martes, 4 de marzo de 2014

Mariano Moreno y el Plan de Operaciones

 
A fines del siglo 19 un ingeniero e investigador argentino, Eduardo Madero, quien estudiaba en el Archivo de Indias (Sevilla) la historia del puerto de Buenos Aires, encontró por casualidad un documento que cambiaría radicalmente la mirada sobre la Revolución de Mayo, su carácter y la significación más profunda de los hechos. Ello habría de modificar sustancialmente la opinión sobre el pensamiento y la influencia de  uno de nuestros héroes mayores: Mariano Moreno, quien solamente actuó diez meses en política, entre los 37 y 38 años. Dicho documento se denomina "Plano que manifiesta el método de las operaciones que el nuevo gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata deve poner en práctica hasta consolidar el grande sistema de la obra de nuestra livertad e independencia" (1).
 
El ejemplar hallado era una copia manuscrita del original redactado en 1810 por Moreno, por encargo de la Primera Junta de gobierno, que en sesión secreta del 15 de julio de 1810 había aprobado un pedido del general Manuel Belgrano para preparar un plano (plan) de operaciones que hiciera frente a la grave situación que se cernía sobre la  Revolución. El 27 de junio el diario "La Gazeta" había reclamado acciones punitivas para desbaratar la contrarrevolución que se reagrupaba en Córdoba, bajo el mando de Santiago de Liniers, a la espera de refuerzos realistas que debían llegar desde el Alto Perú.
 
El 28 de julio Moreno firma la orden de fusilar a Liniers y demás cabecillas de la sedición "allí donde se los encontrase". El 26 de agosto Domingo French fusila a Liniers por orden personal de Castelli. Luego del pedido de Belgrano la Junta encargó a su secretario de Guerra, Mariano Moreno, la redacción del plan. El 30 de agosto Moreno finalizó su redacción y el plan fue aprobado por unanimidad de la Junta en sesión secreta una semana después.
 
El 12 de septiembre Moreno impartió las órdenes secretas a Castelli para que se hiciera cargo del Ejército del Norte, arrestara y fusilara a los contrarrevolucionarios de Potosí y el Alto Perú, y marchara hasta Lima. El 7 de noviembre el plan comienza a dar frutos y las fuerzas patriotas derrotan a los realistas en Suipacha. El 15 de diciembre Balcarce, cumpliendo las órdenes de Castelli y Moreno, fusila a Nieto, De Paula Sanz y Córdoba, jefes de la represión a los levantamientos alto peruanos de 1809 y brutales esclavistas de indios. Pero el 18 de diciembre el Jefe de la Primera Junta, el terrateniente, encomendero y propietario de minas de Potosí Cornelio de Saavedra logra derrocar a Moreno, quien será envenenado en alta mar cuatro meses después, en marzo de 1811, mientras surcaba el Atlántico en viaje oficial a Londres. Saavedra lo había mandado a la muerte. 
El secreto mejor guardado

Sabedor de la importancia que poseía el documento hallado, Madero lo envió al general Mitre, quien por entonces se hallaba escribiendo sobre Moreno. La existencia de dicho plan --hasta entonces minuciosamente ocultado por Mitre, Vicente Fidel López y el Deán Funes-- trastocaba toda la ideología escrita como historia argentina por los vencedores de Caseros y particularmente por los de Pavón. El contenido del plan negaba toda la construcción teórica realizada por el genocida del pueblo paraguayo y de los paisanos federales. Negaba todo sentido a la línea Mayo-Caseros urdida por Mitre y Sarmiento y destruía un falso icono de la historiografía escrita por de los vencedores de la nación federal.
 
Por el contrario, el plan vinculaba mucho más a la Revolución de Mayo con el accionar de San Martín en Mendoza, en Chile y en el Perú y especialmente con el gobierno de Juan Manuel de Rosas, al punto que dos de los más estrechos colaboradores de Moreno, su hermano Manuel y el general Tomás Guido (éste, después, secretario privado del general San Martín) serían a su vez estrechos colaboradores de Rosas durante todo su gobierno. Hablamos de Rosas, a quien San Martín le obsequiara su sable antes de partir definitivamente a Francia. Estos datos son sistemáticamente ocultados por la historiografía liberal.
 
El plan negaba de cuajo el anatema colonial  de 'civilización o barbarie' inventado por Sarmiento, el primer Alberdi, Echeverría y los asesinos de Dorrego. Por el contrario, ubicaba a Moreno como un claro  antiliberal y un  americanista convencido, y por ello antibritánico, proteccionista, popular e indigenista. El mismo Moreno que proponía sumar a la revolución a José Gervasio de Artigas (jefe de los gauchos e indios orientales) y a los guaraníes, era partidario de utilizar el rigor revolucionario para enfrentar al terror contrarrevolucionario. Terror del que Moreno había sido testigo cuando la brutal represión que siguió al levantamiento del inca Túpac Amaru, continuado luego con la represión a Túpac Katari y por la forma terrible con que el virrey Abascal había aplastado la Revolución de La Paz de 1809. Conocedor entonces de la barbarie imperial española, Moreno respondía con el rigor revolucionario al mejor estilo de Cromwell y Robespierre.

El 'extravío' de Don Bartolo

La aparición del plan revolucionario de Moreno trastocaba toda la construcción ideológica de Mitre. El general --uno de los pocos vencedores-historiadores, que legara un diario para cuidar el futuro de sus ideas-- no era partidario de los discursos apologéticos, irracionales y falsos al estilo de Sarmiento, quien inventaba defectos inexistentes en sus enemigos.
 
Tampoco utilizaba el sistema de Vicente Fidel López, que hallaba oportunos documentos para justificar sus ideas a veces elitistas y a veces simplemente portuarias, pero siempre racistas, reaccionarias. El general Mitre quería ser más serio y si bien sostenía suelto de cuerpo ideas tales como que la "raza criolla en la América del Sud, elástica, asimilable y asimiladora, es un vástago robusto del tronco de la raza civilizatoria índico-europea a la que está reservado el gobierno del mundo." (2), no estaba en condiciones de negar la autenticidad del documento. Por haber sido el vencedor de la larga guerra civil iniciada luego del derrocamiento de Moreno, dispuso seguramente de mucha documentación --negada a la posteridad-- que probaba la existencia de dicho plan.
 
Obró entonces de la manera elegante que le era característica. Simplemente 'extravió' el manuscrito y por ende no pudo citarlo ni opinar sobre él. No sería la única vez que el astuto Don Bartolo extraviara documentación importante. Cuando muerto San Martín, su yerno, Mariano Balcarce, enviara a Mitre un baúl con todos los documentos que el Libertador dejara sobre su relación con Bolívar, su gobierno del Perú y la histórica entrevista de Guayaquil, con expreso pedido de que se publicara después de su muerte, el general Mitre también 'extravió' esa información tan valiosa. Dichos papeles fueron reconstruidos en parte por los historiadores a partir de la correspondencia entre los Libertadores, las opiniones de Bolívar, de Monteagudo y particularmente las del general Guido, quien se carteó de manera  regular con San Martín durante casi treinta años.
 
Esa documentación negaba de cabo a rabo las tesis de Mitre y su Historia de San Martín, a quien retrata como un prócer local que llevó la revolución 'argentina y porteña'  al resto de la América 'bárbara'. San Martín decía seguramente lo que siempre había dicho y lo que en verdad había ocurrido:su partida del Perú y la necesidad de entregar su ejército a Simón Bolívar se debió principalmente a la traición de Buenos Aires (es decir, del partido directorial-rivadaviano), opuesto a su expedición al Perú y particularmente a conformar la columna que, al mando del general Güemes, debía atacar por el Alto Perú en simultáneo con el desembarco del Libertador en el puerto peruano de El Callao. Eso hubiera permitido liquidar de un golpe la guerra de la Independencia en el corazón del poder español en América y recuperar para el Río de la  Plata las provincias alto peruanas, por entonces sometidas al genocidio realista. Ese era el inicio del gran estado americano con base en el antiguo Incario,  el plan maestro de la Revolución de Mayo.
 
El plan también desmentía que la revolución fuera porteña, “civilizada” o ”argentina”, como sostenía Mitre, sino americanista, mestiza y continental. Al igual que en el caso de Moreno, los papeles de San Martín sostenían que ninguno de nuestros próceres fundadores pensó jamás en las patrias chicas, esas que los agentes del imperialismo británico tales como Rivadavia, Manuel J. García, Mitre y Sarmiento construyeron sobre las ruinas de la patria grande americana, concebida en el plan continental de Miranda e impulsada a partir de la Revolución de Mayo por Moreno, Belgrano, Castelli, San Martín, Bolívar, Monteagudo, Artigas, Güemes, Morelos, Hidalgo, Dorrego y Rosas. El plan de Moreno y el recorrido militar de San Martín marcaban una línea revolucionaria profunda, no reformista, y no sólo diferente sino opuesta a la llevada adelante por el partido pro británico y unitario en sus versiones rivadaviana, mitrista o roquista.
 
Moreno sigue allí

El conocimiento de ese documento fue negado por la historiografía liberal, llegando al paroxismo con Ricardo Levene, en su momento presidente de la Academia Nacional de la Historia, quien ordenara realizar un estudio grafológico --¡¡de una copia manuscrita!! -- para demostrar lo que ya había anticipado el propio Madero: que el documento encontrado por él era una copia y que por lo tanto no había sido realizada por mano de Moreno. Posteriormente, el hallazgo fue corroborado por copias similares halladas en los EEUU y en Río de Janeiro, así como por múltiples referencias a él que figuran en casi toda la correspondencia que mantuvieron entre ellos los miembros de la Primera Junta y de la logia revolucionaria. El propio Alberdi señalaría que "el Plan de Moreno es un aporte de Buenos Aires a la revolución americana" (3).
 
Estas circunstancias obligaron a la historiografía liberal a aceptar su existencia. Pero lo hicieron a regañadientes, de modo que en la enseñanza oficial no se lo menciona o bien se lo hace incidentalmente, sin profundizar en la importancia de su contenido. Al punto que los manuales de historia aún señalan que la pelea de Moreno contra Saavedra, el Deán Funes y Rivadavia se debía al carácter apasionado del secretario de guerra y no a los proyectos políticos contrapuestos que estaban en juego y que el plan del secretario de la Primera Junta había puesto negro sobre blanco.

El plan proponía desde el vamos la construcción de una gran nación -toda la América Española, desde el sur del Mississippi hasta el Cabo de Hornos, tomando como base los casi mil años del Incario, las ricas historias de mayas y aztecas y la cultura común o asimilable de la mayoría de los pueblos americanos, con la inclusión de Brasil,  previo levantamiento de sus esclavos y sus criollos revolucionarios. Era el diseño de una nación poderosa, moderna, industrial, con la tierra repartida  democráticamente entre sus habitantes y con la explícita dignificación de las masas indias y negras. El plan propiciaba la eliminación de todas las formas de esclavización de los indígenas, tales como la encomienda, la mita y los obrajes, devolviéndoles a los pueblos originarios sus derechos y tierras. Su propuesta de nueva nación americana emancipada no dejaba duda alguna acerca de la decisión irrevocable de romper con España (la invocación a 'La máscara de Fernando' es un mero ardid para no enfrentar abiertamente al poder español hasta poder elegir el momento y el lugar más conveniente para hacerlo).
 
La propuesta incluía a negros, indios, mulatos, mestizos, gauchos y criollos por igual. Y en eso Moreno se instala en la vanguardia de su tiempo y del mundo de entonces, apartándose incluso de la calificación de jacobino que recibe de muchos de sus bien intencionados defensores. Moreno y nuestros criollos porteños de la Logia Lautaro (San  Martín, Belgrano, Castelli,  Monteagudo, Rodríguez Peña, French, Guido y Manuel Moreno), incluyendo al montevideano Artigas, proponían, inspirados en Túpac Amaru, la igualdad de todos los americanos.
 
Contemporáneamente, la revolución norteamericana había garantizado los goces de la libertad a todos los ciudadanos, excepto a los negros esclavos y a los indios, quienes no poseían derechos. La revolución francesa obró de igual modo. Los derechos eran para los ciudadanos franceses -los patricios, los propietarios- pero no para los pobres y mucho menos para los esclavos de las colonias, lo que dejó sembrada la semilla para las nuevas revoluciones que se producirían durante los siglos XIX y XX.
 
En cambio Moreno y nuestros próceres americanos proponían la igualdad real, partiendo de la base material de dicha igualdad: la propiedad comunitaria de la tierra, ya que en una sociedad agraria como era entonces América del Sud, la única igualdad posible debía basarse en la distribución de la tierra entre los ciudadanos.
 
La burguesía comercial porteña, aliada con los ganaderos bonaerenses, impediría una y otra vez, a lo largo de nuestra historia, cualquier forma de distribución democrática del suelo. Se apropiaría ilegítimamente de la mayoría absoluta de las tierras de la nación, cerrando el camino al gran país pensado por Moreno. A más de 200 años del plan, con el 50% de la tierra en manos de siete mil (7.000)  familias y empresas, y 20 millones de hectáreas  en manos extranjeras, la Argentina sólo tiene unos 40 millones de habitantes. Los EEUU, si bien distribuyeron sólo entre los blancos la tierra que era de los indios, lo hicieron de forma mucho más democrática, y hoy se aproxima a los 300 millones de habitantes. 
 
La nación de Moreno
 
El plan proponía un estado nacional poderoso que abarcara desde el Sur de los EEUU hasta la Tierra del Fuego, enorme extensión  que Francisco de Miranda llamara Colombiae. Proponía expropiar las 150 principales fortunas mineras --entre ellas las de ricos encomenderos y mineros como Cornelio Saavedra-- de Potosí y de todo el Virreinato para "industrializar la nación". Proponía sublevar a los esclavos de Brasil, anexando su territorio casi en su totalidad. A esta nación republicana, libertaria y seguramente federal --si bien en el plan no figura esa expresión-- Moreno proponía sumar, en plano de igualdad, tanto a los gauchos de Artigas como al pueblo guaraní.
 
A los primeros les encomendará la sublevación de la Banda Oriental, por entonces en manos realistas. Cuestión ésta la de Artigas y sus gauchos a la que siempre se negaron los elitistas y racistas porteños, que proponían, por el contrario, "no ahorrar sangre de gauchos". De haberse llevado a cabo el levantamiento del actual Uruguay cuando Moreno lo propuso, en agosto de 1810, seguramente hubiera ayudado a resolver en  favor de las fuerzas patriotas la campaña militar de Castelli en el Alto Perú.
 
El plan proponía establecer una política proteccionista y (en palabras actuales) "vivir con lo nuestro" en el plano económico. En noviembre de 1810 se prohibió la salida de oro y plata del Río de la Plata con destino a Londres. Esto, sumado a la expropiación de las grandes fortunas permitiría la creación de un estado nacional poderoso para desarrollar la economía. En palabras del prócer: "las medidas a adoptar consistían en expropiar quinientos o seiscientos millones de pesos en poder de cinco o seis mil individuos, expropiación que beneficiaría a cien mil habitantes". Esa enorme suma de dinero en manos de una minoría "no puede dar el fruto ni fomento de un estado, que sí lo darían puestos a facilitar fábricas, ingenios, aumento de la  agricultura, etcétera (...) En esta virtud, luego de hacerse entender más claramente mi proyecto, se verá que una cantidad de doscientos o trescientos millones de pesos, puestos en el centro del estado para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, etc., producirá en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesite para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro del que pesan”
 
Moreno encara el problema central de la Revolución: poner en movimiento y transformar en generadoras de trabajo, bienestar y riqueza colectiva las cuantiosas fortunas atesoradas por la minoría de monopolistas, esclavistas y usureros. De este modo la agricultura, la manufactura y la navegación podrían desarrollarse y el país se independizaría del comercio extranjero (5). Moreno fue derrocado apenas decretó la prohibición de salida de metálico con destino a Londres por los intereses  pro británicos expresados por saavedristas y rivadavianos.
Si bien alentaban buenas relaciones con Gran Bretaña, los revolucionarios, que estaban obligados a aceptar el dominio británico sobre los mares y el comercio mundial porque necesitaban su apoyo para enfrentar a España, recomendaban cuidarse de la ambición inglesa y tomar en cuenta su apetencia de dominio. Con una claridad que aún sorprende, Moreno estampó en el Plan el siguiente comentario acerca de Inglaterra: "reconocemos en dicha nación, en primer lugar, ser una de las más intrigantes por los respetos del señorío de los mares, y lo segundo por regirse siempre todas sus relaciones bajo el principio de la extensión de miras mercantiles, cuya ambición no ha podido nunca disimular su carácter" (8).
 
Ejemplifica los peligros de dichas relaciones con la situación de Portugal respecto de Inglaterra, la cual tiene a aquella "sometida a una vergonzosa e ignominiosa esclavitud (...) que sus fines no son sino chupar la sangre de su estado,  extenuándolo de tal suerte que tal vez sus colonias americanas se conviertan en inglesas algún día (...) Portugal se desengañará a costa de su sangre y destruirá su  despotismo, regenerando sus corrompidas costumbres y conocerá los derechos de la santa libertad de la naturaleza" (8). El Gobierno de Buenos Aires debía impedir que Portugal conquistara "la América del Brasil o la parte de ella que más convenga", y para ello proponía "emprender la conquista de la campaña del Río Grande del Sur, por medio de la insurrección, y los intereses que sacrificaremos con el propósito de proteger la independencia y los derechos de su libertad" (8)Castelli ejecuta el plan 
 
El plan es la base de la campaña militar de Juan José Castelli al Alto Perú y su extraordinaria acción de gobierno desde La Paz y las provincias alto peruanas. Tal vez junto al de Artigas, los más avanzados que hayan habido en América, y más ambiciosos aún que la revolución mexicana, el peronismo, la Guatemala de Arbenz, la Revolución Cubana o el Chile de Allende. Castelli dispuso la liberación de los indios, el reparto de tierras, el cierre de los obrajes, la eliminación de la mita y la encomienda; mandó ejecutar a los contrarrevolucionarios y explotadores, confiscó los bienes de los 'godos' y promovió el rescate de las culturas originales.
 
Su proyecto era derrotar a las fuerzas realistas en el Perú y tomar Lima para llegar a Caracas, donde entonces luchaba Francisco de Miranda a la cabeza de la revolución venezolana. Esa intención (concretada años después por Bolívar tras recibir el ejército de San Martín en Guayaquil) señala fuera de toda duda cual era el plan continental y maestro de la emancipación americana, que sosteníanCastelli, su primo Belgrano, y Moreno. El primero y el último habían sido compañeros en Chuquisaca cuando juntos defendían a indios pobres y a esclavos
en el estudio jurídico de otro gran americanista, Esteban Agustín Gascón. Juntos visitaban en dicha ciudad a otros dos célebres americanos: Manuel Ascencio Padilla y su esposa, Juana Azurduy.
 
Castelli mostró una ejemplar tenacidad para enfrentar a los enemigos internos de la revolución como Saavedra, el Deán Funes y los rivadavianos. La tenacidad e insistencia de Castelli, así como la acción política y militar del general  Belgrano --su defensa del norte del territorio del contragolpe español, su propuesta del Rey Inca en el Congreso de Tucumán-- señalan que el plan era el proyecto de la nación americana, explicitado por la Logia de Buenos Aires pero inspirada en la línea mirandiana, tal como se lo trasmitiera Castelli en el Alto Perú a su colaborador Monteagudo y que luego éste discutiera en detalle con el general San Martín.
 
Decía entonces Castelli, al mando del ejército que estaba pronto a marchar sobre Lima, en cumplimiento de las órdenes de Moreno y pese a la oposición de Saavedra: "Toda la América española no formará en adelante sino una numerosa familia que por medios de la fraternidad pueda igualar a las respetadas naciones del mundo antiguo (...) Preveo que allanado el camino de Lima, no hay motivo para que todo el Santa Fe de la Bogotá (las actuales Colombia, Venezuela y Ecuador) no se una y pretenda que con los tres, y Chile, formar una asociación y cortes generales para forjar las normas de su gobierno". (6)
Luego del asesinato de Moreno y la detención y muerte de Castelli, el Plan sería abandonado por un tiempo. Lo retomaría  después la Logia Lautaro, a partir de octubre de 1812, tras la llegada del Libertador al país. Antes, Tomás Guido y Manuel Moreno habían recibido a San Martín en Londres, procedente de España, en la casa de Francisco de Miranda, donde se hospedaran luego del asesinato de Mariano durante el viaje hacia la capital británica. Mientras tanto, a los sesenta años de edad, el gran Miranda estaba dirigiendo la revolución en Caracas.
 
Derrocado Moreno y con Castelli vencido en Huaqui, gracias al desvergonzado boicot de Saavedra y Viamonte --que mantenían correspondencia con los jefes realistas, a quienes comunicaban los planes de Castelli--, con Belgrano de campaña en el Paraguay (otro error de Moreno, que envió lejos al principal cuadro político-militar a enfrentar los justos reclamos localistas de Asunción), en Buenos Aires gobernaba la contrarrevolución, primero saavedrista y luego rivadaviana. A poco estuvo la revolución de ser destruida totalmente, de no ser por la desobediencia de Belgrano a las órdenes liquidacionistas de Rivadavia, quien lo intimó a bajar hasta Córdoba y así dejar libre el Norte a las tropas de Abascal, que era exactamente lo que el Virrey del Perú reclamaba. Planes que había conocido Belgrano en documentos secretos capturados al enemigo y que lo decidieron a dar batalla en Tucumán y Salta, donde venció a las tropas españolas, y le dio una vida más a la Revolución de Mayo.
 
Los héroes que vos matáis...
 
En orden a los ocultamientos y distorsiones de la historiografía liberal, mencionemos  a tres personalidades determinantes en el curso de la independencia americana. El general Tomás Guido, que será la mano derecha de San Martín durante toda la Guerra de la Independencia, su principal consejero y lo que hoy llamaríamos "principal operador político". Después, tras el autoexilio del Libertador, Guido se convertirá en uno de los más sólidos pilares del gobierno de Rosas.

El otro gran continuador del plan --miembro prominente de la Logia Lautaro creada por Miranda-- será Bernardo de Monteagudo, segundo de Castelli en el Alto Perú hasta su detención por la contrarrevolución saavedrista. Liberado de la cárcel realista, en Chuquisaca, en 1809, por el ejército de Castelli, se convertirá junto a Guido, a partir de 1812, en uno de los colaboradores políticos más estrechos de San Martín, primero, y de Bolívar después, en el Perú. Será Monteagudo el redactor de las resoluciones de la Asamblea del año XIII y de las actas del Congreso de Tucumán, tres años después. De su puño y letra se escribirá que nuestra Declaración de la Independencia se hizo a nombre de las Provincias Unidas de Sud América y no del Río de La Plata, como la tergiversará el mitrismo. De la misma manera Monteagudo, San Martín, Belgrano, Bolívar --entonces desde Jamaica--  Guido, Manuel Moreno, Martín Güemes y Pueyrredón serán quienes exijan que los Directores Supremos elegidos desde 1816 se denominen Directores de las Provincias Unidas de Sud América y no del Río de la Plata, como esgrimen falsamente Mitre, Paul Groussac, Vicente Fidel López y Sarmiento.  Antes de cumplir 55 años Monteagudo sería asesinado en Lima por enemigos de la revolución.
 
Monteagudo  será asesinado en una calle de Lima por los intereses reaccionarios que se daban por satisfechos con haberse desembarazado de la tutela española y no querían profundizar ninguna revolución, y mucho menos una que incluyera gauchos, indios, negros y mestizos. En una célebre proclama, y para el caso de que no alcanzaran los uniformes para vestir a toda la tropa que se preparaba para cruzar Los Andes, el mestizo San Martín propuso hacer la guerra "en pelota, como nuestros paisanos los indios; seamos libres, lo demás nada importa"
 
El tercer entenado de la historiografía liberal, el más conocido de los tres (y al mismo tiempo el más desconocido) es Castelli, quien junto con Moreno y Belgrano integró el núcleo duro de la Revolución de Mayo. Entre otras muchas cosas, fue también su primer jefe militar y “el más peligroso tupamaro independentista", según lo calificaba la policía secreta española ya en 1803 (4). A casi dos siglos de su muerte, el escritor Andrés Rivera le rindió cumplido homenaje en su novela "La revolución es un sueño eterno".
 Norberto Colominas
 
Referencias

1)  Moreno, Mariano. El Plan Revolucionario de Operaciones. Editorial Plus Ultra. Buenos Aires, 1993
2)  Mitre, Bartolomé.  Historia de San Martín y la Emancipación Americana, 1887, capítulos 1 y 11.
3)  Citado por Shumway, Nicolás. La Invención de la Argentina. Emecé, 1993
4)  Pigna, Felipe. Los mitos de la historia argentina. Norma, 2004.
5)  Chumbita Hugo. Curso de Historia Argentina, Universidad Nacional de la Matanza, 2004, página 76.
6)  Pigna, Felipe, ob. cit. Pág. 297
7)  Roca, Deodoro, “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”. Córdoba, 1918.
8)  Chumbita Hugo, op. cit. Pág. 37.

domingo, 2 de marzo de 2014

Repsol, YPF y la deuda pública


Argentina pagará 5.000 millones de dólares a Repsol por la expropiación parcial de YPF realizada en 2012. La petrolera española se compromete a retirar las demandas contra la Argentina. Algo que ocurrirá si la asamblea de accionistas de Repsol lo aprueba y lo mismo hace el Parlamento argentino.

El pago se realiza en bonos con vencimientos que llegan al 2033, que en caso de desvalorización, la Argentina se compromete a compensar con otra emisión de títulos por 1.000 millones de dólares.

Se trata de nueva deuda pública y marca el rumbo de mayor endeudamiento asumido en el último tiempo.

Los montos involucrados, de 5.000 a 6.000 millones de dólares, son valores superiores a los contables, lo que se explica en la imposibilidad de pagar al contado, por lo cual, resulta una cancelación financiada y altamente rentable para Repsol.

Si se busca una explicación a este pago, la justificación está en la necesidad de acudir al mercado mundial para financiar la tercera reserva mundial de “shale”, los hidrocarburos no convencionales, e inscribir a la Argentina como potencia petrolera. Siempre se sostuvo que Argentina tenía petróleo, pero que no alcanzaba a calificar como país petrolero, situación que se modificaría con la explotación del yacimiento de Vaca Muerta.

La expropiación sin pago a Repsol era esgrimida mundialmente por las transnacionales petroleras como una restricción al ingreso de capitales para el desarrollo de la producción de hidrocarburos, ya que son estas transnacionales los que tienen la tecnología necesaria para realizar la extracción.

Con el pago a Repsol y el acuerdo oportunamente realizado con Chevron se apunta a tentar a otros inversores internacionales para transformar la potencialidad del yacimiento Vaca Muerta en realidad. Es un llamado al capital externo para invertir en la Argentina, asegurando rentabilidad. En el mensaje presidencial de apertura de las sesiones parlamentarias del 2014, la Presidenta destacó el crecimiento de 3,4% en la producción petrolera y 2,2% en gas con inversiones por más de 1000 millones de dólares.

Un detalle no menor del mensaje al Congreso devino en la justificación de la privatización, al reconocer “fue para poder pagarle a las provincias las regalías que no nos liquidaban", tras lo cual resaltó que con la expropiación parcial se ha "vuelto a federalizar el recurso, porque así lo exige la Constitución nacional, que establece en cabeza de las provincias la propiedad de los recursos". Vale mencionar, que una de las limitaciones más seria para una nacionalización completa de YPF es precisamente la provincialización de los recursos naturales que dispuso la reforma constitucional de 1994, mecanismo que aseguró que las provincias avalaran el objetivo político del Pacto entre Menem y Alfonsín.

Energía para qué y para quién

Lo que no se discute es el para qué de esa producción energética, la dependencia tecnológica, económica y financiera. Un poco más se discuten los costos ambientales y sociales de la aplicación de la fractura hidráulica o fracking para la extracción.

El argumento que preside la política energética remite a la necesidad del autoabastecimiento, que por ahora supone anualmente una importación de combustibles del orden de los 12.000 millones de dólares. Todo para que funcione el modelo sojero y agrario de subordinación a las transnacionales de la alimentación y la biotecnología; la mega minería a cielo abierto; la industria del automotor y el complejo industrial de armaduría.

Ese modelo productivo es el que debe discutirse, el que demanda esas magnitudes de consumo energético, lo que nos llevaría a pensar y polemizar sobre que modelo energético se requiere para nuestro país. En rigor, se sigue la lógica del capitalismo hegemónico, estadounidense, con una fuerte apuesta a la producción de hidrocarburos no convencionales, que más allá de resistencias en varias poblaciones y algunas disposiciones legales restrictivas a esa tecnología y modo de producción, le está permitiendo a EEUU disminuir sus necesidades de importación y retomar el camino del autoabastecimiento petrolero.

El modelo productivo en el capitalismo contemporáneo apuesta fuertemente a la explotación de la fuerza de trabajo y a la depredación acelerada de la Naturaleza. Por ello es importante interrogarse sobre el modelo energético. ¿Un modelo de extranjerización y dominación de tecnología en manos de transnacionales del petróleo o una concepción alternativa?

Esta semana se hizo una Asamblea popular sobre la crisis energética donde se sostuvo el Derecho a la Energía, una posición levantada históricamente por la Federación de los Trabajadores de la Energía, la FeTERA, agrupamiento enrolado en la CTA.

La política energética viene definida desde los 90´ con privatizaciones, una política que sirvió para extraer todo el petróleo y gas posible privilegiando la obtención de ganancias, especialmente Repsol-YPF, y reorientar esas utilidades para inversiones en otros territorios, caso de África.

El cambio de gestión de la petrolera con la expropiación parcial no modificó el sentido productivo de YPF, donde la concepción mercantil se impone a una estrategia productiva para asegurar el derecho a la energía. Por eso es que se afirma que la fractura hidráulica es la mejor opción tecnológica, aun cuando se reconocen sus impactos contaminantes. Después de todo, argumentan los defensores del fracking, toda actividad industrial y más las extractivas, contaminan.

Al mismo tiempo crece la conciencia social y el debate sobre el fraking y sus efectos contaminantes, que se expresa en un movimiento social extendido que se manifiesta a varias declaraciones de Concejos Deliberantes de municipios que se pronuncian como territorios libres de fracking.

Lo que predomina por ahora es la negativa a la técnica extractiva, contaminante, y muy poco la discusión sobre el modelo energético y productivo en general, es decir, el para qué de la energía. Ello conlleva la discusión por un proyecto de soberanía energética, que pueda articular una propuesta definida regionalmente, en el camino de Petro-América que alguna vez propuso Hugo Chávez.
Julio C. Gambina

martes, 25 de febrero de 2014

Los Hijos del setenta

"Donde Ardía la Marea", mural de Anibal Cedron en conmemoración de "El Cordobazo"

Silvia Bleichmar, psicoanalista,  "la Colorada" para sus compañeros de militancia universitaria, fallecida el 15 de agosto de 2007, a los 62 años, publicó este texto doloroso y optimista, imprescindible sin duda, poco tiempo antes en Caras y Caretas.

  A pesar de la masacre que significó la dictadura,
 parte de quienes la sufrieron pervive en la generación
 siguiente, la de sus hijos, hijos de desaparecidos, de
 exiliados, de asesinados, de presos políticos. Que,
 con esa marca en su identidad, viven y sueñan en el
 magma de la cotidianeidad.
 Ahí están. Hacen periodismo, teatro, cine,
 investigación en ciencias, enseñan en universidades y
 escuelas, se instalan en el mundo convencidos de que
 esperan que se parezca más a sus sueños algún día. Sus
 padres sufrieron desapariciones y exilios, fueron
 asesinados o lesionados gravemente, se dispersaron por
 el mundo llevando unas espigas en los bolsos de viaje,
 algunos alfajores en las valijas, ponchos negros,
 rojos, blancos, fotos de familia y de amigos
 entrañables.
 
 Ellos mismos, víctimas de exilios exteriores o
 interiores, cantaron canciones patrias de otras
 tierras que no les significaban nada, fueron a
 colegios en los cuales tuvieron que callar lo que les
 producía el sufrimiento y en los cuales los trataron
 como extranjeros, descubrieron precozmente la
 exclusión y aprendieron que la solidaridad es un
 ejercicio cotidiano sin el cual la supervivencia se
 hace imposible. Muchos de ellos fueron despojados de
 su identidad y arrojados al vacío de sentido de una
 existencia construida contra las razones de su propio
 nacimiento: engendrados para sostener con vida la
 esperanza, como un acto extremo de afirmación y
 persistencia, la expropiación los desnudó de las
 envolturas simbólicas, de las frases y palabras, de
 los nombres y destinos que sus padres soñaron para
 ellos.

 Y sin embargo allí están: testimonio de la fuerza y de
 las reservas morales de una generación que se negó a
 su destitución y que los sostuvo no sólo a fuerza de
 reminiscencias sino de proyectos. De una generación a
 la cual injustamente se la acusó de deificar la
 muerte, cuando estos hijos dan cuenta del profundo
 anhelo de vida que la agitó.
 
 Rescatados no sólo por el amor de la familia sino por
 la convicción de gran parte de la sociedad que había
 asistido a la infamia más brutal de la historia
 argentina en el siglo XX, fueron sus abuelas quienes
 lograron no sólo su recuperación sino generar en el
 conjunto de la sociedad la convicción de que no se
 trataba de un asunto privado, de un "derecho de
 familia", sino de una garantía necesaria para poder
 consolidar a las futuras generaciones sobre
 asentamientos más justos y seguros.
 
 Cuando cada uno de estos niños recupera una identidad
 expropiada, se convierten en un paradigma de la
 sociedad toda: sólo el retorno a nuestros padres
 fundacionales, después de tanto apropiador que nos
 despojó de raíces y proyectos de origen, puede reparar
 nuestro exilio de más de un siglo de un país que no
 nos permitió su apropiación.
 
 Las derrotas no se pueden medir por las batallas
 perdidas sino por la propuesta para las generaciones
 siguientes. La derrota es mucho más que un
 reconocimiento de los límites de la lucha, es la
 renuncia definitiva a nuevas batallas, la despedida de
 todo aquello por lo que se ha peleado. Conlleva,
 incluso, la renegación de los objetivos sostenidos.
 Los derrotados se arrepienten no sólo de sus propias
 acciones sino incluso de aquello que los motivó a
 realizarlas. En esto consiste la derrota, porque se
 puede revisar el camino recorrido y los abismos a los
 cuales uno se asomó sin por ello renunciar a seguir
 caminando.
 
 El golpe del 76 no derrotó a una generación: la
 masacró, la expulsó de la Patria, la encarceló y
 torturó, y brutalmente pretendió arrancarle no sólo
 sus proyectos políticos sino sus sueños e ideales:
 tornarla cínica, despojada de carácter, acomodaticia
 con las circunstancias, reducida a lo posible. Se le
 propuso a cada argentino llevar hasta el extremo el
 individualismo de salvarse sólo, el terror de ser
 dañado no por los represores sino por los amigos que
 estaban en riesgo, ya que su propio destino podía
 alcanzar como onda expansiva a quienes los rodeaban.
 También se les ofreció a cambio de la moral un bono
 para canjear justicia por chatarra comprada con el uno
 a uno: un ser humano por una videocasetera, la
 educación por el shopping, un torturado por un viaje a
 Disney, la vista gorda por unas vacaciones en el
 Caribe,... Esta fue la herencia moral que pretendieron
 dejar los dictadores de los setenta.
 
 Y sin embargo, en estos chicos que siguen negándose a
 concebir al otro como un enemigo, que escriben y hacen
 música, estudian y enseñan, se juntan en los recitales
 de rock y cantan a voz en cuello, crispados o irónicos
 "La argentinidad al palo" para levantarse al día
 siguiente y trabajar, cambiar los pañales de sus
 hijos, buscar la supervivencia cotidiana, rastrear en
 la historia para entender, una vez más, quiénes son,
 de dónde vienen, por qué nos pasó lo que nos pasó,
 cómo levantarnos de nuestros propios abismos... En
 estos chicos la derrota se arrincona, expulsada cada
 vez más a los límites extraterritoriales de los
 fantasmas colectivos y no de las acciones diurnas que
 la desmienten.
 
 Por eso los hijos del setenta nos conmueven: son como
 una parte de nosotros mismos que nacieron, ya,
 atravesados por una experiencia que los hace desplegar
 lo posible sin renunciar a lo anhelado. Maduros desde
 chiquitos, obligados a ser responsables desde siempre,
 atravesados por la Historia, tratando de apropiarse de
 ella, van a la búsqueda de los sueños de las
 generaciones anteriores. Y como Sebastián, el "Nieto
 82" recuperado, cuando abraza a sus abuelos y los
 consuela de tanto tiempo perdido, saben que para ellos
 el tiempo por delante se tiñe de sabores y olores
 anhelados, aún sin imágenes ni nombre.

 

lunes, 24 de febrero de 2014

¡Con política y militancia, Revocatoria para Macri!



 


“La Mugica”, “Cultura Vallese”y “La Che” impulsamos el pedido judicial de revocatoria del mandato de jefe de gobierno y obtuvimos la autorización judicial para la recolección de firmas. 

A lo largo del año 2013, las tres organizaciones sociales citadas impulsamos la Revocatoria del mandato del jefe de gobierno porteño. Año que estuvo plagado de ansiedades, euforias, convicciones y desalientos transitorios, digo transitorios ya que esa es una de las virtudes de las construcciones colectivas, cuándo uno baja los brazos hay otro que los levanta.


 


La referida revocatoria no surge de un antojo de unos improvisados si no de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, un derecho de la población contenido en su artículo 67, hay causales objetivas alegadas por los que efectuamos la presentación que fueron receptados por el Tribunal, hoy la población de la Ciudad de Buenos Aires tiene habilitada por la justicia la recolección de firmas (20 % del padrón electoral de la Ciudad de Buenos Aires) lo que constituye el referéndum de ratificación del mandato.


 


 Tenemos en nuestra capacidad militante, la oportunidad histórica de expresar la soberanía popular, de demostrarnos que somos capaces de organizar una democracia participativa. 


 


Transformemos los insultos en una fuerza organizada.


jueves, 20 de febrero de 2014

"Me hubiera gustado conocer a Cortazar"



Con este titular, hace diez años, en febrero de 2004, el ex presidente Raúl Alfonsín publicó estas reflexiones en un matutino porteño, desmintiendo que se hubiera negado a recibir al escritor Julio Cortázar, cuando regresó al país en diciembre de 1983, dos meses antes de fallecer en París.
Años antes, cuando algunos dirigentes de su propio partido lo habían sometido a una especie de destierro interno, y los grupos mediáticos lo castigaban implacablemente,  me había comentado estos hechos, entre dolorido e impotente, en extensas charlasa con las que me honró. Con razón o sin ella, fuí opositor en 1983,  y discrepé muchas veces con Don Raúl, pero jamás dudé de su palabra: este testimonio es ineludible para asumir posiciones, pero con conocimiento de causa. Trascribo el texto completo.
He oído que algunos de los artículos y crónicas que se han escrito con motivo de recordarse los 20 años del fallecimiento de Julio Cortázar especulaban sobre la supuesta ingratitud argentina para con él, y como suele pasar en algunos medios, con una frecuencia mayor a la que me considero merecedor, optaron por sintetizarla en mí.
Comienzo por reiterar mi admiración literaria por Cortázar y mi reconocimiento a su compromiso con la causa emancipadora de América latina. Lamenté siempre, y mucho, no poder conocerlo personalmente.
En mis fugaces visitas a París, en aquellos años de las dictaduras militares, me hubiera reconfortado, seguramente, poder encontrarme con él físicamente para hablar y discutir sobre los esfuerzos que sé que compartíamos, junto a muchos argentinos más, a favor de la causa de los derechos humanos en nuestro país y en América latina. No pudo ser.
Poco menos de un año después de mi último viaje a Europa durante la dictadura (enero-febrero de 1983), ya los argentinos habíamos recuperado la democracia, y Julio Cortázar hizo su última visita a Buenos Aires. Me hubiera gustado, como presidente electo y en nombre del pueblo argentino, expresarle el agradecimiento que sentíamos hacia él por su aporte a la cultura nacional y mundial, y muy especialmente, por su respaldo comprometido en la lucha contra la dictadura. Lamentablemente, tampoco pudo ser.
* * *
Me enteré después de muchos años que Osvaldo Soriano, otro gran escritor también fallecido, había sugerido un interrogante sobre los motivos que me habrían llevado a no recibir a Cortázar en diciembre de 1983. Supe que se inclinó hacia una respuesta "intencional", atribuyéndome la decisión de querer establecer distancia con una figura vinculada con las revoluciones cubana y nicaragüense, y descartó de plano, la posibilidad de un desencuentro involuntario.
Si aquélla hubiese sido la lógica aplicada, cómo se explican mi visita a Fidel Castro, en La Habana, la recepción en aquel mismo diciembre de 1983 a Daniel Ortega, o en noviembre de 1984 a Ernesto Cardenal, ambos exponentes esenciales de la revolución sandinista, la cooperación bilateral prestada a ambos países, o la formación del Grupo de Apoyo a Contadora.
Creo, además, que si admitiera en silencio el cargo que se me formula -negarle la única reunión que le hubiera reparado tantas penas-, estaría pecando de soberbia pues estaría suponiendo que yo era la encarnación de la sociedad democrática. Además, hacerlo en soledad, también hubiera implicado avasallar el necesario pluralismo político al dar yo las explicaciones por algunos acontecimientos de los años 50 que constituyeron aquellas "quinielas necrológicas y edilicias", cuyo acierto no lo hizo feliz, como él mismo lo recuerda en la nota preliminar de "El examen".
* * *
Sólo puedo recordar lo difícil que resultaba en aquellas jornadas febriles para mí y mis colaboradores ordenar la cantidad de entrevistas, reuniones informales y asuntos que se presentaban y nos devoraban cada minuto de las jornadas sin horario. Si para Cortázar pudo resultar una gran pena no llevar a cabo el encuentro, sin duda para mí resultó además un real desmedro no poder contar en esos días con su visión y su vivencia de la realidad que estábamos viviendo.
De todos modos, estoy seguro de que Julio Cortázar igual se debe haber sentido feliz al poder volver a caminar por Buenos Aires, disfrutando de aquella libertad que un día lo había llevado a refugiarse en París, y volver a recibir el afecto de los ciudadanos "de a pie". Espero que haya sabido perdonar que como presidente electo no lo hubiera recibido aquel día, simplemente por un desencuentro lamentable.
Quisiera terminar con una reflexión sobre algunos de quienes parecen disfrutar de su crítica constante, y para ello recurriré a Julio Cortázar, utilizando algo que le atribuye a su personaje Bruno, en el cuento "El perseguidor", cuando escribe: "Un buen resumen de la vida de un crítico, ese hombre que sólo puede vivir de prestado, de las novedades y las decisiones ajenas".
Sé que existe una enorme distancia entre él y yo, en nuestras capacidades y en nuestras obras; Cortázar en la cúspide, y yo bastante más abajo; pero no tengo dudas de que al menos, en algo nos parecemos: ambos hicimos o intentamos hacer cosas, y no nos instalamos pasivamente a opinar sobre decisiones ajenas.
Si alguna vez pudiera compartir con él la mesa de un café en el universo regido por sus leyes, y tomarnos un "pernó" para inducir la mezcla de París con Puente Alsina (Ángel Gregorio Villoldo), seguramente conversaríamos de las abstracciones que están detrás de las cosas concretas, y discutiríamos sobre ideas y valores, no permitiendo jamás que desaparezcan del diálogo, pues cuando se ausentan, los hombres y mujeres quedan condenados a hablar sólo de sus semejantes.

sábado, 15 de febrero de 2014

De Enemigos y Adversarios


No pocas veces los actores políticos consolidan sus respectivos alineamientos por la posición de sus enemigos. Cada vez que José Alfredo Martínez de Hoz viajaba al exterior a tirar la manga, los portavoces del poder mundial elogiaban su lucidez y el programa político que llevaba adelante. Cuando regresaba, el coro de alcahuetes repicaba esos comentarios inspirados en los centros financieros internacionales. Pero los sectores populares desconfiaban de las zalamerías y sentían que sus bolsillos eran más flacos. 
El modelo de sustitución de importaciones reinstaurado por el kirchnerismo después de casi tres décadas de neoliberalismo atraviesa un momento crítico en el que se juega las mejoras logradas para los trabajadores. La crónica debilidad del sector externo, agudizada paradójicamente por el desarrollo industrial, permitió una corrida cambiaria que se llevó parte del ingreso ganado por los asalariados. Finalmente, en la semana que termina, el equipo económico, acusado intencionalmente de inexperto y de portar ignorancia técnica, logró parar la pelota: el dólar baja y las reservas tuvieron una leve recuperación.
Pero si el país no tuviera la solvencia macroeconómica lograda en diez años, los argentinos hubieran asistido, probablemente, a otra patética interrupción de un mandato presidencial.
Sin embargo, la influyente revista conservadora británica The Economist aprovechó la crisis producida por la falta de divisas para cargarle una vez más la decadencia nacional al odiado populismo, en una plañidera nota de tapa que recuerda los años dorados en los que la Argentina era el granero del mundo, tenía un PBI per cápita similar o superior a algunas naciones europeas, mientras en los conventillos se hacinaban inmigrantes y piojos. No se acordó en cambio el redactor de aquella Argentina de los '50, mucho más justa que la de principios del siglo XX, cuando la industria nacional producía hasta un avión a reacción.
La nota traspira el odio de los sectores conservadores contra un gobierno que nacionalizó el petróleo, estableció un control de capitales, limita las ganancias de los terratenientes y resiste las recetas del saber mundial, esas que, precisamente, llevaron a la Argentina a la decadencia.
The Economist dice que "Cristina Fernández no es más que la última sucesión de populistas económicamente analfabetos, que se remonta a Juan y Eva Perón". Por supuesto que ninguna de las tres personas mencionadas tiene felizmente la erudición económica de sabihondos como Martínez de Hoz, Domingo Cavallo o la recua de pitonisas ortodoxas que vienen sosteniendo que "se cae todo" desde hace diez años. No quisieron cortar la torta en favor de los sectores más concentrados, sino que prefirieron favorecer a las mayorías populares.
¿Era necesario haber estudiado en Harvard o pertenecer a la Escuela de Chicago para saber que si se remataban las empresas del Estado y se sustituía producción local por importaciones, miles de fábricas cerrarían sus persianas? ¿No sabían que la desindustrialización produciría un brutal desempleo, una enorme exclusión social y un estímulo a la delincuencia? ¿No fue el genocidio una condición sine qua non para aplicar el neoliberalismo? ¿Quiénes son entonces los eruditos y quiénes los ignorantes?
La Argentina fue el mejor alumno del saber mundial inspirado en el Consenso de Washington, en la receta despiadada que cree que las decisiones políticas perjudican el normal funcionamiento del mercado. Como si el desarrollo de la industria inglesa, a partir de la Revolución Industrial, no hubiese sido apoyado por decisiones políticas y hasta por la armada imperial para ganar mercados internacionales. La revista le achaca alegremente al populismo una decadencia que se produjo con el neoliberalismo, la dictadura y el menemismo. Desconoce que el kirchnerismo vino precisamente a pagar los platos rotos, la desocupación, la pobreza, la deuda externa y el saqueo a los ahorristas.
Pero una crítica tan conservadora le debe sonar a Cristina Fernández como un elogio, antes que como una condena. La presidenta debe pensar que algo debe estar haciendo bien para que semejantes reaccionarios la critiquen junto a Perón y a Evita.
Días antes de publicada la revista británica, Cristina recibió con agrado la opinión sincera de un economista adversario, que fue funcionario radical y tiene muchas diferencias con el gobierno, pero no parece tener dudas en defender intereses nacionales y a un gobierno democrático al que pretenden voltear, como le ocurrió a su correligionario Raúl Alfonsín. Miguel Bein consideró que el gobierno logró tener "la situación bajo control" luego de un intento de los mercados que "venían muy envalentonados de que iban a hacer volar a los mercados por los aires".
Los sabios del poder mundial, como el senador republicano ultraconservador de los Estados Unidos, Marco Rubio, creen que la Argentina se desbarranca en cambio hacia "una crisis financiera y un creciente autoritarismo". En coincidencia con The Economist, la derecha norteamericana culpa de autoritarismo a un gobierno democrático elegido con abrumadora mayoría y exculpa a las dictaduras de la crisis, especialmente a la última, que fue antidiluviana en lo político y neoliberal en lo económico.
Tras haber conjurado la corrida cambiaria, la batalla se libra hoy en las góndolas. Como siempre, las crisis ofrecen oportunidades. El gobierno está haciendo gestos fuertes para sostener el programa de Precios Cuidados y se apresta a impulsar un proyecto de ley en el Congreso para que las multas por las trapisondas sean pagadas inmediatamente por los supermercados. La presidenta llama por teléfono a los ciudadanos que denuncian violaciones en el programa para apoyarlos. El gobierno sabe que la clave del triunfo está en que los ciudadanos participen en defensa de sus bolsillos. Tal vez se vea más claro ahora que en la batalla contra la inflación que el gobierno está del lado de los intereses populares, que es víctima y no victimario.
Los ciudadanos de ingresos fijos que se nieguen a apoyar al gobierno en esta pulseada por diferencias políticas podrían obtener una victoria pírrica, que pagarían con menor poder adquisitivo y calidad de vida. Para denunciar la falta de un producto de precio limitado o la remarcación indebida, no hace falta ser kirchnerista. Una cosa es ser adversario político y otra muy distinta enemigo de los intereses nacionales, como Rubio o The Economist.
Si la ciudadanía se involucra y la militancia apela a la creatividad para frenar la especulación, se puede frenar el embate. Sin llegar a acciones punitivas severas, como los cierres de comercios en los '50 por “agio y especulación”, el gobierno puede organizar puestos en las esquinas de los supermercados, para ofrecer los mismos productos a precios inferiores. El Mercado Central anunció que sacaría sus ofertas a las calles. Los consumidores lo esperan para no tener que arrodillarse frente al chantaje de las poderosas cadenas de ventas de comestibles.
Rubio, The Economist y la claque de enemigos del interés nacional se rasgan las vestiduras cuando el estado interviene para moderar los excesos. Pero callan cuando la "mano invisible del mercado" azota los bolsillos populares y corroe sus eternas esperanzas. Sin embargo, sólo la política puede equilibrar una lucha eternamente desigual (Alberto Dearriba)