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martes, 27 de noviembre de 2018

El día que el PC asaltó la ESMA

      

En mi libro "Secretos en Rojo" revelé, hasta donde viví personalmente, o tuve vía libre
de los protagonistas para hacerlo público, hechos desconocidos de la historia del Partido Comunista (PC). Desconocidos, cabe admitir, en la mayoría de los casos por la decisión propia, para mantener oculto su carácter de organización político militar, pero en otros por certero ocultamiento.

Todavía ni la política ni la academia se ha han dado por enterados que hay que corregir la historia de la lucha armada en la argentina, pues la primera guerrilla fue organizada por el PC, entre fines de los 30 y principios de los 40 del siglo XX, en el entonces Territorio Nacional del Chaco, en autodefensa frente al asesinato, robo de tierras a colonos y superexplotación de los pueblos originarios, por parte de La Forestal y otros pulpos.

           Me consta que muchos han accedido a la historia y la documentación que brindé en mi libro, pero no se dan por enterados.

           Tampoco, de la admisión en ese mismo trabajo de acciones de corte militar de los comunistas durante la última dictadura genocida, pese a su conocida y deplorable posición política en el plano público.

           Un episodio que no relaté fue sorprendentemente revelado por Página/12 hace 16 meses, sin que a nadie de la política o la academia se le mueva un pelo. Si bien es cierto que no es el titular principal de la nota, en ella se demuestra que un frente secreto del PC atacó la ESMA --si, ¡la ESMA! -- y facilitó la fuga de prisioneros propios y ajenos en el Centro Clandestino de Detención y exterminio que allí funcionó.

           La condena de la derecha no me molesta, si me lastima el silencio de los amigos y la hipocresía de algunos académicos...

Reproduzco, textual, el texto publicado el 2 de julio de 2017:

Un dirigente distinto y de otra época

Los recuerdos de Juan Carlos Carinelli hablan de una vida intensa, hiperactiva. Tan futbolera como política, entre libros de historia, un bandoneón sobre las piernas y el fratacho para alisar el revoque. Hizo y hace de todo.

Fue presidente del club Almagro en el año de su centenario. Tiene 74 años y milita en el Partido Comunista desde que era un pibe. Estuvo detenido-desaparecido en la ESMA, de donde cuenta que se escapó. Se recibió de profesor en la UBA, es maestro mayor de obras y tocó en varias orquestas, donde reemplazaba a otros músicos.

Sentado a la mesa de un bar en Corrientes y Dorrego, muestra dos objetos que son como sus señas de identidad. El carnet del club con tapas de cuero, donde está irreconocible en una foto de 1959. Tiene un jopo abundante del que ya no queda nada. De su teléfono celular emerge como fondo de pantalla la cara de un Carlos Marx inconfundible. Aunque el aparato se resiste a sus órdenes. Teclea y no le encuentra la vuelta.

El ex dirigente saborea un café y empieza a contar: “Soy hincha de Almagro desde que nací. Me hice socio de jovencito. Mi viejo era quintero y vendía sus productos en el mercado de Abasto donde estaba Almagro. Él iba con su carro o su chata, y las vueltas de la vida, ¿no? Muy cerca de mi casa se instaló la cancha. El club anduvo por todos lados, hasta que por un gobierno radical consiguió el predio actual. Mi viejo era hincha de Almagro porque vendía verduras y hortalizas en el barrio. Era la época en que se ponía el Alumni en las esquinas. Yo no fui buen jugador de fútbol, solo jugaba en los potreros, y no se me dio por eso.

Tampoco había sido dirigente de Almagro hasta que fui presidente”.

Carinelli saca una tras otra las fotografías que ilustran una considerable porción de su vida. En una, de pantalones cortos, toca el bandoneón mientras su padre canta un tango. En otra aparece con Luciano Lele Figueroa, aquel jugador que llegó a Almagro en 1976, cuando él militaba en la clandestinidad y terminó en la ESMA. “Puede haber sido el jugador más representativo del club para mí, aunque hay otros: Chiche Sosa, Humberto Recanatini, Albino Valentini, el Beto Yaque…” comenta.

Su paso por la presidencia, entre 2010 y 2014, coincidió con el cumpleaños número cien de Almagro: el 6 de enero de 2011. El ex dirigente integraba la peña Azul, Blanco y Negro y desde ahí saltó al máximo cargo. “Cuando empecé a ver cómo estaba el club, con la agrupación hacíamos asados, rifas, juntábamos dinero… todo en José Ingenieros, porque la sede de Capital está concesionada a Sport Club. Empezamos a construir los baños, hicimos tribunas, sectores de plateas. Le podría mostrar cómo estaba el club antes y cómo quedó después. Cómo trabajábamos con la hormigonera. Estoy con la lleca (apela al lunfardo) y la palabra, pero también con la maza y el martillo. A los 17, 18 años estudié para maestro mayor de obras. Más tarde comencé a cursar historia. Mientras tanto tenía que trabajar, ayudar a mi viejo Juan”.

Cuando era presidente de Almagro iba hasta la AFA en bicicleta. Asegura que todavía hoy la sigue utilizando, aunque acortó el recorrido. Pedalea desde donde vive, en Villa Alianza, Caseros, hasta el barrio porteño de Agronomía. En estos días tuvo que parar porque sufrió un accidente doméstico y se lesionó una rodilla.


Carinelli destaca de sus dos períodos como presidente que “la conducción en aquel momento estaba unida por los colores, no por las banderías políticas. Una cosa es tener ideología, pero en el club es completamente distinto. Las decisiones que se toman a veces no caen bien. En una institución, ser solidario es muy importante. Pero ahora no hay tanto compromiso. A los pibes no les importa nada, quieren ver un partido y pagan la entrada o si no, consiguen una por ahí…”

Mucho antes de que alcanzara la presidencia de Almagro, había arrancado con su militancia política. Abrazó las ideas de izquierda –la influencia de su padre anarquista y su madre comunista fueron determinantes– y no las abandonó nunca. “Siempre mantuve mi conducta y compromiso políticos”, señala. Y aunque prefiere evitar la evocación de momentos dolorosos del pasado o dar precisiones de su cautiverio en la ESMA, recuerda: “Yo estuve sesenta y pico de días ahí. En el 76, pasados tres meses del golpe, nos llevaron y al entrar nos metieron al fondo. Nos llevaban a la tortura, siempre tabicados, sin poder ver, hablábamos con alguno, con otro. Imagínese. En esa época, hace más de 40 años no había las comunicaciones que hay ahora, era completamente distinto. Pero nosotros sabíamos por compañeros que eran llevados ahí que en cualquier momento iba a haber una acción para poder sacarnos”.

Carinelli desemboca su relato en un episodio que nunca detalló hasta hoy: “Cuando pasó el tiempo y estábamos ahí, hubo una explosión muy grande en la entrada. Pensaban que si atacaban la ESMA iba a ser por adelante, pero también hicieron pelota un portón atrás. Pudimos salir quince, de los cuales tres quedaron por el camino. Uno se cayó y se rompió la pierna. Yo y mis compañeros tratamos de hacer un círculo de silencio por nuestras familias, porque no sabíamos lo que podía llegar a pasar. ¿Usted iba a pensar que pasados los años iban a salir por el 2 por 1? Yo sigo pensando, aunque me puedo equivocar, que pueden volver los tiempos duros”.

La historia del ex presidente de Almagro se emparenta en este punto con la de otro símbolo del club: Claudio Tamburrini. El ex arquero de la Primera División que militaba en la Federación Juvenil Comunista. Se fugó en 1978 del centro clandestino Mansión Seré, en Castelar, junto a otros tres compañeros de cautiverio. “Hablamos de hacer cosas con él, pero no tengo relación con Claudio. No se dio que habláramos de ciertos temas. Yo lo vi dos o tres veces, pero no conversamos de eso, paramos la pelota ahí”, cuenta.

Carinelli evoca ahora que “nosotros llegamos a la costa del río, donde nos esperaban. Lo que los militares no pensaban era que podíamos escaparnos por ahí. Yo estuve viviendo después bastante tiempo en el Tigre. Mi viejo iba a pescar todos los fines de semana con la Cacciola, bajaba en un muelle y de ahí iba caminando hasta donde estábamos nosotros”.

Su vida parece sacada de una película. Le hace falta música de fondo. El propio personaje de esta historia podría tocarla con el bandoneón o una trompeta. Los instrumentos con que se lo ve en las fotos apiladas en un sobre. En otra se lo ve orgulloso con tres hinchas de Almagro y un pedazo de tribuna de fondo. Ésa que levantó con sus propias manos, porque Juan Carlos Carinelli ha dejado una obra a sus espaldas. En la vida, en la militancia, en la educación, en un club de fútbol. Podría afirmarse con certeza que nunca perdió el tiempo.



domingo, 21 de junio de 2015

¡Hasta la Victoria Siempre, Elsa!


 
La foto más conocida y emocionante de la familia Sánchez/Oesterheld
Anoche, a las 20 horas de la Argentina, falleció Elsa Sánchez,  mujer ejemplar, luchadora sin pausa, heroica ante la adversidad y el crimen brutal de su esposo, Héctor Oesterheld, y sus cuatro hijas.
Hace casi 12 años tuve la enorme emoción de recibir de sus manos el Premio Héctor Oesterheld 2003, de sentir la ternura de su abrazo, de quererla un poco más; de imaginar que –tal vez—me compartía un instante junto a Héctor, Estela, Diana, Beatriz y Marina.
Creo que cualquier texto que escriba, con la mejor intención, le quedará chico, muy chico. Prefiero que hable ella, como lo hizo Daniel Enzetti, en una nota y reportaje publicado en Tiempo Argentino, el 13 de febrero de 2011.

En un año los militares hicieron desaparecer a Héctor Oesterheld, su compañero de toda la vida creador de El Eternauta, y a sus cuatro hijas. Pero Elsa nunca contó la tragedia hasta hoy, 35 años después, contagiada por “la fuerza de Cristina” y por la “esperanza que me despierta este momento”. 
Hace más de tres décadas que le cuesta referirse a sus hijas. En la charla, cada vez que sale el tema las llama “las chicas”. A las cuatro, todas secuestradas y asesinadas por la dictadura en el término de un año, en la época en que también las bandas armadas hicieron desaparecer a su marido. El que inventó a Juan Salvo, el mismo que hoy aparece en los afiches de la juventud kirchnerista emulando a un “Néstor que vive”. 
Los copos que matan en la historieta bien podrían ser hoy para Elsa la oposición, plagada de “brutos e ignorantes”. A Elsa le gusta ese juego, y ahora habla de todo lo que no habló en 35 años. De su acercamiento tardío –pero no tanto– al peronismo, de Eva como la que “empezó la verdadera transformación”, de Cristina como “la mujer increíble, y por la que tenemos que jugarnos para que el proyecto continúe”, de los criminales viejitos y débiles que mendigan prisión domiciliaria, de la fuerza de la juventud, de los dos nietos que le robaron y que todavía busca.
Y de que, a pesar de haberse sentido muerta, hoy tiene esperanza, como dijo en el homenaje que le hicieron en la reciente Feria del Libro de Frankfurt.
Elsa habla de todo eso. 

– ¿Por qué ahora?
–Porque el momento actual está lleno de dificultades a causa de la maldad de la oposición, llena de brutos e ignorantes. Y entonces, frente a ese panorama, hay que salir y recordar lo que pasó en la Argentina, y apoyarla a Cristina en todo lo que podamos. Me preocupa el clima que se vive, pero tengo confianza porque la gente que la acompaña es la misma que estaba con Néstor. Es increíble que algunos no quieran reconocer lo que hizo ese hombre. Lo menosprecian y le dicen “cabeza dura”. ¿Sabés lo que creo?, que presentía su muerte, y quiso aprovechar hasta el último minuto de vida para hacer cosas valiosas por el país. Estirar el tiempo que le quedaba, para darle al pueblo lo mejor. Y hablo también porque tengo confianza en la reacción de la gente, en esos millones que no tienen voz y que hoy saben que las cosas están cambiando para mejor. Este país estaba destruido, destruido por la dictadura, por la violencia, por los modelos que lo condenaron a la miseria, y en este tiempo trata de salir adelante. Volviendo a la pregunta, no quise hablar durante muchos años porque no me gustaba referirme a mi vida personal ni a la tragedia. Ahora lo soporto más, pero durante los primeros tiempos fue todo muy difícil. No creía en nada ni en nadie.

–La desaparición de sus cuatro hijas, y después la de Héctor, fueron ocurriendo durante casi un año. ¿De qué manera iba reaccionando? Era como que un nuevo golpe no permitía nunca procesar el anterior.
–Exacto, el drama no me daba margen. Estaba paralizada y sentía que mi vida iba a terminar; o provocaba ese fin o me moría de tristeza. No quería salir de mi casa, me costaba reunirme con gente, pero los que me dieron fuerza fueron mis nietos, y acercarme a Abuelas por consejo de Adolfo Pérez Esquivel. Para colmo, uno le tenía que sumar a sus problemas lo que le pasaba a los demás: yo viví de cerca la desaparición de Azucena (Villaflor), la de las monjas francesas, el secuestro de amigos cercanos, de compañeros de las nenas… 
Elsa con Cristina

–¿Cuándo se conocieron con Héctor?
–En 1945, yo tenía 17 años y él 24. Fue en el Club Arquitectura, de Vicente López. Era un libre pensador de izquierda, con una inteligencia abrumadora, y venía de una familia de buena situación, con un abuelo alemán ganadero dueño de una gran fortuna que después perdió. Cuando terminó la Guerra Civil Española, Héctor recibió acá a muchos amigos que habían escapado a la Argentina corridos por los franquistas. En cambio, nosotros estábamos en “la otra vereda”. Mis padres eran muy humildes, casi analfabetos, y encima mamá tuvo que sobrellevar que mi hermana mayor muriera de una hepatitis infecciosa cuando yo tenía 12 años. Los dos quedaron derrumbados, pero yo reaccioné llevándome el mundo por delante, con un temperamento bastante fuerte y una voluntad enorme. Me parece que ya se me notaba la capacidad para soportar los golpes que después me dio la dictadura. Lo extraño fue que a pesar de su condición social, mamá era una intelectual sin saberlo: ni siquiera teníamos radio, y sin embargo tocaba el piano maravillosamente y escuchaba música clásica todo el día. 

–Se casaron en 1947, cuando el peronismo arrancó con su período más próspero y transformador. ¿Qué significó eso para ustedes?
–Mucho, porque se puede decir que los dos llegamos al peronismo después, pero no tarde como para no darnos cuenta de lo importante que fue y es para la historia de esta nación. Mi referente es Evita, no le veo contras. La comprendo, porque esa mujer debe haber aguantado tanto sufrimiento por su dignidad herida, que después hizo lo que hizo. Es mi reflejo, las mujeres somos lo que somos gracias a ella. Lástima que lo supe tarde, porque cuando ella apareció yo era grande, vivía en mi mundo, de casada, en mi casa, loca por las nenas. Pero bueno, siempre hay tiempo para cambiar y replantearse cosas. Eva fue la que empezó a cambiar este país, un cambio que estamos sintiendo ahora. 

–Imagino que a Oesterheld lo miraban de una manera extraña. Geólogo brillante que hablaba varios idiomas, pero escritor de géneros “menores” como la historieta y los cuentos para chicos. 
–Es verdad, Héctor era un tipo raro, especial. Introvertido, leía las 24 horas, científico nato. Cuando me contó lo de las historietas le dije que me divorciaba (sonríe), que cómo un hombre como él se iba a dedicar a “eso”, y para colmo firmando con pseudónimo. Pero la verdad es que era tan bueno que las editoriales más importantes, como Abril o el grupo de italianos de Alberto Ongaro, por ejemplo, se lo disputaban permanentemente. Héctor para ellos era una solución porque hacía todo bien: escribía, hacía guiones excelentes, traducía. Fue la época de la revista Gatito, cuando conocimos a María Elena Walsh. Lo de las miradas extrañas es así. La gente debía pensar “pero este tipo no trabaja nunca, vive de rentas”. Estaba en casa todo el día, con las nenas, paseando por el jardín. En el jardín creaba, era como su musa.

–La famosa foto de la familia sentada en el parque. ¿Dónde fue eso, y en qué momento?
–A principios de los ’60, fue la etapa más feliz de mi vida. Te cuento una anécdota: la casa está frente a la estación de Béccar, y el que la compró era un fanático de El Eternauta que nunca se había enterado de que allí vivíamos nosotros. No lo podía creer cuando se lo dijeron. También fue el lugar en donde las chicas empezaron a abrirse a toda la cuestión social.

– ¿Por qué?
–Porque entraron a un colegio inglés donde tomaron contacto con otras realidades del mundo, y eso les sirvió para formarse políticamente. Dejaron el colegio cuando no pudimos seguir pagándolo, pero la cabeza ya les había cambiado. Tomé bien el hecho de que empezaran a militar, porque coincidió con mi acercamiento al peronismo. Pero lo que me daba miedo era que todo se estaba haciendo muy violento. Y lo que vino después fue una canallada feroz. El mismo Perón, con su final absurdo, terminó matando a todo el mundo. La Triple A, José López Rega, con el que había estado en España, eso fue una barbaridad. Yo ya presentía lo de la dictadura. Se sabía por todos los chicos que agarraban antes del golpe y me daba terror cada vez que hablaban de “bolches” y “judíos”.

–¿Quiere hablar de las chicas?
Los personajes de Oesterheld reclaman por su
aparición. Un grito que recorrió el mundo.
–Es difícil porque nunca lo hice (Elsa queda algunos segundos callada). Las nenas eran cuatro personajes excepcionales. Estela era la mayor, la que conocí más grande. Al margen de su hermosura y sus ojos increíbles, me resultaba impresionante lo que esa criatura transmitía con su presencia. Diana era un calco mío. Se casó con un excelente muchacho de familia humilde y decidieron ir a vivir a Tucumán, donde desapareció embarazada de su segundo hijo. Tenía una entrega total, y era como que sabía el peligro que se venía. Beatriz era alegre, siempre estaba haciendo cosas. El día que se la llevaron me propuso encontrarnos en un bar de Martínez, para decirme que dejaría la militancia y se dedicaría a la medicina, pero con una aclaración: “Mami, no quiero ser una doctorcita de consultorio. Me voy a instalar en la selva, como el Che, o en los barrios, donde la gente necesite ayuda de verdad.” Yo le contesté que estaba bien, que eso la engrandecía. No estaba casada pero tampoco vivía con nosotros, y no quería venir porque de esa manera corríamos peligro todos. Yo estaba desesperada, morí en vida cuando empezaron los problemas, y sabía que estaban decididos a liquidar a todo el mundo. Ese día la secuestraron, y su cuerpo fue el único que recibí de los cuatro. Marina fue la que menos conocí, introvertida como el padre, la más chica, la última que entró a la militancia. A todo esto hay que agregar lo de Héctor, que cayó en el medio de la tragedia. Estaba afuera del país y seguro esperaban matar a las chicas para que él volviera. Los asesinos estaban interesados en él, les importaba más que sus hijas, porque no tenía ni pies ni cabeza la manera en que las asesinaron.

–¿Cómo se reacciona frente a los criminales después de tanto tiempo?

–Con la tranquilidad de que nosotros somos los que reclamamos justicia y ellos no tienen ni siquiera la valentía de mirarnos a los ojos. Encima, se hacen los viejitos dolientes que piden prisión domiciliaria. Yo también soy mayor, y ningún asesino sufrió lo que soporté en mi vida. Nada se parece a la desaparición o a la muerte repentina de un hijo. Y sigo por ellas, por las chicas, y por los dos nietos que todavía estoy buscando, de los embarazos de Marina y de Diana. Pero hoy me siento bien, con ganas de dar una mano en este proyecto nacional que encabeza Cristina, donde los jóvenes irrumpen con una fuerza maravillosa. La juventud está dando vuelta este país; nosotros acompañamos.

martes, 24 de marzo de 2015

No olvidamos. No nos reconciliamos

En la marcha, junto a los nuestros. Memoria, Verdad, Justicia.

Con Carlos Oviedo y Lucía Medina. Junto a nosotros, los dos hermanxs de
 Carlos desaparecidos, mis primos y mis camaradas secuestrados y asesinados.

Ahora, parar a Macri. Detener el intento de restauración conservadora
.

miércoles, 22 de mayo de 2013

PC: Luis Reinaudi responde a Jorge Sigal


Jorge Sigal --Director de la Editorial Capital Intelectual, y habitual columnista de varios medios masivos-- obtuvo un amplio espacio en la cobertura de la muerte del genocida Jorge Videla, no para relatar la lucha de aquellos años de sus ex camaradas, sino para retomar el peor relato de la nefasta posición política del PC, que coincide con los apologistas de derecha. Le responde Luis Reinaudi, secuestrado y torturado en La Perla en 1978, y testigo en el juicio que tuvo como principales acusados a los represores Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez por delitos de lesa humanidad, ya que fue defensor de José Cristian Funes, asesinado en un falso intento de fuga el 30 de junio de 1976 . 

Aquí el texto publicado hoy como Carta de Lectores por el matutino:

   Autocriticarse es bueno, saludable, digno. Renegar no. En Clarín, edición del sábado 18, Jorge Sigal toma como pretexto la muerte de Videla para continuar el ajuste de cuentas con su pasado como militante -y en su momento destacado dirigente- del Partido Comunista. No escribo para polemizar con él acerca de la posición del PC (al que también pertenecí) sobre el golpe del 76 y la dictadura. Con toda seguridad él tenía un acceso más directo a la cúpula partidaria.
   Yo era por entonces militante sindical y profesional, como abogado, en Córdoba. Recuerdo, sí, haber compartido con compañeros de actividad una posición crítica sobre la falta de claridad y contundencia en las posiciones públicas de la organización, pero tuve la suerte de no haber recibido jamás un “informe” en el que se calificara al difunto presidiario como democrático. No lo habría soportado.
   Sigal se permite atribuir una imagen de ingenuidad, cuando no de cobardía, a los militantes comunistas asesinados, quienes según su calumniosa memoria, habrían muerto “ … con la credencial de su partido en la mano tratando de convencer a sus captores de que el PC no tenía nada que ver con los grupos guerrilleros”.
   No es ése mi recuerdo. Es cierto que, con genuino derecho, nos permitíamos exponer públicamente nuestra discrepancia con quienes abrazaron la vía armada. No lo es menos que quienes nos calificaban peyorativamente por esa posición, llegado el momento sabían que los abogados comunistas defendíamos a los presos políticos cualquiera fuese su ámbito de actuación.
 
Pero refulge dolorosamente en mi memoria la imagen de aquellos a quienes no pudimos defender, y como solo, único y suficiente ejemplo me basta el de David Colman, el Gordo, responsable de la autodefensa del PC cordobés, quien resistió hasta la muerte el más siniestro chantaje físico y moral sin suministrar una sola información a sus verdugos. Lo que digo no es retórica: antes de ser asesinado y salvajemente torturado, debió asistir al tormento y muerte de Eva y de Marina. Su mujer y su hija. No sé dónde estaba Sigal entonces, pero cualquiera haya sido su heroico pasaje por ese momento, tengo la certeza de que no legitima su liviano e irrespetuoso presente.

Luis Reinaudi

sábado, 23 de marzo de 2013

A MIS CAMARADAS


A ellos, a mis camaradas y amigos para siempre, pues murieron por los objetivos de una Patria Socialista del partido político --el Comunista--  al que pertenecí hasta 1990, mi eterno homenaje junto a los 30.000 COMPAÑEROS que nos arrancaron la Triple A, los grupos parapoliciales, y finalmente  la dictadura civico-militar, que masacró una generación para segar por siempre su lucha. No lo lograron. Y aquí están, y nosotros tras ellos.

Walter ZAPORTA, 03/05/1973
Salvador VERON e/ 1974 y 1976
Germán J. GIMENEZ 17/05/1974
Rubén POGGIONI 02/06/1974
Tita Clelia HIDALGO 10/74
Norberto COWES 1975
Alberto POJOMVSKY 1975
David CILLERUELO 03/04/1975
Ismael Norberto LOMES 16/04/1975
Manuel ARABENA 19/04/1975
Diego FERNANDEZ 12/05/1975
Roberto Andrés DE la PEÑA 19/05/1975
Juan Ramón ZARAGOZA 09/06/1975
Rubén ZARAGOZA 09/06/1975
Carlos Alberto BANILYS 10/06/1975
José FIORENZA 10/06/1975
Graciela C. PANNE de GARCIA 03/10/1975
Juan Carlos BUSTAMANTE 02/12/1975
José Blas VEGA 02/12/1975
Alberto CAFFARATTI 12/02/1976
Roberto Alejandro WILSON 14/02/1976
Susana BERMEJILLO 22/03/1976
Mario Aníbal CASTRO 22/03/1976
Salvador BERON 23/03/1976
René RUSSO 24/03/1976
Santiago RYAN 07/04/1976
Amalia N. INSAURRALDE 09/04/1976
Floreal Edgardo AVELLANEDA 15/04/1976
Roberto COHELO 16/04/1976
Raúl Luis CALDERON 28/04/1976
Luis Alberto PENDER 10/05/1976
Miguel Angel RUSSEAUX 12/05/1976
Hernán Andrés VIVES 04/06/1976
Héctor MÜLLER 05/06/1976
Gabriel BRAUSTEIN 10/06/1976
Rodolfo César GORDILLO 10/06/1976
Víctor VAZQUEZ 10/06/1976
Segundo AUDER 14/06/1976
Antino SILVA 16/06/1976
María Cristina COURNU 21/06/1976
Raúl Horacio TRIGO 23/06/1976
María Rosa CLEMENTE de CANCERE 03/08/1976
Luis Pablo STEIMBERG 10/08/1976
Luis Daniel GARCIA 12/08/1976
Reina LEGUIZAMON de NISELSKI 12/08/1976
Jorge Néstor MORAL 18/08/1976
Angel Enrique ARRIETA 25/08/1976
Carlos Oscar TRUJILLO 25/08/1976
Néstor Gilberto LELLIN 06/09/1976
Marcelo ABREGU 07/09/1976
David Oscar ZARCO PEREZ 17/09/1976
Humberto Carlos ZENON 19/09/1976
Rubén GOLDMAN 20/09/1976
Eber Pablo Antonio GRILLI 20/09/197
6 David COLMAN 21/09/1976
Eva WAINSTEIN de COLMAN 21/09/1976
Marina COLMAN 21/09/1976
Enrique Daniel GUILLEN 21/09/1976
Mónica PROTTI de GUILLEN 21/09/1976
Juan Carlos PELLITA 21/09/1976
Hugo Alberto KOGAN 22/09/1976
Jorge Daniel COLLADO 23/09/1976
Alba Luz COSENTINO 23/09/1976
Humberto CORDERO 24/09/1976
Angel Adolfo MEDINA 27/09/1976
Ana Teresa DIEGO 30/09/1976
Elías Juan TOCONAS 30/09/1976
Héctor Nicolás BRIZUELA 18/10/1976
Antonio GARCIA 18/10/1976
Crecente GALEAN 19/10/1976
Paulino Prudencio GALEAN 19/10/1976
Rosalino RIOS 20/10/1976
Manuel Ismael VIVAS 20/10/1976
Martiniano MAMANI 23/10/1976
Baldomero Juan VALERA 03/11/1976
Angel Elbio BEL 05/11/1976
Ramón Lucio PEREZ 09/11/1976
Damián Alfredo SOTO 13/11/1976
Rubén Alonso ESTEBAN 23/11/1976
Carlos Eulogio VILLADA 23/11/1976
Juan Miguel DIAZ 29/11/1976
Héctor Alberto PEREZ 29/11/1976
Horacio Luis LALA 12/12/1976
Vicente COSENTINI 15/12/1976
Patricio ZALARRIAGA 1977
Armando Jorge FERRARO 03/01/1977
Carlos Alberto RAMIREZ 18/01/1977
Jorge Lucio REBORI 01/02/1977
Carlos ESTEBAN 02/02/1977
Antonio Alberto GARBARINO 19/02/1977
Ana María AGUIRRE 23/02/1977
Teresa Alicia ISRAEL 08/03/1977
Domingo SANCHEZ 20/03/1977
Víctor Nicolás MINSBURG 21/03/1977
Alicia Elena PALANCO de GOLDRING 22/03/1977
Fabio Fernando GOLDRING 22/03/1977
Mabel CARRANZA 30/03/1977
Oscar PEREZ 10/04/1977
Rubén Darío RODRIGUEZ 11/04/1977
Juan HIDALGO 12/04/1977
Elba FRESNO de HIDALGO 19/04/1977
Mario César CLAR 17/05/1977
Sergio Andrés CLAR 17/05/1977
Majer LEDER 17/05/1977
Mauricio LEDER 17/05/1977
María Isabel NAVARRETE 17/05/1977
Andrés DELLAPENA 19/05/1977
Mirta Mónica ALONSO de HUERAVILLO 19/05/1977
Oscar Lautaro HUERAVILLO 19/05/1977
Juan Cesáreo ARANO BASTERRA 20/05/1977
Luis Justo Agustín CERVERA NOVO 20/05/1977
Ricardo Isidro GOMEZ 20/05/1977
Carmen Candelaria ROMAN 20/05/1977
Antonio Gerardo LUCENTE 23/05/1977
Rodolfo Alberto SANCHEZ 23/05/1977
Julio César MERCADO 25/05/1977
Alejandro Antonio BLASCO 01/06/1977
Roberto LESTA 01/06/1977
Graciela Esther NICOLIA 03/06/1977
Hernán ROJAS FAJARDO 07/06/1977
Luis DIMATTIA 09/06/1977
Juan José RIQUEZA 09/06/1977
José Luis SUAREZ 09/06/1977
Néstor ZARAGOZA 09/06/1977
Héctor Oscar MANAZZI 15/06/1977
Rodolfo Emilio PETTINA 15/06/1977
Gabriel Marcelo RUBIO 15/06/1977
Ricardo Antonio SANGLA 15/06/1977
Ana Patricia STEIMBERG 16/06/1977
Alicia Raquel BURDISIO 21/06/1977
Oscar BUCCELLINI 30/06/1977
Miguel Angel HORTON 30/06/1977
Luis Saúl KIPER 30/06/1977
Mario RINALDI 30/06/1977
Walter Héctor CARRIZO 01/07/1977
Hernán ENRIQUEZ 07/77
María Elena SAN MARTIN de VALLETTI 01/07/1977
Roberto Claudio VALLETTI 01/07/1977
Claudio Alejandro OSTREJ 16/07/1977
Inés OLLERO 19/07/1977
Osvaldo Domingo BRINGAS 22/07/1977
Carlos CHARINO 04/08/1977
Julio DUARTE 04/08/1977
Fortunato GOMEZ 15/08/1977
Ernesto OTAHAL 17/08/1977
Alberto CARVAJAL 18/08/1977
Rubén Fernando Oscar Tito MESSIEZ 22/08/1977
María Elena IANOTTI de GAMBERO 14/09/1977
Juan Gualberto ARELLANO 11/10/1977
Luis Raúl BONANO 11/10/1977
Agustín José PERALTA 12/10/1977
Ramón Aldo CANTERO 17/10/1977
Ramiro Sergio BUSTILLO 18/10/1977
Juan Carlos NAVARRO 18/10/1977
Oscar Omar REYES 18/10/1977
José Nicolás BRIZUELA 24/10/1977
Pablo Horacio GALARCEP 26/10/1977
Pedro JUAREZ 26/10/1977
Hernán Gerardo NUGUER 27/10/1977
Pantaleón BARRIENTOS 01/11/1977
Jorge Rosario INFANTINO 22/11/1977
María Eugenia PONCE de BIANCO 08/12/1977
María Cristina GUERRA 24/01/1978
Patricia Dina PALACIN de TORANZO 05/04/1978
Roberto TORANZO 05/04/1978
Hugo Julián LUNA 17/06/1978
Alberto Rodolfo VEAUTE 15/09/1978
Estanislao José TRASKA 24/12/1978
Mario el Paraguayo MARRERO 20/04/1979
Román Javier MENTABERRY 28/11/1979


ACLARACIÓN

En la lucha de los comunistas y otras organizaciones revolucionarias por los objetivos de la construcción de la nueva sociedad hubo caídos antes y después de la noche oscura de la dictadura. Estos nombres son un punto de referencia que los abarca a todos. Asimismo, hacemos la salvedad que en función de que las fuentes se están ampliando de manera permanente, puede haber nombres no incluidos en esta lista. Personalente, trataré de completar muchas verdades que revelé en mi libro SECRETOS EN ROJO, los nombres de lo que SI TUVIERON JUSTICIA, con mayúsculas, aunque la justicia, con minúscula, no haya llegado a sus asesinos.

martes, 20 de marzo de 2012

Eduardo Serrano Nadra


Profesor, cuentista y poeta, de una familia de escritores y poetas. Hijo, sobrino, esposo y padre. Perseguido en Tucumán y secuestrado en Capital Federal el 26 de octubre de 1976, por luchar por el socialismo en nuestra Patria.

Te abrazo primo querido, y con vos a Mercedes, una de las primeras Madres de pañuelo blanco, y a Manolo, tus padres, mis tíos.

Te abrazo primo querido, y con vos a tu entrañable compañera, Cristina; a Carla la hija que no conociste.

Te abrazo primo querido y con vos a Teresa, el “negrito”, al “huevo”, Hernán, Inés, y todos mis amigos y compañeros que no están, a los que conocí y los que no conocí.

Y con ustedes también abrazo a mis viejos y nuevos amigos, a los que sobrevivieron, pero manteniendo en alto sus ideales; hasta hoy, cuando todavía cantamos, todavía luchamos, y el 24 nos encontramos. En La Plaza. Ustedes y nosotros. Siempre.

martes, 12 de abril de 2011

Acerca de la Memoria Histórica


Ayer concluyeron en la Universidad Nacional de Mexico las Jornadas Internacionales "35 Aniversario del Golpe de Estado en Argentina", donde Norberto Emmerich, argentino, doctor en Ciencia Política y licenciado en Relaciones Internacionales presentó una ponencia vinculada a una lectura de las "Tesis sobre el concepto de historia" de Walter Benjamin y otros textos. En mi opinión, un material ineludible para fundamentar la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, del que ofrecemos una síntesis.

Al mirar hacia el pasado no estamos haciendo una pregunta científica que busca saber la “verdad” de lo que ha sucedido, sino una pregunta cargada de angustia. Articular el pasado históricamente no significa descubrir ‘el modo en que fue’ (verdad científica) sino apropiarse de la memoria cuando ésta destella fugazmente en un momento de peligro (verdad política).

Le preguntamos al pasado con la intención de responder las urgencias del presente. “En el pasado hay promesas incumplidas, por lo tanto el pasado “nos habla de cosas que interesan al futuro”.

Necesitamos de la historia “para la vida y para la acción”… “para actuar contra y por encima de nuestro tiempo a favor de un tiempo futuro” (Nietzche, 1999: 38-39).

1. La memoria histórica es un recuerdo colectivo, una evocación volcada hacia el presente del valor simbólico de las acciones colectivas vividas por un pueblo en el pasado. Es una acción que preserva la identidad y la continuidad de un pueblo, es no olvidar lo aprendido, muchas veces con sangre, es el camino para no repetir errores pasados.

Es un ejercicio peligroso porque recordar que un día fuimos libres amenaza romper el dominio de quien hoy se aprovecha de nuestras cadenas. Solo las clases dominantes parecen tener memoria histórica, porque para ellos no es importante determinar los hechos históricos, solo necesitan que todos recuerden el resultado final: quien se enfrente con ellos terminará derrotado (García Bilbao, 2010).

Un pueblo con memoria histórica es dueño de su destino. Los que consideran necesario impedir que eso suceda cuentan con los recursos sociales, políticos y económicos para lograrlo. Basta con aniquilar los símbolos, el lenguaje, vaciar la educación y la vida colectiva de señas de identidad entroncadas con la realidad y la memoria común (García Bilbao, 2010).

Los problemas que ahora vivimos ya fueron vividos antes. Sin memoria histórica estamos condenados a vivir un eterno presente, la repetición constante del mismo sufrimiento, como Prometeo encadenado (García Bilbao, 2010). No es necesario que vivamos todo como si fuera la primera vez que sucede, la memoria histórica también actúa como un mecanismo de economía de esfuerzos.

El pasado que recordamos no es el pasado tal cual sucedió, sino el pasado tal cual lo actuamos en el presente. Antes de que podamos informar sobre lo acontecido, este pasado ha cambiado varias veces y siempre nos enteramos demasiado tarde de todo ello. Por eso es importante el rol de los militantes, que pueden predecir el presente porque lo contemplan en el medio de las fatalidades que ya han sucedido. Como en el Viejo Testamento son los profetas de un pasado ya vivido.

2. Por más difícil que sea, la memoria histórica siempre está consagrada a la memoria de “los sin nombre”. No se consagra a ellos sólo porque rescata del olvido sus nombres, sus trayectorias y sus datos, sino porque pone en tiempo presente “efectivamente” sus acciones. Recordar sus acciones significa querer y saber reproducirlas, saber para qué sirven, necesitar sus objetivos, participar de sus sueños.

Cuando un joven obrero se reúne casi clandestinamente para organizarse junto a sus compañeros, la memoria histórica lo liga con un pasado que quizás no conoce, pero que renace a través suyo, en un momento de urgencia, impulsado por la sensación de peligro. La memoria histórica necesita atrapar ese destello del pasado, puesto que en él se juega la verdad del presente, las clases oprimidas que son víctimas de la “fuerza de las cosas” han olvidado el pasado y su fuerza subversiva.

Esta tarea de reconstrucción de una memoria histórica perdida es difícil porque los dominadores de un determinado momento son los herederos de todos los que alguna vez vencieron en la historia. Quien haya alcanzado en el día de hoy la victoria en alguna de las mil batallas que conforman la historia tiene su parte del botín en el festín de los que dominan a los dominados. Esa pequeña reunión obrera es un evento mentalmente difícil porque el inventario que los vencedores muestran a los vencidos se llama cultura[1], y de esa cultura se alimenta diariamente el dominado. Con las palabras de esa cultura, el dominado percibe, entiende y explica la realidad en la que vive. Solo la memoria histórica le permite descorrer el velo de la cultura dominante y escapar de la ignorancia.

3. El pasado recreado en el presente por una resurrección y por motivos del presente, busca en el pasado argumentos que respondan las urgencias de este presente. Pero sólo puede utilizar este mecanismo redentor si los argumentos del pasado son ‘emergentes’, si atraviesan por el momento fugaz de volverse reconocibles.

El pasado re-creado no se alimenta de la búsqueda caprichosa de hechos inconexos, sino del descubrimiento de la significación social de hechos emergentes. No es una búsqueda ex nihilo, sino un buceo en la corriente general de pensamiento de la época, entre las esperanzas comunes compartidas, de un espíritu general que sobrevuela nuestras frustraciones. Por eso nada de lo que tuvo lugar alguna vez debe darse por perdido para la historia, hasta el más insignificante de nuestros comportamientos colectivos es un hecho histórico.

4. La verdadera imagen del pasado es fugaz, se vuelve reconocible solo por unos instantes y amenaza con desaparecer imprevistamente, nunca será vista otra vez. Pero ¿quién nos trae desde el pasado esa imagen olvidada y perdida? Los militantes, los portadores de la memoria histórica, los actores centrales de la praxis social. Los militantes son quienes hacen que la historia no sea una sucesión catastrófica de acontecimientos imprevisibles, sino una herramienta consciente de re-construcción del pasado. La represión establece la ruptura de los enlaces sociales que actúan como portadores de la memoria. Si la memoria histórica no transporta solo conceptos o “recuerdos” sino experiencias, la desaparición física de los “mensajeros” destruye las posibilidades de reproducción política de las experiencias colectivas. Los colectivos sociales desaprenden las conductas reactivas, los mecanismos de defensa, las consignas reinvindicativas, la importancia de sus organizaciones. Pasan de “ser” parte de un colectivo (ser peronista, ser socialista) a “ser” una parte que carece de totalidad, solo y apenas un sí mismo (consumidor, ciudadano, individuo). Nuevas experiencias se asientan y se construye una nueva memoria histórica, basada en el miedo, la desmovilizacion y la apatía. En términos de memoria histórica, aparece el “olvido”.

5. El peligro no amenaza solo a los portadores o a los receptores de la tradición, también amenaza al contenido de la memoria trasmitida. Y la amenaza siempre es la misma: convertirnos en instrumento de las clases dominantes. En cada época histórica es preciso arrancar la memoria de las manos del conformismo. Desde la vieja dicotomía filosófica griega, entre “el ser es y el no ser no es”, que afirmaba la estabilidad de la realidad, frente a la afirmación de que “entramos y no entramos en el mismo río, pues somos y no somos los mismos”, que afirmaba la perpetuidad del cambio, el contenido de la memoria transmitida está en eterna guerra entre quienes defienden la continuidad y quienes defienden el cambio.

6. Reconocer y reivindicar el pasado significa tener en cuenta todo lo que ha sucedido después de la derrota inicial, significa no tener empatía con el vencedor[2], significa comprender que todo pasado fue presente, que todo pasado fue futuro y que todo presente será pasado.

La empatía con el vencedor, la “idolatría de lo fáctico” –una metodología de análisis que se utiliza mucho para estudiar la actual situación mexicana- (Nietzche, 1999: 96), no se anima a adueñarse de la imagen histórica auténtica, que es la imagen del oprimido. En consecuencia la principal tarea del historiador es adueñarse de la tradición de los oprimidos. Nuestra historia es la historia de Tupac Amaru, José Martí, Emiliano Zapata, Augusto Sandino, el Che, nuestros 30 mil muertos. Es una historia de oprimidos, derrotados y muertos.

7. ¿Cómo se transmite la memoria histórica si nuestro pasado sólo acumula muertos? Giorgio Agamben[3] nos recuerda que en latín hay dos palabras para referirse a testigo, una de ellas es testis, el que se sitúa como tercero en un litigio entre dos contendientes, adoptando una postura imparcial no participante; la segunda es superstes, se refiere a quien ha vivido personalmente un proceso, generalmente hasta el final y puede dar cuenta fiel de lo sucedido. De superstes deriva la palabra sobreviviente. Nuestros sobrevivientes han sido a la vez las dos cosas: han dado cuenta de lo sucedido y han sido testigos en los juicios contra los genocidas. El testigo sabe lo que los demás olvidan y se siente urgido a hablar porque el crimen una vez cometido, solo existe si se conserva en la memoria de los hombres. Su papel lo convierte en la puerta giratoria de toda mirada presente hacia el pasado y de toda vigencia del pasado en el presente. Los sobrevivientes argentinos no sólo nos recuerdan lo que pasó, también militaron para hacer justicia. Auschwitz, igual que la Esma, “no sólo fue una gigantesca fábrica de muerte, sino también un proyecto de olvido”, en el que todo estaba pensado para no dejar rastros[4].

8. El continuum de la historia es el continuum de los opresores, los que igualan todo al nivel del suelo, para quienes la continuidad de la historia es la garantía de la continuidad de sus intereses históricos. Porque hasta hoy la historia de las conquistas es la historia de los conquistadores, porque si “la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia”, como dice una conocida canción argentina.

La conciencia de una discontinuidad histórica es propia de las clases revolucionarias en el momento de su acción. Sin embargo prevalece una estrecha conexión entre la acción revolucionaria de una clase y el concepto que esta clase tiene de la historia pasada. La revolución francesa se remontó dos mil años hasta la república romana para encontrar un espejo donde reflejarse. Mientras la idea del continuum lo iguala todo al nivel más bajo, la idea del discontinuum es el fundamento de la tradición auténtica.

9. ¿Cuál es el punto de apoyo que nos dejan los 30 mil desaparecidos? No se trata sólo de que el pasado arroje luz sobre el presente, sino que el pasado se funda con el presente. Pero esa unión solo es posible en un momento de peligro. Son imágenes que vienen involuntariamente. El historiador debe tener la capacidad de percibir la crisis en la que ha entrado en ese momento el sujeto de la historia, es la clase oprimida luchando en su situación de mayor riesgo. En ese momento, el conocimiento histórico es solo para ella. Y solo es un instante: son los obreros en huelga contra el golpe el 24 de marzo de 1976 en Córdoba, son los trabajadores argentinos gritando contra la dictadura en la tarde del 27 de abril de 1979, es la multitud reunida en los alrededores del Congreso en la Semana Santa de 1987.

La gran historia no registra estos hechos, pero son los hechos imperceptibles que tienen importancia histórica, son el destello de odio en un momento de peligro, son un momento de ruptura con la continuidad histórica. Como resultado “nunca más” habrá un golpe de Estado en la Argentina, 30 mil muertos nos han dejado esa enseñanza para los momentos de peligro. La consigna del “Nunca más” es acumulativa en el concepto de memoria semántica, como simple recuerdo; pero es revolucionaria en el concepto de memoria histórica, como herramienta de lucha en los momentos de peligro.

10. La historia se construye en un tiempo que no es homogéneo y vacío sino en un tiempo donde lo actual da señas de estar “en la espesura del pasado”.

La revolución rompe el continuum de la historia, no interviene pasivamente en la cronología de la historia, no es un hecho que se suma a otros hechos, interrumpe el momento. Por eso es incómodo “relatar” a los revolucionarios. Como si dijéramos: todo marchaba cadenciosamente bien, hasta que apareció Fidel e interrumpió la historia.

Por eso las revoluciones lo primero que cambian es el calendario, mueven las rutinas, cambian las fechas, rompen el protocolo histórico. Los calendarios miden el tiempo de la conciencia histórica, no son relojes, son recordatorios de lo que somos porque nos recuerdan (con-memoran) el momento en el que “fuimos”. Los gobiernos revolucionarios insertan fechas, resaltan personajes, introducen símbolos y si pueden “crean” y “re-crean” la historia, incorporan personajes olvidados, ponen en primer plano acontecimientos perdidos, premian a personajes “malditos”.

El rol de los relojes en el capitalismo es marcar el tiempo del trabajo, unificar las rutinas humanas, convertir lo inaudito en normal, aislarnos de la totalidad y sumergirnos en las partes.

La revolución francesa introdujo el calendario republicano, abolido por Napoleón en 1806 pero reinstaurado brevemente por la revolucionaria Comuna de París, la revolución rusa abandonó el calendario bizantino, la Iglesia abandonó el calendario civil egipcio-romano de Julio César (juliano) y adoptó el calendario litúrgico gregoriano, que lo impuso a toda la humanidad. Los trabajadores parisinos destruyeron los relojes en la revolución de 1830, los indios brasileños rompieron los relojes de la cadena O Globo en la celebración del quinto centenario del descubrimiento de Brasil en el 2000[5]. Las revoluciones hacen visible la ruptura del continuum histórico, por eso a veces comienzan un nuevo recuento de los años, con la finalidad de acelerar el tiempo histórico e introducir un “nuevo comienzo”.

11. Si el tiempo perdiera su carácter homogéneo y vacío sabríamos que lo que hoy existe visiblemente no es la totalidad, no es la última palabra de la historia, hay algo más que esta fuerza destructora del capitalismo contemporáneo. La incapacidad de tomar distancia de la propia derrota termina por crear las condiciones de la traición a la propia causa. Por eso la máquina de represión siempre adquiere un carácter apabullante, urgente, histérico. La intención es no permitir “tomar distancia” del estado de excepción, no dejar comprender cuál es la norma inserta en el caos represivo, no pensar, solo sentir. El objetivo no es solo derrotar, también se busca lograr empatía con el vencedor. Si la derrota lo aleja de los suyos, la empatía lo acerca a los nuestros. Porque la empatía con lo que eternamente ha sido está en armonía con su reactualización. De este modo se elimina todo eco de lamento en ella, se elimina el dolor de las generaciones pasadas y el odio que ese dolor debería provocar y se solicita el beneplácito de un futuro incierto. La tortura rodea al torturado de “partes” y lo enajena del todo anterior, pero también propone la inclusión en una nueva totalidad, la aceptación de la autoridad excepcional. Por eso Massera era el represor más peligroso, porque buscaba crear nuevas totalidades, destruyendo e incorporando.

¿Cómo nace una nueva memoria histórica?

12. En la actualidad la experiencia no es percibida ni valorada como un tesoro, no goza de autoridad, no está ligada al pasado (Fernández, 1995: 109). Hablando sobre la primera guerra mundial Benjamin decía: “las gentes volvían mudas del campo de batalla. No enriquecidas, sino más pobres en cuanto a experiencia comunicable”[6]. Su empobrecimiento consiste en la devaluación de los bienes de la educación, del aprendizaje, de la tradición, de la memoria, de la narración que ensanchan el horizonte e intensifican las posibilidades de nuestra existencia (Fernández, 1995: 110).

Pensar por sí mismo requiere sacudirse el peso de la tradición para que no hipoteque. Avanzar exige alejarse del pasado y seguir viajando, aprendiendo. Cierto grado de olvido es un recurso imprescindible de salud vital. Solo la memoria aligerada y selectiva tiene la soltura necesaria para tejer la propia historia.

En esa liberación se produce el empobrecimiento de la experiencia y una especie de nueva barbarie. Barbarie real pero positiva, que pone en evidencia que la experiencia no es mera acumulación, ni se hereda sin hacerla propia, ni impone la ley del pasado. De hecho su pobreza de experiencia lleva a estos “bárbaros” a comenzar desde el principio. Para inventar y crear, en un universo repleto de signos, costumbres, órdenes, es necesario vencer la tentación de quedarse en meros conservadores del patrimonio, olvidar, borrar huellas y experimentar (Fernández, 1995: 112).

La experimentación es la dimensión activa, positiva de la pobreza de la experiencia. Su lado negativo está en la pérdida de parte de la herencia de la humanidad, en el peligro de reducción y vaciamiento de la experiencia misma en la modernidad triunfante y asentada (Fernández, 1995: 113-114).

13. La estructura de la memoria es decisiva para la experiencia. Pero la memoria no es un registro exacto y completo de todos los acontecimientos. Es selectiva, rechaza o margina algunos hechos, privilegia y maquilla otros, asocia y separa. Tiene lagunas estructurales y no solo accidentales, se mueve acicateada por el peligro.

Pero la relación entre conciencia y memoria no es de colaboración sino de oposición. La conciencia no cuida de la conservación de la experiencia, sino que su tarea consiste en proteger contra los estímulos que pueden producir un shock traumático. Cumple una función vital, puesto que la defensa contra los estímulos es para los organismos vivos tan importante como la recepción de éstos, pero contraria a sus aspiraciones de conocimiento completo. La conciencia actúa contra la memoria histórica, entre lo conveniente y lo necesario, siempre elige lo posible intentando preservar la normalidad de la psiquis social.

La selección que realiza no responde a intereses de conocimiento sino a criterios de angustia soportables. Procura evitar las impresiones fuertes, desagradables, desestabilizadoras; y si no lo logra, se afana en borrar sus huellas. Cuando el dispositivo de defensa fracasa, aparece el trauma, el espanto (Fernández, 1995: 115). Cuando el dispositivo triunfa, aparece el olvido.

En virtud de esa función de vigilancia y alerta, la memoria consciente ordena temporalmente los acontecimientos y los retiene “a costa de la integridad de su contenido”. Ello significa que la memoria voluntaria es espontáneamente desmemoriada ya que constantemente alteramos nuestros recuerdos para que nuestro pasado no entre en conflicto con nuestro presente. Recordamos las cosas de otra manera o directamente las olvidamos. Así se entiende que durante mucho tiempo las Madres de Plaza de Mayo fueran llamadas las “locas” de la Plaza. Su conciencia trasvasaba toda angustia, su memoria voluntaria no era desmemoriada, se esforzaron por recordar las cosas tal cual fueron, contra toda conveniencia, contra toda lógica, contra todo interés.

14. La misma noción de tiempo dista mucho de gozar de orden interno, de ser consistente; al contrario, resulta manifiestamente paradójica. Se supone que el curso del tiempo es una flecha que va del pasado al futuro y así se ordena la historia y se afirma la prioridad de los antecedentes, el valor de lo antiguo y la autoridad de las fuentes, de los orígenes y de sus elementos (Fernández, 1995: 117).

En virtud de esto tomamos el tiempo como ordenador primario de los sucesos, operando también en las explicaciones correspondientes. Es un principio básico que la causa precede al efecto, derivando en un supuesto orden jerárquico: la causa es anterior y superior al efecto. De esa manera se desliza la idea de que los procesos causales son descendentes, se da primacía a la causa y se la considera independiente, mientras que los efectos son dependientes y están sometidos a su predominio, hasta el punto de excluir toda retroactividad. Termina pareciendo ridículo afirmar que los padres son tales en virtud de sus hijos. La causa sujeta a los efectos y termina resultando una condena para ellos (Fernández, 1995: 116). La historicidad de la memoria subvierte el orden cronológico del tiempo y en virtud de la praxis política logra que los hijos sean causa originaria de los padres, como lo demostraron las Madres de Plaza de Mayo, que transformaron la locura en norma.

15. Pero la primacía cronológica en el estudio del tiempo también afirma que el pasado resulta irrecuperable e irreversible. No se puede querer ni actuar hacia atrás, el curso de la vida y de la historia se asienta sobre la muerte de los muertos. Pero alguien dijo una vez: “nadie está muerto hasta que lo olvidan”, y la consigna de las Madres siempre fue: “aparición con vida”. Nuestros muertos que murieron no están muertos, no solo porque los recordamos, sino sobre todo porque seguimos luchando. Estamos actuando hacia atrás, estamos cambiando el pasado de la historia, seguimos destruyendo el orden temporal siniestro que constituyó nuestra experiencia del pasado.

16. La historia se detiene cuando es reducida a un cúmulo de acciones que se reiteran hasta el infinito. Es el fenómeno del déja vu, donde todo lo que sucede parece que ya ha sucedido antes. Aunque se asista a un cambio continuo, todo es igual, todo se repite (Virno, 2003: 41), es la tesis del fin de la historia.

En su trabajo titulado “Sobre la utilidad y perjuicio de la historia para la vida”, Nietzche afirma que una sobreabundancia de memoria paraliza la acción (Virno, 2003: 50). Si la memoria es solo recuerdo practicamos una reverencia sumisa hacia el pasado, justificamos nuestro presente proyectándolo hacia atrás en el tiempo: “todo es indiferente, todo es vano, todo ya ha sido”. Los hombres se abandonan a un fatalismo impregnado de resignación en la época en que el presente percibido parece copiar al presente recordado (Virno, 2003: 52).

Si ya todo ha sido, todo evento actual repite otro evento previo y está destinado a ser repetido en el no-futuro que es el futuro. Es terrible una vida en que todo lo nuevo es viejo, en que todo futuro es pasado. En las sociedades imperialistas, donde mañana será la repetición de hoy, las tasas de suicidio son muy altas, porque el orden repetitivo asfixia.

Pero el hechizo que considera la acción en curso como duplicación de una acción precedente, decae cuando se pregunta cuál es la acción central. En el déja vu parece que repetimos algo, pero no podemos decir qué estamos repitiendo. Esto es porque el contenido de la repetición se establece solo por la experiencia actual, le corresponde al presente determinar retroactivamente lo ya sucedido (Virno, 2003: 53).

Toda la vida actuada ahora es actuada por primera vez, aunque dentro de esa experiencia a veces se siente algo extraño y oscuro, como que se ha experimentado en otro momento. Pero ¿qué cosa retornará desde el pasado? Aquello que ocurrirá por primera vez en el instante siguiente[7] (Virno, 2003: 54).

Conclusión: un poco más atrás, para ir un poco más adelante

En la década de 1930 llega a la Argentina un ciudadano español, Juan Avellaneda, militante anarquista que por su actividad sindical y política estuvo detenido 36 meses en los años posteriores al golpe de Uriburu.

Unos 40 años después, un 15 de abril de 1976 (se conmemoran 35 años dentro de pocos días) un grupo de tareas busca infructuosamente en Munro a su hijo Floreal, militante comunista y delegado textil de la fábrica Tensa. Al no poder capturarlo, ingresan violentamente a la casa de la familia y secuestran al hijo adolescente del mismo nombre, de apenas 15 años, Floreal Avellaneda. El cuerpo del joven Floreal apareció en las costas uruguayas, con señales de haber sido salvajemente torturado y de haber muerto por empalamiento. La madre de Floreal, Iris, también fue secuestrada, detenida y torturada durante los dos años siguientes.

33 años después, en el año 2009, fueron acusados, juzgados y condenados por la comisión de delitos de lesa humanidad: el general Santiago Omar Riveros, a prisión perpetua; el general Fernando Ezequiel Verplaetsen, a 25 años; el general Julio Horacio García, a 18 años; los capitanes Raúl Jarcich y Cesar Fragni, a 8 años de prisión y el comisario Alberto Aneto a 14 años de prisión.

El padre del adolescente Floreal Avellaneda, falleció al año siguiente, el 23 de junio de 2010, 34 años después del golpe. Los militares nunca pudieron saber dónde estaba Floreal Avellaneda aquella noche de abril de 1976. Ni su hijo adolescente ni su esposa jamás revelaron su paradero. Con su muerte, un largo ciclo de impunidad que había comenzado en los años 30, se cerró.

Pero la historia no se detuvo…

El 19 de marzo de 2011, pocos días antes de conmemorarse los 35 años del Golpe militar de 1976, el dirigente de las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Mario Llambías, dijo en un acto en la ciudad de Junín, provincia de Buenos Aires: “hay muchos que quieren remplazar nuestra bandera nacional por un sucio trapo rojo”.

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“Dejaría de hablar del pasado, si no estuviera tan presente”.

Barthélemy Boganda,

héroe de la independencia de la República Centroafricana.


[1] “Las Pirámides de Egipto, construidas por los esclavos hebreos, o el Palacio de Cortés en Cuernavaca, por los indios sometidos” (Löwy, 2007: 2).

[2] Löwy señala que las celebraciones del quinto centenario del Descubrimiento de América fueron manifestaciones típicas de la “empatía con los vencedores” (Löwy, 2007: 3).

[3] Giorgio Agamben, Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo, Valencia, Pretextos, 2005, págs. 15-16. Citado por Erice Sebares, 2008: 92.

[4] Baer, A., Holocausto. Recuerdo y representación, Madrid, Losada, 2006, págs. 38-43. Citado por Erice Sebares, 2008: 91.

[5] Citado por Michael Löwy, 2007: 7.

[6] Walter Benjamin, Experiencia y pobreza, en Discursos Interrumpidos, Taurus, Madrid, pág. 168.

[7] Heidegger, Nietzche, Tomo 1, pág. 332.