sábado, 5 de abril de 2014

Las 50 ciudades más peligrosas del mundo

Curioso: ninguna es Argentina. Buenos Aires tiene un índice de 5,4 homicidios por cada 100.000 habitantes. Nueva Orleans y Detroit (EEUU) 56, 1 y 54, 6, respectivamente. La bella Acapulco, la de las soñadas vacaciones en México, inmortalizada por Pedro Vargas y María Félix, 112,8. Fuente: Wikipedia en base a datos oficiales.

n ºCiudadPaísHomicidios
(2013)
Población
(2013)
Homicidios
cada 100 000
1San Pedro SulaBandera de Honduras Honduras1 411753 990187.14
2CaracasBandera de Venezuela Venezuela4 3643 247 971134.36
3AcapulcoBandera de México México940833 294112.80
4CumanáBandera de Venezuela Venezuela 377 374 706100.72
5BarinasBandera de Venezuela Venezuela 331 353 44294.08
6CaliBandera de Colombia Colombia1 9302 319 68483.20
7MaceióBandera de Brasil Brasil795996 73379.76
8Distrito CentralBandera de Honduras Honduras9461 191 11179.42
9FortalezaBandera de Brasil Brasil2 7543 782 68472.81
10Ciudad GuayanaBandera de Venezuela Venezuela6951 050 28369.02
11Ciudad de GuatemalaBandera de Guatemala Guatemala2 1233 103 68568.40
12João PessoaBandera de Brasil Brasil515723 51566.92
13BarquisimetoBandera de Venezuela Venezuela8041 242 35164.72
14PalmiraBandera de Colombia Colombia183300 70760.86
15MaturínBandera de Venezuela Venezuela284 487 04959.92
16NatalBandera de Brasil Brasil8381 454 26457.62
17SalvadorBandera de Brasil Brasil2 2343 642 68257.51
18VitóriaBandera de Brasil Brasil1 0661 857 61657.39
19São LuísBandera de Brasil Brasil8071 414 79357.03
20CuliacánBandera de México México490897 58354.57
21TorreónBandera de México México6331 167 14254.24
22KingstonFlag of Jamaica.svg Jamaica6191 171 68652.83
23Ciudad del CaboBandera de Sudáfrica Sudáfrica1 9053 740 02650.94
24ChihuahuaBandera de México México429855 95550.12
25Ciudad VictoriaBandera de México México167339 29849.22
26BelémBandera de Brasil Brasil1 0332 141 61848.23
27DetroitBandera de los Estados Unidos Estados Unidos332706 58546.99
28Campina GrandeBandera de Brasil Brasil184400 00246.00
29Nueva OrleansBandera de los Estados Unidos Estados Unidos155343 82945.08
30San SalvadorFlag of El Salvador.svg El Salvador7801 743 31544.74
31GoiâniaBandera de Brasil Brasil6211 393 57544.56
32CuiabáBandera de Brasil Brasil366832 71043.95
33Nuevo LaredoBandera de México México172400 95742.90
34ManausBandera de Brasil Brasil8431 982 17742.53
35Santa MartaBandera de Colombia Colombia191450 02042.44
36CúcutaBandera de Colombia Colombia260615 79542.22
37PereiraBandera de Colombia Colombia185464 71939.81
38MedellínBandera de Colombia Colombia9202 417 32538.06
39BaltimoreBandera de los Estados Unidos Estados Unidos234619 49337.77
40Ciudad JuárezBandera de México México5051 343 40637.59
41San JuanBandera de Puerto Rico Puerto Rico160427 78937.40
42RecifeBandera de Brasil Brasil1 4163 845 37736.82
43MacapáBandera de Brasil Brasil160437 25636.59
44Puerto ElizabethBandera de Sudáfrica Sudáfrica4121 152 11535.76
45MaracaiboBandera de Venezuela Venezuela7842 212 04035.44
46ValenciaBandera de Venezuela Venezuela 7922 299 02635.42
47CuernavacaBandera de México México227650 20134.91
48Belo HorizonteBandera de Brasil Brasil1 8005 182 97734.73
49San LuisBandera de los Estados Unidos Estados Unidos109319 29434.14
50AracajuBandera de Brasil Brasil300899 23933.36

lunes, 31 de marzo de 2014

Adiós, Raúl


 Intocadas, como su recuerdo en estos cinco años, comparto estas lineas del 31 de marzo de 2009, que sintetizaron y sintetizan mi pensamiento.

Alfonsín, solo Alfonsín, su muerte y el dolor mayoritario de la gente de a pie dominan hoy los matutinos, incluso los que durante su gobierno, y sobre todo en su resistencia a las políticas de los ’90 fueron clasistamente crueles con él, criticado más por sus aciertos que por sus errores.

Estas líneas rinden hoy un insuficiente pero urgente homenaje al Presidente que garantizó la transición democrática, un político de una generación de militantes y estudiosos que ponían el cuerpo para defender sus ideas –que siempre fueron la de un capitalismo más justo, sea esto posible o no-- y, quizá más allá de todo eso, un gran ser humano, especie casi en extinción en lo que hoy suele definirse con poca rigurosidad académica como “clase política”, categoría que lograba sacarlo de sus casillas.

Quien esto escribe aprendió a respetar a ese hombre afable, de tremendo carisma y calidez (pero de fuertes convicciones que podían estallar en fastidio) en más de una conversación con las juventudes políticas durante la dictadura, para coordinar acciones por los presos y desaparecidos, algo que Ricardo Balbín y la mayor parte de la dirigencia política peronista, desarrollista, socialista o democristiana jamás aceptó, por temor o incluso conformidad con la “limpieza” genocida. Fui, sin embargo, un duro y quizá visto a la distancia exagerado, opositor del político ya Presidente, aunque no me faltaran razones, que alguna vez el propio Raúl me otorgó.

Habíamos llegado al golpe de 1976 con la consigna “Liberación o Dependencia” y con ese horizonte salimos de él, sin ver que el mundo había cambiado. Todo lo que hacia Alfonsín nos parecía insuficiente, vacilante, inaceptable, frente a un proyecto emancipador que considerábamos a la orden del día, aunque no supimos ver que las relaciones de fuerza en el país y en el mundo habían cambiado: los movimientos de liberación nacional, salvo notables excepciones, se extinguían, o se corrompían; entraba en crisis el sistema del llamado “socialismo real”, estábamos en medio de la “crisis de la deuda”, con tasas de interés astronómicas, y en el mundo ya campeaba la “revolución conservadora” de Thatcher y Reagan, cuyas semillas fueron sembradas en nuestra tierra por la dictadura, pero florecieron plenamente con el menemismo.

Recordando aquellos días de ira, donde don Raúl fustigo a la organización a la que yo pertenecía por habernos deslizado demasiado a la izquierda, yo le respondí personalmente que “Nos ve muy a la izquierda, porque él se corrió a la derecha”. No fue justo. Se lo confesé ante su mirada risueña en los años del “exilio” al que lo sometió la “prensa independiente” y el establishment por ser un férreo y fundamentado crítico IDEOLOGICO y POLITICO del neoconservadurismo, publicando un libro demoledor contra la “contrarrevolución” derechista en el mundo: “Democracia y Consenso”. Fue en esa ocasión que me pidió que participara en la mesa redonda para presentarlo en la Feria del Libro. No pude dejar de advertirle: “Raúl, sobre la Obediencia Debida, el Punto Final, el Plan Austral o el Primavera, no puedo dejar de volver a criticarlo…” “Decí lo que quieras” me interrumpió, y así fue, aunque parafraseándolo, “no le fue tan mal…”
Porque aún en la crítica no fue lo mismo una política de derechos humanos que se inició con la CONADEP y el Juicio a las Juntas, con condenas y procesados, mientras nuestros vecinos avalaban la amnistía (Uruguay), ignoraban el tema (Paraguay y Brasil) o directamente aceptaban de comandante en Jefe del Ejército, y senador vitalicio, al terrorista Pinochet (Chile), con militares que resistían los juicios refugiándose en cuarteles comandados por los asesinos y torturadores, en uno de lo cuales se intentó asesinarlo mediante una bomba, que una política de impunidad que mediante el indulto de Menem liberó a decenas que ya estaban entre rejas y recién con la actual gestión, los que no están ya muertos, comienzan a volver al lugar del que jamás deberían haber salido.

Porque no fueron lo mismo las concesiones de la “economía de guerra” que la entrega del patrimonio nacional, la ruina de miles de productores de la ciudad y el campo o el arrasamiento del salario y las conquistas obreras de Menem.

Porque no fue lo mismo acusar a Estados Unidos de intervencionista en Granada y Nicaragua en las narices de Ronald Reagan en conferencia de prensa conjunta en los jardines de la Casa Blanca, armar el grupo de Contadora para proteger al sandinismo sitiado o el Grupo de los 100 para seguir Viviendo, en defensa de la paz mundial, o las bases de la integración regional con el Mercosur, que las “relaciones carnales” con EE.UU.

“Tuve que hacerlo. Me toca pagar el precio a mí, como ya fue y parece va a seguir siendo”, me dijo una tarde en su departamento de Santa Fe, a metros de Rodríguez Peña, mientras Margarita Ronco traía un té para la incipiente ronquera que lo molestaba, cuando me explicaba el Pacto de Olivos: Menem ya había decidido, y tenia la media sanción en Diputados y mayoría en el Senado, aprobar solo la cláusula reeleccionista, mientras la negociación y el acuerdo permitió introducir muchas de las propuestas que el multipartidario y multisectorial Consejo para la Consolidación de la Democracia, bajo la batuta del brillante Carlos Nino, propuso para una reforma constitucional bajo su mandato.

Estaba triste. Las condenas, ya que no críticas, eran impiadosas, de la derecha a la izquierda, aunque ésta suele olvidar que la iniciativa contra “el pacto”, que en principio gozó de simpatía en la población, fue comandada por el mitrista matutino La Nación, que bramó por el intento de “modificar el espíritu liberal” de la Constitución de 1853 y Alsogaray, para quien “con cambiar en el Congreso el artículo que impide la reelección basta”. Además de la inefable derecha radical, lo herederos de Alvear (al estilo Cobos, que lo condenó más de una vez en público) que siempre lo odió porque del “krausismo” había pasado a una clara posición socialdemócrata.

Pocos saben de esos días oscuros en que Alfonsín fue aislado en su propio partido, por convicción u oportunismo. Pocos de su tarea invisible, pero firme, para enderezar el rumbo de la Alianza mientras era despreciado y “ninguneado” por Fernando de la Rúa y el “Chacho” Álvarez, que comandó el regreso de Cavallo al gobierno, entre una amplia caterba que ahora llora con oportunistas lágrimas de cocodrilo. Casi nadie conoce su aporte secreto a la “gobernabilidad” del país luego del “que se vayan todos”, acordando con peronistas y otros partidos vías de salida a la crisis.

Alfonsín no fue el “padre de la democracia”, porque la democracia tuvo muchos padres, y sobre todo muchas Madres. Pero lucho por ella en la dictadura cuando muchos callaban y encontró la forma, su forma, de ser el garante de la transición democrática, lo que lo ubica para siempre en la historia grande de los argentinos. Su tan minimizado “Con la democracia se come, se cura, se educa” mantiene absoluta vigencia. Porque todavía la republica argentina no es una república democrática, porque no lo será mientras no coman, se curen y eduquen todos los argentinos.

Esa es la disyuntiva, no la falsa “República o autoritarismo” que nos quieren vender, ahora también con la avalancha oportunista de medios “independientes” y fracasados opositores que descubren ahora la histórica prédica de Alfonsín por el diálogo, su definición de que la democracia es conflicto, pero también consenso, su reivindicación de los partidos políticos para tratar de armar una suerte de contraposición entre sus ideario y el “autoritarismo” y “autismo” de "los" Kirchner.

Tampoco Alfonsín era “agua de pozo” cuando había que defender sus principios. Lo hizo jugando su libertad, su vida, y luego su “capital político”, sabiendo que muchas veces no sería comprendido. Es inaceptable –y nos comprometemos firmemente a combatir y denunciar con nombre y apellido cada intento—que pretendan utilizarlo, levantando y vaciando sus conceptos los que, como la Sociedad Rural, contribuyeron al armado de el “golpe de mercado” que lo sacó “escupiendo sangre” como se vanagloriaban. O los que solían reírse, cuando no ignorarlo simplemente. Incluso algunos de sus ahora compungidos correligionarios, cuando lo “desapareció” la prensa, salvo para calumniarlo o aún caricaturizarlo, cuando muchos radicales lo dejaron solo o, peor aún, se sumaron al coro de condenas por esas mismas definiciones, y el pecado mayor del que no hablan: pretender cambiar, a su modo y con sus límites, el modelo de rapiña y dependencia y, en el llano, ser la voz la más fuerte y autorizada de las poca voces que condenamos el neoliberalismo y el neoconservadurismo en los años del discurso único.

Sin ocultar nuestras profundas diferencias, que él era el primero en respetar, pero también muchos y profundos acuerdos, y el respeto por el estadista, el hombre y --¿porqué no, pese a la diferencia de edad que nunca me hizo sentir?—el amigo, le digo, con los míos, adiós Raúl.

jueves, 27 de marzo de 2014

"Secretos en Rojo" en Paris: la infancia extraviada


Salón du Livre, Paris, 2014
 
En la foto, en el estante bajo de Ediciones Corregidor, a la izquierda,como debe ser, mi libro en el Salon del Libro de Paris. Algo que no esperaba. Estuvieron, entonces, tantas luchas de camaradas y compañeros, nuestras grandezas y miserias, las pocas alegrías y el dolor en la lucha por un mundo mejor.
Comparto, por primera vez, un breve fragmento de "La infancia extraviada", parte del Capítulo "El largo adiós al PC".


De niño soñaba que había nacido “para ser bandera”.
Uno de esos mártires admirados que los camaradas llevaban consigo hasta la victoria; que se sacrificaban dando todo de sí por los ideales nobles y –en una especie de compensación– vivían eternamente en el corazón de las luchas populares.
Ni siquiera percibí que la infancia jamás llegó; al menos no como para los otros chicos…
Con mis hermanos aprendimos de muy niños a cruzar la calle, “pero en el sentido del tránsito”. Para que pareciera natural –un gesto de prudencia ante los automóviles– el giro de cabeza que en realidad nos permitía percibir si nos seguía la policía de civil.
No se jugaba con los chicos del barrio. La escuela siempre quedaba a casi una hora de camino, y los amigos que me hiciera nunca podían saber dónde vivía. A los efectos de las relaciones sociales, papá o mamá estaban muy enfermos para las visitas, y no teníamos teléfono…
Desde los seis años, cuando apenas iniciaba la primaria, supe que existía la posibilidad de jamás volver a ver la casa en la que estaba viviendo –todas eran ocasionales– ni a los amigos que me hubiera hecho, e incluso asistir a alguna juntada que hubiéramos arreglado de antemano.
Sabía, lo supe casi desde que tengo memoria: que, de un día para otro, podía perder los pocos tesoros que guardaba: mis barquitos de juguete, algún autito, aquellas amadas revistas sobre “Vidas Ejemplares”, “Hora Cero”, las aventuras de los superhéroes, y mis irremplazables libros de Julio Verne, Alejandro Dumas  y Emilio Salgari.
Sabía, lo supe casi desde que tengo memoria: que un día podría –tuve que, no pocas veces– ir desde el colegio a un lugar completamente nuevo y desconocido. Una nueva casa, una nueva escuela, a veces nuevos amigos…
Desde la niñez se me grabó para toda la vida la práctica del militante perseguido, y de aquellos que lo acompañan en la lucha. Aprendí a inventar excusas; a mentir apellidos; a saber que en el documento –o certificado escolar– podía figurar tu rostro junto a un nombre extraño; pero que debías hacer propio con la mejor fingida naturalidad.
En cada situación debía actuar correctamente; como nos habían enseñado. Cada palabra era clave; cada error podía ser fatal. Cada momento, una mezcla de corazón acelerado y estómago anudado. No podía equivocarme; lo sabía y lo sufría. La vida de toda la familia estaba en juego…
Lo sabía; lo supe casi desde que tengo memoria. Y lo sufría. Cada día. Y en silencio. Al fin y al cabo muchos otros  militantes –quizás muchos otros chicos como yo– estaban en una situación similar o peor.
Lo sabía; lo supe casi desde que tengo memoria… Mientras vivía esa sucesión intercalada de tensión constante, el mundo de la literatura, aquel temor doloroso, el gran amor que teníamos como familia (mis padres, mis hermanos y yo), la doble identidad y los juegos infantiles. Mientras vivía todo eso, y más, con una naturalidad que hoy me resulta escalofriante…


lunes, 24 de marzo de 2014

Ni Olvido ni Perdón

MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA POR MIS CAMARADAS SECUESTRADOS Y ASESINADOS EN MARZO

Y POR MIS 30.000 COMPAÑEROS con quienes marchamos este marzo, como todos los marzos de nuestra vida, a la Plaza de Mayo.

Aun caminan contigo,
Aun caminan conmigo,
Los que nunca se fueron,
Los que nunca se han ido.

Hasta el fin de los tiempos,
Los desaparecidos,
Los compañeros nuestros,
Nuestros seres queridos.

Van contigo y conmigo.
No contaban con eso,
No han desaparecido,
No pudieron con ellos,
Ni pudieron contigo.




SUSANA BERMEJILLO GARCÍA, El 22 de marzo de 1976, fue detenida y asesinada en la provincia de Mendoza la militante comunista de veinticinco años Susana Bermejillo, que era presidenta del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo e integraba la Comisión Universitaria Provincial del Partido Comunista.

SALVADOR BERON, militante comunista asesinado el 23 de marzo de 1977 por la Triple A en Córdoba.

MARIO ANIBAL CASTRO CARRASCO. Militante comunista asesinado el 22 de marzo de 1976 por la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) en Buenos Aires.. El caso figura en la Conadep, bajo el registro: Castro Carrasco Mario Aníbal. Ejecución sumaria. Redefa 217. 


TERESA ISRAEL, abogada comunista, defensora de presos políticos, secuestrados y desaparecidos, arrancada de su hogar, en la calle Campichuelo, de la Capital Federal, por un Grupo de Tareas el 8 de marzo de 1977, a los 22 años.

DOMINGO SÁNCHEZ 20/3/1977, 44 años, militante del Partido Comunista, gremialista del transporte secuestrado en su domicilio de San Fernando.


VICTOR NICOLÁS MINSBURG, 21/3/ 1977, militante de la FJC (Fede), estudiante de Psicología y músico. Fue secuestrado a la medianoche, en su domicilio de la calle Cabezón 3611, Capital, delante de sus padres y trasladado al CCD “El Atlético”.

FABIO BERNANDO GOLDRING y ALICIA ELENA PALANCO DE GOLDRING. Matrimonio de militantes del PC, secuestrados el 22/3/77. Militantes del PC., El de 36 años, vendedor de calzado. Ella, de 27, empleada. Ambos parte del conjunto Teatral de la Cooperativa de Morón, del cual Fabio era Director.


sábado, 8 de marzo de 2014

Pablo Escobar y la nueva geopolítica del narcotráfico

Los primeros años del siglo XX marcaron definitivamentae el fracaso, desde cualquier punto de vista, de la "guerra contra las drogas" lanzada por Estados Unidos en los ’70, que partía de la idea de reducir el consumo mediante el control de la oferta.
En Globalización, narcotráfico y violencia (Norma), Juan Gabriel Tokatlian explica de manera sencilla pero clarísima el carácter quimérico de esta cruzada, que asume que una represión eficiente y sostenible permitirá, en algún momento, extinguir el problema.
En otras palabras, la ilusión prohibicionista de que será posible, por vía del combate duro, lograr la abstinencia total.
Nada de esto ha sucedido, por supuesto. Pese a los esfuerzos guerreros, la prevalencia del consumo de drogas se ha mantenido más o menos igual en los últimos años. Según Naciones Unidas, sólo el 5 por ciento del total de la población mundial adulta –208 millones de personas– consumió algún tipo de estupefaciente prohibido en los últimos doce meses, mientras que solamente el 0,6 por ciento registra un patrón problemático de consumo. La marihuana, la droga más difundida, es consumida por el 4 por ciento de la población (unos 165 millones de personas), y hay alrededor de 16 millones de consumidores de cocaína y 24 millones de anfetaminas. Colateralmente, la guerra contra las drogas ha generado efectos sociales, medioambientales y de derechos humanos muy negativos. Y también consecuencias políticas impensadas, como la emergencia del liderazgo de Evo Morales, que no se entiende sin considerar la brutal represión a los cocaleros del Chapare por las fuerzas de seguridad bolivianas asistidas por la DEA.
Pero no sólo la demanda, también la oferta se mantiene estable, lo que ha llevado a algunos buenos lectores de Adam Smith, como el escritor Mario Vargas Llosa o los editores de The Economist, a inscribirse en el cada vez más nutrido bando de la despenalización. La producción de cocaína, tras el descenso experimentado luego del boom de los ’80 es más o menos la misma desde hace una década. Lo mismo sucede con la de marihuana, en tanto que la producción de heroína y drogas sintéticas se ha incrementado.
Pero lo más notable del análisis de la oferta es su especialización geográfica en territorios con fuerte influencia político-militar de Estados Unidos: Afganistán produce el 80 por ciento de la heroína del mundo, el 60 por ciento de la cual se concentra en la provincia de Helmand, en el sur del país. Los talibán, que en el pasado combatieron las plantaciones de amapola por motivos religiosos, aprendieron la lección y ahora las administran (y se benefician de ellas), lo que demuestra que cuando hay dinero de por medio incluso las interpretaciones islamistas más fanáticas se flexibilizan. En cuanto a la cocaína, casi la totalidad se produce en tres países: dos de ellos, Colombia y Perú, son aliados estratégicos de Washington (el tercero es Bolivia). La marihuana, en cambio, se cultiva prácticamente en todos lados, pues alcanza con una maceta y un poco de sol. Hasta en Cuba, que combate las drogas con rigor stalinista, es posible ver las plantas a la vera de algunas rutas.

Todo cambia
 Pero que la guerra contra las drogas haya fracasado no implica que no haya producido efectos. El más importante es una reconfiguración del narconegocio a nivel global que incluye el traslado de los centros estratégicos de decisión de Colombia a México y la caída de los grandes carteles de los ’80/’90, en un proceso que tuvo su punto más alto con la muerte de Pablo Escobar Gaviria, el capo del Cartel de Medellín que había llegado a controlar el 80 por ciento de la cocaína del mundo, que llegó a ser el séptimo hombre más rico del planeta según Forbes y que en su gigantesca hacienda de Antioquia contaba con un zoológico privado por donde se paseaban hipopótamos, jirafas, elefantes, cebras y avestruces. La serie que lo retrata –El patrón del mal– se ha convertido en un justificado un éxito de rating.
¿Qué es lo que sucedió? Básicamente, que la ofensiva antidroga arrinconó a los tradicionales carteles andinos y se sumó a las nuevas tecnologías de comunicaciones (GPS y celulares) y a los avances en el campo de la aeronáutica (sistemas de bombeo para recargar combustible en vuelo y ganar autonomía) para definir una reconversión a gran escala, a la que también contribuyeron ciertas transformaciones económicas, como la mayor fluidez del comercio internacional y el perfeccionamiento de los mecanismos de lavado de dinero. Como consecuencia de estos cambios, la estructura piramidal anterior, que implicaba una integración vertical de los diferentes eslabones de la cadena de producción en una relación cara a cara bajo un único liderazgo al estilo Escobar, fue reemplazada por organizaciones autónomas que operan bajo la forma de un circuito de postas, en donde cada paso del proceso (cultivo, primer procesamiento en bruto, refinación, corte y distribución) queda a cargo de una banda diferente, muchas veces situada en un país distinto (Juan Cruz Vázquez, La sombra del narcotráfico, Editorial Capital Intelectual).
Esto le da al narco actual un carácter más descentralizado, transnacional y elusivo. Cada eslabón de la cadena conoce sólo al anterior y al siguiente, de modo que, si cae, no arrastra al resto, que pueden ser reemplazados con facilidad. Y produce también una cierta economía de la violencia. ¿Qué significa esto? Por sus características, el negocio del narcotráfico es eminentemente territorial: requiere zonas de cultivo, rutas de traslado y áreas de distribución (y ejércitos para protegerlas). Es este carácter de frontera, más que la maldad intrínseca de los capos, lo que explica su estilo violento. Pero los narcos aprendieron de la experiencia de líderes como Escobar, que inauguraba partidos de fútbol, se hacía elegir diputado y conquistaba a periodistas despampanantes, y tienden a comportarse, cada vez más, de manera sigilosa y mimética, camuflados en la “vida normal” de la ciudad. Por eso, a diferencia de lo que sucedía hasta hace unos años, hoy ya no conocemos los nombres de las narcoestrellas, que recién cuando son detenidas nos revelan todo su mal gusto para las casas (grandes), los autos (deportivos) y las chicas (siliconadas).

En casa
El lugar de Argentina en esta nueva geopolítica narco también ha cambiado.
En los últimos años, las presiones de Estados Unidos y la cooperación con las agencias de seguridad local fueron limitando las posibilidades de las organizaciones del área andina para operar en sus países. La radarización de las zonas selváticas de Perú, Ecuador y sobre todo Colombia limitó los vuelos desde los lugares de producción hacia el mercado norteamericano y forzó a las redes ilegales a ensayar triangulaciones y nuevas rutas. En esta nueva división regional del trabajo, Argentina dispone de algunas ventajas comparativas: cuenta con el puerto más importante de Sudamérica, aeropuertos muy transitados y 15 mil kilómetros de fronteras escasamente custodiadas (más por la ausencia de conflictos limítrofes que por una especial desidia gubernamental).
El aumento de la producción de coca en un país limítrofe como Bolivia, admitido por el mismísimo Evo Morales, el desplazamiento de parte de los cultivos colombianos a Perú y el auge de las plantaciones de marihuana en Paraguay terminaron de cerrar el círculo. La consecuencia de este nuevo contexto es la radicación en territorio nacional del último eslabón de la cadena de producción: la transformación de la pasta base en cocaína en las llamadas “cocinas”, que además aprovechan la amplia disponibilidad de solventes ácidos y oxidantes de la industria química local, la segunda más importante de la región, y el desconocimiento –o complicidad– de policías poco acostumbrados a lidiar con bandas narco profesionales.

Si Argentina fue durante años un país de tránsito y más tarde un país de tránsito lento, hoy es un centro de producción con destino a los lucrativos mercados del Primer Mundo. Se estima que la mayor parte de la droga sale por el puerto de Buenos Aires y que el resto se traslada en vuelos comerciales, fundamentalmente desde Ezeiza, como confirma la decisión de las autoridades del Hospital Teresa de Calcuta, cercano al aeropuerto, de acondicionar una sala de terapia intensiva especialmente destinada a los capsuleros, las mulas que son detectadas con droga dentro de sus estómagos, e incluso prevé contar con médicos que hablen francés, inglés y portugués para atenderlos.
Uno de los efectos colaterales del nuevo lugar de Argentina en el entramado narco es el aumento del consumo local. Los especialistas coinciden en que los niveles de prevalencia se acercan hoy a los de los mercados maduros de Europa y Estados Unidos. Sucede que, bajo las nuevas condiciones de organización intermodal del negocio, se ha generalizado el pago en drogas, que bajan por las rutas que conectan los puntos de ingreso en la frontera noroeste y noreste con las ciudades de Córdoba, Rosario y Buenos Aires. La utilización de la misma droga como moneda de cambio obliga a las bandas a buscar mercados, o a pelear por ellos, y el procesamiento en las cocinas permite utilizar los desechos para producir paco.
El resultado es una montaña de dinero para comprar policías y jueces y, como sostiene Marcelo Saín, el quiebre del tradicional pacto de regulación del delito con las fuerzas de seguridad, lo que a su vez explica la disparada fenomenal de la violencia en algunos puntos, como Rosario, donde el año pasado se registraron 200 homicidios intencionales, una tasa superior a los 20 homicidios cada 100 mil habitantes de, por ejemplo, San Pablo.

Confusiones
El debate acerca de la incidencia del narcotráfico, necesario y urgente, debería, sin embargo, evitar simplificaciones y lugares comunes. Por ejemplo, la confusión acerca de la mejor forma de combatir el negocio, que depende mucho menos de radares y scanners que del trabajo paciente y silencioso de las agencias de Inteligencia, como demuestra el hecho de que la droga sigue ingresando a Estados Unidos por la frontera mexicana a pesar de los 40 mil agentes que la custodian, el muro artillado de mil kilómetros y los drones que la sobrevuelan día y noche.
También convendría poner en cuestión el entusiasmo un poco irresponsable con el que algunos impulsan la creación de policías municipales, que pueden ser útiles para acercar la seguridad a los vecinos pero que, sin un adecuado sistema de supervisión, podrían derivar en pequeñas bandas armadas fácilmente corrompibles. Esto es justamente lo que sucede en México, donde hay más de tres mil cuerpos de policía (que se entienda: no tres mil agentes sino tres mil instituciones de policía) que se disputan el servicio de albergue a los grupos narco en verdaderas subastas de protección. Para evitarlo, el único camino conocido es la conducción efectiva por parte del poder político, algo que, como demostraron los amotinamientos de diciembre, está lejos de suceder.
Por otra parte, aunque la tan mentada relación entre pobreza y drogas es más compleja de lo que habitualmente se piensa, resulta difícil entender el auge del narcotráfico sin considerar su función social. En efecto, si se analiza el conjunto del negocio es fácil comprobar que los oligopolios se sitúan sobre todo en la producción, y que a medida que se desciende en la cadena se van multiplicando los actores hasta llegar a una amplia atomización en el último nivel.
Sucede que, a diferencia de lo que ocurre con los productos legales, cuya comercialización se concentra en las grandes cadenas –de supermercados o ropa o lo que sea–, en el caso de las drogas es imposible, por motivos de seguridad, oligopolizar la distribución minorista, que recae en miles y miles de dealers individuales, en general pertenecientes a los sectores excluidos. Según los números de Iban de Rementería (revista Nueva Sociedad, Nº 222), ellos se quedan con el 57 por ciento del ingreso total. Los datos coinciden con los de Mauro Federico, que en su libro Mi sangre explica que un kilo de coca cuesta 250 euros en Bolivia, 950 en la localidad salteña de Salvador Mazza, 2500 en Buenos Aires y 35.000 en las calles de Barcelona. Para decirlo con las palabras de moda, las drogas contribuyen a la redistribución del ingreso.
Advirtamos por último sobre las comparaciones apresuradas. Argentina, contra lo que se escucha a veces, no podrá ser nunca Colombia sencillamente por una cuestión topográfica: no existen aquí selvas y montañas aptas para los cultivos ni porciones sustanciales del territorio sustraídas al control del Estado durante décadas, las “zonas marrones” sobre las que prevenía Guillermo O’Donnell. Tampoco México, que comparte 3300 kilómetros de frontera con el principal país consumidor del planeta. La idea de que Rosario es la “Medellín argentina” no pasa por lo tanto de una exageración televisiva. Pero Argentina sí puede acercarse a Brasil (no a Río, porque las favelas son verdaderos fuertes controlables por los narcos desde sus cuarteles en las alturas, como muestra bien esa enorme película que es Tropa de Elite) sino a San Pablo, megalópolis de llanura en la que, como en Buenos Aires o Rosario, la pobreza más extrema convive pornográficamente con la opulencia más absoluta.José Natanson.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Circular TC-1801 de las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE) del Pentágono

 
Nazifascistas ucrannianos: todo sea por la "democracia"


Las denuncias sobre la presencia de exmilitares israelíes en las revueltas ucranianas confirman la diversidad de opciones que tiene Estados Unidos en el desarrollo de actividades subversivas en ultramar.

Esa cooperación, como también ocurre en Siria, Afganistán y otras naciones, está en correspondencia con la Circular de Entrenamiento TC-1801 de las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE) del Pentágono, publicada en noviembre de 2010, bajo el título "La Guerra no Convencional" (GNC).

El documento señala en su primer capítulo que el apoyo del gobierno estadounidense a un movimiento de resistencia puede realizarse de forma indirecta o directa.

"En ocasiones no es deseada la asistencia abierta, y en estos casos las autoridades norteamericanas pueden ofrecerlo mediante un socio de una coalición o un tercer país..."

"Normalmente, Estados Unidos circunscribe el sustento indirecto solo al entrenamiento y la logística, porque las guerras limitadas presentan un ambiente mucho más restrictivo y exigen un bajo perfil en las operaciones del gobierno norteamericano".

De acuerdo con la TC-1801, la variante directa es más probable en los escenarios de una contienda general, porque resulta menos controvertida su visibilidad, y puede incluir "una mayor variedad de apoyo logístico, entrenamiento y asistencia con asesores".

Según el sitio digital de la organización académica canadiense Global Research, exmiembros de unidades de operaciones especiales de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) participan en las acciones subversivas en Ucrania, bajo el mando directo del Partido ultraderechista Svoboda.

Delta es el nombre de guerra del jefe de los llamados Cascos Azules de Maidan, un veterano de un batallón de inteligencia de la tristemente célebre Brigada de Infantería Gibati.

Esa unidad de las IDF participó en varias masacres contra palestinos en la Franja de Gaza entre 2008 y 2009, añade el texto de Global Research, firmado por el profesor Michel Chossudovsky, quien cita como fuente a la Agencia Judía de Noticias.

El grupo que actúa en territorio ucraniano está compuesto por alrededor de 40 hombres y mujeres bajo el mando de cinco exmilitares sionistas.

 
Por otra parte, a juzgar por el mencionado manual del Pentágono, la variante de GNC aplicada contra Ucrania estaría ya en la última de las siete fases que comprende este tipo de guerra: "la derrota del régimen adversario y la protección del gobierno recién instalado".

Para el estadío actual la TC-1801 prevé acciones destinadas a poner las armas y municiones bajo control de las nuevas autoridades, así como utilizar los miembros de la resistencia como milicias locales.

En todo esto desempeñan un papel fundamental las unidades de Asuntos Civiles (AC), pertenecientes también al Pentágono, las que proporcionan la información a los jefes para establecer, mantener o explotar las relaciones entre las fuerzas castrenses, la población y el resto de los factores del conflicto.

Las llamadas operaciones cívico-militares pueden incluir la realización de actividades y funciones que normalmente son de la responsabilidad del gobierno local, regional o nacional del país donde actúan.

En ese sentido, la TC-1801 establece que "las unidades de AC en la Fase Siete de la GNC se utilizan para apoyar a la administración civil, asesorar, asistir y dar legitimidad al nuevo gobierno".

Por supuesto, en el caso de Ucrania las unidades que realizan estas y otras acciones similares en la etapa actual del conflicto, actúan en cooperación con los servicios de espionaje de los países aliados de Washington en Europa, pero también con la ayuda de Israel, como señala la denuncia de Global Research.

Para ello necesitan grandes cantidades de dinero, pero eso lo prometió el secretario de Estado, John Kerry, quien arribó a Kiev el martes, y antes de pasear por la Plaza de Independencia anunció que Washington otorgaría a las nuevas autoridades ucranianas más de mil millones de dólares.