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viernes, 24 de febrero de 2012

Una Explicación para el "Cromañón Ferroviario"


“¡Alerta!, viene marchando el Cromañón ferroviario. No es un presagio, sino una certeza. Debemos estar atentos, alertas, despiertos, sin espantarnos, reconociendo que estamos bajo la influencia del planeta Cromañón que irradia muerte”, Juan Carlos Cena, 16 de enero de 2005.

Escribo estas líneas al calor de la información de la aparición del cuerpo de Lucas. Muerto nº 51, su rostro, repetido en las pantallas, pone historia, vida y muerte al horror de todos aquellos muertos y heridos en Once el pasado miércoles 22. No fue un accidente ni un imponderable. El “Cromañón ferroviario” es el resultado de la desidia, la falta de control estatal (especialmente dolorosa para quienes apoyamos el proceso de cambios iniciado en 2003, siempre con casi nulo eco donde se toman las decisiones), y el funcionamiento aceitado de un mecanismo de corrupción. Hay responsables.

Las palabras que siguen a estos párrafos, no me pertenecen. Son parte de un trabajo de Juan Carlos Cena, con las demoledoras conclusiones de este profundo conocedor del ferrocarril, a casi medio siglo desde que empezó su trabajo en los talleres, y aún hoy es técnico e investigador. Fue Secretario General del Personal Técnico de Dirección de Ferrocarriles y es autor de los libros: El Ferrocidio, Ferroviarios: Sinfonía de Acero y Lucha, El Guardapalabras, entre otros.

Lo conocí de la mano de mi suegro, Jorge Canelles –dirigente del Cordobazo, junto a Agustín Tosco y Elpidio Torres. Jorge venía de la izquierda tradicional y era el referente sindical del gremio de la construcción. Cena, de la Resistencia Peronista con las persecuciones de la Libertadora, del plan Coninntes y de tantas épocas oscuras, hasta la infamia de 1976. Muchos de esos episodios los encontraron juntos. Eran amigos y, a la sombra de esos relatos, se coló mi afecto.

Él tiene la palabra. Con la demoledora contundencia de las convicciones y los hechos.

Todos los días, como una constante, ocurren accidentes en el transporte ferroviario Suburbano ocultados celosamente por las empresas concesionarias y la CNRT. Sí, hay desidia, complicidad, improvisación, falta de personal, de mantenimiento en las unidades de inversión. Todo como consecuencia de la falta de políticas de Estado para el Transporte.

A consecuencia de ello, las unidades, o sea los coches de pasajeros, no reciben el adecuado, por no decir ningún, mantenimiento preventivo en los depósitos. Revisación de ejes, rodamientos (llantas y sus perfiles), suspensión, frenos, sistema eléctrico; y en las vías: señales, semáforos, conservación y renovación y así.

Hay un desprecio y una insensibilidad manifiesta hacia los pasajeros. Los trenes del F.C. Sarmiento están plagados de falencias técnicas y el peligro es latente. Todos los otros recorridos del T.B.A., están llenos de anomalías. T.B.A. es una de las empresas dedicadas al transporte, de la familia Cirigliano.

La crisis en el universo ferroviario es integral. Tanto en los trenes suburbanos, cargas y en los de cartón de pasajeros de larga distancia inaugurados con una gran pompa K. Abarca todo. No hay rincón donde ella, la crisis, no esté presente. Pero hay crisis de finitud, el de este sistema perverso de las concesiones ferroviarias. Todo este sistema concesionarista va camino al colapso. Los accidentes de trenes fueron moneda corriente durante todo el 2005 hasta la fecha. ¿Podemos inferir que el gobierno nacional continúa subsidiando los accidentes ferroviarios? Desde el año 2005 venimos denunciando desde el Mo.Na.Re.FA que se avecinaba un tiempo ferroviario plagado de accidentes.

Por otro lado, decíamos que la Gerencia de Seguridad en el Transporte, que depende de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, publicó una estadística donde reflejaba que en el área metropolitana durante el 2003, fallecieron un total de 389 personas y 1064 resultaron heridas de gravedad. En los últimos 7 años, cerca de 14.000 muertos.

Cifras reveladas por el propio Secretario de Transporte que manifiesta: ‘La Argentina tiene un record importante de muertes en ferrocarriles: más de 400 por año’. Lo que no dice es por qué ocurren esos accidentes. Las cifras son demostrativas y hay que compararlas cuando los ferrocarriles estaban en manos del Estado. Veríamos como los ferrocarriles del Estado tenían sumo cuidado en las cuestiones de seguridad. Acá en el periodo privatista todas esas normas de seguridad se anularon, como así los sistemas de controles.

Las cifras son palmarias y hay que compararlas cuando los ferrocarriles estaban en manos del Estado. Veríamos como los ferrocarriles del Estado tenían sumo cuidado en las cuestiones de seguridad. Acá en el periodo privatista todas esas normas de seguridad fueron anuladas por los concesionarios, como así los sistemas de controles, con anuencia de la Secretaria de Transporte.

La CNRT es la responsable del control integral de los modos de transporte, en este caso el ferroviario, es el órgano de control del Estado.
La inoperancia de la CNRT (Comisión Nacional de Regulación del Transporte) es patética. Pero es para preguntarse si ¿es inoperancia o complicidad manifiesta? ¿Cómo es posible que se les hayan renovado, a estas empresas concesionarias, los subsidios?¿Cómo es posible que sigan ocurriendo accidentes por cuestiones de mantenimiento preventivo en todo el material rodante, vías y señalamiento?

En casi todas las líneas de trenes los sistemas de suspensión están vencidos, el bamboleo de los coches obedece al mal estado de las vías que no se les hacen la renovación o el cambio de durmientes y afirmación de balasto (piedras) en forma permanente, lo mismo que el sistema lateral de la suspensión.

En el sistema eléctrico de trenes suburbanos que toma la alta tensión, (electricidad) del llamado tercer riel, no tiene la protección suficiente, las maderas que cubren ese tercer riel están podridas, no han recibido el baño de creosotado o aceite para su conservación, algunas rehuídas, otras ausentes...

El Poder Ejecutivo Nacional ¿no sabe de las falencias graves de esas concesionarias en las prestaciones y en las violaciones de los contratos?

El ex Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino era claro: ‘Hace bastante tiempo que el Estado está en condiciones de rescindir las concesiones de la empresa Metropolitano, pues estamos ante una concesión cuya ejecución está llena de incumplimientos desde hace ya varios años’.

El accidente ocurrido en la Estación Once es producto del colapso de los ferrocarriles concesionados. La falla de los frenos es cosa corriente en ese ramal. Más de una vez los conductores conducen un tren con fallas en los frenos por las deficiencias en el compresor. Dan la alarma y le dicen desde Control que continúe que el mecánico está en la estación Tal. Pues no está y así con la otra.

La cuestión de todos los accidentes debemos enmarcarla en la ausencia de políticas de Estado para el transporte. No hay políticas de Estado de este gobierno diseñadas para el control de transporte en general, pero en este caso el ferroviario. Nunca se diseñó una política nacional de transporte, ni este gobierno ni los anteriores.

Sólo se han favorecido al autotransporte automotor sin políticas y al transporte de pasajeros ferroviarios como un negocio a través de los subsidios. Las fallas técnicas son a consecuencia por esa falta de políticas de transporte. No hay controles preventivos, ni fiscalización sobre las obras comprometidas. No hay mejoras. Se viajaba como ganado, ahora es peor. Es suicida embarcarse. Los que viajan son pasajeros con necesidades serias de trabajo, seres llenos de valentías en busca del jornal. La empresa TBA y el gobierno, en este caso, deslizan un comentario perverso de que el conductor se durmió. Deslizamiento siniestro para eludir responsabilidades. Los sindicatos guardaron un silencio cómplice. Hoy se rasgan las vestiduras.

Los usuarios del ferrocarril deben escuchar y actuar reclamando junto a los trabajadores ferroviarios que sí lo hacen. Las vidas que transportan los trabajadores ferroviarios, a diario, son una responsabilidad, pero la responsabilidad principal es de la empresa que usufructúa la concesión, donde el Estado les da un subsidio para que efectúen una prestación de acuerdo al contrato que debe ser correcta.

Subsidio que ronda aproximadamente en 4,5 millones diarios de pesos. La misma cifra que decían cuando demonizaban al sistema ferroviario por deficitario, con la diferencia que corrían todos los trenes de pasajeros por el territorio nacional, funcionaban los 37 talleres, 40 policlínicos, trabajaban 85.000 trabajadores, hoy existen 1.200 pueblos fantasmas y los accidentes tuvieron el nivel más bajo de su historia.

Ferroviarios y usuarios deben actuar juntos, para contrarrestar la perversidad de la especulación que realiza el concesionario para que su política de lucro sea floreciente.

Podemos cuantificar que por la ausencia del ferrocarril hemos pasado de la Accidentologia a la Siniestralidad por la cantidad de accidentes y muertes en las rutas y en las mismas redes ferroviarias.

Como primera medida este gobierno le debe quitar la concesión al TBA. Es la concesionaria junto ALL de carga tiene la carga más grande de accidentes.

Debe además de revisar todos los contratos de concesión, para que luego vuelvan al Estado. El gobierno debe rescatar a los ferrocarriles con los inventarios en mano para comprobar verificando que nos dejaron.

Los ferrocarriles deben volver a manos del Estado Nacional. Se debe terminar con las políticas concesionaristas. Los ferrocarriles en el mundo son estatales. Acá triunfaron las políticas tatcherianas, políticas que fracasaron en su propio territorio. Los ferrocarriles ingleses regresaron al Estado.

Es deber, de todo Estado, reconstruir los ferrocarriles. Reconstruirlos, es reconstruir a la nación. No hay reconstrucción nacional posible sin la fuerte presencia del ferrocarril, para que integre de nuevo el país, que beneficie a las economías regionales, que restablezca la conexión perdida entre pueblos y regiones, y para que en todos los pueblos abandonados retornen a la vida.

No es cierto que no hay otro plan para los ferrocarriles y el transporte, quienes dicen eso son los que nada saben, intelectuales, economistas y los gatopardos que algo saben y se callan, esperando ser convocados a la danza de los acomodos, y aquellos que desguazaron las empresas del estado. Nadie habla del tema ferroviario y del transporte, porque hay que decirlo, no saben, no conocen y no pueden hacer un curso acelerado. El colonialismo fabrica colonizados.

Porque para hacer posible, la recuperación de los ferrocarriles para la nación, lo nacional debe unirse a lo popular y lo democrático. Y lo popular y democrático no puede realizarse sin la independencia nacional.

martes, 14 de septiembre de 2010

Subsidiando al capital (cuentito elemental)



Parece que los reencuentros, y el debate ideológico va subiendo de temperatura. Federico Soñe, otro amigo, intelectual pero sobre todo viejo luchador, me acerca estas reflexiones, duras, pero imprescindibles a mi juicio. No todas son flores, compañeros. Y necesitamos reflexionar a fondo para darnos objetivos y propuestas.

Días atrás los capitalistas que venden electricidad salieron a explicar que "toda la luz de una casa un día entero cuesta menos que un alfajor". Inmediatamente saltó el coro de almas bellas preguntándose cómo podía ser eso. Programas radiales, noticieros televisivos, diarios , revistas y páginas virtuales, es decir todo el dispositivo de degradación cultural, toda la industria de la lobotización masiva se encargó de arrojar sobre el mundo de los argentinos uno de los sintagmas más repetidos de la ideológica burguesa: subsidiar a los pobres está bien (por algo son pobres, pobrecitos) pero subsidiar a los pudientes es un despropósito.
Hasta el bueno de Zlotogwiazda, en el último número de la revista Veintitrés se atreve a preguntar "¿qué pasaría si el Gobierno invitara a las personas que reciben subsidios sin mérito de necesidad a renunciar voluntariamente al beneficio?".
Todo este devaneo sobre merecimientos e injusticias ,sobre pobres y ricos no hace más que ocultar lo que la ideología dominante no puede reconocer, esto es, que al único que se subsidia es al capital
, que los recursos tienen como objeto aumentar la masa de plusvalor obtenida. Dicho con sus palabras, los subsidios forman parte de los mecanismos para mejorar la competitividad de la industria argentina, al igual que el dólar alto (cada vez menos) y que la diferenciación del tipo de cambio vía retenciones.
Veamos un poco, el boleto de tren cuesta 1,05 pesos, pero el costo es de 4,8 pesos, es decir que por cada pasajero el Estado paga un subsidio de 3,75. Podríamos seguir con el colectivo el subte, el gas, la electricidad, pero con esto es suficiente.
La sección cuarta de Das Kapital lleva como título "La producción del plusvalor relativo" .En ella Karl Marx explica cómo se puede aumentar la producción de plusvalor, esto es el plustrabajo, la parte de la jornada de trabajo que el laburante dedica por entero al capitalista. Si con una parte de la jornada se pagó el valor de la fuerza de trabajo con la otra se genera plusvalor. Si el salario se paga con dos horas de trabajo, las otras seis pertenecen por entero a la valorización del capital. ¿Cómo hacer para que el tiempo de valorización del capital sea mayor, para que el plustrabajo se incremente por sobre el trabajo necesario para reproducir la fuerza de trabajo? Pues bien hay dos formas, que en lugar de ocho horas se trabaje diez o doce, o que las horas que se necesitan para pagar el salario en lugar de dos se reduzcan a una o a menos aún
La forma clásica de este último proceso es el aumento social de la productividad del trabajo. El tiempo de trabajo necesario disminuye porque con una hora o menos de trabajo la fuerza de trabajo paga su valor, es decir obtiene los medios socialmente necesarios para su reproducción. O dicho más sencillamente si antes se necesitan dos horas de trabajo para pagar el salario, el avance de la productividad reduce ese tiempo a una hora o a 10 minutos.
Claro que existen dos formas más. Una que se pague un salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo, es decir que se pague una miseria. Otra que una parte del salario no lo pague el capital sino el conjunto de los sociedad. Esto último es exactamente lo que hacen los subsidios.
Si el trabajador debe pagar el tren a su costo, le saldría 125 pesos por mes, con subsidio le sale 27. Se necesita seguir explicando algo más para que se entienda que esto no se lo ahorra el trabajador sino el capital .
El llamado modelo productivo combinó tres formas de aumentos del plusvalor. El absoluto, vía el incremento del tiempo de trabajo a raíz de los bajos salarios iniciales, la disminución del salario por debajo de su valor, vía una devaluación que produjo un empobrecimiento masivo de los argentinos, y los subsidios al transporte y la energía, que al abaratarlos permitía que el salario (que es un costo para el capital) no tuviera que hacer frente a estos gastos y en consecuencia abaratar la fuerza de trabajo.
Abaratar la mercancía para abaratar al obrero mismo, una fórmula vieja.
Pero al capital también se lo subsidia en forma directa. En el caso de la energía eléctrica y para hablar solo del capital industrial digamos que 110 mil industrias de consumo no electrointensivo reciben subsidios por 2.900 millones al año y que 2.700 industrias electointensivas reciben 1600 millones anuales.
¿Cuántos alfajores se compran con la energía que le regalan a la planta fabril del señor Ratazzi?
Una pregunta que por estos días no se escuchó.