Cerca del décimo aniversario del fallecimiento de Néstor Kirchner, recordamos los primero tramos de su gestión con esta segunda entrega, en este caso con algunos párrafos TEXTUALES de mi nota del 13 DE JUNIO DE 2003.
Cerca del décimo aniversario del fallecimiento de Néstor Kirchner, recordamos los primero tramos de su gestión con esta segunda entrega, en este caso con algunos párrafos TEXTUALES de mi nota del 13 DE JUNIO DE 2003.
Con la ayuda de Dios estaré dispuesto a dar mi vida por el Evangelio, pero no para defender estructuras capitalistas, aun cuando ellas estén en la Iglesia.
Carlos Mugica, “Dialogo
entre católicos y marxistas”, Buenos Aires, 1965.
En estos días se conmemora
el 90 aniversario del nacimiento del sacerdote mártir Carlos Mugica, y 55 años
desde que abrió con valentía la primera puerta al dialogo entre católicos y
marxistas en la Argentina.
Su precursora opción
por los pobres y la liberación nacional es la razón de odio del privilegio, que
empujó a su asesinato en 1974 por la Alianza Anticomunista Argentina, tal
como probó la justicia penal, dato que pretenden omitir algunos desertores del
peronismo o escribas pagos, hoy voceros de Juntos por el Cambio y el
neoliberalismo.
El 18 de octubre de
1965, una multitud colmó el Aula Magna de la entonces Facultad de Filosofía
y Letras de la UBA para escuchar las reflexiones de dos católicos y
dos marxistas, entre los primeros un joven sacerdote de 35 años y entre los
segundos mi propio padre.
Mugica Echague, casi
desconocido entonces, sería pionero del trabajo sacerdotal en las villas y,
pese a provenir de una familia aristocrática y conservadora, ya había abrazado la
causa de los humildes y con ella al peronismo.
Sin plena consciencia de su trascendencia, pude
presenciar ese potente intercambio, con apenas 13 años y en los primeros
tiempos pasos de la militancia política, inaugurada con mi expulsión del recién
iniciado colegio secundario por promover el repudio a la reciente invasión estadounidense
a Santo Domingo.
Entonces gobernaba
Arturo Illia, se respiraba mayor libertad luego de años de cárceles y torturas
para centenares de militantes peronistas y comunistas bajo el Plan CONINTES,
dictado por el presidente Frondizi, al que ambos habían apoyado electoralmente.
Desde marzo, cuando se realizaron elecciones legislativas nacionales, se
multiplicó el odio del privilegio por la victoria de la Unión Popular,
sigla con que el justicialismo y sus aliados burlaron nuevamente la proscripción
del régimen, que respondió meses después con un nuevo golpe cívico-militar, en
esta ocasión encabezado por el general Juan Carlos Onganía.
Habían pasado 10
años de otro golpe, el de la “Revolución Fusiladora”, y la proscripción
del PJ se extendió hasta las elecciones de 1973, mientras el PC
recuperó su legalidad recién en mayo de ese año, cuando el electo Congreso
Nacional derogó por unanimidad la abundante legislación represiva, entre ella
la llamada “Ley 17.401 de Represión del Comunismo”, mediante la cual se
persiguió penalmente a todo el movimiento popular combativo.
En la década que
siguió al golpe de 1955, y pese a su enfrentamiento electoral en 1945 y
represiones posteriores, obreros peronistas y comunistas resistieron el asalto de
los “comandos civiles” gorilas a las organizaciones gremiales. Juntos crearon en
1957 las “62 organizaciones”, y confluyeron en el histórico plenario de
delegados en que la CGT dio a conocer ese año el antimperialista y antioligárquico
Programa de La Falda, posteriormente ratificado con el de Huerta
Grande. También se unieron los delegados de ambas militancias en ese ícono
de los años de la Resistencia Peronista que fue la toma en 1959 del Frigorífico
Lisando de la Torre, donde 9.000 obreros con la solidaridad activa del barrio
obrero de Mataderos rechazaron su privatización y la represión conjunta de policías,
gendarmes y el propio Ejército, con el insólito apoyo de cuatro tanques de guerra.
Carlos Mugica fue
hijo de esos tiempos, esas persecuciones y esas luchas. Y aquella noche de
octubre, inició en estas tierras un camino que en Europa empezaron a transitar
católicos y marxistas en los campos de exterminio nazi y la resistencia
partisana antifascista. Un camino que en
América Latina se insinuaba rebelde al influjo de la Revolución Cubana y
la mirada puesta en los movimientos de liberación nacional en las colonias de Asia
y África, en la resistencia vietnamita a la invasión estadounidense.
En aquella justa
mitad de los 60, cuando dialogaron católicos y marxistas, aún no se había hecho
luz la cruz de madera de su hermano Camilo Torres, el sacerdote y sociólogo que
unió el evangelio con el marxismo, y cayó en una emboscada del ejército de
Colombia al destacamento guerrillero que integraba.
Juan XXIII ya había
puesto en marcha la renovación del Concilio Vaticano II que impactó a
Mugica, pero todavía no nacía la Teología de la Liberación ni el Movimiento
de Sacerdotes para el Tercer Mundo, al que adhirió.
Tres años faltaban
para la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM)
en Medellín o la Opción preferencial por los Pobres, un compromiso con los
cambios sociales del continente, del trabajo de religiosos y laicos junto a las
mayorías desposeídas. De “Una iglesia pobre para los pobres”, como la
quería Monseñor Romero, el obispo de El Salvador asesinado en 1980, luego de
ser abandonado y humillado por el papa Wojtyla.
Un casi inhallable
folleto de la época, ajado y sobreviviente de tantas huidas y allanamientos
policiales, contiene la desgrabación de lo que el padre Mugica anticipo aquel día
en el viejo edificio de la calle Independencia, del barrio porteño de Balvanera,
junto al dirigente universitario laico Guillermo Tedeschi, y a los comunistas
Juan Rosales y Fernando Nadra.
Algunas frases textuales,
que comparto más abajo, nos hablan de ese mundo, esa Latinoamérica y ese país.
Son una convocatoria
a honrar la memoria y construir un futuro que rescate esos sueños rebeldes de
una generación sacrificada, cruelmente segada.
Padre Carlos
Mugica
La Iglesia vive tiempos de renovación y siente
cada vez más la necesidad de abrirse a los hombres, de dialogar con ellos. Está
en estado de revolución permanente, en función de un ideal futuro y que ya se
está realizando ahora. Iniciado el diálogo con las otras religiones, ha llegado
el momento de hacerlo tambièn con los hombres no creyentes, especialmente con
aquellos que, como nosotros los cristianos, desean un mundo nuevo en que haya
verdadera paz y justicia para todos los hombres.
Por eso estamos aquí en esta aventura de
intentar algo juntos, católicos y marxistas, sin ocultar nada, sin dejar de
lado las profundas diferencias que doctrinariamente nos separan.
(…)
Así como nosotros los cristianos comprendemos
ahora los valores del marxismo y reconocemos en ellos elementos entrañables de
nuestro cristianismo que más de una vez hemos ignorado, yo le pido a nuestros amigos
marxistas que con toda honestidad revisen su actitud para con los religiosos
como ya lo están haciendo muchos despojados de todo sectarismo en las filas de
ustedes.
(…)
La religión no es entonces opio, siempre que
sea auténtica y comprometa al hombre por entero. Una religión burguesa
superficial, meramente cultural, ciertamente anula al hombre, pero si el hombre
es verdaderamente evangélico se siente metido en el drama del mundo y de la
historia.
(…)
Voy a decir algunas palabras que
quizá me puedan traer inconvenientes, pero no me importa porque yo quiero
servir a la verdad y al Evangelio, como creo que todos los que estamos aquí
queremos servir a la verdad, y por eso siento en mi conciencia que tengo que
decir que ha llegado el momento de que cortemos con una solidaridad que los
hombres de la iglesia repudiamos: la solidaridad con el capitalismo y con
cierta concepción de la propiedad privada. Con la ayuda de Dios estaré
dispuesto a dar mi vida por el Evangelio, pero no para defender estructuras
capitalistas, aun cuando ellas estén en la Iglesia.
(…)
A los amigos marxistas les digo finalmente. Es
cierto que, para cambiar las estructuras, para rehacer este mundo que todos queremos
renovar es necesaria la lucha, lucha que no necesariamente debe entrañar
violencia. Pienso que hay una fuerza más potente, una fuerza más fecunda que es
la fuerza del amor, amor que puede llevar a odiar las estructuras injustas,
pero respetando siempre al ser humano.
Fernando Nadra
Antes que nada, quiero decir, como el Padre
Mugica, que siento una profunda emoción.
Tengo dos razones para ello, que quiero exponer
previamente: soy, como ustedes, un estudiante, un viejo estudiante si
prefieren; he vivido en mis años universitarios las grandes jornadas de la
lucha antifascista y ahora me siento cómodo en medio de una juventud tan entusiasta
y valerosa; además –como signo de los tiempos—es la primera vez que ocupo la
tribuna con amigos católicos, juntos a tantos católicos como los que están
aquí, los que, como dijo el Padre Mugica, están dispuestos a tomar en serio el
Evangelio y a construir en la tierra ese cielo con el cual tanto han soñado.
(…)
Este mismo diálogo y la lucha en común, por
sobre las diferencias, forman parte de un vasto y profundo proceso que se ha
reiniciado. Y que tiene sus antecedentes. El Padre Mugica ha citado a Thorez. E
hizo bien. Porque el dirigente del Partido Comunista de Francia ya en 1936,
formulo la llamada política de “mano tendida”, dirigida a los católicos, con el
fin de luchar en común contra el fascismo y la invasión hitleriana.
(…)
Algunos se preguntan si esta unidad, en el
diálogo y en la lucha, es solo circunstancial o puede durar mucho tiempo.
Es claro que tenemos un largo período de
trabajo en común por delante. Debemos resolver juntos los problemas nacionales,
que no son pocos. Debemos contribuir a crear juntos un nuevo tipo de gobierno,
auténticamente democrático y popular. Debemos luchar juntos para terminar con
la carestía de la vida, la miseria, la superexplotación, la falta de libertades
democráticas para todos; en una palabra, debemos poner fin a las lacras sociales
de las que habla el Padre Mugica. Juntos tenemos que terminar con la
dependencia del imperialismo yanqui, con las garras asfixiantes del FMI. Es
decir, hay mucho que hacer juntos, y todo este trabajo que debemos realizar
luchando y dialogando nos ofrece una larga perspectiva de unidad.
Pero, luego, tenemos que construir juntos una
sociedad más avanzada y justa, que nosotros llamamos socialismo. Y debemos,
entonces, estar unidos. La experiencia nos irá diciendo cuáles son las ideas
mejores las que tienen mayor vigencia.
(Para la revista Mugica)
Es una grave concesión a la presión para
alinear a la Argentina con la voluntad hegemónica imperial y su acción
desestabilizadora para someter y desplazar a los gobiernos de raíz nacional y
popular.
Sería suicida subestimar este retroceso,
como lo sería dar por perdida la batalla por una política exterior
independiente, signos de la cual fueron los pronunciamientos a favor de la
reconstrucción de la unidad regional torpedeada por los neoliberales, el
apoyo al Grupo de Puebla, el desconocimiento al autodesignado Juan
Guaidó, el repudio a los golpistas bolivianos (acompañado con la protección de
Evo Morales y García Linera), todo lo que constituyó un distanciamiento de las
imposiciones de Estados Unidos y sus aliados.
La suerte de la Patria Grande, la de San
Martín, Bolívar y Artigas, se juega en cada uno de los territorios en que
dividieron a nuestro continente.
Nuestra historia muestra dolorosamente
adónde llevan las concesiones de los gobiernos de origen popular: al
aislamiento y el golpe de Estado durante todo el siglo XX, al que no
renunciarán, pero también encubren con desplazamientos “institucionales” como
los ya ensayados en Honduras, Paraguay, o Brasil.
Hipócritas, agitan los derechos humanos
mientras ocultan su violación sistemática, que no merece condena alguna en
la OEA o la ONU, ante la violencia estatal y
privada en Honduras o Brasil, el virtual genocidio en Guatemala, la matanza de
centenares de dirigentes políticos y sociales en Colombia, la sangrienta
represión golpista en Bolivia y a la rebelión popular en Chile.
La reacción de los portavoces mediáticos
del bloque de poder (Clarín, La Nación, Infobae,
entre otros), demuestra que evalúan el retroceso gubernamental como un triunfo
propio, a la vez que no dejan de reclamar “claridad” en la política exterior,
es decir un firme alineamiento con Estados Unidos a escala planetaria y, entre
nosotros, abandonar cualquier intento, aún tímido, de hacer pagar la crisis
estructural y la catástrofe heredada del macrismo, a quienes se beneficiaron de
ella.
La muestra, también, convencidos de que
cada retroceso obtenido fortalece sus pretensiones restauradoras, debilita al
gobierno y estimula la desilusión entre la ciudadanía, pero sobre todo
desmoviliza, siembra dudas y divisiones en la propia base electoral,
particularmente entre los sectores más avanzados y dinámicos del Frente
de Todos.
Es precisamente esta militancia la que
recibe desconcertada la postura en la ONU, como trata de explicarse
(y más difícil explicar a nuestros compatriotas), lo que sucedió con el llamado
a la “solidaridad” entre los que, como los jubilados, poco o nada tienen. Con
las advertencias y luego la pasividad frente a los despidos de los grandes
empresarios durante la pandemia. Con el retroceso en la expropiación de
Vicentin, para ahora bajar las retenciones al monopolio privado de grandes
exportadores, que las aprovechan, pero rechazan por insuficientes y segmentadas.
O con la abandonada promesa de investigar la fraudulenta deuda externa y los
meses de demora para presentar y tratar en el Congreso el aporte extraordinario
de las grandes fortunas.
El apoyo al pueblo de Bolívar no admite
vacilación alguna, pero es contraproducente simplificar su compleja realidad,
desconocer que Venezuela enfrenta la oposición golpista que promueve una
intervención militar extranjera y el criminal bloqueo económico y sanitario,
pero a la vez se debate en una feroz pulseada dentro mismo de quienes coprotagonizaron
la revolución bolivariana. Entre quienes la defienden promoviendo su
profundización, pero encuentran la resistencia de quienes desconfían de la
fuerza del pueblo y creen que con concesiones pueden ganarse la aprobación del
privilegio nativo y extranjero.
En el propio gobierno, legítima y
democráticamente elegido, hay quienes pretenden calmar a los agresores internos
y externos impulsando la entrega de la industria petrolera, gasífera y minera
al capital trasnacional; la devolución de tierras a terratenientes y empresas
nacionalizadas al capital privado, con cláusulas de confidencialidad que abonan
la corrupción y disimulan la entrega, en violación de la Constitución y en una
clara traición al legado de Hugo Chávez, mientras se postergan los reclamos de
los sectores populares, crecen los despidos y el deterioro salarial, y los
terratenientes desatan la violencia contra campesinos y trabajadores agrarios.
Muy por el contrario, el rechazo a los
golpes y la violencia, los sabotajes, el desabastecimiento y el bloqueo, que
priva al pueblo de medicinas, alimentos e insumos esenciales, reclama construir
una salida revolucionaria a la crisis del capitalismo dependiente y rentista
venezolano. En lo inmediato, la confiscación masiva de los bienes situados en
el territorio nacional propiedad de gobiernos que confiscan los propios en el
exterior, y de las personas y empresas que colaboran en la guerra económica.
Suenan huecos los mensajes oficiales acerca
de ratificar “la posición histórica de liderazgo que tiene la Argentina en
derechos humanos” a posteriori de la votación, o diferenciarse en
comunicados aclaratorios de la condena a los bloqueos y sanciones, cuando otros
caminos se abrían para el gobierno: votar la resolución alternativa, consensuar
una propia con otros países o, incluso, abstenerse, que es lo que hicieron el
tan elogiado México o la India.
Nada justifica desautorizar la más que
prudente posición de Carlos Raimundi, nuestro embajador en la OEA, y luego
votar en la ONU una peligrosa posición intervencionista, que
facilita incluso la acción militar contra Venezuela, y hacerlo a la cola de lo
peor del continente y el mundo.
Como parte de un debate que incluye a
dirigentes y militantes del FdT, pero conscientes de que en
instancias como esta se juega parte de nuestro propio destino como nación, no
debemos caer en la trampa de marginarnos del protagonismo en un proceso del que
somos parte, limitándonos a expresar nuestra justa indignación mediante
adjetivos con poca o ninguna fundamentación.
Tampoco asumir un discurso conciliador que
se disfraza de pragmático y moderado, pero suma a la violación de los
principios de no injerencia en los asuntos internos de otros países y de
autodeterminación de los pueblos, de los que Argentina ha sido pionero e
impulsor desde hace más de un siglo, en casi todos los gobiernos peronistas y
radicales.
500 senadores, diputados, intelectuales y
artistas de todo el continente, que incluyen al premio Nobel de la Paz Adolfo
Pérez Esquivel, el ex presidente Zelaya (Honduras) y varios ex cancilleres,
acaban de dirigir una carta al presidente Alberto Fernández para que rectifique
esta decisión.
Agregamos a los valiosos conceptos que
hemos suscripto, una opinión militante. En Venezuela como en Argentina, y más
allá de las abismales diferencias entre sus realidades, hay un debate
continental de fondo y no saldado acerca de cómo se define la suerte de los
procesos nacionales, con impronta soberana e independentista. Si adaptándose -o
peor, cediendo- a las relaciones de fuerza dadas en la disputa de poder, o
modificándolas a favor de las mayorías, con claridad de objetivos estratégicos,
decisión política y apelando a la organización popular.
7/10/ 2020
(Para La Tecla Ñ)
Joaquín Lavado, Quino, se inspiró en su abuela republicana
y comunista para crear el personaje y el pensamiento de la ya inmortal Mafalda.
Hijo de inmigrantes andaluces, Quino siempre contó que en
su casa se respiraba política, hablaba de sus padres socialistas y de su abuela
comunista.
Nacido en Mendoza, “Cuando yo tenía cuatro años empezó la
guerra civil española y en mi casa se vivió como una tragedia personal; además,
como la perdimos, peor todavía. Se acaba la guerra civil española y comienza la
Segunda Guerra Mundial".
En una entrevista al diario italiano La República,
el dibujante relató que en su casa había siempre discusiones entre su abuela,
"comunista, una mujer muy simpática con un gran sentido del humor" y
el resto de la familia republicana. "Mi abuela era una militante que
vendía los bonos del partido. Mi padre no quería que lo hiciera. Y se armaban
unas trifulcas terribles en mi casa". "Ella era un cómic viviente,
estaba constantemente hablando del Chile de Pinochet y de las atrocidades
cometidas en Vietnam", recuerda.
En un extenso reportaje que le dio Quino a Mónica Maristain
en 2004, para Página/12 se definía a su mismo como socialista: “El
capitalismo también se va a ir al carajo. Esto no puede continuar así. Yo lo
que espero es que a la larga se intente otra forma de socialismo. No igual al
que ya fue, pero para mí sigue siendo el mejor sistema de gobierno”, declaró en
aquella ocasión.
La última pregunta de la entrevista fue si “morirá siendo
socialista”: “Sí, por supuesto. Esa es la mejor forma de gobierno que concibo,
es el mejor sistema. Apenas tuvo 70 años para expresar y es probable que
estuviera mal aplicado. Si pensamos que al cristianismo le llevó tres siglos
imponerse, ¿por qué no podemos pensar que el socialismo regresará y finalmente
podremos vivir en un sistema más justo y más humano para todos?”, respondió.
En una entrevista con el dibujante y humorista Rep,
Quino contó que lo peor que le sucedió con sus dibujos fue durante la última
dictadura militar. En marzo de 1976 decidió autoexiliarse y, meses más tarde,
se produjo la llamada “Masacre de San Patricio”, en la que cinco religiosos
palotinos fueron acribillados en una iglesia en el barrio de Belgrano. El grupo
de tareas que los mató colocó al lado de uno de los cadáveres una de las
viñetas más conocidas de Mafalda, en la que señala al bastón de un policía y
afirma: “¿Ven? Este es el palito de abollar ideologías”.
En la funesta década del 90, casi en soledad, Raúl Alfonsín enfrentó con firmeza y fundamento al neoliberalismo, cuando en el mundo campeaba la “revolución conservadora” de Thatcher y Reagan, cuyas semillas fueron sembradas en nuestra tierra por la dictadura, germinaron con el menemismo y florecieron con el macrismo.
Me distinguió con
su afecto, continuidad de la tumultuosa amistad que lo ligó a mi padre, y pese
a la dura crítica que como político formulé durante su presidencia a las leyes
de Punto Final y Obediencia Debida o al giro económico de la economía de guerra.
Ya en el llano, y
hasta su muerte, siguieron muchas horas de reflexión política en su departamento
de la calle Santa Fe, que también fueron de constructivo intercambio entre su
krausismo con impronta socialdemócrata y mi marxismo.
Era un período difícil para el ex
presidente, cercado por los agravios del menemismo, al que la prensa hegemónica
sumó un implacable silenciamiento, salvo para ofenderlo o calumniarlo.
A ese coro se unieron
-por oportunismo o convicción- no pocos dirigentes de la UCR que crecieron a su
sombra, los que entonces contribuyeron a un lacerante aislamiento, y hoy malversan
su legado desde las filas de Juntos por el Cambio (JxC), principal expresión de
una ideología y una práctica que condenó explícitamente.
Seguramente en
ellos pensaba el fundador de Renovación y Cambio cuando en 1996, desde el prólogo
de su libro “Democracia y consenso”, se propuso “…enaltecer la lucha de la
UCR a favor de los principios del Estado de Bienestar y propiciar en su seno
una actitud firme y sistemática contra las postulaciones del neoconservadorismo,
evitando cualquier forma de seducción que la saque de su cauce”.
En marzo de 2015,
cuando la Convención Nacional aprobó en Gualeguaychú su alianza con la derecha
del PRO, se concretó la temida seducción del régimen conservador. La UCR no se rompió
entónces, se dobló y apartó del cauce reivindicado por Alfonsín, de su
proclamado compromiso con los desposeídos.
De este modo, el
centenario partido dio base territorial e institucional a un núcleo municipal,
para coprotagonizar un gobierno que, como dijera el ex presidente acerca de las
administraciones neoliberales, son “la contrafigura de la democracia basada
en la solidaridad, la participación y la búsqueda de la igualdad. Parte(n) de
una filosofía del cinismo que genera resignación; propone(n) una democracia
elitista que desalienta la participación y la búsqueda de la igualdad, se apoya(n)
en una concepción del Estado mínimo, que solo debe ocuparse de la seguridad; se
asienta(n) sobre una idea económica que confunde la libertad individual con el
mercado libre; reprueba el gasto social, por injusto, fútil y peligroso; impulsa(n)
una educación socialmente discriminatoria que conspira contra la movilidad
social y, finalmente acepta(n) la manipulación de la opinión pública, como única
forma de viabilizar políticas regresivas”.
En los meses que
lleva en la oposición, esa cúpula partidaria se muestra lejos de rectificar y
tomar distancia de las peores expresiones de este pensamiento. Por el contrario,
se ha impregnado de sus raíces ideológicas para fundamentar el bloqueo de todas
las iniciativas gubernamentales.
¿Que tienen que ver las vacilaciones de la
dirigencia radical frente al golpe en Bolivia, o el irracional temor que
siembran en relación a Cuba, con la política exterior de Alfonsín, con su rechazo
del bloqueo a la isla y la defensa de la autodeterminación de los pueblos? Mucho
menos se inspiran en su respuesta al un ex presidente estadounidense en 1985, cuando
en los jardines de la Casa Blanca dejó de lado su discurso para rechazar las
políticas de ajuste y cualquier injerencia militar en el continente, luego que Regan
(con similar lenguaje al que ahora usan Trump o Cambiemos para referirse a Venezuela)
exigió una postura intervencionista contra “la tiranía comunista impuesta en
Nicaragua”.
Para la cúpula de
la UCR el intento de salvataje de la cerealera Vicentin, cuyos dueños expropiaron
a miles de productores y al Estado con su estafa, fue una violación de la
propiedad privada. Una medida “confiscatoria” dijeron, el mismo término que
usara Guillermo Alchourron, un 13 de agosto de 1988 en la Sociedad Rural, para
condenar la política agropecuaria del ex presidente, quien les recordó a los
que lo abucheaban que “se han quedado en silencio cuando han venido acá a
hablar en representación de la dictadura. Y son también los que se han
equivocado y han aplaudido a quienes han venido a destruir la producción
agraria argentina. No son los productores agropecuarios”.
La UCR se une al hipócrita
y desestabilizador festival reaccionario acerca de la corrupción. Muta de víctima
en victimaria, para reiterar el escenario montado contra la gestión radical en
el inicio de la recuperación democrática. Entonces, en abril de 1987, Alfonsín le
cerró la boca de monseñor Medina, el vicario castrense que acusó a su gobierno “coimas”
y “negociados, imputación que sería retomada por la prensa hegemónica y el propio
Carlos Menem: con su habitual descaro lo consideró “el gobierno más corrupto de
la historia”.
Esta conducción se suma genuflexa al rechazo
corporativo a la declaración de servicio público esencial del sistema de
comunicaciones digital, al proyecto de aporte extraordinario de las grandes fortunas,
a cualquier control de precios o regulación estatal. Se pliegan a la cantinela neoliberal
en lugar de compartir las definiciones del líder radical, para quien “…el mercado
requiere ser regulado para evitar deformaciones tales como monopolios y oligopolios
y que además el Estado no puede abandonar su papel redistribuidor, ya que el
mercado aumenta la brecha entre el rico y el pobre”.
Corren solícitos
en defensa de los multimillonarios negocios del grupo Clarín, al que el ex
presidente frenó temporalmente en su avanzada hegemónica y de cuyo diario insignia
advertía que “…se especializa en titular de manera definida, como si
realmente quisiera hacerle caer la fe y la esperanza al pueblo argentino”, o
del que Cesar Jaroslavsky, añadiera que “ataca como partido político y, si uno
le contesta, se defiende con la libertad de prensa”.
La cúpula radical
repite, con los monopolios mediáticos, que las regulaciones ponen en peligro la
libertad a la que hacía referencia el ex jefe del bloque de diputados de la UCR,
pero omiten que para Alfonsín eran necesarias para frenar la expansión de las
posiciones dominantes en el sector: “…el correlato insustituible de la
libertad de prensa es el igualmente importante derecho del pueblo a una correcta
información y al acceso igualitario a todas las opiniones en los medios de comunicación.
Dicho de otro modo, el fundamento de la libertad de prensa es doble: debe garantizar
la libertad de expresión y resguardar el derecho a la información y el
pluralismo”, prevenía.
Poco tiene que
ver la advertencia sobre “Una oposición que intentara
la anulación del gobierno se alejaría de las reglas de juego del sistema
democrático” con el bloqueo de JxC al debate en Diputados, incluida su impugnación
judicial a una sesión parlamentaria, nunca tan brutalmente expresada como por
el senador Luis Naidenoff, quien directamente promovió la intromisión de la Corte
Suprema en caso sancionarse un proyecto del poder Ejecutivo.
Sus parlamentarios
traban el proyecto de reformas al fuero federal con argumentos que van desde una
búsqueda de impunidad (que no logran ubicar concretamente en ningún artículo)
hasta lo “inoportuno” de reformas parciales “en momentos de crisis como la que
atravesamos”, pasando por lamentar “nuevos temas de discrepancias y de divisiones
entre los argentinos”. Sugerente, los entrecomillados pertenecen a (algunos de)
los cuestionamientos formulados al pluralista Consejo de Consolidación de la
Democracia que Alfonsín impulsó en 1985, con un objetivo mucho más ambicioso, y
en tiempos aún más difíciles: la reforma de la Constitución Nacional.
¿Con que autoridad
hablan de la democracia, la república y la libertad, dibujando una imagen recortada
y pasteurizada del ideario de Raúl Alfonsín?
“Democracia -escribió
el fallecido líder radical- es vigencia de la libertad y los derechos, pero
también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la
riqueza, los beneficios y las cargas sociales: tenemos libertad, pero nos falta
la igualdad. Tenemos una democracia real, tangible, pero coja e incompleta y,
por lo tanto, insatisfactoria: es una democracia que no ha cumplido aún con algunos
de sus principios fundamentales, que no ha construido aun un piso sólido que
albergue e incluya a los desamparados y excluidos”.
Raúl Alfonsín jamás concibió la democracia,
la república o la libertad en abstracto, sino que batalló con aciertos y
errores por la República Democrática y la Democracia Social.
Su convicción de
que “Con la democracia se come, se cura, se educa” mantiene absoluta vigencia,
a contramano de la prédica neoliberal, e incluso la de algunos que levantan de
manera miope y excluyente las banderas de lo nacional y popular.
Porque fueron y son
tareas pendientes, porque todavía la República Argentina no es una República Democrática,
porque no lo será mientras no coman, se curen y eduquen todos los argentinos.
El sedicioso reclamo salarial de sectores la policía de la provincia de Buenos Aires aportó al muestrario de acciones destituyentes que, desde el triunfo electoral de la fórmula presidencial Fernández-Fernández, llevan a cabo las grandes corporaciones y la oposición partidaria neoliberal con la implementación de los sicarios mediáticos.
Ablandamiento, deslegitimación,
“calentamiento de las calles” y desestabilización son los pasos que
vienen dando; etapas previas al desplazamiento de los gobiernos “incomodos”
para los Estados Unidos, según la teorización del politólogo de la CIA
Gene Sharp, quien propone transitarlas mediante nada menos que 198 métodos.
Con cierto pudor,
al resultado final lo denominan “golpe blando” o “suave”, cuando ciertamente es
un golpe, pero nada tiene de suave o blando. La receta supuestamente “no
violenta” aplicada en Latinoamérica y el mundo tiene al privilegio como
impulsor, no excluye la participación militar o policial, y siempre descarga fuertes
dosis de violencia sobre los pueblos.
Pese a las optimistas previsiones de algunos
ideólogos del progresismo vegano, que se apresuraron a dar por superada la etapa
de los golpes de Estado en la región, el continente se estremeció en 2009 con el
derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras. En 2012 y 2016 en Paraguay y Brasil
siguieron las destituciones de Fernando Lugo y Dilma Rousseff, para cerrar 2019
con el sangriento golpe contra Evo Morales en Bolivia.
En Argentina, las
recetas de Sharp fracasaron en el intento de desplazar prematuramente a la presidenta
Cristina Kirchner, pero generaron la base social de un triunfo electoral de la
derecha en 2015, por primera vez en su historia.
Estados Unidos,
en disputa abierta con China y Rusia, no soporta ningún atisbo de independencia
económica o política exterior soberana. Por ello, el papel de su embajada local
fue trascendente, junto al asesoramiento en acción psicológica de Steve Bannon,
notable estafador y fundador de Cambridge Analytica.
El ex jefe de
campaña de Trump y asesor de Bolsonaro, orientó a las trolls, bots y botnets
de Mauricio Macri en la campaña de falsedades antikirchneristas desarrollada
en redes sociales a favor de Cambiemos, entre 2014/15. Fueron los tiempos
de acuñar slogans como la “ruta del dinero K” o “se robaron un PBI”, los que
desde sus portadas amplificaban Clarín, La Nación y otras
repetidoras.
Derrotada en las urnas
en octubre de 2019 con el triunfo del peronismo y sus aliados del Frente de
Todos (FdT), la desestabilización neoliberal inició la fase de “ablandamiento”,
para la cual el manual estadounidense indica erosionar a las autoridades
electas, promover el descontento y malestar ciudadano.
Aún antes de
asumir la nueva administración, comenzaron las declaraciones de los grandes grupos
económicos, acompañadas de entrevistas con las autoridades electas, para condicionar
sus futuras decisiones.
En simultaneo, los
medios hegemónicos reprodujeron, pero a la vez instalaron, una noticia falsa tras
otra. Una y otra vez sembraron desconcierto y angustia ante la nunca concretada
“incautación” de ahorros y plazos fijos o la “feroz interna en el FdT”
ante “el avance de La Cámpora”. También desvirtuaron propuestas reales como la
denuncia de periodistas venales, la regulación del comercio exterior y la garantía
del derecho a la vivienda.
A días de iniciada
la nueva gestión, desde la prensa y las redes sociales repetían que “todo sigue
igual”, los problemas socioeconómicos se mantienen, y políticamente “se llevan
puesta la República”, el presidente está “acorralado por Cristina Fernández”, o
bien (vale todo) “son lo mismo”.
Deslegitimación
El contundente
resultado de las elecciones, que fueron organizadas por el propio gobierno macrista,
impidió el uso de la clásica muletilla de fraude, un clásico para la “deslegitimación”
de los gobiernos populares en el continente. En cambio, arreciaron las acusaciones
de “corruptos”, “autoritarios” y “populistas” ante cada intento de dar cumplimento
a las modestas promesas electorales.
Las corporaciones
se enfurecen ante cualquier regulación antimonopólica o una pequeña redistribución
de recursos en favor de los más postergados. Entrelazados con la oposición
partidaria de Juntos por el Cambio (JxC) claman por la propiedad
privada presuntamente violentada y profundizan la guerra psicológica, para lo
cual amenazan con definiciones absurdas, pero de impacto en su público: el “totalitarismo cubano” o el surgimiento de
una “Argenzuela”.
Calentamiento de las calles
A estas etapas se
suma la de “calentamiento de las calles”, es decir movilizar contra el
gobierno a una parte de la población con un discurso de odio (antiperonista, anticomunista,
xenófobo, antiestatal, etc.) para lo cual no dudan en violar toda medida
preventiva para la salud.
En tiempos
previos a la pandemia comenzó el corte de rutas de la patronal agropecuaria, para
ya en plena expansión del covid 19 promover “cacerolazos” barriales. Envalentonados,
en junio volvieron a bloquear rutas para impedir un intento de salvataje de la fraudulenta
cerealera Vicentin, mientras en julio, agosto y septiembre volcaron
manifestantes antigubernamentales a las calles, con un marcado incremento de la
violencia verbal y física: agresivas consignas, golpizas a periodistas, destrozo
en edificios públicos, amenazas de muerte a legisladores y a la vicepresidente
de la Nación, en una inquietante sintonía con el libreto aplicado en otros países
del continente y por los grupos neonazis europeos.
Desestabilización y desplazamiento
Estas tres etapas confluyen – sucesiva o simultáneamente- en una cuarta,
la de abierta “desestabilización”, ya sobre el objetivo final que es el “desplazamiento”
de las autoridades legítimamente elegidas, intento que en casos como el de Venezuela
llega al pedido de intervención militar extranjera.
Los medios hegemónicos multiplican su tarea de desinformación y acción psicológica,
promueven el miedo y la desesperación mediante anuncios apocalípticos de un inevitable
default financiero, “fuertes devaluaciones”, “quiebras masivas”, inseguridad
generalizada, tomas masivas de tierra y expropiaciones de viviendas familiares.
Tampoco se privan de acusaciones delirantes acerca de “crímenes del poder”,
como ya lo hicieron en 2015 con el suicidio del ex fiscal Alberto Nisman y
repitieron en julio pasado con el asesinato del ex secretario presidencial Fabián
Gutiérrez.
También se proponen meter, o aprovechar, cuñas en la propia coalición de
gobierno, distanciarla de la ciudadanía y -en la medida que obtienen demoras o
retrocesos- minar su propia base militante y electoral. Ametrallan con análisis
periodísticos acerca de supuestos enfrentamientos entre el presidente y la vicepresidente,
choques en el seno del gabinete ministerial, o del “distanciamiento” del
gobernador bonaerense y los intendentes oficialistas.
Sin embargo, aún si logran el desplazamiento no concluye la ofensiva.
Cuando fracasan en sus intentos -como hasta ahora- tratan de imponer a la mayoría la agenda de las minorías, cogobernar de hecho. Cuando logran su objetivo persiguen al movimiento popular y proscriben a sus dirigentes con el taparrabos judicial y el lawfare. Fallaron con Cristina Kirchner, pero lo lograron encarcelando a Lula da Silva en Brasil, para en estos días proscribir a los ex presidentes Evo Morales y Rafael Correa, inhabilitados para ser candidatos a senador y vicepresidente, respectivamente.
Los legisladores opositores
cacarean acerca del dialogo y el consenso, pero inician un abierto desafío a
las normas de la democracia. En abril convocaron a una patética “Travesía por
la democracia”, desde las provincias hacia el Congreso Nacional, supuestamente
en riesgo por las limitaciones que impone la emergencia mundial. Son los mismos que bloquean las sesiones parlamentarias
virtuales y reclaman la intervención de un poder no electo, la Corte Suprema de
Justicia, para frenar la aprobación o aplicación de leyes aprobadas democráticamente
en el Congreso.
Peligrosa subestimación
En este clima, es
alentadora la potente reacción de la militancia y la dirigencia intermedia del FdT,
de organizaciones sociales y sindicales, ante la gravedad institucional
de la asonada protagonizada por los policías bonaerenses, quienes llegaron a cercar
las residencias del gobernador y el presidente. A la vez, preocupa cierta subestimación
por parte de algunos funcionarios gubernamentales que se esforzaron en otorgarle
razonabilidad a los reclamos, pero restarle importancia a los hechos, reducirlos
al mero planteo salarial.
La derecha desprecia
y aprovecha el respeto del movimiento popular ante la gravedad de la pandemia, el
que en virtud de su compromiso con la salud de los argentinos aún no se moviliza
para enfrentar el destituyente “calentamiento de las calles”.
Ese respeto va unido al reclamo para que el gobierno ejerza plenamente la autoridad conferida por mandato electoral, sin vacilaciones en el cumplimiento de los compromisos con el pueblo que lo votó; que actúe con equilibrio, pero tambièn con firmeza ante cada intento desestabilizador.
El cuidado de la salud
y la vida de nuestros compatriotas NO puede llevar a la pasividad ante el
discurso y la acción del privilegio, ni impedir formas alternativas de participación
ciudadana, de movilización y ejercicio del protagonismo popular.