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viernes, 6 de marzo de 2020

De la dictadura al macartismo y la infamia


    Hace muchos años que renuncié, pero todavía me rebela esa suerte de coronavirus antiPC que infecta a otros compañeros luchadores, y los lleva (repetida y casi obsesivamente) a insultar y difamar a ese partido y desconocer su lucha y heroísmo, ya que errores -y graves- cometieron todas las organizaciones revolucionarias, sin hablar de los partidos tradicionales.

    El “Negro Ponce de León” es un veterano integrante del PRT-ERP, represaliado por la dictadura, a quien respeté e intento seguir respetando pese a nuestras diferencias. Sin embargo, la memoria de mis camaradas martirizados y asesinados me obligó a responder a una nota suya en Facebook, la que intenté realizar con con un respeto que él no ejerció.
    En su muro del 3 de marzo pasado pueden leerse sus posts, y otras opiniones. Las que siguen son mis respuestas en ese mismo sitio y ese mismo día.

Post 1
    Respetado Negro, he leído con tristeza tus opiniones.
    También lamento que te hayan bloqueado: yo conozco tu trayectoria, tu compromiso, aunque hayamos tenido, y tengamos, profundas diferencias. Incluso tuvimos un encuentro contigo y Amílcar Santucho en la sede del Comité Central del Partido Comunista (PC), en los meses previos al XVI Congreso de ese partido, donde vuestra preocupación era que “ustedes (nosotros) no cometan ahora los mismos errores que nosotros cometimos en los 70”.

    Tu afirmación de que Fernando Nadra viajo a Francia con el genocida Videla (¡nada menos!) es totalmente falsa, como falsas son algunas acusaciones de los comentarios que siguieron a tu post, en general fundadas en los lugares comunes que sembró y siembra la derecha y la prensa canalla, pero muchos repiten.

    No voy a responder a cada una de ellas, tampoco a señalar la razón que hay en otras.

    He respondido una por una a las acusaciones -desde la “complicidad” con la dictadura hasta la supuesta “traición” al Che- en muchas notas y reportajes, y también en mi libro Secretos en Rojo. Un militante entre dos siglos, donde valoro el heroísmo de los comunistas en toda su historia, pero remarco lo que considero graves errores. Errores, es bueno señalar, que cometieron todas las organizaciones político militares, y te informo que el PC fue la primera de ellas, aunque no lo admita.

    Con tristeza, entonces, no solo por lo errado de las apreciaciones, sino porque de esta manera se persiste en ahondar en las divisiones del campo popular y estimular resentimientos, mientras el enemigo jamás falla, ni en el tipo de munición ni en la precisión de la mira.

Post 2
    Negro Ponce de León, lo que en mi anterior post era decepción y tristeza por tus falsas acusaciones, a las que respondí con esforzado respeto, se transforma en enojo ante tu ratificación de que “lo que dije lo sostengo”.

    Pese a que hace más de 30 años que renuncié al PC no puedo permitir que lastimes y ensucies la lucha de militantes y dirigentes, muchos de los cuales perdieron la vida, no solo en defensa de sus camaradas, sino de TUS compañeros. Fue el caso, Ponce de León, de la asesinada abogada de la Liga por los Derechos del Hombre (LADH), Teresa Israel, que no fue el único.

    Es infame tu afirmación de que “Fernando Nadra había viajado en una comitiva con el genocida Jorge Rafael Videla a Francia”, y si no fue una equivocación, ya que acabas de ratificarla, de esa manera, caés directamente en una provocación.

    Es una muestra de total ignorancia (en el mejor de los casos, y de mala fe en el peor de ellos) de lo que fue la lucha real durante la dictadura afirmar que el PC no contribuyó a la lucha por los presos, los desaparecidos y por los derechos humanos.

    Equivocado en su lamentable caracterización del régimen, y en muchos casos con absurdas diferenciaciones con otros luchadores por los derechos humanos, el PC y la FJC estuvieron presentes oficialmente en toda la resistencia obrera, estudiantil, barrial, o en la reconstrucción de las juventudes políticas y las iniciativas multipartidarias desde el mismo 25 de marzo de 1976.

    En el caso concreto de los derechos humanos, mucho antes del golpe cofundó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH); ya en dictadura sus militantes estuvieron desde el inicio de Familiares y Desaparecidos por Razones Políticas, y es en el local de la LADH, fundada en 1937) donde comenzaron a reunirse, al igual que posteriormente lo hicieran las Madres del pañuelo blanco, aún antes de iniciar sus rondas en la Plaza.

    Cuando, en 1979, la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) llegó al país, fueron las investigaciones de la Inteligencia del PC las que permitieron revelar Centros Clandestinos de Detención y transformar el secuestro de la estudiante comunista Inés Ollero en “Caso testigo” que por primera vez prueba la existencia del Terrorismo de Estado en la argentina. De paso, te cuento que la delegación del PC que entregó las pruebas  a la CIDH fue encabezada por Fernando Nadra: este y otros documentos están disponibles en la información oficial de la comisión, y también puedes verificar conductas en los impactantes manuscritos de familiares y dirigentes en la colección de la Biblioteca Nacional, “Cartas de la dictadura”.

    No te detallo los otros frentes en los que peleó oficialmente el PC, y mucho menos la acción de contrainteligencia y contraataque que se desarrolló con los partidos hermanos del Cono Sur para enfrentar la Operación Cóndor. Si escupís tantas barbaridades acerca de sucesos que podrías haber investigado en soledad, es imposible que admitas los hechos casi legendarios en este aspecto.

    Rechazo una comparación de presos y muertos de cada fuerza durante la dictadura, mucho más  -pese a la inocultable diferencia-  a  tratar como números a tus compañeros y mis camaradas, pese a la abrumadora cifra de 1.500 comunistas presos, 500 secuestrados y 150 asesinados, entre ellos muchos miembros de comités regionales y locales, y del propio Comité Central del PC. Los datos duros echan por tierra tu intento de diferenciar las “bases” y “los funcionarios” que, por una vez, vos mismo admitís que contribuyeron a proteger o sacar del país a muchos perseguidos, sin importar su alineamiento.

    Es correcto que recuerdes a “…los desmemoriados que muchos ex militantes del Partido Comunista pasaron a ser militantes del PRT-ERP, de Montoneros, y de otras organizaciones guerrilleras”, pero el mismo esfuerzo deberías emprender vos mismo para no “olvidar”, como vos, el hecho de que muchos miembros del PRT-ERP, incluidos notorios dirigentes y oficiales, se afiliaron al PC con el retorno de la democracia.

    Como te dije en mi anterior post, pese a la tristeza por tus dichos, y ahora el enojo por tu ratificación, no encontrarás en estas líneas ninguna de las muchas críticas que tengo para hacer a los gruesos errores de tu organización, mucho menos usar adjetivos hirientes y despectivos como tú lo haces.

    No fue por nuestros errores que nos castigaron, y no seré yo quien agregue sal a las muchas heridas que la furia del enemigo descargó sobre mis camaradas y los tuyos.

domingo, 21 de junio de 2015

¡Hasta la Victoria Siempre, Elsa!


 
La foto más conocida y emocionante de la familia Sánchez/Oesterheld
Anoche, a las 20 horas de la Argentina, falleció Elsa Sánchez,  mujer ejemplar, luchadora sin pausa, heroica ante la adversidad y el crimen brutal de su esposo, Héctor Oesterheld, y sus cuatro hijas.
Hace casi 12 años tuve la enorme emoción de recibir de sus manos el Premio Héctor Oesterheld 2003, de sentir la ternura de su abrazo, de quererla un poco más; de imaginar que –tal vez—me compartía un instante junto a Héctor, Estela, Diana, Beatriz y Marina.
Creo que cualquier texto que escriba, con la mejor intención, le quedará chico, muy chico. Prefiero que hable ella, como lo hizo Daniel Enzetti, en una nota y reportaje publicado en Tiempo Argentino, el 13 de febrero de 2011.

En un año los militares hicieron desaparecer a Héctor Oesterheld, su compañero de toda la vida creador de El Eternauta, y a sus cuatro hijas. Pero Elsa nunca contó la tragedia hasta hoy, 35 años después, contagiada por “la fuerza de Cristina” y por la “esperanza que me despierta este momento”. 
Hace más de tres décadas que le cuesta referirse a sus hijas. En la charla, cada vez que sale el tema las llama “las chicas”. A las cuatro, todas secuestradas y asesinadas por la dictadura en el término de un año, en la época en que también las bandas armadas hicieron desaparecer a su marido. El que inventó a Juan Salvo, el mismo que hoy aparece en los afiches de la juventud kirchnerista emulando a un “Néstor que vive”. 
Los copos que matan en la historieta bien podrían ser hoy para Elsa la oposición, plagada de “brutos e ignorantes”. A Elsa le gusta ese juego, y ahora habla de todo lo que no habló en 35 años. De su acercamiento tardío –pero no tanto– al peronismo, de Eva como la que “empezó la verdadera transformación”, de Cristina como “la mujer increíble, y por la que tenemos que jugarnos para que el proyecto continúe”, de los criminales viejitos y débiles que mendigan prisión domiciliaria, de la fuerza de la juventud, de los dos nietos que le robaron y que todavía busca.
Y de que, a pesar de haberse sentido muerta, hoy tiene esperanza, como dijo en el homenaje que le hicieron en la reciente Feria del Libro de Frankfurt.
Elsa habla de todo eso. 

– ¿Por qué ahora?
–Porque el momento actual está lleno de dificultades a causa de la maldad de la oposición, llena de brutos e ignorantes. Y entonces, frente a ese panorama, hay que salir y recordar lo que pasó en la Argentina, y apoyarla a Cristina en todo lo que podamos. Me preocupa el clima que se vive, pero tengo confianza porque la gente que la acompaña es la misma que estaba con Néstor. Es increíble que algunos no quieran reconocer lo que hizo ese hombre. Lo menosprecian y le dicen “cabeza dura”. ¿Sabés lo que creo?, que presentía su muerte, y quiso aprovechar hasta el último minuto de vida para hacer cosas valiosas por el país. Estirar el tiempo que le quedaba, para darle al pueblo lo mejor. Y hablo también porque tengo confianza en la reacción de la gente, en esos millones que no tienen voz y que hoy saben que las cosas están cambiando para mejor. Este país estaba destruido, destruido por la dictadura, por la violencia, por los modelos que lo condenaron a la miseria, y en este tiempo trata de salir adelante. Volviendo a la pregunta, no quise hablar durante muchos años porque no me gustaba referirme a mi vida personal ni a la tragedia. Ahora lo soporto más, pero durante los primeros tiempos fue todo muy difícil. No creía en nada ni en nadie.

–La desaparición de sus cuatro hijas, y después la de Héctor, fueron ocurriendo durante casi un año. ¿De qué manera iba reaccionando? Era como que un nuevo golpe no permitía nunca procesar el anterior.
–Exacto, el drama no me daba margen. Estaba paralizada y sentía que mi vida iba a terminar; o provocaba ese fin o me moría de tristeza. No quería salir de mi casa, me costaba reunirme con gente, pero los que me dieron fuerza fueron mis nietos, y acercarme a Abuelas por consejo de Adolfo Pérez Esquivel. Para colmo, uno le tenía que sumar a sus problemas lo que le pasaba a los demás: yo viví de cerca la desaparición de Azucena (Villaflor), la de las monjas francesas, el secuestro de amigos cercanos, de compañeros de las nenas… 
Elsa con Cristina

–¿Cuándo se conocieron con Héctor?
–En 1945, yo tenía 17 años y él 24. Fue en el Club Arquitectura, de Vicente López. Era un libre pensador de izquierda, con una inteligencia abrumadora, y venía de una familia de buena situación, con un abuelo alemán ganadero dueño de una gran fortuna que después perdió. Cuando terminó la Guerra Civil Española, Héctor recibió acá a muchos amigos que habían escapado a la Argentina corridos por los franquistas. En cambio, nosotros estábamos en “la otra vereda”. Mis padres eran muy humildes, casi analfabetos, y encima mamá tuvo que sobrellevar que mi hermana mayor muriera de una hepatitis infecciosa cuando yo tenía 12 años. Los dos quedaron derrumbados, pero yo reaccioné llevándome el mundo por delante, con un temperamento bastante fuerte y una voluntad enorme. Me parece que ya se me notaba la capacidad para soportar los golpes que después me dio la dictadura. Lo extraño fue que a pesar de su condición social, mamá era una intelectual sin saberlo: ni siquiera teníamos radio, y sin embargo tocaba el piano maravillosamente y escuchaba música clásica todo el día. 

–Se casaron en 1947, cuando el peronismo arrancó con su período más próspero y transformador. ¿Qué significó eso para ustedes?
–Mucho, porque se puede decir que los dos llegamos al peronismo después, pero no tarde como para no darnos cuenta de lo importante que fue y es para la historia de esta nación. Mi referente es Evita, no le veo contras. La comprendo, porque esa mujer debe haber aguantado tanto sufrimiento por su dignidad herida, que después hizo lo que hizo. Es mi reflejo, las mujeres somos lo que somos gracias a ella. Lástima que lo supe tarde, porque cuando ella apareció yo era grande, vivía en mi mundo, de casada, en mi casa, loca por las nenas. Pero bueno, siempre hay tiempo para cambiar y replantearse cosas. Eva fue la que empezó a cambiar este país, un cambio que estamos sintiendo ahora. 

–Imagino que a Oesterheld lo miraban de una manera extraña. Geólogo brillante que hablaba varios idiomas, pero escritor de géneros “menores” como la historieta y los cuentos para chicos. 
–Es verdad, Héctor era un tipo raro, especial. Introvertido, leía las 24 horas, científico nato. Cuando me contó lo de las historietas le dije que me divorciaba (sonríe), que cómo un hombre como él se iba a dedicar a “eso”, y para colmo firmando con pseudónimo. Pero la verdad es que era tan bueno que las editoriales más importantes, como Abril o el grupo de italianos de Alberto Ongaro, por ejemplo, se lo disputaban permanentemente. Héctor para ellos era una solución porque hacía todo bien: escribía, hacía guiones excelentes, traducía. Fue la época de la revista Gatito, cuando conocimos a María Elena Walsh. Lo de las miradas extrañas es así. La gente debía pensar “pero este tipo no trabaja nunca, vive de rentas”. Estaba en casa todo el día, con las nenas, paseando por el jardín. En el jardín creaba, era como su musa.

–La famosa foto de la familia sentada en el parque. ¿Dónde fue eso, y en qué momento?
–A principios de los ’60, fue la etapa más feliz de mi vida. Te cuento una anécdota: la casa está frente a la estación de Béccar, y el que la compró era un fanático de El Eternauta que nunca se había enterado de que allí vivíamos nosotros. No lo podía creer cuando se lo dijeron. También fue el lugar en donde las chicas empezaron a abrirse a toda la cuestión social.

– ¿Por qué?
–Porque entraron a un colegio inglés donde tomaron contacto con otras realidades del mundo, y eso les sirvió para formarse políticamente. Dejaron el colegio cuando no pudimos seguir pagándolo, pero la cabeza ya les había cambiado. Tomé bien el hecho de que empezaran a militar, porque coincidió con mi acercamiento al peronismo. Pero lo que me daba miedo era que todo se estaba haciendo muy violento. Y lo que vino después fue una canallada feroz. El mismo Perón, con su final absurdo, terminó matando a todo el mundo. La Triple A, José López Rega, con el que había estado en España, eso fue una barbaridad. Yo ya presentía lo de la dictadura. Se sabía por todos los chicos que agarraban antes del golpe y me daba terror cada vez que hablaban de “bolches” y “judíos”.

–¿Quiere hablar de las chicas?
Los personajes de Oesterheld reclaman por su
aparición. Un grito que recorrió el mundo.
–Es difícil porque nunca lo hice (Elsa queda algunos segundos callada). Las nenas eran cuatro personajes excepcionales. Estela era la mayor, la que conocí más grande. Al margen de su hermosura y sus ojos increíbles, me resultaba impresionante lo que esa criatura transmitía con su presencia. Diana era un calco mío. Se casó con un excelente muchacho de familia humilde y decidieron ir a vivir a Tucumán, donde desapareció embarazada de su segundo hijo. Tenía una entrega total, y era como que sabía el peligro que se venía. Beatriz era alegre, siempre estaba haciendo cosas. El día que se la llevaron me propuso encontrarnos en un bar de Martínez, para decirme que dejaría la militancia y se dedicaría a la medicina, pero con una aclaración: “Mami, no quiero ser una doctorcita de consultorio. Me voy a instalar en la selva, como el Che, o en los barrios, donde la gente necesite ayuda de verdad.” Yo le contesté que estaba bien, que eso la engrandecía. No estaba casada pero tampoco vivía con nosotros, y no quería venir porque de esa manera corríamos peligro todos. Yo estaba desesperada, morí en vida cuando empezaron los problemas, y sabía que estaban decididos a liquidar a todo el mundo. Ese día la secuestraron, y su cuerpo fue el único que recibí de los cuatro. Marina fue la que menos conocí, introvertida como el padre, la más chica, la última que entró a la militancia. A todo esto hay que agregar lo de Héctor, que cayó en el medio de la tragedia. Estaba afuera del país y seguro esperaban matar a las chicas para que él volviera. Los asesinos estaban interesados en él, les importaba más que sus hijas, porque no tenía ni pies ni cabeza la manera en que las asesinaron.

–¿Cómo se reacciona frente a los criminales después de tanto tiempo?

–Con la tranquilidad de que nosotros somos los que reclamamos justicia y ellos no tienen ni siquiera la valentía de mirarnos a los ojos. Encima, se hacen los viejitos dolientes que piden prisión domiciliaria. Yo también soy mayor, y ningún asesino sufrió lo que soporté en mi vida. Nada se parece a la desaparición o a la muerte repentina de un hijo. Y sigo por ellas, por las chicas, y por los dos nietos que todavía estoy buscando, de los embarazos de Marina y de Diana. Pero hoy me siento bien, con ganas de dar una mano en este proyecto nacional que encabeza Cristina, donde los jóvenes irrumpen con una fuerza maravillosa. La juventud está dando vuelta este país; nosotros acompañamos.

sábado, 14 de junio de 2014

Hernan

Hernán, presente en Av La Plata 165,  Almagro, donde vivió y fue secuestrado
Apenas tuve espacio para apenarme por Uruguay. Alcancé, sí,  a disfrutar un poco del buen partido entre Italia e Inglaterra.

Es que una sonrisa me acompañaba. Me recordaba noches de festivales en solidaridad con Vietnam. Me acercaba anécdotas de noches de escrutinio estudiantil en la facultad en que nos juntábamos para acompañar a los camaradas de las listas del MOR. Me exigía que lo acompañe por los imposibles pasillos de su facultad, Arquitectura, al paso rápido o corriendo, todavía no puedo verla atornillada su silla de ruedas después del accidente.

Era, es, la imborrable sonrisa de Hernán. De HERNAN NUGUER, amigo, militante de la Fede, secuestrado  por personal policial en un Ford Falcon color marfil, el 27 de octubre de 1977, frente a su vivienda de Avenida La Plata 165.

Hoy, sábado 14 de junio de 2014, a las 11 horas en punto, una pequeña multitud se reunió frente a esa misma dirección, convocada por “Memoria y Justicia de Almagro”, que colocó una de esas invaluables “Baldosas por la memoria”. Trabajo, dedicación, militancia que jamás podremos agradecerles bastante. Bastaba con tener el orgullo de explicarle a los curiosos que es lo que estábamos haciendo allí: recordando, impidiendo el olvido, recuperando sus sueños.

Con la mayoría tratábamos de encontrar en esos rostros un poco ajados, apenas en el caso de las compañeras, con muchas canas y escaso  pelo en los de nuestra generación, a esos jóvenes que con lo que Hernán compartió lucha y esperanzas, en definitiva vida, vida trascendente puesta al servicio de un ideal humanista. Costó reconocernos. Pero una parte de nosotros, la mejor, sigue intacta.

Como la sonrisa de Hernán.

Y no dudo que mañana, sin pedirle nada, sólo porqué así era y es,  dejará de preguntar y recordar, para hinchar conmigo por la selección.

lunes, 2 de junio de 2014

Rubén Poggioni en el recuerdo

Ana, su novia de entonces, y su hermana, Lili, recuerdan a Rubén.


RUBEN POGGIONI, 20 años, acribillado a balazos el 2 de junio de 1974  por un grupo perteneciente a la Triple A, cuando junto a otros compañeros de la Federación Juvenil Comunista, se encontraba en la localidad de Boulogne, provincia de Buenos Aires, realizando una pintada y pegatina de carteles que celebraban el 10º Congreso Nacional de la Fede. 

Tres sujetos, que se desplazaban en un Peugeot 403 negro, y portaban pistolas calibre 45, se detuvieron en la calle Adler y balearon al grupo de compañeros; uno de ellos, Jorge Ramos, quedó herido de gravedad. Rubén, estudiante de electrónica y trabajador industrial, fue herido de muerte. Si bien la actividad estaba autorizada en otros lugares, y porque pegaban carteles relativos al mismo evento, fueron arrestados siete militantes de la FJC. 

No conocí a Rubén. Tengo siempre presente su imagen en los periódicos partidarios, y el grito ensordecedor en el Luna Park, gritando “Rubén, Poggioni, te vamos a vengar, con 100.000 afiliados en el Frente Popular”. Mi compañera en esos días, miembro de la JP Tucumana, la de mis amigos del alma, Ismael Salame y Carlos “Nalla” Salim”, miraba impactada la multitud, con su poncho rojo, con la franja negra. Era el primer caído de la Fede en manos de la Triple A, que había desatado un verdadero baño de sangre, donde las principales víctimas eran nuestros compañeros de la JP Regionales, y sus organizaciones de base.

La consigna era la justa, sin duda. Nosotros mismos la habíamos iniciado., Sin embargo, algo nos decía que la Justicia no llegaría, y una idea rondaba nuestras mentes, sabiendo que no habríamos de concretarla.

Sin embargo, en esos mismos momentos, camaradas del Partido iniciaban una meticulosa investigación, luego una búsqueda, y tal vez Justicia. Una Justicia de la que nadie hablaría nunca, aún si hubiese sido lograda.

No conocía a Rubén. Pero siempre será mi camarada, pues ese lazo no lo marca el carnet que ya no tengo.
Pero si conoció a Rubén Ana María Etlis, su novio de aquellos años tremendos. Es ella, junto  su hermana, Lili, las que tienen la palabra.
En las calles, su memoria, "pa' que nadie quede atrás"



Rubén tenía una personalidad particular: Una forma diferente de cómo comunicarse con el mundo, poco usual. Recurría a los gestos como puntos de apoyo, le daban seguridad. Sus movimientos eran armoniosos siempre. Sus temas principales giraban alrededor de la termodinámica, la antimateria y, cuando estaban mis padres compartiendo “su” ritual: té con limón, las charlas interminables alrededor de cómo cambiar el mundo para que sea mejor y el gran tema: la revolución.
Ese día, el 2 de junio del 74 era, además, muy frío y gris…con tonalidad plomiza…El cielo iba a romper en llanto; el “otro” clima que se vivía en el barrio era, recuerdo, la escases de productos de almacén (palabra casi arcaica). Pero el té y el limón siempre estaban. Tenía una posible justificación: Rubén venía de una familia italiana, de Arezzo, sus padres siempre hablaban de ese lugar como el paraíso perdido…montañas, mucho aire y amor…Arezzo….Rubén tenía esos genes.
El limonero de su casa funcionaba como un monumento simbólico compartido. En el reverso del árbol estaba el cuartito donde había construido una increíble Torre Eiffel para un trabajo práctico del secundario. Era perfecta, soldada con finos alambres de bronce y cobre. En la parte de arriba del comedor había una biblioteca muy bien cuidada, entre los libros estaba el famoso de John Reed: “10 días que conmovieron al mundo”, texto que amaba y que se lo había regalado a Ana, su compañera y mi hermana.
Ese preciso 2 de junio, la muerte nos besó en la boca a los compañeros que estaban haciendo una “pintada” en Boulogne. La AAA lo había destruido con un balazo en su cuerpo.
(Día frío y gris….muy gris)
Dolor y muerte, no nos imaginábamos la que se venía….
Doña Rosa y Don Nicola, sus padres, fueron también los míos luego del asesinato. Siempre esperaban la llegada de Rubén, a pesar de su muerte. Toda su familia amplificó la mía: Juan, el hermano y las hijas que muchos las conocíamos por aquella foto que siempre llevaba en el bolsillo de la campera.
La diferencia entre la creencia o no de su muerte, se vio sacudida por interrogantes y negociaciones. No podíamos creer el “ya no está más”. “El arma no funcionó…”, “¿quién es responsable?” ¿Se inició el juicio a través de la Liga? Todas las argumentaciones que rodearon estos 40 años se asimiló como se pudo, de distintas formas: la bronca, el llanto, la ira, la búsqueda de justicia, el borrazo, las ausencias, las miserias humanas y la potencia del recuerdo.
Cuando se cumplieron los 10 años sacaron el mástil que se había colocado sobre la calle Ader, fue en el gobierno de Alfonsín, se decía que “molestaba”. Luego plantamos un árbol, un hermoso fucus, también lo sacaron el anteaño pasado porque impedía el paso de los coches hacia la entrada de una empresa.


A pesar de los devenires de la vida, siempre colocábamos una flor o una planta y llevábamos marcadores para escribir: ¡¡“Rubén Presente”!! Además de los trámites burocráticos en Página 12 por el “recordatorio” ya que sólo publicaban gratis los que desaparecieron a partir del 76.
Sus padres ya no están, su hermano con la familia se fueron a Córdoba con el cuerpo de Rubén incluido.
Con los años una aprende lo que es la memoria colectiva. ¿Cómo se construye? De a poco…
A pesar de todo llegamos a estas 4 décadas con la memoria.
¿Podemos agregar, sacar, tachar, etc. para que este recuerdo quede más vivo que nunca en este escrito?
Para los que estuvimos muy cerca de Rubén Poggioni, a 40 años de su asesinato, propongo agregar lo que conocen de él como otra forma de hacerlo presente ya que no se pudo, por diferentes situaciones, colocar la baldosa en fecha.
Espero que podamos resignificar su muerte creando nuevas formas de memoria.

martes, 25 de febrero de 2014

Los Hijos del setenta

"Donde Ardía la Marea", mural de Anibal Cedron en conmemoración de "El Cordobazo"

Silvia Bleichmar, psicoanalista,  "la Colorada" para sus compañeros de militancia universitaria, fallecida el 15 de agosto de 2007, a los 62 años, publicó este texto doloroso y optimista, imprescindible sin duda, poco tiempo antes en Caras y Caretas.

  A pesar de la masacre que significó la dictadura,
 parte de quienes la sufrieron pervive en la generación
 siguiente, la de sus hijos, hijos de desaparecidos, de
 exiliados, de asesinados, de presos políticos. Que,
 con esa marca en su identidad, viven y sueñan en el
 magma de la cotidianeidad.
 Ahí están. Hacen periodismo, teatro, cine,
 investigación en ciencias, enseñan en universidades y
 escuelas, se instalan en el mundo convencidos de que
 esperan que se parezca más a sus sueños algún día. Sus
 padres sufrieron desapariciones y exilios, fueron
 asesinados o lesionados gravemente, se dispersaron por
 el mundo llevando unas espigas en los bolsos de viaje,
 algunos alfajores en las valijas, ponchos negros,
 rojos, blancos, fotos de familia y de amigos
 entrañables.
 
 Ellos mismos, víctimas de exilios exteriores o
 interiores, cantaron canciones patrias de otras
 tierras que no les significaban nada, fueron a
 colegios en los cuales tuvieron que callar lo que les
 producía el sufrimiento y en los cuales los trataron
 como extranjeros, descubrieron precozmente la
 exclusión y aprendieron que la solidaridad es un
 ejercicio cotidiano sin el cual la supervivencia se
 hace imposible. Muchos de ellos fueron despojados de
 su identidad y arrojados al vacío de sentido de una
 existencia construida contra las razones de su propio
 nacimiento: engendrados para sostener con vida la
 esperanza, como un acto extremo de afirmación y
 persistencia, la expropiación los desnudó de las
 envolturas simbólicas, de las frases y palabras, de
 los nombres y destinos que sus padres soñaron para
 ellos.

 Y sin embargo allí están: testimonio de la fuerza y de
 las reservas morales de una generación que se negó a
 su destitución y que los sostuvo no sólo a fuerza de
 reminiscencias sino de proyectos. De una generación a
 la cual injustamente se la acusó de deificar la
 muerte, cuando estos hijos dan cuenta del profundo
 anhelo de vida que la agitó.
 
 Rescatados no sólo por el amor de la familia sino por
 la convicción de gran parte de la sociedad que había
 asistido a la infamia más brutal de la historia
 argentina en el siglo XX, fueron sus abuelas quienes
 lograron no sólo su recuperación sino generar en el
 conjunto de la sociedad la convicción de que no se
 trataba de un asunto privado, de un "derecho de
 familia", sino de una garantía necesaria para poder
 consolidar a las futuras generaciones sobre
 asentamientos más justos y seguros.
 
 Cuando cada uno de estos niños recupera una identidad
 expropiada, se convierten en un paradigma de la
 sociedad toda: sólo el retorno a nuestros padres
 fundacionales, después de tanto apropiador que nos
 despojó de raíces y proyectos de origen, puede reparar
 nuestro exilio de más de un siglo de un país que no
 nos permitió su apropiación.
 
 Las derrotas no se pueden medir por las batallas
 perdidas sino por la propuesta para las generaciones
 siguientes. La derrota es mucho más que un
 reconocimiento de los límites de la lucha, es la
 renuncia definitiva a nuevas batallas, la despedida de
 todo aquello por lo que se ha peleado. Conlleva,
 incluso, la renegación de los objetivos sostenidos.
 Los derrotados se arrepienten no sólo de sus propias
 acciones sino incluso de aquello que los motivó a
 realizarlas. En esto consiste la derrota, porque se
 puede revisar el camino recorrido y los abismos a los
 cuales uno se asomó sin por ello renunciar a seguir
 caminando.
 
 El golpe del 76 no derrotó a una generación: la
 masacró, la expulsó de la Patria, la encarceló y
 torturó, y brutalmente pretendió arrancarle no sólo
 sus proyectos políticos sino sus sueños e ideales:
 tornarla cínica, despojada de carácter, acomodaticia
 con las circunstancias, reducida a lo posible. Se le
 propuso a cada argentino llevar hasta el extremo el
 individualismo de salvarse sólo, el terror de ser
 dañado no por los represores sino por los amigos que
 estaban en riesgo, ya que su propio destino podía
 alcanzar como onda expansiva a quienes los rodeaban.
 También se les ofreció a cambio de la moral un bono
 para canjear justicia por chatarra comprada con el uno
 a uno: un ser humano por una videocasetera, la
 educación por el shopping, un torturado por un viaje a
 Disney, la vista gorda por unas vacaciones en el
 Caribe,... Esta fue la herencia moral que pretendieron
 dejar los dictadores de los setenta.
 
 Y sin embargo, en estos chicos que siguen negándose a
 concebir al otro como un enemigo, que escriben y hacen
 música, estudian y enseñan, se juntan en los recitales
 de rock y cantan a voz en cuello, crispados o irónicos
 "La argentinidad al palo" para levantarse al día
 siguiente y trabajar, cambiar los pañales de sus
 hijos, buscar la supervivencia cotidiana, rastrear en
 la historia para entender, una vez más, quiénes son,
 de dónde vienen, por qué nos pasó lo que nos pasó,
 cómo levantarnos de nuestros propios abismos... En
 estos chicos la derrota se arrincona, expulsada cada
 vez más a los límites extraterritoriales de los
 fantasmas colectivos y no de las acciones diurnas que
 la desmienten.
 
 Por eso los hijos del setenta nos conmueven: son como
 una parte de nosotros mismos que nacieron, ya,
 atravesados por una experiencia que los hace desplegar
 lo posible sin renunciar a lo anhelado. Maduros desde
 chiquitos, obligados a ser responsables desde siempre,
 atravesados por la Historia, tratando de apropiarse de
 ella, van a la búsqueda de los sueños de las
 generaciones anteriores. Y como Sebastián, el "Nieto
 82" recuperado, cuando abraza a sus abuelos y los
 consuela de tanto tiempo perdido, saben que para ellos
 el tiempo por delante se tiñe de sabores y olores
 anhelados, aún sin imágenes ni nombre.

 

martes, 3 de diciembre de 2013

TUCUMÁN: "Pepe" Vega, Bustamante, el "Turco", Eduardo y Fredy en el corazón


MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA POR MIS COMPAÑEROS SECUESTRADOS Y ASESINADOS


JUAN CARLOS BUSTAMANTE,  secuestrado el  2/12/75 en San Miguel de Tucumán. 22 años, trabajaba como técnico de rayos. Militante de la Federación  Juvenil Comunista (FJC). Era presidente del Centro de Estudiantes de la UTN de la Universidad de Tucumán. El caso figura en la Conadep bajo el registro: Legajo Nº 728 que registra testimonios de su paso por el Centro Clandestino de Detención que funcionaba en el Arsenal Nº 5 "Miguel de Azcuénaga”. Al día de hoy permanece desaparecido.


JOSE BLAS VEGA (“PEPE”), secuestrado el  2/12/75 en Yerba Buena, provincia de Tucumán. 22 años. Empleado en el Consejo de Educación Provincial-Sección Presupuesto y militante de la FJC.  Era secretario General de Centro de Estudiantes y presidente de la Federación Universitaria de Tucumán. El caso figura en la Conadep, bajo el registro: Legajo Nº 5269 y allí registran testimonios de su paso por el Centro Clandestino de Detención que funcionaba en el Arsenal Nº 5 "Miguel de Azcuénaga”. Al día de hoy permanece desaparecido.

   Recorrí esas calles nuevamente, luego de décadas, en medio de una conmoción por crímenes y denuncias de narcotráfico, pero la impactante realización de la “Megacausa Arsenales”, que juzga a los criminales de aquel siniestro Centro Clandestino de detención.

   Había viajado para la presentación de mi libro, “SECRETOS EN ROJO”,  el 29 de diciembre pasado, lo que realizamos en La Casa de la Asociación de Investigadores y Docentes de la Universidad Nacional de Tucumán (ADIUNT- CONADU Histórica), junto a al anfitrión, Oscar Pavetti,  secretario general del sindicato, y Gaby Nadra, Presidente del Centro de Estudiantes de Ciencias Naturales, rama combativa de mi familia paterna asentada en Tucumán desde la llegada de mis abuelos de Siria, para abrir senderos con una colectividad que –junto a otras— dio a la provincia y su nueva patria lo mejor de sí.

   No era un día cualquiera. Un 29 de diciembre, pero de 1976,  fueron secuestrados Héctor Alberto Pérez y  Juan Díaz, ambos del PC, el primero obrero de la fábrica de calefactores SAIAR, en la provincia de Buenos Aires, y el segundo gastronómico de la FJC, en el club e la YMCA en capital. Fue mi primer homenaje.

   Faltaban apenas cuatro días para que se cumplieran 25 años de la muerte de Fredy Rojas, el valiente joven comunista había encabezado  una marcha de repudio a la visita a Tafí  Viejo de Domingo Bussi, en su primer intento  de postularse a gobernador, y fue fusilado por sus esbirros, agonizando hasta el 3 de diciembre.  Fredy fue la primera, de varias, víctimas comunistas en esta democracia reconquistada. Se unió a una incontable lista de asesinados desde la Semana Trágica a la Patagonia Rebelde, de la “década infame” al Cordobazo, las Tres A o la última dictadura, en gobiernos cívico-militares y constitucionales.

      En el encuentro mismo me  informan, que este  3 de diciembre,  en el aniversario de la  muerte de Fredy,  una sesión especial del Concejo Deliberante de Tafí Viejo  declarará  el 27 de agosto, día en que fue baleado, como "Día de la Militancia Juvenil".

   Jóvenes que habían participado hasta hace pocas semanas de la toma de 55 días de varias facultades en Tucumán, en medio del silencio cómplice de algunos medios, y miope de otros, mezclaban en el auditorio con veteranos luchadores tucumanos;  con artistas, escritores y poetas amigos de mi padre;  y –también--  no pocos de mis primos y sobrinos.

   Justamente fue a uno de ellos, a mí primo Eduardo Serrano Nadra, tucumano, miembro del PRT,  secuestrado en Capital, al que homenajeé especialmente, pues no se puede separar SECRETOS EN ROJO  de la historia de todos y cada uno de ellos.

   Y como la experiencia de las Juventudes Políticas Argentinas (JPA) en los ’70 es un capítulo especial de esa historia, recordé a mis asesinados amigos de la JP de la provincia:  Carlitos “Nalla” Salim y el imborrable “turco”: Ismael Salame, jefe de la regional Norte de la JP Regionales, y luego designado responsable nacional del trabajo en las JPA, donde hilvanamos una amistad que no han podido matar,  que llevo conmigo hasta que, algún día, en algún lugar, la  retomaremos juntos.

   Lo que no esperaba era que después de las preguntas y respuestas, al dialogar y sentir el cariño de los participantes, me fundiría en un abrazo con el hijo de mi camarada Medina, fundador de H.I.J.O.S de Monteros.

   Lo que no hubiera podido imaginar es  que frente a mí estaban (y finalmente ellos y yo con lágrimas en los ojos) los hermanos del “turco” Salame: el recuerdo y, como ayer y hoy la lucha, nos unía; entrelazaba nuestras sangres y nuestros destinos.


   Nos contamos historias que nunca publicaré, pero protagonizamos una ceremonia  tan íntima como pública por los treinta mil que nos arrancaron Y, también, si me permiten por esa herida que nos desgarraron en el pecho, y que sangrará hasta el último día.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Román en el recuerdo



ROMÁN JAVIER MENTABERRY, 29 años, miembro de la Federación Juvenil Comunista (FJC), promoción 68 del Colegio Nacional Buenos Aires, redactor de los periódicos ilegalizados Informe e Imagen, asesinado en la redacción clandestina del primero.

Román Mentaberry apareció ahorcado con su propio cinturón en el medio de la redacción del semanario comunista Informe la noche del 28 de noviembre de 1979. Una vez por semana, Mentaberry tomaba un colectivo hasta el barrio Crucecita, Avellaneda, para jugar al ajedrez con Joty, el padre de Mariano Otero.

“Mi vieja me cuenta que no conversaban. Era un ritual silencioso. La muerte de Román pegó muy fuerte en casa, era algo de lo que no se hablaba: mi viejo también había sido militante del Partido Comunista. Yo crecí con esos silencios. Una vez, como todo pibe, me metí en un placard y descubrí el ajedrez. Era hermoso, las piezas de madera, la base de felpa verde... Cuando mi viejo se enteró de que se lo había agarrado casi me mata. Yo no entendí nada hasta que mi mamá me contó la historia de Román.”

De Página/12, “Avellaneda Jazz”, introducción a un reportaje de Mariano del Mazo a su  Otero, parte de una camada que con 400 discos originales dio forma a lo que se conoció como Nuevo Jazz Argentino”.

Fue el 28 de noviembre de 1979, cuando un grupo de tareas, lo sorprendió solo trabajando en el cierre del semanario comunista Informe, en una redacción semiclandestina que funcionaba en la calle Esmeralda al 900, Buenos Aires. Lo ahorcaron.

Su caso quedó registrado en el expediente 3007 de la Conadep, donde se sindica como uno de los autores del hecho al capitán de Ejército Enrique Berthier, condenado el año pasado por la apropiación del bebé de desaparecidos María Eugenia Sampayo-Barragán, y que cumple condena hasta 2010 en el penal de Marcos Paz.   

En un aviso conmemorativo publicado en Página/12 por familiares y amigos,al año siguiente sumó su firma por primera vez Julián, el hijo que Román no llegó a conocer, y a quien tuve la suerte de conocer pues acudió a mí a partir de una nota de homenaje en mi blog, que reproduzco parcialmente en este fragmento de mi libro  “SECRETOS EN ROJO. Un militante entre dos siglos”.

No fue un momento cualquiera: después de haber protagonizado las tremendas horas que siguieron a su asesinato, para mí significó el reencuentro del hijo de Román con su historia, la de su padre, la de su lucha, y también con su familia, pequeña epopeya en la que acompañé como orgulloso "presentador" a un bello grupo de sus ex camaradas de “El Colegio”, pero aún más: sus amigos eternos.

Casi dos años después, el 28 de noviembre de 1979, un joven periodista, Román Mentaberry, fue asesinado en la redacción clandestina del semanario Informe (del Partido Comunista). Román pertenecía a la Fede. Fue literalmente ahorcado con su propio cinturón y dejado en condiciones que no quiero recordar.

Luego de confirmar el crimen, coordinamos con Francisco “Cacho” Álvarez (revista Imagen) y Eduardo Duschatsky (semanario Informe) para impedir que cualquiera de los nuestros volviera a las redacciones, que, ya sabíamos, estaban bajo vigilancia policial.

Después, tuvimos la difícil tarea de lidiar con las “preocupaciones” de una parte del aparato partidario por el tono de la denuncia que redactamos para los semanarios del PC (Eduardo) y el quincenario de la FJC (yo mismo); “preocupaciones” finalmente contenidas gracias al apoyo de mi padre en el primer caso, y –más allá de las profundas diferencias que tuvimos después–  Patricio Echegaray en el segundo.

Otro periodista, Arturo Marcos Lozza tuvo que “dar la cara” para denunciar el crimen y rescatar el cuerpo de nuestro compañero, a raíz de lo que fue encarcelado por mucho tiempo, y sufrió largos interrogatorios.

Román no era la primera víctima por la que salíamos a dar pelea. Tampoco sería la última: sólo en el PC –sin contar a los compañeros que militaban en otros partidos u organizaciones, o individuos que no tenían militancia alguna–, hubo 1.500 compañeros detenidos y 500 secuestrados. Más de 100 de ellos permanecen “desaparecidos”.

Al igual que en los demás casos, en el de Román, hicimos la denuncia judicial, redactamos el comunicado de prensa, lo entregamos –con riesgo personal– en las redacciones.
Sin embargo, en este caso particular, estábamos ante el ataque a dos medios de prensa y el asesinato de un periodista en su lugar de trabajo. Pero ni la Asociación de Empresas Periodísticas de la Argentina (ADEPA), ni la –ahora tan sensible– Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) tuvieron la dignidad de pronunciarse.

Tampoco lo hicieron con ninguno –salvo puntuales casos aislados– de los 132 periodistas secuestrados y asesinados durante la última dictadura militar.

Ni una línea en  los grandes medios del sistema.

Parece que, entonces, no había “hostigamiento”, ni “presiones”, ni “peligro” para la libertad de prensa y expresión…

domingo, 29 de septiembre de 2013

Ismael, el "Turco", mi hermano

ISMAEL SALAME, secretario de Regional V de la Juventud Peronista (Salta, Tucumán, Jujuy), desde 1975 integrante del Secretariado Nacional de Montoneros, acribillado el 29/9/76, siendo responsable de las relaciones con las Juventudes Políticas.


   “Turco” querido, perdona que repita el apodo que se pegó a tu figura para siempre, y que en aquellas tardes de la calle Agüero, charlábamos acerca de lo absurdo, y hasta cruel, que nuestro abuelos y sus descendientes hayan sido “rebautizados” con la nacionalidad de los invasores, los ocupantes de su Siria natal, donde exterminaron a sangre y fuego a nuestras familias, toda en mi caso, cuando no pudieron huir.

   ¿Sabés? Hay momentos como éste, en que recuerdo tu sonrisa amplia, tus carcajadas, o tal vez esa mirada firme que cerraba senderos de diálogo que sabias no podías transitar. Momentos en que te imagino maduro y reflexivo, a veces chicanero y preguntón. Instantes en que recuerdo que, entonces,  teníamos varios años menos de todos los que pasaron desde que te abatieron en lo que tus compañeros llamron "El combate de la calle Corro", en Villa Luro.

   Allí, donde Vicky Walsh, gritó a la jauría armada, esa que escondía su miedo tras una abrumadora superioridad en número (150 efectivos frente a cinco combatientes) y poder de fuego. Les gritó --en medio de los lanzagranadas y miles de municiones con que destruyeron la casa--  sin duda pensando en los miles de compañeros secuestrados, torturados, martirizados hasta la muerte: “Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir”.
No era parte de un “culto a la muerte” como dicen algunos que no habían nacido y jamás podrán sentir lo que se sentía luego de la “primavera camporista”, el gobierno del mismo Perón que acompañaste de vuelta en el avión desde Madrid, la funesta gestión de Isabel, López Rega y la Triple A.

   No, no era un culto a la muerte. Fue la reivindicación victoriosa de la vida sobre la muerte que ELLOS, no ustedes, representaban.

   No quiero, pero necesito, o debo, no lo sabría decir con claridad, recordar ese final, que alguien describió con estas palabras: “…  el 29 de septiembre de 1976, ya con el golpe oligárquico militar en marcha para imponer un Estado terrorista y genocida, se realiza una reunión de militantes montoneros quienes sufren una emboscada: ese día mueren en el enfrentamiento que se conoce como el Combate de la Calle Corro, los compañeros Ismael Salame, José Carlos Coronel, Eduardo Beltrán, Victoria Walsh y Alberto Molina. Días después, en el frente de la casa aún humeante del combate, un grupo de milicianos pintó: "Aquí murieron cinco héroes montoneros".

   ¿Qué milagro en esos días tempestuosos, terribles e irrepetibles hizo que pudiéramos saltar las diferencias y abrazarnos como amigos? ¿Qué éramos “paisanos”?, ¿El casi idéntico tono de piel?, ¿La sintonía fina para captar/nos las ironías? ¿Aquellas interminables jornadas en las que charlábamos, o discutíamos, acerca del rumbo que debía tomar el movimiento de las Juventudes Políticas Argentinas? Tal vez un poco de todo, y de algo indefinible que simplemente sucede.

No me lo pregunto porque sí. Es que precisamente recuerdo un encuentro en una casa “blindada” de la Fede, poco antes de tu caída en combate, cuando nos despedimos con un abrazo, fuerte, casi premonitorio.

Ya no tenías tu clásico bigote, ni la sonrisa fácil. Sin embargo  acababas de rechazar la oferta de la dirección de la Fede para sacarte esa misma noche, sin moverte de la casa fortificada en la estábamos, rumbo a Cuba, pues nuestra información decía que tu situación era insostenible. No podías, dijiste, y diste una explicación que guardo para recordártela cuando nos reencontremos, donde sea que ocurra.

Acaso entonces algunas preguntas tendrán su respuesta, y te podré contar que en medio de secuestros y asesinatos de mis propios camaradas, un 29 de septiembre, en la oficina de Prensa Latina en Buenos Aires, cuando escribía el despacho con la versión de la Télam dictatorial a la vista, sentí que ese momento, contigo mi amigo, moría una parte irreemplazable de mi  corazón.

Una Olivetti, Lexicon 80, es testigo fiel.


Tu compañero entonces, ahora y hasta que nos encontremos

Alberto Nadra

jueves, 4 de julio de 2013

¡Que no pretendan cambiar la historia!

  
   Ayer, por la noche, al senador Adolfo Rodríguez Saá le pareció "una diferencia muy grave" que una ley con media sanción para reparación a presos políticos se alicara a los encarcelados  a partir del 6 de noviembre de 1974, cuando se declaró el Estado de Sitio, en lugar del 24 de marzo de 1976, día del Golpe Militar, concepto que el "peronismo" derechista que se la da de "republicano" viene defendiendo, y con él trabando y limitando en el Parlamento las leyes de reparación desde hace años.
   El 3 de julio, en la Cámara Alta, se impidió el tratamiento por una cuestión de imprecisión/cambio del texto en Diputados, pero ese no es el problema ni los que les preocupa: estos señores van por la limitación de la ley, para ocultar su propia vergüenza en esos años, y su todavía improbable reconocimiento tras 30 años de democracia.

   Desde ahora hasta el 31 de julio, cuando se volverá a tratar la media sanción de Diputados intentarán modificar el texto original, o finalmente cambiarlo, cuando en realidad deberían ampliarlo, incorporando, como en la ley promovida por el ex diputado del FPV, Dante Dovena, todos los casos comprobados de Terrorismo de Estado, aún los cometidos en democracia, que no fueron pocos.

   ¿No hubo terrorismo de Estado en el bombardeo de 1955 a Plaza de Mayo, como antes en la Semana Trágica o la Patagonia Rebelde, durante el Plan CONINTES,  Trelew o en la misma masacre de Ezeiza, para citar casos paradigmáticos?

    Informamos a los legisladores, tanto a los liberales conservadores, que no quisieron ni quieren ninguna reparación, como a los que se autodefinen como peronistas y coinciden con la indignación del diario de los Mitre, o La Nueva Provincia,  que durante la gestión de Isabel Martínez, sobre todo luego de la muerte de Juan Perón, HUBO TERRORISMO DE ESTADO, mucho antes aún que el 6 de noviembre de 1974.

   En realidad,  una ley de este tipo debería abarcar como mínmo los casos concretos en que las bandas de López Rega, Osinde o Norma Kennedy, junto a las fuerzas policiales, como el ejecutado jefe de Policía Alberto Villar, ejercieron el TERRORISMO DE ESTADO durante un gobierno surgido de elecciones. Entre Ezeiza y la muerte de Perón, el 1 de julio de 1974, las “Proto AAA” (Alianza Anticomunista Argentina) impusieron un ritmo de un asesinato diario en promedio, odiosa palabra para enmarcar la dimensión de la masacre.

    Hector Solasso, poeta y escritor cordobes, comenta que de la lectura del libro-crónica de Andrew Graham Yool , De Perón a Videla, surge un cuadro impresionante del año 1975, a lo largo del cual se contabiliza un promedio aproximado de cinco muertos diarios, entre operativos de la Triple A y, en menor medida, asesinatos de policías y atentados de las organizaciones armadas. Es una falacia de la derecha peronista pretender que la investigación y esclarecimiento de ese nefasto período histórico pueda asociarse con el antiperonismo, cuando las víctimas del fascismo __porque esa es la definición exácta del accionar de las bandas armadas promovidas y amparadas desde el Ministerio de Bienestar Social y otros estamentos del estado__ fueron, mayoritariamente, jóvenes de la JP y dirigentes políticos y sindicales de larga y digna militancia peronista. Sucede que del avance de la reconstrucción histórica, surgirán indudablemente datos comprometedores sobre muchos políticos, gremialistas y periodistas al servicio de la corporación mediática, disfrazados hoy de paladines del republicanismo y la institucionalidad.

   Varios investigadores evalúan en que en ese período tendríamos un total identificado de 1035 ejecuciones sumarias extrajudiciales (brutales asesinatos), 752 compañeros que fueron secuestrados y continúan desaparecidos, y 54 compañeros que fueron secuestrados y liberados. Y a ello se debe sumar unos 2800 presos que permanecieron un tiempo prolongado a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, puesto que muchos de ellos siguieron presos hasta la guerra de Malvinas en 1982 y los miles de atentados que sufrieron locales sindicales, partidarios y las propias casas donde habitaban los militantes que la Triple A perseguía en un número que nos lleva a no menos de 7.000 acciones represivas en unos veinte meses, 350 por mes, más de diez por día.

   Anoche, me comenta en una nota Alejandro Ángel Salvagno Olmedo, en el salón Azul del Senado “estuve con los Cumpas que vinieron por segunda vez de muchas provincias y se fueron con  una profunda amargura”, pero prometiendo regresar,  otra vez, pero ya advertidos, el 31 de julio.

   ¡Que no presionen (y que no se dejan presionar aquellos a quienes confiamos nuestro voto) diputados y senadores para –nuevamente, pues no es la primera vez—volver a imponer una falsa línea divisoria para el inicio de acciones de Terrorismo de Estado, y se repare a las víctimas sin discriminaciones impuestas por quienes protagonizaron, apoyaron o reivindican esos períodos!