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domingo, 30 de diciembre de 2012

La economía argentina entre el 2012 y el 2013



El balance
Culmina el 2012 con desaceleración de la economía y crecimiento de los precios (inflación), afectando más a los sectores vulnerables de la sociedad, producto de magros ingresos percibidos, sea por salario o por subsidios.
En el cuadro de beneficiarios con grandes ganancias aparecen los bancos, el sector de mayor rentabilidad en el mundo empresario. Completan el cuadro de ganadores el sector extractivo, con la minería y la soja principalmente, producto de precios internacionales en alza (promedio del año) y ampliación de la esfera productiva. También el sector automotriz, la siderurgia y metalurgia puede hacer balance positivo, aún con la merma respecto al récord del 2011.
Todos los sectores productivos mencionados asocian sus resultados a la inserción global subordinada (exportadora), pese a la crisis mundial. Los pronósticos a fines del 2011 anticipaban un año de bajo o nulo crecimiento. La ausencia de estadísticas confiables no permite identificar con certeza el nivel de caída del producto en el país, siendo el principal dato la pérdida neta de empleos, por primera vez en la década.
La desaceleración supone menor producto e ingreso y por la tanto, agudiza la disputa por su apropiación. Eso explica la presión patronal y de la política económica por intentar frenar la demanda de mejores ingresos de los trabajadores empleados y los perceptores de planes sociales. Además, la inflación contribuyó a deteriorar la capacidad de compra del ingreso de la mayoría de la población. El resultado es un crecimiento de la conflictividad laboral y territorial, puesta de manifiesto en grandes movilizaciones sobre el final del año.
Esa situación de merma en la capacidad de generar riqueza de la economía en la Argentina tiene impacto en las cuentas nacionales (el registro de la economía). Así se puede percibir un menor consumo, una baja en la inversión y menores resultados del intercambio comercial con el mundo.
Por el lado del consumo y la inversión, el esfuerzo continuó por el lado del sector público, limitado por restricciones estructurales definidas por el agotamiento del superávit fiscal que acompañó la gestión gubernamental en la década transcurrida.
El 2012 es el año que registra modificaciones en los regímenes tributarios provinciales (impuesto inmobiliario, rural y urbano; patentes, sellos, otros) para mejorar la ecuación de ingresos propios ante los problemas de financiamiento, tanto como el regreso de los estados provinciales al mercado de deuda, con alto costo de intereses e hipoteca de las finanzas provinciales, anticipando problemas en el futuro cercano.
Las restricciones externas por menor saldo comercial y fuga de capitales, determinaron que se profundizaran algunas medidas sobre la disponibilidad de las divisas (monedas externas) que se anticiparon al final del 2011. Es importante en ese sentido la férrea administración sobre las divisas, restringiendo su utilización para el Estado, especialmente en el sostenimiento de la política de cancelación de la deuda, y aquellas actividades del sector privado que fueran imprescindibles en las relaciones con el exterior.
Así comprobamos como las reservas internacionales se redujeron de los 47.000 millones de dólares a fines del 2011 a los 43.000 millones de fines del 2012. En paralelo surgieron cotizaciones de las divisas muy por encima del precio establecido oficialmente, algo que impacto en cierta franja de productos importados que se comercializan en el mercado interno, afectando capacidad de gasto de consumidores.
La novedad del 2012 fue la expropiación parcial de YPF, ampliamente aceptada por la sociedad. Las razones de la medida se encuentran en el déficit energético, del orden de los 10.000 millones de dólares por año entre 2011 y 2012, esperando reproducir la situación en el 2013 y quizá los próximos años. La gestión estatal se concentró este año en acercar socios con tecnología para la extracción de hidrocarburos no convencionales, el fracking, altamente depredador y contaminante, destacando los acuerdos con Chevron (EEUU) y el grupo Bridas (nacional asociado a capitales chinos). La actividad también transitó por la búsqueda de financiamiento a pequeños inversores, y principalmente a dependencias del Estado, especialmente ANSES.
La perspectiva
La economía en Argentina estará condicionada por la evolución de la crisis mundial del capitalismo, especialmente por la de los principales socios comerciales: China y Brasil.
El gigante asiático es gran comprador de soja y en los últimos tiempos discontinuó compras masivas y privilegió el uso de su stock para inducir reducción de precios. Es una incógnita el impacto que pueda generar respecto del ingreso de divisas y el estimulo a la producción.
Por su parte, el Brasil crece muy lentamente, y una evolución más favorable estimulará la producción industrial de nuestro país, especialmente de automotores, el sector más dinámico del ensamblado local.
Además, en el vínculo con el exterior pesará el déficit energético, lo que insumirá cuantiosas divisas para la importación. Seguirá siendo una incógnita el ingreso de inversores asociados a YPF, del mismo modo que el financiamiento externo adecuado para los planes de producción de la petrolera de gestión estatal.
El sector externo continuará ocupando la agenda por las negociaciones asociadas al endeudamiento, siendo previsible una mayor carga financiera la potencial reapertura del canje y las negociaciones con el Club de Paris. El FMI intentará condicionar la política económica local, vía monitoreo de las cuentas públicas o por lo menos observando la metodología del organismo oficial de estadísticas.
En una mirada más local, el acento estará en la capacidad de sostener la expansión del nivel de actividad y el empleo, luego de un año de escaso crecimiento y de pérdidas, por primera vez en la década, de puestos de trabajo.
Para ello se promoverán políticas activas del Estado Nacional en el sector productivo y financiero, intentando inducir que los bancos canalicen sus depósitos en créditos a la producción, especialmente de pymes.
Un problema puede presentarse desde el consumo, por el impacto de la inflación en los sectores de menores ingresos y el intento renovado de amenguar la demanda de actualización de ingresos, sea por salarios o por subsidios. El conflicto social agudizado resulta esperable en ese escenario.
El angostamiento de la disponibilidad de recursos fiscales puede limitar el gasto y la inversión pública, dificultando la necesaria ecuación inversora en el PBI ante la falencia inversionista del sector privado.
En síntesis, los problemas externos e internos sumados en un año electoral, incidirán en la disputa social por el ingreso y la riqueza.
Corolario
La propaganda oficial se sustenta en los datos del crecimiento económico desde el 2003, que en rigor comenzó en el segundo semestre del 2002. Los años 2009 y 2012 son la excepción, y en general se asoció el tema a la crisis mundial.
En realidad, con crecimiento o no, siempre está la crisis, puesto que se crece por la crisis y se decrece, también por la crisis.
Los precios de las comodities (soja u oro) crecen por la crisis y eso impacta en el crecimiento argentino. La recesión europea, o la desaceleración china y brasileña generan disminución de compras externas de productos argentinos y por eso la crisis gesta la desaceleración local.
Es complejo pero es así, la crisis propicia el ciclo de crecimiento o el contrario. Es que la Argentina es parte del sistema capitalista y como tal participa de la crisis capitalista en curso.
El interrogante es si la sociedad argentina está condenada a surfear en la crisis capitalista o si puede pensar más allá del capitalismo.
Esto requiere de un sujeto social y político que luche por políticas anticapitalistas y antiimperialistas, algo necesario y posible por lo que vale la pena luchar, y es el camino elegido por pueblos que buscan su independencia en la región Nuestramericana, desde el socialismo cubano, al socialismo siglo XXI propuesto por venezolanos o el socialismo comunitario sustentado por bolivianos.
Como el próximo es un año electoral, el debate político concentrará buena parte de la discusión civilizatoria en la Argentina y en ese sentido parece pertinente discutir el rumbo del país.
El gobierno defenderá su “modelo” de un “capitalismo serio o normal”, contra el “anarco capitalismo” tal como definió oportunamente la Presidenta.
La oposición sistémica, pro capitalista insistirá en las recetas del aperturismo neoliberal y el “libre comercio” en tiempos de transnacionalización.
¿Será posible que emerja una propuesta alternativa, más allá del sostenimiento del orden capitalista?
Ese es nuestro horizonte cuando formulamos los deseos de felicidades para el 2013. Julio Gambina (Doctor en Cienias Sociales de la UBA. Titular de Economìa Política en la Universidad de Rosario. Presidente de FISYP).


martes, 21 de junio de 2011

¿Viento de cola o viento en contra?


La oposición política ha difundido la idea de que el fuerte crecimiento de la economía argentina que se viene produciendo desde 2003 a la fecha es producto del “viento de cola” de la economía mundial, lo que de ser cierto quitaría méritos a la tarea del gobierno. Veamos de qué se trata.

Las economías de los países emergentes crecen --en promedio-- tres veces más que las del llamado Primer Mundo, tanto que el 80 por ciento del crecimiento de la economía mundial se da en aquellos países. En los emergentes el crecimiento anual va del 5 al 15 por ciento del PBI, según los casos. En los desarrollados, del 1,5 al 3 por ciento.

Lo que mejor ilustra sobre las corrientes del capitalismo actual son las razones de inversión. Por ejemplo, el HSBC destinará u$s 106 millones en los próximos tres años para invertir en la Argentina. El banco británico tomó esa decisión porque valora “el potencial económico de largo plazo, más allá de la coyuntura, a partir de la perspectiva de valorización de sus commodities”, es decir de la agricultura de exportación (Jorge Castro, “Clarín”, 19/6/11).

El 98 por ciento del aumento de la población ocurrirá en los países emergentes. Esto significa que la población actual de 6.900 millones de habitantes llegará a 9.000 millones en 2050, según cálculos de la ONU. La población mundial crece entre 75 y 80 millones por año.

En las dos décadas últimas unos 200 millones de campesinos chinos pasaron del campo a las ciudades. Otros 300 millones lo harán de aquí a 2030. Cada semana 350 mil campesinos se instalan en las ciudades, una cifra mayor que todos los habitantes de La Rioja.

Una consecuencia directa de lo anterior es el rápido aumento de la demanda alimentaria. Además, China e India, los dos países más poblados del mundo, carecen de tierras fértiles sin utilizar y deben sobrellevar una crónica falta de agua. Ambos aumentarán sensiblemente sus importaciones de alimentos, lo que beneficiará (ya lo hace) a países como la Argentina, Brasil y Australia. No se trata, entonces, de ningún viento de cola sino de una consecuencia del crecimiento demográfico de la periferia.

En realidad, la Argentina tiene que afrontar un viento de frente: una persistente fuga de capitales que disminuye sus posibilidades de inversión. A diferencia de lo que ocurre en países vecinos como Brasil, Chile y Uruguay, se calcula que permanecen en el exterior unos u$s 200.000 millones propiedad de argentinos, es decir un valor superior al pico máximo de la deuda externa (lo que, de paso, explica para qué fue utilizado estructuralmente el endeudamiento). Sólo desde 2003 hasta hoy se fugaron u$s 60.000 millones. De no existir esta fuga la Argentina tendría la mayor tasa de inversión de toda Sudamérica, puesto que tiene la mayor tasa de ahorro interno.

Esto nos diferencia claramente de Brasil. Allá, una burguesía industrial y una cada vez más fuerte burguesía agraria comparten un proyecto desarrollista de nación; aquí, una fuerte burguesía agraria a la que no le interesa el desarrollo (y que casi no genera empleo) mantiene subordinado a un conglomerado industrial en vías de recuperación, que sí genera empleo pero que depende de la protección arancelaria para sobrevivir.

La conclusión es evidente: la Argentina no ha crecido a favor del viento de cola, sino a pesar del viento en contra. No es poco mérito.