domingo, 9 de septiembre de 2012

Apogeo y Caida del Partido Comunista


María Eugenia Villalonga, me realizó esta entrevista para el diario Perfil, nota que fue publicada en la edición impresa del domingo 9 de diciembre de 2012, pero -sugestivamente- luego eliminada de su archivo y buscadores.

Apellido mítico en la historia del Partido Comunista argentino, su autor, Alberto Nadra, dirigente de la FJC y más tarde del Comité Central, cuenta en este libro las razones de su doloroso y definitivo alejamiento, las mismas que explican la implosión del mayor partido de izquierda de nuestro país y formador de varias generaciones de políticos. Militante desde la adolescencia y periodista de oficio, dirigió los periódicos de esa organización y como corresponsal de agencias extranjeras y Jefe de Redacción de la agencia de noticias cubana Prensa Latina, mientras denunciaba las atrocidades que las dictaduras del Cono Sur cometían contra sus ciudadanos, fue el primero en publicar en el exterior la Carta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh y el responsable de difundir el último poema escrito por Víctor Jara. Una historia escrita con el cuerpo, con la pluma y la palabra.

Decís que este libro, a pesar de estar escrito desde la conciencia y las vísceras, no es una autobiografía. ¿Cómo lo definirías entonces?

Yo lo definiría como un libro que intenta aprender de las propias derrotas para seguir siendo un militante, que es lo que fui toda mi vida y es lo que voy a seguir siendo hasta el final.

En tu relato hay más recuerdos del edificio del Comité Central del PC, en la Av. Entre Ríos que de las casas donde se fueron mudando, por la militancia de tu padre. ¿Cómo fue la tarea de hacerse un lugar en esa familia?

Se fue dando naturalmente, siendo una familia donde todos fueron destacándose en los ámbitos en los que se movieron. Hay un momento en el que les cuento a mis hermanos que escribí el libro, y de todo lo que sabíamos de nosotros, que es mucho, nos faltaba casi la mitad. Todos habíamos tenido otra vida, una parte secreta de nuestra militancia, que nunca fue revelada. En algunos casos, yo controlaba operaciones que estaba haciendo mi hermano mayor, como parte de la dirección del partido y no sabía que era mi hermano el que las estaba haciendo. Y sí, fue mucho más nuestra casa el local de Entre Ríos que las casas donde vivimos, que eran todas de paso. Muchas veces iba al colegio con documentos fraguados. Mis amigos no podían venir a mi casa, mi familia tampoco. Todo eso nos blindó frente al exterior, fue una consecuencia lógica.

El libro invita a una reescritura de la historia de las organizaciones armadas en la Argentina, al demostrar que fue el PC el organizador del primer grupo guerrillero que existió en nuestro país. ¿Qué otras omisiones encontrás en la historiografía política argentina?

Yo revelo que efectivamente el PC era una organización político-militar y como tal tenía un trabajo hacia las FF.AA. El partido tenía sus propios oficiales y suboficiales, por lo tanto, se trata de redefinir en qué plano se dio el debate ideológico, político, de la lucha armada. Algunos creen que se inició con los Uturuncos y la guerrilla rural, pero entre el 38 y el 42 se desarrolla una potente guerrilla en el Chaco dirigida por los comunistas, cuando el Chaco era territorio libre de las grandes empresas. Esto no está registrado, es la primera vez que se publica. Otro punto esencial son las acciones de sabotaje a los nazis durante la 2da. Guerra Mundial. Otro, absolutamente desconocido, es cómo, entre los servicios de inteligencia de los países socialistas, especialmente la ex Unión Soviética, los partidos comunistas y algunas organizaciones revolucionarias se descubrió la existencia de la “Operación Cóndor” y cómo se armó la contraofensiva ideológica para denunciarla, de la que formé parte junto con otros periodistas latinoamericanos.

Otro secreto bien guardado: el mítico aparato financiero, del que tu familia fue víctima. ¿Qué diferencias hay entre este libro y el trabajo de Gilbert, “El oro de Moscú”?

La diferencia esencial es que Gilbert hace la investigación más documentada que existe sobre el tema, pero confía en las fuentes ligadas a ese aparato financiero. Él tuvo la versión de los victimarios, no de las víctimas. Es decir, de las cosas que hicieron algunos personajes, desde Gelbard a Gold, cuya hija ahora factura 1200 millones de dólares por año. El banco Credicoop, que creció por exigencia del mismo régimen que obligó a disolver las cajas de crédito y convertirse en banco, y todos los que quedaron trabajando en ese “frente” vivieron muy bien, con todas las comodidades, pero es un aspecto menor. Yo hablo de un solo negocio que producía un millón y medio de dólares por mes para sostener al PC, que fue boicoteado por el sector oficial, los que aparecieron como los grandes benefactores, cuando en realidad, ellos, que eran simples testaferros en sus orígenes, terminaron siendo los dueños. El famoso “directorio”, cómo funcionaba y cómo estafó en el sentido de apropiarse de las entregas voluntarias como la de mi padre y muchas otras, y mientras estas personas se hicieron millonarias, los que entregaron sus bienes murieron en la pobreza, y sobre todo, cómo esto ejerció una fuerza ideológica casi de chantaje, en algunos casos forzando posiciones políticas.

Además de enterarse de la existencia de la “Operación Cóndor”, se enteraron de que la cúpula del partido manejaba esta información desde hacía dos años. ¿Fue ese el disparador de la lucha contra los “dinosaurios”?

Lamentablemente fue el disparador de algunos de nosotros solamente. El gran shock fue la derrota del peronismo en el 83 al que el partido apoyó pese a que estaba impulsando el indulto, y frente a eso, hubo mucha disconformidad. A pesar del papel heroico de muchos militantes y dirigentes (hubo 1500 secuestrados, 500 desaparecidos, 120 de ellos que nunca más aparecieron) la posición política pública era indigerible, lo que determinó toda esta reacción a favor de la democratización, la desburocratización, que fue traicionada por los líderes que elegimos en ese momento.

El capítulo donde denunciás con nombre y apellido a los que, finalmente, se hicieron con el poder y llevaron al partido al vaciamiento, ¿cuánto trabajo te llevó escribirlo?

El relato de la caída del partido me llevó buena parte del trabajo, ya que la otra parte eran revelaciones de las acciones solidarias, que fue absolutamente liberador. En cambio, esta parte tan mezquina, tan lamentable de los que traicionaron dentro del círculo muy estrecho que nos planteamos transformar el partido, me costó muchísimo.

La derrota del proyecto por el que trabajaste y militaste no impidió que volvieras a apostar por una nueva construcción política. ¿Cuál es ese proyecto?

Yo sigo siendo marxista, sigo creyendo que el mundo necesita una sociedad poscapitalista, que no se base en los principios de explotación y superganancia. Pero no opina así el mundo, aunque haya indignados, ni opinan así los argentinos y ningún cambio se da si no es con el acuerdo de la gente. Por el momento tenemos que elegir los mejores caminos dentro de lo posible, y si este proceso encara el tema de los DDHH, el rol del estado, paliar la extrema pobreza, re-estatizar sectores básicos para recuperar cierta soberanía nacional, yo eso lo apoyo con todas mis críticas.

¿Quiénes son los destinatarios de este libro?
En primer lugar, todos los compañeros que se los ha llevado la represión, son los destinatarios de mi alma. En segundo lugar, los sobrevivientes de mi generación, los que fuimos protagonistas de la lucha civil contra la dictadura, que la historia contestataria de estos días omite y finalmente, para las nuevas generaciones, por favor, que comprendan que esto es una vocación real, de compromiso con los que menos tienen y decisión de llevarlo adelante. Uno de los errores que cometimos todos los que compartimos la voluntad de cambio en los 60 y 70, fue pecar de autoritarios, de dueños de la verdad. Las nuevas generaciones, que aprendan de nuestros errores que costaron tan caro… yo creo que si bien estamos en otra época, lo que sí va a costar es construir oportunidades de cambio en este país.

 

Recuadro con textuales del libro

“-Alberto, ¡volvieron los camaradas del primer contingente! –anunció Patricio [Echegaray] exultante. Estábamos tomando mate en su casa de Floresta cuando me anunció estas últimas nuevas sobre un grupo de compañeros que había concurrido a combatir en Centroamérica contra las persistentes zarpas de las dictaduras que aún se perpetuaban en algunos países.

-¿Los que estuvieron en el frente?- pregunté con interés.

-Sí, pero más que eso- rectificó con una amplia sonrisa mientras pensaba, quizás, que me revelaría “la mejor parte de la noticia”.

-Ahora son expertos en interrogatorio “a cuchillo” –aclaró.

Ya habíamos tenido cortocircuitos.

Al escucharlo hablar de ese modo me recorrió un violento escalofrío. ¿En qué se estaba transformando uno de mis mejores amigos en ese entonces?

Pensando a mayor escala, ¿En qué se estaba transformando uno de los principales líderes del Partido, con una popularidad creciente que, sin embargo, se extendía entre una de las peores partes de un PC que se estaba fragmentando?

Lejos del resultado que él esperaba, estallé. La indignación era casi incontenible y, desconcertado, Patricio balbuceó algunas explicaciones para calmarme.

Pero no había vuelta atrás. Algo fundamental y muy profundo, se acababa de romper definitivamente en nuestra relación.”

 

De Secretos en rojo, Corregidor, 2012, página 124.


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