miércoles, 23 de marzo de 2016
lunes, 21 de marzo de 2016
martes, 15 de marzo de 2016
lunes, 1 de febrero de 2016
EEUU: Un soplo de aire fresco
Querid@s amig@s,
Les escribo para compartir un artículo sobre Bernie Sanders que recién publiqué para la Rosa Luxemburg Stiftung, acá traducido al español
Bernie es un senador socialista que está desafiando a la poderosa Hillary Clinton en las primarias presidenciales de EEUU. En sus frecuentes llamadas a la revolución política, ha despertado una ola inesperada de pensamiento y acción izquierdista en el pueblo estadounidense. Espero que este artículo ayude a explicar por qué ha pasado, y cuáles son las posibilidades políticas en el corto y mediano plazo.
Abrazos,
Ethan
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lunes, 4 de enero de 2016
Monte Chingolo: 40 años después, nuevas mentiras
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| Satisfacción de La Naciòn a solo 90 dìas del golpe que alentó |
Como
para abrir el intercambio, [Fernando] Nadra, con todo desparpajo, me
pregunto si los compañeros que llevaron a cabo la “Batalla de David” en Monte
Chingolo, estaban “drogados”. Fue como una puñalada artera y evidentemente
apuntaba a provocarnos y a dar por concluida la entrevista [...] Con ese
escenario se desenvolvió la reunión y logramos superar el mal momento y la
evidente conducta provocadora de Fernando. Salimos de ese lugar con una
sensación de gran alivio. Habíamos sorteado, satisfactoriamente, un obstáculo.
Manuel Justo Gaggero, Un
viaje hacia las utopías revolucionarias (CLXXXII). Revista Inventario 22, mayo de 2015.
Con
una inocultable dosis de cinismo y verdad en partes iguales, un historiador afirmó
que “La gente, las sociedades, construyen
su pasado igual que las personas. Se acuerdan y se olvidan de lo que quieren”.
Vale para “la gente”; no para dirigentes políticos que
se han jugado la vida por la revolución. Podemos equivocarnos –¡y vaya si lo
hemos hecho!–, pero no podemos mentir a sabiendas, como dolorosamente vengo
ratificando que lo hace Manuel Gaggero en escritos y definiciones durante los
últimos años.
Aunque nos hemos encontrado pocas veces, le tuve respeto
y mantuve un trato cordial con Gaggero –director del diario El Mundo (prohibido por Isabel Martínez,
junto con La Calle) y de la revista Nuevo Hombre–, lo que nunca opacó nuestras
profundas diferencias políticas, las que al tenor del balance que hace en la
pequeña cita del extenso artículo citado al comienzo, mantenemos casi intactas.
Ello pese a los años transcurridos y a que yo renuncié a mi partido (el
Comunista) hace 26 años, y él mucho antes abandonó el PRT/ERP, ahora
inexistente. Tampoco hemos coincidido en estos 12 años, durante los cuales no
pudo encontrar nada rescatable en la gestión de Néstor y Cristina Kirchner, tal vez más por su antiperonismo que por una caracterizaciòn clasista.
No pretendo en esta nota retomar el debate sobre entre
la relación entre el PC y las otras organizaciones políticas revolucionarias de
los años 70 (algo en lo que me extiendo en mi libro SECRETOS EN ROJO. Un militante entre dos siglos), a cuyos combatientes
respeto –de hecho, cuento a muchos de ellos entre mis mejores amigos.
Respeto también, pues me corresponde opinar pero
NO juzgar, porque pese a los errores cometidos, todos le pusimos el cuerpo, la
libertad y la vida a las equivocaciones.
Esta nota surge porque, pese a ese respeto general,
no puedo consentir con silencio las canalladas personales de esta nota de Gaggero,
aunque hoy
–pese a viejos pergaminos, que fue quemando su propia vida-- sea un
personaje menor; un marginal entre sus propios ex compañeros.
Sólo algunas puntualizaciones:
1) Es raro que recuerde detalles y frases del
encuentro al que alude en el fragmento citado, pero olvide otros, como el realizado
en la sede del periódico Qué Pasa, recuperada
la democracia, cuando, en apariencia, muy emocionado agradeció públicamente la
ayuda que el PC "y particularmente Fernando Nadra" brindaron a los
perseguidos durante la dictadura.
Recuerdo la sorpresa de otro antiguo militante del
PRT, presente en la reunión, ante las palabras de Gaggero, quien en los
pasillos de El Mundo, durante los ’70,
resolvía los problemas “ideológicos” echando periodistas, y mostraba un obsesivo
macartismo. “Según él [por Gaggero],
ustedes los del PC eran los ‘zurdos de cartón’, ‘estalinos’, y ‘homoizquierdistas’" me comentó con cierta ironía.
2) A propósito de la reunión relatada, Gaggero
también afirma, a modo de queja, que defendió comunistas detenidos por la ley
17.401, de “Represión del Comunismo”. Si sucedió, lo que no me consta, es una poco
noble factura para pasarle a un partido cuyos abogados cumplieron esa tarea con
cientos, y miles de militantes de todo origen durante su historia; o bien en
forma directa, o bien, a través de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre,
institución de la que él solía reírse por su tarea, auxiliar, de “llevarle
sanguchitos a los presos”.
No recuerda, por ejemplo, que fue un comunista –el
dirigente local Elvio Ángel Bell– el “representante” de la familia Santucho en
la cárcel de Trelew, encargado de mantener las relaciones entre Roberto y sus
seres queridos, y también con su organización. Por esta relación, Bell fue detenido
después de la masacre de 22 de agosto de 1972 y secuestrado por un grupo de
tareas en pleno centro de la ciudad. Permanece desaparecido desde el 5 de
noviembre de 1976.
3) Aunque lo calle, Gaggero, cómo cualquier
dirigente de esa época, también sabe que, al momento de aquella reunión, TODOS
los comunistas del país –así como la mayoría de los luchadores de todos los
sectores– vivíamos esa fuerte indignación ante el intento de copamiento del Batallón
de Arsenales Domingo Viejobueno por el ERP, la noche del 23 de diciembre de
1975.
Además del dolor por la muerte de 62 combatientes –30
de ellos asesinados luego de ser tomados prisioneros– esa indignación tenía otras
dos fuentes.
Por un lado, la acción se realizó pese a que la dirección
del ERP sabía que había sido delatada por un agente de inteligencia del
Ejército: Jesús El Oso Ranier, un ex miembro de las FAP, que
había desertado en febrero, y luego fue condenado y fusilado por la organización.
En particular el PC se lo había advertido a la dirigencia del ERP, la UCR
comentaba en sus locales que la guerrilla “hará algo en el sur del Gran Buenos
Aires”, y hasta los corresponsales extranjeros esperaban que ese día pasara “algo
en Monte Chingolo”.
Por otro, hacía un año que los comunistas veníamos repitiendo,
casi en soledad, acerca del peligro de un nuevo golpe de Estado fascista, y estábamos
convencidos que los sucesos habían fortalecido la posición de quienes bregaban
por ejecutarlo, lo que se concretó apenas 90 días después.
Pero además, aunque jamás se difundió públicamente –lo
revelo aquí por primera vez– la dirección
del PC también sabía que dos conscriptos afiliados a la Fede habían caído bajo
las balas de los atacantes, mientras cumplían órdenes expresas del partido de
no disparar si había ataques de las organizaciones armadas.
4) Conocí bastante mejor que él a Fernando Nadra,
tan temperamental en lo cotidiano como contenido y diplomático en las
relaciones políticas, de las que era el responsable en el PC. Las palabras que
Gaggero pone en su boca no existieron ni pudieron haber existido. No se
condicen con su carácter; mucho menos expresadas a modo de “saludo”, como se
las presenta.
Yo tenía en esos años cierta inclinación por la acción
directa, especialmente ante los asesinatos de la Alianza Anticomunista
Argentina (AAA). Fue mi viejo el que puso paños fríos: antes, durante y después de
los hechos trágicos vividos. Mantuvo una actitud muy crítica, pero siempre racional
y sensata, y nunca dejó de promover el comportamiento solidario con las
organizaciones guerrilleras.
5) Gaggero no puede ignorar, aún después de 40 años,
que inmediatamente acaecido el ataque al Regimiento de Monte Chingolo, el Partido
Comunista armó su propia logística en la zona, y brindó ayuda médica y de
inteligencia, basada en una red de soldados, vecinos y oficiales propios, con
alto entrenamiento. Cuando se pudo, se salvaron vidas. Cuando no, se pasó información
precisa al ERP sobre los heridos detenidos en los centros de salud. La coordinación
se realizó entre Benito Urteaga, por el ERP, y Oscar “Cacho” Antinori, una
leyenda del frente militar del PC. El equipo médico propio estuvo bajo el mando
de Abraham Isaías Kohan, destacado profesional del Hospital de Clínicas, y oficial médico
de rango en la estructura militar del PC.
6) Finalmente –ya que en la nota Gaggero ubica la conversación
dentro de los contactos con otros partidos y figuras para la conformación de un
frente amplio, y la entrevista por el PC en último lugar y por la única razón de
que “no podíamos prescindir de
esta fuerza política en cualquier armado frentista por la representación que
ostentaba del socialismo real” (en buen romance: simplemente por su relación con
la Unión Soviética y demás países socialistas)–, le informo que Fernando Nadra y Roberto Santucho ya habían
conversado, extensamente y varios meses antes, sobre el lanzamiento de lo que sería
el FAS en una entrevista secreta, realizada en una casa provista por mi primo
Eduardo Serrano Nadra, miembro del PRT/ERP, secuestrado y asesinado durante la
dictadura. El objetivo de Santucho con el FAS era reparar lo que consideraba un “grueso error
político” de la etapa previa: no hacer frentes ni alianzas y juntarse sólo con
"organizaciones hermanas".
No fue la primera reunión que mantuvieron ambos
líderes, pero sí la última de muchas, ya que unos meses después –el 19 de julio
de 1976– Santucho cayó en combate con el Ejército, en Villa Martelli.
Seguramente Macri y la restauración conservadora
deben solazarse con el tono que opiniones como las de Gaggero imponen al
necesario debate de ideas sobre una época clave para redefinir cualquier estrategia
de transformaciones revolucionarias en la Argentina.
Lo lamento.
No ha surgido de mí. Depende del autor pedir las
disculpas correspondientes por los agravios y mentiras, pues eso en nada afectará
la firmeza o endeblez de sus otros argumentos.
viernes, 1 de enero de 2016
Antonio Carrizo, una metáfora de Buenos Aires
Hoy
murió Antonio Carrizo a los 89 años. La noticia impacta a millones de
argentinos y sorprende a otros que --en esta sociedad vertiginosa y con tantas
lagunas en su memoria-- no oyeron siquiera hablar de él, enfermo y recluido hace
años.
Los
de mi generación crecimos escuchando su voz desde la radio, en casa o el
trabajo, hipnotizados por su conocimiento enciclopédico, su capacidad para
sacar lo mejor de sus entrevistados, sus agudos comentarios y hora tras hora, día
tras día, una inagotable fuente de anécdotas de los más grandes personajes de
la historia política y cultural argentina, que jamás se agotaba.
Todavía
le quedaban muchos años por delante a mi padre cuando me dejó como herencia la
amistad de este hombre extraordinario.
Le
interesaba particularmente lo que pensábamos los jóvenes de entonces. Me
convocaba para charlar en radio Rivadavia, luego en Nacional, o a interminables
tenidas bilaterales --donde jamàs dejaba de estar presente Boca Juniors, otra pasiòn de su vida, en este caso compartida, claro-- en La Biela, en
esa Recoleta tan suya, donde el barrio entero lo abrazaba y saludaba.
Luego
que renuncié al PC, en 1989, su voracidad por conocer “ese mundo”, que
criticaba sin piedad, pero a la vez admiraba y quería, impuso un intercambio
donde poco le conté que él ya no supiera (yo ni imaginaba que algún día escribiría mis “Secretos
en Rojo” y mis labios todavía estaban sellados para ciertos temas) pero él se empeñaba
en discutirme desde el materialismo dialéctico al histórico, sobre Marx, Gramsci o el Che. A
veces nos cruzábamos fuerte, tan curioso como intransigente en sus "verdades" No pocas veces, me deslumbraba con historias de vida increíbles: “¿Querido (siempre me decìa asì), sabías
que el “Gato” Barbieri lo conoció a tu viejo gracias a mí? No lo podìa creer”
Resulta que el saxofonista latinoamericano más importante de todos los tiempos y uno
de los más grandes de la historia del jazz, que tocó con los mejores, “era el
que nos vendía los bonos de la campaña financiera del PC” en los ’50. Nada menos, y me lo dice como al pasar...
De
la misma manera, ya en el nuevo siglo, algo que todos sabíamos, su amor y conocimiento del tango y sus figuras, se me
reveló en su verdadera magnitud, como la insinúan las siguientes líneas inéditas
de mi amigo Norberto Colominas, que con Antonio escribía hasta 2008 “Carrizo y el Tango”, cuando la enfermedad quebró su brillante
inteligencia, tornó inaccesibles anécdotas, impidió recorrer los anaqueles de
su interminable biblioteca y archivos tan inéditos como desconocidos. Aquel
libro ya no será, pero en este Prologo que
Colominas ya había redactado, y me hizo llegar hace unas horas, va mi homenaje
a ese símbolo de la radiofonía argentina, pero sobre todo a un gran tipo, un
enorme ser humano.
Extraña Buenos Aires, totalizadora como los
dioses que vinieron en los barcos, destotalizada como el tango, esa
música del antihéroe que si no llora, no mama y si no afana es un
gil. Seductora, filosa, con todo el empuje caótico del siglo
nuevo, del mundo viejo, la ciudad envilecida se traga una bengala y
vomita el agua negra del subsuelo. Mata doscientos en una sola noche pero
humilla pibes cada día. Siglo XX Cambalache. No nos une el amor sino
el espanto.
Las palabras no inventan la
realidad, sólo aluden a ella; algunas veces la niegan, otras la
exaltan, o la justifican, y casi siempre la disimulan. Algunos
quisieran privatizar la vida y reservarse el derecho de contarla. La eliminación
del disenso es el sueño esvástico del pensamiento imperial, no importa si
es Hitler, Stalin o Bush el que levanta la bandera de la
unanimidad, ese ideal fascista. Estoy tentado de escribir no
pasarán, pero no lo haré porque cada vez que escribimos eso, pasaron.
El fulano destotalizado es
existencial, agonista. Las consignas le caen pesadas, salvo la
de ir por la vida con los ojos abiertos para mirar y ver. Quizá algún día
los descomunales asesinos del 76 pasen otra vez. ¿Quién garantiza lo
contrario? ¿Acaso los descomunales asesinos de Irak? ¿Acaso Europa, que
todo lo consiente por un vaso de petróleo?
Ayer nomás
A Borges se le hizo cuento
que empezó Buenos Aires; a Carrizo, que empezó el tango. Si hace
un rato tocaban a parrilla los primeros compases en el café de la
esquina; si dos cafishos acaban de inventar esa danza de prostíbulo y
abulia que todavía no multiplica 2x4; si Carlos Gardel, más francés
que el camembert, aún entrena la gola cantando foxtros, pasodobles y
rancheras, pero también gatos, zambas y otras canciones criollas que
todavía no se llaman folklore; si unos extraviados vecinos de la otra
orilla no habían difundido la fábula de que el morocho del Abasto nació en
Tacuarembó. Pequeños homeros y su ilíada trucha del Río de la
Plata. Homeros grandes como Manzi, Alsina Thevenet o Expósito jamás
convalidaron esa tontería. Tampoco lo hicieron uruguayos serios como Juan
Carlos Onetti, Eduardo Galeano, Alfredo Zitarrosa o Víctor Hugo
Morales. Las cosas en su lugar: el tango nació en Buenos Aires y
Carlitos en Toulouse, como lo demuestra con las escrituras en la mano
Enrique Espina Rawson, nuestro gardelista en jefe.
Tango argentino, entonces,
ya que tambièn lo hay uruguayo, colombiano, finlandés, japonés y
de innumerables geografías. Tango para todos y de todas partes, porteño y
universal. De tango somos y de fútbol también.
Antonio y el tango
El vínculo de Antonio
Carrizo con la música de Buenos Aires se inició en los 40 y llega hasta
hoy. Ese amor correspondido atesoró
poetas, cantores, músicos, orquestas; la épica sonora del
tango, contraseña de los argentinos en cualquier lugar del mundo.
La vasta formación de
Antonio nos devuelve, reelaborado, el nacimiento arrabalero del
tango, desde las primeras composiciones hasta La Cumparsita; desde las guitarras robadas al flamenco hasta
el bandoneón de Arolas; desde la maestría poética que alcanzó con Homero y
Cátulo (¡qué injustas son las enumeraciones!) hasta el extraordinario
desarrollo musical que le dieron Troilo, Di Sarli y más acá Piazzola. Tanto
que a mediados del siglo XX el tango ya ocupaba junto con el jazz un lugar
privilegiado entre las músicas del mundo.
Como el jazz, el tango
no ha dejado de reinventarse para volver a ser, de un modo
secreto, otro y el mismo; el de hoy, el de siempre. El tango
no dejó de evolucionar porque nunca dejó de ser, con Buenos
Aires, una y la misma cosa.
El tango es el sonido de
esta ciudad llamada Buenos Aires, aunque nacida Santa María del Buen Ayre, en
homenaje a la virgen que empujaba los barcos en los que navegaban hacia América
los marineros andaluces, a fuerza de sextante y audacia, arrastrados por
la pasión del oro. El puerto de Palos, de donde zarpó Colón, y
las ciudades de Cádiz y Sevilla, sedes de organismos imperiales que regían
estas tierras, son territorio andaluz. Así llegaron a Buenos Aires los
Fernández, Pérez, Rodríguez, González, Gómez, Díaz y cuanto
apellido grave terminado en z, descendientes de los moros
castellanizados por Madrid. En esa tropa también vinieron judíos
cristianizados como Saavedra y otros por el estilo, con doble a, y algunos
esdrújulos como Álvarez. Pero los argentinos decidimos que en vez de andaluces
eran gallegos (ya fueran del norte, es decir nietos de celtas, si
eran rubios y de ojos claros; ya del sur, mezcla de vascos con gnomos
portugueses, cuando salían petisos y cejijuntos). Hacia el 1350, con
la expulsión de los árabes del sur de la península, el bisabuelo Abdul Nadim
pasó a llamarse Juan Fernández, fue obligado a casarse por iglesia, a bautizar
a sus hijos y a ir a misa los domingos. Pero aún con nombre castellano siguió
siendo andaluz. Además, los apellidos gallegos tienen otra
música: Longueira, Seoane, Oreiro.
Sur
El tango nació en esta
geografía de metrópoli austral, sureña del sur, y se largó a vivir en
una cultura portuaria hecha de fragmentos, de sobras, de
retazos. Después creció hasta convertirse en uno de los fundamentos de
identidad de Buenos Aires, la ciudad que en 300 años pasó de ser el fuerte
perdido de sus dos nacimientos a la capital cultural de Sudamérica.
Esas extrañezas, esas
encalladuras, esas contradicciones prepararon el humus que abonaría el
nacimiento del tango, un sentimiento que se baila, y así entraría en
la vida de los abuelos, los padres y los nietos, porque el tango es
de todos, incluso de aquellos que aún no descubrieron lo mucho que les
gusta. Los espero después de los 30, le dijo Osvaldo Pugliese a un
grupo de estudiantes que admiraban su compromiso militante pero aún no habían
sido alcanzados por el tango.
Esas extrañezas, la de
los inmigrantes por ejemplo, que en realidad fueron exiliados, porque
si bien entre nosotros encontraron tierra y sustento nunca pudieron superar ese
estigma de origen. Inmigrante es una palabra escondedora, demasiado
neutral para ser justa, un eufemismo que encubre el sentido más duro de
expatriado, y aún el lúgubre de desterrado, que definen mejor la
vivencia de quienes han debido abandonar su país a pesar suyo, para no
morir de hambre, como hace un siglo fue el caso de los abuelos, o
simplemente para no morir, como hace cuarenta años ocurrió con sus
nietos, nosotros, quienes recién entonces pudimos comprender el dolor de
aquellos tanos y gallegos, de aquellos "rusos",
"turcos" y franchutes empujados a vivir bajo otro cielo.
Para los rioplatenses el
tango es tierra propia, embajada y embajador al mismo tiempo, no
importa el país dónde se escuche. Y es oportuno recordarlo porque el tango se
nutrió de esas injusticias viejas y nuevas, de esas lágrimas
cruzadas, de esas idas y vueltas por todos los océanos.
Por eso su instrumento
emblemático no fue inventado por los quilmes o los quechuas sino por un gringo
rubio, europeo del centro y no del sur. Ese instrumento fue inventado
en Alemania por un luthier llamado Band, que nunca estuvo en la Argentina,
que nunca escuchó un tango y que ya había muerto hacía mucho tiempo
cuando Mi noche triste se tocó por primera vez. A Band se le dio
por inventar un instrumento basado en la mecánica del fuelle; de ahí el
apodo. Así nació ese hijo natural de la acordeona y el órgano, un
cajón articulado amable para las manos, con el que se podía tocar música
religiosa en las procesiones, ya que los órganos eran demasiado grandes
para sacarlos a la calle, y las acordeonas demasiado mundanas. Ese híbrido pudo
llamarse banda, bandeja, bandido, bandeirante, pero fue
bandoneón.
Y el bandoneón --un
inmigrante más-- fue trasplantado del incienso de las novenas al humo espeso
del cabaret; de los velorios europeos a la triste alegría de los
arrabales; de la mitra y el capelo a las alegres mascaritas. Una
noche tosió en un patio alumbrado a querosén y fue
adoquín, farol, Alumni; después madame Ivone, muñeca brava
y Mimí como Ninón; de arranque Cumparsita y al final Corrientes, el
puerto y otra vez los océanos, viaje a viaje y barco a barco. Gardel
lo cantó en París para el asombro; Borges lo llevó en secreto a su Palermo
de esquinas y cuchillos.
El tango está poblado de
personajes más trascendentes que los hombres y mujeres que lo difundieron por
el mundo, en el sentido de que Gardel fue más grande que su voz, que
la suma de sus tangos, que sus películas, que su sonrisa y que su
pinta. Por eso el plus, el mito.
Pero Antonio fue amigo de la
persona y no del mito, de “Pichuco” antes que de
Troilo, del polaco antes que de Goyeneche. Muchos lo admiran por
los incontables logros de su carrera; otros lo recuerdan como presentador
de aquellos bailes de carnaval en los que la gente se apiñaba para escuchar a
las orquestas populares, o como adelantado del tango en
televisión; en fin, como bonaerense que llegó de Villegas a los 22 años y
se quedó a vivir como porteño.
La radio fue testigo del
interminable diálogo de Antonio con todos los grandes: directores, poetas,
cantores. Fueron célebres sus reportajes, desde los que realizó en radio El
Mundo durante las décadas del 40 y el 50 hasta los que difundió por radio
Rivadavia desde La vida y el canto. Material
de una riqueza extraordinaria que sólo fue emitido una vez y permanece inédito
en gráfica, casi virgen.
Su discoteca es parte de una
vasta biblioteca en la que conviven incunables,
fotografías, cartas, retratos,
carátulas, portadas; la innumerable gráfica del
tango. Este libro es apenas un índice de esa doble riqueza: la que
guarda en su casa y la que lleva en su corazón.
Final
No hay tango sin
ciudad. Arisca, imprevisible, víbora o ardilla según te vaya en
la conquista, Buenos Aires aprendió a pedir cada vez más por hacerte un
favor, a darte todo porque sí, y a quitártelo de un solo
manotazo. Le sobra carpeta: va de la farsa al dolor y del llanto a la
alegría como quien mueve un caramelo dentro de la boca. Hoy juega el
cuatro del desprecio, mañana la sota de la compasión y nunca le adivinás
el juego. Sabe aplaudir aunque no corresponda y sobre todo cuando
corresponde. El siglo nuevo la hizo pragmática: ama el buen gusto
pero negocia con el mamarracho. Buenos Aires es al mismo tiempo lo que
hace de vos, lo que hace con vos y lo que te deja hacer.
No nos une el amor sino el
espanto. Será por eso, Antonio, que la queremos tanto.
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martes, 22 de diciembre de 2015
Y quieren volver ( a los '90) nomàs...
![]() |
| Michetti: "Lo volveremos a hacer" |
“Quieren volver a los ‘90”, una de las francas
advertencias que bautizaron “campaña del miedo”, se va concretando en estos pocos días de Macri
en La Rosada, que ya parecen años.
La obediencia al imperio difamando a
Venezuela, la oda a la Alianza del Pacífico (el moderno ALCA) y el ninguneo al
Unasur, expresan nada menos que el
retorno de “relaciones carnales” en política exterior, así como en lo económico
la desesperación por “arreglar” como sea con los fondos buitres, decisión que hundirá
al país y a cada uno de nosotros, aunque rendirá millonarias comisiones en dólares
a los “facilitadores”.
Para el nuevamente vigente “achicar el Estado es agrandar la Nación”
debemos remontarnos no solo al menemato, sino a Martínez de Hoz y la feroz
dictadura que, con el mismo discurso, hablaba del “gasto público” para
recortar, o eliminar, las inversiones en salud, educación, vivienda social o
infraestructura para el desarrollo industrial.
De esa, y otras épocas anteriores, viene
aquello de que el salario es un “costo” que debe achicarse; que hay que reducir
los aportes patronales para generar empleo (como lo hizo brutalmente Domingo Cavallo
y generó la mayor desocupación en décadas); o que hay que “sincerar precios”
liberando la exportación con traslado a los precios internos, es decir que los
argentinos paguemos lo que producimos con nuestro suelo y nuestro trabajo al
mismo precio que los exportadores se lo cobran a los ingleses o los suecos: el lomo
a $ 1.500 como acaba de reclamar la Sociedad Rural, pero tambièn los granos, la
energía, todo). La inflación, claro, se resuelve con recesión: baja del poder
adquisitivo/comercios vacíos y libertad para importar/quiebra de la industria
nacional, y obreros en la calle.
![]() |
| Macri en el Mercosur: ataque a Venezuela, oda al nuevo Alca (Alianza del Pacìfico) y ninguneo al Unasur. Las nuevas "relaciones carnales". |
Tan en los 90 estamos que hoy la señora
Michetti volvió a repetir la cantinela con la cual comenzó la masacre a los
piqueteros con el asesinato de Teresa Rodríguez en Cutral-Có:
- “SI IMPIDEN EL TRÁNSITO, VOLVEREMOS A HACER LO MISMO” (reprimir a los trabajadores sin sueldo ni trabajo de Cresta Roja)
- “HAY CONFLICTO DE DOS DERECHOS Y EL DERECHO DE UNO TERMINA DONDE COMIENZA EL DE LOS DEMÁS”.
La primera frase es una ratificación de su
voluntad represiva del conflicto social que ellos provocan y seguirán provocando
con su política.
La segunda es una manipulación leguleya de un
supuesto sentido común.
Sin duda hay dos derechos en conflicto: uno el
de transitar; otro el de manifestar y reclamar libremente.
Sin embargo, ¿son iguales esos derechos? ¿Tiene
el mismo valor para el ser humano y la sociedad el derecho a transitar (que hay
muchas maneras de garantizarlo, sin reprimir) que el derecho a trabajar y vivir
dignamente, no solo atacado, sino arrasado por la falta de pago y la desocupación
que condena a 5.000 familias al hambre y la desesperación?
No tengo dudas que, llegado el caso, uno debe privilegiarse sobre el otro. Michetti
tambièn, pero no es el mismo.
Pero la vicepresidente va más allá. ¿Qué quiere
decir con el latiguillo acerca que el derecho de uno termina donde comienza el
de los demás? ¿Qué uno de ellos debe ser relegado, desconocido, reprimido?
Concretamente, ¿si se vulnera el derecho a
transitar libremente, el derecho a la vida y la libertad muere, se extingue?
Para Michetti y el gobierno macrista sí. La respuesta es la represión.
No señora vicepresidente. No señor Macri. El
pueblo, que no es lo mismo que la ciudadanía, está dispuesto a pelear por cada
derecho ganado y que pretendan arrebatarle, con organización y decisión. Y una
parte de la ciudadanía (si, esa que creyó a quienes confundieron cadenas
nacionales con una dictadura) seguramente irá comprendiendo que le va la propia
suerte y la de sus seres queridos en ello.
Nosotros no confundimos República con
Democracia, esa vieja trampa liberal que quiere reemplazar la segunda por
instituciones que –las más de las veces-- son herramientas de su mordaza o liquidación.
Queremos y luchamos por una REPÙBLICA DEMOCRÁTICA, los dos términos bien
juntitos.
No esperamos, no observamos pasivamente, no
otorgamos días, ni siquiera minutos de gracia.
Cada decisión que enfrente lo conquistado tendrá
su respuesta, en pleno uso de las atribuciones constitucionales y ejercicio de la
democracia que pagamos con cárcel y sangre, nuestra y de nuestros compañeros,
mientras estxs señorxs, sus padres y abuelos, se enriquecían con el sacrificio
de las mayorías, con las mismas recetas, y hasta los mismos apellidos.
![]() |
| Pollack, el supuesto mediador, abre la puerta para que los enviados de Macri acepten las exigencia de los "fondos buitre". |
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