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lunes, 19 de diciembre de 2016

Macrismo y Capitalismo: Diagnóstico y Programa De Lucha



“El pasado no se puede modificar; el futuro es incierto; el presente es de lucha”. Una consigna rigurosa para volver a pensar quiénes somos, qué nos pasó y qué debemos hacer de cara a lo que viene, nos propone en estas notas Norberto Colominas, periodista y escritor.
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El nuevo gobierno del PRO es bien capitalista, es decir genuinamente ladrón, puesto que el capitalismo se basa en  un robo: la sustracción y acumulación de plusvalía, que consiste en pagar un salario inferior al valor que produce un trabajador durante un mes. Este es el origen de la ganancia y la única explicación racional de cómo se produce la acumulación del capital: simplemente, plusvalía sobre plusvalía. El hecho de que esto sea aceptado en casi todo el mundo lo vuelve legal, pero no legítimo.

El macrismo es una formación capitalista de las peores, porque representa al estamento más concentrado de la economía, el financiero-exportador, y por ende al más explotador de todos, puesto que no se basa en la ganancia industrial (que producen las fábricas) sino en la renta del dinero (que generan los depósitos en y los préstamos de los bancos).

El peronismo también es capitalista, pero no representa al mismo sector económico ni social. Por eso a derecha lo estigmatiza llamándolo “populismo”.
El PRO se propone aumentar la extracción de plusvalía mediante una reducción del salario real, por la vía de no aumentar las remuneraciones tanto como la inflación, es decir un aumento nominal que no compense lo perdido, como ya lo anunció  el ministro Prat Gay.
Si no le queda más remedio, el sindicalismo peronista resistirá ese intento del oficialismo, pero antes tratará de negociar un acuerdo aceptable;  difícilmente lo consiga, pero, como siempre lo hizo, aún con dictaduras militares, lo hará de nuevo.

Según la OCDE, el PBI argentino crecerá en 2016 un 0,7 por ciento, lo que no compensa el aumento de la población, y si se ajustara por inflación casi no habría crecimiento.
En un segundo plano, la lucha por el ingreso tiende a calcarse con la lucha política por la hegemonía. Un peronismo dividido --como aparece hoy-  difícilmente pueda plantarse frente al gobierno con la posibilidad de torcer su rumbo. Antes de intentarlo deberá recuperar la unidad partidaria y programática, pero eso no es tan fácil como decirlo.


La derrota

La derrota ha sido dolorosa, pero no abultada. Se perdió por menos de tres puntos. Allí no está el problema. Los malos candidatos --que todos conocemos--  ya son parte del pasado, tanto como quienes se equivocaron al  elegirlos.
Ahora toca ordenar las ideas y empezar a vislumbrar una recomposición basada en nuevas ideas para enfrentar problemas que se arrastran sin resolver desde la fundación del justicialismo.

Las banderas siguen siendo las mismas de siempre. Lo que se espera de nosotros es una nueva lectura, una puesta en valor de los principios históricos de justicia social, soberanía política e independencia económica; una adaptación basada en el reconocimiento de errores que se cometieron y que no se pueden repetir.

En principio, no se puede andar peleando todo el tiempo con todo el mundoporque eso es soberbio e irrita sobremanera al ciudadano. Y otra cuestión, ligada a la anterior, aunque muy importante: el objetivo de la política es la lucha por la hegemonía, no por el dominio político absoluto,  ya que eso sería tiranía, estalinismo.

Ahora me voy a permitir la siguiente enumeración de problemas, de los que, a mi entender, hay que ocuparse en primer término.

1)    Si los enemigos históricos del pueblo argentino siguen siendo los mismos, y si continúan siendo muy fuertes, como efectivamente lo son, entonces no inventemos enemigos nuevos. Ya tenemos bastante con estos, que son el 3, o, como mucho, el 5 por ciento de la población, pero controlan mecanismos decisivos, entre otros las palancas de la economía más concentrada, los medios de comunicación y, desde diciembre, el poder político. Esto quiere decir que respecto de la amplísima mayoría de la sociedad (mínimo, el 95 por ciento de ella) tenemos dos posibilidades: o representamos sus intereses, o negociamos con la parte a la que no representamos (pero que tampoco se siente representada por el macrismo) en condiciones dignas y en pie de igualdad, sin atropellar a nadie y respetando los derechos de cada quien.

2)    La Argentina tiene una dependencia marcada de su producción agrícola  y ganadera. En términos de propiedad, el campo se divide en tres sectores: la gran estancia, las estancias medias de hasta 1.500 hectáreas, y los pequeños propietarios, de hasta 250 hectáreas o menos. Con estos dos últimos sectores debemos tener la mejor relación posible, y con el primero debemos asegurarnos de que paguen hasta el último centavo de sus impuestos, y que los campos sin cultivar paguen un tributo especial (el olvidado impuesto a la renta normal potencia de la tierra). Esta norma es más efectiva que las retenciones (incluida la soja), porque no afecta a todos sino solamente al sector más rico y al improductivo. Los tres sectores le venderán al estado, que exportará, cobrará los dólares y pagará en pesos en las siguientes 72 horas.

3)    La banca privada nacional y extranjera tendrá que seguir estrictas reglas de funcionamiento determinadas por el Banco Central. Los bancos públicos cobrarán tasas de interés testigo para todos los tipos de préstamos: comercial, de consumo, hipotecario, etc. Ningún banco privado del país (ya sea de capital nacional o extranjero) podrá abrir cuentas sino en pesos ni enviar al exterior suma alguna en moneda extranjera. Los dólares sólo podrán estar en alguno de estos dos lugares: en el Banco Central o en el cochón.

4)    La gran industria será sometida a un severo escrutinio impositivo, y los dólares que obtenga por sus exportaciones serán ingresados en cuentas especiales del Banco nación, quien los pagará en pesos en las siguientes 72 horas de haberlos cobrado.

5) Inflación. Se establecerá un estricto control de precios, empezando por los grandes mayoristas y desde allí para abajo en toda la cadena de distribución y comercialización hasta llegar a las bocas de expendio.
En toda la cadena las cajas registradoras serán cargadas con los precios máximos de cada mercadería (sobre un universo aproximado de 15.000 productos) y serán selladas por la AFIP. La violación por algún sector de la cadena será multada con severidad, con penas de hasta un millón de pesos y/o la cárcel, según corresponda.

6) A los comerciantes mayoristas (y/o acaparadores) que violen los precios máximos se les expropiarán las empresas sin pago alguno. Las mismas serán reconvertidas en cooperativas integradas por sus trabajadores, quienes, a su vez, se comprometerán a respetar dichos precios. Para ello hace falta una nueva Ley de Agio.

7) Las mismas penas se aplicarán a los productores del campo que se nieguen a enviar al mercado su producción, a los precios fijados. Se buscará también recomponer al alza el precio que reciben los productores por sus mercaderías, que hoy es tomado por los mayoristas. Así funciona en China e Irán, y la prueba de que funciona muy bien es que en esos países no hay inflación. (Y China tiene 1.350 millones de habitantes, no 40 y pico).

8)    Con los dos puntos anteriores se acabará con la ganancia inflacionaria, madre de la inflación, y con la inflación misma. No es una receta mágica; está probado que funciona.

9)    Habrá paritarias todos los  años, como corresponde. Y los aumentos deberán superar en un 5 por ciento a la inflación anual, cualquiera fuere, siempre medida por el INDEC (que deberá funcionar como un buen reloj, sin atrasar ni adelantar la hora).

10)  Los medios de comunicación hegemónicos serán expropiados, sin más. Nada de ambigüedades, ya que en el futuro otro gobierno de derecha  puede cambiar cualquier ley, como ya lo están haciendo con la Ley de Medios. Una ley de expropiación, y ya. No se trata sólo de Clarín y La Nación; hay varios grupos más, en provincias, como el Grupo Uno de Vila-Manzano, por ejemplo.

Se repondrá el artículo 45 que Menem eliminó para beneficio de Clarín y compañía. Ese es el origen de los multimedios. En la legislación de Estados Unidos y Francia hay un equivalente del artículo 45 (que prohibía expresamente que el dueño de un medio gráfico pueda poseer uno televisivo o radiofónico) y de allí fue tomado por la Argentina en 1949. Cómo sería necesario ese artículo que los constituyentes de la reforma de 1957 lo respetaron y no lo quitaron de la Constitución. Pero…Menem lo hizo.

Un elemento central a considerar es si un nuevo movimiento político estará dispuesto a llevar esta pelea hasta las últimas consecuencias, es decir, hasta  disciplinar a los enemigos del pueblo. Hasta disciplinarlos, hasta expropiarlos o hasta encarcelarlos, lo que corresponda en cada caso. Sin vueltas, directo y a fondo. Esa será una pelea que merezca ser dada.
La duda de muchos compañeros es si el peronismo  --que tiene los mismos límites que la penosa  burguesía nacional-- está o estará en condiciones de encabezar esa lucha. Pienso que hoy no lo está, pero habrá que esperar y ver.
Compañeros: para que el justicialismo vuelva a ser el movimiento revulsivo (no me animo a escribir “revolucionario”) que fundó Perón debe incluir, a la cabeza de sus políticas, la nacionalización de la banca y del comercio exterior, y un estricto control de precios. Tal como hizo Perón durante sus dos primeros dos gobiernos. Esas decisiones son imprescindibles para quebrar el modelo de acumulación del neoliberalismo. Sin esas medidas fundamentales no hay justicialismo. Habrá otra cosa, incluso algo aproximado al progresismo, pero no será justicialismo.


Levantemos el ánimo, porque, como sabemos, las derrotas enseñan más que los triunfos. Aprendamos, entonces, de ésta última.

viernes, 1 de enero de 2016

Antonio Carrizo, una metáfora de Buenos Aires

Hoy murió Antonio Carrizo a los 89 años. La noticia impacta a millones de argentinos y sorprende a otros que --en esta sociedad vertiginosa y con tantas lagunas en su memoria-- no oyeron siquiera hablar de él, enfermo y recluido hace años.

Los de mi generación crecimos escuchando su voz desde la radio, en casa o el trabajo, hipnotizados por su conocimiento enciclopédico, su capacidad para sacar lo mejor de sus entrevistados, sus agudos comentarios y hora tras hora, día tras día, una inagotable fuente de anécdotas de los más grandes personajes de la historia política y cultural argentina, que jamás se agotaba.

Todavía le quedaban muchos años por delante a mi padre cuando me dejó como herencia la amistad de este hombre extraordinario.

Le interesaba particularmente lo que pensábamos los jóvenes de entonces. Me convocaba para charlar en radio Rivadavia, luego en Nacional, o a interminables tenidas bilaterales --donde jamàs dejaba de estar presente Boca Juniors,  otra pasiòn de su vida, en este caso compartida, claro-- en La Biela, en esa Recoleta tan suya, donde el barrio entero lo abrazaba y saludaba.

Luego que renuncié al PC, en 1989, su voracidad por conocer “ese mundo”, que criticaba sin piedad, pero a la vez admiraba y quería, impuso un intercambio donde poco le conté que él ya no supiera (yo ni imaginaba que algún día escribiría mis “Secretos en Rojo” y mis labios todavía estaban sellados para ciertos temas) pero él se empeñaba en discutirme desde el materialismo dialéctico al histórico, sobre Marx, Gramsci o el Che. A veces nos cruzábamos fuerte, tan curioso como intransigente en sus "verdades" No pocas veces, me deslumbraba con historias de vida increíbles: “¿Querido (siempre me decìa asì), sabías que el “Gato” Barbieri lo conoció a tu viejo gracias a mí? No lo podìa creer” Resulta que el saxofonista latinoamericano más importante de todos los tiempos y uno de los más grandes de la historia del jazz, que tocó con los mejores, “era el que nos vendía los bonos de la campaña financiera del PC” en los ’50.  Nada menos, y me lo dice como al pasar...

De la misma manera, ya en el nuevo siglo, algo que todos sabíamos,  su amor y conocimiento del tango y sus figuras, se me reveló en su verdadera magnitud, como la insinúan las siguientes líneas inéditas de mi amigo Norberto Colominas, que con Antonio escribía hasta 2008 “Carrizo y el Tango”,  cuando la enfermedad quebró su brillante inteligencia, tornó inaccesibles anécdotas, impidió recorrer los anaqueles de su interminable biblioteca y archivos tan inéditos como desconocidos. Aquel libro ya no será, pero en este Prologo que Colominas ya había redactado, y me hizo llegar hace unas horas, va mi homenaje a ese símbolo de la radiofonía argentina, pero sobre todo a un gran tipo, un enorme ser humano.


Extraña Buenos Aires, totalizadora como los dioses que vinieron en los barcos, destotalizada como el tango, esa música del antihéroe que si no llora, no mama y si no afana es un gil. Seductora, filosa, con todo el empuje caótico del siglo nuevo, del mundo viejo, la ciudad envilecida se traga una bengala y vomita el agua negra del subsuelo. Mata doscientos en una sola noche pero humilla pibes cada día. Siglo XX Cambalache. No nos une el amor sino el espanto.

Las palabras no inventan la realidad, sólo aluden a ella; algunas veces la niegan, otras la exaltan, o la justifican, y casi siempre la disimulan. Algunos quisieran privatizar la vida y reservarse el derecho de contarla. La eliminación del disenso es el sueño esvástico del pensamiento imperial, no importa si es Hitler, Stalin o Bush el que levanta la bandera de la unanimidad, ese ideal fascista. Estoy tentado de escribir no pasarán, pero no lo haré porque cada vez que escribimos eso, pasaron.

El fulano destotalizado es existencial, agonista. Las consignas le caen pesadas, salvo la de ir por la vida con los ojos abiertos para mirar y ver. Quizá algún día los descomunales asesinos del 76 pasen otra vez. ¿Quién garantiza lo contrario? ¿Acaso los descomunales asesinos de Irak? ¿Acaso Europa, que todo lo consiente por un vaso de petróleo? 


Ayer nomás
  
A Borges se le hizo cuento que empezó Buenos Aires; a Carrizo, que empezó el tango. Si hace un rato tocaban a parrilla los primeros compases en el café de la esquina; si dos cafishos acaban de inventar esa danza de prostíbulo y abulia que todavía no multiplica 2x4; si Carlos Gardel, más francés que el camembert, aún entrena la gola cantando foxtros, pasodobles y rancheras, pero también gatos, zambas y otras canciones criollas que todavía no se llaman folklore; si unos extraviados vecinos de la otra orilla no habían difundido la fábula de que el morocho del Abasto nació en Tacuarembó. Pequeños homeros y su ilíada trucha del Río de la Plata. Homeros grandes como Manzi, Alsina Thevenet o Expósito jamás convalidaron esa tontería. Tampoco lo hicieron uruguayos serios como Juan Carlos Onetti, Eduardo Galeano, Alfredo Zitarrosa o Víctor Hugo Morales. Las cosas en su lugar: el tango nació en Buenos Aires y Carlitos en Toulouse, como lo demuestra con las escrituras en la mano Enrique Espina Rawson, nuestro gardelista en jefe.

Tango argentino, entonces, ya que tambièn lo hay uruguayo, colombiano, finlandés, japonés y de innumerables geografías. Tango para todos y de todas partes, porteño y universal. De tango somos y de fútbol también. 


 Antonio y el tango
  
El vínculo de Antonio Carrizo con la música de Buenos Aires se inició en los 40 y llega hasta hoy. Ese amor correspondido atesoró poetas, cantores, músicos, orquestas; la épica sonora del tango, contraseña de los argentinos en cualquier lugar del mundo.

La vasta formación de Antonio nos devuelve, reelaborado, el nacimiento arrabalero del tango, desde las primeras composiciones hasta La Cumparsita; desde las guitarras robadas al flamenco hasta el bandoneón de Arolas; desde la maestría poética que alcanzó con Homero y Cátulo (¡qué injustas son las enumeraciones!) hasta el extraordinario desarrollo musical que le dieron Troilo, Di Sarli y más acá Piazzola. Tanto que a mediados del siglo XX el tango ya ocupaba junto con el jazz un lugar privilegiado entre las músicas del mundo.

Como el jazz, el tango no ha dejado de reinventarse para volver a ser, de un modo secreto, otro y el mismo; el de hoy, el de siempre. El tango no dejó de evolucionar porque nunca dejó de ser, con Buenos Aires, una y la misma cosa.

El tango es el sonido de esta ciudad llamada Buenos Aires, aunque nacida Santa María del Buen Ayre, en homenaje a la virgen que empujaba los barcos en los que navegaban hacia América los marineros andaluces, a fuerza de sextante y audacia, arrastrados por la pasión del oro. El puerto de Palos, de donde zarpó Colón, y las ciudades de Cádiz y Sevilla, sedes de organismos imperiales que regían estas tierras, son territorio andaluz. Así llegaron a Buenos Aires los Fernández, Pérez, Rodríguez, González, Gómez, Díaz y cuanto apellido grave terminado en z, descendientes de los moros castellanizados por Madrid. En esa tropa también vinieron judíos cristianizados como Saavedra y otros por el estilo, con doble a, y algunos esdrújulos como Álvarez. Pero los argentinos decidimos que en vez de andaluces eran gallegos (ya fueran del norte, es decir nietos de celtas, si eran rubios y de ojos claros; ya del sur, mezcla de vascos con gnomos portugueses, cuando salían petisos y cejijuntos). Hacia el 1350, con la expulsión de los árabes del sur de la península, el bisabuelo Abdul Nadim pasó a llamarse Juan Fernández, fue obligado a casarse por iglesia, a bautizar a sus hijos y a ir a misa los domingos. Pero aún con nombre castellano siguió siendo andaluz. Además, los apellidos gallegos tienen otra música: Longueira, Seoane, Oreiro.


Sur
   
El tango nació en esta geografía de metrópoli austral, sureña del sur, y se largó a vivir en una cultura portuaria hecha de fragmentos, de sobras, de retazos. Después creció hasta convertirse en uno de los fundamentos de identidad de Buenos Aires, la ciudad que en 300 años pasó de ser el fuerte perdido de sus dos nacimientos a la capital cultural de Sudamérica.

Esas extrañezas, esas encalladuras, esas contradicciones prepararon el humus que abonaría el nacimiento del tango, un sentimiento que se baila, y así entraría en la vida de los abuelos, los padres y los nietos, porque el tango es de todos, incluso de aquellos que aún no descubrieron lo mucho que les gusta. Los espero después de los 30, le dijo Osvaldo Pugliese a un grupo de estudiantes que admiraban su compromiso militante pero aún no habían sido alcanzados por el tango.

Esas extrañezas, la de los inmigrantes por ejemplo, que en realidad fueron exiliados, porque si bien entre nosotros encontraron tierra y sustento nunca pudieron superar ese estigma de origen. Inmigrante es una palabra escondedora, demasiado neutral para ser justa, un eufemismo que encubre el sentido más duro de expatriado, y aún el lúgubre de desterrado, que definen mejor la vivencia de quienes han debido abandonar su país a pesar suyo, para no morir de hambre, como hace un siglo fue el caso de los abuelos, o simplemente para no morir, como hace cuarenta años ocurrió con sus nietos, nosotros, quienes recién entonces pudimos comprender el dolor de aquellos tanos y gallegos, de aquellos "rusos",  "turcos" y franchutes empujados a vivir bajo otro cielo.

Para los rioplatenses el tango es tierra propia, embajada y embajador al mismo tiempo, no importa el país dónde se escuche. Y es oportuno recordarlo porque el tango se nutrió de esas injusticias viejas y nuevas, de esas lágrimas cruzadas, de esas idas y vueltas por todos los océanos.

Por eso su instrumento emblemático no fue inventado por los quilmes o los quechuas sino por un gringo rubio, europeo del centro y no del sur. Ese instrumento fue inventado en Alemania por un luthier llamado Band, que nunca estuvo en la Argentina, que nunca escuchó un tango y que ya había muerto hacía mucho tiempo cuando Mi noche triste se tocó por primera vez. A Band se le dio por inventar un instrumento basado en la mecánica del fuelle; de ahí el apodo. Así nació ese hijo natural de la acordeona y el órgano, un cajón articulado amable para las manos, con el que se podía tocar música religiosa en las procesiones, ya que los órganos eran demasiado grandes para sacarlos a la calle, y las acordeonas demasiado mundanas. Ese híbrido pudo llamarse banda, bandeja, bandido, bandeirante, pero fue bandoneón. 

Y el bandoneón --un inmigrante más-- fue trasplantado del incienso de las novenas al humo espeso del cabaret; de los velorios europeos a la triste alegría de los arrabales; de la mitra y el capelo a las alegres mascaritas. Una noche tosió en un patio alumbrado a querosén y fue adoquín, farol, Alumni; después madame Ivone, muñeca brava y Mimí como Ninón; de arranque Cumparsita y al final Corrientes, el puerto y otra vez los océanos, viaje a viaje y barco a barco. Gardel lo cantó en París para el asombro; Borges lo llevó en secreto a su Palermo de esquinas y cuchillos.

El tango está poblado de personajes más trascendentes que los hombres y mujeres que lo difundieron por el mundo, en el sentido de que Gardel fue más grande que su voz, que la suma de sus tangos, que sus películas, que su sonrisa y que su pinta. Por eso el plus, el mito.

Pero Antonio fue amigo de la persona y no del mito, de “Pichuco” antes que de Troilo, del polaco antes que de Goyeneche. Muchos lo admiran por los incontables logros de su carrera; otros lo recuerdan como presentador de aquellos bailes de carnaval en los que la gente se apiñaba para escuchar a las orquestas populares, o como adelantado del tango en televisión; en fin, como bonaerense que llegó de Villegas a los 22 años y se quedó a vivir como porteño.

La radio fue testigo del interminable diálogo de Antonio con todos los grandes: directores, poetas, cantores. Fueron célebres sus reportajes, desde los que realizó en radio El Mundo durante las décadas del 40 y el 50 hasta los que difundió por radio Rivadavia desde La vida y el canto. Material de una riqueza extraordinaria que sólo fue emitido una vez y permanece inédito en gráfica, casi virgen.

Su discoteca es parte de una vasta biblioteca en la que conviven incunables,  fotografías, cartas, retratos,  carátulas,  portadas;  la innumerable gráfica del tango.  Este libro es apenas un índice de esa doble riqueza: la que guarda en su casa y la que lleva en su corazón.

  
Final

No hay tango sin ciudad. Arisca, imprevisible, víbora o ardilla según te vaya en la conquista, Buenos Aires aprendió a pedir cada vez más por hacerte un favor, a darte todo porque sí, y a quitártelo de un solo manotazo. Le sobra carpeta: va de la farsa al dolor y del llanto a la alegría como quien mueve un caramelo dentro de la boca. Hoy juega el cuatro del desprecio, mañana la sota de la compasión y nunca le adivinás el juego. Sabe aplaudir aunque no corresponda y sobre todo cuando corresponde. El siglo nuevo la hizo pragmática: ama el buen gusto pero negocia con el mamarracho. Buenos Aires es al mismo tiempo lo que hace de vos, lo que hace con vos y lo que te deja hacer.

No nos une el amor sino el espanto. Será por eso, Antonio, que la queremos tanto.



lunes, 21 de diciembre de 2015

Las Memorias de Alberto Nadra echan luz sobre historias desconocidas del comunismo argentino

Por Oscar Federico Taffetani

Publicado en por la agencia Télam,  el 19 de Diciembre de 2015, reproducido hoy por Rebelión de Nicaragua, entre otros medios.

Hay secretos que hoy no podría revelar Wikileaks, ya que al momento de acontecer
"El libro de Nadra por momentos nos recuerda
"Gente, años, vida", del gran Ilya Ehrenburg" 
los hechos no había comunicaciones vía web entre los embajadores norteamericanos y su casa matriz en Washington; secretos que tampoco podría revelar una "desclasificación" de archivos en la Unión Soviética (entre otras cosas, porque la federación de repúblicas socialistas así llamada no existe más); finalmente, si los secretos de marras tienen que ver con operaciones de una organización política llamada Partido Comunista Argentino, que navegó buena parte del siglo XX en las aguas mixtas de la superficie y la clandestinidad, entonces, la posibilidad de acceder a la verdad histórica se vuelve aún más lejana...

Es allí cuando resultan imprescindibles los relatos vivenciales, como estos "Secretos en Rojo" que nos entrega Alberto Nadra.

Hijo de un dirigente histórico del PCA y militante y dirigente él mismo, hasta su renuncia al Comité Central del partido en 1989, Alberto Nadra vivió décadas intensas, esperanzadas y trágicas, de la vida política argentina, con una privilegiada cercanía y un contacto directo con los centros de decisión y los avatares de otros protagonistas de esa historia que fue nacional, fue regional y siempre, por supuesto, mundial.

En el nutrido índice del libro, que por momentos nos recuerda "Gente, años, vida", del gran Ilya Ehrenburg (aunque también la autobiografía "Banderas, pasiones, camaradas", de la más próxima Fanny Edelman), hallamos infaltables tópicos de la literatura comunista de América, como la Guerra Fría, la Revolución Cubana y la guerrilla del Che en Bolivia. Sin embargo, hay también en este libro temas y problemas inesperados, con revelaciones sorprendentes y que constituyen su verdadero atractivo.


Una de las sorpresas es "La otra orga. El desconocido aparato militar del PC", relato con el que comienza el capítulo 1 del libro. Allí nos enteramos que desde los años 20 -aunque fundamentalmente a partir de la experiencia de las Brigadas Internacionales en la guerra civil española y, luego de ésta, en la Resistencia del "maquis" francés a los nazis- el PC argentino desarrolló un aparato militar de autodefensa con el que llegó, incluso (a partir de la saga de golpes militares inaugurada en los '30) a plantearse la posibilidad de una insurrección popular en nuestro país, con milicias organizadas como para la toma del poder.

Así como la segunda guerra mundial llevó a todos los países del orbe las tácticas empleadas por el franquismo, el fascismo y el nazismo (un ejemplo preciso es el bombardeo criminal a la Plaza de Mayo y adyacencias, en 1955), así también extendió las guerrillas y formaciones militares antifascistas en todo el mundo y particularmente en América latina. Dos ejemplos claros de esto último fueron las precursoras experiencias de Luis Carlos Prestes en Brasil -a partir de los '30 y hasta los '70- y las de las FARC colombianas desde los años '60 (aunque su origen debe rastrearse a partir del Bogotazo de 1948). 

Hasta en la epopeya cubana de la Sierra Maestra fue decisiva la influencia de las tácticas militares antifascistas. Basta con saber que brigadistas de España actuaron como instructores del Ejército Rebelde, y que el armamento utilizado en la defensa de Bahía de los Cochinos, en 1961, era en gran parte armamento soviético ya utilizado en la segunda guerra mundial. 

Pero lo bueno del relato de Alberto Nadra es que echa luz, justamente, sobre el capítulo argentino de esas experiencias guerrilleras comunistas en el territorio nacional, en escenarios impensados como el Chaco y la provincia de Córdoba.

Otra revelación de las muchas que nos trae el libro -y nos detendremos en ella porque es muy importante- tiene que ver con el trabajo secreto de un grupo de periodistas y militantes comunistas para denunciar los primeros hechos del Plan Cóndor, en las mismas barbas de las dictaduras instauradas en Chile, la Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil, desde principios de los '70.

Describamos el escenario, en toda su complejidad. Si bien el terrorismo de Estado argentino, lo mismo que el de Chile y Paraguay, nació bajo el signo del anticomunismo, como una expresión regional y local de la Guerra Fría, tuvo en 1978 un giro importante en relación con la política del PC argentino. Ocurrió que la entonces Unión Soviética decidió invadir el Afganistán de los talibanes, dominado por saudíes como Bin Laden y que contaba con respaldo de la CIA.

Presentaciònde la primera ediciòn (2012): Osvaldo Nemirovsci, AN,
Norberto Colominas, Eduardo Sigal, y el fallecido Hèctor Valle.
No tardó Washington en decretar un embargo cerealero a la URSS, que fue acatado por la mayoría de los países de la "alianza atlántica". Sin embargo, la Argentina de Videla y Martínez de Hoz, que dependía como nunca de la exportación de las cosechas cerealeras, resolvió no respetar el embargo y seguir exportando granos a la URSS. A partir de ese momento (como suele pasar en tiempos de realpolitik) la URSS comenzó a ser "amiga" de la junta militar argentina y, consecuentemente, la dirección del Partido Comunista Argentino (algo parecido a lo que pasó con la jerarquía de la Iglesia Católica argentina) profundizó la línea de la "convergencia cívico-militar" y comenzó a distinguir entre "halcones" y "palomas" en el seno de las FFAA. Desde Moscú también salieron "instrucciones" para la diplomacia cubana y otras diplomacias comunistas del hemisferio. Fue el peor momento para los organismos de DDHH de nuestro país y el exterior, que intentaban llevar las denuncias de los crímenes de la dictadura a la ONU y a la comunidad internacional.

Sin embargo, en ese contexto tan adverso y utilizando la relativa inmunidad que tenían las agencias de noticias soviéticas, un grupo de militantes entre los que se contaba el autor de este libro acometió la peligrosa empresa de "filtrar" hacia los medios del mundo, sistemáticamente, las denuncias sobre el Plan Cóndor (investigado por primera vez por el comunista Valentín Mashkin) y sobre los crímenes de la dictadura. Notables documentos de resistencia, como la conocida "Carta de un escritor a la junta militar", de Rodolfo Walsh, salieron del país gracias al arriesgado trabajo de un grupo secreto que utilizaba como lugar de trabajo y reunión la oficina de Córdoba 652 11E, en la ciudad de Buenos Aires.

Razones para tener miedo no faltaban. En agosto de 1976 fueron secuestrados por un grupo de tareas los funcionarios de la Embajada de Cuba Crescencio Nicomedes Galañena Hernández y Jesús Cejas Arias. Mientras estaban siendo torturados en el CCD "Automotores Orletti", un anónimo enviado a la agencia Associated Press contenía la supuesta carta de "deserción al comunismo" de esos diplomáticos, cuyos cadáveres se recuperarían e identificarían muchos años después. 

Otra militante comunista, que trabajaba como empleada de limpieza en la Embajada de Cuba -la argentina María Rosa Cancere-, fue secuestrada en aquel duro agosto de 1976. El autor del libro nos refirió personalmente la pesadilla de que lo llamaran a altas horas de la noche, poco después de emitir algún despacho de la agencia criticando a la Junta, para decirle que "María Rosa te agradece el artículo. Cada cosa nueva que publicás, nosotros le subimos el voltaje a la picana".

Esta pequeña historia, que todavía hoy estremece, está contenida en este imprescindible libro autobiográfico que escribió Alberto Nadra, con la colaboración de su hermano Rodolfo y de otros familiares, amigos y camaradas.

Si la licencia retórica de la sinécdoque -ya estudiada por los griegos- nos permite hablar de la parte por el todo; o si expresado en una nomenclatura más actual cada parte de este libro contiene el ADN que permite establecer la filiación y reconstruir la totalidad, entonces cada pequeña historia de estos "Secretos en Rojo" nos permite acercarnos a la gran historia, para hacer el necesario aprendizaje vivencial y político.

A principios de este mes de diciembre, la Legislatura porteña declaró esta obra, por unanimidad, “de interés cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y para la promoción y defensa de los derechos humanos". Merecida distinción.


Y no vamos a contar más. Entreabrimos las hojas de este libro sólo para insinuar la riqueza que contiene. Completarán esa tarea cada lectora y cada lector.

2015, Centro Cultural Kirchner, Presentaciòn de la segunda ediciòn,
 ampliada:Jorge Elbaum, Miguel Nuñez, AN, Raúl Rizzo, y D. Rilo.













martes, 4 de marzo de 2014

Mariano Moreno y el Plan de Operaciones

 
A fines del siglo 19 un ingeniero e investigador argentino, Eduardo Madero, quien estudiaba en el Archivo de Indias (Sevilla) la historia del puerto de Buenos Aires, encontró por casualidad un documento que cambiaría radicalmente la mirada sobre la Revolución de Mayo, su carácter y la significación más profunda de los hechos. Ello habría de modificar sustancialmente la opinión sobre el pensamiento y la influencia de  uno de nuestros héroes mayores: Mariano Moreno, quien solamente actuó diez meses en política, entre los 37 y 38 años. Dicho documento se denomina "Plano que manifiesta el método de las operaciones que el nuevo gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata deve poner en práctica hasta consolidar el grande sistema de la obra de nuestra livertad e independencia" (1).
 
El ejemplar hallado era una copia manuscrita del original redactado en 1810 por Moreno, por encargo de la Primera Junta de gobierno, que en sesión secreta del 15 de julio de 1810 había aprobado un pedido del general Manuel Belgrano para preparar un plano (plan) de operaciones que hiciera frente a la grave situación que se cernía sobre la  Revolución. El 27 de junio el diario "La Gazeta" había reclamado acciones punitivas para desbaratar la contrarrevolución que se reagrupaba en Córdoba, bajo el mando de Santiago de Liniers, a la espera de refuerzos realistas que debían llegar desde el Alto Perú.
 
El 28 de julio Moreno firma la orden de fusilar a Liniers y demás cabecillas de la sedición "allí donde se los encontrase". El 26 de agosto Domingo French fusila a Liniers por orden personal de Castelli. Luego del pedido de Belgrano la Junta encargó a su secretario de Guerra, Mariano Moreno, la redacción del plan. El 30 de agosto Moreno finalizó su redacción y el plan fue aprobado por unanimidad de la Junta en sesión secreta una semana después.
 
El 12 de septiembre Moreno impartió las órdenes secretas a Castelli para que se hiciera cargo del Ejército del Norte, arrestara y fusilara a los contrarrevolucionarios de Potosí y el Alto Perú, y marchara hasta Lima. El 7 de noviembre el plan comienza a dar frutos y las fuerzas patriotas derrotan a los realistas en Suipacha. El 15 de diciembre Balcarce, cumpliendo las órdenes de Castelli y Moreno, fusila a Nieto, De Paula Sanz y Córdoba, jefes de la represión a los levantamientos alto peruanos de 1809 y brutales esclavistas de indios. Pero el 18 de diciembre el Jefe de la Primera Junta, el terrateniente, encomendero y propietario de minas de Potosí Cornelio de Saavedra logra derrocar a Moreno, quien será envenenado en alta mar cuatro meses después, en marzo de 1811, mientras surcaba el Atlántico en viaje oficial a Londres. Saavedra lo había mandado a la muerte. 
El secreto mejor guardado

Sabedor de la importancia que poseía el documento hallado, Madero lo envió al general Mitre, quien por entonces se hallaba escribiendo sobre Moreno. La existencia de dicho plan --hasta entonces minuciosamente ocultado por Mitre, Vicente Fidel López y el Deán Funes-- trastocaba toda la ideología escrita como historia argentina por los vencedores de Caseros y particularmente por los de Pavón. El contenido del plan negaba toda la construcción teórica realizada por el genocida del pueblo paraguayo y de los paisanos federales. Negaba todo sentido a la línea Mayo-Caseros urdida por Mitre y Sarmiento y destruía un falso icono de la historiografía escrita por de los vencedores de la nación federal.
 
Por el contrario, el plan vinculaba mucho más a la Revolución de Mayo con el accionar de San Martín en Mendoza, en Chile y en el Perú y especialmente con el gobierno de Juan Manuel de Rosas, al punto que dos de los más estrechos colaboradores de Moreno, su hermano Manuel y el general Tomás Guido (éste, después, secretario privado del general San Martín) serían a su vez estrechos colaboradores de Rosas durante todo su gobierno. Hablamos de Rosas, a quien San Martín le obsequiara su sable antes de partir definitivamente a Francia. Estos datos son sistemáticamente ocultados por la historiografía liberal.
 
El plan negaba de cuajo el anatema colonial  de 'civilización o barbarie' inventado por Sarmiento, el primer Alberdi, Echeverría y los asesinos de Dorrego. Por el contrario, ubicaba a Moreno como un claro  antiliberal y un  americanista convencido, y por ello antibritánico, proteccionista, popular e indigenista. El mismo Moreno que proponía sumar a la revolución a José Gervasio de Artigas (jefe de los gauchos e indios orientales) y a los guaraníes, era partidario de utilizar el rigor revolucionario para enfrentar al terror contrarrevolucionario. Terror del que Moreno había sido testigo cuando la brutal represión que siguió al levantamiento del inca Túpac Amaru, continuado luego con la represión a Túpac Katari y por la forma terrible con que el virrey Abascal había aplastado la Revolución de La Paz de 1809. Conocedor entonces de la barbarie imperial española, Moreno respondía con el rigor revolucionario al mejor estilo de Cromwell y Robespierre.

El 'extravío' de Don Bartolo

La aparición del plan revolucionario de Moreno trastocaba toda la construcción ideológica de Mitre. El general --uno de los pocos vencedores-historiadores, que legara un diario para cuidar el futuro de sus ideas-- no era partidario de los discursos apologéticos, irracionales y falsos al estilo de Sarmiento, quien inventaba defectos inexistentes en sus enemigos.
 
Tampoco utilizaba el sistema de Vicente Fidel López, que hallaba oportunos documentos para justificar sus ideas a veces elitistas y a veces simplemente portuarias, pero siempre racistas, reaccionarias. El general Mitre quería ser más serio y si bien sostenía suelto de cuerpo ideas tales como que la "raza criolla en la América del Sud, elástica, asimilable y asimiladora, es un vástago robusto del tronco de la raza civilizatoria índico-europea a la que está reservado el gobierno del mundo." (2), no estaba en condiciones de negar la autenticidad del documento. Por haber sido el vencedor de la larga guerra civil iniciada luego del derrocamiento de Moreno, dispuso seguramente de mucha documentación --negada a la posteridad-- que probaba la existencia de dicho plan.
 
Obró entonces de la manera elegante que le era característica. Simplemente 'extravió' el manuscrito y por ende no pudo citarlo ni opinar sobre él. No sería la única vez que el astuto Don Bartolo extraviara documentación importante. Cuando muerto San Martín, su yerno, Mariano Balcarce, enviara a Mitre un baúl con todos los documentos que el Libertador dejara sobre su relación con Bolívar, su gobierno del Perú y la histórica entrevista de Guayaquil, con expreso pedido de que se publicara después de su muerte, el general Mitre también 'extravió' esa información tan valiosa. Dichos papeles fueron reconstruidos en parte por los historiadores a partir de la correspondencia entre los Libertadores, las opiniones de Bolívar, de Monteagudo y particularmente las del general Guido, quien se carteó de manera  regular con San Martín durante casi treinta años.
 
Esa documentación negaba de cabo a rabo las tesis de Mitre y su Historia de San Martín, a quien retrata como un prócer local que llevó la revolución 'argentina y porteña'  al resto de la América 'bárbara'. San Martín decía seguramente lo que siempre había dicho y lo que en verdad había ocurrido:su partida del Perú y la necesidad de entregar su ejército a Simón Bolívar se debió principalmente a la traición de Buenos Aires (es decir, del partido directorial-rivadaviano), opuesto a su expedición al Perú y particularmente a conformar la columna que, al mando del general Güemes, debía atacar por el Alto Perú en simultáneo con el desembarco del Libertador en el puerto peruano de El Callao. Eso hubiera permitido liquidar de un golpe la guerra de la Independencia en el corazón del poder español en América y recuperar para el Río de la  Plata las provincias alto peruanas, por entonces sometidas al genocidio realista. Ese era el inicio del gran estado americano con base en el antiguo Incario,  el plan maestro de la Revolución de Mayo.
 
El plan también desmentía que la revolución fuera porteña, “civilizada” o ”argentina”, como sostenía Mitre, sino americanista, mestiza y continental. Al igual que en el caso de Moreno, los papeles de San Martín sostenían que ninguno de nuestros próceres fundadores pensó jamás en las patrias chicas, esas que los agentes del imperialismo británico tales como Rivadavia, Manuel J. García, Mitre y Sarmiento construyeron sobre las ruinas de la patria grande americana, concebida en el plan continental de Miranda e impulsada a partir de la Revolución de Mayo por Moreno, Belgrano, Castelli, San Martín, Bolívar, Monteagudo, Artigas, Güemes, Morelos, Hidalgo, Dorrego y Rosas. El plan de Moreno y el recorrido militar de San Martín marcaban una línea revolucionaria profunda, no reformista, y no sólo diferente sino opuesta a la llevada adelante por el partido pro británico y unitario en sus versiones rivadaviana, mitrista o roquista.
 
Moreno sigue allí

El conocimiento de ese documento fue negado por la historiografía liberal, llegando al paroxismo con Ricardo Levene, en su momento presidente de la Academia Nacional de la Historia, quien ordenara realizar un estudio grafológico --¡¡de una copia manuscrita!! -- para demostrar lo que ya había anticipado el propio Madero: que el documento encontrado por él era una copia y que por lo tanto no había sido realizada por mano de Moreno. Posteriormente, el hallazgo fue corroborado por copias similares halladas en los EEUU y en Río de Janeiro, así como por múltiples referencias a él que figuran en casi toda la correspondencia que mantuvieron entre ellos los miembros de la Primera Junta y de la logia revolucionaria. El propio Alberdi señalaría que "el Plan de Moreno es un aporte de Buenos Aires a la revolución americana" (3).
 
Estas circunstancias obligaron a la historiografía liberal a aceptar su existencia. Pero lo hicieron a regañadientes, de modo que en la enseñanza oficial no se lo menciona o bien se lo hace incidentalmente, sin profundizar en la importancia de su contenido. Al punto que los manuales de historia aún señalan que la pelea de Moreno contra Saavedra, el Deán Funes y Rivadavia se debía al carácter apasionado del secretario de guerra y no a los proyectos políticos contrapuestos que estaban en juego y que el plan del secretario de la Primera Junta había puesto negro sobre blanco.

El plan proponía desde el vamos la construcción de una gran nación -toda la América Española, desde el sur del Mississippi hasta el Cabo de Hornos, tomando como base los casi mil años del Incario, las ricas historias de mayas y aztecas y la cultura común o asimilable de la mayoría de los pueblos americanos, con la inclusión de Brasil,  previo levantamiento de sus esclavos y sus criollos revolucionarios. Era el diseño de una nación poderosa, moderna, industrial, con la tierra repartida  democráticamente entre sus habitantes y con la explícita dignificación de las masas indias y negras. El plan propiciaba la eliminación de todas las formas de esclavización de los indígenas, tales como la encomienda, la mita y los obrajes, devolviéndoles a los pueblos originarios sus derechos y tierras. Su propuesta de nueva nación americana emancipada no dejaba duda alguna acerca de la decisión irrevocable de romper con España (la invocación a 'La máscara de Fernando' es un mero ardid para no enfrentar abiertamente al poder español hasta poder elegir el momento y el lugar más conveniente para hacerlo).
 
La propuesta incluía a negros, indios, mulatos, mestizos, gauchos y criollos por igual. Y en eso Moreno se instala en la vanguardia de su tiempo y del mundo de entonces, apartándose incluso de la calificación de jacobino que recibe de muchos de sus bien intencionados defensores. Moreno y nuestros criollos porteños de la Logia Lautaro (San  Martín, Belgrano, Castelli,  Monteagudo, Rodríguez Peña, French, Guido y Manuel Moreno), incluyendo al montevideano Artigas, proponían, inspirados en Túpac Amaru, la igualdad de todos los americanos.
 
Contemporáneamente, la revolución norteamericana había garantizado los goces de la libertad a todos los ciudadanos, excepto a los negros esclavos y a los indios, quienes no poseían derechos. La revolución francesa obró de igual modo. Los derechos eran para los ciudadanos franceses -los patricios, los propietarios- pero no para los pobres y mucho menos para los esclavos de las colonias, lo que dejó sembrada la semilla para las nuevas revoluciones que se producirían durante los siglos XIX y XX.
 
En cambio Moreno y nuestros próceres americanos proponían la igualdad real, partiendo de la base material de dicha igualdad: la propiedad comunitaria de la tierra, ya que en una sociedad agraria como era entonces América del Sud, la única igualdad posible debía basarse en la distribución de la tierra entre los ciudadanos.
 
La burguesía comercial porteña, aliada con los ganaderos bonaerenses, impediría una y otra vez, a lo largo de nuestra historia, cualquier forma de distribución democrática del suelo. Se apropiaría ilegítimamente de la mayoría absoluta de las tierras de la nación, cerrando el camino al gran país pensado por Moreno. A más de 200 años del plan, con el 50% de la tierra en manos de siete mil (7.000)  familias y empresas, y 20 millones de hectáreas  en manos extranjeras, la Argentina sólo tiene unos 40 millones de habitantes. Los EEUU, si bien distribuyeron sólo entre los blancos la tierra que era de los indios, lo hicieron de forma mucho más democrática, y hoy se aproxima a los 300 millones de habitantes. 
 
La nación de Moreno
 
El plan proponía un estado nacional poderoso que abarcara desde el Sur de los EEUU hasta la Tierra del Fuego, enorme extensión  que Francisco de Miranda llamara Colombiae. Proponía expropiar las 150 principales fortunas mineras --entre ellas las de ricos encomenderos y mineros como Cornelio Saavedra-- de Potosí y de todo el Virreinato para "industrializar la nación". Proponía sublevar a los esclavos de Brasil, anexando su territorio casi en su totalidad. A esta nación republicana, libertaria y seguramente federal --si bien en el plan no figura esa expresión-- Moreno proponía sumar, en plano de igualdad, tanto a los gauchos de Artigas como al pueblo guaraní.
 
A los primeros les encomendará la sublevación de la Banda Oriental, por entonces en manos realistas. Cuestión ésta la de Artigas y sus gauchos a la que siempre se negaron los elitistas y racistas porteños, que proponían, por el contrario, "no ahorrar sangre de gauchos". De haberse llevado a cabo el levantamiento del actual Uruguay cuando Moreno lo propuso, en agosto de 1810, seguramente hubiera ayudado a resolver en  favor de las fuerzas patriotas la campaña militar de Castelli en el Alto Perú.
 
El plan proponía establecer una política proteccionista y (en palabras actuales) "vivir con lo nuestro" en el plano económico. En noviembre de 1810 se prohibió la salida de oro y plata del Río de la Plata con destino a Londres. Esto, sumado a la expropiación de las grandes fortunas permitiría la creación de un estado nacional poderoso para desarrollar la economía. En palabras del prócer: "las medidas a adoptar consistían en expropiar quinientos o seiscientos millones de pesos en poder de cinco o seis mil individuos, expropiación que beneficiaría a cien mil habitantes". Esa enorme suma de dinero en manos de una minoría "no puede dar el fruto ni fomento de un estado, que sí lo darían puestos a facilitar fábricas, ingenios, aumento de la  agricultura, etcétera (...) En esta virtud, luego de hacerse entender más claramente mi proyecto, se verá que una cantidad de doscientos o trescientos millones de pesos, puestos en el centro del estado para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, etc., producirá en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesite para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro del que pesan”
 
Moreno encara el problema central de la Revolución: poner en movimiento y transformar en generadoras de trabajo, bienestar y riqueza colectiva las cuantiosas fortunas atesoradas por la minoría de monopolistas, esclavistas y usureros. De este modo la agricultura, la manufactura y la navegación podrían desarrollarse y el país se independizaría del comercio extranjero (5). Moreno fue derrocado apenas decretó la prohibición de salida de metálico con destino a Londres por los intereses  pro británicos expresados por saavedristas y rivadavianos.
Si bien alentaban buenas relaciones con Gran Bretaña, los revolucionarios, que estaban obligados a aceptar el dominio británico sobre los mares y el comercio mundial porque necesitaban su apoyo para enfrentar a España, recomendaban cuidarse de la ambición inglesa y tomar en cuenta su apetencia de dominio. Con una claridad que aún sorprende, Moreno estampó en el Plan el siguiente comentario acerca de Inglaterra: "reconocemos en dicha nación, en primer lugar, ser una de las más intrigantes por los respetos del señorío de los mares, y lo segundo por regirse siempre todas sus relaciones bajo el principio de la extensión de miras mercantiles, cuya ambición no ha podido nunca disimular su carácter" (8).
 
Ejemplifica los peligros de dichas relaciones con la situación de Portugal respecto de Inglaterra, la cual tiene a aquella "sometida a una vergonzosa e ignominiosa esclavitud (...) que sus fines no son sino chupar la sangre de su estado,  extenuándolo de tal suerte que tal vez sus colonias americanas se conviertan en inglesas algún día (...) Portugal se desengañará a costa de su sangre y destruirá su  despotismo, regenerando sus corrompidas costumbres y conocerá los derechos de la santa libertad de la naturaleza" (8). El Gobierno de Buenos Aires debía impedir que Portugal conquistara "la América del Brasil o la parte de ella que más convenga", y para ello proponía "emprender la conquista de la campaña del Río Grande del Sur, por medio de la insurrección, y los intereses que sacrificaremos con el propósito de proteger la independencia y los derechos de su libertad" (8)Castelli ejecuta el plan 
 
El plan es la base de la campaña militar de Juan José Castelli al Alto Perú y su extraordinaria acción de gobierno desde La Paz y las provincias alto peruanas. Tal vez junto al de Artigas, los más avanzados que hayan habido en América, y más ambiciosos aún que la revolución mexicana, el peronismo, la Guatemala de Arbenz, la Revolución Cubana o el Chile de Allende. Castelli dispuso la liberación de los indios, el reparto de tierras, el cierre de los obrajes, la eliminación de la mita y la encomienda; mandó ejecutar a los contrarrevolucionarios y explotadores, confiscó los bienes de los 'godos' y promovió el rescate de las culturas originales.
 
Su proyecto era derrotar a las fuerzas realistas en el Perú y tomar Lima para llegar a Caracas, donde entonces luchaba Francisco de Miranda a la cabeza de la revolución venezolana. Esa intención (concretada años después por Bolívar tras recibir el ejército de San Martín en Guayaquil) señala fuera de toda duda cual era el plan continental y maestro de la emancipación americana, que sosteníanCastelli, su primo Belgrano, y Moreno. El primero y el último habían sido compañeros en Chuquisaca cuando juntos defendían a indios pobres y a esclavos
en el estudio jurídico de otro gran americanista, Esteban Agustín Gascón. Juntos visitaban en dicha ciudad a otros dos célebres americanos: Manuel Ascencio Padilla y su esposa, Juana Azurduy.
 
Castelli mostró una ejemplar tenacidad para enfrentar a los enemigos internos de la revolución como Saavedra, el Deán Funes y los rivadavianos. La tenacidad e insistencia de Castelli, así como la acción política y militar del general  Belgrano --su defensa del norte del territorio del contragolpe español, su propuesta del Rey Inca en el Congreso de Tucumán-- señalan que el plan era el proyecto de la nación americana, explicitado por la Logia de Buenos Aires pero inspirada en la línea mirandiana, tal como se lo trasmitiera Castelli en el Alto Perú a su colaborador Monteagudo y que luego éste discutiera en detalle con el general San Martín.
 
Decía entonces Castelli, al mando del ejército que estaba pronto a marchar sobre Lima, en cumplimiento de las órdenes de Moreno y pese a la oposición de Saavedra: "Toda la América española no formará en adelante sino una numerosa familia que por medios de la fraternidad pueda igualar a las respetadas naciones del mundo antiguo (...) Preveo que allanado el camino de Lima, no hay motivo para que todo el Santa Fe de la Bogotá (las actuales Colombia, Venezuela y Ecuador) no se una y pretenda que con los tres, y Chile, formar una asociación y cortes generales para forjar las normas de su gobierno". (6)
Luego del asesinato de Moreno y la detención y muerte de Castelli, el Plan sería abandonado por un tiempo. Lo retomaría  después la Logia Lautaro, a partir de octubre de 1812, tras la llegada del Libertador al país. Antes, Tomás Guido y Manuel Moreno habían recibido a San Martín en Londres, procedente de España, en la casa de Francisco de Miranda, donde se hospedaran luego del asesinato de Mariano durante el viaje hacia la capital británica. Mientras tanto, a los sesenta años de edad, el gran Miranda estaba dirigiendo la revolución en Caracas.
 
Derrocado Moreno y con Castelli vencido en Huaqui, gracias al desvergonzado boicot de Saavedra y Viamonte --que mantenían correspondencia con los jefes realistas, a quienes comunicaban los planes de Castelli--, con Belgrano de campaña en el Paraguay (otro error de Moreno, que envió lejos al principal cuadro político-militar a enfrentar los justos reclamos localistas de Asunción), en Buenos Aires gobernaba la contrarrevolución, primero saavedrista y luego rivadaviana. A poco estuvo la revolución de ser destruida totalmente, de no ser por la desobediencia de Belgrano a las órdenes liquidacionistas de Rivadavia, quien lo intimó a bajar hasta Córdoba y así dejar libre el Norte a las tropas de Abascal, que era exactamente lo que el Virrey del Perú reclamaba. Planes que había conocido Belgrano en documentos secretos capturados al enemigo y que lo decidieron a dar batalla en Tucumán y Salta, donde venció a las tropas españolas, y le dio una vida más a la Revolución de Mayo.
 
Los héroes que vos matáis...
 
En orden a los ocultamientos y distorsiones de la historiografía liberal, mencionemos  a tres personalidades determinantes en el curso de la independencia americana. El general Tomás Guido, que será la mano derecha de San Martín durante toda la Guerra de la Independencia, su principal consejero y lo que hoy llamaríamos "principal operador político". Después, tras el autoexilio del Libertador, Guido se convertirá en uno de los más sólidos pilares del gobierno de Rosas.

El otro gran continuador del plan --miembro prominente de la Logia Lautaro creada por Miranda-- será Bernardo de Monteagudo, segundo de Castelli en el Alto Perú hasta su detención por la contrarrevolución saavedrista. Liberado de la cárcel realista, en Chuquisaca, en 1809, por el ejército de Castelli, se convertirá junto a Guido, a partir de 1812, en uno de los colaboradores políticos más estrechos de San Martín, primero, y de Bolívar después, en el Perú. Será Monteagudo el redactor de las resoluciones de la Asamblea del año XIII y de las actas del Congreso de Tucumán, tres años después. De su puño y letra se escribirá que nuestra Declaración de la Independencia se hizo a nombre de las Provincias Unidas de Sud América y no del Río de La Plata, como la tergiversará el mitrismo. De la misma manera Monteagudo, San Martín, Belgrano, Bolívar --entonces desde Jamaica--  Guido, Manuel Moreno, Martín Güemes y Pueyrredón serán quienes exijan que los Directores Supremos elegidos desde 1816 se denominen Directores de las Provincias Unidas de Sud América y no del Río de la Plata, como esgrimen falsamente Mitre, Paul Groussac, Vicente Fidel López y Sarmiento.  Antes de cumplir 55 años Monteagudo sería asesinado en Lima por enemigos de la revolución.
 
Monteagudo  será asesinado en una calle de Lima por los intereses reaccionarios que se daban por satisfechos con haberse desembarazado de la tutela española y no querían profundizar ninguna revolución, y mucho menos una que incluyera gauchos, indios, negros y mestizos. En una célebre proclama, y para el caso de que no alcanzaran los uniformes para vestir a toda la tropa que se preparaba para cruzar Los Andes, el mestizo San Martín propuso hacer la guerra "en pelota, como nuestros paisanos los indios; seamos libres, lo demás nada importa"
 
El tercer entenado de la historiografía liberal, el más conocido de los tres (y al mismo tiempo el más desconocido) es Castelli, quien junto con Moreno y Belgrano integró el núcleo duro de la Revolución de Mayo. Entre otras muchas cosas, fue también su primer jefe militar y “el más peligroso tupamaro independentista", según lo calificaba la policía secreta española ya en 1803 (4). A casi dos siglos de su muerte, el escritor Andrés Rivera le rindió cumplido homenaje en su novela "La revolución es un sueño eterno".
 Norberto Colominas
 
Referencias

1)  Moreno, Mariano. El Plan Revolucionario de Operaciones. Editorial Plus Ultra. Buenos Aires, 1993
2)  Mitre, Bartolomé.  Historia de San Martín y la Emancipación Americana, 1887, capítulos 1 y 11.
3)  Citado por Shumway, Nicolás. La Invención de la Argentina. Emecé, 1993
4)  Pigna, Felipe. Los mitos de la historia argentina. Norma, 2004.
5)  Chumbita Hugo. Curso de Historia Argentina, Universidad Nacional de la Matanza, 2004, página 76.
6)  Pigna, Felipe, ob. cit. Pág. 297
7)  Roca, Deodoro, “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”. Córdoba, 1918.
8)  Chumbita Hugo, op. cit. Pág. 37.