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lunes, 2 de diciembre de 2019

La Primera Linea en Chile

    

    
    En la Primera Línea para proteger a los manifestantes contra Piñera y el modelo neoliberal.
    Escudos caseros para frenar la brutal represión de Carabineros. Al lado, los que abastecen con proyectiles para frenar la agresión, y los que lo hacen de líquido antigases (10% bicarbonato en cada litro de agua).
    Más atrás, pero casi pegados, los compañeros pendientes de los arrestos, para intentar el rescate, protegidos con los que dificultan la visión de los carabineros con rayos láser.
    Esta es la “Primea Línea”, junto a la cual apoyan equipos primeros auxilios o de alimentación, para afrontar las 50 largas jornadas que ya lleva la resistencia.
    Recuerdo las bolitas de rulemanes el alambre que de calle a calle se elevaba para derribar a los cosacos y sus caballos en el Cordobazo, o los “compañeros felinos” que lanzados enloquecían a los perros de las patotas policiales, las hondas de David que triplicaban el alcance de proyectiles. Y tantas otras que recorrieron de Azo a Azo la Argentina de los 60/70.
    Nada se ha perdido cuando de defender el justo reclamo popular se trata, ante y hoy vuelven las mejores tradiciones de autodefensa de masas, reciclada, actualizada y modernizada por la creatividad popular.
    Acompaño estas líneas con una notable crónica que pude chequear y confirmar con mis veteranos compañeros chilenos. Aquellos que nos recibieron cuando fuimos brigadistas al Chile de Salvador Allende, los que resistieron a Pinochet, los camaradas con los que coordinamos acciones para enfrentar al Plan Cóndor.

    Estamos con ustedes compañeros, y aquí repudiamos a los profetas mediáticos locales del neoliberalismo, los que se escandalizan ante la ineludible respuesta organizada y disimulan las decenas de muertos y los más de 2.200 heridos, entre ellos lxs 209 jóvenes que cegaron por haber abierto sus ojos.


Esta es la nota del sitio "Desinformémonos":
    La primera línea de las marchas en la capital chilena se ha convertido en el emblema de las movilizaciones. Con todo en contra, la conforman las y los héroes de la protesta. En los medios de comunicación los llaman vándalos, vagos, delincuentes. Adentro de la marcha les aplauden, los vitorean, casi los alzan en hombros. Existen.
    Son cientos de hombres y mujeres, jóvenes en su mayoría, que enfrentan a los carabineros todos los días. Se colocan en los puntos estratégicos para impedir que los gases lacrimógenos, los disparos de municiones y los chorros de agua con químicos lleguen al resto de la movilización pacífica. Son las y los guardianes de las decenas de miles de personas que llevan más de 40 días protestando en las calles contra un sistema que los excluye.

    La esquina de Ramón Corvalán con la calle Carabineros de Chile es uno de los campos de la desigual batalla. Piedras contra tanquetas desde las que disparan municiones que han dejado tuertas a más de 200 personas, o bombas lacrimógenas o los vehículos conocidos como guanacos que disparan chorros de agua con químicos lacerantes que dejan ardiendo la piel por días. Chile es experto en este tipo de miserias.
    Las noches son un hervidero. De un lado grupos de jóvenes quiebran el pavimento con mazos para dotar de piedras a la primera línea. Hileras de chicos con costales de pedazos de concreto atraviesan las calles y se las dejan a quienes repelen los ataques frontales de los carabineros. “Gracias hermanos”, se escucha desde la refriega y el humo. Y es que sí, la primera batalla que se ganó fue contra el individualismo y el ego, aquí todo es colectivo.
    Decenas, cientos de personas esperan a los manifestantes que corren con los ojos llorosos. “¡Agua con bicarbonato! ¡Agua con bicarbonato!”, gritan. Y los demás se acercan para que les rocíen el rostro, les digan palabras de aliento, los socorran. Por cada persona lesionada se acercan cuatro o cinco de inmediato. Es el desborde.
     Al oscurecer se juntan manifestantes frente a los guanacos y tanquetas y los desconciertan con la luz verde de cientos de rayos láser en los parabrisas. El espectáculo de luz y sonido inunda la calle. El guanaco retrocede. Los muchachos gritan de júbilo.
    De pronto la infantería carabinera se despliega a pie. Parapetada en los vehículos recibe la orden de atacar y corren detrás de los jóvenes y de todo el que se encuentran a su paso. Golpean y patean a todo el que se les atraviese, detienen a alguno y sus compañeros tratan de rescatarlo en una batalla cuerpo a cuerpo. A veces lo consiguen. Otras el chico o chica pasa a engrosar las filas en las comisarías. Se habla ya de más de 17 mil detenidos en 40 días de protestas.

    A la primera línea llega Claudia Aranda, reportera y activista de tiempo completo. Durante nuestro encuentro recibe por whatsapp la imagen del ultrasonido de su próximo nieto. Está feliz. Hace 40 días lo dejó todo y se fue a vivir a una casa okupa para mantenerse disponible todo el tiempo. “La tía del agua”, le dicen sus miles de nuevos sobrinos en las calles. “¡Hidrátense cabros!”, les grita con su bidón de cinco litros en la mano. En su mochila carga el láser para cuando toca desorientar a los carabineros, y su libreta y cámara, para sus crónicas.
    En otra esquina del escenario grupos de jóvenes intentan tumbar un semáforo. Lo jalan con un lazo para arrancarlo del concreto y formar con el poste una barricada. Decenas de esquinas ya no tienen semáforo, por lo que otro grupo de voluntarios dirige el tránsito, recibiendo como pago el sonido del claxon de los automovilistas que lo mismo le regalan una botella de agua o algo para comer.
    Decenas de médicos, enfermeros y psicólogos cubren los puntos de salud. Llegan aquí luego de largas jornadas de trabajo en hospitales públicos y privados, y durante horas atienden a los heridos de la revuelta. Al parecer, dicen, cada vez le ponen químicos más agresivos al agua que avientan los carabineros, pues en los últimos días los chicos llegan con quemaduras severas de la piel.
    Una joven que trabaja como productora de eventos es ahora la encargada de la logística en el centro de salud. Recibe y clasifica las bolsas de donaciones de la gente: tapabocas, analgésicos, vendas, sueros y un sinfín de artículos que se amontonan a un costado. La solidaridad, por ahora, es más grande que la emergencia.
    En la primera fila los jóvenes se protegen con escudos hechos con láminas arrancadas de cortinas de tiendas, con tapas de tambos, con lo que tengan. Son unos gladiadores. Hay hombres y mujeres “bombers” cuya misión es “ahogar” las bombas lacrimógenas con garrafas de agua con bicarbonato y sosa caustica. Se llevan la peor parte, pues sus pulmones se llenan de tóxicos. El aplauso de sus compañeros es el único pago por cada bomba desactivada.

    En la manifestación no se pasa hambre. Y menos en la primera línea, pues se organizan ollas comunes y se reparten gratos en carritos recuperados del supermercado. Lentejas y papas nunca faltan. A veces llegan contingentes de ciclistas con ayuda, otras veces son ellos los que la necesitan.
    ¿Qué pasaría si no existiera esta primera línea? Hace unos día intentó llegar a la Plaza de la Dignidad, antes conocida como Plaza Italia, el centro neurálgico de las movilizaciones, una marcha organizada por maestras de kínder, y contra ellas arremetió la policía con gases lacrimógenos. La primera línea sirve para que ellas y muchas como ellas puedan acceder a la plaza y manifestarse pacíficamente.
    Las resorteras y bayonetas improvisadas son las armas de la primera línea. Barricadas de piedras, láminas, llantas, todo lo que sirva para obstaculizar el paso de los carabineros, cuya misión es cada tanto romper esa línea, atravesar las barricadas a como dé lugar e ir tras los manifestantes. Más de 40 días después la mecánica es clara. Rompen la línea, los jóvenes salen disparados, se dispersan y luego retoman sus lugares. Hasta el nuevo ataque. Y así.
    “¡Encerrona! ¡Encerrona!”, gritan cuando vienen los guanacos de los dos lados. No hay mucho que hacer más que agacharse y protegerse con los cuerpos. Se avisan igual cuando uno de ellos con un cóctel molotov está a punto de arrojarlo. “¡Mecha, mecha!”, gritan para que sus compañeros abran cancha. La bomba artesanal vuela por los aires y cae cerca de los carabineros. El júbilo se expande, pues eso les da un tiempo para acercarse a los carabineros y continuar el combate con piedra.
    La batalla es organizada. Unos enfrentan, otros hacen barricadas, otros juntan pertrechos, unos llevan comida y agua, y otros atienden las heridas. Todo para que el resto de la movilización contra un sistema que los privó de lo más elemental pueda caminar sin muchos tropiezos.
    En medio del ataque no falta la batucada o un saxofonista que se acerca con “El derecho de vivir en paz” e inunda con sus notas el ambiente. Anochece y los bloqueos se van apagando. Por semioscuras calles aparecen grupos de carabineros patrullando. Y de entre las sombras, como fantasmas, se escuchan los gritos: ¡Milicos de mierda! ¡Cabros de mierda! ¡Asesinos! Una chica con una enorme piedra en la mano pasa junto a la hilera de carabineros. Los insulta de frente con la piedra escondida. Los carabineros se siguen. Y ella también.

sábado, 5 de diciembre de 2015

"Secretos" en la Legislatura porteña

Legislatura: "De interés cultural de la Ciudad Autónoma
 de  Buenos Aires y para la promoción
 y defensa de los derechos humanos"
Compartimos el cable informativo de la agencia Noticias Argentinas del 3 de diciembre, y acompañamos el texto completo que nos hiciera llegar  el legislador Adrián Camps, autor del proyecto original.


Buenos Aires, diciembre 3 (NA) La legislatura porteña declaró “de interés cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y para la promoción y defensa de los derechos humanos el libro ‘Secretos en Rojo’, del periodista y escritor Alberto Nadra”.

El proyecto, aprobado por unanimidad, fue presentado por el legislador socialista Adrián Camps (PSA), con el respaldo del Vicepresidente 2do de la Cámara, Juan Carlos Dante Gullo (FPV) y el Presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, Helio Rebot (PRO).

En sus fundamentos, la declaración de la Legislatura Porteña señala que Nadra “aporta su conocimiento acerca de una etapa importante de la historia de la izquierda argentina”, y que “destaca la lucha librada por las Juventudes Políticas Argentinas, cuya dirigencia integró, bajo la consigna ‘Liberación o Dependencia’, en una acción política desigual contra las sucesivas dictaduras de Onganía y Videla. Al mismo tiempo, revela una historia de entrega y heroísmo de jóvenes de todo el arco político democrático argentino, hasta ahora desconocida, y extrañamente ausente en la amplia bibliografía testimonial, documental y aún académica sobre la época”.

También indica que “nos revela cómo, desde una pequeña oficina de una agencia de noticias extranjera, se fueron descubriendo ‘Las garras del Cóndor’, el siniestro plan de secuestros y asesinatos de militantes populares, orquestado por las dictaduras latinoamericanas; también lo denunciaron y contribuyeron para salvar a cientos de ciudadanos de los países del cono sur”.

Y concluye: “Surge de estas breves líneas un resumen del aporte sustancial al conocimiento de la ciudadanía que brinda Secretos en Rojo sobre aspectos ignorados, pero decisivos, de la acción de defensa de la democracia por parte de las organizaciones políticas, sociales, sindicales y culturales en las últimas décadas del siglo pasado, con la ineludible proyección a este tramo del siglo XXI. Un aporte, a la vez, al conocimiento y el debate de temas que todavía afectan al tejido social, de un período del que aún queda mucho por aprender de cara al futuro”.

Alberto Nadra fue miembro del Comité Central del Partido Comunista (PC) y Director de su semanario hasta su renuncia, en 1989. Entre 1976 y 1982 fue Jefe de Redacción de la corresponsalía argentina de la agencia de noticias cubana Prensa Latina (PL). En ese período denunció la violación de los derechos humanos en la Argentina, recibió la histórica carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar, por lo cual PL se transformó en la primera agencia en difundirla internacionalmente. En 1973 había participado en el operativo de rescate y difusión del último poema de Víctor Jara, escrito poco antes de su asesinato en El Estadio de Santiago de Chile, luego del golpe de Pinochet.

La segund ediciòn, corregida y ampliada, fue
publicada en julio de 2015.

TEXTO COMPLETO DE LA DECLARACIÓN

    Señora Presidenta:

    Declárase de interés cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y para la promoción y defensa de los derechos humanos el libro Secretos en Rojo, del periodista y escritor Alberto Nadra.

FUNDAMENTOS
    Seguramente todo el que haya tenido militancia política en los años ’60 y ’70 escuchó la versión sobre la posible existencia de una importante organización militar, encubierta por la estructura organizativa del Partido Comunista Argentino. También, sobre su  aparato financiero, incluyendo empresas que funcionaban en la legalidad de la economía capitalista. Alberto Nadra, con su libro Secretos en Rojo, nos aporta su conocimiento acerca de una etapa importante de la historia de la izquierda argentina.
¿    Existieron realmente los cuadros de oficiales de un pequeño ejército formados en la teoría y en la práctica en academias militares? ¿Es real la versión acerca de la presencia de miembros del Partido Comunista en niveles superiores en la estructura de las fuerzas armadas argentinas?
    Alberto no se detiene en el análisis de la organización, también desarrolla correctamente la necesaria existencia de condiciones objetivas y subjetivas para el desarrollo de un proceso revolucionario, incluyendo un balance de fuerzas en el campo militar, algo que las concepciones “foquistas” desestimaron por completo. Al mismo tiempo –a partir de su conocimiento como un actor principal de las últimas décadas– aporta revelaciones políticas y personales hasta ahora ignoradas acerca de Ernesto “Che” Guevara.
    El autor es crítico respecto del “aparato” económico–político y su papel de freno ante el debate y los cambios de ideas y de personas.
    En su libro destaca la lucha librada por las Juventudes Políticas Argentinas, cuya dirigencia integró, bajo la consigna “Liberación o Dependencia”, en una acción política desigual contra las sucesivas dictaduras de Onganía y Videla. Al mismo tiempo, revela una historia de entrega y heroísmo de jóvenes de todo el arco político democrático argentino, hasta ahora desconocida, y extrañamente ausente en la amplia bibliografía testimonial, documental y aún académica sobre la época.
    Alberto nos revela cómo, desde una pequeña oficina de una agencia de noticias extranjera, se fue descubriendo “Las garras del Cóndor”, el siniestro plan de secuestros y asesinatos de militantes populares, orquestado por las dictaduras latinoamericanas; también lo denunciaron y contribuyeron para salvar a cientos de ciudadanos de los países del cono sur.
    No debe dejar de mencionarse en estos fundamentos cuestiones humanas consideradas en el libro. Alberto lamenta la pérdida de la niñez, suya y de los hijos de los comunistas, la imposibilidad de tener amigos, las escuelas en barrios lejanos, las mudanzas, la militancia aún antes de llegar a la adolescencia. Del mismo modo, manifiesta su dolor por sus camaradas víctimas de la represión en las sucesivas dictaduras. Un párrafo aparte merece la consideración hacia los miembros de la organización militar, caídos en combate luchando en los movimientos revolucionarios americanos. La necesidad de mantener la clandestinidad de esa estructura en nuestro país impidió que se les brinde a ellos y sus familiares el homenaje y reconocimiento por haber entregado sus vidas para lograr un mundo mejor.
    Surge de estas breves líneas un resumen del aporte sustancial al conocimiento de la ciudadanía que brinda Secretos en Rojo sobre aspectos ignorados, pero decisivos, de la acción de defensa de la democracia por parte de las organizaciones políticas, sociales, sindicales y culturales en las últimas décadas del siglo pasado, con la ineludible proyección a este tramo del siglo XXI. Un aporte, a la vez, al conocimiento y el debate de temas que todavía afectan al tejido social, de un período del que aún queda mucho por aprender de cara al futuro.