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lunes, 8 de junio de 2015

Cristina y Julio: mi corazón en Roma

Cristina y Julio Frondizi. Mi corazón en Roma.

"Me reuní con hombres y mujeres que tuvieron que partir del país por razones políticas y hoy viven en Roma", aseguró la mandataria en rueda de prensa tras su reunión con el Papa Francisco en el Vaticano. Estuvo "el hijo de Silvio Frondizi, Julio, que vive aquí en Italia, cuyo padre fue un reconocidísimo intelectual que fue asesinado por la Triple A en los años 70". "Me dijo que va a intentar volver a la Argentina, estuvimos con ellos y me entregaron unas cartas muy especiales", afirmó

La charla entre Cristina Kirchner y los exiliados superó la hora. Ellos le contaron de sus actividades y de cómo, entre otras cosas, encararon una campaña en Roma contra los fondos buitre. También fueron hablando de sus historias individuales. Fue entonces, cuando Frondizi le contó que había intentado regresar a la Argentina pero no había podido y que ahora estaba pensando hacer un nuevo intento. “La Presidenta lo tomó de la mano y le empezó a enumerar los motivos por los que debía volver. A él se le llenaron los ojos de lágrimas. Todos nos emocionamos”, contó otro de los partícipes de la reunión,  relata cuenta la crónica de Página/12.

Busco imágenes en el portal de la Casa Rosada. Me detengo largamente en una.

La foto me devuelve la sonrisa endurecida pero entrañablemente reconocida de Julio, aquella entre pícara y tímida con la que compartimos tantos momentos de la lucha contra la dictadura de Onganía-Levingston-Lanusse. Esa amistad es de hierro. Casi cuarenta años no lograron siquiera mellar la amistad que construimos en las aulas del Colegio Nacional Mariano Moreno, el mismo en el que se graduó Silvio. No volví a ver a Julio desde que despedimos a su padre, con miles de argentinos y una furiosa represión policial del siniestro comisario Alberto Villar,  jefe de la policía de Isabel Martínez, quien no vaciló en secuestrar los féretros.  Años después de la retirada de la dictadura pudimos retomar contacto, que no hemos abandonado, pese a que sólo logramos ejercerlo mediante cartas, y ahora veloces mails.
Alevosa copiada, con fotógrafo incorporado, en el final de Física, en el
Mariano Moreno (noviembre de 1969). En el banco de atrás, Julio.

En mi libro, SECRETOS EN ROJO. Un militante entre dos siglos, cuya edición ampliada Corregidor se prepara a distribuir en las librerías durante junio, recuerdo en un par de párrafos:
Estábamos protagonizando las primeras protestas estudiantiles que renacieron después de un tiempo de “absoluto” silencio que impuso la dictadura de Onganía hasta 1969 (…) Aún me conmueve la tímida sonrisa cómplice de otro amigo de entonces: Julio Frondizi, hijo del inolvidable Silvio –asesinado por la “Triple A” el 27 de septiembre de 1974—cuando, un marea de cintas negras en los sacos azules de los varones y en los guardapolvos blancos de las chicas invadió los colegios de la ciudad: “Bello, Cabral, los vamos a vengar”.
Estábamos pariendo los ’70.

Mi cariño por Julio, mi "hermano mayor", según su permanente ostentación del par de meses que separaron nuestro nacimiento,  jamás estuvo en discusión, como tampoco el que siento por Silvia, también hermana en la distancia.

Sin embargo, el aporte intelectual de Silvio sólo pude valorarlo con el tiempo.

En aquellos años cuando acompañando a Julio visitaba su casa en Almagro, Cangallo al 4.000, quise –mucho-- al gran ser humano,  que me  contó de su respeto por mi padre, y me brindó su sincero afecto cuando mi dogmatismo no me permitía escuchar mucho más que mis "verdades". El me ayudó con paciencia a escuchar otras.

La plenitud de esos recuerdos se mezcla, invariable e inevitablemente, con las desesperadas acciones para lograr su aparición con vida luego de su secuestro por un comando dirigido por el subcomisario Juan Ramón Morales y el subinspector Rodolfo Almirón Sena, ambos bajo las órdenes del máximo responsable de este grupo paramilitar, el entonces Ministro de Bienestar Social, José López Rega, funcionario preferido de Isabel Martínez, que todavía debe rendir cuentas por esos centenares de crímenes. 

Silvio fue secuestrado de su domicilio, a cuadras del Parque Centenario y a plena luz de del día, para luego acribillarlo con saña y cobardía (52 disparos por la espalda) en los bosques de Ezeiza. Previamente, al intentar evitar el secuestro, también fue asesinado su yerno, Luis Ángel Mendiburu, esposo de Silvia, quien era ingeniero, profesor de la UTN y militante de Juventud Universitaria Peronista (JUP). Julio, impotente pero lejos de paralizarse, disparó con una 22 a la patota de metralletas, FAL y 9 mm. Inutilizó uno de los tres vehículos en que se desplazaban, abandonado a las pocas cuadras.

Recién en los ’80 pude descubrir que interpretación y recreación del marxismo fue, quizá, una de las más originales y críticas de Latinoamérica, profundamente revolucionaria, con unas sólida base humanista, con la vista puesta en un hombre total y principalmente libre, fruto de un socialismo no burocrático ni dogmático, un socialismo autogestionario, como nunca se ha logrado, aún, en la historia de la humanidad.  Aún conservo la que pienso su mayor obra, La Realidad Argentina, tapa en letras negras sobre blanco y rojo. Silvio mismo me la entregó. La guardé como el regalo de un luchador querido, la leí mucho después con la avidez del que busca respuestas a los desengaños y nuevos interrogantes que jamás imaginó.

El 25 de mayo, Cristina fue la primera dirigente de semejante nivel nacional e internacional del peronismo, que  denunció claramente “ese” sector de su movimiento que fue capaz de acribillar a Silvio. Sin vacilación al rescatar a uno de los grandes marxistas argentinos, no precisamente peronista, ayer abrazó a Julio Frondizi, su hijo, como quien ratifica que el movimiento nacional y popular es uno solo, y se define por la voluntad Inclaudicable de transformación.

Siento que Cristina le dio a Julio el abrazo que yo demoro, a mi pesar, tantos años.

Y con él, a todos los que la acompañamos, y al mismo tiempo vamos por más: por la liberación nacional y social de nuestra Patria y nuestro Pueblo.

domingo, 22 de junio de 2014

Julio, Rocco, y la eterna presencia de Silvio Frondizi

Silvio Frondizi: a 40 años, el rayo que no cesa.

Estábamos protagonizando las primeras protestas estudiantiles que renacieron después de un tiempo de “absoluto” silencio que impuso la dictadura de Onganía hasta 1969 (…) Aún me conmueve la tímida sonrisa cómplice de otro amigo de entonces: Julio Frondizi, hijo del inolvidable Silvio –asesinado por la “Triple A” el 27 de septiembre de 1974—cuando, un marea de cintas negras en los sacos azules de los varones y en los guardapolvos blancos de las chicas invadió los colegios de la ciudad: “Bello, Cabral, los vamos a vengar”.
Estábamos pariendo los ’70.
Alberto Nadra, Secretos en Rojo. Un militante entre dos siglos, Página 112, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2012.

Esa amistad es de hierro. Casi cuarenta años no lograron siquiera mellar la amistad que construimos en las aulas del Colegio Nacional Mariano Moreno, el mismo en el que se graduó Silvio. No volví a ver a Julio desde que despedimos a su padre, con miles de argentinos y una furiosa represión policial del siniestro comisario Alberto Villar,  jefe de la policía de Isabel Martínez, quien no vaciló en secuestrar los féretros.  Años después de la retirada de la dictadura pudimos retomar contacto, que no hemos abandonado, pese a que sólo logramos ejercerlo mediante cartas, y ahora veloces mails.

Tal vez por eso el impacto del bello discurso de su hijo, Rocco, en el “Salón Rojo” (ninguno más adecuado) rindiendo homenaje a su abuelo, el 18 de junio, en la Facultad de Derecho de la UBA, la misma en la que estudié, y en la que logró su título Silvio Frondizi.

“De niño, mi abuelo era para mí era una foto sobre la mesita de luz de mi nonna Laia (“Pura”) cuando yo iba a visitarla en su casa en el barrio romano de Ponte Milvio.
Era la voz quebrada por el llanto en los recuerdos de los parientes, un clavel rojo sobre el escritorio de mi padre el 27 de septiembre, aniversario de su muerte.
Eran los gestos de respeto cuando, de niño, conocía casualmente argentinos y ellos estrechaban mi mano conmovidos cuando sabían que mi apellido era Frondizi.
Pero fue de grande que comprendí de verdad quien fue este hombre audaz que supo oponerse con la fuerza de sus ideas a las injusticias.
No quisiera referirme a su vida, tan dignamente descrita en el libro “Defensores del pueblo”, ni a su carrera académica y política, como tampoco a los textos que han traducido su pensamiento profundamente revolucionario.
Él fue, sobre todo,+ un abogado y defensor de los derechos humanos, audaz acusador de un régimen de abusos y torturas y pagó con su vida sus denuncias.
Su pensamiento de emancipación humana, su teoría del autogobierno, su aporte a las ideas marxistas, pero sobretodo su continua defensa de los prisioneros políticos, hicieron de él un grande.

Presidía el acto la decana de la facultad, Mónica Pinto, y en visita oficial Catiuscia Marini presidente de la Región de Umbría, Italia, tierra de origen de los Frondizi, rama que crece en Buggio. Marini destacó la trayectoria de Silvio, el defensor de presos políticos, el que se negó al exilio pese a la cárcel y las amenazas, principalmente al impacto de su aporte teórico e intelectual a la cultura universal, anunciando un “Plan de Rescate” de sus obras para difundir en Italia, algo que algunos pequeños, muy pequeños académicos y funcionarios todavía no han hecho. Pasada la furia dictatorial que destrozó su biblioteca y prohibió sus libros, en su Patria jamás se reeditaron las obras del brillante marxista.

Más que una asignatura pendiente, un aplazo vergonzante para la democracia argentina.

El aporte intelectual de Silvio sólo pude valorarlo con el tiempo. En aquellos años cuando acompañando a Julio visitaba su casa en Almagro, Cangallo al 4.000, quise –mucho-- al gran ser humano,  que me  contó de su respeto por mi padre, y me brindó su sincero afecto cuando mi dogmatismo no me permitía escuchar mucho más que mis "verdades". El me ayudó con paciencia a escuchar otras, junto al cariño de Silvia y Julio, mi "hermano mayor", según su permanente ostentación del par de meses que separaron nuestro nacimiento.

Luego, recuerdo las desesperadas acciones para lograr su aparición con vida luego de su secuestro por un comando dirigido por el subcomisario Juan Ramón Morales y el subinspector Rodolfo Almirón Sena, ambos bajo las órdenes del máximo responsable de este grupo paramilitar, el entonces Ministro de Bienestar Social, José López Rega, funcionario preferido de Isabel Martínez, que todavía debe rendir cuentas por esos centenares de crímenes.  Silvio fue secuestrado de su domicilio, a cuadras del Parque Centenario y a plena luz de del día, para luego acribillarlo con saña y cobardía (52 disparos por la espalda) en los bosques de Ezeiza. Previamente, al intentar evitar el secuestro, también fue asesinado su yerno, Luis Ángel Mendiburu, esposo de Silvia, quien era ingeniero, profesor de la UTN y militante de Juventud Universitaria Peronista (JUP). Julio, impotente pero lejos de paralizarse, disparó con una 22 a la patota de metralletas, FAL y 9 mm. Inutilizó uno de los tres vehículos en que se desplazaban, abandonado a las pocas cuadras.

Recién en los ’80 pude descubrir que interpretación y recreación del marxismo fue, quizá, una de las más originales y críticas de Latinoamérica, profundamente revolucionaria, con unas sólida base humanista, con la vista puesta en un hombre total y principalmente libre, fruto de un socialismo no burocrático ni dogmático, un socialismo autogestionario, como nunca se ha logrado, aún, en la historia de la humanidad.  Aún conservo la que pienso su mayor obra, La Realidad Argentina, tapa en letras negras sobre blanco y rojo. Silvio mismo me la entregó. La guardé como el regalo de un luchador querido, la leí mucho después con la avidez del que busca respuestas a los desengaños y nuevos interrogantes que jamás imaginó.

Rocco siguió con sus palabras.

Su vida pública de abogado, político y docente fue siempre de militancia proyectada hacia la construcción del socialismo.
Silvio Frondizi aspiraba a la emancipación del género humano en una visión global que comienza ya desde la Revolución Francesa.
Para él, la función del intelectual era educar a las masas y elevarlas constantemente a la cultura.
Para mi abuelo el camino hacia la realización personal, no era una búsqueda aislada sino que una lucha colectiva.
A esto se debe la responsabilidad que él atribuía a los intelectuales para trasformar la sociedad, democratizando la cultura, permitiendo el acceso a todos a la universidad sin banalizar el conocimiento, metiendo en grado que obreros y burguesía tuviesen las mismas oportunidades, creando así una nueva generación de intelectuales, un “hombre nuevo”.
Algunos consideraban ingenuo su optimismo sobre el poder de las ideas, la fuerza de los argumentos de la razón, pero él fue toda su vida un ejemplo vivo de sus ideales de maestro.
Por lo tanto yo, su nieto, ahora me inclino frente al maestro que supo mantenerse vivo después de la muerte a través de sus ideas que hasta hoy están vigentes, es por esto que en esta ceremonia deposito a nombre de mi familia, una vez más, una manzana, la manzana que mi padre Julio dejó sobre su féretro en 1974 en señal de su amor por él.

Si, una manzana. Roja de sangre y combate. En el formal pupitre del salón académico.  Pero no una manzana cualquiera.  Repito, estoy dispuesto a repetirlo mil veces: “…deposito a nombre de mi familia, una vez más, una manzana, la manzana que mi padre Julio dejó sobre su féretro en 1974 en señal de su amor por él.

Ni el homenaje ni sus palabras, ni la de la Presidente de la región de Umbría se publicaron en ningún medio argentino. Es difícil creerlo pero así es. Dicen que nunca es triste la verdad. Yo creo que sí.
Con Rocco. Tambén con Julio, Silvio, "Pura"...


Suelo escabullirme de los saludos finales, pero este no fue el caso. Me levanté apenas concluido el acto pues en el rostro de Rocco veía, al menos una parte de la imagen de nuestros años con Julio, en el rostro de su hijo.

Jamás imaginé que en ese gesto me ganaría un cross, pero al corazón. Le comenté que Julio siempre me saluda como mi “hermano mayor” y le respondo como “hermano menor”. Para mi sorpresa lo sabía. Me miró y con la misma sonrisa tímida de aquel Julio que conocí, Rocco me miró y sólo dijo cinco palabras que ya no olvidaré mientras viva: "Entonces tengo que llamarte tío"
¿Qué más?

jueves, 3 de octubre de 2013

Graciela, ahora y siempre

GRACIELA PANE tenía 23 años y estaba embarazada cuando fue secuestrada, torturada y asesinada el 3 de octubre de 1975, por el grupo parapolicial Alianza Anticomunista Argentina (las “Tres A”). Dirigente estudiantil y militante de la Federación Juvenil Comunista (FJC).

Graciela tenía 23 años e iba a ser madre; Liliana, 20 recién cumplidos soñaba con lo que, finalmente,  sería una carrera de cantante profesional.   Con su hermana tocaban piano y guitarra, y componían canciones. El 2 de octubre de 1975 una patota arrancó a la mayor de las hermanas Pane de su casa en Sarandí y al día siguiente fue asesinada.
Aquel octubre de 1975, en medio de un verdadero baño de sangre, de una multitud de crímenes, secuestros y atentados con bombas de todo tipo, un grupo de tareas secuestró a Graciela de las puertas de su casa en Sarandí, la torturó con saña a pesar de su embarazo, la asesinó y la arrojó cerca de las piletas de Ezeiza. Graciela era estudiante de ingeniería química de la Facultad Regional Avellaneda de la Universidad Tecnológica Nacional, delegada de su curso, militante del Centro de Estudiantes y de la Federación Juvenil Comunista.
Ese mismo día, un jueves como hoy, la noticia cayó como una bomba en Agüero 833, el edificio sede del Comité Central de la FJC.  Casi 50 compañeros, en distintas tareas y reuniones acatamos inmediatamente las indicaciones de los distintos responsables para mover cielo y tierra, encontrar a Graciela y salvarla: viaje a los princípiales regionales a movilizar a la Fede y al partido, teléfono para avisar a todos los comités provinciales del país. Sabíamos que cada minuto contaba.  Lo habíamos logrado antes con la movilización, a veces acompañada con informaciones reservadas de anónimos miembros del partido o la Fede en los lugares más inverosímiles. También ya a esa altura nos habían asesinado a muchos camaradas, muchos, demasiados para nuestra paciencia juvenil.  Creo que muy poco tiempo atrás habían ametrallado el frente del local de la Fede en Devoto, en la calle Bahía Blanca, pero la respuesta de los compañeros de la guardia, anónimos cuidadores de nuestras reuniones y destinos, los obligó a llevarse, en medio de un fuerte cruce, al menos uno de sus secuaces que había quedado tendido al lado del vehículo que los transportaba.
Entonces trabajaba como periodista y militaba en la Comisión de Relaciones Políticas, en las Juventudes Políticas Argentinas (JPA), las que inmediatamente nos hicieron llegar su solidaridad y apoyo: la JP, terriblemente castigada por secuestros y asesinatos; la Juventud Radical, la Intransigente, socialista, democristiana. Casi todos vinieron inmediatamente a dar su apoyo personalmente.  Pero ese trabajo quedó en manos de Echegaray, Enrique Dratman y otros. Internacionalmente Francisco “Cacho” Álvarez se comunicaba con las organizaciones internacionales para que exijan al gobierno su rápida acción. Lamentablemente, era una rutina memorizada por todos en aquellos días.
Por mi profesión,  lo más indicado era redactar el comunicado de condena y la exigencia de su aparición haciendo responsable al gobierno,  en particular al ministro del Interior, entonces  Ángel Robledo, y a la propia Presidente, María Estela Martínez, alias “Isabel”. Me llevó pocos minutos, las teclas subían y bajaban al latido de mi corazón, algunos datos acerca de Graciela, su edad, la misma que la mía. Hablé personalmente con algunos amigos en los medios, como siempre poco propensos a publicar “denuncias”, y una decena de compañeros salieron en tres coches a repartir los comunicados artesanales, en épocas en las que no existían mails, ni internet, ni fax, ni siquiera fotocopias, mientras los gigantescos  y negros teléfonos de línea respondían, generalmente mal, según un humor incomprensible.
Ninguno durmió esa noche en Agüero, y creo que pocos en todos los locales –muchos entonces—de la zona sur del Gran Buenos Aires; delegaciones, entrevistas, reclamos, recorridas por comisarías y oficinas públicas: miles de jóvenes comunistas haciendo lo posible, desde pintadas a volantes, “habladas” en colegios y universidades.
Por la mañana del viernes 3 de octubre, mi  indignación fue inmensa cuando los principales matutinos no publicaron una línea del secuestro de Graciela.
La noticia de la muerte, y en qué condiciones me la dieron Jorge Pereyra y Patricio Echegaray, entonces, respectivamente, secretario de la Fede y responsable del trabajo con las JPA.  La inmediata convocatoria era previsible, como tantas otras veces mi “oficio” me condenaba a no llorar y escribir. Escribir el repudio por el asesinato de Graciela, la condena a las bandas parapoliciales, la condena a los que impulsaban ese clima de terror para paralizar a los luchadores, y preparar un baño de sangre mediante un nuevo golpe de Estado. A muchos amigos de otras fuerzas les parecía exagerado, algunos incluso creían que “el golpe ya se dio” con Isabel y las bandas.
Ahora sí, el morbo de la mano de la política, la foto de su cuerpo torturado, hallado en los bosques de Ezeiza fue publicada por los diarios, y el rector de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), a la que concurría Graciela, hizo un discurso en el que exaltó la acción “pacificadora” de la “Misión Ivanissevich” (el  fascista interventor universitario designado por “Isabel” Martínez) y alertó que los estudiantes que no lo comprendieran así “sufrirán las consecuencias”. 
Graciela estudiaba Biología en la UTN, era dirigente estudiantil y militaba en la Federación Juvenil Comunista. Había recibido amenazas de muerte por parte de los matones del decanato, al igual que su hermana, que trabajaba en un quiosco del centro de estudiantes. En su denuncia judicial, impulsada por la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, su hermana, hoy la cantante Lina Avellaneda, explicó que tanto ella como su hermana recibieron “amenazas de muerte en los días anteriores al 2 de octubre de 1975, de parte de un individuo conocido como Carlos Alberto Polo, quien presumiblemente se desempeñaba como jefe de Seguridad de la UTN de Avellaneda, y también por parte del propio rector de la referida universidad, Agustín Monteagudo, y su colaborador Raúl Bronzzini”.
Estos fueron denunciados penalmente ante la policía provincial y el Juzgado de Instrucción Nº 5 de Lomas de Zamora, a cargo del doctor Mario Moldes, quedó en la nada. Por entonces, también se abrió una causa federal contra los responsables de la Triple A, pero tampoco prosperó. Luego vino la dictadura y recién al retirarse los militares, alguien se acordó de que López Rega estaba en un exilio dorado en los EE.UU. y lo trajeron, pero al morir éste, la causa volvió al sueño de la injusticia. Por la vinculación entre esas intimidaciones y el posterior secuestro y asesinato de Graciela Pane declararon Florentino Narváez, dirigente del centro de estudiantes que fue detenido junto con Graciela por la policía bonaerense días antes de su asesinato, y el actual decano de la UTN de Avellaneda, Jorge Omar Del Gener. Por esos días, las noticias sobre los asesinatos de la Triple A aparecían en los medios, por lo que este hecho tuvo repercusión nacional y a nivel local, en Avellaneda, donde el Concejo Deliberante se solidarizó con la familia Pane.

José Schulman, entonces dirigente de la Fede de Santa Fe, y actual secretario de la Liga Argentina por los Derechos del hombre (LADH) recuerda que recién a finales de 2006 que al ser capturados en España los jefes policiales Morales y Almirón, el juez Oyarbide «encontró» en un armario de su despacho la causa dormida desde 1975, fue entonces que los familiares de Graciela, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y su partido nos presentamos ante el juez a reclamar que incorpore su caso a la causa. Fue entonces que los defensores de los represores adujeron caducidad de ésta porque consideraban que matar a una muchacha embarazada, como parte de un plan de exterminio de una cultura política de rebeldía y resistencia al capitalismo, no constituye un «crimen de lesa humanidad», luego de eso, el camarista doctor Freiler creyó estar inhibido de actuar por haber presentado en algún momento un  escrito sobre no sé qué cuestión de la causa…. y ese aparente “equívoco” demoró la causa otros catorce meses, hasta que sí, la Cámara Federal de Buenos Aires votó dos a uno que eran crímenes de lesa humanidad y que correspondía investigar. Fue entonces, prosigue Schulman, que “el fiscal Taiano se tomó todo el tiempo del mundo para elaborar un dictamen que presentó a finales del 2008 consintiendo investigar. Pero igual la causa sigue inmóvil. Paro. Yo no sé cómo contar estas chicanas jurídicas absolutamente delirantes e inentendibles para cualquiera que no pertenezca al mundo de los Tribunales Federales, así que opto por algo parecido a la ironía para decir que estoy harto, harto hasta al hartazgo, de la hipocresía y la falsedad de los que convalidan la impunidad con caras de «yo no fui ni lo volveré a hacer»” (…). Porque Graciela estaba ahí, vivita y coleando, con un niño en sus entrañas y un poema en su  mirada, con sus temores y sus alegrías -como todos los de esa época-, y la mataron. Y su crimen está impune”.

jueves, 4 de julio de 2013

¡Que no pretendan cambiar la historia!

  
   Ayer, por la noche, al senador Adolfo Rodríguez Saá le pareció "una diferencia muy grave" que una ley con media sanción para reparación a presos políticos se alicara a los encarcelados  a partir del 6 de noviembre de 1974, cuando se declaró el Estado de Sitio, en lugar del 24 de marzo de 1976, día del Golpe Militar, concepto que el "peronismo" derechista que se la da de "republicano" viene defendiendo, y con él trabando y limitando en el Parlamento las leyes de reparación desde hace años.
   El 3 de julio, en la Cámara Alta, se impidió el tratamiento por una cuestión de imprecisión/cambio del texto en Diputados, pero ese no es el problema ni los que les preocupa: estos señores van por la limitación de la ley, para ocultar su propia vergüenza en esos años, y su todavía improbable reconocimiento tras 30 años de democracia.

   Desde ahora hasta el 31 de julio, cuando se volverá a tratar la media sanción de Diputados intentarán modificar el texto original, o finalmente cambiarlo, cuando en realidad deberían ampliarlo, incorporando, como en la ley promovida por el ex diputado del FPV, Dante Dovena, todos los casos comprobados de Terrorismo de Estado, aún los cometidos en democracia, que no fueron pocos.

   ¿No hubo terrorismo de Estado en el bombardeo de 1955 a Plaza de Mayo, como antes en la Semana Trágica o la Patagonia Rebelde, durante el Plan CONINTES,  Trelew o en la misma masacre de Ezeiza, para citar casos paradigmáticos?

    Informamos a los legisladores, tanto a los liberales conservadores, que no quisieron ni quieren ninguna reparación, como a los que se autodefinen como peronistas y coinciden con la indignación del diario de los Mitre, o La Nueva Provincia,  que durante la gestión de Isabel Martínez, sobre todo luego de la muerte de Juan Perón, HUBO TERRORISMO DE ESTADO, mucho antes aún que el 6 de noviembre de 1974.

   En realidad,  una ley de este tipo debería abarcar como mínmo los casos concretos en que las bandas de López Rega, Osinde o Norma Kennedy, junto a las fuerzas policiales, como el ejecutado jefe de Policía Alberto Villar, ejercieron el TERRORISMO DE ESTADO durante un gobierno surgido de elecciones. Entre Ezeiza y la muerte de Perón, el 1 de julio de 1974, las “Proto AAA” (Alianza Anticomunista Argentina) impusieron un ritmo de un asesinato diario en promedio, odiosa palabra para enmarcar la dimensión de la masacre.

    Hector Solasso, poeta y escritor cordobes, comenta que de la lectura del libro-crónica de Andrew Graham Yool , De Perón a Videla, surge un cuadro impresionante del año 1975, a lo largo del cual se contabiliza un promedio aproximado de cinco muertos diarios, entre operativos de la Triple A y, en menor medida, asesinatos de policías y atentados de las organizaciones armadas. Es una falacia de la derecha peronista pretender que la investigación y esclarecimiento de ese nefasto período histórico pueda asociarse con el antiperonismo, cuando las víctimas del fascismo __porque esa es la definición exácta del accionar de las bandas armadas promovidas y amparadas desde el Ministerio de Bienestar Social y otros estamentos del estado__ fueron, mayoritariamente, jóvenes de la JP y dirigentes políticos y sindicales de larga y digna militancia peronista. Sucede que del avance de la reconstrucción histórica, surgirán indudablemente datos comprometedores sobre muchos políticos, gremialistas y periodistas al servicio de la corporación mediática, disfrazados hoy de paladines del republicanismo y la institucionalidad.

   Varios investigadores evalúan en que en ese período tendríamos un total identificado de 1035 ejecuciones sumarias extrajudiciales (brutales asesinatos), 752 compañeros que fueron secuestrados y continúan desaparecidos, y 54 compañeros que fueron secuestrados y liberados. Y a ello se debe sumar unos 2800 presos que permanecieron un tiempo prolongado a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, puesto que muchos de ellos siguieron presos hasta la guerra de Malvinas en 1982 y los miles de atentados que sufrieron locales sindicales, partidarios y las propias casas donde habitaban los militantes que la Triple A perseguía en un número que nos lleva a no menos de 7.000 acciones represivas en unos veinte meses, 350 por mes, más de diez por día.

   Anoche, me comenta en una nota Alejandro Ángel Salvagno Olmedo, en el salón Azul del Senado “estuve con los Cumpas que vinieron por segunda vez de muchas provincias y se fueron con  una profunda amargura”, pero prometiendo regresar,  otra vez, pero ya advertidos, el 31 de julio.

   ¡Que no presionen (y que no se dejan presionar aquellos a quienes confiamos nuestro voto) diputados y senadores para –nuevamente, pues no es la primera vez—volver a imponer una falsa línea divisoria para el inicio de acciones de Terrorismo de Estado, y se repare a las víctimas sin discriminaciones impuestas por quienes protagonizaron, apoyaron o reivindican esos períodos!