jueves, 16 de septiembre de 2010

La carta que el Grupo Clarin no esperaba, ni espera que se difunda


Textualmente reproduzco la carta, tal como fue enviada por los compañeros a muchso medios, pero por ahora, salvo algún blog, solo publicada en la página web Diario Sobre Diarios, a fines de la semana pasada.

"Sr. Director:

No es fácil ser un trabajador de prensa del multimedios.

Después de 11 años sin representación gremial de los trabajadores de prensa en Canal 13/TN, ocho compañeros fuimos elegidos delegados en diciembre de 2008. Por supuesto, lo habitual, desde ése momento quienes suscribimos esta carta tenemos prohibido el ingreso a la empresa.

No es fácil ser un trabajador de prensa del multimedios más poderoso de la Argentina. Por lo general los trabajadores no elegimos ni concebimos a nuestros patrones a nuestra imagen y semejanza.

Vimos desde adentro crecer la influencia y el peso del monopolio en la sociedad. Su avaro apetito de maximizar ganancias a costa de trabajadores despedidos o precarizados.

Sufrimos, hasta el límite de poner en riesgo nuestra propia salud, las presiones diarias para que ningún contenido quede fuera de control.

No es fácil ser un trabajador de prensa del multimedios y saber que de nuestros sueldos, fuera de todo parámetro convencional o paritario, dependen la alimentación, la salud y la educación de nuestras familias.

Sabemos y aprendimos con la experiencia que cuando confrontamos por un modelo distinto de periodismo y empresas periodísticas nos enfrentamos a directorios aliados de dictaduras militares. Las escalofriantes imágenes de connivencia casi familiar de la heredera del monopolio Ernestina Herrera de Noble con los dictadores Lanusse y Videla inaugurando Papel Prensa es de una violencia simbólica para muchos suficientemente “ejemplificadora” del lugar que deben ocupar los reclamos en éste tipo de empresa. Los compañeros periodistas desaparecidos, perseguidos o exiliados, son testimonios por demás elocuente.


“No es éste un lugar para libre pensadores”, reflexionaba a viva voz Carlos De Elía Gerente de Noticia de Canal 13. “Solo somos soldados” repiten sus capitanes en la redacción.

La mirada atenta de las cámaras de seguridad cubriendo todas las perspectivas posibles de una redacción sin ventanas y la policía privada recorriendo los pasillos, son recursos extremadamente eficaces para el control hasta de los deseos.

Como verán no es fácil ser un trabajador de prensa en el multimedios.

En una encuesta de opinión que realizamos entre más de 150 compañeros, y que fuera presentada como prueba en la justicia, algunos datos resultaron reveladores.

El 55% expresó que se siente a disgusto en la empresa y que percibe un clima laboral malo o muy malo. La abrumadora mayoría de un 97,5 % considera que el diálogo con la empresa no es bueno. El 91% siente que no hay instancias para opinar libremente. El 86% que recibe presiones injustificadas de sus jefes. El 40 % declara haber tenido problemas de ansiedad, estrés o depresión a causa del trabajo. Y casi la mitad dice haber tenido que recurrir a medicamentos contra esas mismas patologías.

No es fácil ser un trabajador de prensa del multimedios.

En los años 2007/8 después de mucho tiempo de silenciamiento obligado y esfuerzos “clandestinos”, nos atrevimos a denunciar las condiciones laborales que sufríamos. La total indiferencia al convenio colectivo de trabajo. La falta absoluta de respeto al Estatuto del Periodista. La falta de libertad de sindicalización. La reincorporación de los compañeros despedidos. Todas condiciones que abonan la idea de que el multimedios es un territorio desprovisto de derechos constitucionales solo comparable a la Argentina del terrorismo de estado.

Y la respuesta a nuestros reclamos no tardó en llegar. Repatriaron a la Gerencia de Recursos Humanos de Artear S.A. a un viejo conocido de los trabajadores, el licenciado Ángel Franco Cosentino, el mismo que echó a cientos de compañeros allanando el camino para que Clarín se alzara con Canal 13 en los 90. Carrera que continuó con despidos injustificados y persecutorios en Canal 9 y América.

No es fácil trabajar en el multimedios sobre todo si la decisión es organizarse junto a otros compañeros. Quince de nosotros fuimos despedidos o castigados por éste intento organizativo.

En nuestro caso, desde el día 1º de diciembre de 2008, después de más de 10 años de trabajo, la empresa nos impide el ingreso por haber sido elegidos delegados de los trabajadores de prensa.

Aun recordamos cuando, 24 horas antes de las elecciones gremiales, el licenciado Ángel Franco Cosentino amenazaba que, como nosotros, las urnas “NO ENTRATRÍAN” a la empresa. Finalmente, pese a estas maniobras, 104 compañeros eligieron una comisión interna después de once años sin representación sindical.

El 7 de julio de 2010, ya son varios los fallos en el mismo sentido, la Justicia vuelve a condenar a la demandada Arte Radiotelevisivo Argentino (ARTEAR) S.A. a reinstalarnos en nuestros puestos de trabajo y al pago inmediato de nuestros salarios, por cuanto “(…) los despidos fueron nulos (…) productos de actos ilícitos”.

No permitir la organización gremial de los trabajadores es atacar la libertad de expresión.

No reconocer los fallos de la justicia es creerse un poder superior al estado mismo.

No es fácil ser trabajador de prensa del multimedios, mucho más difícil aún, ser un trabajador organizado con opiniones independiente.

¿Cuántas comisiones internas de delegados fueron despedidas sin titubeos? Por supuesto que recordamos la lucha de los compañeros del diario Clarín por organizarse y permanecer, con ellos aprendimos.

En junio de 2008 en un acto por demás pletórico de anuncios, realizado en un estudio del canal, el Gerente de Noticia Carlos De Elía anunciaba la fusión técnica de Cablevisión y Multicanal como la coronación del exitoso e irreversible proceso de concentración de empresas, cuyo origen fue, ahora queda claro, el saqueo de la dictadura militar y las privatizaciones menemistas. Más de 250 canales, anunciaba como parte de guerra, forman esta extensa red de “Periodismo Independiente”. Para su control se recurriría a una nueva gerencia que se haría cargo de la “necesaria homogenización de contenidos” que “como el General Roca, en el buen sentido” explicó, correrían las fronteras de la comunicación en la Argentina.

Dos años después asistimos al debate de la nueva Ley de Servicios y Medios Audiovisuales que tira por tierra aquella ley de la dictadura que diera marco legal a la monopolización de los medios de comunicación y el manejo discrecional de los contenidos.

Para los trabajadores la monopolización significó menos ocupación y más trabajadores precarizados. Menos periodistas y más periodistas silenciados.

Por eso la Ley de la democracia no puede ser objeto de chantaje para los trabajadores.

Democratización de los medios de información, pluralidad, libertad de expresión, defensa de las fuentes de trabajo, aplicación de las convenciones colectivas y el Estatuto del Periodista, paritarias libres con trabajadores organizados, son caras de una misma moneda.

Porque no es fácil ser trabajador de prensa del multimedios afirmamos que ningún trabajador puede ser despedido o extorsionado. Nos merecemos dar la batalla por un trabajo digno, por más libertad de expresión, por más y mejor democracia.

Ricardo Junghanns y Marcelo Moreira
Delegados de los Trabajadores de Prensa de Canal 13/TN
Ciudad de Buenos Aires"

martes, 14 de septiembre de 2010

Subsidiando al capital (cuentito elemental)



Parece que los reencuentros, y el debate ideológico va subiendo de temperatura. Federico Soñe, otro amigo, intelectual pero sobre todo viejo luchador, me acerca estas reflexiones, duras, pero imprescindibles a mi juicio. No todas son flores, compañeros. Y necesitamos reflexionar a fondo para darnos objetivos y propuestas.

Días atrás los capitalistas que venden electricidad salieron a explicar que "toda la luz de una casa un día entero cuesta menos que un alfajor". Inmediatamente saltó el coro de almas bellas preguntándose cómo podía ser eso. Programas radiales, noticieros televisivos, diarios , revistas y páginas virtuales, es decir todo el dispositivo de degradación cultural, toda la industria de la lobotización masiva se encargó de arrojar sobre el mundo de los argentinos uno de los sintagmas más repetidos de la ideológica burguesa: subsidiar a los pobres está bien (por algo son pobres, pobrecitos) pero subsidiar a los pudientes es un despropósito.
Hasta el bueno de Zlotogwiazda, en el último número de la revista Veintitrés se atreve a preguntar "¿qué pasaría si el Gobierno invitara a las personas que reciben subsidios sin mérito de necesidad a renunciar voluntariamente al beneficio?".
Todo este devaneo sobre merecimientos e injusticias ,sobre pobres y ricos no hace más que ocultar lo que la ideología dominante no puede reconocer, esto es, que al único que se subsidia es al capital
, que los recursos tienen como objeto aumentar la masa de plusvalor obtenida. Dicho con sus palabras, los subsidios forman parte de los mecanismos para mejorar la competitividad de la industria argentina, al igual que el dólar alto (cada vez menos) y que la diferenciación del tipo de cambio vía retenciones.
Veamos un poco, el boleto de tren cuesta 1,05 pesos, pero el costo es de 4,8 pesos, es decir que por cada pasajero el Estado paga un subsidio de 3,75. Podríamos seguir con el colectivo el subte, el gas, la electricidad, pero con esto es suficiente.
La sección cuarta de Das Kapital lleva como título "La producción del plusvalor relativo" .En ella Karl Marx explica cómo se puede aumentar la producción de plusvalor, esto es el plustrabajo, la parte de la jornada de trabajo que el laburante dedica por entero al capitalista. Si con una parte de la jornada se pagó el valor de la fuerza de trabajo con la otra se genera plusvalor. Si el salario se paga con dos horas de trabajo, las otras seis pertenecen por entero a la valorización del capital. ¿Cómo hacer para que el tiempo de valorización del capital sea mayor, para que el plustrabajo se incremente por sobre el trabajo necesario para reproducir la fuerza de trabajo? Pues bien hay dos formas, que en lugar de ocho horas se trabaje diez o doce, o que las horas que se necesitan para pagar el salario en lugar de dos se reduzcan a una o a menos aún
La forma clásica de este último proceso es el aumento social de la productividad del trabajo. El tiempo de trabajo necesario disminuye porque con una hora o menos de trabajo la fuerza de trabajo paga su valor, es decir obtiene los medios socialmente necesarios para su reproducción. O dicho más sencillamente si antes se necesitan dos horas de trabajo para pagar el salario, el avance de la productividad reduce ese tiempo a una hora o a 10 minutos.
Claro que existen dos formas más. Una que se pague un salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo, es decir que se pague una miseria. Otra que una parte del salario no lo pague el capital sino el conjunto de los sociedad. Esto último es exactamente lo que hacen los subsidios.
Si el trabajador debe pagar el tren a su costo, le saldría 125 pesos por mes, con subsidio le sale 27. Se necesita seguir explicando algo más para que se entienda que esto no se lo ahorra el trabajador sino el capital .
El llamado modelo productivo combinó tres formas de aumentos del plusvalor. El absoluto, vía el incremento del tiempo de trabajo a raíz de los bajos salarios iniciales, la disminución del salario por debajo de su valor, vía una devaluación que produjo un empobrecimiento masivo de los argentinos, y los subsidios al transporte y la energía, que al abaratarlos permitía que el salario (que es un costo para el capital) no tuviera que hacer frente a estos gastos y en consecuencia abaratar la fuerza de trabajo.
Abaratar la mercancía para abaratar al obrero mismo, una fórmula vieja.
Pero al capital también se lo subsidia en forma directa. En el caso de la energía eléctrica y para hablar solo del capital industrial digamos que 110 mil industrias de consumo no electrointensivo reciben subsidios por 2.900 millones al año y que 2.700 industrias electointensivas reciben 1600 millones anuales.
¿Cuántos alfajores se compran con la energía que le regalan a la planta fabril del señor Ratazzi?
Una pregunta que por estos días no se escuchó.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El mito del viento de cola II


Ampliacion de la nota de los economistas Enrique Aschieri y Demían Dalle, destrozando varios mitos liberals en relacion a salarios, desarrollo y exportaciones, que publicamos el 31 de agosto pasado.

Afirmar que el proceso de crecimiento argentino se debe a la decisión política del Gobierno y no a un mero viento externo a favor –el mito del viento de cola– implica, al mismo tiempo, desmentir a quienes postulan que cuando los precios del mercado mundial de las exportaciones argentinas bajen a un nivel supuestamente “normal”, se llevarán puesto el crecimiento alcanzado. Advierten que los términos del intercambio favorables –precios de las exportaciones versus precios de las importaciones– originaron un ingreso que financió un desalentador “populismo”. Y concluyen: como no hay mercado interno, la única salida es una política de exportación.

Esta postura omite que el valor agregado exportado es función directa del potencial de mercado doméstico y que, por ende, la contracción del mercado doméstico con vistas a la exportación atenta contra el valor de esas mismas exportaciones. Podemos entonces plantear y responder la pregunta en boca de muchos y que hace al verdadero núcleo de la cuestión: ¿cómo se puede compatibilizar un aumento del consumo necesario para sostener la demanda efectiva, incentivando la inversión, con la necesidad de una contracción del consumo para dejar margen a la inversión, fuente del crecimiento y el desarrollo?

Efectivamente, es un dilema. Pero un dilema que muchas economías han resuelto. No parecen creerlo así muchos estudiosos. Refiriéndose a las características de la división internacional del trabajo e invocando el teorema de la dotación de factores de la producción, sugieren que los países desarrollados esquivaron ese dilema. Como son naciones intensivas en capital, pudieron compatibilizar las necesidades de desarrollo con la exigencia de un mercado de consumo creciente. Esa intensidad de capital, dicen, tornó al trabajo más productivo y escaso, aumentó su remuneración –en consecuencia los salarios reales– y se logró incrementar el nivel de vida de los habitantes, al tiempo que se preservó el equilibrio macroeconómico. Pero existe un problema fundamental con este tipo de razonamiento.

El problema no está en la constatación de una correlación positiva en las variables enumeradas, sino que radica en la determinación del orden de causa y efecto. Lo que demuestra la historia, por caso la de Estados Unidos, es que, contrariamente a la secuencia establecida por estos estudiosos, han sido los altos salarios de los obreros norteamericanos lo que, sumado a la baja calificación de los mismos, generó incentivos a la mecanización y a la consecuente industrialización, a los fines de poder “soportar” ese costo diferencial del factor trabajo. Esos mismos altos salarios supusieron la existencia de un mercado próspero y en expansión que atrajo capitales e inversión. Los salarios no eran altos porque el trabajo fuera escaso, sino porque la decisión política así lo estableció. Esa decisión obligó a “saltar la cuerda” y a desarrollarse. El caso estadounidense es paradigmático en la resolución del dilema planteado.

Esto debería ser recordado por todos aquellos que en nuestro país, con el pretexto de la supuesta necesidad de lograr incentivos extraordinarios para la inversión, recomiendan la contracción de nuestro mercado, el estancamiento de los salarios y la salida exportadora. Si pretenden mayor inversión para desenvolver un proceso de desarrollo caracterizado por la tendencia creciente a la mecanización y la industrialización, ¿cómo esperan, utilizando la misma lógica implícita en la teoría de la dotación de factores, que pueda desatarse ese proceso con un precio del factor trabajo relativamente bajo al precio del factor capital? Cuanto más bajo es el precio del factor trabajo –salario– más caro es el precio relativo del capital y, por ende, lejos de fomentarse la mecanización y la industrialización, se fomenta el proceso contrario que conduce al subdesarrollo.

Lo cierto es que el comercio exterior y la consecuente consideración de las variables fundamentales que lo representan (exportaciones, importaciones, balanza comercial, de cuenta corriente, de capital, etc.) “giran en torno” del “eje de gravitación” constituido por el proceso de desarrollo nacional. En el orden de causalidad, aunque exista verdadera retroalimentación, es el desarrollo económico el que hace al comercio mundial y no a la inversa. El Gobierno viene sorteando el dilema. Que tenga que hacerlo mejor no quita lo bailado. No luce racional oponerse con argumentos débiles que, en función de su gratuidad, soplan como fuertísimos viento de proa.


domingo, 12 de septiembre de 2010

Actuar por izquierda


Seguimos con nuestra selección dominical de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Hèctor Zimmerman, Editorial Aguilar.

"Cuando se lleva a cabo determinado acto pasando por alto las normas legítimas, es común decir que se trata de algo 'hecho por izquierda'. Sabido es que la mano izquierda ha tenido siempre mala reputación, tal vez por ser la mano inhábil en la mayoría de las personas. Por esa misma razón ha quedado ligada a una serie de supersticiones. Para los griegos, por ejemplo, el vuelo de una bandada de pájaros a la izquierda de quien consultaba el cielo constituía pésimo augurio. Se supone asimismo que ese es el lado favorito del diablo; quien derrama sal conjura los posibles males arrojando un puñado sobre el hombro correspondiente al lugar del demonio. La palabra siniestro, heredada del latín, tomó en español el alcance de funesto. Y, como sustantivo, equivale a incendio o a otras catástrofes naturales. Tales connotaciones obligaron a buscar términos de reemplazo, y el vascuence proporcionó dos: zurda e izquierda. Pero ni aun así el lado del corazón ha recobrado la inocencia. 'Hacer algo por izquierda' conlleva hoy entre nosotros la idea de una trampa: exhibir la derecha, mientras con la otra se hace pasar de contrabando algo ilegítimo".

sábado, 11 de septiembre de 2010

Cantantes y poetas



Ruben Furman, gran periodista y amigo de los años de furia y fuego, acaba de enviarme una deliciosa nota sobre el 99 aniversario de Nelly Omar. El que se la pierde, pierde.

Nelly Omar, la más peronista de las cantantes de tango, cumplió ayer 99 años y con tal motivo hizo un roadshow por diferentes canales de la tele. Como se sabe, ella es la famosa "Malena" que "canta el tango como ninguna/y en cada verso pone su corazón". Es que fue la amante de Homero Manzi y su gran musa. Se dice, y ella misma lo hizo, que Manzi nunca quiso abandonar a su mujer y al final ella lo despachó. Ahora, acaso porque ya no se acuerde bien de todo, sólo admite que de Manzi la deslumbraba su talento, y que la relación no paso de eso. Porque ella -aclara con cierto pudor- era una mujer casada, aunque tambien cuente que su matrimonio duró apenas dos meses porque habia sido un error...

En el programa "Café las palabras" de canal 26 que conduce el "gordo" Valdés (Eduardo, jefe de gabinete de Bielsa en Cancillería) contó anoche un detalle imperdible del tango "Sur". Ocurre que esa frase memorable que dice "las calles y las lunas suburbanas/ y tu amor en la ventana/todo ha muerto, ya lo se", tambié fue escrita para ella. "Homero jamás tuvo las llaves de mi casa, me tenia que tocar la ventana para que yo le abriera", confesó. Los conductores: Valdés, Jorge Coscia y Sschushein quedaron extasiados por la revelación.

El gordo es buena persona (trabajé para él circa 1985/86, en plena renovación peronista) y está casado con una psicoanalista. Babeada con su hallazgo de haberle preguntado a esa anciana lúcida por sus amores que son historia. Ella siguió contando: a rey muerto, rey puesto. Tras la muerte de Manzi, en 1952, fue pareja de Anibal Cufré, uno de los mas grande locutores de la radio en la época de oro de los 40 y 50, cuya fama no tendría parangon en la actualidad. "Con el estuve ocho años", confesó Nelly Omar mientras entraba en un cono de pena. "Tengo mucho dolor adentro". Balbuceó.

"Pero usted no sólo tiene una vida vivida sino que es amada por su pueblo", intentó componer el gordo. "Querido, de qué me sirve que me ame mi pueblo. Yo quisiera que me ame uno solo de esos hombres y que yo lo pudiera amar a él", le replicó dignamente la señora, cuya fama no llega a superarla. Digo que es hora de que no solo la admiremos por cantar todavía con entonación perfecta su repertorio levemente facho y naif. ¡Reverenciémosla!.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Invitacion de Silvio Rodriguez



Creo que la Revolución Cubana dignificó a nuestro país y a los cubanos. Y que el Gobierno Revolucionario ha sido el mejor gobierno de nuestra Historia.

Sí: antes de la Revolución La Habana estaba mucho más pintada, los baches eran raros y uno caminaba calles y calles de tiendas llenas e iluminadas. Pero ¿quiénes compraban en aquellas tiendas? ¿Quiénes podían caminar con verdadera libertad por aquellas calles? Por supuesto, los que "tenían con qué" en sus bolsillos. Los demás, a ver vidrieras y a soñar, como mi madre, como nuestra familia, como la mayoría de las familias cubanas. Por aquellas avenidas fabulosas sólo se paseaban los “ciudadanos respetables”, bien considerados en primer lugar por su aspecto. Los harapientos, los mendigos, casi todos negros, tenían que hacer rodeos, porque cuando un policía los veía en alguna calle “decente”, a palos los sacaban de allí.

Esto lo vi con mis propios ojos de niño de 7 u 8 años y lo estuve viendo hasta que cumplí 12, cuando triunfó la Revolución.

En la esquina de mi casa había dos bares, en uno de ellos, a veces, en vez de cenar, nos tomábamos un batido. En varias ocasiones pasaron marines, cayéndose de borrachos, buscando prostitutas y metiéndose con las mujeres del barrio. A un joven vecino nuestro, que salió a defender a su hermana, lo tiraron al suelo, y cuando llegó la policía ¿con quién creen que cargaron? ¿Con los abusadores? Pues no. A patadas por los fondillos se llevaron a aquel joven universitario que, lógicamente, después se destacaba en las tánganas estudiantiles.

Ahí están las fotos de un marine meando, sentado en la cabeza de la estatua de Martí, en el Parque Central de nuestra Capital.

Eso era Cuba, antes del 59. Al menos así eran las calles de la Centrohabana que yo viví a diario, las del barrio de San Leopoldo, colindante con Dragones y Cayo Hueso. Ahora están destruidas, me desgarra pasar por allí porque es como ver las ruinas de mi propia infancia. Lo canto en “Trovador antiguo”. ¿Cómo pudimos llegar a semejante deterioro? Por muchas razones. Mucha culpa nuestra por no haber visto los árboles, embelesados con el bosque, pero culpa también de los que quieren que regresen los marines a vejar la cabeza de Martí.

Estoy de acuerdo en revertir los errores, en desterrar el autoritarismo y en construir una democracia socialista sólida, eficiente, con un funcionamiento siempre perfectible, que se garantice a sí misma. Me niego a renunciar a los derechos fundamentales que la Revolución conquistó para el pueblo. Antes que nada, dignidad y soberanía, y asimismo salud, educación, cultura y una vejez honorable para todos. Quisiera no tener que enterarme de lo que pasa en mi país por la prensa de afuera, cuyos enfoques aportan no poca confusión. Quisiera que mejoraran muchas cosas que he dicho y otras que no.

Pero, por encima de todo, no quiero que regrese aquella ignominia, aquella miseria, aquella falsedad de partidos políticos que cuando tomaban el poder le entregaban el país al mejor postor. Todo aquello sucedía al tibio amparo de la Declaración de los Derechos Humanos y de la Constitución de 1940. La experiencia pre-revolucionaria cubana y la de muchos otros países demuestra lo que importan los derechos humanos en las democracias representativas.

Muchos de los que hoy atacan la Revolución, fueron educados por ella. Profesionales emigrados, que comparan forzadamente las condiciones ideales de “la culta Europa”, con la hostigada Cuba. Otros, más viejos, quizá algúna vez llegaron a "ser algo" gracias a la Revolución y hoy se pavonean como ideólogos pro capitalistas, estudiosos de Leyes e Historia, disfrazados de humildes obreros. Personalmente, no soporto a los "cambiacasacas" fervorosos; esos arrepentidos, con sus cursitos de marxismo y todo, que eran más papistas que el Papa y ahora son su propio reverso. No les deseo mal, a nadie se lo deseo, pero tanta inconsistencia me revuelve.

La Revolución, como Prometeo (le debo una canción con ese nombre), iluminó a los olvidados. Porque en vez de decirle al pueblo: cree, le dijo: lee. Por eso, como al héroe mitológico, quieren hacerle pagar su osadía, atándola a una remota cumbre donde un buitre (o un águila imperial) le devore eternamente las entrañas. Yo no niego los errores y los voluntarismos, pero no sé olvidar la vocación de pueblo de la Revolución, frente a agresiones que han usado todas las armas para herir y matar, así como los más poderosos y sofisticados medios de difusión (y distorsión) de ideas.

Jamás he dicho que el bloqueo tiene toda la culpa de nuestras desgracias. Pero la existencia del bloqueo no nos ha dado nunca la oportunidad de medirnos a nosotros mismos.

A mí me gustaría morir con las responsabilidades de nuestras desdichas bien claritas.

Por eso invito a todos los que aman a Cuba y desean la dignidad de los cubanos, a gritar conmigo ahora, mañana, en todas partes: ¡Abajo el bloqueo!

Silvio Rodriguez, trovador, La Habana, 10 de septiembre de 2010

domingo, 5 de septiembre de 2010

"A troche y moche"


Cumplimos nuestra promesa y va la segunda edición de los domingos de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Hector Zimmerman, Editorial Aguilar.

"Esta vieja expresión española, que actualemnte se emplea para significar sin medida ni orden, proviene del lenguaje de los leñadores. Trochar equivale según el diccionario a 'romper con violencia el tronco, tallo o ramas de un arbol u otra planta; mochar o desmochar es quitar la parte superior de algo dejándolo mocho. La combinación de ambas torpezas arruina la mejor de las arboledas ya que impide que los ejemplares vuelvan a crecer o los deja malheridos y deformes. La primitiva idea de entrar o hachar sin consideración, repartiendo golpes a diestro y sinistro, se extendió a a cualquier acto realizado en forma análoga. El nuevo rico que malgasta cualquier suma en cualquier cosa, el enloquecido que la emprende a trompadas contra cuanto se le pone delante, son buenos ejemplos de esta práctica del despilfarro y el destrozo. 'A troche y moche' constituye la más perfecta síntesis de la vida antiecológica".