Vivimos tiempos de autoproclamadxs defensores de la República, que sin embargo la destruyen día a día, y no dudan en apoyar golpes de Estado; de supuestos izquierdistas que consideran iguales a Scioli/Macri, a Macri/Fernández, o a Evo y Jeanine Añez; incluso de peronistas que -al decir de mi entrañable compañero de la “gloriosa JP”, Lucio Aberastain Ponte- pretenden ser cruzados infalibles de la doctrina, y se escudan en ello para ningunear a cualquier otro luchador del campo nacional y popular.
Tal vez para aportar un poco de claridad, solo tal vez, rescato este tramo de mi relato de las conversaciones con Néstor Kirchner, entre 2003 y 2004, tal cual la publiqué años atrás en el libro “SECRETOS EN ROJO. Un militante entre dos siglos”, Ediciones Corregidor.
“Ahora, el establishment se cree con derecho a discriminar sin vergüenza entre autoritarios y demócratas, para formar un ‘Partido de la República’, lo que en política suele simplificarse como ‘una nueva Unión Democrática’. Tenés algunos (malos) defensores que también creen que "polarizar" la contradicción es conveniente para afirmar el rumbo emprendido. Pero esa posición es funcional a la anterior. La izquierda de la que provengo históricamente ya cayó en esa trampa, y no cejaré en el empeño para impedir que muchos compañeros –que han probado largamente su pertenencia al campo popular– vuelvan a quedar atrapados, y del peor lado, en falsas antinomias”.
Sus respuestas (de NK), sus comentarios sobre la compleja relación con los “Barones del Conurbano” y su precisa caracterización de las dificultades para construir la ‘transversalidad’, las limitaciones propias y ajenas, fueron esclarecedoras, aunque el encuentro no estuvo exento de matices, incluso de claras diferencias, pero no seré yo quien ponga en boca de Kirchner las palabras que él dijo. Sí, con autoridad, puedo revelar, lo que yo consideré importante decirle en aquel momento.
“En 1946 –insistí– nos dividieron mal y no quiero que vuelvan a lograrlo. Preocupados por las libertades democráticas, y por la acción de sectores autoritarios que rodeaban a Perón, buena parte de la izquierda y de lo que hoy se conoce como progresismo perdió de vista que el centro de su llamado estaba en las banderas de justicia social, soberanía política e independencia económica. Y con esa posición no se abrió paso a la Democracia y a la República. Se ejerció una oposición sistemática que permitió que hegemonizaran el proceso los sectores más retrógrados, que terminaron masacrando al pueblo en el bombardeo a Plaza de Mayo y el golpe militar. No querían libertad –como no la quieren ahora sus sucesores– sino enfrentar el proceso de transformación y dignidad popular que se iniciaba. Y es nuestro deber contribuir a que esa historia no se repita”.
Kirchner me miraba entre sorprendido y, creo, satisfecho. Pero sentí, íntimamente, que descreía del camino o la posibilidad de concretarlo, al menos con la correlación de fuerzas que él evaluaba.
Como siempre, yo redoblaba la apuesta, con un tema poco confortable: “Pero tampoco aceptaremos ingenuamente que, agitando las banderas del pueblo peronista, vuelvan a vestirse con los ropajes del movimiento nacional los que entonces, y ahora, en realidad querían lo mismo que los liberales y los conservadores. No queremos de nuevo sus grupos de choque. Ni a la Alianza Libertadora Nacionalista de Juan Queraltó y Guillermo Patricio Kelly, en aquellos tiempos; ni la Triple A de José López Rega y Jorge Osinde en los ’70; como no queremos a los que manejan sus territorios como feudos donde vale todo, desde los desarmaderos hasta el paco asesino. Esos no querían ni quieren Justicia Social ni una mejor Argentina”.
“Por mi parte, te garantizo que no voy a cometer los mismos errores, pero debemos trabajar para que muchos compañeros, con sobradas muestras de pertenecer al campo nacional y popular, queden nuevamente del lado de la antipatria. Tenemos que lograr que la contradicción se manifieste a partir del debate de ideas y proyectos de país”.
Los medios liberales, y la seudoizquierda cipaya se rasgan hoy las vestiduras por la "ofensa" que --dicen-- significa para nuestra Patria la intervención del secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional en un Congreso, donde equiparó el inicio de los cambios nacionales y populares en 2003, con una "segunda independencia", de similar trascendencia a la que nos liberara de España el 9 de julio de 1816.
Sorprende Forster, portador de una ignorancia enciclopédica en cuanto a pensamiento, y mucho más estrategia, al menos en el sentido político.
El problema no es su ignorancia, sino el cargo con el que inmerecidamente lo distinguieron, y el daño que hacen sus palabras a la lucha que llevamos adelante.
El Dr. Forster entiende la Independencia en la acepción liberal del término. Nos está planteando una segunda independencia al margen del contenido clasista que la definición implica. Está, en el mejor de los casos, falseando la realidad y confundiendo a muchos, o pocos, compañeros.
Se lo voy a explicar sencillo para que entienda el doctor: LA PRIMERA ES LA POLÍTICA, del dominio del colonialismo español, conquistada en nuestra Patria por los patriotas de 1816.
LA SEGUNDA Y DEFINITIVA lo es en tanto SOCIAL, es decir libera al hombre del dominio de la explotación por otros hombres, conquista una sociedad sin explotadores ni explotados, donde el hombre es hermano, y no "lobo" del hombre.
Mientras la producción siga siendo social (realizada entre todos los trabajadores) pero la apropiación de las riquezas producidas sea privada, no habrá plena libertad, seguirá la injusticia social (en menor o mayor grado) y NO SE PUEDE HABLAR DE SEGUNDA INDEPENDENCIA. ¿Entiende, ahora, el Sr. Secretario por qué sus compañeros de facultad luchaban en los '70 no solo por la liberación, sino la "liberación nacional y social"?
Yo apoyé a Néstor Kirchner y este proyecto nacional y popular (que no pretende, ni yo pretendo que pretenda, el socialismo con el que sueño, ni es marxista como yo) mucho antes que se iniciara, o sea de la fecha propuesta por el señor Secretario, por lo que le digo que me hierve mi sangre, como sucedería con la de nuestros muertos en combate, nuestros desaparecidos y asesinados en la lucha por la "segunda y definitiva independencia", cuando se pretende con asombrosa impunidad vaciar de contenido semejante definición.
En 1962, Cuando el Dr en Filosofía Ricardo Forster tenía cinco años, y este continente se levantaba, con o sin armas, para con la esperanza --oportuna o no-- de lograr ese objetivo, su contenido quedó expresado extensa y claramente por la Segunda Declaración de la Habana.
Dr. Forster, su idea de la independencia (tal vez por simple ignorancia) es exactamente el de los liberales y la derecha, que confunde República con Democracia, Justicia con Propiedad Privada, aunque ahora --y seguramente mañana en todos los diarios-- se indignen con usted, simplemente por que les resulta útil para atacar al gobierno, agitar un patrioterismo vacío con el objetivo de frenar, primero, y suprimir después, las conquistas de estos 12 años.
Dr. Forster, le adjunto el enlace al audio de la lectura de Fidel Castro en ese entonces, le recomiendo estudie el texto, no necesita para ello de un, sin duda valioso, "Foro Nacional y Latinoamericano para una Nueva Independencia". Luego de una breve introducción, a los 4' 18", Fidel inicia la lectura del histórico documento.
Una de las medidas más importantes en la historia de la
democratización Argentina.
"Cuando fracasan
con una agresión económica a la Argentina, ahora preparan una agresión
política, como una emboscada a la compañera Cristina con la muerte del fiscal.
El imperio no perdona ni a Venezuela ni Argentina, y seguramente muchos países
estamos a la vista de ser agredidos”. Evo Morales, declaraciones a Telesur, el 27 de enero de 2015.
El
discurso de la Presidente (cuyo centro neurálgico es el anuncio de un proyecto
de Ley que disuelve la SIDE, crea una Agencia Federal de Inteligencia y saca
las escuchas judiciales de la órbita del Ejecutivo) vuelve hoy a ganar
todos los encabezados de los matutinos, aunque en una creciente polarización
que va llevando el país a una situación de imprevisibles consecuencias.
Los medios cercanos al oficialismo valoran el giro
en la política de Inteligencia, mientras los opositores centran en su descalificación
de la denuncia de Nisman, y la falta de “condolencias” a los familiares,
reduciendo la decisión histórica de la Presidenta a pequeños avances en sus
portadas.
Quienes
me conocen saben, y a veces se incomodan, que jamás fui un seguidor acrítico ni
de Néstor (con quien discutí en más de una oportunidad, con notable y
respetuosa receptividad de su parte) ni de Cristina Kirchner, con quien nunca logré
entrevistarme en estos años, aunque le envié, las haya recibido o no, múltiples
reflexiones y propuestas mediante la Secretaría General de la Presidencia.
Con esta
aclaración, quiero decir con toda firmeza, sin ninguna duda o vacilación, que
estamos ante la medida más importante que se recordará en la democratización
del país, luego del firme rumbo que este “modelo”, sí modelo no “relato”, impuso
de arriba hacia abajo (no conozco ninguna encuesta que lo haya planteado
siquiera entre los temas de interés de los argentinos) la decisión de retomar
la lucha contra la impunidad, por la verdad y la Justicia frente a los crímenes
del terrorismo de Estado.
También ante una de las más importantes
decisiones gubernamentales de estos años, en que se recuperó –al menos en
buena parte—la convicción del rol del Estado, y la política, en la dirección de
la economía, el impulso al mercado interno y a la producción nacional con valor
agregado como motor de su desarrollo, y el rescate de las paritarias, no solo
como un acto de justicia social, sino como expresión de competir en el mundo
con productos de alto valor agregado, que por la calificación de la mano de
obra, en capacitación y remuneración, exportan trabajo argentino al exterior.
¿Podría
haberse hecho antes, como afirma en sus trasnochadas críticas una
seudoizquierda que jamás le puso el cuerpo a una revolución, derrotada o no?,
¿Esa que repudia a Chávez, Correa, Evo, y saluda a Grecia, pero luego de
torpedear la coalición de izquierda Syriza, y a sus dirigentes hasta
hace pocos meses?
Claro
que podría haberse hecho antes. Mucho antes. En los 40, en los
50, los 60, 70, y así hasta este enero
de 2015, como lo reclamamos los luchadores de varias generaciones.
Quienes durante décadas sufrimos la persecución generada
en los prontuarios de los servicios de inteligencia, en particular la SIDE, los
compañeros expulsados de sus trabajos, los encarcelados, secuestrados y
asesinados, desde donde quiera que nos miren, no podemos menos que decir que
impulsaremos con toda decisión este proyecto de ley, aportemos lo que haya que
aportar, y lo defenderemos, a como dé lugar, de la brutal ofensiva del
privilegio, que redoblará las “operaciones” y la acción desestabilizadora
contra la Presidente.
¿O estos mamarrachos que hablan de “condolencias” o
autocríticas ausentes, ante una decisión de tamaña magnitud, creen que
quienes cometieron crímenes de lesa humanidad contra sus compatriotas dejaran
amablemente su poder, político y económico, su capacidad de extorsionar y
acorralar a los gobiernos democráticos, en tanto sean de sesgo nacional y
popular?
¿Qué más
dice la oposición?
Laura Alonso, no sorprende, es la derecha brutal y
descarada, sin los tartamudeos de Mauricio Macri: "Todavía no hubo
un pésame presidencial, qué se puede esperar. La insensibilidad es propia de la
esencia de los monstruos. Que no haya un mensaje de la presidenta a la
familia... Yo estuve repasando lo que dijo la jauría kirchnerista de Nisman y
me da vergüenza", afirmó en una entrevista con Radio Mitre. Monstruo, jauría, no hay duda
que están en un “estado policial”, vigilados por una “Gestapo”, salvo que debe
ser la de las escuchas por las que está procesado su jefe.
Ernesto Sanzafirma, al borde de la
angustia, que ni este ni ningún problema
(inflación, inseguridad, política exterior) se arreglan salvo con un “cambio
de gobierno”. Con él como Presidente, por supuesto. Nada para mejorar hasta
ese improbable futuro, ni siquiera el clima de zozobra que se ha sembrado
arteramente en la población.
A Binner y Solanas, como otros de los que supuestamente
pretenden diferenciarse por “izquierda”, les preocupa que la Procuradora General
sea Gils Carbó. Omiten la trascendencia del proyecto y que históricamente esta,
o cualquier otra, Procuradora es un episodio. Que lo que cuenta es meter mano
al pozo séptico de la SIDE, que institucionalmente las escuchas las lleve
adelante quien dirige a los fiscales, o sea las investigaciones. Precisamente
el Ministerio Público Fiscal, cualquier sea el gobierno. Patética postura para quien
se dice socialista; y para un ex peronista combativo, que en tanto no traicionó
su origen, fue víctima de esos mismos servicios.
El llamado “massismo” se define, entre mucha y muchísima
peligrosidad, según sea el “barón del conurbano” aspirante a gobernador, que
toma la posta en las declaraciones.
Ayer,
si alguien tenía dudas, quedó también patente la derechización de la dirigencia
institucional judía, de la AMIA y de la DAIA, que dejaron muy atrás
aquellos pioneros, humildes y luchadores, que crearon la primera para la
solidaridad y la ayuda mutua, y la segunda para enfrentar el racismo y la discriminación
en todas sus formas. Hace tiempo feudo de poderosos intereses ligados al
extranjero, su criminal ausencia ante la brutal persecución de los combatientes
judíos durante la dictadura, solo puede compararse con su papel de encubridores
objetivos, de impulsores de pistas falsas, con Rubén Beraja, ahora liberado,
pero condenado por falso testimonio en la causa AMIA y, además, asociación ilícita.
Declaran que el discurso presidencial fue “reduccionista”
e “inapropiado”. ¿Para quién, cabría preguntarse? No para los judíos argentinos
de a pie, o las 85 víctimas y sus familiares que –aún en medio de la confusión
de los medios, los partidos y su propia “dirigencia”— deben ir viendo la
voluntad férrea de este gobierno para ir a fondo.
¿Qué
puede concluirse de esta recorrida?
El
profundo deterioro de la dirigencia de los partidos políticos tradicionales, y
una parte de las organizaciones sociales. Deterioro que
contrasta con la –al menos por una parte de la militancia de la que yo formaba
parte— criticada dirigencia que fue protagonista del retorno a la democracia.
Aquella
no vaciló, ni un segundo, en responder en forma unida y sin fisuras, cuando se pretendió desestabilizar
a la democracia, abrir paso a nuevas aventuras golpistas.
Esta,
en abierta descomposición, ejerce la oposición sistemática, reniega de
enfrentar en común a los enemigos de TODOS los demócratas, y contribuyen a
polarizar con falsas antinomias a los argentinos, facilitando a los objetivos
desestabilizadores.
Esta es la hora de apoyar, perfeccionar,
impulsar y, sobre todo defender, este paso histórico para la democracia
argentina.
Quienes denvuelta la cara, y
aun los que miren para otro lado teniendo la responsabilidad de ser dirigentes,
tendrán que rendir cuentas ante el pueblo, tarde o temprano.
Ediciones Corregidor tiene el
agrado de invitarlo a Ud. a la presentación
de su nuevo
libro:
Secretos en rojo. Un militante entre dos siglos
de
Alberto Nadra
El evento tendrá lugar el jueves
15 de noviembre a las 18.30 en el Auditorio del Sindicato Argentino de Docentes
Privados (SADOP) ubicado en Tte. General
Perón 2625, de la ciudad de Buenos Aires.
La mesa que será coordinada por el
periodistaNorberto Colominas, ex
Jefe de Redacción de Télam y El Periodista,
estará compuesta por Rafael
Bielsa, ex Canciller y actual Secretario
de Estado en SEDRONAR; Héctor Valle,
Presidente FIDE, Cofundador del Plan Fénix (Ciencias Económicas. UBA), Osvaldo Nemirovsci, ex diputado
nacional y Coordinador general del Sistema Argentino de Televisión Digital
Terrestre; EduardoSigal : ex
Subsecretario de Estado y Presidente de
la Fundación Acción
para la Comunidad.
Sobre el libro:
Revelador, movilizador e
imprescindible, Secretos en Rojo
encaja piezas de un rompecabezas que explica gran parte del derrumbe del
Partido Comunista de la
Argentina. Revisando apuntes, e interpelando a la memoria
dormida en archivos y vivencias, Alberto Nadra desarrolla de manera clara y
detallada verdades celosamente ocultadas sobre el partido político más
enigmático de la izquierda argentina. Con un estilo testimonial, pero
documentado, y una pluma sólida y atrapante, Nadra rescata del olvido o del
secreto personajes y situaciones. Confirma el rumor de la existencia de una
estructura político militar formada por el PC, que comandó la primera guerrilla
argentina del siglo XX –en el entonces Territorio Nacional del Chaco–
y fue responsable de algunas acciones de alto impacto público, atribuidas a
otras organizaciones, o hasta ahora de autoría desconocida. También demuestra
cómo el siempre citado “aparato financiero” de ese partido fue una
creación de innobles mentores, con fines que pueden haber sido loables, pero
que se ejecutaban con terribles metodologías; lesivas incluso para el propio PC
y sus militantes.
Nadra también revela, por primera
vez, los aportes argentinos a una heroica red de información y solidaridad que
salvó vidas y denunció atrocidades durante los años de plomo de
la llamadaOperación Cóndor
–el plan de exterminio de las dictaduras sudamericanas– en América
Latina.
Secretos en Rojo es, también, una acusación
–con testimonios únicos y renovados, en ocasiones autobiográficos y, en
general, desgarradoramente conmovedores– que desnudan el escandaloso
fraude del llamado “viraje en unidad” del PC en 1986. Historias
desconocidas o anécdotas inéditas sobre el Che en Cuba, África y Bolivia; la
resistencia civil antidictatorial –e incluso su propio planteo para una Militancia del Siglo XXI– completan
este libro imperdible, documentado e impactante, con un cierre que no deja de
asombrar. Una caja de sorpresas, pero a la vez una obra con la inconfundible
marca de un protagonista comprometido con la lucha de izquierda de los
’60 y ’70, que despierta un abanico de emociones que van desde el
asombro hasta las lágrimas, mezcla de nostalgia y homenaje a esos años tan
turbulentos como irrepetibles.
Sobre el autor
Alberto Nadra nació en la ciudad
de Buenos Aires, Argentina, en abril de 1952. Fue dirigente de
la Federación Juvenil
Comunista (FEDE) y, luego, miembro del Comité Central del
Partido Comunista (PC) hasta 1989, año en que presentó su renuncia a esa
organización. Fue uno de los ideólogos de la formación de las Juventudes
Políticas Argentinas Argentinas (JPA), y uno de los principales impulsores de
su reconstrucción después del golpe de 1976. Durante todo el tiempo de su
militancia activa, dirigió los órganos periodísticos centrales de la
organización: Imagen y Aquí y Ahora (en el marco de la FEDE) y Qué Pasa; éste último, con una
distribución de 150.000 ejemplares (en el marco del PC). Como periodista se
inició en el mítico semanario Propósitos,
de Leonidas Barletta, y fue corresponsal de varios periódicos latinoamericanos
y europeos. Entre 1976 y 1982, se desempeñó como Jefe de Redacción de la
agencia de noticias cubana Prensa Latina.
Entre sus acciones más notables en ese rol figuran su denuncia constante de las
violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura y el haber sido
el primero en enviar al exterior la Carta de Rodolfo Walsh a
la Junta Militar. Años
antes había participado en el rescate y difusión del último poema de Víctor
Jara, escrito antes de su asesinato en El
Estadio de Santiago de Chile. Por estas acciones fue reiteradamente
condenado a muerte por grupos de tareas, pero a la vez premiado por
la Organización
Internacional de Periodistas (OIP), en 1979. En democracia,
recibió el Premio Héctor Oesterheld
2003, de la mano de la esposa del escritor, secuestrado y desaparecido al igual
que sus cuatro hijas. En 2004 fue uno de los fundadores de "Los 100"
–agrupación de periodistas y trabajadores de la comunicación– de la
que actualmente es Secretario de Organización. Hoy en día, se dedica al
periodismo y es docente universitario. Reside en la Ciudad de Buenos Aires con
su esposa y sus dos hijas
Mis palabras hace un año. El compromiso sigue vigente.
Lo conocí los primeros días de febrero de 2003. La actividad en la Casa de Santa Cruz era vertiginosa, con la intención de voto todavía en un dígito. Con un grupo de dirigentes políticos, estábamos por decidir el apoyo a su candidatura, convencidos de que era la mejor opción para la Argentina, aunque tal vez no la que cada uno de nosotros había soñado.
Lejos de la imagen de hombre irascible y autoreferencial que han instalado en una parte de la sociedad algunos medios y dirigentes opositores, en aquel entonces encontré en Néstor una calidez que me tocó íntimamente; algo que no suele pasar cuando uno tiene muchos años de política. Cuando nos despedíamos, me tomó del hombro, con todo el afecto que podía permitir un primer encuentro, pero que era indudablemente genuino. Me llevó con deferencia hacia un costado para recordarme a mi padre (“gran persona tu viejo, y un dirigente del que aprendimos mucho; quizás el único con el que disentíamos, pero sabíamos que no era gorila”) y mi participación en las Juventudes Políticas (“también me acuerdo perfectamente lo que vos hiciste, hasta el golpe y después del golpe; espero que los años que vienen nos encuentren juntos”). Por varios días pensé que esos datos le había sido anticipados para la ocasión por algún colaborador (como suele suceder en casos similares). Pero él se encargó de comprobarme lo contrario en los escasos, pero trascendentes encuentros que sucedieron a ese; entre ellos, cuando me pidió que acompañara a su co-provinciano, el desarrollista José Ramón Granero, primero en el PAMI y, luego, en una Secretaría de la Presidencia.
La primera reunión no fue pacífica, debo reconocerlo (¿es que había reuniones pacíficas con ese político que defendía sus convicciones con toda la fuerza, y había cuestiones de fondo que uno discutía?). Pero el planteo de su proyecto fue firme, con absoluta seguridad; y la conclusión que nos embargó a todos fue la misma: había que apoyarlo.
“Estamos de acuerdo en la convocatoria del gobernador [de Santa Cruz] a un frente nacional y popular, con participación de fuerzas y personalidades no peronistas, para lograr un modelo de producción y trabajo contrario al neoliberal, pues nuestra propuesta económica y social es el plan Fénix y, en lo político, contribuir a la construcción de una confluencia de fuerzas nacionales y populares”, reproduce un cable de Télam, días después, las declaraciones que realicé a la salida del encuentro.
Y también, con fecha 16 de febrero de 2003, cita el despacho: “Si el compromiso (de Kirchner) se cumple, estamos ante una ineludible oportunidad para los que buscamos una alternativa en el país”.
Y vaya si fue un compromiso cumplido: terminó con el conflicto docente a horas de haber asumido; reinstaló las paritarias congeladas durante más de una década; devolvió el aporte arrebatado a los jubilados y los estatales; promovió el desarrollo del mercado interno, y que las exportaciones sólo sean consideradas útiles en tanto no se limiten a ser primarias y, en cambio, incluyan el valor del trabajo, es decir, el salario argentino;retomó el camino que ahora transitamos en el juicio a los responsables del genocidio dictatorial, cuando ni los militantes más comprometidos soñábamos que fuera posible luego de tanto tiempo; estrechó los lazos con la Patria Grande latinoamericana.
Cristina siguió este camino y profundizó estos importantes cambios, como el mismo Néstor había anticipado al despedirse de la presidencia: dignificación de los jubilados; la incorporación de millones que tenían vedado el acceso a su pensión; recuperación de los dineros de los trabajadores regalados a las AFJP para un negocio construido sobre lamiseria y la muerte de millones de argentinos; recuperación del área estatal de la economía (Fabricaciones Militares, Astilleros, entre otros); matrimonio igualitario: Asignación Universal por Hijo; impulso al UNASUR y participación decisiva contra el golpe en Honduras y el intento sedicioso en Ecuador…Los avances han sido numerosos. Aquí sólo menciono algunos, que surgen al correr de la máquina; porque no es momento de balances; sólo quiero rendir un homenaje a mi manera.
Es cierto que hay aspectos que discutimos y seguiremos discutiendo: la irreparable falta de la construcción de una fuerza nacional y popular organizada, pluralista y transversal, que permita defender y profundizar, con la mayor eficacia, estas conquistas –impedir, por ejemplo, que nos derrotara la asonada ruralista y que el apoyo de la izquierda quedara dividido por la oposción– y profundizar en todas las que, sin duda, faltan, para levantar, efectivamente, las banderas de justicia social, soberanía política e independencia económica.
Pero Néstor superó con creces todas nuestras expectativas. Quizás, como en aquel ‘73, porque las ilusiones eran moderadas y los logros fueron mayores. Algunos –que estaban desde el principio, o que se incorporaron tadíamente– no alcanzaron a comprender el momento histórico que estamos protagonizando, y se alejaron resentidos, desanimados. Tal vez porque del rechazo y el escepticismo pasaron a creer que un hombre podía tomar el cielo por asalto, conseguir lo que ellos jamás consiguieron con su propia fuerza.Se alejaron con algunas razones, pero sin ninguna justificación. Porque la oportunidad es esta. Y lo sigue siendo, con el apoyo a Cristina: seguir la brecha abierta por Néstor, un estadista nacional y regional; pero también un hombre de carne y hueso, como lo prueba la superioridad de la muerte. Pero un hombre con arrojo y valentía política, que la despreció de frente, una y otra vez, con su indetenible actividad.
En medio de tantas infamias y acusaciones, de adjetivos calificativos y poca política, –salvo la del privilegio– Néstor dio su última lección, la definitiva: el proyecto político de “los Kirchner”, que hoy es el único viable para el campo nacional y popular, merece ser defendido hasta con la propia vida, en esta época del “fin de los grandes relatos”. Ese legado es claro e ineludible. Y, más allá de cualquier matiz, lo llevaremos adelante. Porque está en juego nuestra historia militante y nuestro futuro; el bienestar y la felicidad del pueblo.
Como bastantes amigos sabrán integro la agrupación LA CHE, en cuya página de FCB, una compañera, a la que no logro ubicar la frase o post que la molestó, escribió hace unas horas que “si se meten con Cristina, me borro delgrupo”. Como uno de sus iniciadores, y siendo un tema recurrente en lo que se ha dado en llamar “redes sociales” y la militancia territorial o sectorial, quisiera aprovechar para aclarar algunos puntos. En este caso PERSONALMENTE, pues no quiero comprometer en un TODO a LA CHE, donde no hay pensamiento único, sino valores y convicciones compartidas, con los matices de cada compañero, sobre la base de la convocatoria que figura en la composición del grupo, y publicada en este blog.
En esa convocatoria haytres puntos básicos: 1) nuestro apoyo militante al proceso iniciado en 2003 por Néstor , y AHORA PARTICULARMENTE NUESTRO APOYO A CRISTINA 2) que ese apoyo lo hacemos desde una utopía que simboliza el CHE, si se quiere desde una izquierda nacional, popular y latinoamericanista; 3) que nuestro apoyo es sin vacilaciones, pero no implica callar los aspectos que no compartimos, sino ayudar decididamente a corregirlos y profundizar todos los importantísimos pasos dados por esta gestión.
Tenemos los pies muy firmes sobre esta realidad, pero al mismo tiempo no olvidamos nunca que nuestro sueño apunta más allá, cerca del horizonte. Nuestra utopía es una sociedad donde elhombre no nazca para ser esclavo de otros hombres, una sociedad que supere este capitalismo que desde hace mucho más de 200 años no ha resuelto uno solo de los problemas de la humanidad. La producción social de la riqueza y su apropiación privada, por un puñado de dueños del poder, ha generado la sociedad más injusta que ha conocido el hombre. La que más riquezas produce y la que más injustamente las distribuye, con 2/3 de la humanidad en la miseria enpleno siglo XXI, sin salud, sin vivienda, sin servicios sanitarios básicos, con millones de niños muriendo diariamente por causas evitables. Este sistema que no vacila en invadir paísesy exterminar pueblos para apropiarse de sus riquezas, como estamos viendo en estas horas en toda su crueldad e hipocresía. Póngale a nuestro sueño el nombre que quiera, suponga que falta mucho para ella, que tal vez no la vivamos, pero no es esta sociedad capitalista.
Pues bien, esos principios, pueden encararse con más detalle. ¿Qué significa HOY apoyar a Cristina y el proceso de cambios iniciado en 2003? Precisamente con Néstor Kirchner me tocó hablar, personalmente, con toda franqueza , acerca de la necesidad de conformar una fuerzas político social de apoyo, que necesariamente debería exceder el peronismo, incorporar otras culturas –entre ellas la izquierda de la que yo me siento parte-- que históricamente conformaron el movimiento nacional y popular en Argentina, muchas veces trágicamente divididas, y siempre pagando con su libertad y su sangre la voluntad de cambio por el bienestar de nuestro pueblo. De esa manera, seguramente con el aporte de muchos, el “flaco” me sorprendió por primera –aunque no por última-- vez, y de la inspiración de Néstor nació la “transversalidad” como un intento, que mucho tuvo que batallar con la incomprensión de muchos supuestos “paladines” del rumbo, agitando tan fanática como falsamente, las figuras del entonces Presidente de los argentinos, para impulsar todo lo contario a lo que se proponía: la pejotizaciòn. Muchos de ellos saltaron la tranquera durante el conflicto con la patronal rural, otros quedaron a resguardo pero manteniendo supolítica de “pelear desde adentro” para frustrar el proyecto popular y volver a su manía hegemónica y reaccionaria.
Compañera, ¿cómo cree usted que se defiende a Cristina? ¿agitando su retrato?, ¿subrayando sus inocultables virtudes con frases a las que no acompaña la acción concreta? Pues es una forma, respetable por cierto, pero no la nuestra, pues la consideramos, como menos insuficiente.
Nosotros, muchos de los cuales no somos peronistas, venimos a poner el cuerpo, pues SOMOS PARTE de este proceso desde su inicio, porque estamos más cerca de nuestros compañerosdel peronismo combativo que de cierta izquierda irracional y mesiánica, para no hablar de la reformista, que oculta su conservadorismo bajo rosas rojas sin perfume y marchitas de ideología. A muchos peronistas, a su manera, les pasa lo mismo. Por eso trabajamos codo a codo. ¿Por qué cree Ud. compañera que Cristina llama incansablemente a todos los sectores que quieran empujar este modelo “sin preguntarle partido ni ideología”? ¿Por qué cree que Cristina llama, una y otra veza,a sólo preguntar si están de acuerdo con la Asignación Universal por Hijo, con la Verdad, la memoria y la Justicia; con la pluralidad de voces que impulsa la nueva ley de Medios; con privilegiar elmercado interno y el consumo de los argentinos como motor del desarrollo; con romper los vínculos de la dependencia con los organismos internacionales; con reivindicar el papel regulador –y protector de los más humildes—del Estado?
Ahora bien compañera, hay cosas que Cristina no puede hacer sola, quizá siquiera llevar la iniciativa. Es la presidente de todos los argentinos, debe respetar determinadas relaciones de fuerza. La dirigencia y la militancia estamos para eso: para ayudarla a que se apoye en nosotros para que los Blaquier no sigan eludiendo la responsabilidad en el Terrorismo de Estado, la masacre de sus propios trabajadores de Ledesma; para que los Biolcatti no quieran negociar a costa de los pequeños productores y los obreros rurales; para que los grandes pulpos de la economía no seenriquezcan, aún más, manejando la cadena de formación de precios, y se opongan a cualquier control popular de precios, y encima consideren “exorbitantes” los aumentos salariales que solo compensan la pérdida de valor de compra del salario.
Compañera, creo con franqueza y fraternalmente que usted se equivoca si cree que defender a Cristina es callar que las fabulosas renta financiera, pesquera, petrolera y minera, con una rapiña descomunal sobre nuestras riquezas y envenenando a nuestros compatriotas, están intocadas, o apenas rozadas, con recursos que necesitamos vitalmente para más salud, más educación, más vivienda. Compañera nosotros no hacemos política, ni nos jugamos el todo por el todo por este proyecto, silenciando lacorrupción y la complicidad en el delito de droga, prostitución o juego, de tantos supuestos “peronistas”, como tantos otros que no lo son, del conurbano y del país. Nosotros no trenzamos con quienes tienen una historia negra contra el pueblo y ahora pretenden defender a Cristina SIN Cristina, pues acumulan para su proyecto, que no es el suyo, empapelando los barrios con declamada lealtad a la Presidenta. Nosotros, insisto, apoyamos a Cristina construyendo la fuerza político social que este a su disposición para defenderla del ataque de sus adversarios, y mucho más de los enemigos, que enfrente la presión del insaciable capitalrentístico y especulativo local e internacional, la acciòn de los intereses afectados por cada medida –tomada y por tomar-- favorable al campo popular, al ciudadano humilde y desprotegido. Nosotros con estas banderas, con estas convicciones, sin especulaciones electorales pues no integramos ninguna lista, estamos junto a Cristina, LUCHAREMOS POR REVENTAR LAS URNAS el próximo octubre, y seguiremos apoyando, defendiendo, contribuyendo a corregir y profundizar este modelo, con las fuerzas que sepamos conseguir.
Todos los que apoyamos a Cristina y Néstor Kirchner por estar convencidos de que hoy son la mejor conducción posible para empujar un proyecto nacional y popular sufrimos una dura derrota en las elecciones del 28 de junio. No sólo en la provincia de Buenos Aires, sino en seis de los siete principales distritos del país.
Y utilizamos la primera persona del plural porque hemos fundamentado públicamente la necesidad de un voto de aval al rumbo iniciado en 2003 (pese a sus inocultables insuficiencias y errores) para enfrentar una clara ofensiva de la derecha, con su corrosivo ariete mediático, que dentro y fuera del justicialismo se recompone rápidamente a partir de un triunfo propio: el rechazo a las retenciones móviles en el Senado, simbólicamente concretado con el desempate de Cobos.
Al decir de Gramsci, la ofensiva logró la hegemonía en el campo ideológico; es decir, una clase o fracción de clase convenció a otras clases o fracciones de clase de que sus intereses particulares eran los intereses generales. En otras palabras, de que la voracidad de las patronales rurales eran los intereses de “los” argentinos; o del viejo argumento de que repudiar “el kirchnerismo” significa la defensa de la República, del diálogo y el consenso. De que “escuchar” es obedecer al pie de la letra los reclamos del privilegio, cebado como nunca con el apoyo electoral recibido por sus candidatos (que, sin embargo, no es automáticamente también un apoyo para su proyecto). La respuesta a la reciente convocatoria al diálogo de la Presidente muestra claramente la hipocresía y el descaroen la acción de los verbalmente constructivos planteos de estos sectores: no quieren dialogo, y menos aun debate de ideas. Lo que pretenden es que ESTE gobiernoclaudique y aplique SU programa antipopular, vieja maniobra que, cualquiera sea la forma en que se concrete, –muestra la historia– termina con el gobierno en cuestión aislado y fácilmente desplazable.
No vamos a enumerar las 50, 100, 200 razones/hechos por los que apoyamos la candidatura de Kirchner, que en distintas versiones circularon ampliamente por la red. No es el tema de esta nota.
Sí lo es que, de la misma manera que disimulamos muchas de nuestras conocidas críticas y reparos durante la campaña electoral en función del objetivo central de que no se produjera este avance de la derecha, ahora se impone comenzar a puntualizar algunos de esos cuestionamientos, pues sin su esclarecimiento, y deseable superación, será imposible plantear seriamente la sustentabilidad del proyecto nacional y popular.
Si bien es cierto que el gobierno acumuló enemigos por su aciertos, también lo es que perdió aliados y ganó adversarios por su errores. Los errores pueden ser corregidos; los aciertos deben se profundizados, y en ambos casos se requiere hacerlo con urgencia.
Partiremos de invertir analíticamente un aspecto del camino recorrido –la voluntad de la construcción de la fuerza política y social que sustente los logros obtenidos– y señalaremos retrocesos puntuales en la concreción de ese objetivo.
El inicial y audaz planteo de la “transversalidad”, en el sentido de convocar a una construcción plural que superara el clásico bipartidismo; desde el peronismo, convocar e incorporar a distintas corrientes del movimiento popular en un solo haz –tanto en sus expresiones partidarias como sociales– logró despertar un grado importante de entusiasmo. Entusiasmo que provino tanto de los jóvenes que se sumaron a la lucha social y política en estos últimos años, como a una quizá irrepetible cantera de cuadros formados en las difíciles décadas de los ‘60 y ‘70, con una extensa experiencia de militancia y organización; además portadores, en significativo porcentaje, de una sólida formación profesional, irreemplazables para encarar la tarea de la gestión pública, con eficiencia pero sin enfoques tecnocráticos, con clara proyección transformadora a favor de los intereses populares. Pero el planteo se enterró antes de nacer.
El pasaje a la Concertación Plural se desvirtuó para reducir su sentido inicial a un desordenado intento de apostar utilitariamentea la suma electoral de un sector de la otra pata del viejo bipartidismo, sin echar –pero también sin proteger– a los que en aras de los “objetivos estratégicos” asumieron ese nuevo enfoque. No fue superadora para la construcción del frente nacional; subestimó y dejó librados a su suertea los mejores sectores que decidieron sumarse a la convocatoria, y asestó un golpe al proceso de construcción iniciado.
Al mismo tiempo, cobraban mayor protagonismo personajes de segunda o tercera línea que acabaron tomando decisiones de primera magnitud: digitando a quién se atendía y a quién no, qué propuestas eran dignas de ser escuchadas por la conducción del proceso, a quién se le ponía o se le quitaba la silla. Y empezó, tímidamente, la sangría. No sólo por derecha, como es muy cómodo señalar ahora para liberarse de responsabilidades, sino por izquierda: de quienes reclamaban la participación y el protagonismo prometido, incidir en las decisiones que se asumieran, defender y profundizar lo conquistado y enfrentar la furiosa contraofensiva del privilegio. La situación llegó a su punto máximo de exasperación con la 125, a lo que favorecieron los graves errores de implementación y construcción de acuerdos que favorecieran el perfeccionamiento de la norma, que Diputados mostró posible.
La composición social y política de la Concertación Plural,y la metodología de construcción que predominó, no podía resistir semejante realineamiento de fuerzas en la lucha por la distribución del ingreso, en la cual no pocos estaban del otro lado de la trinchera, y estalló en mil pedazos, con justicialistas incluidos, mucho antes del voto “no positivo” de Cobos.
Desde entonces, se profundizó el alejamiento de la convocatoria original, y se avanzó en lo que se simplificó como “la pejotizacion”. Néstor Kirchner se puso al frente del PJ –objetivamente trató infructuosamente de manejar el PJ bonaerense– y el resto de la construcción política que se jugó por la transversalidad, o la concertación, quedó abandonada a su suerte, sin los mínimos contactos políticos y organizativos, salvo la atención dispensada a cuentagotas para algunos que construyeron buena partede su inserción social al calor del impulso desarrollado desde 2003.
Se produjo un retroceso liso y llano. La sangría esta vez fue escalonada, pero seria y –al margen de no compartir muchos enfoques de los que se alejaron (centralmente la siempre frustrada ilusión de construir alternativas al margen o aún en contra del peronismo)– no se puede decir que lo hicieron por “derecha”: la valoración de los avances del gobierno estuvo claro en la mayoría de los que desertaron hacia otros espacios, pero cuestionaron metodologías de construcción y conducción que no se correspondían con la magnitud de la tarea para la que se los convocó; y reclamaron por temas –recursos naturales, transporte, ley de entidades financieras o reforma tributaria, para citar algunos—con los que es difícil no coincidir.
Sin duda la derrota electoral sería menos dura –tendría menos de tristeza y desazón y más de esperanza y convicción– si ese 32% obtenido lo fuera por una fuerza homogénea, una suerte de “núcleo duro” de la población jugado por “el modelo” de justa distribución de la riqueza, con eje en la recuperación del salario real, del rol organizador y constructivo del Estado, de producción con la vista fija en el mercado interno como motor de las transformaciones de fondo y el margen de exportación con valor agregado. Esta claro que no es así. No solamente perdimos votos y fuimos derrotados, sino que tenemos enemigos de ese proyecto dentro de “nuestras filas”, a la vez que muchos de los que están dispuestos a jugarse por él (y acreditan una historia de compromiso y de lucha en ese sentido) migraron a otras construcciones que dispersan la fuerza para impulsarlo. Ni que hablar de todos aquellos que, con todo tipo de miedos y vacilaciones, podríamos ganar para apoyarlo, al menos electoralmente.
Ahora bien, si coincidimos en que la ofensiva de la derecha –la que presenta como propios y en bloque todos los votos no “kirchneristas”– tiene como origen y objetivo barrer con los aciertos y aprovechar los errores y limitaciones de este gobierno, tenemos que coincidir en que no viene para revertilo una parte de los aciertos sino todos; e incluso para arrancar de cuajo cualquier intento de avanzar en temas centrales para un cambio de fondo en el país.
Por eso, más allá de las diferencias, hacemos un llamado a las fuerzas que no votaron a los candidatos oficialistas por considerar agotado este proceso: debemos defender lo obtenido, que es patrimonio del movimiento popular. Y tenemos que hacerlo porque ya hay claros retrocesos.
Porque, producto del envalentonamiento de los sectores retrógrados enquistados en la justicia, hay una ofensiva para frenar el proceso de juzgamiento de los crímenes de la dictadura militar: ya no se conforman con trabar los juicios al terrorismo de Estado, sino que buscan consagrar jurídicamente la impunidad.
Porque se plantea concretamente una agenda parlamentaria que revise las retenciones y la estatización de los fondos de los aportes jubilatorios, con el doble objetivo de recuperar instrumentos de concentración-apropiación de la riqueza y desfinanciar al Estado.
Porque la UIA se ha sumado al reclamo de los grandes grupos monopólicos, que aumentan precios y rechazan los reclamos salariales, a la vez que exigen flexibilización laboral, distintas formas de suspensiones y despidos; para que la crisis la paguen íntegramente los trabajadores, no cediendo un ápice de sus rentas extraordinarias.
Porque en política internacional han pasado de machacar contra el corazón del proceso de integración latinoamericana, que tuvo su punto culmine en Mar del Plata con el rechazo al ALCAde Bushy el impulso al Mercosur y la Unasur, a cuestionar el firme compromiso por la democracia en Honduras. Ya no sólo utilizan como espantapájaros intimidante las relaciones con Venezuela o con Cuba, sino que bajo el manto de “la oportunidad” del viaje presidencial, pretenden rebajar el grado de rechazo a un golpe de Estado que, de afianzarse, servirá como globo de ensayo para maniobras desestabilizadoras, sin descartar acciones de bandas criminales y aún golpistas en todo el continente.
Pero nuestra convocatoria es también de cara el futuro: para impulsar la aprobación sin concesiones a los monopolios mediáticos de la nueva ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que reemplace a la de la dictadura. Además, habrá que luchar por una nueva ley de Entidades Financieras que haga lo propio, así como privilegiar una política cultural integral al servicio del proyecto nacional y popular. Y, por supuesto, retomar con toda fuerza la reestructuración progresiva del reparto federal de los recursos nacionales, la decisión de poner el transporte al servicio de todos los argentinos, uno de cuyos pilares son los planes de reconstrucción ferroviarios, la captación de la renta minera, petrolera, pesquera y del juego, la recuperaciónpaulatina de los recursos naturales, la ratificación de la ley de glaciares, para dar algunos ejemplos.
No hay donde retroceder. Algunos compañeros golpeados por la derrota y,a nuestro juicio, mellados por la prédica del adversario, plantean la inconveniencia de encarar algunos de estos debates que “no están en la agenda de la gente”, porque “nos pueden aislar” y encima “le damos más argumentos” a la ofensiva derechista. No coincidimos.
A nuestro juicio, el silencio es el mejor camino hacia la derrota segura; al menos en este nuevo intento de recomponer un proyecto nacional y popular, sostenido por una fuerza política y social que, insistimos, no sólo no ha sido construida, sino que estamos muy lejos de lograr. El debate del cómo, el cuándo y quiénes, es el que se impone sin ninguna demora,pues no admite atajos mediáticos ni ya alcanzan los meros gestos. Se necesita autentica voluntad de cambio y diálogo, comenzando por los propios aliados del movimiento nacional y popular –tantas veces sometidos a un inexplicable destrato--, pues si uno no quiere, dos no pueden, más allá de convicciones y esfuerzos propios.