lunes, 2 de diciembre de 2019
La Primera Linea en Chile
jueves, 14 de noviembre de 2019
Un dialogo con Néstor Kirchner
Vivimos tiempos de autoproclamadxs defensores de la República, que sin embargo la destruyen día a día, y no dudan en apoyar golpes de Estado; de supuestos izquierdistas que consideran iguales a Scioli/Macri, a Macri/Fernández, o a Evo y Jeanine Añez; incluso de peronistas que -al decir de mi entrañable compañero de la “gloriosa JP”, Lucio Aberastain Ponte- pretenden ser cruzados infalibles de la doctrina, y se escudan en ello para ningunear a cualquier otro luchador del campo nacional y popular.
Tal vez para aportar un poco de claridad, solo tal vez, rescato este tramo de mi relato de las conversaciones con Néstor Kirchner, entre 2003 y 2004, tal cual la publiqué años atrás en el libro “SECRETOS EN ROJO. Un militante entre dos siglos”, Ediciones Corregidor.“Ahora, el establishment se cree con derecho a discriminar sin vergüenza entre autoritarios y demócratas, para formar un ‘Partido de la República’, lo que en política suele simplificarse como ‘una nueva Unión Democrática’. Tenés algunos (malos) defensores que también creen que "polarizar" la contradicción es conveniente para afirmar el rumbo emprendido. Pero esa posición es funcional a la anterior. La izquierda de la que provengo históricamente ya cayó en esa trampa, y no cejaré en el empeño para impedir que muchos compañeros –que han probado largamente su pertenencia al campo popular– vuelvan a quedar atrapados, y del peor lado, en falsas antinomias”.
Sus respuestas (de NK), sus comentarios sobre la compleja relación con los “Barones del Conurbano” y su precisa caracterización de las dificultades para construir la ‘transversalidad’, las limitaciones propias y ajenas, fueron esclarecedoras, aunque el encuentro no estuvo exento de matices, incluso de claras diferencias, pero no seré yo quien ponga en boca de Kirchner las palabras que él dijo. Sí, con autoridad, puedo revelar, lo que yo consideré importante decirle en aquel momento.
“En 1946 –insistí– nos dividieron mal y no quiero que vuelvan a lograrlo. Preocupados por las libertades democráticas, y por la acción de sectores autoritarios que rodeaban a Perón, buena parte de la izquierda y de lo que hoy se conoce como progresismo perdió de vista que el centro de su llamado estaba en las banderas de justicia social, soberanía política e independencia económica. Y con esa posición no se abrió paso a la Democracia y a la República. Se ejerció una oposición sistemática que permitió que hegemonizaran el proceso los sectores más retrógrados, que terminaron masacrando al pueblo en el bombardeo a Plaza de Mayo y el golpe militar. No querían libertad –como no la quieren ahora sus sucesores– sino enfrentar el proceso de transformación y dignidad popular que se iniciaba. Y es nuestro deber contribuir a que esa historia no se repita”.
Kirchner me miraba entre sorprendido y, creo, satisfecho. Pero sentí, íntimamente, que descreía del camino o la posibilidad de concretarlo, al menos con la correlación de fuerzas que él evaluaba.
Como siempre, yo redoblaba la apuesta, con un tema poco confortable: “Pero tampoco aceptaremos ingenuamente que, agitando las banderas del pueblo peronista, vuelvan a vestirse con los ropajes del movimiento nacional los que entonces, y ahora, en realidad querían lo mismo que los liberales y los conservadores. No queremos de nuevo sus grupos de choque. Ni a la Alianza Libertadora Nacionalista de Juan Queraltó y Guillermo Patricio Kelly, en aquellos tiempos; ni la Triple A de José López Rega y Jorge Osinde en los ’70; como no queremos a los que manejan sus territorios como feudos donde vale todo, desde los desarmaderos hasta el paco asesino. Esos no querían ni quieren Justicia Social ni una mejor Argentina”.
“Por mi parte, te garantizo que no voy a cometer los mismos errores, pero debemos trabajar para que muchos compañeros, con sobradas muestras de pertenecer al campo nacional y popular, queden nuevamente del lado de la antipatria. Tenemos que lograr que la contradicción se manifieste a partir del debate de ideas y proyectos de país”.
miércoles, 30 de octubre de 2019
2019: Después de las presidenciales
No perdonaron que Felipe Solá insinuara la necesidad (apenas la necesidad) de un Estado alerta ante los ruinosos manejos de los grandes exportadores de granos. Se indignaron por la reivindicación solitaria de una reforma agraria por parte de Juan Grabois. Transformaron en atentado contra la República la respetable propuesta para cambiar el ineficiente y parcial sistema judicial, realizada por Mempo Giardinelli, a la vez que condenaban por anticipado cualquier intento de reforma constitucional progresiva. Sobreactuaron la preocupación ante una inviable “Conadep del periodismo”, término con el que Dady Brieva expresó su indignación por las mentiras de la prensa canalla.
Las condiciones para hacerlo son menos favorables que entonces, pero por eso mismo su necesidad es mayor.
viernes, 31 de mayo de 2019
Cordobazo: seis puntualizaciones para una nota
Santiago Senén González de una nota publicada el 29/5 en el suplemento El Observador, del matutino Perfil, con motivo de los 50 años del Cordobazo.
Estimado Fabián:
He leído la nota que escribiste sobre
el Cordobazo para Perfil, con el querido –y ahora galardonado-
Senén, y como supongo que no será la última me permito compartirte algunas
reflexiones, sin otra pretensión que acercarnos al rigor en el tratamiento de
un hecho trascendente.
1) Aunque no resulte
simpático al peronismo combativo, y a mí mismo por caso, el papel de Atilio
López fue secundario, aunque como bien subrayan ustedes luego “adquiriría
pronto un decisivo protagonismo en la provincia”.
2) No se explica el
cambio del “participacionista” y vandorista Elpidio Torres sin tener en cuenta
la fuerte represión a la asamblea del gremio en Redes Cordobesas, y sobre
todo el papel fundamental del dirigente de la UOCRA Jorge Canelles,
para convencer a Tosco que lo hable para pedirle transformar el paro “matero”
en activo.
3) Mucha presunta
historiografía habla del “estudiantado” pero no de su central estudiantil,
la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), convocando a numerosas asambleas
en las que participaron casi 10.000 estudiantes. Sólo en Medicina lo hicieron
más de 4.000, y sólo se pierde la votación a favor de la participación en el
paro en Filosofía y Letras, y Arquitectura, pues el FAUDI (Partido
Comunista Revolucionario), el trotskismo y los sectores influenciados por el
grupo de Pasado y Presente, se oponen a la convocatoria.
4) Dentro de la
subestimación al papel del estudiantado organizado, cabe señalar que es éste, a
pocos meses del golpe de 1966, el que inicia la resistencia a la dictadura, que
culminaría en el Cordobazo: el 18 de agosto de ese año es baleado por la
policía el estudiante de Medicina Alberto Cerda, se toma el Hospital de
Clínicas y se inicia una huelga que se extendería hasta fin de año, dentro
de una lucha que se cobra la vida de Santiago Pampillón el 12 de septiembre.
Ahí se reinicia la colaboración del movimiento obrero y estudiantil, sobre todo
por la solidaridad de Foecyt (Correo, que justamente por ello fue
intervenido) y de Luz y Fuerza.
5) Creo que en el
“ninguneo” del papel del movimiento estudiantil, que luego se naturaliza, tiene
originalmente dos fundamentos: a) jerarquizar el papel del justicialismo e
intentar reducir el Cordobazo (como se hizo con la histórica toma del
Frigorífico Lisandro de la Torre) a una expresión de la Resistencia peronista,
del “Perón vuelve”, disimulando la amplitud de la convocatoria y la aún mayor
pluralidad del acontecimiento, sin desmerecer el papel protagónico del
peronismo. Es la posición de Garzón Maceda, e incluso, aunque atenuada, la de
Feinmann o Laclau. Una visión tan sesgada como la de cierta izquierda que
pretende apropiárselo; b) El anticomunismo que se mantiene pese a la
desaparición del PC: Canelles era comunista, la dirección de Foecyt también,
y la FUC era dirigida por la juventud comunista (FJC- Fede).
6) Ultima referencia,
y ésta en virtud de un recuadro destacado del diario, que no veo en el cuerpo
de la nota: Tosco no fue condenado a tres años, sino a 8 años y 3 meses;
Elpidio Torres y el estudiante comunista Miguel Ángel Miró a 4 años y 8 meses,
mientras Jorge Canelles (es obvio que por poderosas razones) a 10 años, la pena
más alta de los Tribunales Militares.
Espero que estos datos y sintéticas
reflexiones, acerca de las cuales mucho se puede hablar y escribir, te sean
útiles.
Un gran abrazo para vos y Senén, cuyo
mail debo tener desactualizado…
Alberto Nadra
domingo, 19 de mayo de 2019
Fernández-Fernández: el día después
Cristina, Perón y el diálogo
Cristina Fernández de Kirchner propuso a los argentinos la construcción de un nuevo Contrato Social y lo vinculó con las propuestas de acuerdos promovida por Juan Perón durante su última presidencia, lo que permite reflexionar acerca de la revalorización de este aspecto de su legado político.A su regreso, luego de ser perseguido y proscripto por casi 20 años, Perón concretó el más importante intento de sellar la "grieta" que falsamente dividió al país entre peronistas y antiperonistas, una brecha que fue irresponsablemente alimentada para cuestionar la gestión kirchnerista, y ahora para sostener al macrismo.
Frente a la difícil situación económica que dejó la dictadura de Onganía/Lanusse, Perón concretó la llamada Acta de Compromiso con los productores agrarios. Era el cierre de un lineamiento iniciado con el Pacto Social, durante el gobierno de Héctor Cámpora, que tuvo como protagonistas al ministro de Economía, José Ber Gelbard, el sindicalismo y el empresariado.
Ambas iniciativas recibieron rechazos dentro y fuera del Frejuli, pero no hubo cuestionamientos ante la mayor audacia de la etapa: la convocatoria presidencial para un diálogo, sin temario previo, con los ocho partidos que entonces tenían representación parlamentaria. En concreto la UCR, el Intransigente (PI), Comunista (PC), Demócrata Progresista (PDP), Revolucionario Cristiano (PRC), Socialista de los Trabajadores (PST), Socialista Popular (PST) y UDELPA.
El primero de los encuentros, realizado en abril de 1974 en la Quinta de Olivos, fue presidido por el propio Perón y permitió elaborar un documento en que las fuerzas participantes se pronunciaron por la defensa y consolidación del proceso democrático frente a "los poderes que desde antiguo han venido sometiendo a la República"; a favor del federalismo y de la integración latinoamericana, entre otros puntos. Otros dos ejes fueron la ratificación de la individualidad e independencia de cada partido y el compromiso de mantener una comunicación fluida, permanente.
Estas reuniones, de un estilo inédito, para dialogar francamente entre el gobierno y las fuerzas que no participaban de él, se mantuvieron regularmente, e incluso fueron ampliadas con la participación de distintos ministros del Gabinete que debían responder inquietudes o encarar soluciones a los problemas planteados. No volvieron a repetirse tras la muerte de Perón.
Tiempos difíciles entonces y ahora, aunque por razones distintas.
Entonces, junto a la ola de atentados y crímenes de militantes populares por bandas parapoliciales y paramilitares se empujaba el desabastecimiento, el sabotaje, la especulación y la desestabilización golpista por parte de los grupos concentrados, en sintonía con las ambiciones externas.
Este segundo aspecto fue el que motivó la convocatoria del presidente Perón a la acción organizada del pueblo en su último discurso, pronunciado el 12 de junio de 1974. Aquella pieza, una suerte de testamento político, dejó claro que había regresado "para lanzar un proceso de liberación nacional y no para consolidar la dependencia".
Ahora, con tres décadas con democracia formalmente consolidada, pero con sus conquistas en peligro, el desafío es superar el brutal endeudamiento, la destrucción del aparato productivo y el saqueo al bolsillo popular que prosigue la gestión de Cambiemos.
Plantear, hoy, un "contrato social" es asumir el reclamo de la hora. Implica retomar aquel legado político y profundizarlo, con una amplia participación y un protagonismo imprescindible, pero hasta ahora nunca logrado.
viernes, 3 de mayo de 2019
"El Canca", el amigo, el compañero
Tenía solo 25 años
cuando lo conocí. Yo, apenas cinco menos, que en aquellos años equivalían a un
siglo.
No fue fácil en el
arranque.
Él era orgulloso
dirigente de la JP. Yo, un no menos altivo militante de la Fede.
No teníamos dudas.
No era tiempos de
dudas, sino de liberación.
Junto a otros, con
distintos orígenes, pero similares convicciones, compartimos la construcción de
las Juventudes Políticas.
Algunos arrugaron.
Otros se quebraron.
Muchos redoblaron
la apuesta. Juan Carlos Dante Gullo fue uno de ellos.
La dictadura
secuestró y desapareció a su hermano y a madre, Ángela, en los días en que
reclamaba por la libertad del Canca, preso en Sierra Chica.
Era uno de nosotros.
Yo sigo siendo uno de ellos, los que no dejan de combatir.
Chau amigo, compañero de lucha.










