Mostrando entradas con la etiqueta CIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CIA. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de noviembre de 2016

Fidel en mi hogar, y fueron varios...

 
Mi recuerdo: pequeño, personal, intimo
  ¿Se puede –hablo de “poder” física e intelectualmente—escribir acerca de Fidel en estas horas urgentes y dolorosas luego de su muerte?

   Si. Sin duda.

   Pero no es mi caso, ni seguramente el de muchos de quienes integramos las generaciones de los 60 y los 70, los que supimos en su momento, y luego leímos o publicamos –aun en medio de las más férreas dictaduras y el odio visceral del imperio- una y mil veces las fotos de la entrada triunfal de los “barbudos” en la capital cubana. Para los que prácticamente memorizamos (y hasta nos animabamos a intentar imitar) su voz potente y envolvente al leer la Segunda Declaración de la Habana, aquella que decía que sí, ahora, sí, “la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia”. 

   Otros ya lo recuerdan, analizan su tiempo y su legado, reivindican su lucha dentro y fuera de Cuba. En el continente. En el mundo. Y es su pueblo el que mejor lo hace con el llanto del amor, el agradecimiento, y el respeto de quién cambió su historia, y demostró que era posible hacerlo, por primera vez en Nuestramerica.

  
Prefiero, o solo puedo,  rendirle un homenaje íntimo, pequeño y personal si se quiere; con retazos de la increíble historia que unió a Cuba y mi familia desde que era un niño, cuando en 1960, mi padre participo en La Habana de la primera Conferencia Internacional de Solidaridad con Cuba, junto a Cooke, a Salvador Allende, al inmortal muralista Siqueiros, y otros figuras de la política, el arte, la cultura del mundo.

   Sabíamos por su relato y sus testimonios escritos de las largas charlas con Fidel, con el Che, con Carlos Rafael Rodríguez y otros líderes revolucionarios. Que a su vuelta defendió el proceso revolucionario pese a la resistencia de algunos muy importantes dirigentes de su propio partido y firmó de puño y letra páginas imborrables para reivindicarlo. Que, poco después, cursado yo 1º Superior (así se denominaba entonces el segundo grado de la escuela primaria pública) fue apresado durante años luego de un acto en solidaridad con Cuba, en la Facultad de Derecho de Buenos Aires, durante el “democrático” gobierno de Arturo Frondizi, un presidente de la Nación que frente a la mujer de un antiguo amigo encarcelado por su gobierno tuvo la caradurez de decir: “No puedo hacer nada Zulma, es un preso de la embajada y la CIA. Dicen que lo enviaron Fidel y Guevara para organizar la guerrilla en nuestro país”.

   Personalmente, lejos estaba de soñar siquiera que 16 años después, y durante toda la dictadura, yo sería jefe de Redacción en Buenos Aires de la agencia Prensa Latina,  fundada en la Habana turbulenta de 1959 por argentinos legendarios como Rodolfo Walsh, Jorge Masetti, Rogelio “Pajarito” García Lupo. Entonces el elegido fui yo: la CIA, en documentos de la época, pero desclasificados pocos años atrás, me catalogó como un “oficial (militar) de Inteligencia de Cuba”. Un honor sin duda, aunque no fue cierto.

Saludo (cifrado) de Fidel, luego de
muchos meses de trabajo junto
a su hermano Rodolfo,
en el tema la Deuda Externa
   O que, ya a mediados de los ’80,  con mi hermano Rodolfo, durante la crisis de la Deuda Externa, con la cual Fidel desenmascaró en maratónicas jornadas el carácter depredador y mortal para nuestros pueblos del capitalismo financiero y trató de enfrentarla sin éxito con una coalición de los pueblos latinoamericanos,  trabajaríamos con él, la mayor parte del tiempo a la distancia, para finalmente escribir la intervención que firmara el entonces secretario del PC local, bajo el tituló “FMI o Pueblo”, que instaló en aquellos años en el imaginario popular esa histórica consigna junto a “Moratoria ya”. De esos días recuerdo una valoraciòn especial de Fidel por nuestro trabajo, dirigida al Comité Central del PC, perdida, o no en sus archivos, y una dedicatoria/mensaje encubierto,  que atesoro y por primera vez hago pública.

   Años después aparecieron,  y desaparecieron,  en algunas de las tantas casas de las que huíamos año tras año,  las fotos de mi padre con el Che, de sus distintos encuentros con Fidel.

   Pero no era todo.

   Apenas unos meses atrás, cuando la Biblioteca Nacional clasificó con el asesoramiento de mi sobrino Javier la parte que sobrevivió a las persecuciones de su archivo personal en el y activo “Fondo Fernando Nadra”, nos descubrimos con mis hermanos como “destinatarios” (niños de 7, 11 y 12 años, respectivamente) de una saludo manuscrito de Raúl Castro, para aquellos chicos argentinos, en una no menos insólita credencial – tan oficial como artesanal, casi rustica, sin recursos, con más convicción que infraestructura—de mi padre como miembro de la delegación argentina.
Dedicatoria de Raùl Castro a los hijos de
Fernando Nadra, entonces de 7, 12 y 11 años de edad,
 respectivamente, en su "credencial"  como
delegado oficial argentino ante el
I Encuentro Latinoamericano de Solidaridad con Cuba.


Son las tres fotos que comparto con este recuerdo, íntimo sin duda, pero con fechas que atraviesan la historia de país y el continente.


“Fraternalmente”, como me escribiste, Hasta la Victoria Siempre Comandante.

sábado, 17 de enero de 2015

La InfAMIA

Ineludible nota de Juan Salinas, quizá el periodista que más estudió, investigo y conoce el caso AMIA, tal vez por eso "ninguneado" por algunos compañeros, con quien solo disiento en un punto: el titulo, este no es ningún chiste.
A sus advertencias agrego la propia: no estamos ante una maniobra más de las corporaciones mediáticas y judiciales, estamos ante el más serio intento de generar las condiciones para un golpe al estilo hondureño, tal vez su primer ensayo de esta operación con antecedentes TRIUNFANTES en Honduras y Paraguay, derrocando "institucionalmente" a Celaya y Lugo. En la mira, hace rato, están Correa,  Evo, Maduro, como antes Chávez, y cualquier gobierno con tinte "populista", que parece ya no soportan.
Lo que parecía realmente un chiste --intentar separar al gobierno argentino del repudio al terrorismo, como en París, cuando lo hizo firmemente con libreto propio-- ahora ya toma las formas de una peligrosa, peligrosísima, escalada
Muchos periodistas y casi toda la oposición han perdido totalmente la noción del precipicio en el que están cavando, tanto con la complicidad de hecho con las operaciones desestabilizadoras como por alentar las reacciones populares que pueden, y se deben levantar, en un país con el sistema de partidos políticos en crisis.
Este no es un capítulo más de la telenovela diaria de ponerse a favor o en contra de una medida para atacar o defender un gobierno.
Esto, aún en pañales, quizá subestimado por los propios,  puede ser el principio del fin de la posibilidad de un país viable, económica y democráticamente. Nadie, pero nadie, puede ni debe quedar indiferente.

Logo del notable blog "Pajaro Rojo", de Juan Salinas.
Con ustedes, el querido "Pajaro", Juan Salinas, en nota de su blog Pájaro Rojo. Atenciòn que hay excelentes enlaces para quien quiera profundizar. 

El “manotazo de ahogado” del fiscal Nisman (el “chirolita” de “Jaime” Stiuso que citó a indagatoria a la Presidenta y a su Canciller por –supuestamente- encubrir la –supuesta- responsabilidad de Irán en el atentado) es una arremetida del eje judicial-corporativo que encuentra al Gobierno sin un solo medio importante en el que pueda confiar pues los que le son supuestamente afectos responden directa o indirectamente al sionismo encubridor. La maniobra debería ser obvia si se repara en que, si Irán practicara el terrorismo como ISIS -ese invento de la CIA que se descontroló- Nisman no se atrevería a semejante bufonada

Desarmar públicamente las absurdas acusaciones del fiscal Alberto Nisman contra la Presidenta de la República y su Canciller por haber supuestamente desviado o entorpecido la hace muchos años paralizada investigación del atentado a la AMIA sería muy fácil si el Gobierno tuviera en esta materia algunos medios fieles.

Bastaría con poner bajo los focos y ante las cámaras de TV a Nisman y obligarlo a explicar en qué fundamenta sus acusaciones contra, por ejemplo, quien era al momento de las voladuras de la Embajada de Israel y de la AMIA el presidente de Irán, el ayatolá Akbar Hashemí Rafsanjani.
Lo veríamos entonces tartamudear, citar “papers” de varios servicios de inteligencia y los incongruentes dichos de algún iraní que para aquellas fechas ya vivía en Alemania y asesoraba a los servicios teutones, como el meneado “Testigo C”.
Lo mismo puede decirse respecto del demonizado Moshen Rabbani, ex agregado cultural de la Embajada de Irán. La prueba de que no hay nada contra él es obvia: en vez de detenérselo, se lo expulsó del país aprovechando su regreso de vacaciones. Vale decir: se espero a que saliera del país para luego no dejarlo regresar.
Todo los que Nisman apila en infinitas fojas son puros dimes y diretes. Hasta el punto que, de ejecutarse el memorandum de entendimiento argentino-iraní, no podría viajar a Teherán a cumplir aquellas diligencias sin hundirse en el más abyecto ridículo.
Desgraciadamente, ha sido este sitio, prácticamente en solitario, el que ha venido batallando a los largo de muchos años contra los embustes de Nisman, como puede verificarse aquí y aquí, siendo las dos últimas notas que escribí hace unos pocos días, ésta y ésta.
Durante casi una década, desde que reemplazó al prevaricador ex juez Juan José Galeano al frente de la (des)investigación, y usufructuando un presupuesto mensual millonario, Nisman fue el garante -en cumplimiento de los acuerdos establecidos entre los servicios de inteligencia locales con los de Estados Unidos e Israel- de que no se avanzara un milímetro en la dirección de establecer  quienes demolieron la AMIA, mataron a 85 personas e hirieron de gravedad a más de un centenar.
Nisman veló porque nada ni nadie pusiera en entredicho la piedra basal de aquel pacto, suscripto también por los principales diarios, los que determinan la agenda: que el ataque a la AMIA -como antes a la Embajada de Israel- habría sido perpetrado por un suicida del Hezbolá libanés que estrelló una camioneta-bomba contra su puerta.
Así, con la ayuda de los grandes diarios capitalinos, pudo pasarse por alto como si fueran meros detalles sin importancia cosas tan evidentes y relevantes como que:
– Las acusaciones contra Irán fueron hechas incluso previamente a los estallidos, y obviamente por los propios terroristas.
– Hezbolá nunca protagonizó ataques de ningún tipo fuera de Medio Oriente.
– Nunca hubo ataques con vehículos-bombas en los que los restos de estos no fueran claramente visibles e identificables, tal como sucedió en Buenos Aires en ambas oportunidades.
– Las pericias hechas por expertos ingenieros independientes determinaron en ambos casos que las explosiones (o, si se quiere, las explosiones principales) se produjeron adentro de los edificios demolidos.
Sucede que en ambos atentados, fueron israelíes (el jefe de seguridad de la Embajada de Israel, Roni Gorni, el general Zeev Livne, jefe de la misión de rescatistas que actuaron entre los escombros en el caso de la mutual) los que impusieron que, en contra de todas las evidencias, se acusara a Irán en base y se diera por probada la existencia de vehículos-bomba (¡y choferes suicidas!) que ningún testigo vio (repito: que ningún testigo vio, ni en el caso de la Embajada de Israel ni en el de la AMIA, dónde una enfermera mintió ostensiblemente aleccionada por un oficial de los bomberos de la PFA) en base a algunos pocos pedazos de camioneta (Ford F-100 en el caso de la Embajada, Renault Trafic en el caso de la AMIA) colectadas por policías federales en las inmediaciones de los edificios demolidos.
En el caso de la AMIA, está claro además que esta versión falsa le fue impuesta al presidente Carlos Menem por un enviado de Israel (tal como probó Horacio Verbitsky hace una década).
El acuerdo tripartito entre los gobiernos y los  servicios de inteligencia fue seguido al milímetro por el juez Galeano y Clarín y La Nación (Daniel Santoro, por ejemplo, que hoy salió a respaldar a Nisman, también defendió al juez inicuo hasta que fue destituido) y también (con alguna contradicción, ya que intervinieron muchos periodistas) por Página/12 (Tiempo Argentino no existía entonces, pero desde que apareció se sumó a la corriente).
La caída de Galeano aparejó el triunfo por K.O. del sector de la SIDE dirigido por el ingeniero Antonio Horacio Stiuso (o Stiusso), alías “Jaime” sobre sus rivales de la “Sala Patria”, encabezada por el mayor (R) Alejandro Brousson (fallecido en 2007), que se habían prestado al pago de 400 mil dólares a Carlos Telleldín para que acusara falsamente a una banda de policias bonaerenses liderada por el mayor recaudador de la repartición, el comisario Juan José Ribelli.
A partir de entonces, Nisman suplantó a Galeano como guardián de aquel acuerdo, no sin antes verificar que su esposa, Sandra Arroyo, fuera nombrada jueza federal de San Isidro.
Nisman (al que sus detractores suelen llamar “el fiscal israelí en comisión” por los frecuentes viajes que realiza invitado por organizaciones sionistas) se ciñó al guión preestablecido hasta el punto de que -según los cables de la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires publicadas por Wikileaks- cuando quiso inmiscuirse en el encubrimiento liderado por el ex ministro Carlos Corach- desde dicha legación dipomática se le ordenó que se limitara a “la conexión internacional”, esto es, a culpar a Irán.
En épocas recientes, la Presidenta (que conoce muy bien la causa AMIA ya que fue miembro de la Comisión Bicameneral de Seguimiento de las Investigaciones de ambos atentados, primero como senadora y luego como diputada), percibiendo que el presidente Obama busca descongelar las relaciones con Irán a fin de que este país oficie como dique de contención de los extremistas suníes financiados por Arabia Saudi, Qatar, Kuwait y Turquía, tomo la iniciativa de llegar a un acuerdo con Irán para que la justicia argentina pudiera interrogar a los altos funcionarios iraníes que tan livianamente acusa Nisman.
La firma del memorandum con Irán provocó una insurrección generalizada dentro de una Secretaria de Inteligencia liderada por “Jaime” Stiuso o Stiusso, colonizada a gusto tanto por el Mossad como por la CIA desde hace décadas. A partir de entonces, la SI, ex SIDE, trabajó decididamente para los enemigos del Gobierno, excepto una ínfima minoría que decidió privilegiar su fidelidad al Poder Ejecutivo por sobre sus lazos con Estados Unidos e Israel, tal como todo indica hizo desde un primer momento -por las razones que sea- el general Cesar Milani… lo que explica los virulentos ataques que recibe de parte de una  oposición, lidera por “la corpo” mediática a la que los crímenes de lesa humanidad les importan un bledo.
En este contexto, el descabezamiento de la Secretaría de Inteligencia y la jubilación compulsiva de Stiuso o Stiusso no podía dejar de tener remezones y “vueltos”. Nisman no es más que su espada vengadora.
El Gobierno afronta ahora tres problemas. El primero, menor, es que Cristina firmó alguna vez un documento de la Comisión Bicameral que dio por acreditado el bluff del coche-bomba con conductor suicida. Yo también, al escribir mi libro “AMIA, El Atentado, quienes fueron los autores y por qué no están presos” (Planeta, 1997) no alcancé a impugnar completamente su falsa existencia (hubo, como parte de la operación terrorista, una Trafic fantasma, una Trafic señuelo… pero no estuvo en el lugar de la explosión). De sabios es rectificar.
Los otros dos son más graves: Uno es -como resulta evidente- que la oposición, carente de propuestas políticas, encontró como agredir al Gobierno a través de la judicialización de la política a través de magistrados cuya catadura moral es inefable. Con los ataques de los Bonadío, los Canicoba Corral, los Lijo y tantos otros magistrados inicuos -a quienes ningún amigo mío le confiaría sus niños, ni siquiera por unas horas- el Gobierno paga sus culpas por haber sostenido a otros impresentables, como el juez Norberto Oyarbide. Que la mayor parte de esos jueces respalden a Nisman y se apoyen en “la corpo” mediática y en legisladoras como Laura Alonso y Patricia Bullrich, ostensiblemente financiadas por la CIA y los “fondos buitres”, no puede sorprender a nadie. Dos: Afronta esta batalla desigual sin tener un solo medio en el que pueda confiar que no lo traicionará. En lo que también le cabe una importante responsabilidad, porque no se puede ir a la batalla confiando en el talento de generales mercenarios o de pacotilla.
A pesar ofrecer tanto hándicap gratuito, es posible que el Gobierno gane esta batalla porque la acusación de Nisman es sencillamente descabellada. Pero, ni aún así, el resultado stá dado de antemano. Por lo pronto, sus enemigos consiguieron hace tiempo que la Sala I de la Cámara Federal porteña declara inconstitucional el memorándum con Irán.
Y, reducida a su mínima expresión, ya sin Raúl Zaffaroni, no puede confiarse en que la Corte vaya a arreglar ese desaguisado.

Presten mucha atención porque es ahora cuando se verá quien es quien.  



martes, 29 de abril de 2014

El fin de un orden y el comienzo de una guerra


Inquietante y agudo análisis sobre lo que sucede en Ucrania y sus posibles derivaciones, realizado por el periodista Walter Goobar.


Nos prometieron que después de la unificación de Alemania no habría ninguna expansión de la OTAN en el Este. Sin embargo, la OTAN se expandió agregando países del antiguo Pacto de Varsovia, ex países de la URSS, y pregunté '¿Por qué están haciendo eso?' Y me respondieron 'No es asunto suyo'", relató con un dejo de amargura, el presidente ruso Vladimir Putin durante una conferencia de prensa realizada en Moscú.
No hacía falta esa confesión para caer en la cuenta de que EE UU está en la fase de apertura de una guerra contra Rusia y los responsables en Washington han transferido su atención de Medio Oriente a Eurasia, donde esperan lograr la parte más ambiciosa del proyecto imperial: establecer bases de operaciones a lo largo del flanco occidental de Rusia, para lo que apuntan a detener la integración económica entre Asia y Europa, e iniciar el desmembramiento de la Federación Rusa. 
Según Mike Whitney , autor de Obama y la política de la ilusión, Estados Unidos se propone extender sus bases militares por toda Asia Central, apoderarse de recursos vitales y corredores de gasoductos, y cercar China a fin de controlar su futuro crecimiento. La pelea en Ucrania indica que ya ha sonado la campana de inicio y la operación ha comenzado.

Como veterano agente de la KGB, Putin ya sabe que la CIA, el Departamento de Estado y las ONG financiadas por EE UU estuvieron directamente involucrados en el golpe en Kiev. Sabe (por mensajes telefónicos hackeados) que Washington participó en la selección de los dirigentes de la junta. Sabe que la Casa Blanca y la OTAN ya han debilitado el espíritu del acuerdo de Ginebra al intensificar las sanciones económicas y planificar el envío de más recursos militares al Báltico así como 10 mil efectivos de infantería a Polonia y más barcos de guerra al Mar Negro. Sabe que altos responsables políticos de Estados Unidos lo han satanizado en los medios como el nuevo Hitler, un mote indefectiblemente fijado a objetivos de la agresión de Washington. Y sabe que el equipo de Obama está cargado de neoconservadores sedientos de sangre y de recalcitrantes guerreros de la Guerra Fría quienes nunca abandonaron la idea de dividir Rusia en trozos más pequeños, saquear sus recursos, e instalar un títere estadounidense en Moscú. 


Con ese fin, los medios occidentales conformaron la absurda narrativa de que Crimea forma parte del "malévolo" plan de Putin de reconstruir la Unión Soviética (URSS) y volver a los días de gloria del Imperio Ruso. Para comprender el actual pensamiento dominante en la Casa Blanca, basta hojear las memorias del ex secretario de Defensa Robert Gates: "Cuando la URSS estaba colapsando a fines de 1991, Dick Cheney quería ver no sólo su desmantelamiento sino el de la propia Rusia, para que nunca volviera a constituir una amenaza para el resto del mundo", escribió. Gates se refería al entonces secretario de Defensa, y después vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney.


El Consejero Nacional de Seguridad del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, es el principal arquitecto de la actual política. En su clásico El Gran Tablero y los imperativos geoestratégicos, Brzezinski afirma que EE UU necesita controlar la masa continental de Eurasia y rechazar a potenciales rivales para mantenerse como única superpotencia del mundo. Sus críticos afirman que el libro es un proyecto para una dictadura global, algo que cuesta rebatir. El plan de Brzezinski involucra considerables riesgos, porque Rusia tiene armas nucleares. Pero los riesgos son superados por la perspectiva de una dominación global indisputable. 


El problema con la política de Washington en Ucrania es que deja pocas opciones a Putin. Si despliega tropas para defender a rusos étnicos en el Este, Obama pedirá más sanciones económicas, una zona de "no vuelo", despliegue de la OTAN, y el corte de suministros de gas natural y de petróleo a Europa. Si Putin no hace nada, los ataques contra los rusoparlantes en Ucrania se intensificarán y EE UU proveerá apoyo militar y logístico encubierto a extremistas neonazis en el Ministerio del Interior, como lo ha hecho con terroristas yihadistas en Siria y Libia. Eso arrojará Ucrania a una devastadora guerra civil que dañará la economía de Rusia y debilitará su seguridad nacional. Desde cualquier punto de vista, Rusia pierde.


El periodista David Paul resumió la situación en un artículo del Huffington Post, donde dijo: "La formulación estratégica de Brzezinski se propone realzar a largo plazo el poder estadounidense en la región, y no importa si Putin encuentra una manera de echar marcha atrás o prefiere invadir. No importa lo que decida Putin… servirá en última instancia a los intereses de EE.UU., incluso si una guerra civil ucraniana y una crisis energética en Europa tienen que formar parte del precio".  


Ese es el dilema de Putin, elegir el camino que sea menos probable que exacerbe la situación y lance a Ucrania más profundo al abismo. Por ahora, la alternativa parece obvia, es decir, debiera simplemente estarse quieto, resistir la tentación de involucrarse, y evitar hacer nada apresurado. En última instancia, eso será visto como fuerza y podrá jugar un papel más constructivo guiando a Ucrania de vuelta a la paz y la seguridad. Pero, por ahora, debe ser paciente y esperar. 


La supervivencia de Putin y la de la Federación Rusa dependen en gran medida de su capacidad de comprender rápidamente la nueva realidad y de adaptarse consecuentemente. Si decide ignorar las señales de advertencia puede enfrentar el mismo fin que Saddam o Khadafi. Por lo tanto la primera prioridad es simplemente enfrentar el hecho de que la guerra ha comenzado. Todas las decisiones futuras deberían derivar de esa noción básica.


El politólogo ruso Geidar Dzhemal advierte que en la guerra van a participar Rusia, por un lado, y Ucrania, Estados Unidos y la UE por el otro, pero de momento no queda claro qué hará China.


Los EE UU están interesados en que la guerra transcurra bajo su supervisión, pero sin su participación directa. Han aprendido de la amarga experiencia en Afganistán e Irak, donde de hecho han perdido ante un enemigo mal armado. Saben que su ejército profesional no vale para nada y utilizar un ejército de remplazo como en Vietnam representaría un desastre social. Sería además reconocer el completo fracaso de la política llevada a cabo desde 1973. Sería reconocer que 40 años después de Vietnam no han logrado estabilizar la situación política en torno suyo y necesitan volver al ejército de reemplazo. Mientras que aumentar la capacidad tecnológica militar para resolver todas las cuestiones a distancia queda fuera de las posibilidades financieras de los EE.UU. Y es que cada paso para aumentar el poder tecnológico aumenta los gastos en proporción geométrica. Por eso Estados Unidos necesita que todos luchen contra todos, mientras aparece como árbitro y juez. Para ellos sería ideal enfrentar a Rusia con Europa, Rusia con China, Rusia con el Medio Oriente, China con India o con Japón. Y cuando ya todo el mundo se esté matando, aparecen vestidos con el traje blanco, como el centro global de coordinación, dirección. Es su objetivo en última instancia. Así que de momento todo lo que ocurre con Ucrania queda enmarcado dentro de su proyecto, vaticina el politólogo ruso.Puede que el perfil de Putin sea idóneo para una nación en ascenso y el de Obama, para una en decadencia, aunque lo único seguro es que estamos ante el fin del Nuevo Orden Mundial de Bush y que la geopolítica tiene una naturaleza cambiante.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Las drogas y la máquina de guerra de Estados Unidos


Peter Dale Scott es doctor en Ciencias Políticas, profesor emérito de Literatura Inglesa de la Universidad de California (Berkeley), poeta y ex diplomático canadiense.  Su más reciente libro, “La Machine de guerre américaine “[la Máquina de Guerra de Estados Unidos], fue publicado en francés por Éditions Demi-Lune en octubre de 2012. En esta entrevista responde al colaborador de “Rebelión”, de Nicaragua, Maxime Chaix, traductor de sus trabajos al idioma francés.

Maxime Chaix: En su último libro, La Machine de guerre américaine, usted estudia profundamente lo que usted llama la «conexión narcótica global». ¿Puede aclararnos esa noción?


Peter Dale Scott: Permítame, ante todo, definir lo que yo entiendo por «conexión narcótica». Las drogas no entran en Estados Unidos por arte de magia. Importantes cargamentos de droga son enviados a veces a ese país con el consentimiento y/o la complicidad directa de la CIA. Le voy a poner un ejemplo que yo mismo cito en La Machine de guerre américaine. En ese libro yo menciono al general Ramón Guillén Dávila, director de una unidad antidroga creada por la CIA en Venezuela, quien fue inculpado en Miami por haber introducido clandestinamente una tonelada de cocaína en Estados Unidos. Según el New York Times, «la CIA, a pesar de las objeciones de la Drug Enforcement Administration [DEA], aprobó el envío de al menos una tonelada de cocaína pura al aeropuerto internacional de Miami [,] para obtener información sobre los cárteles colombianos de la droga». En total, según el Wall Street Journal, el general Guillén posiblemente envió ilegalmente más de 22 toneladas de droga a Estados Unidos. Sin embargo, las autoridades estadounidenses nunca solicitaron a Venezuela la extradición de Guillén. Incluso, en 2007, cuando [Guillén] fue arrestado en su país por haber planificado un intento de asesinato contra [el presidente] Hugo Chávez, el acta de acusación contra ese individuo todavía estaba sellada en Miami. Lo cual no es sorprendente, sabiendo que se trataba de un aliado de la CIA.

Pero la conexión narcótica de la CIA no se limita a Estados Unidos y Venezuela sino que, desde los tiempos de la postguerra, ha ido extendiéndose progresivamente a través del mundo. En efecto, Estados Unidos ha tratado de ejercer su influencia en ciertas partes del mundo pero, siendo una democracia, no podía enviar el US Army a esas regiones. Así que desarrolló ejércitos de apoyo (proxy armies) financiados por los traficantes de droga locales. Ese modus operandi se convirtió poco a poco en una regla general. Ese es uno de los principales temas de mi libro La Machine de guerre américaine. En ese libro yo estudio específicamente la “operación Paper”, que comenzó en 1950 con la utilización por parte de la CIA del ejército del KMT en Birmania, [fuerza] que organizaba el tráfico de droga en la región. Cuando resultó que aquel ejército era totalmente ineficaz, la CIA desarrolló su propia fuerza en Tailandia (bajo el nombre de PARU). El oficial de inteligencia a cargo de esa fuerza reconoció que el PARU financiaba sus operaciones con importantes cantidades de droga.

Al restablecer el tráfico de droga en el sudeste asiático, el KMT –como ejército de apoyo– fue el preludio de lo que se convertiría en una costumbre de la CIA: colaborar en secreto con grupos financiados a través de la droga para hacer la guerra, como sucedió en Indochina y en el Mar de China meridional durante los años 1950, 60 y 70, en Afganistán y en Centroamérica en los años 1980, en Colombia en los años 1990, y nuevamente en Afganistán en 2001. Los responsables son nuevamente los mismos sectores de la CIA, o sea los equipos encargados de organizar las operaciones clandestinas. Se puede observar como desde la época de la postguerra sus agentes, financiados con las ganancias que reportan esas operaciones con narcóticos, se mueven de continente en continente repitiendo el mismo esquema. Por eso es que podemos hablar de «conexión narcótica global».


Maxime Chaix: En La Machine de guerre américaine, usted señala además que la producción de droga se desarrolla bruscamente en los lugares donde Estados Unidos interviene con su ejército y/o sus servicios de inteligencia y que esa producción disminuye cuando terminan esas intervenciones. En Afganistán, en momentos en que la OTAN está retirando paulatinamente sus tropas, ¿piensa usted que la producción disminuirá cuando termine la retirada?


Peter Dale Scott: En el caso de Afganistán es interesante ver que durante los años 1970, a medida que el tráfico de droga disminuía en el sudeste asiático, la zona fronteriza pakistano-afgana se convertía poco a poco en punto central del tráfico internacional de opio. Finalmente, en 1980, la CIA se implicó de manera indirecta, pero masiva, contra la URSS en la guerra de Afganistán. Por cierto, Zbigniew Brzezinski se jactó ante Carter de haber organizado el Vietnam de los soviéticos. Pero también desató una epidemia de heroína en Estados Unidos. Antes de 1979 sólo entraban a ese país muy pequeñas cantidades de opio proveniente del Creciente de Oro. Pero en un solo año, el 60% de la heroína que entraba en Estados Unidos provenía de esa región, según las estadísticas oficiales.

Como yo mismo recuerdo en La Machine de guerre américaine, los costos sociales de aquella guerra alimentada por la droga aún siguen afectándonos. Por ejemplo, sólo en Pakistán existen hoy, al parecer, 5 millones de heroinómanos. Sin embargo, en 2001, Estados Unidos reactivó, con ayuda de los traficantes, sus intentos de imponer un proceso de edificación nacional a un cuasi-Estado que cuenta no menos de una docena de grupos étnicos importantes que hablan diferentes lenguas. En esa época, estaba perfectamente claro que la intención de Estados Unidos era utilizar a los traficantes de droga para posicionarse en el terreno en Afganistán. En 2001, la CIA creó su propia coalición para luchar contra los talibanes reclutando –e incluso importando– traficantes de droga que ya había tenido como aliados en los años 1980. Como en Laos –en 1959– y en Afganistán –en 1980–, la intervención estadounidense fue una bendición para los cárteles internacionales de la droga. Con la agravación del caos en las zonas rurales afganas y el aumento del tráfico aéreo, la producción se multiplicó por más de 2 pasando de 3 276 toneladas en el año 2000 (y sobre todo de las 185 toneladas producidas en 2001, año en que los talibanes prohibieron la producción de opio) a 8 200 toneladas en 2007.

Hoy en día es imposible determinar cómo evolucionará la producción de droga en Afganistán. Pero si Estados Unidos y la OTAN se limitan a retirarse dejando el caos tras de sí, todo el mundo sufrirá las consecuencias –con excepción de los traficantes de droga, que se aprovecharían entonces del desorden para [desarrollar] sus actividades ilícitas. Sería por lo tanto indispensable establecer una colaboración entre Afganistán y todos los países vecinos, incluyendo China y Rusia (que puede ser considerada una nación vecina debido a sus fronteras con los Estados del Asia Central). El Consejo Internacional sobre la Seguridad y el Desarrollo (ICOS) ha sugerido comprar y transformar el opio afgano para utilizarlo con fines médicos en los países del Tercer Mundo, que lo necesitan con gran urgencia. Pero Washington se opone a esa medida, difícil de poner en práctica sin un sistema de preservación del orden eficaz y sólido. En todo caso, tenemos que dirigirnos hacia una solución multilateral en la que se incluya Irán, país muy afectado por el tráfico de droga proveniente de Afganistán. Se trata además del país más activo en la lucha contra la exportación de estupefacientes afganos y el que más pérdidas humanas está sufriendo por causa de ese tráfico. Por consiguiente, habría que reconocer a Irán como un aliado fundamental en la lucha contra esa plaga. Pero, por numerosas razones, ese país es considerado como un enemigo en el mundo occidental.



Maxime Chaix: En su último libro, La Machine de guerre américaine, usted demuestra que una parte importante de los ingresos narcóticos [de la droga] alimenta el sistema bancario internacional, incluyendo los bancos de Estados Unidos, creando así una verdadera «narconomía». En ese contexto, ¿qué cree usted del caso HSBC?



Peter Dale Scott: Primeramente, el escándalo de lavado de dinero del HSBC nos lleva a pensar que la manipulación de ingresos narcóticos por parte de ese banco pudo contribuir al financiamiento del terrorismo –como ya había revelado una subcomisión del Senado en julio de 2012. Además, un nuevo informe senatorial ha estimado que «cada año, entre 300 000 millones y un millón de millones de dólares de origen criminal son lavados por los bancos a través del mundo y la mitad de esos fondos transitan por los bandos estadounidenses». En ese contexto, las autoridades gubernamentales nos explican que no se desmantelará HSBC porque es demasiado importante en la arquitectura financiera occidental. Hay que recordar que Antonio María Costa, el director de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Crimen (ONUDC), recordó que en 2008 «los miles de millones de narcodólares impidieron el hundimiento del sistema en el peor momento de la crisis [financiera] global».

Así que el HSBC se puso de acuerdo con el Departamento [estadounidense] de Justicia para pagar una multa de unos 1 920 millones de dólares, con lo cual evitará ser objeto de acciones penales. El gobierno de Estados Unidos nos da a entender de esa manera que nadie será condenado por esos crímenes porque, como ya señalé anteriormente, ese banco es parte integrante del sistema. Eso es una confesión fundamental. En realidad, todos los grandes bancos de importancia sistémica –no sólo el HSBC– han reconocido haber creado filiales (los privates banks) concebidas especialmente para el lavado de dinero sucio. Algunos han pagado fuertes multas, habitualmente mucho menos importantes que las ganancias generadas por el lavado de dinero. Y mientras dure esa impunidad, el sistema seguirá funcionando de esa manera.

Es un verdadero escándalo. Piense usted en un individuo cualquiera arrestado con unos cuantos gramos de cocaína en el bolsillo. Lo más probable es que vaya a la cárcel. Pero el banco HSBC puede haber lavado unos 7 000 millones de dólares de ingresos narcóticos a través de su filial mexicana sin que nadie vaya a la cárcel.

En realidad, la droga es uno de los principales factores que sostienen el dólar, lo cual explica el uso de la expresión «narconomía». Los 3 productos que más se intercambian en el comercio internacional son, en primer lugar, el petróleo seguido por las armas y después la droga. Esos 3 elementos están interconectados y alimentan los bancos de la misma manera. Es por eso que el sistema bancario global absorbe la mayoría del dinero de la droga. Así que en La Machine de guerre américaine yo estudio de qué manera una parte de esos ingresos narcóticos financia ciertas operaciones clandestinas estadounidenses. Y analizo además las consecuencias que se derivan.


Maxime Chaix: Hace 10 años, la administración Bush emprendía la guerra contra Irak, sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Qué balance hace usted de ese conflicto, sobre todo en relación con sus costos humanos y financieros?


Peter Dale Scott: En mi opinión, ha habido dos grandes desastres en la política exterior reciente de Estados Unidos: la guerra de Vietnam, que no era necesaria, y la guerra de Irak, que lo era menos todavía. El objetivo aparente de esa guerra era instaurar la democracia en ese país, lo cual era una verdadera ilusión. Es el pueblo iraquí quien tiene que determinar si está hoy en mejor situación que antes de esa guerra, pero yo dudo que su respuesta sea afirmativa si se le consulta al respecto.

En cuanto a los costos humanos y financieros, ese conflicto fue un desastre, tanto para Irak como para Estados Unidos. Pero el ex vicepresidente Dick Cheney acaba de declarar en un documental que él haría lo mismo [que antes] «al minuto». Sin embargo, el Financial Times estimó recientemente que los contratistas habían firmado con el gobierno de Estados Unidos contratos por más de 138 000 millones de dólares en el marco de la reconstrucción de Irak. Sólo la empresa KBR, filial de Halliburton –firma que dirigía el propio Dick Cheney antes de convertirse en vicepresidente [de Estados Unidos]– firmó desde 2003 una serie de contratos federales por al menos 39 500 millones de dólares. Recordemos también que a finales del año 2000 –un año antes del 11 de septiembre– Dick Cheney y Donald Rumsfeld firmaron juntos un importante estudio elaborado por el PNAC (el grupo de presión neoconservador conocido como Proyecto para el Nuevo Siglo Americano). Aquel estudio, titulado «Reconstruir las Defensas de América» (Rebuilding America’s Defenses), reclamaba sobre todo un fuerte aumento del presupuesto de Defensa, el derrocamiento de Sadam Husein en Irak y mantener tropas estadounidenses en la región del Golfo Pérsico, incluso después de la caída del dictador iraquí. A pesar de los costos humanos y financieros de esa guerra, ciertas empresas privadas sacaron cuantiosas ganancias de ese conflicto, como yo mismo analizo en mi libro La Machine de guerre américaine. Para terminar, cuando se ven las gravísimas tensiones que hoy existen en el Medio Oriente entre los chiitas, respaldados por Irán, y los sunnitas, que cuentan con el apoyo de Arabia Saudita y Qatar, tenemos que recordar que la guerra contra Irak tuvo un impacto muy desestabilizador en toda esa región…


Maxime Chaix: Precisamente, ¿cuál es su punto de vista sobre la situación en Siria y las posibles soluciones?


Peter Dale Scott: Dado lo complejo de la situación no existe una respuesta simple sobre lo que habría que hacer en Siria, al menos a nivel local. Sin embargo, como ex diplomático, estoy convencido de que necesitamos un consenso entre las grandes potencias. Rusia sigue insistiendo en la necesidad de remitirse a los acuerdos de Ginebra. No es ese el caso de Estados Unidos, que efectivamente fue en Libia más allá del mandato concedido por el Consejo de Seguridad [de la ONU] y que está violando un consenso potencial en Siria. No es ese el camino a seguir ya que, en mi opinión, es necesario un consenso internacional. Si no, es posible que la guerra a través de intermediarios entre chiitas y sunnitas en el Medio Oriente acabe por arrastrar a Arabia Saudita e Irán a participar directamente en el conflicto sirio. Habría entonces un riesgo de guerra entre Estados Unidos y Rusia. Así estalló la Primera Guerra Mundial, desencadenada por un acontecimiento local en Bosnia. Y la Segunda Guerra Mundial comenzó con una guerra por intermediarios en España, donde Rusia y Alemania se enfrentaban indirectamente. Tenemos y podemos evitar que se repita ese tipo de tragedia.


Maxime Chaix: ¿Pero no piensa usted que, por el contrario, Estados Unidos está tratando hoy de ponerse de acuerdo con Rusia, esencialmente a través de la diplomacia de John Kerry?


Peter Dale Scott: Para responder a esa pregunta, permítame hacer una analogía en el Afganistán y en el Asia Central de los años 1990, después de la retirada soviética. El problema recurrente en Estados Unidos es que resulta difícil lograr un consenso en el seno del gobierno porque existe una multitud de agencias que a veces tienen objetivos antagónicos. Lo cual se traduce en la imposibilidad de obtener una política unificada y coherente. Eso es precisamente lo que pudimos observar en Afganistán en 1990. El Departamento de Estado quería llegar obligatoriamente a un acuerdo con Rusia. Pero la CIA seguía trabajando con sus aliados narcóticos y/o yihadistas en Afganistán. En aquella época Strobe Talbott –un amigo muy cercano del presidente Clinton, a quien representaba con mucha influencia dentro del Departamento de Estado– declaró con toda razón que Estados Unidos tenía que llegar a un arreglo con Rusia en Asia Central, en vez de considerar esa región como un «gran tablero» donde manipular los acontecimientos para obtener ventajas (para retomar el concepto de Zbigniew Brzezinski). Pero, al mismo tiempo, la CIA y el Pentágono estaban haciendo acuerdos secretos con Uzbekistán, [acuerdos] que neutralizaron totalmente lo que Strobe Talbott estaba tratando de hacer. Yo dudo que hayan desaparecido hoy en día ese tipo de divisiones internas en el seno del aparato diplomático y de seguridad de Estados Unidos.

En todo caso, desde 1992, la doctrina de Wolfowitz que aplicaron los neoconservadores de la administración Bush a partir de 2001 llama a la dominación global y unilateral de Estados Unidos. Paralelamente, elementos más moderados del Departamento de Estado tratan de negociar soluciones pacíficas a los diferentes conflictos en el marco de la ONU. Pero es imposible negociar la paz a la vez que se exhorta a dominar el mundo a través de la fuerza militar. Desgraciadamente, los halcones intransigentes se imponen más a menudo, por la simple razón de que disponen de presupuestos más elevados –los presupuestos que alimentan La Máquina de guerra estadounidense. Así que si usted logra compromisos diplomáticos, esos halcones tendrán menos presupuesto, lo cual explica por qué son las peores soluciones las que tienen tendencia a prevalecer en la política exterior de Estados Unidos. Y eso es precisamente lo que pudiera impedir un consenso diplomático entre Estados Unidos y Rusia en el caso del conflicto sirio.

viernes, 6 de diciembre de 2013

¿Quiénes y por qué hicieron nuevas listas negras con las listas negras?

LA CHE pide explicaciones,  y hasta tanto no sean dadas repudia  la inexcusable exclusión de un miembro destacado de este movimiento –entre otros que no hemos podido aún ratificar-- en los homenajes que se realizaron  el lunes 2 en el Centro Cultural Haroldo Conti y el jueves 5 en el Senado de la Nación.

Rodolfo Nadra, integrante de las listas negras difundidas por el lopezreguismo primero, y luego en el grado de mayor peligrosidad en las elaboradas por las FFAA, reveladas y difundidas valientemente por el ministerio de Defensa, NO  fue invitado a ninguna de las más que justas iniciativas, convocada la primera por el director del Centro, Eduardo Jozami, y la segunda por el senador Daniel Filmus.

Llama la atención la ausencia, que no podemos ratificar fehacientemente como en el caso que denunciamos,  de numerosos comunistas que integran estas listas, una práctica habitual  contra la militancia de ese origen.

¿Quién está elaborando este nuevo listado de censurados dentro de las listas negras de la represión genocida?

¿Ignoran acaso que estamos ante una familia que tiene dos integrantes en esas listas negras –Rodolfo y su padre, el dirigente Fernando Nadra-, mientras un reciente documento desclasificado por la CIA  ubica a un tercero, Alberto Nadra, también actual miembro de LA CHE, como “oficial de inteligencia cubano”, con la peligrosidad de semejante  caracterización, por parte de la Agencia terrorista, impulsora de miles de asesinatos y exterminios masivos en el mundo?

¿No toman conciencia que no se trata de un simple desconocimiento, sino  ignorar y aislar a hombres y mujeres que todavía –como lo prueba el caso de Julio López—pueden estar en peligro?

Ante estas circunstancias, LA CHE exige que los organizadores den una explicación ante esta situación, que  expliquen con qué criterio se ignoró este y otros casos de integrantes de las listas negras, que no fueron  invitados.

Y exigimos, también, que la respuesta  y la reparación sea inmediata y contundente.