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jueves, 2 de marzo de 2017

Bueno, vamos a hablar (otra vez) de corrupción


   Una amiga a la que quiero y respeto por su trayectoria y entrega, me llama la atención por eludir los casos de corrupción en los gobiernos de Néstor Y Cristina Kirchner, en mi referencia al hipócrita --en ese aspecto, para otros tramos tengo adjetivos y caracterizaciones menos favorables-- discurso de Macri ante la Asamblea Legislativa. 

   Jamás oculté mis críticas, es más se lo anticipe a Néstor Kirchner cuando con otros compañeros decidimos apoyarlo en 2003, mucho antes de su triunfo: lo haría como marxista, con un fuerte impulso a lo que se hiciera bien, una crítica constructiva a las carencias o insuficiencias, y la condena a lo que en mi opinión se hiciera mal, con o sin convicción, calculado o no. 

   Mucho antes que aparecieran las denuncias de Lázaro Báez, para tomar un caso emblemático, denuncié las infamias que se producían de la mano del ahora preso Ricardo Jaime al frente de la secretaría de Transporte: en ferrocarriles, pero no únicamente.

   También los interminables negociados de los “barones del conurbano”, muchos de los cuales finalmente fueron desplazados por el voto popular, pese a que después de agitar su “cristinismo” (como antes su menemismo, su duhaldismo y así sucesivamente), en casos recalaron en las filas de Massa, o directamente del PRO-Cambiemos.

   Tampoco los manejos y muchas decisiones de las gestiones, para llamarlas de alguna manera, de gobernadores como Alperovich, Beder Herrera, o Fellner para citar algunos ejemplos.

   No esperé a su desplazamiento para opinar sobre Redrado, Prat Gay, Beliz, Lousteau, Diego Bossio, Sergio Massa o Stiuso y el aparato de la SIDE.

   Pero ahora no estamos ante la corrupción que habitualmente acompaña gobiernos, militares y democráticos, y que es parte de la matriz constitutiva del capitalismo (otra diferencia, en este caso de perspectiva, con el gobierno anterior), e incluso infectó fatalmente los intentos de construir otra sociedad.
Ahora se trata de TODO ESO, que bien conocemos y sufrimos, pero SUMADO dentro de un plan sistemático de negocios para esquilmar el Estado por parte de una CEOCRACIA aliada a lo peor del actual sistema-mundo: el súper concentrado, improductivo, y depredador sector financiero internacional.

   Esto no se resuelve con las filmaciones del torpe ladronzuelo de López arrojando bolsas llenas de dólares en un convento, o en una de las tantas cuevas que el establishment inició en dictadura y multiplicó en democracia, en casos para derrocar presidentes (Alfonsín), en otros hostigarlos y arrancarles concesiones como el mantenimiento de la Ley de Entidades Financieras de la dictadura, la renta minera y pesquera (CFK) y en los más cooptarlos como en los ’90 y la trágica experiencia de la Alianza.

   La HISTORIA muestra que el Grupo Macri, uno de los fundadores de la “Patria Contratista” que esquilmó al país en los últimos 40 años, se benefició con el (primer, pero no único), perdón del funcionario de la dictadura genocida Domingo Cavallo, quien estatizó la deuda de los grandes grupos económicos nativos, en este caso particular por 170 millones de aquella época, con lo cual SU deuda pasamos a pagarla entre todos.

   No en vano, el Grupo llegó a 1976, el inició la dictadura con siete (7) raquíticas empresas, e inició la democracia, en 1983, con cuarenta y siete (47) compañías, un poderoso núcleo concentrado de poder, que jugaría un papel tan decisivo como nefasto en los años por venir. 

   Sin tener en cuenta la depreciación de la moneda estadounidense equivale a casi VEINTE VECES el contenido de LOS TORPES BOLSOS DEL CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS.

   En relación a la ACTUALIDAD, el “perdón” que intentaron con el CORREO implica VARIOS CENTENARES DEL TORPES BOLOS DEL CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS, con lo cual las horas de filmación hubieran excedido cualquier prudente campaña de videopolítica.

   Finalmente, si consideramos las otras CINCO CAUSAS (PANAMA PAPERS, AVIANCA, entre las más comprometedoras) en las que está imputado el Presidente, y los casi 100 funcionarios de su Gobierno implicados en los llamados pudorosamente casos de “conflictos de intereses”, EL CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS, tendría que pasar varios días para tirar mucho más de MIL BOLSAS DE DOLARES POR ENCIMA DE LA PARED DEL CONVENTO, o de otra propiedad de su gusto.

   Claro, no fue ni es necesario: las transferencias electrónicas y los paraísos fiscales son prolijas, pulcras, y muy de gente como ellos.

   Me produce tristeza, por la impotencia, ver al hombre y la mujer de la calle, y aún más a dirigentes que pretenden regir los destinos del país, cargar las tintas entre los políticos que “roban en el Congreso”, o desde los despachos oficiales. No porque no sea cierto, que lo es en no pocos casos. Condenables, sí, pero una minúscula, insignificante parte, de la DECENAS DE MILES DE MILLONES DE DÓLARES de la deuda externa de la que se beneficiaron funcionarios e intermediarios de la dictadura, el gobierno de Menem, el de Cavallo-De la Rúa y de la actual escalada que supera todo lo anterior, en VOLUMEN y VELOCIDAD.

   En estos casos, mientras algunos se entretienen con venales legisladores y funcionarios, que lo son, TODOS ELLOS JUNTOS, y también el CORRUPTO SEÑOR LÓPEZ Y SUS SOCIOS DEBERÍAN ACARREAR BOLSAS NO DÍAS SINO DÉCADAS, ni que hablar si cumplen con las ocho horas reglamentarias de labor.


   REPITO: no estamos ante la corrupción que habitualmente acompaña gobiernos, militares y aún democráticos, y que es parte de la matriz constitutiva del capitalismo, sino a TODA ESA CORRUPCIÓN SUMADA A UN PLAN SISTEMÁTICO DE NEGOCIOS DELICTIVOS para esquilmar el Estado por parte de una CEOCRACIA aliada a lo peor del actual sistema-mundo: el súper concentrado y depredador sector financiero internacional.

jueves, 20 de febrero de 2014

"Me hubiera gustado conocer a Cortazar"



Con este titular, hace diez años, en febrero de 2004, el ex presidente Raúl Alfonsín publicó estas reflexiones en un matutino porteño, desmintiendo que se hubiera negado a recibir al escritor Julio Cortázar, cuando regresó al país en diciembre de 1983, dos meses antes de fallecer en París.
Años antes, cuando algunos dirigentes de su propio partido lo habían sometido a una especie de destierro interno, y los grupos mediáticos lo castigaban implacablemente,  me había comentado estos hechos, entre dolorido e impotente, en extensas charlasa con las que me honró. Con razón o sin ella, fuí opositor en 1983,  y discrepé muchas veces con Don Raúl, pero jamás dudé de su palabra: este testimonio es ineludible para asumir posiciones, pero con conocimiento de causa. Trascribo el texto completo.
He oído que algunos de los artículos y crónicas que se han escrito con motivo de recordarse los 20 años del fallecimiento de Julio Cortázar especulaban sobre la supuesta ingratitud argentina para con él, y como suele pasar en algunos medios, con una frecuencia mayor a la que me considero merecedor, optaron por sintetizarla en mí.
Comienzo por reiterar mi admiración literaria por Cortázar y mi reconocimiento a su compromiso con la causa emancipadora de América latina. Lamenté siempre, y mucho, no poder conocerlo personalmente.
En mis fugaces visitas a París, en aquellos años de las dictaduras militares, me hubiera reconfortado, seguramente, poder encontrarme con él físicamente para hablar y discutir sobre los esfuerzos que sé que compartíamos, junto a muchos argentinos más, a favor de la causa de los derechos humanos en nuestro país y en América latina. No pudo ser.
Poco menos de un año después de mi último viaje a Europa durante la dictadura (enero-febrero de 1983), ya los argentinos habíamos recuperado la democracia, y Julio Cortázar hizo su última visita a Buenos Aires. Me hubiera gustado, como presidente electo y en nombre del pueblo argentino, expresarle el agradecimiento que sentíamos hacia él por su aporte a la cultura nacional y mundial, y muy especialmente, por su respaldo comprometido en la lucha contra la dictadura. Lamentablemente, tampoco pudo ser.
* * *
Me enteré después de muchos años que Osvaldo Soriano, otro gran escritor también fallecido, había sugerido un interrogante sobre los motivos que me habrían llevado a no recibir a Cortázar en diciembre de 1983. Supe que se inclinó hacia una respuesta "intencional", atribuyéndome la decisión de querer establecer distancia con una figura vinculada con las revoluciones cubana y nicaragüense, y descartó de plano, la posibilidad de un desencuentro involuntario.
Si aquélla hubiese sido la lógica aplicada, cómo se explican mi visita a Fidel Castro, en La Habana, la recepción en aquel mismo diciembre de 1983 a Daniel Ortega, o en noviembre de 1984 a Ernesto Cardenal, ambos exponentes esenciales de la revolución sandinista, la cooperación bilateral prestada a ambos países, o la formación del Grupo de Apoyo a Contadora.
Creo, además, que si admitiera en silencio el cargo que se me formula -negarle la única reunión que le hubiera reparado tantas penas-, estaría pecando de soberbia pues estaría suponiendo que yo era la encarnación de la sociedad democrática. Además, hacerlo en soledad, también hubiera implicado avasallar el necesario pluralismo político al dar yo las explicaciones por algunos acontecimientos de los años 50 que constituyeron aquellas "quinielas necrológicas y edilicias", cuyo acierto no lo hizo feliz, como él mismo lo recuerda en la nota preliminar de "El examen".
* * *
Sólo puedo recordar lo difícil que resultaba en aquellas jornadas febriles para mí y mis colaboradores ordenar la cantidad de entrevistas, reuniones informales y asuntos que se presentaban y nos devoraban cada minuto de las jornadas sin horario. Si para Cortázar pudo resultar una gran pena no llevar a cabo el encuentro, sin duda para mí resultó además un real desmedro no poder contar en esos días con su visión y su vivencia de la realidad que estábamos viviendo.
De todos modos, estoy seguro de que Julio Cortázar igual se debe haber sentido feliz al poder volver a caminar por Buenos Aires, disfrutando de aquella libertad que un día lo había llevado a refugiarse en París, y volver a recibir el afecto de los ciudadanos "de a pie". Espero que haya sabido perdonar que como presidente electo no lo hubiera recibido aquel día, simplemente por un desencuentro lamentable.
Quisiera terminar con una reflexión sobre algunos de quienes parecen disfrutar de su crítica constante, y para ello recurriré a Julio Cortázar, utilizando algo que le atribuye a su personaje Bruno, en el cuento "El perseguidor", cuando escribe: "Un buen resumen de la vida de un crítico, ese hombre que sólo puede vivir de prestado, de las novedades y las decisiones ajenas".
Sé que existe una enorme distancia entre él y yo, en nuestras capacidades y en nuestras obras; Cortázar en la cúspide, y yo bastante más abajo; pero no tengo dudas de que al menos, en algo nos parecemos: ambos hicimos o intentamos hacer cosas, y no nos instalamos pasivamente a opinar sobre decisiones ajenas.
Si alguna vez pudiera compartir con él la mesa de un café en el universo regido por sus leyes, y tomarnos un "pernó" para inducir la mezcla de París con Puente Alsina (Ángel Gregorio Villoldo), seguramente conversaríamos de las abstracciones que están detrás de las cosas concretas, y discutiríamos sobre ideas y valores, no permitiendo jamás que desaparezcan del diálogo, pues cuando se ausentan, los hombres y mujeres quedan condenados a hablar sólo de sus semejantes.

miércoles, 4 de abril de 2012

La Militancia juvenil: de Lanusse a Cámpora; de Videla a Alfonsín

Un compañero acaba de publicar una foto de la primera marcha de las juventudes políticas: en 1982, cuando agonizaba la dictadura, fecha de la que en pocos días se cumplirán 30 años.

La imagen me sacude… Brotan furiosos, incontrolables, los recuerdos de aquellos jóvenes; muchos hace tiempo sonriéndonos o frunciéndonos el ceño “desde arriba”, según si nuestra vida se ha correspondido con el compromiso asumido en aquellos años de debates y acciones, donde todo –todo– se entregaba sin aspirar más que a ganar un futuro mejor para la Patria y nuestro pueblo.

Años, turbulentos, magníficos, aterradores, heroicos, irrepetibles.

La historia viene de antes de la foto que ilustra esta nota –la del recién nacido Movimiento Juventudes Políticas (MoJuPo)– y la evoco desde el corazón; sin apuntes, ni consultas, ni google...

Comienza en la década del 70 –meses después de que Lanusse se pusiera al frente de la Junta– cuando las juventudes de los partidos políticos populares –principalmente JP, FJC y JR– participaron de la llamada Marcha contra el Hambre: una batalla campal en las calles de Buenos Aires, convocada por la Intersindical (con Agustín Tosco a la cabeza), para repudiar a la dictadura. Dos años después, las juventudes volvieron a confluir para liberar a los presos en Devoto, luego del triunfo de Cámpora, aquella madrugada del 26 de mayo de 1973.

Hasta aquel momento la unidad –salvo en acciones concretas– de peronistas, radicales, comunistas, socialistas, intransigentes y democristianos era un imposible. Y mirada con más que mala cara por las dirigencias "adultas", en la mayoría de los casos, por temor, sectarismo y conservadorismo.

Con la llegada de la primavera camporista se produjo una explosión de masas a partir de las actividades de las JP Regionales. En conjunto con la Fede y otras fuerzas movilizaban entre 50 y 100 mil personas, como por ejemplo, para el repudio al golpe de Estado contra Salvador Allende, o las modificaciones al Código Penal durante el gobierno del propio Perón.

Los carteles conjuntos JP/FJC no son una casualidad, ni están armados a gusto del fotógrafo: expresan la voluntad de unidad acuñada en el trabajo de años –1971 a 1976–, cortado a sangre y fuego, primero, por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y luego con el recrudecimiento del terrorismo de Estado con la última dictadura.

Pocas semanas después de concretado el golpe, un grupo de dirigentes de las juventudes de los principales partidos (sectores de la diezmada JP, JR, FJC, socialistas –"unificados" y "auténticos"–, democristianos de izquierda y la firme presencia de la Juventud Intransigente – que convocó a muchos perseguidos y les dio cobijo político) comenzamos una "loca" (dados el momento y las condiciones) escalada de reuniones clandestinas o semipúblicas (algunas en embajadas, otras en locales partidarios), que tuvieron en algunos casos graves consecuencias para los que participamos, pero en las que se lograron plasmar pronunciamientos conjuntos: el repudio al plan económico de Martínez de Hoz; la adhesión a la Central Única de Trabajadores Argentinos (CUTA); la libertad de los presos y el esclarecimiento de la situación de los desaparecidos.

Esa coordinación de juventudes fue el núcleo dirigente del impulso al renacer de los reclamos de los jóvenes productores (como se evidenció en los Encuentros de la Juventud de la Federación Agraria con centenares de delegados); de los obreros, protagonistas de los trabajos "a tristeza" en las automotrices o en el ferrocarril; de las revistas estudiantiles de los colegios secundario –de las que llegaron a distribuirse 4.000 sólo en la Capital Federal; de la reorganización de los centros estudiantiles, enfrentando a Moyano Llerena; de la destacada resistencia al cierre de la Universidad de Luján; y de las actividades en los clubes de barrio.

En 1979, se constituyó la inusitada Confluencia Multisectorial Juvenil por la Paz en el Beagle –con León Gieco cantando “Solo le pido a Dios” en Vélez, en el acto de cierre– cuando las dictaduras nos pusieron al borde de la guerra.

Las juventudes también organizaron marchas conjuntas por San Cayetano, con el movimiento obrero (la CUTA, los 25, la CGT de Ubaldini) por "Pan, Paz y Trabajo", enfrentando la represión militar en minibatallas por todo el barrio de Liniers; la impresionante movilización con la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con miles de personas desafiando los Falcon, las fotos y las amenazas, en Avenida de Mayo al 760. Se formularon miles de denuncias, luego de formar centenares de comités partidarios de "recepción de denuncia y apoyo a los familiares", y de que las juventudes políticas entregaran un documento conjunto y denuncias puntuales.

Ya antes, en 1978, se había constituido el Seminario Juvenil de la ADPH, que acuño la inmortal consigna-denuncia acerca de "el delito de ser joven", pues los estudios realizados en plena dictadura demostraron que más del 80% de los desaparecidos eran jóvenes; la mayoría trabajadores, seguidos por los estudiantes.

Fuerzas conjuntas de dirigentes juveniles acompañaron, asimismo, a las Madres en sus primeras movilizaciones, recibiendo los gases con los que inútilmente pretendieron ahogar a las mujeres del pañuelo blanco. Luego, la movilización de la CGT a la Plaza el 30 de marzo de 1982, las banderas por "Malvinas sí, dictadura no" – producto de la marcha acordada en decenas comités conformados con reclamos y banderas propias en colegios, universidades, barrios, que fueron los mismos que concurrieron a repudiar al régimen luego de la derrota.

Sólo este recorrido explica el renacer del MoJuPo en 1982. Con algunos personajes que ahora pueden parecer sacados de otra historia, pero que eran los más jóvenes que surgían tras seis años de combate cotidiano; de la lucha de otros centenares de jóvenes militantes y dirigentes. Éstos últimos entraron a la dictadura con al consigna "Liberación o Dependencia". La nueva generación relanzó el MoJuPo con esa misma bandera.

¿Era la apropiada? Son otras historias y requieren otras reflexiones. Hoy, ahora, sólo quiero recordar y saludar el casi desconocido heroísmo de la militancia cotidiana que compartimos en esos años terribles, sublimes, turbulentos, inolvidables, magníficos y aterradores. Irrepetibles.

Salud compañeros. A los que están y los que no están. A los que siguen adelante con las mismas convicciones, y aún a los que defeccionaron: yo los recuerdo a todos como eran. Como éramos. Más viejos; no necesariamente más sabios, pero con las convicciones intactas.

lunes, 1 de abril de 1996

Alfonsín 1996: alto voltaje en el debate con el neoconservadorismo


Desgrabación -con pocas correcciones de puntuación y subtitulados- de mi intervención en la presentación de Democracia y Consenso, en la reciente Feria del Libro, en una mesa integrada por Aldo Neri, Fabián Bosoer y el autor.

            No es fácil reflexionar acerca de un libro tan abarcativo y meduloso como el que generosamente nos ha invitado a comentar y debatir el Dr. Alfonsín, ensayo que la prensa comenta con superficialidad, omitiendo sugestivamente su eje central: el mayor voltaje político producido hasta ahora por un político argentino en el debate con el neoconservadorismo y el capitalismo salvaje.

            El ensayo abandona el facilismo de la imagen, la videopolítica y las frases marketineras, para encarar un tema clave para el futuro de los argentinos.

¿Por qué?

Pues no estamos, como algunos creen o simplifican, ante una versión trasnochada del reaganismo o el thatcherismo, sino ante una verdadera Revolución Conservadora, un salto político ideológico encabezado por preparados teóricos y cientìstas políticos con el objetivo de elevar la tasa de ganancia del capital a costa de ahondar la brecha entre ricos y pobres, entre países y continentes, lo cual pone en riesgo la legalidad y aún la estabilidad democrática en algunas naciones.

En lo económico se va imponiendo un verdadero fascismo de mercado, según la terminología de alguien insospechado de marxista, el ex profesor del ministro Cavallo, Paul Samuelson, alarmado por las cifras de pauperización de América Latina.

También se expresa en otros aspectos, que no cabe analizar ahora, como el eficientismo, el individualismo y el “sálvese quien pueda” en lo ideológico, o la seudocientífica tesis racista desarrollada desde EE.UU. en el libro La Curva de la Campana, según la cual los hispanos y negros seríamos irremediablemente inferiores. En definitiva, se busca imponer a nivel mundial la supuesta inutilidad del gasto social, o sea el “despilfarro” de ayudar a quien está condenado “genéticamente” a ser inferior.

Por eso, frente a la dictadura de datos macroeconómicos, la expropiación de la política por los tecnócratas, es fundamental la reivindicación que el autor hace del rol del político y de la teoría política. No como un recurso voluntarista ante su descrédito, sino porque nada sólido de puede proponer sin ella, y solo desde la política podemos decir que la democracia es participación.

Es hipócrita el llamado formal a la participación ciudadana cuando los movimientos de la economía real la marginan y excluyen, así como fracturan y fragmentan a la sociedad.

Frene a ello, la búsqueda del Estado Legítimo, como una actualización del Estado de Bienestar, de la complementación de libertad e igualdad, de la ética de la solidaridad frente a la exclusión y el individualismo, es la base del debate que plantea el ex presidente.

Estamos ante una polémica vital en un país donde pretenden naturalizar que es más importante la paridad cambiaria que la paridad social. Que un peso vale igual que un dólar, pero un argentino no vale igual que otro argentino, porque millones carecen de las mismas posibilidades de acceder a la salud y a la educación, mucho menos a la justicia y al trabajo.

 

Pacto Democrático, acuerdo de Olivos y neoconservadorismo

La búsqueda del consenso, de un Pacto Democrático y la propia concreción del llamado Pacto de Olivos, son parte de esa confrontación global y multifacética con el neoconservadorismo.

Creo que el libro de Alfonsín lo plantea con claridad, pues no es casual que el capitulo acerca del vapuleado “pacto” continúe con otro en el que subraya que el acuerdo y la reforma constitucional son la contracara de los criterios de gobernabilidad autoritarios que entraña el neoconservadorismo.

El eficientísmo y el neoconservadorismo han dado un paso desembozado para cuestionar la justicia social como un bien deseado, pero sus cultores ya avanzan hacia el cuestionamiento de la propia democracia como un sistema “eficiente” en términos económicos.

Esa controversia ya está planteada en Europa y Latinoamérica ante la experiencia de los “tigres asiáticos”, la propia China, o el ensayo de Fujimori en Perú, regímenes cuyo autoritarismo plantean como una virtud instrumental, otra “ventaja competitiva” para los adoradores del eficientísmo.

El Pacto de Olivos puede cuestionarse, pero no puede negarse que impidió una reforma autoritaria de nuestra Carta Magna, con un contenido regresivo. En cambio, facilitó la conquista de una constitución con indiscutibles avances, a contramano en lo ideológico-institucional de la ola neoconservadora nacional y mundial, con el método de la democracia y el progresismo: dialogo, consenso, participación.

Es lamentable escuchar la repetición de críticas superficiales acerca de una “democracia de dos”, la "menemizacion de la oposición", o una presunta “renuncia a los principios”, cuando el libro demuestra con amplia documentación algo que podría deducirse sin esfuerzo con un poco más de sentido común, pero menos mezquindad política.

En la vida política siempre hay y habrá reuniones reservadas, y aún secretas, y podrían ratificarlo los negociadores palestinos e israelíes, que lo hicieron durante meses, mientras no solo disputaban diplomática sino militarmente.

O, con un ejemplo doméstico, las muy reservadas y secretas reuniones de algunos críticos al Pacto, autodesignados propietarios exclusivos de la oposición al menemismo, quienes han elegido el 90% de sus autoridades partidarias y electivas entre las cuatro paredes de despachos y confiterías, sin ninguna participación de la militancia.

Es que lo que importa de cualquier reunión política, reservada o no, es si busca y contribuye a mejorar las condiciones de vida del pueblo, y si en última instancia sus resultados serán sometidos a su juicio y veredicto. Y en esto no caben dudas con el cuestionado pacto, aprobado posteriormente por comités y convenciones partidarias, y finalmente por el voto mayoritario de la ciudadanía.

Desde ya que la transparencia y la supuesta falta de democracia no es la crítica del poder real. Lo señala el autor, quien recuerda el inmediato rechazo editorial de La Nación, escandalizado por el peligro en que el acuerdo sometía a las “bases liberales” de la Constitución.

Es también, la condena previa, y más aún después de la reforma, del ingeniero Alsogaray, quien la calificó de “socializante”, adjetivo que gusta usar para cualquier tema relacionado a una mayor participación popular o la recuperación y defensa de derechos, todo lo cual considera, un inaceptable atentado a “libertad de mercado”.

Lo concreto es que el Senado, mayoritariamente menemista, ya había aprobado un proyecto retrógrado de reforma por vía legislativa de Leopoldo Bravo, al que la Comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados dio vía libre mediante un despacho (Durañona y Vedia y otros) de “interpretación” del artículo 30 de la Constitución de 1953, con lo cual se permitía la convocatoria a una asamblea por los 2/3 de los presentes, y no del cuerpo legislativo.

Lo concreto es que íbamos a tener que explicar, como todos los que nos consideramos progresistas lo tenemos que hacer hoy, que tipo de oposición “firme y sin concesiones” es aquella que permite que la provincia de Buenos Aires tenga una Constitución acordada entre el oficialismo y Aldo Rico, que la proclama orgullosamente como propia.

Ahora, hay quienes reclaman por una lista de puntos del Pacto de Olivos que no se cumplen.

Olvidan que la violación de los acuerdos es una realidad objetiva que hay que enfrentar en lugar de lamentar, desde los cotidianos hasta los políticos, sean estos nacionales o internacionales. Que jamás desechamos presentar un habeas corpus porque la dictadura no lo respetaba, y en muchos casos así se salvaron vidas. Que jamás renegamos de la Constitución porque se la pisoteaba.

Omiten, sobre todo, que lo que no se cumple, o se intenta tergiversar, lo que tenemos el derecho y el deber de exigir que se cumpla no es el Pacto de Olivos, sino la Constitución de los argentinos, aprobada por una Asamblea Constituyente elegida por el pueblo.


 

Economía de guerra y Estado de Bienestar

El Dr., Alfonsín, quien encara estos temas cuando trata La búsqueda del Pacto Democrático sabe que he sido un duro opositor, incluso un duro opositor, a lo que llamó Economía de Guerra.

Sigo convencido que las medidas que se impulsaron en ese periodo fueron perniciosas, mientras otras necesarias no se tomaron. Pero valoro diferente las relaciones de fuerza en ese momento excepcional de la historia argentina, jaqueada por la crisis de la deuda externa y la presión de los grupos económicos.

Entonces, buena parte del progresismo seguía -seguíamos- casi en una oposición sistemática y planteando como alternativa inmediata Liberación o Dependencia, plenamente vigente en los años 70, pero ahora en un país y un mundo que mal que nos guste había cambiado irreversiblemente, y requería creatividad y esfuerzo intelectual para encontrar nuevos caminos y reagrupamientos para realizar los mismos sueños y utopías.

Espero que el autor, que anticipa el tratamiento a fondo el Estado de Bienestar en próximos trabajos, pueda ahondar en estos elementos, sobre todo en datos precisos sobre aquel periodo, tan reveladores y documentados como los que nos brinda, en este, acerca del Pacto de Olivos. Que la sociedad toda conozca de la letra de un protagonista principal la presiones que llevaron al llamado “golpe blando”, a un nuevo tipo de terrorismo económico.

Entonces, quizá nos enteremos que algunos de aquellos victimarios son ahora víctimas de este modelo, quienes sin perder bienestar personal dejaron de ser parte del poder económico, cada vez más concentrado y voraz.

O que otros terminaron en la cárcel por rebelarse militarmente, “denunciando” que hubo quien (o quienes) no cumplieron las promesas que recibieron para -aprovechando la desesperación popular ante la crisis- pintarles la cara a los asaltos de supermercados.

 

Derechos Humanos y leyes de “impunidad”

El Dr. Alfonsín sabe también que en rechacé y rechazo las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida.

No puedo ignorar que su libro me hizo y me hace reflexionar pues los argumentos son sólidos y sinceros, aunque no alcanzan para modificar mi opinión crítica.  Sin embargo, como en el caso anterior, espero que el trabajo dedicado a ese tema nos permita conocer un poco más de la trastienda de la fundamentación de lo que él llama “punto de convergencia entre consideración de justicia y prudencia frente a un estado de necesidad”.

Es con esa autoridad que diferencio la comprensible parcialidad que impone el dolor de los familiares de las víctimas de la abierta e intencionada desinformación, a la vez que deploro la mezquindad electoral que pone en un pie de igualdad la política de derechos humanos de su gobierno y el indulto menemista.

En aquellos años difíciles, a horas de asumir y sin haber derrotado a ningún ejército, se anuló la ley de Autoamnistía, contrariando precedentes anteriores; se conformó la Conadep, que mostró a la sociedad hasta donde había llegado el horro; se juzgó y condenó a las Juntas Militares genocidas.

Mientras los demócratas chilenos deben soportar aún hoy la afrenta diaria de sufrir como comandante en jefe al criminal con cuyo nombre (pinochetismo) se rebautizó a los regímenes militares asesinos de sus pueblos, aquí, de no ser por el indulto, los responsables estaban y tendrían que estar por años tras los barrotes, para ejemplo de todas las instituciones y la ciudadanía.

Aquella fue una auténtica política de derechos humanos, aún con los retrocesos que remarcamos, mientras que, en tiempos más calmos, el indulto es una afrenta que algún día deberá ser revisada, porque es quizá el mayor agravio que sufre la causa de los derechos humanos en la Argentina.

 

Búsqueda del consenso y Pacto Democrático

El libro reseña buena parte de la búsqueda del consenso y el Pacto Democrático, antes, durante y después del gobierno del Dr. Alfonsín, y muestra clara coherencia en la conducta del autor.

Considero particularmente valioso el documentado rescate del pluralista Consejo para la Consolidación de la Democracia, que convocó durante su gestión, y de su ignorada contribución para la reforma constitucional. Era una deuda de la bibliografía política argentina, con un organismo casi olvidado pero, en mi opinión, con una trascendencia similar a la propia Conadep, aunque en el ámbito institucional y de la transición democrática.

La búsqueda de acuerdos entre partidos y sectores sociales nunca ha sido fácil en nuestro país, y casi no existen ejemplos constructivos.

En general surgieron dificultosamente de necesidades extremas, como las que rodearon al Pacto de Olivos y, anteriormente, en el enfrentamiento a las dictaduras. Y en el caso de los regímenes militares me permitiría afirmar que solo para asegurar su final y la salida electoral, jamás para intentar de inmediato una acción opositora coordinada del campo popular. Fue el caso de la Hora del Pueblo en la década del 70 y de la Multipartidaria que marchó en 1982, pese a la exclusión de alguno de sus principales impulsores.

El Dr. Alfonsín marca algunos hitos hacia ese Pacto Democrático, a los que entiendo debería añadirse el dialogo de los ocho partidos de oposición con el ex presidente Juan Perón, en un arco que abarcó desde la UCR a la izquierda democrática. Por dos razones: porque es parte de la búsqueda que reseña y rescata el autor, y porque intentó lograr acuerdos alrededor de temas económicos, sociales e incluso la posibilidad de coronar en un Consejo de Estado, lamentablemente frustrada con la muerte del ex presidente y el ascenso de lo que se llamó el lopezreguismo.

La búsqueda de consensos constructivos esenciales para la continuidad de la vida democrática del país, del Pacto Democrático que implica la Constitución, son parte esencial de una teoría y práctica progresista alternativa al neoconservadorismo.

Sin embargo, siempre fue conflictiva esta comprensión para las fuerzas que se definen como de avanzada. Y no solo en Argentina: así lo vemos en Brasil, Uruguay, Chile y otros países, en algunos casos muy dolorosamente.

Tampoco fue fácil algo que se percibe como en apariencia más simple: unirnos los que nos proclamamos progresistas para impulsar nuestros propios proyectos., Menos fácil, aún, fue plantear gobiernos de coalición, y de amplia concertación con los sectores sociales.

Sin ir más lejos, la convocatoria de Raúl Alfonsín y otros dirigentes para constituir un Foro Multisectorial, a fines de 1994, fue rechazada por varios de sus necesarios componentes, más preocupados por posicionarse frente a las elecciones presidenciales de 1995, que en comenzar a construir una alternativa seria y creíble al modelo neoconservador.

Sin embargo, estoy convencido que solo con esta búsqueda, casi de una nueva cultura, podremos lograr una confluencia de fuerzas políticas -también sindicales y de la producción- que construyan el consenso para un gobierno que se plantee un país integrado frente a su creciente fragmentación, sin marginación ni exclusión. Un país moderno que, en este mundo tan conmovido y cambiante, bregue y promueva la justicia social, con una distribución más equitativa de la riqueza.

No planteo una receta, es un desafío, que a mi juicio debe enfrentar el peligro del continuismo neoconservador, o de otro ensayo que nos lleve a una nueva frustración.

Es el desafío que -sin dudas con otras palabras- plantea y rescato de Democracia y Consenso, este valioso aporte del Dr. Alfonsín.