Mostrando entradas con la etiqueta Jorge Elbaum. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jorge Elbaum. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de noviembre de 2017

Octubre Rojo: balance con futuro



La revolución de octubre se liga no solo a una historicidad sino al paradigma de un anhelo y al mismo tiempo a la evidencia de las contingencias sociales: todo puede pasar, incluso lo más desafiante. Y todo puede pasar –incluso hoy o mañana—porque hay ejemplos de que ya ha pasado.
Nota de Jorge Elbaum,  sociólogo, docente universitario, y muy querido amigo, entre otros varios títulos, publicada en la revista Hamartia.

No es el socialismo el que fracasa en Rusia
No se trató del fin del “socialismo”, de su “colapso”
(aunque el clamor capitalista lo haya hecho verosímil).
Menos que menos, un traspié del pensamiento marxista.
Mario Toer

   Toda la experiencia del sujeto –biográfico o colectivo– contiene luces y sombras. Pero los matices de su interpretación, con concesiones o atribuciones de oscuridad, dependen del enfoque. La nostalgia puede llegar a ser un atributo productivo, si se liga al deseo colectivo, no a la procesión a su sepultura, instalado en los confines del pasado arqueológico. Todavía “suena” en el imaginario humano, en la sucesión de datos históricos, la revolución de octubre. Todavía atraviesa como fantasma a memoriosos y también sus detractores. Ese atravesamiento se liga no solo a una historicidad sino al paradigma de un anhelo y al mismo tiempo a la evidencia de las contingencias sociales: todo puede pasar, incluso lo más desafiante. Y todo puede pasar –incluso hoy o mañana—porque hay ejemplos de que ya ha pasado.

   ¿La revolución rusa es parte de un proceso o un salto aislado en la continuidad histórico- social? Esa es la pregunta central del análisis teórico. Dado el déficit de humanidad provocado por el capitalismo, su inmanente incapacidad para incorporar a una gran porción de los seres vivos (a una vida plena), su fetichismo de los mercados y su engolamiento por la violencia y las guerras, pareciera que no es una cuestión del pasado. Lenin —llamativamente— sigue “funcionando” como un recurso programático permanente. Pensar “octubre” como un hecho aislado, una gota hundida en el mar de la historia, parece ser más un deseo ingenuo que una entidad operable.
La Comuna de Paris: primer intento por conquistar la identidad completa
de lo humano.
   Luego de la Comuna de París ha sido el segundo intento por conquistar la identidad completa de lo humano, en la magnitud de un desafío aún pendiente. La larga lista de intentos no suele incorporar –salvo en las investigaciones de larga duración– las derivas parciales de sus efectos. ¿Fracasó la revuelta de los esclavos, liderados por Espartaco, contra el Imperio Romano? ¿Qué dejó como impulso volitivo, como “principio de deseo” su derrota a manos del Imperio? Las victorias pírricas, o su dialéctica de sentido hacen de las luchas sociales algo más que triunfos o fracasos. Son jalones apropiables por generaciones venideras que recogen el guante de la historia. Capítulos que servirán para forjar la mística (siempre necesaria) del enfrentamiento, el homenaje a los caídos, pero también el ejemplo de lo posible, de lo ya iniciado, de lo accesible, aunque sea en lo imaginable. No ha habido experiencia de cambio social –consensuado o bélico—que no haya sido guiado en paradigmas previos.

   La Revolución Rusa sigue siendo hoy el paradigma –entre los dueños del mundo– de aquello que es temido. He ahí su constante desesperación e insistencia para hablar de su “fracaso” y su derrota. La paradoja básica de los sucesos de 1917 es que su eco inició el periodo de las “revoluciones triunfantes” algunas de las cuales fueron sus herederas y hoy permanecen. Octubre supone la persistente amenaza de un cambio que en su momento admitió la posibilidad de enfrentarse a un relato único de desarrollo económico y, simultáneamente, a las extorsiones de los designios imperiales. Supuso, además, una reconfiguración del capitalismo –su versión keynesiana y el “estado de bienestar”— como respuesta defensiva frente a los “peligros” revolucionarios. El leninismo no solo produjo efectos por acción. También generó ecos por defecto: los “treinta gloriosos”, el periodo de mayor extensión de derechos en occidente fue la opción que asumieron las democracias en occidente ante la esperanza subversiva que imponía la revolución rusa. 
La Revolución Rusa sigue siendo hoy el paradigma --entre
los dueños del mundo-- de aquello que es temido.

                                                 
   Otra de las consecuencias que permitió la revolución rusa –hoy llamativamente olvidadas—es la liberación de la mitad de la humanidad del yugo colonial. De no haber existido la URSS, los movimientos de liberación nacional hubiesen tenido que enfrentarse en solitario a la lógica imperial extractiva y monopólica que controlaba dos tercios de la geografía del mundo en la época en que se desarrollaron los sucesos de octubre. Una de las dimensiones menos nombradas en los espacios de la nobleza académica es el “efecto conceptual” que devino de la revolución: cuáles fueron los cambios en las sensibilidades de época y las democratizaciones simbólicas que devinieron de su victoria. El mundo de 1917 cambió con su irrupción. Pero lo menos nombrado es que el mundo actual –principios del siglo XXI continúa latiendo con su fantasma.

   En términos evolutivos, el recorrido cronológico es una combinación yuxtapuesta de regularidades y rupturas. Los sujetos, tanto los individuos como los actores colectivos, son expresión y al mismo tiempo expresiones de esos procesos y de sus creadores y/o sintetizadores. Solo que no eligen el ritmo de sus continuidades ni de sus cambios. Lo que sabemos de la historia humana incluye quiebres abruptos que al mismo tiempo son hijos y nietos de pequeñas mutaciones a veces imperceptibles. Esos “saltos”, esas reconfiguraciones –los que expresan el “derrame” de los cambios anteriores–, producen nuevas formas de entender la realidad (el pasado, el presente y el futuro), y suponen la reorganización de los dispositivos materiales disponibles en una época.

   Muchos de esos cambios están precedidos por impulsos previos cuya conclusión final obnubila su gestación. No es posible prospectivamente dar por muerto un hecho o una acción social colectiva si ese dato no está anulado por las condiciones de su productividad: la revolución de octubre no feneció simplemente porque las causas que la produjeron están hoy presentes. Tanto los materiales como las simbólicas. La humanidad sigue estrechando su círculo de privilegiados y excluidos. Los procesos migratorios, la crisis de la “noción de trabajo”, los conflictos producidos por el extractivismo, las cíclicas crisis financieras generadas por las caídas de las tasas de ganancia, y las guerras avaladas por las imposiciones neocoloniales actualizan permanentemente los espectros de los soviets. En el nivel “simbólico” la revolución otorgó –sin fecha de vencimiento atraviese o no a generaciones— una “tabla de salvación” esperanzadora para quienes viven en la ignominia y quienes no soportan la idea de convivir (portándola u observándola) con ella.
 
La Revolución de Octubre no feneció simplemente porque
las causas que la produjeron están hoy presentes
   La Revolución Rusa ha sido un salto en la posibilidad de conquistar la vida para nuestra especie. Un múltiple impulso que las biografías históricas apenas pueden divisar en su real espesor. Cuando se habla de la revolución francesa se suele nombrar su etapa de “Terror” sin advertir que su visibilidad y epicentro no son comparables al pánico, exclusión, persecución, vasallaje, hambruna y genocidio al que estuvieron sometido los campesinos y los obreros durante milenio del feudalismo y el “viejo régimen”. ¿Cuál ha sido la causa de una exposición obsesiva del detalle histórico a la hora de observar los cambios revolucionarios y su respectiva ceguera a nominar el sufrimiento social acumulado previo a su explosión? ¿Qué tipo de historiografía interesada muestra en primer plano la guillotina y oculta el potro, el despellejamiento y la pira de la inquisición? Foucault muestra en “Vigilar y Castigar” que el médico Joseph-Ignace Guillotin propuso su invención para proscribir de una vez y para siempre la muerte por tortura, que incluía sufrimientos inenarrables para las víctimas. Muchos analistas interpretaron esta evidencia histórica como una muestra de cinismo o concesión a la deshumanización, sin advertir que “la suma de dolor acumulado” por todos los cambios emancipatorios no alcanzan a equiparar –en el daño producido, en sus víctimas, en sus efectos trágicos—los genocidios seculares que los provocaron. Solo la reforma agraria de la revolución francesa supuso el acceso al alimento a casi la mitad de la población la de la época, hecho que posibilitó, a su vez, evitar una de cada dos muertes campesinas en los siglos posteriores a la toma de la Bastilla. Los millones de muertos crepitados en el nombre del santo oficio, los pogroms, los traslados forzados de población, las hambrunas inducidas, las matanzas masivas y los genocidios coloniales han sido –y continúan siendo— tratados y definidos como parte integrantes de la lucha “civilizatoria” de la modernidad.

   Los procesos revolucionarios requieren, para su comprensión, del “gran angular” de la teoría con la cual se los describe y se lo juzga. “Octubre” empoderó a “siervos” cuyas vidas no tenían valor para el Estado. Entregó ciudadanía a millones de “apátridas” –como gitanos, judíos, musulmanes y otros grupos sociales—al tiempo que replanteó las relaciones de género. Por primera vez en la historia se conoció la figura de la mujer-combatiente integrada a una milicia. La Unión Soviética, incluso a pesar de su burocratización y su nefasta deriva estalinista, supuso un dique de contención al genocidio nazi: los treinta millones de soviéticos muertos en la segunda guerra mundial (el Estado que pagó con más víctimas) y la larga batalla de Stalingrado no son datos de una estadística militar sino la evidencia de un poderío viable para enfrentar a los esquemas más deshumanos de la historia.

   ¿Naufragó la revolución neolítica en sus primeros intentos porque necesitó miles de años para que la especie humano se apropiara de la tierra como espacio sedentario de reproducción? La evolución en sus diferentes versiones, tanto biológicas como sociales no es lineal ni tiene destino confirmado. No hay una contingencia teleológica. Todo se resuelve en el marco de apuestas y conflictos sin resolución garantizada. La empresa liderada por Lenin ha dejado una huella que condiciona hasta el día de hoy –incluso después de la implosión de la URSS—los imaginarios y los desafíos humanos y sociales. La vida humana sigue acumulando déficit de realización homologable a los existentes a principios del siglo XX: una gran porción de la humanidad permanece en situación de vulnerabilidad crítica. Las guerras continúan acumulando cuerpos en los campos de exterminio militares y civiles. Simultáneamente la ciencia y la tecnología han logrado alcances inimaginables.

   Evaluar el quiebre de una época supone comparar los elementos que implicaron sus continuidades en relación a aquellos que quedaron superados por innovaciones estabilizadas. La revolución de octubre cambió –sin dudas– las expectativas posibles de todo accionar político, y ese cambio llega hasta hoy, incluso después de la Unión soviética: a partir de ella se pudieron ejercitar prácticas socialistas más o menos contaminadas. Desde su irrupción, incluso con los componentes viciados de la militarización y la burocratización impuestas por las deformaciones estalinistas, se abrió la “caja de pandora” de una ingeniería social aun presente en el imaginario social.
 
La Revolución  permanece como una ultimátum posible y real
contra la explotación del trabajo humano y su supervivencia como especie.
Incluye una ética de la solidaridad y del bien común que
abreva en las condiciones reales de vivir en libertad 
   La Revolución —desde una subjetividad compartida— permanece como una ultimátum posible y real contra la explotación del trabajo humano y su supervivencia como especie. Incluye una ética de la solidaridad y del bien común que abreva en las condiciones reales de vivir en libertad y no solo “formalizarse” como autónomos. Su irrupción fáctica, pero también sus efectos en la significación, se inscriben en la larga lista de acciones colectivas emancipadora, todas ellas portadores de los atributos más benignos que nuestra especie ha sabido ofrecer. Todas ellas implican una esperanza de apropiación, por parte de los subalternos, de un destino histórico. Lenin propuso la consumación de una teleología que incluyó dos alcances complementarios: la simbolización de un mundo desconocido y viable, y al mismo tiempo, la advertencia al resto del planeta de su potencialidad contaminante. Desde las relaciones sociales de producción, o sea desde el entramado productivo-objetivo, “octubre” implicó la evidencia fáctica de que era dable organizar el trabajo en formas alternativas, cuestionando la unidireccionalidad sacralizada que estipulaba el capitalismo, con su fatalismo pesimista. Y desde la significación, el amparo en una emocionalidad –pensada desde Spinoza—capaz de sustituir a las viejas “estructuras del sentir”.

   Los orígenes de las revoluciones burguesas muestran que fueron necesarios casi trescientos años de fracasos para que se impongan los programas del capitalismo, superando –política, social y productivamente– el viejo régimen feudal. El triunfo de la acumulación originaria contuvo revueltas burguesas fracasadas y más de dos siglos de tensiones y redefiniciones acerca de los modelos productivos sostenidos por sus clases más legitimadas, antagónicas a las nacientes burguesías. Si el foco sincrónico se desplazara por los inicios de esas revueltas fracasadas, se podría inferir –a mediados del siglo XVII—que el capitalismo nunca acecharía la fortaleza del absolutismo monárquico con sus poderosas alianzas con el clero y las noblezas rentistas. Sin embargo, fueron necesarias centenas de fracasos –en distintas ciudades-estados y en grandes extensiones geográficas- para completar el circuito experiencial que dotó a la burguesía de su triunfo final. Si bien no hay teleología garantizada, lo que sí se puede afirmar en términos fácticos es que la revolución rusa ha sido parte de esos desafíos al orden burgués. Y que esos amagos continúan hasta el día de hoy en las experiencias de Cuba, Venezuela y Bolivia, para citar solo los relativos a nuestro sub-continente. Estas nuevas experiencias son parte de la ola de disputas iniciada en la Comuna de París y continuada durante todo el siglo XX en pos de modelos alternativos de organización social. No podemos evaluar con certeza empírica –porque la voluntad social colectiva es un datum prospectivo– si son excepciones de una trayectoria histórica sinuosa u origen de posteriores expresiones de confrontación. Lo que sí podemos aseverar es que —al igual que la revolución francesa— nada es pensable socialmente sin su secuela.

   El 15 de febrero de 1676 Isaac Newton escribe una carta a Robert Hook en la que afirma que “si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”. Con esa famosa frase, el científico inglés se refería a que había logrado plantear algunas de sus más afamadas hipótesis influido por Copérnico, Galileo y Kepler. De alguna manera, los comuneros de París, Lenin, Trotsky, Mao, Ho-Chi Min, el Ché y Fidel –y muchos otros, anónimos o nombrados en canciones de esperanza– son algunos de los gigantes que tendremos que escalar para dotar de un poco más de ilusión, armonía y felicidad potencial al trayecto de lo humano por esta vida.
“Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”

lunes, 21 de diciembre de 2015

Las Memorias de Alberto Nadra echan luz sobre historias desconocidas del comunismo argentino

Por Oscar Federico Taffetani

Publicado en por la agencia Télam,  el 19 de Diciembre de 2015, reproducido hoy por Rebelión de Nicaragua, entre otros medios.

Hay secretos que hoy no podría revelar Wikileaks, ya que al momento de acontecer
"El libro de Nadra por momentos nos recuerda
"Gente, años, vida", del gran Ilya Ehrenburg" 
los hechos no había comunicaciones vía web entre los embajadores norteamericanos y su casa matriz en Washington; secretos que tampoco podría revelar una "desclasificación" de archivos en la Unión Soviética (entre otras cosas, porque la federación de repúblicas socialistas así llamada no existe más); finalmente, si los secretos de marras tienen que ver con operaciones de una organización política llamada Partido Comunista Argentino, que navegó buena parte del siglo XX en las aguas mixtas de la superficie y la clandestinidad, entonces, la posibilidad de acceder a la verdad histórica se vuelve aún más lejana...

Es allí cuando resultan imprescindibles los relatos vivenciales, como estos "Secretos en Rojo" que nos entrega Alberto Nadra.

Hijo de un dirigente histórico del PCA y militante y dirigente él mismo, hasta su renuncia al Comité Central del partido en 1989, Alberto Nadra vivió décadas intensas, esperanzadas y trágicas, de la vida política argentina, con una privilegiada cercanía y un contacto directo con los centros de decisión y los avatares de otros protagonistas de esa historia que fue nacional, fue regional y siempre, por supuesto, mundial.

En el nutrido índice del libro, que por momentos nos recuerda "Gente, años, vida", del gran Ilya Ehrenburg (aunque también la autobiografía "Banderas, pasiones, camaradas", de la más próxima Fanny Edelman), hallamos infaltables tópicos de la literatura comunista de América, como la Guerra Fría, la Revolución Cubana y la guerrilla del Che en Bolivia. Sin embargo, hay también en este libro temas y problemas inesperados, con revelaciones sorprendentes y que constituyen su verdadero atractivo.


Una de las sorpresas es "La otra orga. El desconocido aparato militar del PC", relato con el que comienza el capítulo 1 del libro. Allí nos enteramos que desde los años 20 -aunque fundamentalmente a partir de la experiencia de las Brigadas Internacionales en la guerra civil española y, luego de ésta, en la Resistencia del "maquis" francés a los nazis- el PC argentino desarrolló un aparato militar de autodefensa con el que llegó, incluso (a partir de la saga de golpes militares inaugurada en los '30) a plantearse la posibilidad de una insurrección popular en nuestro país, con milicias organizadas como para la toma del poder.

Así como la segunda guerra mundial llevó a todos los países del orbe las tácticas empleadas por el franquismo, el fascismo y el nazismo (un ejemplo preciso es el bombardeo criminal a la Plaza de Mayo y adyacencias, en 1955), así también extendió las guerrillas y formaciones militares antifascistas en todo el mundo y particularmente en América latina. Dos ejemplos claros de esto último fueron las precursoras experiencias de Luis Carlos Prestes en Brasil -a partir de los '30 y hasta los '70- y las de las FARC colombianas desde los años '60 (aunque su origen debe rastrearse a partir del Bogotazo de 1948). 

Hasta en la epopeya cubana de la Sierra Maestra fue decisiva la influencia de las tácticas militares antifascistas. Basta con saber que brigadistas de España actuaron como instructores del Ejército Rebelde, y que el armamento utilizado en la defensa de Bahía de los Cochinos, en 1961, era en gran parte armamento soviético ya utilizado en la segunda guerra mundial. 

Pero lo bueno del relato de Alberto Nadra es que echa luz, justamente, sobre el capítulo argentino de esas experiencias guerrilleras comunistas en el territorio nacional, en escenarios impensados como el Chaco y la provincia de Córdoba.

Otra revelación de las muchas que nos trae el libro -y nos detendremos en ella porque es muy importante- tiene que ver con el trabajo secreto de un grupo de periodistas y militantes comunistas para denunciar los primeros hechos del Plan Cóndor, en las mismas barbas de las dictaduras instauradas en Chile, la Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil, desde principios de los '70.

Describamos el escenario, en toda su complejidad. Si bien el terrorismo de Estado argentino, lo mismo que el de Chile y Paraguay, nació bajo el signo del anticomunismo, como una expresión regional y local de la Guerra Fría, tuvo en 1978 un giro importante en relación con la política del PC argentino. Ocurrió que la entonces Unión Soviética decidió invadir el Afganistán de los talibanes, dominado por saudíes como Bin Laden y que contaba con respaldo de la CIA.

Presentaciònde la primera ediciòn (2012): Osvaldo Nemirovsci, AN,
Norberto Colominas, Eduardo Sigal, y el fallecido Hèctor Valle.
No tardó Washington en decretar un embargo cerealero a la URSS, que fue acatado por la mayoría de los países de la "alianza atlántica". Sin embargo, la Argentina de Videla y Martínez de Hoz, que dependía como nunca de la exportación de las cosechas cerealeras, resolvió no respetar el embargo y seguir exportando granos a la URSS. A partir de ese momento (como suele pasar en tiempos de realpolitik) la URSS comenzó a ser "amiga" de la junta militar argentina y, consecuentemente, la dirección del Partido Comunista Argentino (algo parecido a lo que pasó con la jerarquía de la Iglesia Católica argentina) profundizó la línea de la "convergencia cívico-militar" y comenzó a distinguir entre "halcones" y "palomas" en el seno de las FFAA. Desde Moscú también salieron "instrucciones" para la diplomacia cubana y otras diplomacias comunistas del hemisferio. Fue el peor momento para los organismos de DDHH de nuestro país y el exterior, que intentaban llevar las denuncias de los crímenes de la dictadura a la ONU y a la comunidad internacional.

Sin embargo, en ese contexto tan adverso y utilizando la relativa inmunidad que tenían las agencias de noticias soviéticas, un grupo de militantes entre los que se contaba el autor de este libro acometió la peligrosa empresa de "filtrar" hacia los medios del mundo, sistemáticamente, las denuncias sobre el Plan Cóndor (investigado por primera vez por el comunista Valentín Mashkin) y sobre los crímenes de la dictadura. Notables documentos de resistencia, como la conocida "Carta de un escritor a la junta militar", de Rodolfo Walsh, salieron del país gracias al arriesgado trabajo de un grupo secreto que utilizaba como lugar de trabajo y reunión la oficina de Córdoba 652 11E, en la ciudad de Buenos Aires.

Razones para tener miedo no faltaban. En agosto de 1976 fueron secuestrados por un grupo de tareas los funcionarios de la Embajada de Cuba Crescencio Nicomedes Galañena Hernández y Jesús Cejas Arias. Mientras estaban siendo torturados en el CCD "Automotores Orletti", un anónimo enviado a la agencia Associated Press contenía la supuesta carta de "deserción al comunismo" de esos diplomáticos, cuyos cadáveres se recuperarían e identificarían muchos años después. 

Otra militante comunista, que trabajaba como empleada de limpieza en la Embajada de Cuba -la argentina María Rosa Cancere-, fue secuestrada en aquel duro agosto de 1976. El autor del libro nos refirió personalmente la pesadilla de que lo llamaran a altas horas de la noche, poco después de emitir algún despacho de la agencia criticando a la Junta, para decirle que "María Rosa te agradece el artículo. Cada cosa nueva que publicás, nosotros le subimos el voltaje a la picana".

Esta pequeña historia, que todavía hoy estremece, está contenida en este imprescindible libro autobiográfico que escribió Alberto Nadra, con la colaboración de su hermano Rodolfo y de otros familiares, amigos y camaradas.

Si la licencia retórica de la sinécdoque -ya estudiada por los griegos- nos permite hablar de la parte por el todo; o si expresado en una nomenclatura más actual cada parte de este libro contiene el ADN que permite establecer la filiación y reconstruir la totalidad, entonces cada pequeña historia de estos "Secretos en Rojo" nos permite acercarnos a la gran historia, para hacer el necesario aprendizaje vivencial y político.

A principios de este mes de diciembre, la Legislatura porteña declaró esta obra, por unanimidad, “de interés cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y para la promoción y defensa de los derechos humanos". Merecida distinción.


Y no vamos a contar más. Entreabrimos las hojas de este libro sólo para insinuar la riqueza que contiene. Completarán esa tarea cada lectora y cada lector.

2015, Centro Cultural Kirchner, Presentaciòn de la segunda ediciòn,
 ampliada:Jorge Elbaum, Miguel Nuñez, AN, Raúl Rizzo, y D. Rilo.













lunes, 20 de abril de 2015

Nisman, la DAIA y los fondos buitre

La nota y la entrevista son imprescindibles. Puede verse la entrevista o leer detenida, muy detenidamente la nota del sociólogo y ex Director Ejecutivo de la DAIA, Jorge Elbaum.
En diciembre de 2012, el canciller Héctor Timerman visitó la DAIA y mantuvo en el séptimo piso de Pasteur 633 una reunión con el consejo directivo de esa entidad para explicar las características de las tratativas llevadas a cabo por entonces con la República Islámica de Irán. En ese encuentro participaron familiares de las víctimas del atentado a la AMIA de 1994 y fue resumido por el presidente de la DAIA, Julio Schlosser, como “lo valedero es la opinión de los familiares (de las víctimas), y ellos expresaron claramente que esta entrevista ha sido altamente positiva... Si para los familiares ha sido positivo, la opinión de los dirigentes está de más”, sostuvo el presidente de la DAIA, una vez terminada la reunión con el canciller. La misma tarde de ese encuentro, el miércoles 27 de diciembre de 2012, a las 19, el secretario general de esa entidad, Jorge Knoblobitz, manifestaba a sus allegados que había recibido una llamada telefónica del periodista Pepe Eliaschev quien le advertía –indignado– que la recepción cordial al canciller Timerman iba a ser taxativamente condenada y repudiada por “la comunidad” y las embajadas norteamericanas e israelí. Luego de esa llamada se sucedieron varias reuniones espasmódicas hasta que el vicepresidente de la DAIA, Waldo Wolff, se encargó de transparentar lo que estaba sucediendo: existía una clara presión “telefónica” orientada a cuestionar cualquier tratativa con Teherán. Cualquier acuerdo convertiría a los ayatolás –reclamaban quienes presionaron por teléfono la mañana del 28 de diciembre de 2012– en actores de política internacional cuando en realidad debían ser etiquetados, frente a la opinión pública nacional, como belicosos terroristas incapaces de llegar a ningún acuerdo diplomático.
Entre los encolerizados lobbistas telefónicos sobresalían los números celulares de Santiago Kovadloff, Daniel Sabsay y Marcos Aguinis, quienes tiempo después se convirtieron en fervientes convocantes a la marcha de los paraguas del 18 de febrero. A partir de marzo, además, decidieron conmemorar mensualmente (junto a Nelson Castro) la memoria del ex fiscal a partir de la fecha de su fallecimiento.
En enero de 2013, la presidenta de la Nación informó el acuerdo alcanzado con Irán mediante el Memorándum de Entendimiento y afirmó que éste sería tratado en sesiones extraordinarias del Congreso de la Nación. El lunes 11 de marzo de 2013, luego de que el memorándum fuese aprobado por el Congreso, se realizó una reunión en el barrio de Arlington, en Washington, en la cual los miembros del Grupo de Tareas Estadounidense sobre Argentina (ATFA, por sus siglas en inglés) decidieron incorporar el Memorándum de Entendimiento como un ariete más para condicionar a nuestro país a negociar de forma más vulnerable frente a los fondos especulativos. Además de tomar la decisión de realizar una campaña negativa sobre los acuerdos alcanzados con Teherán, mediante solicitadas aparecidas en diferentes diarios, se resolvió contactar a dirigentes y políticos locales para solicitarles que se expidan rápidamente en forma crítica sobre el tratado en ciernes, ofreciendo todo tipo de “colaboración” para defenestrar al gobierno argentino.
El 2 de junio de 2013, la ATFA, financiada mayoritariamente por Paul Singer, presidente del fondo NML Elliott, publicó una solicitada que titula “Aliados vergonzosos” y que muestra una fotografía de la presidenta Cristina Fernández junto al entonces presidente persa Mahmud Ahmadinejad. “Ha llegado el momento de impedir que Argentina siga transgrediendo la ley estadounidense y la ley internacional”, se inscribe en letras catástrofe en dicha solicitada. El 16 de junio de 2014, la Corte Suprema norteamericana decide no tomar el caso de la deuda argentina dándole vía libre al juez Griesa para continuar amparando a los fondos especulativos internacionales.
El 9 de julio de 2013, el responsable de la Comisión de Seguridad Interior de la Cámara de Representantes, el republicano Jeff Duncan (que en septiembre de 2012 recibió el “aporte” de 10 mil dólares del Comité de Acción Política de la organización Cada Republicano es Crucial, financiado por Paul Singer), envió una carta a la presidenta Cristina Fernández mostrándose decepcionado por la decisión de la procuradora Gils Carbó de no autorizar a que Nisman “comparezca” ante el Capitolio.
Dos días después de la carta dirigida a la Presidenta, el propio Duncan envía una misiva al secretario de Estado, John Kerry, en donde advierte que “Argentina puede estar intentando apoyar el programa ilícito de armas nucleares iraní” y reclama al canciller Kerry que sopese los vínculos del gobierno de Fernández con “el principal auspiciante mundial del terrorismo”. Por la misma época, el senador republicano por Illinois, Mark Kirk, envió otra carta a la presidenta de la Nación cuestionando las tratativas con Irán. El franqueo de dicha misiva y otros gastos mayores del senador fueron solventados por Paul Singer a través de una donación de 95 mil dólares, según Informa la International Press Service el 7 de agosto de 2013, citando al Center for Responsive Politics, organización dedicada a monitorear las donaciones políticas dentro de Estados Unidos. Días después de esas tres cartas, el fiscal Nisman inicia una serie de encuentros con los dirigentes de la DAIA y de la AMIA donde se acuerdan los pasos a seguir para evitar la aplicación del memorándum. En dichas reuniones, realizadas en un bar ubicado en la calle Juana Manso 1601 de Puerto Madero, el fiscal Alberto Nisman repitió enfervorizadamente que estaba dispuesto a aportar “de sus propios recursos” para colaborar con la DAIA a destrozar el memorándum. “Si es necesario, Paul Singer nos va a ayudar”, afirmó frente a dos sorprendidos contertulios.
La oferta de Nisman quedó flotando como un secreto a voces en el edificio de Pasteur al tiempo que generó un debate entre los más pragmáticos –que estaban dispuestos a aceptar dichos potenciales aportes para enfrentar al memorándum– y quienes se negaban a recibir “ayuda” de un fondo especulativo, cuyas prácticas violaban varios de los preceptos judíos acerca de la prohibición de imponer intereses usurarios.
Los debates crematísticos fueron silenciados aunque hoy ya contamos con un dato relativo a una cuenta en Estados Unidos, revelada por uno de sus titulares, el informático Lagomarsino, que proveyó a la Justicia la codificación número 5v3-50653, correspondiente a la sucursal de Nueva York del Merrill Lynch Bank of America Corporation. Dicha cuenta fue inicializada en febrero de 2010 en ocasión del viaje de Nisman a Washington. Las coincidencias se acumulan cuando queda en evidencia que ésa fue la misma época en que el fiscal inició su campaña desaforada destinada a cuestionar la intención de la Cancillería argentina de lograr la comparecencia de los acusados iraníes. Fue en ese período, curiosamente, en el que decidió la contratación –con dineros públicos– de los servicios de consultoría de Mariela Ivanier, titular de la consultora Verbo Comunicación. Ivanier trabajaba desde hace un lustro como lobbista de Papel Prensa y los diarios La Nación y Clarín, empresas en las que sigue trabajando al día de hoy. Ivanier, además, brinda servicios a la multinacional Estée Lauder Companies, perteneciente al actual presidente del Congreso Judío Mundial, Ronald Lauder, entidad internacional de la que es socia la DAIA, y que recibe aportes anuales del fondo NML Eliott.
Durante todo el año 2013, la Foundation for Defence of Democracies (FDD), think tank republicano cuyo directivo ejecutivo es Mark Dubowitz, difundió seis “estudios” destinados a denostar la política argentina en relación con los buitres y a las tratativas con Teherán. Dubovitz brindó una entrevista ante la CNN afirmando ser amigo personal de Nisman y denunciando que el ex fiscal le había comentado en la intimidad que había recibido fotos de sus hijas como forma de amedrentamiento. Uno de los subalternos de Dubovitz, Jonathan Schanzer, se dedicó a indagar en las “oscuras conexiones entre el gobierno argentino y Teherán” en un paper difundido por la FDD en agosto de 2014. El caso llamativo es que la Foundation for Defence of Democracies dirigida por el íntimo amigo de Nisman ha recibido 3,6 millones de dólares desde 2008 hasta 2014 provenientes de aportes de Paul Singer, según el informe impositivo realizado por International Press Service.
En febrero último el actual secretario general de la DAIA, Jorge Knoblovitz, realizó un gira por Estados Unidos destinada a denunciar el “asesinato de Nisman” y el imperio de la impunidad en la Argentina. El caballito de batalla de la gira fue la afirmación de que el ex fiscal era el muerto número 86 del atentado a la AMIA. En declaraciones a un medio comunitario de Miami, afirmó que “la DAIA comprende que en el día de hoy se debe internacionalizar la causa AMIA” y en pos de lograr dicha internacionalización se entrevistó con el presidente de la Anti Defamation League, Abraham Foxman, socio republicano del Instituto para Asuntos de Seguridad Nacional (Jinsa), entidad en la que Paul Singer ha donado 250 mil dólares en los últimos dos años. Durante la gira, y en forma posterior a ella, el actual vicepresidente de la DAIA Waldo Wolff dio rienda suelta a su afán tuitero afirmando que “Nisman fue ausentado” por el gobierno por su denuncia a la Presidenta. Días después consignó en la red social del pajarito –luego de la resolución de la cámara de rechazar el pedido de Pollicita– que “no había nada que festejar”.
Si se pretendiera hacer caso omiso de todas estas llamativas coincidencias, que podrían titularse como una “ruta del dinero”, quizá debiera iniciarse el camino de la pesquisa desde atrás hacia adelante: luego de la muerte del ex fiscal se creó una página web –con dominio en Estados Unidos– en homenaje a Nisman. El motivo de dicho portal es reconocer a “aquellos que de manera similar luchan por la justicia y muestran coraje excepcional frente a obstáculos sustanciales”. La web http://albertonisman.org promociona un premio internacional para honrar al fallecido fiscal. El premio se denomina Alberto Nisman Award for Courage y está avalado por la Foundation for Defence of Democracies (FDD), del amigo íntimo de Nisman Mark Dubowitz. El financiamiento del Premio le corresponde, como era de esperar, al señor de los buitres, el titular de NML Eliott, Paul Singer.