viernes, 11 de diciembre de 2020

Relaciones de Fuerza, Protagonismo y Poder Popular

 

Este viernes, a raíz de la emergencia sanitaria y económica agravada por la pandemia, el Congreso convirtió en ley un modesto gravamen que se aplicará por única vez a 12.000 multimillonarios en dólares, en un país de 45 millones de habitantes, de los cuales casi la mitad son pobres.

Como anticipamos, junto al desenmascaramiento de las hipócritas mentiras del establishment hay que advertir que la aprobación legislativa no impedirá los intentos de frenarlo, que los multiplicará mediante sus empleados políticos y mediáticos, mientras alistan un ejército de tributaristas y abogados para enterrarlo con la ayuda de una justicia adicta.

Entonces, cabe preguntarse si el gobierno cree que, con la búsqueda de acuerdos superestructurales, en las cámaras legislativas o con las corporaciones, alcanza para imponer este tipo de decisiones, mejorar la actual relación de fuerzas y asegurar un rumbo de recuperación y transformación.

El interrogante se extiende al conjunto del movimiento nacional y popular, donde conviven expectativas y posturas diferenciadas:

1) quienes creen que el triunfo electoral de diciembre de 2019 emparejó la ventaja del bloque dominante, pero ante las abrumadores dificultades heredadas y presentes es desaconsejable y hasta peligroso intentar revertirla. No hay que reclamar, menos cuestionar, y esperar pasivamente la sabia decisión de quienes comandan el barco, o -tal vez- confiar en que mágicamente predominen los que consideran “buenos”, mejores, o menos malos.

2) quienes entendemos que la ventaja del poder real se mantiene e incluso se afirma y envalentona ante cada retroceso o vacilación que logran con su presión a un gobierno insuficientemente rodeado del reclamo y la movilización popular.

Con el sujeto pueblo ausente de las ecuaciones oficiales, todo indica que es el primer sector el que va imponiendo su peligrosa cautela, incluso cuando avanzan decisiones valiosas, pero cuya suerte hipotecan a la mayor o menor capacidad de sus operadores políticos, al “toma y daca” en un juego de intereses ocultos para los más.


¿Hay otro camino para impulsar un programa de medidas favorables a las grandes mayorías?

En el caso del gravamen a las grandes fortunas, como en tantos otros temas pendientes y acuciantes, proponemos iniciar un ejercicio colectivo de reflexión, abierto y entendemos necesario.

El debate, las negociaciones y la participación para enfrentar la furiosa reacción del privilegio ¿podría -y debería- ser encarado de otra manera antes, ahora y en el futuro?

Hablamos de impulsar con la fuerza organizada del pueblo otros proyectos positivos como el que penaliza la quema de campos o las restricciones al endeudamiento externo, ferozmente resistidos con gran prensa y difusión de falseadas y mentiras.

Es una metodología de demolición, probada y que usaran ante cualquier interno de una recomposición masiva de salarios, de reforma financiera o tributaria progresiva, sin los cuales no hay financiamiento para la recuperación ni dinamización del mercado interno para desarrollar del país.

Hablamos también, de confrontar con la poderos maquinaria corporativa agroindustrial y financiera, mediática y judicial, que impuso su poder para torcer el brazo al gobierno en la estratégica expropiación a los estafadores de Vicentin, la indignante permanencia de presos políticos, o al reducir el dramático tema de la tierra y la vivienda a un violento desalojo en Guernica.

El gobierno reduce su apuesta a los acuerdos superestructurales, a la ilusoria buena voluntad de banqueros, “unicornios”, grandes exportadores e industriales, cancha en la que siempre juega de visitante, con las reglas del local y sin pueblo en las tribunas.

No cuenta ni parece interesarle la presencia de las organizaciones populares para inclinar la balanza, al menos equilibrando fuerzas para, si de acordar se tratara, hacerlo en mejores condiciones para la inmensa mayoría de los argentinos, con la mira en un país inclusivo, productivo y en desarrollo.

Se repite con razón, pero con escaso o nulo eco entre importantes figuras del actual elenco gobernante, que las crisis deben pagarlas quienes las provocaron y se beneficiaron con ellas.

Los hay que consideran natural y “sustentable” que el pueblo vuelva a cargar con lo principal del sacrificio, para no irritar a los dueños de poder.

Por ahora prevalecen los que apuestan a la comprensión y buena voluntad de adversarios y enemigos, los que consideran desaconsejable inquietarlos con un programa estratégico, y aún menos con la convocatoria al protagonismo y organización del pueblo en defensa de sus derechos y la demanda un modelo de país realmente inclusivo.

Hablamos, finalmente, de una práctica política movilizadora y organizativa, una práctica que se aleje del castrador papel de espectadores pasivos al que nos reducen adversarios y no pocos compañeros de ruta en una más que heterogénea alianza electoral.

 

El Protagonismo Popular no es una consigna decorativa y vacía

Cuando decimos protagonismo y núcleos de poder popular no enarbolamos consignas vacías de mandato práctico, tampoco expresan un voluntarismo descolgado del nivel de conciencia y las dramáticas necesidades de nuestro pueblo.

Partimos de este presente, tal cual es, pero con un norte de construcción superadora de los obstáculos que nos limitan. Desde la unidad y diversidad del frente, pero con una firme disputa ideológica y política. Coordinando acciones sin el sectarismo de creernos depositarios de recetas infalibles, pero sin renunciar a dar batalla para imponer las ideas que consideramos más justas.

En temas como el gravamen a las grandes fortunas es necesario transitar una práctica política distinta, heredera de las mejores tradiciones de los años 60 y 70, aprendiendo de sus errores, pero lejos de las caricaturas de quienes pretenden demonizarlas para borrar de la memoria histórica ricas experiencias organizativas, con capacidad de movilizar a cientos de miles.

Es claro que no es tarea fácil, y lo evidencian las carencias manifestadas entre el anuncio y sanción del “aporte solitario”: una abrumadora hegemonía publica de las minorías que lo atacaron y una casi nula participación consciente y organizada de las estructuras políticas y sociales que serían sus beneficiarias.

En este y otros temas vitales que enfrentamos y enfrentaremos, ¿cómo sería esa otra práctica? ¿de qué manera facilitaría su tratamiento, aprobación e implementación?

¿Es posible promover núcleos que ensayen caminos de construcción de poder político alternativo al establishment? ¿Es viable desde ahí reducir los márgenes para la vacilación y los retrocesos, haciendo pesar sus reclamos y convicciones en la disputa de cada uno de las medidas que favorezcan, o afecten, los intereses populares?

 

¿Cómo se impulsa el Protagonismo y se construyen núcleos de Poder Popular?

Un paso ineludible es convocar a todas las organizaciones que integran y apoyan al Frente de Todos a institucionalizarlo, a debatir un programa a corto, mediano y largo plazo, a constituir miles de comités básicos a lo largo y ancho del país, tejer una red que los arraigue en los territorios y barriadas, lugares de estudio, trabajo y creación cultural, desde donde se organice y movilice sumando los objetivos propios de cada lugar.

En ese programa como orientación estratégica, en ese comando político para dirigir la acción y en esos comités concebidos como núcleos de poder popular en todo el territorio y todos los sectores, está la base para la participación consciente y el protagonismo.

Protagonismo y núcleos de poder popular no son formulaciones temerarias, mucho menos abstractas. Es un necesario camino de construcción colectiva para cambiar el rumbo y avanzar hacia una Patria para todos.

¿Podemos pensar este enfoque en concreto, por ejemplo, en relación al caso en particular del “aporte solidario”? Sí, como podríamos hacerlo con cada tema en disputa, con cada punto de un programa de recuperación y transformación.

Desde abril, cuando se planteó por primera la posibilidad de gravar a menos 12 mil supermillonarios locales, se inició una larga negociación superestructural: sectorial, parlamentaria e incluso al interior de la misma coalición de gobierno, donde también hubo quienes la frenaron e incluso resistieron.

No se trata de subestimar negociaciones necesarias, pero subrayamos aquello que no estuvo presente, ni siquiera insinuado: la necesidad de que nuestras propuestas se hagan carne en cada sector potencialmente beneficiado; de transformarlas en reclamo consciente que permita movilizar y organizar; tanto por este objetivo concreto como por el programa del FdT, cuya ausencia como rumbo estratégico es casi imperdonable.

En la práctica, si un 20% de lo recaudado con el gravamen a las megafortunas se destinará a la compra o elaboración de equipo, insumos y vacunas para el sistema sanitario, las fuerzas políticas del frente deben coordinar su acción unificadora y organizativa entre médicos, enfermeras, personal administrativo, entre trabajadores y empresarios del sector, y dentro de cada entidad que los agrupa.

A la vez, el frentismo debe convocar, organizar y movilizar a trabajadores y empresarios de las Pymes, donde se invertirá el 20% destinado a “sostener el empleo y las remuneraciones”, y hacer lo propio entre los actores de los ámbitos de exploración y desarrollo de la producción de gas natural, a donde se destinará otro 25%.

El mismo enfoque militante vale para la comunidad educativa, a cuyas becas Progresar irá un 20% de los fondos, o entre las organizaciones territoriales y vecinales de barrios populares, donde el 15% restante servirá para emplear y mejorar la vida de sus habitantes.

Todos deben aportar su movilización, tanto para enfrentar la resistencia como para aprobar las partidas y luego garantizar que lleguen a cada lugar en tiempo y forma.

Muy distinto hubiera sido el clima y desarrollo de las sesiones en Diputados y Senadores, distinto el impacto de la campaña de terror desatada para proteger la miserable actitud de un puñado de habitantes ante la crisis más dramática de nuestra historia, si la escasa movilizaciones que las rodearon hubieran sido masivas, y resultado de la acumulación de protagonismo popular organizado.

Y aún mayor sería la capacidad de concretar cada iniciativa si ese protagonismo fuese producto de la participación de las fuerzas que integran el FdT, de la acción de miles de comités básicos a lo largo y ancho del país, en cada lugar y ámbito de trabajo, estudio o creación.

Estaríamos, finalmente, haciendo valer la construcción de núcleos de poder popular para cambiar favorablemente la relación de fuerzas en nuestra patria. Un rumbo que despierta la ira de quienes verían peligrar sus privilegios, pero tambièn de muchos de sus empleados en la oposición, y algunos que en el propio FdT recelan menos de ellos, de su capacidad de daño, que de la potencia transformadora de un pueblo protagonista.

sábado, 5 de diciembre de 2020

¿Qué está en juego con el “aporte extraordinario” a las grandes fortunas?

 

La pulseada para imponer un “aporte solidario y extraordinario” a las grandes fortunas personales está lejos de cerrarse, ya que el privilegio rechaza siquiera un roce a sus intereses y pretende cerrar el camino a cualquier intento de reforma fiscal progresiva e integral.

En estos días quedo nuevamente en evidencia la mezquindad del establishment local, virtudes y vacilaciones de un gobierno heterogéneo y las limitaciones que enfrenta el propio movimiento nacional y popular.

El Estado busca obtener a futuro unos 300.000 millones de pesos, modesto ingreso que lejos está de compensar los fuertes gastos que ya realizó en medio de una abrupta caída de sus recursos por la atroz pandemia mundial, la que agravó la destrucción económica que dejaron cuatro años de neoliberalismo macrista.

A la inversión en asistencia social o la destinada a recuperar y adecuar el demolido sistema de salud, se sumaron $ 490.000 millones que completaron parte del salario de los trabajadores de unas 200 mil empresas mediante los ATP ((Asistencia de Emergencia para el Trabajo y la Producción), y cubrir necesidades de los más postergados con el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia).

 

Cuando la mentira es la verdad

La avaricia del bloque dominante es alabada sin originalidad ni vergüenza por el coro de sus voceros mediáticos, adulación de la que en Diputados se hizo cargo el bloque de Juntos por el Cambio, con inusuales dosis de falsedad e hipocresía.

Allí, repitieron textualmente falacias aportadas por las entidades que agrupan a las grandes corporaciones, según la cual nos esperan múltiples desgracias si 10 mil de los 45 millones de argentinos resignan una modesta cuota de sus riquezas.

Nada tendrá que aportar el 99, 88% de los argentinos, pero la exigencia al restante 0.02% provoca la indignación de la oposición política y mediática, sensibilidad ausente ante el drama de 21 millones de compatriotas sumergidos en la pobreza.

Argumentan que la contribución implica “doble imposición”, pese a que no se trata de un nuevo impuesto, y amenazan con frenarla por ser “confiscatoria”, aunque apenas pagarán entre el 2% y el 3,5% del patrimonio declarado por ellos mismos.

¿Confiscatorio que lo paguen por única vez los diez residentes que en el país tienen fortunas que van de los 920 a los 5.400 millones de dólares? Confiscatorio es que a los trabajadores se le retenga el 21% de todos sus consumos, nada menos que $10.500 pesos mensuales, en el hipotético caso de que su salario llegue a $50.000.

Absurdo es que para llegar a los meritocráticos 5.400 millones de dólares que acumula la familia Bulgheroni, ese mismo trabajador debería poder ahorrar el total de su salario, sin gastar un peso, durante 12.000 siglos. Si, doce mil siglos ¿Hay algo más injusto e irracional?

Jamás podrían probar en tribunales la confiscación y doble imposición que prohíbe nuestra Constitución Nacional, mucho menos que le produzca el “daño irreparable” que exige el derecho.  En cambio, es cierto y comprobable el desconocimiento por décadas de los derechos consagrados en su artículo 14 bis, ese que nunca citan y que dispone la participación de los trabajadores en la ganancia de las empresas.

Al borde del delito, amenazan con una “rebelión fiscal” y se escandalizan ante la “discriminación” a los capitales en el exterior. Silencian que esos son activos financieros, mayoritariamente constituidos por ilegal plata negra que en su momento fugaron, y que solo tendrán una alícuota superior si rechazan repatriar un 30% de lo que tienen en el extranjero.

Afirman que se trata de un “castigo a la producción y al empleo”, que se obligará a “vender maquinarias y desprenderse de inmuebles” o incluso que se “fundirá a las Pymes”, pero fue su gobierno el ya fundió a 25.000 de ellas, castigó tanto a la producción como al empleo y obligó a rematar inmuebles.

Mienten a sabiendas. Este gravamen no se aplicará a ninguna empresa, ya que está destinado a los magnates, no a sus compañías. Y se calculará sobre el patrimonio neto, es decir del que resulta de descontar cualquier deuda, dentro del cual los inmuebles se consideran a su valuación fiscal, es decir aproximadamente el 10% de su valor real de mercado.

Ocultan que solo el 5% del patrimonio de esta elite corresponde a inversiones en las empresas, como lo ponen en evidencia sus propias declaraciones juradas. La mayor parte del 95% restante está dolarizado y nada tiene que ver con la producción: está invertido en bonos, sobre todo del tesoro estadounidense, acciones en compañías extranjeras que trabajan en el exterior, o depositado en cuentas off shore.

Vaticinan que se “ahuyentará las inversiones”, cuando fue durante su gobierno que las extranjeras retrocedieron a niveles del año 2000. Pese a la baja de impuestos al patrimonio, la apertura a las importaciones, la desregulación del mercado de capitales y el endeudamiento externo, hubo sequía en lugar de lluvia, y los capitales se fugaron masivamente.

            Aducen que “no se aplican en ninguna parte del mundo” y que “son parte de un pasado superado”, cuando este tipo de medidas están hoy en pleno debate internacional, particularmente en los países más desarrollados; cuando las promueven estudiosos, grandes empresarios y organismos multilaterales, incluido el propio FMI, a cuya derecha se sitúan cómodamente.

            Es sabido, pero silenciado, que Europa grava las rentas individuales con tasas de entre el 40 y el 55%, muy por encima de las argentinas y que los tributos extraordinarios se impusieron más de una vez en su historia. También que se proponen en Brasil o Chile, mientras Joe Biden planteó que EE. UU eleve al 39,6% la alícuota anual en concepto de ingresos personales.

 

La encrucijada del gobierno

La miseria en Argentina no surge de la pobreza de millones, sino que es consecuencia de un modelo de renta y rapiña, que a costa del sufrimiento de muchos permite la obscena riqueza de unos pocos.

El actual rechazo del establishment excede la propuesta en análisis, para convertirse en una muestra de hasta donde están dispuestos a llegar si se concreta la promesa de una reforma tributaria, que recaude donde corresponde lo que hay que recaudar, y de forma regular y permanente.

El fin de la decadencia tiene como uno de sus prerrequisitos terminar con el regresivo sistema tributario actual, que lejos de diferenciar las distintas capacidades económicas (y por lo tanto contributivas de individuos y empresas) esquilma a los que menos tienen: el 30,5% del total de los ingresos del fisco proviene del IVA, un impuesto al consumo, mientras menos del 1% proviene del único impuesto nacional que existe sobre el patrimonio, Bienes Personales.

Es alentador que el gobierno avance con este proyecto en medio de la crisis y los estragos de la pandemia. Y que lo haga luego que el violento desalojo de las familias que reclamaban una tierra para vivir en Guernica.

Algunos interpretaron ese día como un punto de inflexión en la confianza de parte de su propia militancia, preocupada ante el retroceso en la expropiación a los estafadores de Vicentin, el incremento de apenas 7% a trabajadores estatales que vienen de perder un 37, 2% con el macrismo, o una fórmula de movilidad jubilatoria que se aplicará sin actualizar la mínima por encima de la línea de pobreza y la posibilidad de acceder a una canasta básica de subsistencia.

El maltratado concepto de solidaridad, que se aplica indistintamente a un mínimo aporte de los multimillonarios como a recortar beneficios de los que están un poco menos mal, para compensar a los que están peor, expresa algo más grave: incomprensión de quien, y cómo, debe pagar el costo de la crisis; o lo que es peor, la fortaleza del pensamiento liberal en el propio gobierno.

Es el caso de una inaceptable definición del ministro de Trabajo, según el cual “sueldo digno es el que estemos en condiciones de pagar y sostener”, dejando de lado la discusión acerca de donde provienen los recursos para conjugar ambos verbos. Claudio Moroni elude encarar el tema desde cualquier concepto de justicia social, incluido el que sostuvo la decisión de Juan Perón de instituir el “salario mínimo, vital y móvil”, pero también exhibe deprecio por el papel del salario como dinamizador del mercado interno, único motor virtuoso de la recuperación económica.

Sin despejar sombras, con el “aporte solidario” se retoma una dinámica y una agenda que incluye las iniciativas parlamentarias para impedir el deterioro ambiental y la especulación con la quema de campos, la prohibición de endeudar al país para financiar gastos corrientes, o de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Ante esta compleja encrucijada, y en medio de una pulseada que lejos está de definirse, todavía cabe preguntar si ¿se cree, o se confía, en que la actual relación de fuerzas se puede mejorar limitándose a búsqueda de acuerdos superestructurales o de mayorías en las cámaras legislativas?

La desfavorable relación de fuerzas, que pese al triunfo electoral se mantiene a favor del bloque dominante, solo puede modificarse con protagonismo y organización del pueblo en defensa de sus derechos y la demanda un modelo de país realmente inclusivo.

domingo, 8 de noviembre de 2020

La mirada de Enrique Raab

     No fui amigo de Enrique Raab, aunque pude charlar largamente con el en las visitas que realizaba a la oficina de la agencia Prensa Latina, donde trabajé durante toda la dictadura.

Allí, en el Edificio Safico (Corrientes 456, casi Reconquista), donde compartíamos horas -y nos protegíamos mutuamente- con periodistas de todo el mundo, en aquel abril de 1977 lo sentí abrumado, con ese “optimista desaliento” de los que están jugados.

No tenía dudas, acerca de que -pasara lo que pasara- debía ocurrir aquí, en su tierra, y me lo repitió en nuestro ultimo encuentro, mientras lo acompañaba unos metros por Corrientes, para que él tomara por Reconquista hacia Lavalle, a ver -y criticar, claro- una película que ya hace tiempo olvidé.

¿Por qué Enrique Raab no figura entre esos grandes periodistas y militantes que recordamos cotidianamente? Lo ignoro, pero celebro que esta nota de Claudio Zeiger nos imponga reflexionar sobre su mirada de la sociedad y el periodismo actual.

martes, 27 de octubre de 2020

Néstor Kirchner: memoria y vigencia

Lo conocí en los primeros días de febrero de 2003.

La actividad era vertiginosa en la Casa de Santa Cruz, en la calle Reconquista del microcentro porteño, donde concurrí con un grupo de dirigentes políticos para decidir nuestro apoyo a su candidatura presidencial, convencidos de que era la mejor opción para la Argentina, aunque tal vez no la que cada uno de nosotros soñó.

Lejos de la imagen de hombre irascible y autorreferencial que intentaron instalar por años, me impactó la calidez que encontré en Néstor Kirchner; algo que no suele suceder entre quienes tenemos años de actividad política.

En la despedida, me tomó del hombro y con un gesto afectuoso me llevó hacia un costado, para recordar a mi padre (“gran persona tu viejo, y un dirigente del que aprendimos mucho; quizás el único con el que disentíamos, pero sabíamos que no era gorila”) y a las Juventudes Políticas de los años 70 (“también me acuerdo lo que vos hiciste, hasta el golpe y después del golpe; espero que los años que vienen nos encuentren juntos”).

Por un tiempo pensé que esa información -como sucede- le había sido anticipada para la ocasión por algún colaborador, pero él se encargó de ratificármela en otras reuniones.

El primer encuentro no había sido pacífico. ¿Es que podía serlo con ese político que defendía sus convicciones con tanta fuerza?

Esa noche, participamos una decena de referentes, varios de ellos “sobrevivientes” de aquellas juventudes que ganaban unidas la calle desde los finales de la dictadura de Lanusse, quienes coincidimos en la necesidad de:

1. Recuperar fuertemente el salario, como medida de justicia social, pero a la vez dinamizador del mercado interno y polea para la reconstrucción del aparato productivo, para encarar el desgarrador cuadro de desocupación, pobreza y hambre;

2. Acordar que el audaz programa de cambios que planteaba exigía fondos para financiarlo, y estos debían provenir de la renta agroexportadora, petrolera, minera y financiera, incluyendo la reestatización de los aportes jubilatorios entregados a las AFJP.

3. Construir la fuerza capaz de impulsar y respaldar ese rumbo, un nuevo bloque histórico, con todos los componentes políticos y sociales del movimiento nacional y popular.

Kirchner esbozó la aprobación del último punto, alguna duda respecto al primero y prudente silencio ante el segundo, es decir la drástica recuperación de la renta que proponíamos. Julio De Vido, todavía un desconocido arquitecto, lo acompañaba sin pronunciar palabra.

Las encuestas lo mostraban muy lejos de un triunfo. Apenas rozaba un dígito en la intención de voto.

Un cable de la agencia Télam, fechado el 16 de febrero de 2003, reprodujo las declaraciones que realicé a la salida del encuentro: “Estamos de acuerdo en la convocatoria del gobernador [de Santa Cruz] a un frente nacional y popular, con participación de fuerzas y personalidades no peronistas, para lograr un modelo de producción y trabajo contrario al neoliberal, pues nuestra propuesta económica y social es el plan Fénix y, en lo político, contribuir a la construcción de una confluencia de fuerzas nacionales y populares”.

Apoyamos su candidatura pues entendemos que “La opción es vagar entre el principismo testimonial y la observación críticamente académica de los hechos, o embarrarse en la construcción de un espacio que conjugue la voluntad de tantos malheridos por las sucesivas derrotas y frustraciones del campo popular, y de mi generación en particular, para incidir en los acontecimientos y crecer en el proceso”.

Y concluía: “Si el compromiso se cumple, estamos ante una ineludible oportunidad para los que buscamos una alternativa en el país”. Néstor no solo cumplió con su compromiso, sino que superó con creces las expectativas de los presentes. Tal vez, como en aquella primavera de 1973, porque los logros las excedieron ampliamente.

A la política le faltaba pueblo y Kirchner reconcilió a centenares de miles con ella. Rescató el denigrado valor de la militancia, la historia de tantas generaciones de luchadores.

A menos de 72 horas de asumir la presidencia, como señal de lo que vendría, viajó a la provincia de Entre Ríos para destrabar meses de conflicto docente mediante la restitución de sus derechos, como lo hizo al terminar con una década de congelamiento de las paritarias salariales, o al devolver lo arrebatado a jubilados y estatales.

Reinstaló el papel central del Estado y del mercado interno como motor de la economía, con el aporte de las exportaciones, pero agregando trabajo argentino a los productos primarios, es decir salario, ciencia y tecnología.

Retomó el juicio a los responsables del genocidio dictatorial, terminó con el indulto, la impunidad legislada y la desmemoria. Lejos del oportunismo, lo hizo cuando nadie lo esperaba, ya que casi solo figuraba en la esperanza militante, en medio de la apatía de buena parte de la ciudadanía.

Junto a Chávez, Lula, Zelaya, Tabaré/Mujica, Evo, Lugo, y Correa integró una inédita generación de presidentes latinoamericanos que trazaron una alternativa regional independiente de los dictados de Washington y avanzaron la integración de la Patria Grande, por lo que tuvieron que enfrentar una furiosa reacción desestabilizadora y golpista.

Es cierto, cuando el 27 de octubre de 2010 nos golpeó su muerte, no habíamos superado un obstáculo que luego se agravó y considero determinante para que perdamos la década ganada. La restauración conservadora avanzó sobre el flanco de la incapacidad o falta de voluntad para construir la fuerza nacional programática, unitaria y pluralista que defendiera y profundizara las conquistas logradas.

Con ese objetivo, en el inicio de su gestión, Néstor impulsó la Transversalidad en la construcción política frentista, una convocatoria plural para superar el perimido bipartidismo, la que fue repudiada por las derechas partidarias, y saboteada por sus expresiones dentro del propio Frente para la Victoria.

En su lugar, prevaleció la recreación electoral de lo que se pretendía superar: la Concertación que llevó al radical Julio Cobos a la vicepresidencia en 2007, pero estalló un año después cuando la rebelión de las patronales rurales. Otro retroceso, la llamada Pejotizacion, le siguió sin mayor aporte y similar suerte.

Fueron tres momentos de un proceso que hacia 2015 se mostró incapaz para ejercer la conducción política del conjunto. Se paralizó la construcción del frente nacional, se descartaron los aportes críticos y hasta quedaron desplazados aliados estratégicos en el movimiento obrero, con lo que predominaron en forma perniciosa la obsecuencia y la deserción.

En ningún caso el alejamiento “por derecha” de ciertos dirigentes se originó en las limitaciones reales en una gestión de la que formaron parte en puestos clave. El motivo fue la seducción del privilegio, o (en el mejor de los casos) el temor a las consecuencias de confrontarlo.

En cambio, las deserciones “por izquierda” se atribuyeron a decisiones postergadas y promesas incumplidas. Hubo quienes rechazaron a Kirchner en 2003, luego sumaron sus fuerzas y obtuvieron posiciones legislativas o institucionales, pero finalmente partieron ante la demora en tomar el cielo por asalto, objetivo lejano en los tiempos y formas que imaginaron, el que tampoco alcanzaron -ni antes ni después- desde sus propias identidades.

Se alejaron con algunas razones, pero sin justificación suficiente. Algunos volvieron a confluir en la amplia alianza electoral que en 2019 permitió derrotar al neoliberalismo, por lo que a su regreso ocupan decisivos puestos institucionales.

Néstor Kirchner fue casi obsesivo cuando de medir las fuerzas en disputa se trataba. Hoy, esa relación es más desfavorable que cuando le tocó asumir la presidencia y mucho más adversa que cuando culminó el mandato de Cristina.

La pandemia agudizó la catástrofe económico- social y sanitaria en que Cambiemos sumió a la Argentina, a la vez que incrementó el poder político y económico del bloque dominante, su capacidad de presión y daño destituyente.

Si entonces se trataba de avanzar para consolidar lo logrado, ahora es necesario recuperar lo destruido para poder consolidarlo y avanzar.

La magnitud del desafío potencia la vigencia de las definiciones de aquel encuentro con Néstor en la Casa de Santa Cruz. La recesión, el hambre y la pobreza exigen medidas drásticas, financiar la recuperación con recursos que provengan de una reforma tributaria y otra financiera, que termine con la usura y la especulación apañadas por la vigente legislación de la dictadura, así como recobrar parte de la abusiva renta de la patronal agroexportadora, minera y energética.

Nuestra historia muestra que es suicida apostar la suerte de un proyecto popular a la búsqueda de acuerdos superestructurales o a la conciliación de intereses antagónicos, si los del pueblo no están respaldados por la fortaleza de su presencia organizada.

Las pulseadas, incluidas las que se dan dentro de una amplia y heterogénea alianza electoral en el gobierno, se definen con protagonismo y movilización, de la mano de un Frente de Todos institucionalizado, con la participación de todos sus integrantes políticos y sociales, arraigado en cada lugar de trabajo, creación y estudio. La base debe ser un programa estratégico decidido en común, motor de la acción reivindicativa conducida desde la política en cada ámbito, que es decir núcleos de poder popular que lo impulsen, apliquen y defiendan.

Esa voluntad existe y quiere abrirse paso, como miles y miles lo demostraron en las calles el 17 y el 27 de octubre pasado. No precisaron de una convocatoria gubernamental, como no la necesitaron en 1945, ni tampoco para despedir masivamente a Néstor 10 años atrás.

Esa es la fuerza para que el gobierno resista presiones y avance con energía en el cumplimento del compromiso electoral. La fuerza para decidir la eterna disputa entre quienes pretenden hacer pagar las crisis a los trabajadores y no al privilegio, cuyo modelo de renta y rapiña las causó, las profundizó, y siempre se benefició en ellas.

El pueblo movilizado, pero tambièn organizado como sujeto político, es muestra de Lealtad a la historia del peronismo, mayoritario componente del movimiento nacional y popular.

Es Memoria presente del aporte de otras culturas políticas que lo fueron conformando, como de la izquierda marxista (anarquista, socialista, comunista o guevarista) y el yrigoyenismo, mal que le pese al negacionismo sectario de algunos ex funcionarios con generosa prensa.

Es la Garantía posible para definir la suerte de esta epopeya para reconstruir la Patria y hacerla libre, justa y soberana.

Es Homenaje y continuidad de la brecha abierta por Néstor Kirchner con su proyecto político. En suma, la última y definitiva lección de un estadista nacional y regional, pero también un hombre de carne y hueso, uno más de nosotros, del héroe colectivo del que hablaba Oesterheld.

 Lo conocí en los primeros días de febrero de 2003.

La actividad era vertiginosa en la Casa de Santa Cruz, en la calle Reconquista del microcentro porteño, donde concurrí con un grupo de dirigentes políticos para decidir nuestro apoyo a su candidatura presidencial, convencidos de que era la mejor opción para la Argentina, aunque tal vez no la que cada uno de nosotros soñó.

Lejos de la imagen de hombre irascible y autorreferencial que intentaron instalar por años, me impactó la calidez que encontré en Néstor Kirchner; algo que no suele suceder entre quienes tenemos años de actividad política.

En la despedida, me tomó del hombro y con un gesto afectuoso me llevó hacia un costado, para recordar a mi padre (“gran persona tu viejo, y un dirigente del que aprendimos mucho; quizás el único con el que disentíamos, pero sabíamos que no era gorila”) y a las Juventudes Políticas de los años 70 (“también me acuerdo lo que vos hiciste, hasta el golpe y después del golpe; espero que los años que vienen nos encuentren juntos”).

Por un tiempo pensé que esa información -como sucede- le había sido anticipada para la ocasión por algún colaborador, pero él se encargó de ratificármela en otras reuniones.

El primer encuentro no había sido pacífico. ¿Es que podía serlo con ese político que defendía sus convicciones con tanta fuerza?

Esa noche, participamos una decena de referentes, varios de ellos “sobrevivientes” de aquellas juventudes que ganaban unidas la calle desde los finales de la dictadura de Lanusse, quienes coincidimos en la necesidad de:

1. Recuperar fuertemente el salario, como medida de justicia social, pero a la vez dinamizador del mercado interno y polea para la reconstrucción del aparato productivo, para encarar el desgarrador cuadro de desocupación, pobreza y hambre;

2. Acordar que el audaz programa de cambios que planteaba exigía fondos para financiarlo, y estos debían provenir de la renta agroexportadora, petrolera, minera y financiera, incluyendo la reestatización de los aportes jubilatorios entregados a las AFJP.

3. Construir la fuerza capaz de impulsar y respaldar ese rumbo, un nuevo bloque histórico, con todos los componentes políticos y sociales del movimiento nacional y popular.

Kirchner esbozó la aprobación del último punto, alguna duda respecto al primero y prudente silencio ante el segundo, es decir la drástica recuperación de la renta que proponíamos. Julio De Vido, todavía un desconocido arquitecto, lo acompañaba sin pronunciar palabra.

Las encuestas lo mostraban muy lejos de un triunfo. Apenas rozaba un dígito en la intención de voto.

Un cable de la agencia Télam, fechado el 16 de febrero de 2003, reprodujo las declaraciones que realicé a la salida del encuentro: “Estamos de acuerdo en la convocatoria del gobernador [de Santa Cruz] a un frente nacional y popular, con participación de fuerzas y personalidades no peronistas, para lograr un modelo de producción y trabajo contrario al neoliberal, pues nuestra propuesta económica y social es el plan Fénix y, en lo político, contribuir a la construcción de una confluencia de fuerzas nacionales y populares”.

Apoyamos su candidatura pues entendemos que “La opción es vagar entre el principismo testimonial y la observación críticamente académica de los hechos, o embarrarse en la construcción de un espacio que conjugue la voluntad de tantos malheridos por las sucesivas derrotas y frustraciones del campo popular, y de mi generación en particular, para incidir en los acontecimientos y crecer en el proceso”.

Y concluía: “Si el compromiso se cumple, estamos ante una ineludible oportunidad para los que buscamos una alternativa en el país”. Néstor no solo cumplió con su compromiso, sino que superó con creces las expectativas de los presentes. Tal vez, como en aquella primavera de 1973, porque los logros las excedieron ampliamente.

A la política le faltaba pueblo y Kirchner reconcilió a centenares de miles con ella. Rescató el denigrado valor de la militancia, la historia de tantas generaciones de luchadores.

A menos de 72 horas de asumir la presidencia, como señal de lo que vendría, viajó a la provincia de Entre Ríos para destrabar meses de conflicto docente mediante la restitución de sus derechos, como lo hizo al terminar con una década de congelamiento de las paritarias salariales, o al devolver lo arrebatado a jubilados y estatales.

Reinstaló el papel central del Estado y del mercado interno como motor de la economía, con el aporte de las exportaciones, pero agregando trabajo argentino a los productos primarios, es decir salario, ciencia y tecnología.

Retomó el juicio a los responsables del genocidio dictatorial, terminó con el indulto, la impunidad legislada y la desmemoria. Lejos del oportunismo, lo hizo cuando nadie lo esperaba, ya que casi solo figuraba en la esperanza militante, en medio de la apatía de buena parte de la ciudadanía.

Junto a Chávez, Lula, Zelaya, Tabaré/Mujica, Evo, Lugo, y Correa integró una inédita generación de presidentes latinoamericanos que trazaron una alternativa regional independiente de los dictados de Washington y avanzaron la integración de la Patria Grande, por lo que tuvieron que enfrentar una furiosa reacción desestabilizadora y golpista.

Es cierto, cuando el 27 de octubre de 2010 nos golpeó su muerte, no habíamos superado un obstáculo que luego se agravó y considero determinante para que perdamos la década ganada. La restauración conservadora avanzó sobre el flanco de la incapacidad o falta de voluntad para construir la fuerza nacional programática, unitaria y pluralista que defendiera y profundizara las conquistas logradas.

Con ese objetivo, en el inicio de su gestión, Néstor impulsó la Transversalidad en la construcción política frentista, una convocatoria plural para superar el perimido bipartidismo, la que fue repudiada por las derechas partidarias, y saboteada por sus expresiones dentro del propio Frente para la Victoria.

En su lugar, prevaleció la recreación electoral de lo que se pretendía superar: la Concertación que llevó al radical Julio Cobos a la vicepresidencia en 2007, pero estalló un año después cuando la rebelión de las patronales rurales. Otro retroceso, la llamada Pejotizacion, le siguió sin mayor aporte y similar suerte.

Fueron tres momentos de un proceso que hacia 2015 se mostró incapaz para ejercer la conducción política del conjunto. Se paralizó la construcción del frente nacional, se descartaron los aportes críticos y hasta quedaron desplazados aliados estratégicos en el movimiento obrero, con lo que predominaron en forma perniciosa la obsecuencia y la deserción.

En ningún caso el alejamiento “por derecha” de ciertos dirigentes se originó en las limitaciones reales en una gestión de la que formaron parte en puestos clave. El motivo fue la seducción del privilegio, o (en el mejor de los casos) el temor a las consecuencias de confrontarlo.

En cambio, las deserciones “por izquierda” se atribuyeron a decisiones postergadas y promesas incumplidas. Hubo quienes rechazaron a Kirchner en 2003, luego sumaron sus fuerzas y obtuvieron posiciones legislativas o institucionales, pero finalmente partieron ante la demora en tomar el cielo por asalto, objetivo lejano en los tiempos y formas que imaginaron, el que tampoco alcanzaron -ni antes ni después- desde sus propias identidades.

Se alejaron con algunas razones, pero sin justificación suficiente. Algunos volvieron a confluir en la amplia alianza electoral que en 2019 permitió derrotar al neoliberalismo, por lo que a su regreso ocupan decisivos puestos institucionales.

Néstor Kirchner fue casi obsesivo cuando de medir las fuerzas en disputa se trataba. Hoy, esa relación es más desfavorable que cuando le tocó asumir la presidencia y mucho más adversa que cuando culminó el mandato de Cristina.

La pandemia agudizó la catástrofe económico- social y sanitaria en que Cambiemos sumió a la Argentina, a la vez que incrementó el poder político y económico del bloque dominante, su capacidad de presión y daño destituyente.

Si entonces se trataba de avanzar para consolidar lo logrado, ahora es necesario recuperar lo destruido para poder consolidarlo y avanzar.

La magnitud del desafío potencia la vigencia de las definiciones de aquel encuentro con Néstor en la Casa de Santa Cruz. La recesión, el hambre y la pobreza exigen medidas drásticas, financiar la recuperación con recursos que provengan de una reforma tributaria y otra financiera, que termine con la usura y la especulación apañadas por la vigente legislación de la dictadura, así como recobrar parte de la abusiva renta de la patronal agroexportadora, minera y energética.

Nuestra historia muestra que es suicida apostar la suerte de un proyecto popular a la búsqueda de acuerdos superestructurales o a la conciliación de intereses antagónicos, si los del pueblo no están respaldados por la fortaleza de su presencia organizada.

Las pulseadas, incluidas las que se dan dentro de una amplia y heterogénea alianza electoral en el gobierno, se definen con protagonismo y movilización, de la mano de un Frente de Todos institucionalizado, con la participación de todos sus integrantes políticos y sociales, arraigado en cada lugar de trabajo, creación y estudio. La base debe ser un programa estratégico decidido en común, motor de la acción reivindicativa conducida desde la política en cada ámbito, que es decir núcleos de poder popular que lo impulsen, apliquen y defiendan.

Esa voluntad existe y quiere abrirse paso, como miles y miles lo demostraron en las calles el 17 y el 27 de octubre pasado. No precisaron de una convocatoria gubernamental, como no la necesitaron en 1945, ni tampoco para despedir masivamente a Néstor 10 años atrás.

Esa es la fuerza para que el gobierno resista presiones y avance con energía en el cumplimento del compromiso electoral. La fuerza para decidir la eterna disputa entre quienes pretenden hacer pagar las crisis a los trabajadores y no al privilegio, cuyo modelo de renta y rapiña las causó, las profundizó, y siempre se benefició en ellas.

El pueblo movilizado, pero tambièn organizado como sujeto político, es muestra de Lealtad a la historia del peronismo, mayoritario componente del movimiento nacional y popular.

Es Memoria presente del aporte de otras culturas políticas que lo fueron conformando, como de la izquierda marxista (anarquista, socialista, comunista o guevarista) y el yrigoyenismo, mal que le pese al negacionismo sectario de algunos ex funcionarios con generosa prensa.

Es la Garantía posible para definir la suerte de esta epopeya para reconstruir la Patria y hacerla libre, justa y soberana.

Es Homenaje y continuidad de la brecha abierta por Néstor Kirchner con su proyecto político. En suma, la última y definitiva lección de un estadista nacional y regional, pero también un hombre de carne y hueso, uno más de nosotros, del héroe colectivo del que hablaba Oesterheld.

domingo, 25 de octubre de 2020

Recordando los años de Néstor (V)

 

La cercanía al 27 me obliga a saltear algunas notas de los primeros años de Néstor que quería compartir. Avanzo hasta el 18 DE DICIEMBRE DE 2006.
Los temas de la ofensiva derechista, e incluso los que debemos debatir hacia el interior del movimiento nacional y popular, son casi los mismos, pese que ¡PASARON 14 AÑOS! Va nota, exactamente como la publiqué.

“Los guiños amistosos entre dirigentes de la UCR con Macri, Sobisch y Lavagna, amenazan con poner punto final a la ‘divisoria’ de aguas con la derecha que marcaban algunos radicales, y aceptar los consejos de Joaquín Morales Solá, que supo prestar su figura para decorar el "Operativo Independencia" en Tucumán, pero ahora desde su "atril", discrimina entre autoritarios y demócratas y llama a formar un Partido de la Republica, lo que en política suele simplificarse como "una nueva Unión Democrática".
“Algunos pésimos defensores del Presidente Néstor Kirchner creen que "polarizar" la contradicción es conveniente para afirmar el rumbo emprendido, pero esa posición es funcional a la anterior.
“La izquierda de la que provengo ya cayó en esa trampa, pero somos muchos los que no cejaremos en el empeño para impedir que muchos compañeros que han probado largamente su pertenencia al campo popular vuelvan a quedar atrapados, y del peor lado, en falsas antinomias.
“En 1945 nos dividieron mal y no queremos que vuelvan a lograrlo, como parcialmente lo hicieron identificando a las patronales rurales con “el campo”, con la democracia y el desarrollo del país.
“En aquel momento histórico, buena parte de la izquierda y el progresismo, preocupados por las libertades democráticas y por sectores claramente derechistas que rodeaban a Perón, perdieron de vista que el centro de su llamado estaba en las banderas de Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica.
"Y con esta posición no se abrió paso a la Democracia y la República. Se ejerció una oposición sistemática que permitió que la hegemonizaran quienes terminaron masacrando al pueblo en la Plaza de Mayo. No querían libertad –como no la quieren ahora sus sucesores– sino enfrentar el proceso de transformación y dignidad popular que se iniciaba. Y es nuestro deber contribuir para que esa historia no se repita.
“Pero tampoco permitiremos que, agitando las banderas del pueblo peronista, vuelvan a vestirse con los ropajes del movimiento nacional los que, entonces y ahora, en realidad querían lo mismo que los liberales y los conservadores. No queremos de nuevo la Alianza de Queraltó y Kelly ni la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) de López Rega y Osinde, como no queremos a los que manejan sus territorios como feudos donde vale todo, desde los desarmaderos hasta el paco asesino. Esos no querían ni quieren Justicia Social ni una mejor Argentina.
“La contradicción debe darse a partir de ideas, de proyectos de país, y el presidente Kirchner ubicó en el debate y los hechos temas por los que siempre hemos luchado, y que hace poco tiempo atrás parecían sepultados o muy lejanos en el tiempo: Justicia y Corte Suprema, Derechos Humanos, independencia de los condicionamientos del FMI, papel protagónico del Estado, proyecto estratégico latinoamericano, para citar algunos ejes.
“Claro que no todas son rosas, pero rechazamos cualquier debate sobre un republicanismo ‘rengo’, que sólo habla de división e independencia de poderes, pero que nunca propone cómo, además de la ‘calidad institucional’, se construye una verdadera democracia, que no es sino con justicia social, la que garantiza la parte de la Constitución que siempre se olvidan de citar”.
Agenda Unite 18/12/2006

sábado, 24 de octubre de 2020

Recordando los primeros años de Néstor (IV)


En esta vigilia hacia el 27, recordando a Néstor Kirchner, comparto esta cuarta entrega de algunos párrafos TEXTUALES de mis notas, en este caso de la publicada el 24 DE OCTUBRE DE 2003, los días en que empezaba la CAMPAÑA MEDIATICA, de la mano del privilegio, para enfrentar las conquistas que se iban concretando, y el debate que se iría tornando caliente acerca de la LIBERTAD DE PRENSA.

Mucho, pero mucho antes, del “Clarín Miente”, o del desbarranque total de Carrió:

“En la Argentina no existe la ‘libertad de prensa’: ello implicaría que todo tipo de organizaciones sociales y políticas, así como el ciudadano común tuvieran acceso pleno a los medios masivos de comunicación. Ni hablar de la de información, que incluye el derecho a recibir información veraz, objetiva, oportuna, y completa, es decir el derecho a enterarse de todas las noticias, sin exclusión alguna.”
“A lo sumo, ‘libertad de empresa’, o sea el derecho de propiedad ejercido por los grupos económicos que hoy detentan el poder de publicar, o dejar de publicar, lo que quieren. Y libertad de empresa hasta ahí, teniendo en cuenta la cesión de Papel Prensa otorgada por la dictadura a algunos medios, cuasi monopólicos en cuanto al crítico insumo.
“Por ello merece atención que Noticias del 18-10-03, dedique su tapa, titulada ‘El Apriete’, al anuncio de una producción especial acerca de las supuestas presiones que estaría ejerciendo el Gobierno sobre algunos medios, intimidando o retaceando publicidad oficial.
“Nada más alejado de nuestra filosofía que justificar ‘aprietes’ de ningún tipo sobre personas o entidades, pero llama la atención esta nota en un país donde los interesados saben –repetimos, saben– que no existe la libertad de prensa. Sobre todo, cuando se acusa directamente a Néstor Kirchner, a ‘El Presidente y su entorno’.
“Esta y otras notas, de Clarín y La Nación, INDICAN QUE ESTAMOS ANTE EL INICIO DE UNA CAMPAÑA ANTIGUBERNAMENTAL DE PROPORCIONES.
"Es curioso: con algunos cambios de sustantivos, el ejercicio del ‘apriete’ podría aplicarse a los grandes grupos multimediáticos, incluso gran parte de los llamados ‘periodistas independientes’ que ocupan su espacio en ellos, para analizar su actitud y opinión escrita, u omitida, de hechos y personas que no les gustan a sus empleadores, y a los que no vacilan en presionar cada vez más abiertamente.
“Elisa Carrió, con un tono de ingenuidad propia de quien jamás estuvo en una redacción, pero indignante en una política que pretende opinar al respecto, simula preocupación: ‘Esto estaba silenciado. A mí me preocupa sobre todo el periodismo joven, porque si un periodista no trabaja por la verdad, finalmente tiene una frustración enorme’.
“Compartimos su criterio, junto al 99% de los trabajadores de prensa conscientes, pero sería bueno que lo aplique a los despedidos de Clarín o Editorial Perfil, justamente por decir la verdad o reclamar sus derechos ya que es a ese medio al que le concede el reportaje.
“‘Hoy se controla hasta la coma que se pone en un artículo. Y esto genera una autocensura muy grande’. Es así señora Carrió, pero no porque “se siente miedo del poder” político, como afirma insidiosa. En todo caso, el miedo de los periodistas jóvenes es a la patronal y a la estructura vertical del medio, la que se encargará de decirle lo que puede, o no escribir, de levantarle o mutilarle una nota, o (si insiste) despedirlo sin más.
Agenda Unite, 24/10/2003

viernes, 23 de octubre de 2020

Recordando los primeros años de Néstor (III)

 

Mientras preparo mi recuerdo personal de Néstor Kirchner, que compartiré en breve, comparto esta tercera entrega de párrafos TEXTUALES de notas que escribí en los primeros días de su presidencia, en este caso del 11 DE JULIO DE 2003.

Invito a leer y comparar los “argumentos” con los que atacaban hace… ¡17 años!

A unos no se les cae una idea, pero otros no tienen memoria.

“En una edición anterior señalamos los pasos de la cruzada de manipulación ideológica que, a nuestro juicio, rodeó y rodea la gestión Kirchner.
"En aquel momento, puntualizamos seis líneas de acción:

1. Desautorización del candidato, comenzando por su capacidad de gestión: ninguna experiencia “nacional”, antecedentes “preocupantes” de su gobierno en Santa Cruz, etc.
2. Campaña “sucia” al estilo de “El chirolita de Duhalde”. O un poco más elaboradas, como “El Cámpora de Duhalde”, presentando como análisis político la tesis de la dependencia que tendría respecto al “aparato duhaldista” Kirchner, si llegara a la presidencia.
3. Ahora, ya electo , y sin renegar de lo dicho, se pasa a una nueva teorización: su presunta falta de legitimidad, y por lo tanto de capacidad de gestión, por el escaso número de votos, 22,24%, obtenidos en la primera vuelta.
4. Ante el ascenso en la imagen positiva del Presidente, surge el “estilo K”, mezcla de auténticas expresiones de buena voluntad con un intento descarado de vaciar de contenido el debate político.
5. Contemporánea con la anterior, casi su continuación natural, sostienen que Kirchner produce “muchos gestos y pocos hechos”. Es una abierta presión por la falta de “hechos” reclamados por el establishment y por gestos que sí, molestan a los “grupos concentrados”. Braman por la falta de “un –SU– programa económico global” (compensación a los bancos, aumento de tarifas, pago del total de la deuda externa, apoyo a las AFJP o menguada coparticipación federal, entre otros temas), por completo distinta del apoyo para algunas definiciones y el impulso a otras (salario, más justa distribución de la riqueza, mercado interno, producción y desarrollo, reestatización de las AFJP) de los que nos consideramos parte del campo popular.
6. La aparición de groseras caracterizaciones como “setentistas” o “nostálgicos” anticipan una suerte de revanchismo anti izquierdista, que lo es antiperonista combativo, contra un sector del Gobierno, al menos.

"Son indicios apenas, pero podemos anticipar que su eventual crecimiento, incluso brutalidad, será directamente proporcional al rechazo de Kirchner a las presiones del establishment".
Agenda Unite, 11/7/2003