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miércoles, 13 de abril de 2016

Volviò y habló...muy claro


Consejo para militantes


Desde algunas columnas: “Bossio, compadre…”

Cristina Fernández de Kirchner: “Así no van a convencer a nadie…”


Guía para dirigentes, o que creen serlo


En la previa: silencio para combinar y organizar la marcha.

En Comodoro PY: “Vigilancia” para decidir quien pasa y quién no.

Cristina Fernández de Kirchner: “Necesitamos un gran FRENTE CIUDADANO. Les propongo convocar a este frente sin preguntarle a nadie a quién votó, de qué partido es o en qué sindicato está. Lo único que quiero que les pregunten es: ¿Te está yendo mejor o peor que antes? Ése es el punto de unidad de los argentinos".

¿Y ahora?

Algunos necesitaban que Cristina hable para empezar a actuar, pues bien, lo ha hecho, y ha sido muy clara, incluido la advertencia a los sectarios que se creen dueños del movimiento nacional y popular, discriminan y dividen entre compañeros.

Otros querían/necesitaban que Cristina no hable, para seguir armando “sucesión” mientras hambrean al pueblo, o emitiendo un doble discurso con el mismo objetivo.

Lo cierto es que habló.

Definió la coyuntura y el desastre macrista, marcó una tarea inmediata para militar. Formar ese frente ciudadano, unificar luchas y pasiones por organización, establecimiento de poder popular en el territorio, barriada, casas de estudio, empresa o lugar de trabajo.

No el PJ solo.
Ni siquiera solo el FpV, que debería ser su motor si su jefa es Cristina.
Mucho, pero mucho más  amplio, para contener y organizar la lucha de todos los agredidos.

Del otro lado, tenemos claro lo que hacen, y NOS hacen, Macri y sus socios.


En el nuestro, o en el que creemos nuestro, el que divide, discrimina, le “pone precio” a la fuerza de otros compañeros está jugando para el enemigo lo sepa o no


martes, 8 de septiembre de 2015

Fraude, Manipulación y Militancia



"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. 
Los pueblos deprimidos no vencen.
 Por eso venimos a combatir por el país alegremente.
Nada grande se puede hacer con la tristeza."

ARTURO JAURETCHE 



   Hay en el Frente para la Victoria (FpV) quienes creen que todo está resuelto y que las elecciones presidenciales de octubre están ganadas.

   Los hay también quienes anteponen impecables análisis “de clase”, o secundarias (al menos hoy) cuentas pendientes, para no acompañar la decisión de impulsar a Daniel Scioli/Carlos Zannini como fórmula presidencial, avalada por más de 8.7 millones de votos.

   Ambas posturas ponen en serio riesgo un triunfo del FpV en octubre,  y de esa manera comprometen no solo los las conquistas obtenidas, sino la posibilidad de lograr mejores condiciones para poder sostener con fuerza propia su defensa y profundización.

   Ambas nos llevan al inmovilismo cuando es tiempo de disputar voto por voto, con argumentos y convicción. ¿Sus beneficiarios? Los adversarios y enemigos, quienes entre balbuceos y provocaciones, en un caso,  o sumando certeza y contundencia en el segundo, trabajan sobre el electorado que se denomina independiente, y el mismo FpV.

   Sobre algunos “referentes” del FpV, borrachos de triunfalismo, no necesitan dedicar mucho esfuerzo: simplemente le hacen eco cuando agitan el mito de la invencibilidad del pejotismo, suficiente para mantenerlos quietos. De paso, con el mismo argumento, ahuyentan votantes hartos de tanta soberbia, generalmente asociada a las peores, o aún nefastas, gestiones.

   Para los que dudan, o incluso se disponen a restarle votos al FpV, cuando la tarea de la hora es enfrentar al neoconservadurismo, los medios dedican diariamente su dosis de estímulo.

   Los argumentos pueden ser parcialmente ciertos, o no; ese no es el tema de esta nota. Sí, que el objetivo es profundizar las dudas, desmovilizar.

   Se puede decir, por ejemplo, que Scioli se entrevista con tal o cual personaje;  que en su entorno figuran otros de dudosos antecedentes neoliberales; que su definiciones son insatisfactorias para el “kirchnerismo duro”; que se va “desplazando a La Cámpora”; que el PJ tradicional y sus gobernadores, se han convertido en sus voceros.

   Hacia el electorado “independiente” la batería es más audaz y constante. Pionera fueron “la valija” de dólares de un renegado venezolano;  la – ya clásica— “cada vez más complicada situación de Boudou”; luego la inexistente bóveda y la nunca probada “ruta del dinero K”; el “asesinato” de Nisman; el “astronómico” sueldo que finalmente NO cobraba Kicillof;  y otra causa sin destino, Hotesur. Todo mientras callan que tenemos al primer candidato a presidente de la historia argentina que compite procesado por la Justicia: coimas, sobreprecios, contrabando, asociación ilícita, escuchas ilegales. Mentira e impunidad absoluta.

   En estos días cargan contra la intachable fiscal Cristina Caamaño, a quien acusan del absurdo de “espiar opositores” mediante su “manejo de las escuchas telefónicas”. Ninguna escucha puede aprobar la funcionaria sin una orden judicial, emitida por el juez competente, y con los fundamentos correspondientes. ¿Eso dice la ley? Sí. Pero no importa: denuncian, ensucian, y luego lloran por la “grieta” que desune a quienes jamás estuvieron unidos.

   En este cuadro, ¿cuáles son las principales líneas de acción para desgastar al Gobierno y el FpV durante septiembre, mientras preparan nuevas piezas de artillería para lanzar sobre el electorado durante recta final de octubre?

    En forma esquemática, pues cada ítem agrupa variedad de “información” para instalar, actualizando y reforzando su objetivo, podemos citar:

a)    Convertir en tendencia que pueda mantenerse hasta octubre el daño que provocó/a la fuerte campaña el tratamiento distorsionado de las inundaciones  bonaerenses, que pueden repetirse; y la irresponsable y peligrosa denuncia de fraude en Tucumán, mientras se prepara un escenario similar para el 20 de septiembre en el Chaco (últimas, e influyentes,  elecciones a gobernador antes de las presidenciales), pese a que el triunfo del FpV en las PASO fue abrumador, con casi el 60% de los votos emitidos.

b)    Denigrar todos los espacios de racionalidad ofrecidos por el Frente para tratar mejoras y modificaciones al sistema de electoral, presentándolos como “trabas” para la expresión de las minorías,  y una vía libre para el “fraude”, que al parecer solo se produciría, ahora,  por primera vez en 30 años de democracia, y 12 de gobierno de Néstor y Cristina. No importa si es malintencionado y  ridículo, ni que se agitan reclamos de imposible implementación en menos de dos meses. Menos aún el hecho que manosean temas de tremenda seriedad que pueden comprometer la transparencia de los comicios, si son tomados a las apuradas. Tampoco que la más económica de las “propuestas inmediatas” implique un costo de unos 500 millones de dólares, ni que algunas ya han sido ensayadas y abandonadas en los principales países del mundo. El voto electrónico, por ejemplo, fue declarado inconstitucional en Alemania. ESTO ES PARTE DEL VERDADERO FRAUDE, de la gran mentira y manipulación de la ciudadanía.
  
c)    Ningunear a Scioli (“chirolita” de Cristina, “prisionero” de Zannini, “rehén” de La Cámpora) o, a la inversa, posicionarlo como fino estratega (candidato de las corporaciones y la devaluación, con la inteligencia y firmeza necesarias para maniatar a Zannini y anular y desplazar, a  la organización juvenil que expresa más fielmente las posiciones de CFK).

d)    En la decisiva provincia de Buenos Aires, la táctica es acumular por la vía de restar importancia al peso de Scioli, como de cualquier presidencial, que necesariamente  arrastrarán las categorías inferiores, sobre todo a Gobernador. Apuestan a la creación de una nueva “esperanza blanca”, que sirva para arañar el pase a una segunda vuelta.  Por eso nos venden todos los días la  “sorpresa”  y el “impactante crecimiento” de María Eugenia Vidal. En realidad, el “huracán Vidal” ya PASÓ, sin consecuencias, en agosto. Es más,  Vidal sacó 115 mil votos menos que Mauricio Macri.  No hay que subestimar ninguna acción, pero suponer que los votantes del FpV cortarán boleta para no votar Aníbal Fernández para gobernador, y encima elegirán a la candidata del PRO, es directamente absurdo, aunque es lo que están “vendiendo”, sin decirlo claro, recientes encuestas por encargo.

   Este complejo cuadro, esquemáticamente presentado, muestra a los ideólogos de la restauración conservadora con un objetivo claro. Insistimos: inmovilizar y desmoralizar a la militancia y al pueblo que el 25 de octubre quiere consolidar el actual rumbo.

   Por eso conquistar la alegría del triunfo requiere de la previa alegría y convicción en la militancia.
   Alegría consciente, sin ingenuidades, que también implica acumular fuerzas para los nuevos tiempos.

   Como decía don Arturo Jauretche, con la convicción de que “Los pueblos deprimidos no vencen/ Por eso venimos a combatir por el país alegremente/ Nada grande se puede hacer con la tristeza”.

lunes, 14 de octubre de 2013

1983-2013: la militancia juvenil, ayer y hoy

Al cumplirse 30 años de la recuperación de la democracia, la revista Caras y Caretas
me entrevistó acerca de la militancia en aquellos y estos días. Aquí las preguntas y mis respuestas
.

¿Qué diferencias ves entre la militancia de los ‘80 -con el regreso de la democracia- y la de hoy en día?

Entre muchos factores para discutir, destaco una valoración mucho más madura de la política como instrumento de transformación de la realidad, aunque sin perder de vista que es en un proceso dificultoso, con avances y retrocesos durante la democracia y teniendo que hacer frente a las heridas de la dictadura que aún hoy hacen mella.

Después de la demonización de la militancia en los ’70, en los ’80 surgió la idea de que la vieja militancia había sido (para decirlo suavemente) ingenua, y que la democracia sería una solución casi mágica a los problemas heredados. Pero la situación era mucho más compleja: la “cadena de formación de cuadros” había quedado destruida por el extermino de la dictadura. Después de la breve fiesta del retorno a la democracia, se combinaron potenciales militantes desorientados, primero y crecientemente desilusionados, después, por el enfoque empresarial y clientelar de la política nacional, que hoy subsiste en no pocos casos.

Comparando esto con hoy en día: se ha superado bastante la apatía reinante en los ’90. También reaparecen una fuerte voluntad de participación y la reconstrucción de una mística, aunque con cierta idealización de nuestra experiencia, la de los “setentistas”, que tenemos la obligación de esclarecer.

 

Como militante político ¿de qué manera procesaste el descreimiento del 2001 fruto del fin del gobierno de la Alianza, materializado en la consigna “que se vayan todos”?

Como un resultado natural de la sensación de vaciamiento e inutilidad de las instituciones que tenía la población; pero también con la gran preocupación de que esa sensación, basada en una realidad, paradójicamente “les hacía el juego” a los “dueños de la argentina”: la militancia, la política y la misma democracia que tantos dolores de cabeza les dieran en su momento estaban siendo reemplazadas por un “que se vayan todos”, que les permitía camuflarse tras la bronca popular y beneficiarse con la falta de política.

Algunos que posan de izquierdistas echaban fuego a la hoguera sumándose a esa consigna, creyendo que era el anticipo de “su tiempo”, o el delirio que vivíamos una “situación revolucionaria”.

Lo necesario no era que “se fueran todos” (algo imposible, en la realidad), sino de sino de echar (ya que solos jamás se van) a los responsables, cómplices y beneficiarios (que profundizaron) el modelo dependiente y rentístico, del capitalismo argentino, hegemonizado por el sector financiero, en desmedro del productivo.

 

¿Qué expectativas tenés hoy sobre la militancia política juvenil, estimulada desde el gobierno con medidas como el voto a partir de los dieciséis años? 

Muchas. Es con la militancia organizada que se pueden profundizar los pasos dados y, sobre todo, encarar medidas que ataquen al menos algunos elementos de la matriz capitalista –entre otros: renta financiera, minera, pesquera, petrolera– como parte de una drástica redistribución de los ingresos hacia los sectores más desprotegidos en forma directa (salario y creación de empleo) e indirecta (salud, vivienda, educación, asistencia).

Tras años de pérdidas profundas, parece atinado considerar que hemos ganado una década. Sin embargo, para que esa ganancia no se revierta hacia una nueva pérdida, es necesario consolidar lo alcanzado no vacilando en ir por más. Y esto es casi imposible sin realizar una convocatoria concreta y viable, con generosidad y convicción, para construir una fuerza político-social organizada y plural. Una convocatoria que incluya a las distintas culturas políticas que hoy están dispuestas a encarrilar la voluntad participativa de los jóvenes, capaces de enfrentar la resistencia a los cambios de corte nacional y popular, y ser la base movilizada que apoye su profundización. ¿Qué tarea más seductora y movilizadora para convocar, y unir, a las “viejas” y nuevas generaciones de militantes?

miércoles, 4 de abril de 2012

La Militancia juvenil: de Lanusse a Cámpora; de Videla a Alfonsín

Un compañero acaba de publicar una foto de la primera marcha de las juventudes políticas: en 1982, cuando agonizaba la dictadura, fecha de la que en pocos días se cumplirán 30 años.

La imagen me sacude… Brotan furiosos, incontrolables, los recuerdos de aquellos jóvenes; muchos hace tiempo sonriéndonos o frunciéndonos el ceño “desde arriba”, según si nuestra vida se ha correspondido con el compromiso asumido en aquellos años de debates y acciones, donde todo –todo– se entregaba sin aspirar más que a ganar un futuro mejor para la Patria y nuestro pueblo.

Años, turbulentos, magníficos, aterradores, heroicos, irrepetibles.

La historia viene de antes de la foto que ilustra esta nota –la del recién nacido Movimiento Juventudes Políticas (MoJuPo)– y la evoco desde el corazón; sin apuntes, ni consultas, ni google...

Comienza en la década del 70 –meses después de que Lanusse se pusiera al frente de la Junta– cuando las juventudes de los partidos políticos populares –principalmente JP, FJC y JR– participaron de la llamada Marcha contra el Hambre: una batalla campal en las calles de Buenos Aires, convocada por la Intersindical (con Agustín Tosco a la cabeza), para repudiar a la dictadura. Dos años después, las juventudes volvieron a confluir para liberar a los presos en Devoto, luego del triunfo de Cámpora, aquella madrugada del 26 de mayo de 1973.

Hasta aquel momento la unidad –salvo en acciones concretas– de peronistas, radicales, comunistas, socialistas, intransigentes y democristianos era un imposible. Y mirada con más que mala cara por las dirigencias "adultas", en la mayoría de los casos, por temor, sectarismo y conservadorismo.

Con la llegada de la primavera camporista se produjo una explosión de masas a partir de las actividades de las JP Regionales. En conjunto con la Fede y otras fuerzas movilizaban entre 50 y 100 mil personas, como por ejemplo, para el repudio al golpe de Estado contra Salvador Allende, o las modificaciones al Código Penal durante el gobierno del propio Perón.

Los carteles conjuntos JP/FJC no son una casualidad, ni están armados a gusto del fotógrafo: expresan la voluntad de unidad acuñada en el trabajo de años –1971 a 1976–, cortado a sangre y fuego, primero, por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y luego con el recrudecimiento del terrorismo de Estado con la última dictadura.

Pocas semanas después de concretado el golpe, un grupo de dirigentes de las juventudes de los principales partidos (sectores de la diezmada JP, JR, FJC, socialistas –"unificados" y "auténticos"–, democristianos de izquierda y la firme presencia de la Juventud Intransigente – que convocó a muchos perseguidos y les dio cobijo político) comenzamos una "loca" (dados el momento y las condiciones) escalada de reuniones clandestinas o semipúblicas (algunas en embajadas, otras en locales partidarios), que tuvieron en algunos casos graves consecuencias para los que participamos, pero en las que se lograron plasmar pronunciamientos conjuntos: el repudio al plan económico de Martínez de Hoz; la adhesión a la Central Única de Trabajadores Argentinos (CUTA); la libertad de los presos y el esclarecimiento de la situación de los desaparecidos.

Esa coordinación de juventudes fue el núcleo dirigente del impulso al renacer de los reclamos de los jóvenes productores (como se evidenció en los Encuentros de la Juventud de la Federación Agraria con centenares de delegados); de los obreros, protagonistas de los trabajos "a tristeza" en las automotrices o en el ferrocarril; de las revistas estudiantiles de los colegios secundario –de las que llegaron a distribuirse 4.000 sólo en la Capital Federal; de la reorganización de los centros estudiantiles, enfrentando a Moyano Llerena; de la destacada resistencia al cierre de la Universidad de Luján; y de las actividades en los clubes de barrio.

En 1979, se constituyó la inusitada Confluencia Multisectorial Juvenil por la Paz en el Beagle –con León Gieco cantando “Solo le pido a Dios” en Vélez, en el acto de cierre– cuando las dictaduras nos pusieron al borde de la guerra.

Las juventudes también organizaron marchas conjuntas por San Cayetano, con el movimiento obrero (la CUTA, los 25, la CGT de Ubaldini) por "Pan, Paz y Trabajo", enfrentando la represión militar en minibatallas por todo el barrio de Liniers; la impresionante movilización con la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con miles de personas desafiando los Falcon, las fotos y las amenazas, en Avenida de Mayo al 760. Se formularon miles de denuncias, luego de formar centenares de comités partidarios de "recepción de denuncia y apoyo a los familiares", y de que las juventudes políticas entregaran un documento conjunto y denuncias puntuales.

Ya antes, en 1978, se había constituido el Seminario Juvenil de la ADPH, que acuño la inmortal consigna-denuncia acerca de "el delito de ser joven", pues los estudios realizados en plena dictadura demostraron que más del 80% de los desaparecidos eran jóvenes; la mayoría trabajadores, seguidos por los estudiantes.

Fuerzas conjuntas de dirigentes juveniles acompañaron, asimismo, a las Madres en sus primeras movilizaciones, recibiendo los gases con los que inútilmente pretendieron ahogar a las mujeres del pañuelo blanco. Luego, la movilización de la CGT a la Plaza el 30 de marzo de 1982, las banderas por "Malvinas sí, dictadura no" – producto de la marcha acordada en decenas comités conformados con reclamos y banderas propias en colegios, universidades, barrios, que fueron los mismos que concurrieron a repudiar al régimen luego de la derrota.

Sólo este recorrido explica el renacer del MoJuPo en 1982. Con algunos personajes que ahora pueden parecer sacados de otra historia, pero que eran los más jóvenes que surgían tras seis años de combate cotidiano; de la lucha de otros centenares de jóvenes militantes y dirigentes. Éstos últimos entraron a la dictadura con al consigna "Liberación o Dependencia". La nueva generación relanzó el MoJuPo con esa misma bandera.

¿Era la apropiada? Son otras historias y requieren otras reflexiones. Hoy, ahora, sólo quiero recordar y saludar el casi desconocido heroísmo de la militancia cotidiana que compartimos en esos años terribles, sublimes, turbulentos, inolvidables, magníficos y aterradores. Irrepetibles.

Salud compañeros. A los que están y los que no están. A los que siguen adelante con las mismas convicciones, y aún a los que defeccionaron: yo los recuerdo a todos como eran. Como éramos. Más viejos; no necesariamente más sabios, pero con las convicciones intactas.