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sábado, 12 de diciembre de 2020

“Secretos” a 18 voces

Se cumplen cinco años de la segunda reedición de mi libro "Secretos en Rojo. Un militante entre dos siglos", y mientras se anuncia su publicación en formato digital comparto estas reflexiones inéditas en este blog de mujeres y hombres que valoro y respeto,  y algunos que he perdido en estos tiempos ingratos. Se unen a otros ya compartidos con todos: Elsa Osorio, Cristina Civale, Víctor García Costa, Hugo Barcia, Liria Evangelista, entre otros tantos que me honraron con sus opiniones.


Un libro relevante para la militancia nacional y popular

Querido amigo:

Lamento no poder acompañarte en la nueva presentación de tu libro “Secretos en Rojo” como hubiera sido mi deseo.

Aprovecho estas líneas entonces para manifestarte que tu obra merece ocupar un espacio relevante en la biblioteca de quienes militamos en el campo popular. Ello es así no solo porque ilustra acerca de hechos y personajes, muchas veces poco conocidos en la memoria histórica sino, fundamentalmente, por tu aporte a una lectura de los hechos donde las a lecciones del pasado, con sus contradicciones, si son dialécticamente analizadas, constituyen siempre un aporte invalorable a la hora de construir el futuro.

En esa tarea, como ayer y ahora, estaremos hombro a hombro contigo.

Solo me resta felicitarte por tu valioso esfuerzo militante y desearte éxito en esta nueva edición de tu obra. Te mando un fuerte abrazo,

Mercedes Marco del Pont. Economista y docente. Directora de FIDE. Ex presidenta del Banco Nación y del BCRA.


Memoria no es recuerdo

Tener memoria no es tener recuerdos. Mientras los recuerdos son legajos muertos de una historia pasada, la memoria es la recopilación ordenada y selectiva de una experiencia histórica que nos constituye como sujetos históricos y como clase social. “Tenemos” recuerdos, pero “somos” memoria”.

El raro ejercicio de volcar en papel la memoria de los derrotados implica el doble esfuerzo de evitar le tentación de “matar” esa memoria para convertirla en recuerdo y el aún más peligroso intento de suplantar el contexto por el texto que nos entrega un relato, pero sepulta todo sentido y significado.

El trabajo de Alberto Nadra no es un libro, es un testimonio de aquello que fue con el objetivo de que siga siendo, en una línea de ruptura, no de continuidad. No es una resucitación del pasado para fines culturales, sino una convocatoria urgente para encontrar en el pasado respuestas a las necesidades del presente. Porque las respuestas de lo que seremos se encuentran en los interrogantes de lo que fuimos ya que la memoria de que pudimos ser libres amenaza de muerte toda estrategia de dominación.

Si carecemos de esa urgencia no habrá memoria sino cultura, ese horrible instrumento mediante el cual las clases dominantes de todo el mundo y de todos los tiempos nos enseñan que la verdad es resultado de la inteligencia y no de la acción, de la contemplación y no del deseo.

Norberto Emmerich, Doctor en Ciencia Política. Investigador invitado por el Conacyt (México) en el Posgrado en Estudios Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana (UNAM). Presidente Ciudadanos Del Mundo.

 

Hay gente, años y vida aquí…

En este libro volví a encontrar una literatura vivencial –política, en el mejor sentido- que hace tiempo que no se produce en el mundo (o al menos, de la que no dan cuenta las revistas y suplementos dominicales que hoy se editan). Si tuviera que ubicar el volumen de Secretos en Rojo en una biblioteca, sin duda estaría junto a Gente, Años, Vida, del recordado Ilya Ehrenbug. Se trata de libros abiertos, escritos desde una experiencia que nunca fue individual ni solitaria; libros en los que aparecen muchas voces; memorias que resultan inagotables porque cada momento de la Historia que reflejan puede volver a ser leído, iluminado, enriquecido por la mirada de otro lector, de otro compañero, de otro camarada. Alberto nos propone desde estas páginas que nos sentemos a hablar de ciertos temas que todavía tienen que ser hablados. Porque hay gente, años y vida aquí. Y porque el último lector -o lectora- para quien se ha escrito este libro, todavía no ha nacido.
Oscar Taffetani, Periodista y Escritor. Editor de DDHH en la Agencia Télam

 

Una mirada valiosa

La lectura de este material me movilizó mucho desde el costado afectivo. Me remitió a mi inicio en las lides militantes; a los vínculos personales y hasta a mi comienzo en el teatro.

Claro, sin dejar de lado el análisis del devenir del Partido Comunista en ese período histórico que, en lo personal y como sugiere este libro, merece un debate amplio y riguroso.

Sin duda, se trata de una mirada valiosa, que permite también reflexionar sobre nosotros mismos.

Raúl Rizzo, actor. Martin Fierro mejor actor, 2000

 

La refundación de las Juventudes Políticas en la dictadura 

Me impactaron las revelaciones de Secretos en Rojo. No dudo que quedaron “en el tintero” algunos, por los que espero. Compartí con Alberto la lucha clandestina para la refundación y consolidación de las Juventudes Políticas Argentinas durante la dictadura de Videla y quisiera aportar un pequeño relato sobre una faceta de su personalidad. Las actividades políticas estaban “suspendidas” y las reuniones había que hacerlas en los bares. Era común en ese clima represivo, bajo el estado de sitio, que la policía detectara cualquier reunión de jóvenes y se acercara para someterlos a interrogatorio. Para sortear la situación había que coordinar previamente las respuestas. Estábamos con Alberto debatiendo amablemente cuestiones organizativas de las Juventudes Políticas cuando fuimos interrumpidos por dos uniformados que nos pidieron documentos y nos preguntaron de donde nos conocíamos. Nuestros DNI estaban en regla y Alberto rápidamente contestó “del colegio, con Adrián fuimos compañeros de colegio”, obviamente no era cierto, los policías se fueron y continuamos nuestra reunión. A veces en la militancia caminábamos por el filo de la navaja y Alberto demostró todo su temple ese día.

Adrián Camps, socialista, diputado de la Ciudad MC 2009 -2013 en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires

 

Sumar a la historia social

La historia social de la liberación de los pueblos no son senderos lineales. Se van construyendo, muchas veces, con las mismas piedras que lanzaron los enemigos de la liberación; los monopolizadores de los poderes fácticos. Alberto Nadra nos convoca al entrecruzamiento de la trayectoria biográfica y la Historia Social. Tanto él como nosotros --sus lectores-- hemos sido testigos y participes de grandes o diminutas porciones de esa biografía emancipadora, asentada en el cono sur del continente americano. Sin embargo, todo el aliento del libro nos traslada al debate, aun necesario, de qué hacer, con quién y cuándo.  

Frente a estas preguntas se puede caer en la tentación "liberal" de competir por quien estuvo más cerca de liderar epopeyas revolucionarias. Se puede caer, también, en la puja de legitimidades revolucionarias o en los debates sinsentido acerca de quién fue más valiente o quien tenía la "línea" más acertada. Sin embargo, Nadra nos convoca --en base a sus experiencias previas-- a entender los procesos históricos en clave de "oleadas convergentes", en donde cada actor colectivo permite sumar para el horizonte común emancipatorio. Secretos en rojo transita por los mismos caminos que Agustín Tosco. Supone a cada organización como parte de un flujo confluyente de horizonte común revolucionario: no compite por la legitimidad única, no se rasga las vestiduras ni se arroga la sapiencia trascendental. Solo muestra los aportes de una biografía que todo Proyecto futuro debe recuperar.  

No se trata de hacer "tabla rasa" de lo que sucedió. Y menos aun cuando apenas se conocen los aportes de seres casi anónimos que contribuyeron a las oleadas setentistas.  No se trata de borrar de un plumazo las heroicidades por más pequeñas que sean. Se trata, sobre todo, de sumar a la Historia Social, las biografías que intentaron ser barridas del mapa, pero que todavía laten, con presencia iluminadora, al costado izquierdo de nuestra memoria. Juntas, confluyentes y --sobre todo-- impulsoras de todo lo que falta. 

Jorge Elbaum, Sociólogo, docente.

 

Libro de consulta obligada 

Alberto Nadra ya no milita en el PC, pero el ideario comunista está en su ADN y en este espacio y tiempo, lanza el guante revelando historias que nos ponen frente a un entramado político-partidario que sigue despertando interrogantes y polémicas no resueltas dentro y fuera de la más grande organización política que tuvo la izquierda argentina. Lo leí “de un tirón” y no dudo que, Secretos en Rojo, será un libro de consulta obligada cuando se escriba la historia del comunismo y los comunistas argentinos, historia indispensable para entender la política en la Argentina del siglo XX, y para lo cual será fundamental, si realmente queremos conocerla a fondo, desterrar simplismos y prejuicios. Concretamente, el pensamiento único.

Enrique Llopis, cantautor. Invierno, 2014

 

Cinco ejes para interpretar una obra clave

Secretos en Rojo nos lleva, inmediatamente y como primera reflexión, a recordar aquella frase de Antonio Gramsci respecto de que "... Del modo de escribir la historia de un partido deriva el concepto que se tiene de lo que un partido es y debe ser. El sectario se exaltará frente a los pequeños actos internos que tendrán para él un significado esotérico y lo llenarán de místico entusiasmo. El historiador, aun dando a cada cosa la importancia que tiene en el cuadro general, pondrá el acento sobre todo en la eficiencia real del partido, en su fuerza determinante, positiva y negativa, en haber contribuido a crear un acontecimiento y también en haber impedido que otros se produjesen”.

En tal sentido, entendemos que Secretos en Rojo nos permite interpretarlo en, por lo menos, 5 aspectos clave:

Primero, como un aporte para la reconstrucción de la historia del movimiento popular desde la perspectiva de uno de sus protagonistas (que representa, a la vez, la voz de muchos otros). En ese punto, la historia no se refiere a datos meramente anecdóticos del pasado sino a una herramienta para conocer el presente que pretendemos transformar desde un determinado posicionamiento político.

Segundo, como un trabajo que viene a cubrir las ausencias historiográficas sobre el Partido Comunista, una de las culturas fundamentales de la política argentina contemporánea. En este punto, asume y explicita ausencias temáticas abordadas por la historiografía militante y la historiografía académica.

Tercero, como un aporte para superar de lado la reconstrucción artesanal de la historia que tantos militantes y ex militantes tuvimos que protagonizar para tratar de encontrar respuestas sobre el pasado que pervivía en el presente de la cultura comunista y del movimiento popular.

Cuarto, como una obra en construcción que, por consiguiente, supone proyectos de trabajo futuro sobre variados ejes de investigación, entre otros: El PC como Organización Político Militar; –La guerrilla chaqueña en los años 30; –La relación entre el PC y la guerrilla del Che; –Las tareas de inteligencia contra el Plan Cóndor (Córdoba 651 11E); –La solidaridad internacionalista de los militantes comunistas.

Quinto, como lugar de memoria, en el que se reconstruye los verdaderos sujetos de la política: los hombres y mujeres que dan carnadura a la militancia, como un espacio de transmisión de la memoria de los que pelearon para que los oprimidos se liberen. Y esto nos parece fundamental ya que, el legado del pasado es un espacio de disputa que “está en peligro” de ser olvidado o desconocido, porque, como bien nos aclaraba Walter Benjamin "Sólo aquel historiador que esté firmemente convencido de que hasta los muertos no estarán a salvo si el enemigo gana, tendrán el don de alimentar la chispa de esperanza en el pueblo”.

Pablo Leoncini, docente e historiador. Córdoba, junio 2014.

 

La política en los genes

Conocer a don Fernando Nadra, aun en escenarios de duros reclamos por parte de mi jefe, Raúl Alfonsín, fue una clase de excelencia, con todos los masters posibles, sobre la amistad verdadera.

Desde luego, desde mi lado, el catedrático era Raúl Alfonsín y su amigo a pesar de todos los vientos, don Fernando. Esa amistad resistió todos los embates, soportó las discusiones, donde aun gritando, se escuchaban discusiones que sumaban, aunque circunstancialmente alejaran. Porque nunca faltó lealtad, hablar de frente (el dialogo, no la violencia). Luego, los dos en el llano, Fernando partió, tras muchas amarguras y seguramente renuncios de gente muy cercana a él, casi imperdonables. Pero es algo que les pasa a todos los que participan y lideran.

Allí estaba su amigo Raúl que tomó la posta del otro Nadra, el que siguió: su hijo Alberto, también con su militancia, su familia y su amistad imperecedera con el ex presidente radical. Hubo tiempos duros, cuándo no, de idas y venidas, pero las normales de la lección largamente aprendida, seguro que, por parte de los dos, pese a la diferencia generacional, ya que la humildad de Alfonsín no le impedían confesar que seguía aprendiendo, hasta el final. Las tenidas eran enriquecedoras, de gran respeto. Finalmente se fueron espaciando, porque Raúl preparaba su "campaña" final, larga, sin retorno físico. Seguimos recordando a los hacedores de nuestra política, que sufrieron el facto, que reclamaron a viva voz, con todos los riesgos, que escucharon sin dudas el reproche de ausencias de sus familias, con todo y errores, nos seguimos sintiendo cada día más ajenos, como decía mi madre cuando se sentía incómoda: "no sabemos dónde ponernos"  frente a una realidad que muchas veces nos sorprende mal, la mayoría de las veces, en la política mundial, ni hablar de la próxima. Seguramente Alberto la debe entender, casi diría, por genética. Su libro es la prueba fehaciente. Yo no, porque solo conocí la del ex presidente. Y no hubo ninguna más que usara ese tipo de palabra: "de códigos" como se dice ahora, como si se hablara de los números de ingreso a una caja fuerte donde están las reglas mínimas de solidaridad, algún secreto que subraye que la política es para servir, no para servirse…en fin...con excepciones….que son las que nos salvan.

Margarita Ronco, Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Ex asistente del presidente Raúl Alfonsín.


Un libro atrapante

Excelente y atrapante libro ha escrito Alberto Nadra. Excelente porque desmenuza con fluidez y profundidad 50 años de historia de la izquierda argentina y en particular del Partido Comunista. Atrapante porque, con sus relatos y sabrosas anécdotas, es imposible no leerlo de un tirón.

Como antiguo militante de izquierda que soy, he conocido en vivo y en directo una parte no menor de esa historia que Secretos en Rojo describe. Me ha tocado ser parte incluso de situaciones que allí se relatan. Aun así, todavía estoy sorprendido de tantas cosas -algunas geniales- que por Alberto me he enterado. También le agradezco que me haya ayudado con sus análisis e interpretaciones a entender mucho más mi propia experiencia política.

Dejo para el final de estas líneas mi reconocimiento a los Nadra. En esas páginas está condensado el compromiso de esta familia con su país y con su pueblo: esfuerzo, sacrificios, sufrimientos, persecuciones, derrotas, desencantos, nada les impidió pelear por sus ideales. Vaya mi homenaje a todos ellos.

Humberto Tumini, ex miembro del ERP, fundó Patria Libre y hoy es secretario general de Libres del Sur.

 

¿Qué nos depara Secretos en Rojo?

El relato de vida de una familia comprometida y militantes del PCA y que desde las vivencias de Alberto y a través suyo la de su familia toda una vida comprometida por la causa de los trabajadores.

Nos hace recorrer muchos años de lucha, en diferentes frentes, de generaciones entregados a la justa lucha por la liberación de nuestros pueblos y enfrentados a momentos difíciles por la represión de las dictaduras militares en los años 70.

No solo de aquellos que son nombrados si no de los miles que abnegadamente aportaron al proceso de lucha a nivel nacional sino además de aquellos que como Alberto tomaron las banderas del internacionalismo en diferentes partes de nuestro continente e inclusive más allá del atlántico.

Nos devela aspectos, desconocidos para muchos, del trabajo Político Militar y el financiero del PCA pero que transciende a otras organizaciones revolucionarios de cómo abordar y desarrollar las políticas en estas áreas.    Las situaciones políticas actuales, en diferentes países, nos dan señales de la necesidad de contar, por parte de las organizaciones populares de definiciones en estas cuestiones, además conocidas y asumidas por el conjunto de la militancia.

Y nos da la posibilidad de repensar el quehacer político en estos tiempos, el carácter de la militancia, la política de alianzas y como trazar el camino para la construcción de una sociedad más justa, por la conquista del socialismo.

Y por último, Alberto nos demuestra que a pesar de todo lo vivido, los ideales siguen inclaudicables, el compromiso por las justas causas de nuestros pueblos  están intactas, que a pesar de los años cronológicos sigue con ese impulso juvenil de esos años en que tuve el honor de conocerlo. Cuando queríamos alcanzar el mundo con nuestras manos tal como aun queremos hacerlo hoy.

Darío Croutchet González (“Luba), Integrante en 2013 del Comando de Independientes por la diputación de Camila Vallejo, y ahora del movimiento ciudadano Todas Las Manos, La Florida, Chile.

 

Aporte a la recuperación de la Memoria popular

Secretos en Rojo ofrece la posibilidad de conocer aspectos de la lucha interna del Partido Comunista que no trascendieron a pesar de que las numerosas fracturas sufridas por el PC.  Especialmente porque se trata del relato de una persona que por razones políticas y personales tuvo acceso a los primeros niveles de la organización.

Ya no existen las razones que impedían la divulgación de los secretos. Quienes los ignoran son aquellos para quienes el conocimiento de los hechos puede contribuir a la comprensión y valoración de un proceso de extraordinaria movilización y combatividad obrera y popular y para contribuir a la elaboración de una autocrítica de los errores cometidos.

La tarea de develar los secretos es un importante aporte al proceso de recuperación de la memoria popular.

La tarea de reconstrucción histórica de las luchas populares es parte de las disputas por la imposición de una interpretación de los hechos que conmovieron nuestro pasado reciente. A esa empresa se suma Secretos en Rojo.

Marcelo Langieri, Sociólogo, docente, ex miembro de Montoneros.

 

Historia, Verdad y Militancia

Es cierto que la política es economía concentrada; en este libro Alberto Nadra nos ofrece pruebas irrefutables de la certeza de aquella máxima leninista. Los oscuros vínculos político-económicos del PC Argentino con Moscú, en tiempos de la dictadura; los seguidismos a que obligaban, y que se sintetizaron para la historia en aquella frase según la cual Pinochet era un dictador sanguinario y Videla, en cambio, solo un militar autoritario.

Estas y otras historias (la paternidad “boliviana” del Che; la estructura militar del PCA, entre otras) son descritas con el desapego que dan una íntima familiaridad con esos temas, a la que se sumó --creemos-- el infinito hartazgo que debió provocar en los militantes más honestos el viejo vicio cupular de barrer la tierra política debajo de la alfombra partidaria.

No es este un libro de añoranzas, aunque la pasión agita sus páginas. No es este un libro de denuncias, pero sí de revelaciones. Es un libro para leer y para pensar, en el que pueden calmar su sed de verdad los militantes desengañados de cualquier ideología, porque los militantes, más allá de los desaguisados de las dirigencias, expresan el punto más alto que puede alcanzar el compromiso del hombre con sus semejantes. Este libro es también un homenaje a los mejores entre ellos.

Norberto Colominas, ex Jefe de Redacción de “El Periodista” y Télam. Columnista de Radio Nacional.


Aquel partido, ya no existe

A la historia de las luchas revolucionarias le cuesta hacer oír esa mezcla de empírico e imaginario que constituye la base del relato histórico. No solo se la oculta y se la niega, sino que se la tergiversa. El libro de Alberto es una invocación de momentos sublimes del partido más importante de la izquierda argentina del siglo XX: el Partido Comunista.

 Me interesa resaltar aquí la clara traición al viraje propuesto por el 16 Congreso celebrado en 1986. Efectivamente, entre 1983 y 1994 se jugó la posibilidad de transformar al partido en el más eficaz instrumento para unir a la militancia popular frente al capitalismo neoliberal. Pero el viraje fue derrotado y el partido no existe más. Alberto, un integrante del núcleo impulsor del viraje, es testigo directo del pacto que el máximo referente del mismo concretó con el aparato y con quienes se oponían a las transformaciones. Se llamó entonces "viraje en unidad”. Para 1991 la mayoría absoluta de los impulsores de los cambios había abandonado el partido. Seguimos algunos, en su mayoría secretarios del interior y los nuevos dirigentes de la Fede.  Nos dejaron escribir la Tesis del 17 Congreso desarrollando la importancia de los movimientos de base como metodología de participación y unidad popular. La elaboramos en conjunto con el MNL Tupamaros, quienes crearon el MPP. Por eso cuando "Chacho" Álvarez planteó la creación del partido Frente Grande, a nosotros nos pareció una formalidad ingenua que no ponía en riesgo la existencia del partido. Como Movimiento de Participación Entrerriana no solo derrotamos al macartismo, sino que encabezamos las listas de diputados provinciales y nacionales obteniendo esas bancas. A la vez seguíamos funcionado como PC. El fraude en el CC que para rechazar esta política alteró el resultado de la votación, impidió que la izquierda jugara un papel orgánico y protagónico en la historia y la crisis frentista. Fue el final.

Federico Soñez, Ex miembro del ERP,preso político y en democracia del CC y de la Comisión Política del PC electo en el XVII Congreso. Ex Diputado provincial y nacional del Frepaso.

 

Apasionante

El jueves fui a la presentación de un libro, Secretos en Rojo, de Alberto Nadra. Fue un gran placer escuchar a los panelistas y encontrarme con queridos compañeros que ya no son tan juveniles como en los viejos tiempos. Pero la reunión tuvo su costo, porque volví a casa, me puse a leerlo y no pude parar hasta las dos de la mañana. Al día siguiente continué hasta que me tuve que poner a trabajar. Ayer sábado lo terminé. Se trata de la historia de un militante y dirigente del PC argentino que describe los sacrificios, las penurias, los aciertos y desaciertos, la bronca por las traiciones y la renuncia definitiva. Muchas cosas las conocía de lejos, porque siempre trabajé en otra fuerza y cuando nos juntábamos era en las juventudes políticas o en su versión universitaria. Otros hechos ni los imaginaba. Todo me resultó apasionante, una reivindicación de la militancia, una apuesta a que los fracasos son para aprender y seguir adelante, no importa cuál sea el partido o el movimiento.

Rubén Levenberg, Periodista. Profesor de grado y postgrado en Ciencias de la Comunicación de la UBA.  Ex representante por el Socialismo Auténtico en la mesa de Juventudes Políticas durante la dictadura.

 

Un retazo del alma

Páginas reveladoras no sólo de eventos y realidades políticas que sorprenderán a más de uno. También, de una persona extraordinaria. Un individuo profundamente sensible y conmovido por el prójimo, cuyos ideales lo condujeron a protagonizar una vida intensa y comprometida. Luego, la lealtad a esas banderas del alma que había sostenido hasta entonces lo condujo nuevamente a ser protagonista. Sólo que, en esta ocasión, del derrumbe de una de las bases fundamentales de la primera parte de su vida; del principal espacio en torno al cual esa existencia se había desarrollado.
¿Qué sucedió con ese individuo, con esa existencia? Ayer, en la presentación del libro –cada uno con su estilo, pero los dos en frases claras, sucintas y excelentemente combinadas– Héctor Valle y Osvaldo Nemirovsci expresaron su admiración y su contento por el logro que, desde lo emocional, implica este libro para mi padre: una evidencia, entre tantas otras, de su particular manera de repensar sus bases teóricas, de reconstruirse como militante y –desde ese nuevo lugar, como siempre– seguir luchando por la realización de sus ideales. Como señaló Héctor, Alberto decidió reconstruirse. Nuevamente por esos sueños que siempre lo habían guiado, que siguieron haciéndolo; por sus pasiones; por su denodada lucha por el prójimo; por su padre, su madre, sus hermanos. Y, como él repite, por nosotros: por Leonor, compañera y madre; por Yamilé y Giselle, sus hijas. Les recomiendo esta lectura, amigos y conocidos. No sólo desde mi lugar de hija orgullosa de un papá y un maestro maravilloso; de una hija feliz de ver, por fin con formato de libro, esa evidencia de reconstrucción personal y política.  Les recomiendo esta lectura porque está llena de verdades que vale la pena conocer. Porque leyéndolo encontrarán esas verdades transmitidas con una perspectiva única, y con el objetivo de ser advertidas y entendidas por todos. Porque leyéndolo tendrán una oportunidad única de conocer fragmentos de la vida interior de un político al que muchos creen conocer, pero del que sólo alcanzan a vislumbrar la superficie.

Yamilé Nadra, abogada y ensayista, autora junto Giselle Nadra, politóloga, de Montoneros. Ideología y Política en El Descamisado.

 

Canto a la militancia visceral

Casi todos los relatos que llegarán ahora a Uds. han sido ignorados por la historia oficial, o son inéditas, nunca comentadas. La memoria histórica es un valor esencial de la vida social, para ello es esencial en primer lugar conocerla.
Por ello también este libro es un canto a la militancia visceral. Prolifera el amor incondicional a un partido al que toda su familia le dio todo, incluida su fortuna personal, y que en realidad detrás de ese gran velo, el partido, se esconden individuos y personalidades concretas que con sus pequeñas o grandes miserias que todo lo destruye. Por eso escribe desde el dolor, en una etapa de un gran duelo personal y que aún no está superada. Pero también hay atisbos que muestra el desamparo, la soledad intelectual y la sensación de fracaso de más de una generación a un proyecto por la caída de lo que llamaron “socialismo real”. Sin embargo, su trayectoria marxista lo impulsa hacia adelante a la búsqueda de un nuevo aporte desde la izquierda.
Este libro, como valor histórico tiene una suma importancia, pues como relato historiográfico se encuentra en un marco apropiado, justo y oportuno, para sopesar algunas verdades no dichas, que jamás hubieran quedado plasmadas y establecidas, sino fuera por la pluma de Alberto Nadra. Se hubieran perdido en el espacio vacío del tiempo. Por cierto, la escritura es muy simple y directa, se nota la profesión de periodista al plasmar en exactas pinceladas los párrafos más complejos.
Carlos Ponce de León, Filósofo, docente de la Universidad Nacional del Comahue, fragmentos de sus reflexiones en Neuquén, kürüf puken (viento de invierno).

 

El Reparador de Sueños

Leí ayer en el día "Secretos en rojo", no pude parar hasta terminarlo.

No puedo evaluarlo políticamente, porque lo sentí profundamente afectivo, lo que creo que aumenta su valor; no puedo tampoco dejar de pensar, como buena feminista que " lo personal es político", así que ahí queda incluido el valor político del libro. Está demás decirte que conozco a tod@s y cada un@ de las personas que nombrás en tu libro, hemos recorrido caminos paralelos y comunes en nuestras vidas que fueron son y serán siempre vidas militantes. Milité con la madre de Marcelo Feito (la camarada Mery), con Iris Avellaneda (madre del Negrito) y fui compañera y amiga íntima de Hernán Nuguer (estudiábamos juntos en Exactas, antes de su pase a Arquitectura y del mío a Psico).

Me emocionó el valor y el afecto intrínseco de la familia Nadra (“los” Nadra), eso implica lo difícil que debe haber sido poner blanco sobre negro, los sentimientos y los hechos que relatás.

Críticas tengo, tal vez por la parte donde nuestras militancias eran paralelas, pero creo que no es pertinente mencionarlas ahora.

(…)

… dado que ese mundo mejor no llegó voy ahora a vivir hasta los 100 para poder incidir en ese cambio, pero sé que si bien no le dejo un mundo mejor a mis hijas (por ahora), le dejo al mundo hijas que van a continuar la tarea de cambiarlo". En lugar del feliz cumpleaños, los que allí estaban cantaron La Internacional. Por eso pienso que este libro está escrito por quien, como much@s nunca abandonaremos el sueño de la Revolución que como marxistas tenemos impreso a fuego en nuestra piel y en el alma.

Silvio Rodríguez escribió " El reparador de sueños", vos sos uno de ellos, por eso, por los sueños que recupera el libro, para vos "Chapeau" Alberto.

Adriana Litwin, Psicóloga. Referente del movimiento feminista y de derechos humanos.

sábado, 5 de diciembre de 2020

¿Qué está en juego con el “aporte extraordinario” a las grandes fortunas?

 

La pulseada para imponer un “aporte solidario y extraordinario” a las grandes fortunas personales está lejos de cerrarse, ya que el privilegio rechaza siquiera un roce a sus intereses y pretende cerrar el camino a cualquier intento de reforma fiscal progresiva e integral.

En estos días quedo nuevamente en evidencia la mezquindad del establishment local, virtudes y vacilaciones de un gobierno heterogéneo y las limitaciones que enfrenta el propio movimiento nacional y popular.

El Estado busca obtener a futuro unos 300.000 millones de pesos, modesto ingreso que lejos está de compensar los fuertes gastos que ya realizó en medio de una abrupta caída de sus recursos por la atroz pandemia mundial, la que agravó la destrucción económica que dejaron cuatro años de neoliberalismo macrista.

A la inversión en asistencia social o la destinada a recuperar y adecuar el demolido sistema de salud, se sumaron $ 490.000 millones que completaron parte del salario de los trabajadores de unas 200 mil empresas mediante los ATP ((Asistencia de Emergencia para el Trabajo y la Producción), y cubrir necesidades de los más postergados con el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia).

 

Cuando la mentira es la verdad

La avaricia del bloque dominante es alabada sin originalidad ni vergüenza por el coro de sus voceros mediáticos, adulación de la que en Diputados se hizo cargo el bloque de Juntos por el Cambio, con inusuales dosis de falsedad e hipocresía.

Allí, repitieron textualmente falacias aportadas por las entidades que agrupan a las grandes corporaciones, según la cual nos esperan múltiples desgracias si 10 mil de los 45 millones de argentinos resignan una modesta cuota de sus riquezas.

Nada tendrá que aportar el 99, 88% de los argentinos, pero la exigencia al restante 0.02% provoca la indignación de la oposición política y mediática, sensibilidad ausente ante el drama de 21 millones de compatriotas sumergidos en la pobreza.

Argumentan que la contribución implica “doble imposición”, pese a que no se trata de un nuevo impuesto, y amenazan con frenarla por ser “confiscatoria”, aunque apenas pagarán entre el 2% y el 3,5% del patrimonio declarado por ellos mismos.

¿Confiscatorio que lo paguen por única vez los diez residentes que en el país tienen fortunas que van de los 920 a los 5.400 millones de dólares? Confiscatorio es que a los trabajadores se le retenga el 21% de todos sus consumos, nada menos que $10.500 pesos mensuales, en el hipotético caso de que su salario llegue a $50.000.

Absurdo es que para llegar a los meritocráticos 5.400 millones de dólares que acumula la familia Bulgheroni, ese mismo trabajador debería poder ahorrar el total de su salario, sin gastar un peso, durante 12.000 siglos. Si, doce mil siglos ¿Hay algo más injusto e irracional?

Jamás podrían probar en tribunales la confiscación y doble imposición que prohíbe nuestra Constitución Nacional, mucho menos que le produzca el “daño irreparable” que exige el derecho.  En cambio, es cierto y comprobable el desconocimiento por décadas de los derechos consagrados en su artículo 14 bis, ese que nunca citan y que dispone la participación de los trabajadores en la ganancia de las empresas.

Al borde del delito, amenazan con una “rebelión fiscal” y se escandalizan ante la “discriminación” a los capitales en el exterior. Silencian que esos son activos financieros, mayoritariamente constituidos por ilegal plata negra que en su momento fugaron, y que solo tendrán una alícuota superior si rechazan repatriar un 30% de lo que tienen en el extranjero.

Afirman que se trata de un “castigo a la producción y al empleo”, que se obligará a “vender maquinarias y desprenderse de inmuebles” o incluso que se “fundirá a las Pymes”, pero fue su gobierno el ya fundió a 25.000 de ellas, castigó tanto a la producción como al empleo y obligó a rematar inmuebles.

Mienten a sabiendas. Este gravamen no se aplicará a ninguna empresa, ya que está destinado a los magnates, no a sus compañías. Y se calculará sobre el patrimonio neto, es decir del que resulta de descontar cualquier deuda, dentro del cual los inmuebles se consideran a su valuación fiscal, es decir aproximadamente el 10% de su valor real de mercado.

Ocultan que solo el 5% del patrimonio de esta elite corresponde a inversiones en las empresas, como lo ponen en evidencia sus propias declaraciones juradas. La mayor parte del 95% restante está dolarizado y nada tiene que ver con la producción: está invertido en bonos, sobre todo del tesoro estadounidense, acciones en compañías extranjeras que trabajan en el exterior, o depositado en cuentas off shore.

Vaticinan que se “ahuyentará las inversiones”, cuando fue durante su gobierno que las extranjeras retrocedieron a niveles del año 2000. Pese a la baja de impuestos al patrimonio, la apertura a las importaciones, la desregulación del mercado de capitales y el endeudamiento externo, hubo sequía en lugar de lluvia, y los capitales se fugaron masivamente.

            Aducen que “no se aplican en ninguna parte del mundo” y que “son parte de un pasado superado”, cuando este tipo de medidas están hoy en pleno debate internacional, particularmente en los países más desarrollados; cuando las promueven estudiosos, grandes empresarios y organismos multilaterales, incluido el propio FMI, a cuya derecha se sitúan cómodamente.

            Es sabido, pero silenciado, que Europa grava las rentas individuales con tasas de entre el 40 y el 55%, muy por encima de las argentinas y que los tributos extraordinarios se impusieron más de una vez en su historia. También que se proponen en Brasil o Chile, mientras Joe Biden planteó que EE. UU eleve al 39,6% la alícuota anual en concepto de ingresos personales.

 

La encrucijada del gobierno

La miseria en Argentina no surge de la pobreza de millones, sino que es consecuencia de un modelo de renta y rapiña, que a costa del sufrimiento de muchos permite la obscena riqueza de unos pocos.

El actual rechazo del establishment excede la propuesta en análisis, para convertirse en una muestra de hasta donde están dispuestos a llegar si se concreta la promesa de una reforma tributaria, que recaude donde corresponde lo que hay que recaudar, y de forma regular y permanente.

El fin de la decadencia tiene como uno de sus prerrequisitos terminar con el regresivo sistema tributario actual, que lejos de diferenciar las distintas capacidades económicas (y por lo tanto contributivas de individuos y empresas) esquilma a los que menos tienen: el 30,5% del total de los ingresos del fisco proviene del IVA, un impuesto al consumo, mientras menos del 1% proviene del único impuesto nacional que existe sobre el patrimonio, Bienes Personales.

Es alentador que el gobierno avance con este proyecto en medio de la crisis y los estragos de la pandemia. Y que lo haga luego que el violento desalojo de las familias que reclamaban una tierra para vivir en Guernica.

Algunos interpretaron ese día como un punto de inflexión en la confianza de parte de su propia militancia, preocupada ante el retroceso en la expropiación a los estafadores de Vicentin, el incremento de apenas 7% a trabajadores estatales que vienen de perder un 37, 2% con el macrismo, o una fórmula de movilidad jubilatoria que se aplicará sin actualizar la mínima por encima de la línea de pobreza y la posibilidad de acceder a una canasta básica de subsistencia.

El maltratado concepto de solidaridad, que se aplica indistintamente a un mínimo aporte de los multimillonarios como a recortar beneficios de los que están un poco menos mal, para compensar a los que están peor, expresa algo más grave: incomprensión de quien, y cómo, debe pagar el costo de la crisis; o lo que es peor, la fortaleza del pensamiento liberal en el propio gobierno.

Es el caso de una inaceptable definición del ministro de Trabajo, según el cual “sueldo digno es el que estemos en condiciones de pagar y sostener”, dejando de lado la discusión acerca de donde provienen los recursos para conjugar ambos verbos. Claudio Moroni elude encarar el tema desde cualquier concepto de justicia social, incluido el que sostuvo la decisión de Juan Perón de instituir el “salario mínimo, vital y móvil”, pero también exhibe deprecio por el papel del salario como dinamizador del mercado interno, único motor virtuoso de la recuperación económica.

Sin despejar sombras, con el “aporte solidario” se retoma una dinámica y una agenda que incluye las iniciativas parlamentarias para impedir el deterioro ambiental y la especulación con la quema de campos, la prohibición de endeudar al país para financiar gastos corrientes, o de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Ante esta compleja encrucijada, y en medio de una pulseada que lejos está de definirse, todavía cabe preguntar si ¿se cree, o se confía, en que la actual relación de fuerzas se puede mejorar limitándose a búsqueda de acuerdos superestructurales o de mayorías en las cámaras legislativas?

La desfavorable relación de fuerzas, que pese al triunfo electoral se mantiene a favor del bloque dominante, solo puede modificarse con protagonismo y organización del pueblo en defensa de sus derechos y la demanda un modelo de país realmente inclusivo.

sábado, 10 de octubre de 2020

Argentina no es ni será Venezuela, pero su destino también se define allí


     El gobierno argentino decidió hace pocas horas formar parte de la minoritaria condena de 22 países a Venezuela en las Naciones Unidas (ONU), basado en un informe elaborado sin pisar ese país por Michelle Bachelet, parte de una redoblada escalada internacional impulsada por EE. UU, sus socios europeos y el reaccionario Grupo de Lima, al que nos incorporó el gobierno de Mauricio Macri.

    Es una grave concesión a la presión para alinear a la Argentina con la voluntad hegemónica imperial y su acción desestabilizadora para someter y desplazar a los gobiernos de raíz nacional y popular.

    Sería suicida subestimar este retroceso, como lo sería dar por perdida la batalla por una política exterior independiente, signos de la cual fueron los pronunciamientos a favor de la reconstrucción de la unidad regional torpedeada por los neoliberales,  el apoyo al Grupo de Puebla, el desconocimiento al autodesignado Juan Guaidó, el repudio a los golpistas bolivianos (acompañado con la protección de Evo Morales y García Linera), todo lo que constituyó un distanciamiento de las imposiciones de Estados Unidos y sus aliados.

    La suerte de la Patria Grande, la de San Martín, Bolívar y Artigas, se juega en cada uno de los territorios en que dividieron a nuestro continente.

    Nuestra historia muestra dolorosamente adónde llevan las concesiones de los gobiernos de origen popular: al aislamiento y el golpe de Estado durante todo el siglo XX, al que no renunciarán, pero también encubren con desplazamientos “institucionales” como los ya ensayados en Honduras, Paraguay, o Brasil.

    Hipócritas, agitan los derechos humanos mientras ocultan su violación sistemática, que no merece condena alguna en la OEA o la ONU, ante la violencia estatal y privada en Honduras o Brasil, el virtual genocidio en Guatemala, la matanza de centenares de dirigentes políticos y sociales en Colombia, la sangrienta represión golpista en Bolivia y a la rebelión popular en Chile.

    La reacción de los portavoces mediáticos del bloque de poder (ClarínLa NaciónInfobae, entre otros), demuestra que evalúan el retroceso gubernamental como un triunfo propio, a la vez que no dejan de reclamar “claridad” en la política exterior, es decir un firme alineamiento con Estados Unidos a escala planetaria y, entre nosotros, abandonar cualquier intento, aún tímido, de hacer pagar la crisis estructural y la catástrofe heredada del macrismo, a quienes se beneficiaron de ella.

    La muestra, también, convencidos de que cada retroceso obtenido fortalece sus pretensiones restauradoras, debilita al gobierno y estimula la desilusión entre la ciudadanía, pero sobre todo desmoviliza, siembra dudas y divisiones en la propia base electoral, particularmente entre los sectores más avanzados y dinámicos del Frente de Todos.

    Es precisamente esta militancia la que recibe desconcertada la postura en la ONU, como trata de explicarse (y más difícil explicar a nuestros compatriotas), lo que sucedió con el llamado a la “solidaridad” entre los que, como los jubilados, poco o nada tienen. Con las advertencias y luego la pasividad frente a los despidos de los grandes empresarios durante la pandemia. Con el retroceso en la expropiación de Vicentin, para ahora bajar las retenciones al monopolio privado de grandes exportadores, que las aprovechan, pero rechazan por insuficientes y segmentadas. O con la abandonada promesa de investigar la fraudulenta deuda externa y los meses de demora para presentar y tratar en el Congreso el aporte extraordinario de las grandes fortunas.

    El apoyo al pueblo de Bolívar no admite vacilación alguna, pero es contraproducente simplificar su compleja realidad, desconocer que Venezuela enfrenta la oposición golpista que promueve una intervención militar extranjera y el criminal bloqueo económico y sanitario, pero a la vez se debate en una feroz pulseada dentro mismo de quienes coprotagonizaron la revolución bolivariana. Entre quienes la defienden promoviendo su profundización, pero encuentran la resistencia de quienes desconfían de la fuerza del pueblo y creen que con concesiones pueden ganarse la aprobación del privilegio nativo y extranjero.

    En el propio gobierno, legítima y democráticamente elegido, hay quienes pretenden calmar a los agresores internos y externos impulsando la entrega de la industria petrolera, gasífera y minera al capital trasnacional; la devolución de tierras a terratenientes y empresas nacionalizadas al capital privado, con cláusulas de confidencialidad que abonan la corrupción y disimulan la entrega, en violación de la Constitución y en una clara traición al legado de Hugo Chávez, mientras se postergan los reclamos de los sectores populares, crecen los despidos y el deterioro salarial, y los terratenientes desatan la violencia contra campesinos y trabajadores agrarios.

    Muy por el contrario, el rechazo a los golpes y la violencia, los sabotajes, el desabastecimiento y el bloqueo, que priva al pueblo de medicinas, alimentos e insumos esenciales, reclama construir una salida revolucionaria a la crisis del capitalismo dependiente y rentista venezolano. En lo inmediato, la confiscación masiva de los bienes situados en el territorio nacional propiedad de gobiernos que confiscan los propios en el exterior, y de las personas y empresas que colaboran en la guerra económica.

    Suenan huecos los mensajes oficiales acerca de ratificar “la posición histórica de liderazgo que tiene la Argentina en derechos humanos” a posteriori de la votación, o diferenciarse en comunicados aclaratorios de la condena a los bloqueos y sanciones, cuando otros caminos se abrían para el gobierno: votar la resolución alternativa, consensuar una propia con otros países o, incluso, abstenerse, que es lo que hicieron el tan elogiado México o la India.

    Nada justifica desautorizar la más que prudente posición de Carlos Raimundi, nuestro embajador en la OEA, y luego votar en la ONU una peligrosa posición intervencionista, que facilita incluso la acción militar contra Venezuela, y hacerlo a la cola de lo peor del continente y el mundo.

    Como parte de un debate que incluye a dirigentes y militantes del FdT, pero conscientes de que en instancias como esta se juega parte de nuestro propio destino como nación, no debemos caer en la trampa de marginarnos del protagonismo en un proceso del que somos parte, limitándonos a expresar nuestra justa indignación mediante adjetivos con poca o ninguna fundamentación.

    Tampoco asumir un discurso conciliador que se disfraza de pragmático y moderado, pero suma a la violación de los principios de no injerencia en los asuntos internos de otros países y de autodeterminación de los pueblos, de los que Argentina ha sido pionero e impulsor desde hace más de un siglo, en casi todos los gobiernos peronistas y radicales.

    500 senadores, diputados, intelectuales y artistas de todo el continente, que incluyen al premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, el ex presidente Zelaya (Honduras) y varios ex cancilleres, acaban de dirigir una carta al presidente Alberto Fernández para que rectifique esta decisión.

    Agregamos a los valiosos conceptos que hemos suscripto, una opinión militante. En Venezuela como en Argentina, y más allá de las abismales diferencias entre sus realidades, hay un debate continental de fondo y no saldado acerca de cómo se define la suerte de los procesos nacionales, con impronta soberana e independentista. Si adaptándose -o peor, cediendo- a las relaciones de fuerza dadas en la disputa de poder, o modificándolas a favor de las mayorías, con claridad de objetivos estratégicos, decisión política y apelando a la organización popular.

7/10/ 2020

(Para La Tecla Ñ)

domingo, 19 de julio de 2020

¿Fuego amigo?


                                                                                
    En medio de la pandemia que azota al mundo, la disputa de la conciencia popular en Argentina es descarnada, con una fuerte ofensiva anticomunista y antiperonista, hoy bajo la forma de “antikirchnerismo”, impulsada políticamente por la coalición Juntos para el Cambio, pero motorizada desde los grandes grupos económicos y amplificada por los medios de prensa y comunicación hegemónicos.
    A la par, dentro del propio movimiento nacional y popular, se agudiza un debate acerca de las decisiones, los tiempos y la fuerza de sustentación que permita llevar adelante el rumbo de independencia económica, justicia social y soberanía política prometido por el presidente Alberto Fernández.
    Dos ejes destacan del conjunto. Uno, para definir si la catástrofe económico social en que sumió al país la administración de Mauricio Macri, agravada ahora por la pandemia, la pagará nuevamente el pueblo trabajador, o si lo hará el bloque dominante, que a su costa se enriqueció brutalmente durante el dominio neoliberal. El otro, en torno a la orientación de la política exterior frente a las presiones del imperio y sus socios nativos.
    Para encarar y decidir en relación a estos ejes, ¿hay que adaptarse a la actual relación de fuerzas o apelar al protagonismo popular organizado para modificarla?

     La pregunta es pertinente, ya que asistimos a una creciente alarma de funcionarios y dirigentes ante el surgimiento de cuestionamientos internos a ciertas definiciones (o acciones y omisiones) del gobierno, pero en lugar de opinar acerca de su justeza se opta por poner en duda las motivaciones del emisor e irritarse por el solo hecho de haberlas formulado.
    Algunos directamente anteponen sus prevenciones al hecho de que quienes aportan criticas puntuales son parte dinámica de quienes han votado al Frente de Todos (FdT) y apoyan la orientación general del gobierno.
    Hay también quienes distraídamente toman una noción impuesta por los medios hegemónicos para socavar la base de sustentación del gobierno, el concepto de “fuego amigo”.
   Las sobresaltadas advertencias son todavía más amplias, y van desde la convocatoria a “cerrar filas” para “bancar” o “acompañar” pasivamente, hasta obvios llamados para “sumar y no restar”, pasando por cuestionar el “narcisismo de las pequeñas diferencias” en las propias filas, lo que entiendo consideran parte de una inadecuada “autoafirmación” del yo, cuya búsqueda compulsiva pondría en peligro el objetivo por todos deseado.
    Siempre es aconsejable atender la cuota de razón que pueden tener estas recomendaciones, pero a la vez precisar que no es pequeño el erróneo supuesto que los disensos “dividen”, que poco y nada aportan las propuestas alternativas dentro de las propias líneas, y en su lugar proponen que esperemos confiados en una suerte de inteligencia superior depositada en unos pocos que ejercen cargos.
    No faltan quienes se alejaron por derecha entre 2003/15 y ahora ocupan nuevamente posiciones destacadas, desde las cuales juzgan que el disenso (el que se produce por izquierda, claro) es sinónimo de “divisionismo”, o “canibalismo”, “le hace el juego al enemigo” o, dicho con mayor delicadeza, es “funcional” al neoliberalismo, para colmo en estos difíciles momentos.
    Con mayor o menor acuerdo con algunas propuestas críticas, en principio las considero políticamente positivas si provienen constructivamente de la militancia, la dirigencia o personalidades de los distintos ámbitos del FdT.
    En estos días se amplió el debate acerca de qué hacer, y en mucho menor medida del cómo hacerlo, aunque lamentablemente se reduce casi exclusivamente a las redes sociales, por razones que van mucho más allá de la cuarentena o el entusiasta eco que encuentra para la prédica desestabilizadora de la oposición y sus carapintadas mediáticos.
    Lo cierto es que no hay canales institucionales de participación de la militancia y que tampoco está institucionalizada la intervención de partidos y movimientos que integran la alianza gobernante.
    No lo están como necesidad, mucho menos como objetivo, ubicándonos a la defensiva, limitando la iniciativa y aún la respuesta ante una derecha que presiona, busca arrancar concesiones e incluso comienza a disputar un terreno que siempre hemos considerado propio: la calle.
    Parece que desde la cúpula no se escucha a nadie que no posea una cuota de poder, y aun así todo indica que cuando lo hacen es más por su capacidad de daño (como es el caso de la centroderecha explícita dentro del gobierno) que por su representatividad o la justeza de las reflexiones.
    En política, ningún debate ni confrontación con el adversario, externo u interno, se define a favor del movimiento popular si no contribuye a modificar favorablemente la relación de fuerzas, así sea parcial o temporalmente. La inmovilidad o el estancamiento llevan irremediablemente al retroceso.
    “Ellos” tienen todo el poder económico y buena parte del estatal, así como el aparato de construcción de sentido común, la fábrica de consenso antipopular que da la maquinaria cultural hegemónica, de la cual forman parte esencial, aunque no única, los medios masivos de difusión.
    “Nosotros”, si apelamos a él, disponemos principalmente el poder de la militancia movilizada y su saldo organizativo, por lo que sería un error reducir la disputa a los terrenos que ellos dominan, aunque igualmente haya que dar la pelea allí.
    No se trata, entonces, de “apoyar” callando, ni de tan solo plantear la crítica desde el enojo, la frustración o la impotencia, en ocasiones más que comprensible. Tampoco de pretender que los que tienen responsabilidades institucionales son depositarios únicos de la sabiduría popular, en realidad acumulada y transmitida con sacrificio por generaciones de luchadores.
    Hoy urge que la alianza gobernante supere la etapa de coalición electoral para convertirse en un frente real, por lo que es necesario institucionalizar la presencia y aporte plural de partidos, movimientos y organizaciones que la integran o apoyan.
    Los acuerdos superestructurales del FdT se agotan si no van acompañados de la constitución de sus núcleos organizativos de base, con participación y poder de decisión en los territorios, barrios, casas de estudio y lugares de trabajo de la ciudad y el campo.
    La historia argentina y de la patria latinoamericana demuestra que la ofensiva del privilegio siempre busca voltear a las administraciones que ponen en algún riesgo sus intereses; que desgastan y desestabilizan mediante una fuerte campaña de desprestigio y presionan para arrancar concesión tras concesión, con lo que logran unificar tanto a enemigos como adversarios, a la vez que desgastar y minar la base de sustentación del gobierno.
    Ese es el juego de pinzas que desemboca en los golpes de Estado, los desplazamientos seudoparlamentarios, o incluso la creación de un consenso capaz de expresarse en lo electoral.
    No es con buenos modales con el establishment, y menos con la pasividad que le deja el campo libre a la presión revanchista, que se mejoran las posibilidades para derrotar la oposición destituyente. No es así que se evita una nueva frustración y se “banca” realmente un rumbo en favor de las mayorías.
    Se necesitan objetivos precisos, transformar en patrimonio colectivo la comprensión del camino a seguir para alcanzarlos, en tanto frente a la resistencia derechista hay oponerle el poder de la calle, un fuerte protagonismo popular y la construcción de la fuerza político-social organizada del pueblo.