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viernes, 16 de octubre de 2009

Carrió dice que Kirchner es como Stalin y Ceausescu


Un tanto insólitas, principalmente indignantes, pero no sorprendentes, son las declaraciones de Carrió en el marco de una fuerte defensa del Grupo Clarín, en concreto de Ernestina de Noble, en el caso en la que se la acusa de apropiación de dos hijos de desaparecidos durante la dictadura.

En la presentación de sus propuestas en materia de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en el Instituto Hannah Arendt, afirmó textualmente: "Es terrible que se vote la ley para la extracción compulsiva de ADN en la búsqueda de identidad. Esa ley no está dirigida a proteger los derechos humanos sino que está dirigida, y tiene nombre y apellido, a los hijos de la señora (Ernestina) Herrera de Noble. Quiero denunciar al matrimonio. Esto es fascismo puro. El principio de la integridad y de la autonomía personal están por encima. Es una ley de persecución. Están violando los derechos humanos para una venganza personal". Después de ofender gratuitamente a las verdaderas impulsoras del proyecto, las Abuelas de Plaza de Mayo, añadió que “Los hijos de la señora Herrera de Noble son nuestros hijos" y añadió que "son víctimas de las negociaciones del poder desde hace quince años pero esto es más grave porque la venganza fascista carece de límites en el país".

Con una sonrisa sarcástica, aprovechó para sugerirle --¿amenazar?-- a los jueces "que hagan Justicia" porque los espera el destino de Federico Faggionatto Márquez, quien ayer fue destituido y deberá someterse a un juicio político. Los ataques ignoraron la figura de la Presidenta, para centrarse sobre Néstor Kirchner. "No le queda legitimidad, sólo le queda capacidad de daño", sostuvo. Y se refirió a la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que no incluye los medios gráficos: "La ley es contra Clarín, seguirá con La Nación y luego Kirchner irá contra sus propios medios, como Stalin". La comparación también abarcó a Nicolás Ceausescu, una "ocurrencia" que Carrió había formulado en el comienzo de la era kirchnerista y de la que ayer se jactó. "Lo dije hace cinco años. Estamos en un estado policial. Persiguen y extorsionan, como Ceausescu". Sin reparar que sus dichos eran pronunciados sin inconvenientes en un país con casi 26 años de democracia, pero que viene de miles de desaparecidos, asesinados y torturados, no aclaró si proponía que Kirchner fuera acribillado, junto a su esposa, sin juicio previo, como sucedió en Rumania.

La misma temeridad mostró a principios de años cuando aseguró que la dictadura de Stroessner en Paraguay no había asesinado ni torturado a los miles que mató y torturó. Pese a la indignación de la comunidad paraguaya --en Argentina y en el país vecino--todavía la ex funcionaria de la dictadura en el Chaco, ascendida durante "el proceso", al parecer por vinculaciones no comprobadas del sector femenino de su familia con el personero militar en la provincia, no ha pedido perdón al pueblo hermano por sus dislates. Ahora también se lo debe a las Abuelas y a las víctimas del genocidio argentino. De los que pronuncia aquí, ya es hora que algunos dejen de mirarla como a Maradona en conferencia de prensa...

jueves, 27 de agosto de 2009

Una perlita de la "prensa libre"


A sus 80 años, murió la directora del bahiense diario La Nueva Provincia, Diana Julio de Massot, clara defensora de la dictadura militar en los 70 y de los militares procesados por genocidio durante el periodo democrático.

Es interesante una breve contraposición entre el panegírico que le dedica La Nación y la condena de Página/12.

El diario de los Mitre-Saguier, además de la crónica, la califica desde el titular de la nota donde traza su perfil como “Defensora infatigable de la prensa libre”, que “ejerció un liderazgo natural”. El cuerpo de la nota afirma que “fue una de las figuras más combativas y consecuentes con sus ideas de la prensa argentina del último medio siglo”.

Página/12 , en cambio, la caracteriza como “Férrea militante antiperonista y anticomunista, portavoz histórica de la Armada Argentina y de los sectores integristas de la Iglesia Católica, respaldó todos los golpes de Estado del último medio siglo y minimizó hasta el último día los crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas durante la última dictadura”, para relatar que “Un mes antes de su muerte Canal 7 difundió, por primera vez en televisión abierta, la historia de los obreros gráficos y gremialistas Enrique Heinrich y Miguel Angel Loyola, secuestrados, torturados y fusilados en 1976 luego de enfrentar durante años a la dirección de La Nueva Provincia, que dedicó veinte líneas a la noticia y nunca fue investigada por la Justicia”.

Más allá de opiniones, queda para el recuerdo el Editorial del diario de Massot el 24 de marzo de 1976, donde bajo el titular “Refundar la Patria”, sostuvo entre otros conceptos que “Argentina es una nación occidental y cristiana” y enumeró como enemigos “al aparato subversivo, el ‘sacerdocio’ tercermundista, la corrupción sindical, los partidos políticos, la usura de la ‘derecha económica’ y la contracultura izquierdizante”. “Al enemigo es menester destruirlo allí donde se encuentre, sabiendo que sobre la sangre redentora debe alzarse la segunda república”, arengó con términos de capellán, y sugirió utilizar una “violencia ordenadora” que “no haga distinciones al emplear su fuerza limpia contra las banderías opuestas”.

lunes, 23 de marzo de 2009

Por Román


En el post que publiqué el 21 de marzo pasado, titulado “Ley de Radiodifusión: indignante campaña”, trate de relatar desde mi experiencia personal, que es la de tantos militantes y dirigentes del campo popular silenciados durante años por los medios de difusión del sistema, como actúan los supuestos adalides de la libertad de prensa y de expresión. Preocupado por seleccionar hechos que pudieran ser significativos para el lector, como lo fueron para sus protagonistas, mi memoria me jugó una mala pasada, o quizá se apiadó de un dolor que no cesa, al omitir la historia que relato abajo, y que también incorporé al texto definitivo del post.


Casi dos años después, el 28 de noviembre de 1979, un joven periodista, Román Mentaberry, fue asesinado en la redacción clandestina del periódico Informe. Román partencia a la “Fede” y fue literalmente ahorcado con su propio cinturón, y hallado en condiciones que no quiero recordar. Luego de confirmar el crimen, coordinar con Francisco “Cacho” Álvarez y Eduardo Duchatsky para impedir que nadie llegara a las redacciones, tuvimos la difícil tarea de lidiar con las “preocupaciones” de una parte del aparato partidario por el tono de la denuncia que redactamos para los semanarios del PC, Eduardo, y la FJC , yo mismo, finalmente zanjada por el apoyo que mi padre nos dio en el primero, y –más allá de las profundas diferencias que tuvimos después—Patricio Echegaray en la segunda. Otro periodista, Arturo Marcos Lozza tuvo que “dar la cara” para denunciar el crimen y rescatar el cuerpo de nuestro compañero, siendo encarcelado e interrogado por mucho tiempo. No era la primera ni la última victima por la que salíamos a dar pelea: fueron 1500 detenidos, 500 secuestrados, más de 100 de los cuales permanecen desparecidos, además de los miles de compañeros de otras organizaciones, y aún sin militancia alguna. Pero en este relato cuenta que era un periodista. Hicimos la denuncia judicial, hicimos el comunicado de prensa, lo entregamos personalmente en las redacciones. Ni siquiera en este caso, la ahora tan sensible Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), tuvo la dignidad de pronunciarse, como no lo hizo con ninguno –salvo puntuales casos aislados-- del más de un centenar de periodistas secuestrados y asesinados. Parece que, entonces, no había “hostigamiento” ni “presiones” ni “peligro para la libertad de prensa y expresión. Ninguna linea de Clarín ni la Nación .

sábado, 21 de marzo de 2009

Ley de Radiodifusión: indignante campaña

Este pretende ser un post hecho desde las vivencias personales, no desde la política ni la economía, aunque inevitablemente la primera estará presente, como siempre.

Hace más de 40 años que milito en lo gremial, social y político, con los vaivenes de cualquier hombre o mujer de mi generación, y ahora la indignación por la campaña que los grupos económicos propietarios de medios están realizando contra el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, sencillamente me produce nauseas. En particular la furia del monopolio Clarín, desatada desde en Canal 13 y TN, incluìda la generosa difusión de la vergonzosa conferencia de prensa de la Coalición Cívica y la UCR.

En estas cuatro décadas largas, muchos hechos sucedieron en nuestra patria, no pocos de ellos significativos, pero que no figuran en las páginas de los grandes medios. Particularmente tuve participación en algunos, de las cuales el diario Clarín, y luego los medios de su propiedad nunca publicaron, ni publican, una línea, lo que muestra a las claras lo que entienden por “libertad de prensa” y de “expresión”.

Hubo una excepción: cuando renuncié al Comité Central del PC, en 1989. Su periodista Daniel Santoro, quien pretende dictar cátedra de Ética Periodística, consignó la noticia, pero violando groseramente en su nota el “off de record”. La “ética” periodística --he sido docente de la materia en la Universidad de Palermo-- indica que lo que se dice en “on” (en acuerdo con el entrevistado o la fuente) se publica, lo que se dice en “off” (donde no se quiere dar a conocer la información y/o la fuente), no, y ese principio lo respetaron en la cobertura de aquel suceso todos los medios, incluidos, nada menos, que Ámbito Financiero y El Cronista Comercial.

Pero sigamos la línea.

En 1968/69 fui dirigente del Centro de Estudiantes del Colegio Nacional Mariano Moreno, y en ese carácter encabezamos una huelga de una semana, con corte de calles, la primera del nivel secundario durante la dictadura de la “Revolución Argentina”, contra la implantación de un nuevo plan de estudios, claramente antipedagógico y restrictivo. Marchas y otras acciones, en la que todos los estudiantes fuimos sancionados con faltas y amonestaciones hasta ponernos al borde de quedar libres fueron llevadas hasta la redacción de los medios. Ninguna línea en Clarín, ni La Nación.

También, luego del asesinato de los estudiantes Juan José Cabral (en el “Correntinazo”) y Adolfo Bello (en el primer “Rosariazo”), inauguramos una amplia movilización de repudio que logró que todos los estudiantes secundarios de la Capital lleváramos cintas negras en la solapas de nuestros sacos o los guardapolvos de las chicas, dentro y fuera de los colegios, además de realizar actos de protesta en la puertas de ingreso. Se informó, se visitó las redacciones. Ninguna línea de Clarín ni de La Nación.

Durante la misma dictadura, ya cursando Sociología en la facultad de Filosofía y Letras, comenzamos un vasto movimiento nacional, contra el examen de ingreso, con múltiples luchas y represión en todo el país. En mi caso, siendo dirigente del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras (CEFYL) fui secuestrado y golpeado salvajemente por una patota policial, denuncia que realicé personalmente en la sede de los medios, con nombre y apellido, incluido el número y la exhibición del documento de identidad como exigían. Ninguna línea de Clarín ni de La Nación.

En democracia, en los días de Isabel Perón, realicé con otros compañeros denuncias personalmente de secuestros de compañeros, luego asesinados por la Triple A, que fueron ignorados, facilitando el desenlace final.

Ya en dictadura videlista, como dirigente de la juventud comunista (FJC) me tocó participar en la reconstrucción de las Juventudes Políticas, y con jóvenes peronistas, radicales, intransigentes, socialistas, democristianos realizamos valientes iniciativas en medio del Terrorismo de Estado: reclamo de libertad de los presos y desaparecidos, incluido el Seminario Juvenil de la APDH, que popularizó la consigna de “el delito de ser joven”, pues jóvenes eran la inmensa mayoría de los secuestrados; apoyo al “trabajo a Tristeza” y las movilizaciones sindicales a San Cayetano por “Pan, paz y trabajo”; acciones por la paz en el Beagle, para lo que se conformó una multisectorial; solidaridad con la lucha antisomocista en Nicaragua, el proceso de repudio al intento de arancelamiento en la Universidad y de reorganización de los centros estudiantiles, secundarios y terciarios, ara citar algunas. Todo detalladamente adelantado, y luego informado mediante comunicados y visitas a los medios. Ninguna línea de Clarín y La Nación.

En la misma época, como uno de los jefes de Redacción de Prensa Latina en Buenos Aires, el otro era el uruguayo Aram Aranhonian, nos tocó ser la primera agencia que emitió la Carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar, contenida en el boletín del ANCLA que distribuyó antes de ser emboscado por un Grupo de Tareas. Me consta que la misma denuncia también fue emitida con diferencia de horas por AP, AFP, IPS y ANSA, y también me consta que nuestros adalides de la liberad de prensa la conocían. Tanto a la carta como a la versión que de ella dieron los cables de agencias que contratan para su servicio diario. Ninguna línea de Clarín y La Nación.


Casi dos años después, el 28 de noviembre de 1979, un joven periodista, Román Mentaberry, fue asesinado en la redacción clandestina del periódico Informe. Román partencia a la “Fede” y fue literalmente ahorcado con su propio cinturón, y hallado en condiciones que no quiero recordar. Luego de confirmar el crimen, coordinar con Francisco “Cacho” Álvarez y Eduardo Duchatsky para impedir que nadie llegara a las redacciones, tuvimos la difícil tarea de lidiar con las “preocupaciones” de una parte del aparato partidario por el tono de la denuncia que redactamos para los semanarios del PC, Eduardo, y la FJC , yo mismo, finalmente zanjada por el apoyo que mi padre nos dio en el primero, y –más allá de las profundas diferencias que tuvimos después—Patricio Echegaray en la segunda. Otro periodista, Arturo Marcos Lozza tuvo que “dar la cara” para denunciar el crimen y rescatar el cuerpo de nuestro compañero, siendo encarcelado e interrogado por mucho tiempo. No era la primera ni la última victima por la que salíamos a dar pelea: fueron 1500 detenidos, 500 secuestrados, más de 100 de los cuales permanecen desparecidos, además de los miles de compañeros de otras organizaciones, y aún sin militancia alguna. Pero en este relato cuenta que era un periodista. Hicimos la denuncia judicial, hicimos el comunicado de prensa, lo entregamos personalmente en las redacciones. Ni siquiera en este caso, ADEPA y la ahora tan sensible Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), tuvo la dignidad de pronunciarse, como no lo hizo con ninguno –salvo puntuales casos aislados-- de los 132 de periodistas secuestrados y asesinados. Parece que, entonces, no había “hostigamiento” ni “presiones” ni “peligro para la libertad de prensa y expresión. Ninguna linea de Clarín ni la Nación .

Con Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde, Kirchner, Cristina Fernández la historia es más conocida: no se publica nada que afecte sus intereses, ni de nadie que no comulgue con ellos y quienes en cada coyuntura han decidido apoyar para negociar mejor sus intereses. Hay muchos casos que todos conocen. Siguiendo con el tono personal, y sólo para citar el más reciente, puedo relatar la grave denuncia que realicé contra Elisa Carrió –casualmente feroz cuestionadora del proyecto de nueva ley en el cambito de la comunicación audiovisual-- en febrero pasado, por su imperdonable declaración negando los crímenes de 35 años de dictadura de Stroessner en Paraguay. Fue ignorada. En marzo, la diputada Silvia Vázquez, del Partido de la Concertación, acompañada por sus colegas Agustín Rossi, Silvestre Begnis y Claudio Morgado ante otros, presentan una proyecto de repudio al “negacionismo” de los genocidios, desde el holocausto al armenio, sin dejar de lado el de los pueblos originarios, y mencionando expresa y detalladamente el caso de Carrió, en presencia de familiares de las miles de víctmas del país hermano.. La conferencia de prensa se realiza en la Cámara de Diputados, al lado de su sala de prensa. Ni una línea de Clarín y La Nación.

Ahora tenemos un proyecto para reemplazar la ley de Radiodifusión de la dictadura que recoge el mandato incumplido de la mayoría de los partidos políticos argentinos, entre ellos el PJ y la UCR, en las elecciones de 1983. Que toma la posta del intenso debate en universidades, gremios, organizaciones no gubernamentales y de derechos humanos en estos más de 25 años y que fuera sintetizados en los “21 puntos” reclamados por centenares de personalidades y organizaciones en la Coalición por una Radiodifusión Democrática. Y eso no es todo, se informa que ese proyecto, con toda esa historia en sus artículos y disposiciones, no va directamente al Congreso, sino previamente vuelve a la sociedad para ser rediscutido y enriquecido, y entonces sí llegar al Parlamento, con la mayor participación de los interesados y toda la ciudadanía. Y de esta historia, también, ni una línea de Clarín y La Nación.

Está claro que ni al grupo de Magneto-Noble, ni al matutino fundado por Bartolomé Mitre, el comandante del extermino de cinco sextas partes del total de nuestros hermanos paraguayos en la Guerra de la Triple Alianza, para nombrar los buques insignia de esta campaña, no les interesa la libertad de expresión ni la de prensa, sólo la de empresa, y más concretamente la de SUS empresas. No le interesa ahora, no le interesó bajo gobiernos dictatoriales, tampoco durante los democráticos, cuando no fueron herramienta para el impulso y posterior “legitimación” de los golpes de Estado.

Pero, ahora bien, ¿por qué libertad de prensa y de expresión clama Carrió y el coro derechista que la acompaña, cuando llega a decir que

“No tendremos problemas en defender a los grandes grupos económicos si es para defender la libertad de prensa”?. Es como si hubiera dicho “No tengo ningún problema en apoyar a la Junta de Comandantes si es para defender a la democracia del ataque subversivo”. Se comprende mejor, entonces, su defensa del criminal Stroessner, o su paso como funcionaria judicial de la dictadura en el Chaco de la Masacre de Margarita Belén, período donde no solo “trabajó”, sino fue ascendida.

No pretendo, ya lo hicimos en este blog, opinar más a fondo sobre el nuevo proyecto, sí sobre esta campaña indignante. Quizás, por una vez, los hechos de la experiencia personal, que ha sido la de centenares de dirigentes y luchadores cuyos hechos y/u opiniones no fueron del gusto o del interés de estos medios, sirva más que sólo el análisis frío y descarnado, que también lo necesitamos.


jueves, 19 de marzo de 2009

Carlos Blaquier y Ledesma: historia de horrores y negocios



La empresa Ledesma fue cómplice de la dictadura cívico-militar. La noche del 20 de Julio de 1976 (conocida como "la noche del Apagón") la usina de Libertador General San Martín (Dpto. de Ledesma. Jujuy) corta el suministro eléctrico, mientras policías, gendarmes, militares y capataces de Ledesma comienzan a allanar y saquear viviendas de los pueblos de Lib. Gral. San Martín y Calilegua. 400 trabajadores, estudiantes y profesionales son llevados a los galpones de mantenimiento del ingenio azucarero, donde permanecieron días y meses atados y encapuchados. Tras las torturas e interrogatorios, algunos son liberados, otros son enviados a comisarías o cuarteles militares, otros aparecen en cárceles de distintas provincias. Treinta compañeros permanecen desaparecidos. La foto que ilustra este post corresponde a una condena de los familiares de esas víctimas. Roberto Pucci, historiador, autor del libro Tucumán 1966-Historia de la destrucción de una provincia", escribió la siguiente nota de imprescindible lectura para ver la trama entre los negocios, la persecución y el terrorismo de Estado en la Argentina, incluído el perpetrado contra la "sacrosanta" propiedad privada.

La novedad de que la corporación del Ingenio Ledesma ha desembarcado en la actividad azucarera de la provincia de Tucumán debe ser considerada con precaución, por no decir con cierta alarma, puesto que los tucumanos deben saber que todo su poderío actual se edificó a partir de su estrecha asociación con las dictaduras militares de 1966 y 1976.
Su propietario y presidente reescribe ahora su trayectoria y presenta al Ledesma como una víctima más de la salvaje agresión desatada contra Tucumán por la dictadura militar de Onganía, que liquidó once ingenios (el 40 por ciento de las fábricas), eliminó de la actividad a unos 11.000 pequeños cañeros, lanzó a la desocupación a unos 50.000 familias y obligó a 250.000 tucumanos a un penoso exilio interior, apiñados en las villas miseria de Buenos Aires.
La verdad, por el contrario, es que Herminio Arrieta y Carlos Blaquier integraron los cenáculos cívico-militares que planearon aquellos golpes de Estado y la destrucción de Tucumán y, mediante la liquidación de ingenios como el Esperanza, el Santa Ana y otros (gestionados entonces por cooperativas mixtas de cañeros, obreros y el estado provincial), se apoderaron de la parte del león del mercado azucarero gracias a los decretos-leyes impuestos por Jorge Salimei, Adalbert Krieger Vasena y otros funcionarios de aquella dictadura.
El ingenio Mercedes fue adquirido por Herminio Arrieta con el fin de clausurarlo, medida que tomó en 1967 a pesar de ser el único ingenio tucumano que recibía aumentos de cupos, mientras el resto era cerrado por la fuerza o sufría recortes y padecía la asfixia crediticia del poder central.
Tras la muerte de su suegro, Carlos Blaquier fue un activo conspirador y propagandista de la dictadura del llamado “Proceso”, predicando contra el liberalismo y la democracia, a la que despreciaba con el nombre de “votocracia”. En aquellos oscuros años, el ingenio Ledesma fue cómplice del secuestro y desaparición de decenas de sus obreros y empleados, en la llamada “noche del apagón” de julio de 1976, acción por la que Carlos Blaquier se encuentra inculpado hoy ante la justicia federal.
La historia no admite reescrituras infinitas.