentina, con un organismo casi olvidado pero, en mi opinión, con una trascendencia similar a la propia Conadep, aunque en el ámbito institucional y de la transición democrática.

La búsqueda de acuerdos entre partidos y sectores sociales nunca ha sido fácil en nuestro país, y casi no existen ejemplos constructivos.

En general surgieron dificultosamente de necesidades extremas, como las que rodearon al Pacto de Olivos y, anteriormente, en el enfrentamiento a las dictaduras. Y en el caso de los regímenes militares me permitiría afirmar que solo para asegurar su final y la salida electoral, jamás para intentar de inmediato una acción opositora coordinada del campo popular. Fue el caso de la Hora del Pueblo en la década del 70 y de la Multipartidaria que marchó en 1982, pese a la exclusión de alguno de sus principales impulsores.

El Dr. Alfonsín marca algunos hitos hacia ese Pacto Democrático, a los que entiendo debería añadirse el dialogo de los ocho partidos de oposición con el ex presidente Juan Perón, en un arco que abarcó desde la UCR a la izquierda democrática. Por dos razones: porque es parte de la búsqueda que reseña y rescata el autor, y porque intentó lograr acuerdos alrededor de temas económicos, sociales e incluso la posibilidad de coronar en un Consejo de Estado, lamentablemente frustrada con la muerte del ex presidente y el ascenso de lo que se llamó el lopezreguismo.

La búsqueda de consensos constructivos esenciales para la continuidad de la vida democrática del país, del Pacto Democrático que implica la Constitución, son parte esencial de una teoría y práctica progresista alternativa al neoconservadorismo.

Sin embargo, siempre fue conflictiva esta comprensión para las fuerzas que se definen como de avanzada. Y no solo en Argentina: así lo vemos en Brasil, Uruguay, Chile y otros países, en algunos casos muy dolorosamente.

Tampoco fue fácil algo que se percibe como en apariencia más simple: unirnos los que nos proclamamos progresistas para impulsar nuestros propios proyectos., Menos fácil, aún, fue plantear gobiernos de coalición, y de amplia concertación con los sectores sociales.

Sin ir más lejos, la convocatoria de Raúl Alfonsín y otros dirigentes para constituir un Foro Multisectorial, a fines de 1994, fue rechazada por varios de sus necesarios componentes, más preocupados por posicionarse frente a las elecciones presidenciales de 1995, que en comenzar a construir una alternativa seria y creíble al modelo neoconservador.

Sin embargo, estoy convencido que solo con esta búsqueda, casi de una nueva cultura, podremos lograr una confluencia de fuerzas políticas -también sindicales y de la producción- que construyan el consenso para un gobierno que se plantee un país integrado frente a su creciente fragmentación, sin marginación ni exclusión. Un país moderno que, en este mundo tan conmovido y cambiante, bregue y promueva la justicia social, con una distribución más equitativa de la riqueza.

No planteo una receta, es un desafío, que a mi juicio debe enfrentar el peligro del continuismo neoconservador, o de otro ensayo que nos lleve a una nueva frustración.

Es el desafío que -sin dudas con otras palabras- plantea y rescato de Democracia y Consenso, este valioso aporte del Dr. Alfonsín.