lunes, 31 de enero de 2011

La crisis entre Davos y Egipto



Polémica nota de Julio Gambina, profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. ¡Bienvenido el debate hacia el futuro!

Con más de treinta jefes de Estado y de Gobierno, funcionarios de 90 países y un conjunto de grandes empresarios, asesores e influyentes periodistas e intelectuales del poder económico mundial tomaron parte del cónclave del Foro Económico Mundial, más conocido como el Foro de Davos, que desde 1971, regularmente, pasan revista a la situación mundial y pretenden fijar línea sobre las políticas a seguir.

En simultáneo al cónclave del poder, miles de manifestantes poblaron de resistencia las calles de varios países del norte de África y medio oriente, haciendo evidente el sufrimiento de los pueblos por el ejercicio del orden capitalista. La represión y muerte de decenas de manifestantes es la respuesta de los gobiernos y el saldo hasta ahora. Aún fuera del temario, la rebelión popular se coló en las discusiones del poder económico mundial.

Unos 2.500 participantes se concentraron en Davos para discutir “Los enfoques comunes para la nueva realidad”. Esa “nueva realidad” era pensada como superación de la crisis, ante los datos del crecimiento de la economía estadounidense (2,9% para el 2010, luego del -2,6 del 2009)[1], pero en el mismo momento de la reunión estalló la rebelión popular en Túnez, Yemen y especialmente Egipto, país paradigmático para el mundo capitalista, especialmente EEUU que lo asiste con fondos por 1.500 millones de dólares anuales. Por ello adquirió otra relevancia en el cónclave de los poderosos, el análisis del aumento de los precios de los productos básicos, y el tema de la deuda soberana en alusión a la continuidad de la crisis mundial.

El tema del aumento de los alimentos es clave para pensar la revuelta en Egipto, gran importador de alimentos, especialmente de trigo. Egipto es un importante comprador de trigo a la Argentina. La hambruna es la reversa del alza de los precios y si estos estimulan nuevas burbujas de especulación, en paralelo no deben sorprender los impactos regresivos sobre buena parte de la población mundial. No es sorpresa la movilización popular cuando el hambre se instala en forma generalizada. Hambre y represión por un lado, y del otro suba del oro, las comodities, alimentos y los bonos para refugio de inversores interesados en la ganancia y no en los 1.020 millones de hambrientos según la FAO.

La cuestión de la deuda externa preocupa, especialmente cuando EEUU acaba de superar los 14 billones de dólares de su deuda pública y privada, siendo la pública de 3,5 billones de dólares, superando ampliamente el problema históricamente concebido para los países del sur del mundo (en desarrollo), que en conjunto acumulan una deuda pública de 1,4 billones de dólares[2].

Un monto que representa el 10% de la deuda total de EEUU. El endeudamiento público estadounidense supera dos veces y medio el de los países en desarrollo. La mitad de la deuda total de EEUU fue asumida en los últimos seis años, tres de los cuales han sido en situación de crisis evidente.

Hoy la deuda es problema por los elevados niveles que se registran en los países capitalistas desarrollados. Francia solamente acusa una deuda pública de 1,2 billones de dólares, casi similar a la totalidad del mundo en desarrollo. Mientras en América Latina, la deuda total, pública y privada representa el 22% del PBI, para Gran Bretaña es el 400%, Portugal el 263%, España el 169%, Grecia 168%, Alemania 148%, EEUU 100% e Irlanda el 979%. Convengamos que los principales acreedores de esos países son los bancos transnacionales, quienes aceleradamente, como en los 80, en tiempos de la crisis de la deuda latinoamericana, están generando condiciones para transferir el costo del quebranto hacia los trabajadores y lo pueblos de esos países y del mundo. Son los temas que preocuparon al poder económico en DAVOS.

Deuda, capitalismo y crisis son tres categorías para explicar la política del poder mundial, del curso contemporáneo del capitalismo actual. La consigna del no pago se resignifica para los pueblos del mundo, contra el régimen del capital y su chantaje del endeudamiento, ayer contra el sur del mundo y hoy en el norte. Es parte de un programa a sostener junto al impuesto al movimiento internacional de capitales y el rechazo al conjunto de estrategias de liberalización (tratados de libre comercio, tratados bilaterales de inversión, los paraísos fiscales, y otras formas de defensa de las inversiones extranjeras), tanto como el desarme de la estructura financiera comandada por los organismos internacionales, especialmente el FMI y el Banco Mundial.

Hace falta una nueva arquitectura financiera y económica sustentada desde el sur, lo que supone discutir el patrón de cambio mundial y terminar con la hegemonía del dólar y las pretendidas sustituciones del euro o de la moneda que sea en función del capital y el régimen de explotación.

China en la mira de Davos

Otro de los temas en que se concentró la atención en Suiza fue conocer de cerca la realidad de países llamados emergentes, especialmente China e India, que pese a la crisis mantienen elevados niveles de crecimiento y son destino principal de las inversiones capitalistas a escala global.

La situación China fue explicada por la más numerosa delegación del cónclave, y remitió a la política de modernización y oportunidades para las inversiones y el mercado inmobiliario chino. China ya es el segundo PBI del mundo, que con sus 5,5 billones de dólares expresa un tercio respecto del registro estadounidense y superando a Japón y Alemania en el podio de las cuatro mayores economías del mundo.

Muchos escucharon las argumentaciones chinas, al tiempo que presionaron a los participantes chinos para flexibilizar las políticas de ese país, especialmente referidas a las presiones del G7 para una apreciación del Yuan, con vistas a mejorar las balanzas comerciales de las principales potencias capitalistas en crisis con China.

El papel del gigante asiático no se vincula solo con la economía mundial, sino que crecientemente pesa en la escena política. Es un tema trascendente para el poder mundial, pero también para quién piense en términos alternativos, incluso más allá del debate sobre el “modelo chino”, si socialista ó en tránsito al capitalismo, o directamente capitalismo de Estado.

No resulta menor la persistencia de la apropiación de la renta del suelo, la propiedad estatal sobre los medios de producción y la planificación estatal, no solo de la economía. Se trata de un tema estratégico en la disputa del poder mundial.

China es crecientemente importante para la Argentina, siendo ya el segundo socio comercial después de Brasil, y con un peso en ascenso en las inversiones externas directas que se registran en los últimos años.

Hace poco se conoció la compra del 50% del paquete accionario de BRIDAS por parte de una transnacional china. Fue una inversión por 3.100 millones de dólares. Se conocen inversiones diversas en nuestro país: para explotar gas en Tierra del Fuego; minería en las provincias cuyanas y del norte; la compra de tierras para producción agrícola, especialmente soja, producto del cual China es principal comprador.

Vale la mención sobre China ante la recepción en estos días en nuestro país de la Presidente del Brasil, la primera salida al exterior de Dilma Rousseff desde la llegada al gobierno.

Han sido crecientes las relaciones entre Brasil y Argentina en el último tiempo y son importantes las expectativas de acciones conjuntas, incluso entre ambos y la potencia asiática, una cuestión estratégica de las relaciones internacionales en un momento de crisis de la economía mundial y de disputa del orden mundial.

Pero existen interrogantes sobre estas relaciones.

¿El nuevo poder de países como China o Brasil, se jugará en la disputa de poder al interior del G20, con hegemonía plena de los países capitalistas desarrollados, especialmente de EEUU, pese a la crisis? ¿Puede pensarse en otro tipo de integración, que privilegie la relación Sur-Sur? ¿Qué puede hacer Argentina en este sentido con sus dos socios económicos principales? ¿Qué lecturas realizar a 10 años de la revuelta argentina y en momentos del levantamiento egipcio? ¿Se salió de la crisis, o el crecimiento de las principales economías augura nuevos problemas para los países dependientes en el capitalismo mundial?

Nuestra hipótesis apunta a señalar las contradicciones de la situación mundial, con persistencia de la crisis y señales concretas, especialmente de movilizaciones populares (en Bolivia contra el aumento del combustible y en Egipto contra el régimen de Mubarak y la asistencia estadounidense) para pensar en términos de alternativas al capitalismo. El socialismo vuelve a ser una posibilidad para construir otras relacione sociales.

Modestas expectativas desde el poder económico

En el Foro de Davos[3] intentaron trazar el rumbo político del capitalismo contemporáneo con ciertas prevenciones, pues el mismo fundador y presidente del FEM, Klaus Schwab, afirma que se abre "una era de modestia"[4], anunciando una pobre superación de la crisis, con bajos niveles de crecimiento (un 2,9% informado por EEUU para el 2010).

Un primer interrogante es si resulta correcto hablar de “nueva era” cuando aún sobrevive la situación de crisis de la economía mundial, donde el desempleo creciente continúa sido el efecto inmediato y evidente que sufren los sectores más desprotegidos en el capitalismo mundial. En EEUU el desempleo no baja del 10% y en España superó el 20%. Sin considerar la agresión y ofensiva que se mantiene sobre los recursos naturales, situación que agrava los peligros ambientales y afectan a recursos estratégicos como el agua y la tierra.

La crisis del “modelo productivo y de desarrollo” subsiste y es grave para pensar en términos de “nueva era”. La revuelta en los países árabes y el medio oriente da cuenta de situaciones que no siempre consideran los analistas del poder económico. Aludo al hartazgo de los pueblos a sus condiciones de vida, aunque no queden claras las alternativas económicas y políticas, generando por cierto un desafío para el pensamiento y la práctica por la emancipación.

El principal ejecutivo del Foro de Davos, Klaus Schwab, agrega que "En esta nueva realidad, somos nosotros, las víctimas colectivas, las que deben hacer el futuro más seguro. Y como ni los gobiernos ni las empresas solos podrán superar la complejidad de los desafíos globales, la frontera entre economía y política se va a hacer aún más pequeña"[5].

Es muy curioso cómo se incluye a los victimarios, a los responsables de la crisis entre las víctimas. ¿Quiénes son los responsables de las políticas que llevaron a la crisis, sino el propio sistema financiero y económico internacional presente en Davos desde 1971? ¿Quién empujó y empuja la liberalización de la economía, sino los partícipes habituales de Davos desde sus posiciones de poder?

Más interesante aún resulta la reflexión que alude al vínculo entre economía y política, especialmente para pensar en la respuesta a Davos que provendrá la próxima semana desde DAKAR, cuando se reúna del 6 al 11 de febrero de 2011, la contra cara del FEM, el Foro Social Mundial (FSM), cuya consigna por otro mundo posible se mantiene como realidad y desafío. Es la señal que proviene de África y del oriente medio, aunque no se conozca exactamente el rumbo futuro de superación.

Aquel “que se vayan todos” vuelve a reaparecer en el escenario político y económico global. El desafío está en la construcción de alternativas, que supone nuevos cursos para el pensamiento y la acción emancipatoria.

Nuevos modos y formas de producción y apropiación de la naturaleza, donde el buen vivir de las comunidades andinas nos ofrecen posibilidades para pensar en nuevos tiempos, pero sobre todo, nuevas formas de pensar el agrupamiento social con perfil y objetivo político para la emancipación y transformación social. Los renovados intentos de democratizar la economía y la sociedad venezolana con mecanismos de poder popular, especialmente de los trabajadores en la gestión empresaria son estímulos para pensar el nuevo tiempo. El ejemplo persistente del proyecto revolucionario en Cuba es también referencia, especialmente en tiempos de renovación sustentada en un gran debate y movilización d la población cubana.

La alusión andina, por Bolivia o Ecuador, como la referencia a Venezuela y Cuba son atinentes para discutir los límites de unos procesos complejos, especialmente en el sur de América, pero también en otros países de la región, que formulan un discurso anti neoliberal sin sustanciar cambios profundos en la estructura económico social capitalista. El problema es el límite que se establece para la constitución de sujetos por la emancipación. Es un debate cotidiano en la política de nuestros países y también parte esencial de la discusión en el movimiento de movimientos, el FSM.

¿Es posible ir más allá de lo real existente? Se puede superar el posibilismo de que la realidad “es lo que hay”, como único imaginario posible. América Latina es un gran laboratorio para pensar al respecto, si se tiene la mira en las demandas de los pueblos por renovar y revolucionar las relaciones sociales, en la economía y en la política.



[1] Son datos del Departamento de Comercio de EEUU, leídos en el sitio de internet el 30-01-11: http://www.bea.gov/index.htm

[2] Los datos sobre deuda externa están sacados de Eric Toussaint. Crisis Global. Del Norte al Sur del planeta: la deuda en todos sus estados. Presentación para Conferencia en Quito el 27 de enero de 2011, en la sede del Banco Central de Ecuador.

[3] Amplia información sobre discursos y debates en: http://www.weforum.org/

[4] El Foro Económico Mundial de Davos debate el nuevo escenario tras la mayor crisis desde 1930. En ámbito.com del miércoles 26 de enero de 2011 y consultado el 30 de enero de 2011 en: http://www.ambito.com/noticia.asp?id=565509

[5] Ib.

domingo, 30 de enero de 2011

El abogado del diablo


Seguimos con nuestra selección dominical de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Héctor Zimmerman, Editorial Aguilar.


Hacia el año 1500, los obispos locales acordaban sin mayor trámite el título de santos o de beatos a quienes habían muerto como mártires o se habían destacado por sus milagros y obras de fe. Tantos fueron los designados, que el Papa Urbano VIII instituyó, en 1643, un juicio de canonización muy estricto, que, con ligeras modificaciones, sigue aún en vigencia. En él se nombra a un prelado con la misión de refutar cuanto se alega en defensa del candidato. A ese funcionario, el derecho canónico lo denomina abogado del Diablo en contraposición con el abogado de Dios, encargado de exponer las pruebas a favor. La expresión “abogado del Diablo” es hoy de uso común para referirse-casi siempre con ironía- a quien sistemáticamente impugna las buenas causas. Como si el demonio lo hubiera nombrado su letrado terrenal.

martes, 25 de enero de 2011

El fondo del debate acerca de la inflación


Dos queridos amigos, Mariano de Miguel y Enrique Aschieri, economistas y académicos que hace años vienen bregando contra el las recetas neoclásicas del conservadorismo, aportan este análisis --corto, simple, cotundente-- de màs que interesante lectura.

En el acalorado debate actual sobre la inflación parece haberse perdido la lección que se saca de toda el agua turbulenta que pasó bajo el puente argentino: mientras que un desempleado representa una pérdida bien definida y sin contrapartida para la comunidad, un punto de más o menos en el índice de precios no significa más que una transferencia de riqueza de un grupo de agentes económicos a otro. Sean lo espinosas que fuesen las dificultades de un orden social y técnico debido a una inestabilidad de precios, su solución no es ciertamente más fácil con un producto social global reducido que con un producto social que ha maximizado su volumen.

Pero entonces, ¿a qué se debe la insistencia en que la lucha contra la inflación prime sobre el resto? Cuestiones complejas no pueden discutirse apelando a un contrapunto de frases hechas. Ni al amparo de la “lucha contra la inflación” se debe colar un conjunto de propuestas de corte legal cuyo objetivo cierto resulte un menoscabo de los derechos de los trabajadores.
De hecho, y para tomar en cuenta la realidad tal cual es, cuando los factores de distorsión se encuentran orgánicamente integrados al sistema y son ineludibles, como es el caso tanto de los monopolios como de la determinación nacional del valor de la fuerza del trabajo y de la acción de los sindicatos -en tanto la remuneración del capital se fija a escala internacional- el accionar colectivo de éstos en función de su propia lógica constituye el único medio para contrabalancear en la medida que les compete los efectos de las distorsiones generadas por los mercados y encontrar así un óptimo relativo en vista del interés general de la sociedad.
Esto remite a una categoría de John Kenneth Galbraith: el “poder compensador”. Quienes están sujetos al poder económico han tenido desde siempre un vigoroso acicate para organizarse o para conseguir un poder de contratación para defenderse. Este “poder compensador” es una fuerza reguladora que se genera por sí misma, como en realidad tenía que ser la competencia pero no lo es – porque no puede serlo. El poder ejercido por una parte del mercado crea la necesidad de una acción contraria de la otra y descubre las ventajas que mediante ella se pueden asegurar. La existencia de una fuerza compensadora ha de ser vista con relación al proceso evolutivo del Estado popular. Galbraith es prudente al advertir que no pretende argumentar que el poder compensador emerja como un antídoto a toda posición de poder económico. Tampoco que la balanza del poder sea siempre igual. El pluralismo que acompaña al poder compensador parece esencial para la solución o, mejor dicho, para el grado de solución del problema del poder económico existente en el capitalismo.
¿Y qué compensa este poder en el plano de las relaciones laborales? La defensa del poder de compra creciente de los salarios, la cual es una necesidad estructural del poder compensador para hacer viable al Estado-Nación. Para que ello ocurra hay que saber y querer edificar un poder compensador. El querer requiere un vector político. Depende del acuerdo de cada sociedad para determinar que su precio más importante –el salario- alcance una altura que rompa el nivel de subsistencia de manera persistente y sostenida. No todas las sociedades están dispuestas a hacerlo.
Esa es la gran tarea de la política y lo que le da sentido a la búsqueda de un acuerdo. Preferimos llamarlo: Acuerdo para el Desarrollo Nacional 2011; o por su sigla: ADN 2011, para que este año sea el primero de los próximo cien que capitalice aciertos y errores de los pasados doscientos.

domingo, 23 de enero de 2011

Echar margaritas a los chanchos


Seguimos con nuestra selección dominical de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Héctor Zimmerman, Editorial Aguilar.


El sentido de la frase es conocido: brindar algo muy valioso o exquisito a quienes no están en condiciones de apreciarlo. Está tomada del Sermón de la Montaña, contenido en el Evangelio según San Mateo. Allí, en latín, se lee: margaritas ante porcos. La dificultad empieza cuando se traduce margarita, palabra que tanto en latín como su equivalente griego, significa por igual perla y margarita, la flor. ¿Con cual de las acepciones quedarse? Todas las versiones de la Biblia, incluida la española, hablan de perlas. De modo que lo que predica el Evangelio es: “No deis las cosas santas a los perros ni echéis vuestras perlas a los puercos (o cerdos) para que las pisoteen”. El versículo al convertirse en dicho ignoró las perlas para quedarse con las margaritas, las que nada tienen de preciosas, pero que seguramente sonaban más familiares a los oídos españoles. Hoy, fuera de los textos sagrados, nadie menciona el consejo de no alimentar con alhajas a los chanchos. El dicho ha pasado de la joyería al jardín. De lo que la gente se cuida es de no desperdiciar bienes y esfuerzos a favor de aquellos que los van a recibir como a margaritas pisoteadas.

jueves, 6 de enero de 2011

Mientras pasa el Dakar


Reflexiones por dentro y fuera del Dakar, mientras pasa el Dakar, con la mirada de Oscar Taffetani, para la Agencia Pelota de Trapo.

“La audacia -escribe Ambrose Bierce en su Diccionario del Diablo- es una de las cualidades más evidentes de los hombres que no corren peligro”. Ciertos deportes extremos y ciertas aventuras en islas remotas, de ésas con las que se satura a diario la televisión, responden a ese concepto. En las antípodas ideológicas y existenciales van quedando los otros, esas pobres criaturas humanas cuya mayor aventura es mantenerse con vida y alimentar a la prole, en un mundo que es verdaderamente peligroso.

El Dakar, una competición motociclística y automovilística que se realiza desde hace tres décadas, se corre este año, por tercera vez, en circuitos de la Argentina y de Chile. Esto se debe –dicen los organizadores- a la inseguridad que reina en ciertos países del África sahariana y subsahariana.
En rigor –pensamos- deberían ser los países africanos y sudamericanos los que se quejen de la inseguridad del Dakar, ya que si bien muchos deportistas (diecinueve, para ser exactos) han perdido la vida en la competencia, fueron siempre civiles ajenos a ella –y particularmente niños- los que murieron atropellados por motos, autos y camiones sin control en caminos de Mauritania, Kitta, Malí, Senegal, Guinea, Boubakar, La Serena (Chile) y Córdoba (Argentina), desde que se tiene registro. 

La francesa Amaury Sport Organisation, gerenciadora del Dakar, le cobra a la Argentina un canon de siete millones de dólares por esta edición 2011. Y a Chile, considerando las pérdidas ocasionadas por los terremotos, sólo le cobra cinco millones. El altruismo global hace temblar los corazones.




TC, su edad de oro


En 1948, organizada por el Automóvil Club Argentino y con el completo apoyo del gobierno justicialista, se realizó la competencia automovilística más importante de América del Sur, uniendo las ciudades de Buenos Aires y Caracas por ese mismo cordón de los Andes que hoy recorre, asfaltada, la ruta Panamericana.

Los pilotos más renombrados del Turismo de Carretera nacional (Juan Manuel Fangio, Juan y Oscar Gálvez y Domingo Marimón, entre otros) participaron de la prueba, que significó recorrer 9.573 kilómetros en el viaje de ida, haciendo camino en territorios casi vírgenes de la Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela, con un trayecto de vuelta más corto, de 5.187 kilómetros, cumplido entre Lima y Buenos Aires.

Las aventuras y riesgos que corrieron aquellos pioneros del automovilismo son inenarrables. Hasta un golpe militar (el del general Odría contra Bustamante Rivero, en Perú) debieron sortear aquellos intrépidos automovilistas, que no contaban con teléfonos satelitales, ni GPS, ni auxilio mecánico las 24 horas. 

El precio que pagaron por la osadía fue muy alto. De los 138 autos que partieron, sólo volvieron a Buenos Aires 26. Y perdieron la vida en distintos vuelcos y accidentes Daniel Urrutia (copiloto de Fangio), Julián Elgue, H. Román y Héctor Suppici Sedes. 

Domingo Toscanito Marimón se llevó el Gran Premio en el trayecto a Caracas y el aguilucho Oscar Gálvez coronó el viaje de vuelta en Buenos Aires. Además del trofeo mayor conquistado por Marimón, los dos clasificados recibieron el premio especial de cinco mil pesos comprometido por un sponsor no convencional: la Fundación Eva Perón. 



Esa normalidad que mata


Ya pasaron tres meses desde el rescate con vida de los 33 mineros de Copiapó, en Chile; tres meses desde las promesas oficiales de legislar y regular mejor la actividad; tres meses desde el nunca más lanzado a los cuatro vientos por la televisión global. Los mineros rescatados, en ese lapso, viajaron a Hollywood y Disneyworld, y firmaron contratos para hacer libros y películas. De trabajadores del subsuelo pasaron a ser estrellas de superficie, con rendez-vous y agenda completa.

Distinta suerte tuvieron los tres mineros muertos en Puerto Patache el pasado 19 de diciembre. La empresa Collahuasi los mandó a limpiar un shiploader para no demorar más la carga del barco. Pero no tenían experiencia. Y la empresa no tomó ningún recaudo de seguridad, pese a la advertencia del sindicato. 

A fines de noviembre tras un derrumbe en Nueva Zelanda, quedaron 29 mineros atrapados. El presidente neocelandés quiso adoptar entonces, contra reloj, el modelo Piñera. Pero no llegó a tiempo. Los trabajadores murieron atrapados en los túneles de la mina.

Antes de la Navidad se produjo una explosión en un yacimiento de Changjiang, China. El saldo provisional es cinco muertos y un desaparecido. Y poco antes de Año Nuevo, una explosión en la refinería petrolera de Zabaikalsky Kray, Siberia, mató a otros tres trabajadores chinos, aunque hay dos más desaparecidos.

La mención de estas tragedias recientes, que apenas si salen en las noticias, obedece al deseo de mostrar que la economía capitalista global no respeta fronteras ni banderas ni lenguajes a la hora de utilizar al ser humano como simple fuerza de trabajo, descartable, vendible, masacrable.

Los audaces raidistas del Dakar que pasen por Copiapó, en estos días, no podrán detenerse a ver (y menos que menos, a pensar) la tragedia minera de Chile. Apenas si alcanzarán a ver a los viejos y a los niños apostados a la vera del camino. Es que los raidistas del Dakar, diría ese condenado gringo viejo de Bierce, son hombres que no corren peligro.

lunes, 3 de enero de 2011

Brigada Santiago Pampillón: Una Historia Olvidada




Entre enero y febrero de 2011, se cumplen 40 años de la llegada de los destacamentos de la Brigada Santiago Pampillón de la Federación Universitaria Argentina (FUA, La Plata) a Chile. Tenían como objetivo realizar trabajos voluntarios para apoyo a, y en solidaridad con, el gobierno de Salvador Allende; en ese entonces jaqueado por Estados Unidos y la derecha nativa.

Estas líneas, de recuerdos fragmentados, y sin duda subjetivos, son el aporte a la página en Facebook Brigadas Santiago Pampillón, que abrimos varios ex brigadistas, con el fin de unir en un todo único memorias que están geográfica y políticamente dispersas. Sin otro dueño que nuestros corazones, el destino de estos recuentos es el aporte a la reconstrucción de la historia del movimiento estudiantil y juvenil argentino.

Recuerdo vivamente aquellas febriles reuniones semiclandestinas, a fines de 1970, en la Sede Buenos Aires de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Enfrentábamos a la dictadura de la “Revolución Argentina” –entonces en la última etapa del interinato del general Roberto Levingston– y, en esas ocasiones, ajustábamos detalles para la partida del segundo contingente de la Brigada Santiago Pampillón, cuya misión principal fue la realización de trabajos voluntarios en apoyo a, y en solidaridad con, el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular (UP). Para realizar esta tarea, sus distintos destacamentos lograron enviar a Chile unos 800 estudiantes universitarios.

En esa época, me faltaba un largo camino que recorrer antes de ser considerado un dirigente de la “Fede” (como propios y extraños llamábamos a la Federación Juvenil Comunista– FJC). Tenía apenas 18 años, pero experiencia en la reconstrucción del Cuerpo de Delegados y el Centro de Estudiantes del Colegio Nacional Mariano Moreno, encabezando movilizaciones de secundarios ante cambios en el sistema de exámenes y, luego, ante los asesinatos de Pampillón, Bello y Cabral. Terminaba el ingreso a Filosofía y Letras, entonces en un edificio único en la avenida Independencia, entre Urquiza y La Rioja, convertido durante ese año en uno de los bastiones de la lucha contra el restrictivo ingreso impuesto por la dictadura.

Personalmente, consideraba que los mejores militantes y “cuadros” habían partido con el primer destacamento de la Brigada, de modo que, al ser designado Coordinador del segundo contingente, estaba convencido de que ese nombramiento respondía más a escasez general que a valores propios. Pero eso no impidió que me sorprendiera y cargara sobre mis espaldas una fuerte responsabilidad.

1970: un año vertiginoso

Todos habíamos vivido intensamente un año cargado de acontecimientos, con un vértigo que a veces nos impedía procesar lo que íbamos protagonizando, y que fue una suerte de “estado colectivo” compartido, que continuó hasta el golpe de 1976; y en casos se prolongó durante la sangrienta dictadura que aquél inició.

En ese 1970 –mientras Estados Unidos no terminaba de asimilar los golpes que el pueblo vietnamita asestaba a sus tropas– en Latinoamérica, a las figuras nacionalistas de los generales Omar Torrijos (en Panamá), y Velasco Alvarado (Perú), se sumaron el general Juan José Torres (Bolivia), y luego Salvador Allende.

La Argentina estaba en ebullición. Sin dejar pasar un año del “Cordobazo”, se sucedieron el “Choconazo” y el “Tucumanazo”, junto a otras luchas y puebladas, que jaquearon y voltearon a Onganía; se afirmaron con acciones de fuerte de impacto diversas organizaciones armadas, entre ellas las FAL, FAP, FAR, y Montoneros, y se constituyó el ERP.

En otro plano organizacional, se conformaron, por izquierda, el Encuentro Nacional de los Argentinos (ENA) y, por centroderecha, la Hora del Pueblo, basada en un acuerdo Perón-Balbín al que se sumaron otros partidos no perseguidos por la ley 17.401 (de Represión del Comunismo). En la Universidad, las diferencias entre estas dos últimas variantes de construcción política eran subestimadas, y en ambos casos muy cuestionadas por trotskistas y maoístas; pero también por los jóvenes peronistas, que veían en las “formaciones especiales” la real continuidad de la Resistencia y el anticipo de una vuelta de su líder para iniciar un proceso de liberación nacional y social. Sin embargo, fue el propio Juan Perón, quien en Actualización Doctrinaria para la toma del Poder (reportaje filmado y grabado por Octavio Gettino, Gerardo Vallejo y Fernando Solanas en 1971) realizó su balance definitivo: el ENA era para luchar, la Hora del Pueblo para negociar, y las "formaciones especiales" para acorralar y atemorizar al enemigo; pero en definitiva se trataba de variantes tácticas bajo su única conducción estratégica.

También, aunque pocos comprendiéramos la magnitud del retroceso, fue el año de la división de la FUA. La Fede forzó el quiebre, consagrando su dirección en la capital bonaerense (por eso se la denominaría FUA- La Plata) en la que era mayoría absoluta, con algunos aliados sin mayor inserción. Con el empuje de una importante seguidilla de triunfos en los centros de estudiantes en Capital –y no pocos de importancia en el interior– vía Movimiento de Orientación Reformista (MOR) y las listas que lo componían, los universitarios comunistas se recuperaron de la orfandad absoluta de puestos de dirección estudiantil en que los había dejado el masivo desprendimiento —en 1967– de lo que sería el PCR/FAUDI, sucesivamente guevarista, maoísta, lopezreguista y ahora ruralista.

Sin embargo, en su contraparte, la llamada FUA-Córdoba, se nuclearon las principales agrupaciones: la Franja Morada (JR), el FAUDI (PCR), el MNR (PSP) y AUN (izquierda nacional), entre otras. Al margen de ambas, se ubicaban las distintas corrientes del peronismo estudiantil, que se negaban a integrar una organización que llevara el nombre, a su juicio “gorila”, de FUA.

Chile bajo fuego

Así llegamos a finales de ese año trascendente, donde pocas semanas después de la asunción de Salvador Allende la situación en Chile mostraba signos preocupantes.

El principal: la decisión del entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon –y su secretario de Estado, Henry Kissinger– de evitar que el candidato de la UP ganara las elecciones; luego, de impedir que se convirtiera en el primer presidente marxista que en América Latina llegaba al poder por la vía electoral; y, finalmente –fracasados todos estos intentos–, de derrocarlo a sangre y fuego.

La desestabilización criminal del imperio –denunciada entonces, pero recién comprobada a fines de los ’90, por documentación oficial desclasificada del Departamento de Estado norteamericano– incluía acciones de todo tipo: desde el apoyo monetario al Partido Nacional, o al ala derecha de la Democracia Cristiana (DC), hasta la actuación encubierta de agentes de la CIA en sabotajes y atentados, como el que costara la vida del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas –General René Schneider–, el 25 de octubre de 1970, dos días antes de que el Congreso ratificara el triunfo de Allende. La misma medida se tomaría después del golpe contra su sucesor –el General Carlos Prats, para entonces exiliado en Buenos Aires– a quien la DINA/CIA asesinó el 30 de septiembre de 1974, en el marco del Plan Cóndor.

Junto a la despiadada confrontación con la derecha, era inocultable que se agudizaban los conflictos en el interior de la UP: entre el sector "duro", mayoritario en el Partido Socialista y el enfoque que encabezaba el sector minoritario de Salvador Allende en el PS. Los primeros exigían, intransigentemente, la unidad de los “partidos obreros”, el afianzamiento de los vínculos con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR, que no integraba la UP), y rechazaban alianzas con sectores democristianos (es paradójico que, posteriormente, con el gradual retorno a la democracia, este sector “duro” ingresó sin mayores complejos a la “Concertación”). Los partidarios de Allende, el PC y otros sectores, estaban a favor de construir un socialismo en democracia y ampliar la base de alianzas de la UP, entre otros aspectos cruciales vinculados con el tipo y los tiempos de las medidas económicas y sociales, las formas de acumulación política, o la política militar. Este complejo entramado se sintetizaba, y forzosamente se esquematizaba, con las respectivas consignas de "avanzar para consolidar" o "consolidar para avanzar".

El acuerdo para formar la Brigada Pampillón

Fue en esos días en que las Juventudes Comunistas de Chile (JJ. CC., o “la J”) y “la Fede” acordaron el envío de una brigadas de trabajo voluntario, que –ante lo delicado del cuadro– debían ser lo más amplias posibles desde el punto de vista político, con el doble objetivo de maximizar la convocatoria en la Argentina y, a la vez, asegurar una mejor recepción y repercusión en Chile. En este estado de cosas es que nació la Brigada Santiago Pampillón. El nombre era símbolo de la lucha antidictatorial en Argentina, y buscó ser un homenaje al estudiante y obrero metalúrgico asesinado por la policía, en septiembre de 1966, durante la masiva marcha antidictatorial hacia una asamblea convocada por la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), en Plaza Colón.

Luego del acuerdo entre “la J” y “la Fede”, la convocatoria para la formación de la brigada partió de la FUA (La Plata), en acuerdo con la FECH (Federación de Estudiantes de Chile), que trabajó durante enero y febrero de 1971, como expresión de solidaridad internacional con los hermanos chilenos; y frente a la ofensiva estadounidense, y de la derecha del país; para el rechazo a cualquier aventura belicista de la dictadura que gobernaba la Argentina (con dominio sobre las amplias fronteras a lo largo de todo el país vecino); y para ratificar la unidad del movimiento estudiantil latinoamericano. Es este proceso el que se vio reforzado por la llegada de voluntarios de otros países del cono sur del continente, la mayoría de las cuales se integraron a la actividad de “la Pampillón”.

La convocatoria superó todas las expectativas, al punto que hubo que "elegir" –esto es, rechazar– muchísimas solicitudes, en primer lugar las de numerosos militantes y dirigentes intermedios de “la Fede”, pues acudieron estudiantes de todos los sectores –incluidos compañeros que ya eran o serían miembros de algunas organizaciones armadas, peronistas y marxistas.

Los contingentes

El primer contingente fue el más numeroso –unos 300 compañeros y compañeras– y logró un fuerte impacto a su llegada, en una experiencia de inmensa riqueza, de la que hoy quedan recuerdos profundos y anécdotas imborrables, aunque la historia de aquellos años la ignora casi por completo. Los compañeros construyeron salas de salud y plazas; refaccionaron escuelas, brindaron atención médica, censaron y realizaron encuestas a la población, e hicieron muchísimos otros aportes que todavía quedan por relatar, una asignatura pendiente en la reconstrucción de la memoria histórica para todos los que participamos.

Todo lo que los brigadistas aportaron –y todo lo que contarían a su regreso a las distintas provincias argentinas– era y es un tesoro para los pueblos de ambos países, y, a la vez, una indigerible acumulación de conocimiento mutuo y difusión de los logros y las luchas del pueblo chileno, y de la solidaridad argentina, para los gorilas/momios de ambos lados de la cordillera.

La llegada y la salida a Chile estuvieron plagadas de obstáculos: muchos compañeros fueron demorados y aún detenidos en los pasos fronterizos, en puestos de Gendarmería tapizados con aquel cartel de "Buscados" que tenía las fotos de los Montoneros que habían participado en el “operativo Aramburu”, y con un clima de fuerte anticomunismo, agresividad e intimidación general.

La dirección (principalmente de la Fede y JJCC) se emplazó como base en una inmensa escuela que se transformó en dormitorio y zona de planificación permanente, desde donde partían los brigadistas –la mayor parte de los cuales aportó su trabajo en Santiago, y algunos en el interior.

En lo personal, el contingente que coordinaba se dividió en cuatro o cinco grupos de trabajo, siempre por decisión consensuada con la UP. Integré el que estaba dirigido por “Lucho”, un socialista chileno más cercano al MIR que a su propio partido, con quien mantuve discusiones interminables –y las más de las veces ríspidas–, en equilibrio casi perfecto entre lo trascendente y lo insignificante.

Cuando ya nos habíamos preparado para partir, la “J” tomo una decisión drástica: ningún extranjero viajaría a los destinos más sureños –donde, en un principio, se había previsto que fuéramos–, pues el MIR había iniciado una campaña unilateral de "toma de fundos", que produjo una escalada de enfrentamientos armados.

Con el cambio de destinos, a nuestro grupo le tocó una zona de Gualleco, un pueblito perdido en la Región de Maule. Me acompañaban chilenos de la UP (MAPU, Izquierda Cristiana, entre otros), dos bolivianos del Ejército de Liberación Nacional (ELN), dos socialistas argentinos y quien se convirtiera en una inolvidable amiga, Mimí (médica y luego oficial montonera). Formábamos un variopinto arco de matices y me encontré con formidables seres humanos: chicas y chicos de diferentes procedencias geográficas, pero con una profunda convicción, y la decisión de aportar al “camino chileno al socialismo”.

La tarea no fue sencilla. Apenas llegados al pueblo nos encontramos, azorados, con gente encerrada en sus casas, con los animales de granja ocultos, pues el Partido Nacional –y la derecha de la DC– había sembrado el terror entre los pobladores, a los que convencieron de que veníamos a "socializar tierra y propiedades", incluidos los animales (y me imagino que alguno hasta habrá dado por hecho que también a la mujer y los hijos).

Lo cierto es que, lentamente –y, por cierto, luego de acordar con una centroizquierdista “puntera” de la DC–, hicimos base en una escuela en receso veraniego, con nuestras mochilas y bolsas de dormir. Desde allí pudimos encarar nuestro trabajo, que consistía fundamentalmente en el censo de alfabetización. Pese a estas rispideces iniciales, terminamos logrando un acto-presentación con los pobladores, y hasta un desafío futbolístico –anunciado pomposamente como “Chile vs. El Resto del Mundo”—donde nos dieron una paliza inapelable.

Sobre el fin de la experiencia, recuerdo que el socialista nos envió a todos los argentinos a censar a una localidad perdida en los cerros, situada un día de viaje a caballo. La experiencia fue increíble: compartimos con los lugareños la trilla, con los métodos de fines del siglo XIX, y –pese a la desconfianza inicial– siguió el más increíble afecto de los productores y campesinos.

Pero el envío a esta localidad encubría, en realidad, otra intención, que se reveló cuando regresamos a la base: nos encontramos con “la J" a cargo del lugar, y el resto del grupo ya en viaje de vuelta a Santiago, pues el socialista –junto con los del ELN y gente del MIR de la zona– había marchado a tomar fundos, armas en mano, en una maniobra alocada y tremendamente dañina para nuestro trabajo, y para la imagen del Gobierno Popular en general; una maniobra que destruyó los lazos de confianza que habíamos comenzado a construir con quienes nos habían recibido con tanto temor.

Apenas unas horas después del regreso –sin todavía poder enderezar completamente las piernas a consecuencia de las horas de cabalgata– emprendimos el viaje a Santiago.

Luego permanecí unos días sin actividad alguna, ni idea de por qué, hasta que me revelaron el motivo: la “J” tenía información confiable de que figuraba en un listado de personas a las que esperaban para detener en la frontera, seguramente como producto de las declaraciones a los diarios y programas radiales que había realizado, así como por el muy difundido –y publicitado por la derecha– lamentable final de la experiencia en Gualleco. En concreto: la "J" me indicó un intrincado itinerario de reingreso a la Argentina, para mi posterior llegada a Buenos Aires.

En el largo camino de vuelta, lejos estaba de imaginar que a los entrañables pueblo y territorio chilenos –con el que me había encontrado por primera vez para la asunción de Salvador Allende, en noviembre de 1970– se enlazaría por siempre con mi propia historia. No solo por la Brigada Santiago Pampillón, sino por haber formado parte, luego, del equipo de inteligencia e información "Córdoba 652, 11 “E", cuya cabeza visible en la dirección fue Isidoro Gilbert.

El equipo organizó, durante el largo cerco dictatorial –con gran riesgo, pero aún mayor imaginación– el armado y mantenimiento de las fuentes y la logística para la recepción, y posterior envío al exterior, de las principales denuncias de lo que sucedía en Chile (además de Uruguay, Paraguay y, en menor medida, Brasil), base de lo que luego permitió desentrañar el mapa e itinerario del siniestro Plan Cóndor. Pero esa es otra historia…



domingo, 2 de enero de 2011

Decíamos ayer...


Seguimos con nuestra selección dominical de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Héctor Zimmerman, Editorial Aguilar.

Fray Luis de León, quién vivió consagrado a la poesía y los estudios teológicos, obtuvo a los 34 años su primera cátedra en Salamanca (1561). Por traducir del hebreo el Cantar de los Cantares fue acusado de escándalo y llevado ante un tribunal eclesiástico. Las autoridades le prohibieron enseñar mientras se substanciaba el proceso, que duró cinco años y concluyó absolviéndolo. El día en que se regresó a la cátedra, no cabía un alfiler en el aula. Todos esperaban que se refiriese a los motivos de su ausencia. Pero él se limitó a retomar los textos donde los había dejado en la última clase. ‘Decíamos ayer…’ recomenzó, como si nada hubiera ocurrido. Todo quedaba dicho en esas dos palabras”.