domingo, 19 de mayo de 2019

Fernández-Fernández: el día después

    A 24 horas del terremoto político que causó la decisión de CFK, puede concluirse, aún con una cuota de incertidumbre, que ya impulsa una ampliación de la base política del Frente Patriótico, ahora para las futuras elecciones y, en su dinámica, como sustento para que un futuro gobierno popular pueda enfrentar la crítica situación en que el macrismo ha hundido al país.
    Con ese objetivo, ya descolocó al oficialismo y al denominado “peronismo alternativo”, pero ante todo puso en evidencia que la ex presidente optó por un liderazgo estratégico, lo que supera ampliamente una decisión electoral.
    El macrismo recibió la noticia con evidente desconcierto, al que siguió una suerte de triunfalismo con frases para su propia interna, al estilo de “no cambia nada” o, incluso, es “un regalo para nosotros”.
    Más experimentada en profundizar las grietas y realizar el trabajo ajeno, la UCR oficial mostró su preocupación e inició una campaña de terror de la mano de Alfredo Cornejo y Hernán Lombardi. El primero, gobernador de Mendoza, afirmó que estamos ante “una trampa”, que “Es Cámpora al gobierno, Perón al Poder”, una “época nefasta en la que se incubó el Rodrigazo, la hiperinflación, una mega devaluación, un destrozo del aparato productivo y terminó en el golpe militar” El segundo, titular del Sistema de Medios, terminó de falsear la cronología y la historia: “terminamos en Isabel, Videla y la catástrofe”.
    Clarín y La Prensa repiten estos argumentos, sin pudor alguno por haber sido los que impulsaron la proscripción de Perón, apoyaron la orientación neoliberal y la subordinación externa que la acompaño; como luego fueron voceros de la dictadura y, ahora, promotores del olvido de sus crímenes y el indulto a los genocidas.
    Estos medios aportan sus propios enfoques para engrosar los oficialistas, y entre ellos destaca el ninguneo de la potencia política de la decisión de CFK: desvían la atención hacia “la difícil situación judicial”, que ellos mismos promueven, y le añaden “motivos personales”, como la enfermedad de su hija o la muerte de su madre. También se esfuerzan por impulsar versiones con las que esperan sembrar desaliento en el propio kirchnerismo, como recordar las conocidas diferencias que mantuvo Alberto Fernández, afirmar falsamente que “es” el Grupo Clarín, o anticipar un “segundo renunciamiento” que alejaría en forma definitiva a la ex presidente.
    Si omitir que estamos ante el inicio del proceso, hay señales de un reacomodamiento en los agrupamientos políticos.
    Massa eludió una definición clara pero dejó entreabierta la puerta para participar en las PASO frentista o, en caso de no hacerlo, para apoyar a su fórmula en una eventual segunda vuelta. Si eso ocurriera, podría mantener su “diferenciación” para los propios, a la vez que reduciría parte de las prevenciones kirchneristas, con lo que podría reservar para otra oportunidad sus inciertas ilusiones presidenciales. Schiaretti, pese a su proclamada posición centroderechista y su pertenencia al “peronismo alternativo”, en un ballottage puede considerar un apoyo implícito, o aún explícito, sobre todo si la se triunfa en la primera vuelta y las conveniencias le indican privilegiar una buena relación para su gestión provincial. Por otra parte, entre los gobernadores peronistas ya comenzó un alejamiento de Alternativa Federal y predomina la valoración de la fórmula de Alberto y Cristina Fernández.
    Si pensamos en términos de ciudadanía, o electorado global, entre los seguidores de CFK la respuesta mayoritaria es de una aceptación esperanzada de la iniciativa. En forma minoritaria, aparecen dos reacciones extremas y diferenciadas. Por un lado, el entusiasmo forzado entre los más fieles, mientras en el opuesto, la desilusión, y hasta cierto enojo, por el renunciamiento de quien no solo visualizan con el mayor caudal electoral, sino como única garantía del rumbo político. Es posible homogeneizar las tres posturas, si se convoca al protagonismo y control de la militancia, en base a los ejes discursivos del mensaje de la ex presidenta.
    No hay que esperar reflexión, menos aún cambios, entre los que odian, primorosamente, e irresponsablemente, alimentado por el oficialismo y los medios. El 25/30% del electorado que históricamente rechazó las expresiones populares, desde el yrigoyenismo hasta el peronismo, es un bloque hegemonizado por el minoritario poder real, incluidos los medios periodísticos que le sirven en la construcción de “sentido común”. Mediante este mecanismo llegan y cooptan a ese porcentaje de la población que, en definitiva y para su perjuicio, abraza a sus victimarios.
    En los tiempos que vienen, hasta agosto y en la recta final que lleva a octubre, el poder tratará de dinamizar a los cooptados para volcar a su favor a los indecisos, esa franja del electorado que no quiere a Cristina, pero tampoco la odia, menos aún cuando empiezan a comparar su situación actual con la vivida durante su gobierno. Entre ellos hay una desconfianza inicial, que tanto el macrismo como los medios hegemónicos intentan potenciar, sembrando miedo al anticipar caos e inestabilidad por el “doble comando” de “Alberto chirolita de Cristina” y el recuerdo de la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, que citamos al comienzo de este análisis.
    No son líneas de acción para subestimar, confiando en lo forzado y hasta ridículo de esas comparaciones y afirmaciones. En la franja que tienen como objetivo ya tuvieron cierto eco las acusaciones que ubicaban a Kirchner como “chirolita de Duhalde”, luego a Cristina como “mascara” de Néstor. Recientemente, logró fuerte impacto el ataque a Zannini, supuestamente “comisario político” de Scioli.
    Por el contrario, el mensaje del Frente Patriótico puede disputar un porcentaje de estos indecisos, tal vez escaso pero quizá definitorio. El renunciamiento de CFK, su convicción para superar aquello de que sin ella no se puede, pero con ella no alcanza, abre camino a un amplio acuerdo para definir la correlación de fuerzas en las PASO, despeja los argumentos prejuiciosos y permite disputar conciencias e, incluso, inclinarlas electoralmente a favor de la única alternativa real para cambiar el rumbo ruinoso del macrismo.
    Una parte de las cartas, no todas, están echadas. Siempre es tiempo de reflexión, pero ahora también de acción.

Cristina, Perón y el diálogo

    Cristina Fernández de Kirchner propuso a los argentinos la construcción de un nuevo Contrato Social y lo vinculó con las propuestas de acuerdos promovida por Juan Perón durante su última presidencia, lo que permite reflexionar acerca de la revalorización de este aspecto de su legado político.

    A su regreso, luego de ser perseguido y proscripto por casi 20 años, Perón concretó el más importante intento de sellar la "grieta" que falsamente dividió al país entre peronistas y antiperonistas, una brecha que fue irresponsablemente alimentada para cuestionar la gestión kirchnerista, y ahora para sostener al macrismo.

    Frente a la difícil situación económica que dejó la dictadura de Onganía/Lanusse, Perón concretó la llamada Acta de Compromiso con los productores agrarios. Era el cierre de un lineamiento iniciado con el Pacto Social, durante el gobierno de Héctor Cámpora, que tuvo como protagonistas al ministro de Economía, José Ber Gelbard, el sindicalismo y el empresariado.

    Ambas iniciativas recibieron rechazos dentro y fuera del Frejuli, pero no hubo cuestionamientos ante la mayor audacia de la etapa: la convocatoria presidencial para un diálogo, sin temario previo, con los ocho partidos que entonces tenían representación parlamentaria. En concreto la UCR, el Intransigente (PI), Comunista (PC), Demócrata Progresista (PDP), Revolucionario Cristiano (PRC), Socialista de los Trabajadores (PST), Socialista Popular (PST) y UDELPA.

    El primero de los encuentros, realizado en abril de 1974 en la Quinta de Olivos, fue presidido por el propio Perón y permitió elaborar un documento en que las fuerzas participantes se pronunciaron por la defensa y consolidación del proceso democrático frente a "los poderes que desde antiguo han venido sometiendo a la República"; a favor del federalismo y de la integración latinoamericana, entre otros puntos. Otros dos ejes fueron la ratificación de la individualidad e independencia de cada partido y el compromiso de mantener una comunicación fluida, permanente.

    Estas reuniones, de un estilo inédito, para dialogar francamente entre el gobierno y las fuerzas que no participaban de él, se mantuvieron regularmente, e incluso fueron ampliadas con la participación de distintos ministros del Gabinete que debían responder inquietudes o encarar soluciones a los problemas planteados. No volvieron a repetirse tras la muerte de Perón.

    Tiempos difíciles entonces y ahora, aunque por razones distintas.
Entonces, junto a la ola de atentados y crímenes de militantes populares por bandas parapoliciales y paramilitares se empujaba el desabastecimiento, el sabotaje, la especulación y la desestabilización golpista por parte de los grupos concentrados, en sintonía con las ambiciones externas.
    Este segundo aspecto fue el que motivó la convocatoria del presidente Perón a la acción organizada del pueblo en su último discurso, pronunciado el 12 de junio de 1974. Aquella pieza, una suerte de testamento político, dejó claro que había regresado "para lanzar un proceso de liberación nacional y no para consolidar la dependencia".

   

Ahora, con tres décadas con democracia formalmente consolidada, pero con sus conquistas en peligro, el desafío es superar el brutal endeudamiento, la destrucción del aparato productivo y el saqueo al bolsillo popular que prosigue la gestión de Cambiemos.
Plantear, hoy, un "contrato social" es asumir el reclamo de la hora. Implica retomar aquel legado político y profundizarlo, con una amplia participación y un protagonismo imprescindible, pero hasta ahora nunca logrado.

viernes, 3 de mayo de 2019

"El Canca", el amigo, el compañero


Tenía solo 25 años cuando lo conocí. Yo, apenas cinco menos, que en aquellos años equivalían a un siglo.

No fue fácil en el arranque.

Él era orgulloso dirigente de la JP. Yo, un no menos altivo militante de la Fede.

No teníamos dudas.

No era tiempos de dudas, sino de liberación.

Junto a otros, con distintos orígenes, pero similares convicciones, compartimos la construcción de las Juventudes Políticas.

Algunos arrugaron.

Otros se quebraron.

Muchos redoblaron la apuesta. Juan Carlos Dante Gullo fue uno de ellos.

La dictadura secuestró y desapareció a su hermano y a madre, Ángela, en los días en que reclamaba por la libertad del Canca, preso en Sierra Chica.

Era uno de nosotros. Yo sigo siendo uno de ellos, los que no dejan de combatir.

Chau amigo, compañero de lucha.

viernes, 26 de abril de 2019

Acerca de "Sinceramente"


Dos reflexiones acerca de “Sinceramente”, como hecho político, por fuera del análisis de su texto:

    El llamativo éxito del libro de CFK (64.000 ejemplares en la “preventa” y la apresurada orden de sucesivas reimpresiones), implica que su compra corre por cuenta mayoritaria de franjas de la clase media, una parte de la cual en 2015 le retiró expresamente el apoyo a la ex presidente. En su momento, el macrismo y los medios que lo promovieron interpretaron ese abandono como un “triunfo en la batalla cultural contra el populismo”.

    Es posible especular acerca de que una buena parte de los lectores aludidos no hubieran adquirido, mucho menos leído, el libro, en lo que constituye una suerte de exitosa contraofensiva de CFK.

miércoles, 10 de abril de 2019

¿Es cierto que Fernando Nadra apoyó a Carlos Menem?


A casi 25 años de la muerte de mi padre, todavía hay quienes repiten una y otra vez falsedades acerca de su trayectoria, o los motivos de alejamiento del PC. Es el caso de un lector de mi muro de Facebook, quien luego leer mi desmentida a su afirmación de un “acercamiento político” de Fernando Nadra a Menem, me “invita” cordialmente a que lo demuestre. Transcribo el texto de mi segunda respuesta.

Estimado LVS:

Agradezco la invitación, y probaré que es totalmente inexacto que Nadra apoyara en modo alguno la presidencia de Carlos Menem, y aún mucho más falso que fuera su asesor.

Sin embargo, debo aclarar que -tanto en el derecho burgués como en la legislación socialista- es el que acusa y no el acusado quien debe probar sus afirmaciones.

Nadra efectivamente se entrevistó con Menem, a quien conocía desde mucho tiempo atrás, como a casi toda la dirigencia argentina del siglo XX, el 14 de agosto de1989. Lo hizo para cuestionarle en persona el anuncio del regresivo plan económico (Bunge Born) que anunció a contramano de sus promesas electorales, y rechazar las primeras insinuaciones de que decretaría un indulto a los genocidas, como finalmente hizo.

Esto queda comprobado con un comunicado de prensa elaborado y firmado por mi padre, en el que también desmiente a "voceros del PC", y cuya copia fotográfica incluyo en primer lugar, el que para despejar toda duda tiene sus propias correcciones manuscritas.

Aquella cúpula del PC es la que difundió esa versión a la prensa (que la reprodujo con entusiasmo y ocultó la desmentida de Fernando), para desprestigiarlo y enfrentarlo con los miles de militantes que lo acompañaron durante años, un ladrillo más en la pared de viles ataques a que lo sometieron para justificar el posterior desplazamiento y suspensión de quien entregó buena parte de su vida a ese partido y la causa revolucionaria, lo que pagó con años de persecución y prisión.

Otro dato que celosamente ocultó esa dirección, y omitió publicar la prensa canalla, es que Nadra volvió a rechazar expresamente esa versión en 1990, luego de una segunda entrevista con Menem en la que expresamente le fundamento su reclamo de un inmediato retiro de un proyecto para aplicar la pena de muerte en la Argentina. También, con sus correcciones manuscritas, incluyo la fotografía de este otro comunicado.

Con sus habituales códigos, fruto de largos años de dirigir y ampliar las relaciones políticas del PC, no incluyó un dato vital, pero que fue confirmado por el propio Carlos Menem: lejos de acercarse a sus posiciones, Fernando Nadra rechazó su propuesta formal de ser embajador argentino en la Unión Soviética o Cuba, una astuta maniobra de captación en la que sí cayeron otros políticos como Jorge Abelardo Ramos, que aceptó y ocupó la embajada en México.

Esta mentira -como otras tan absurdas como cenas con el genocida Videla o una confrontación en la selva boliviana con el Che Guevara, con quien estableciera una afectuosa relación, pero en La Habana- son parte de la campaña a la que aludo.

En el caso de la supuesta calidad de “asesor” de Carlos Menem, esta falacia fue lamentablemente reproducida por el historiador Horacio Tarcus en su Diccionario biográfico de la izquierda argentina: de los anarquistas a la “nueva izquierda” (1870-1976), en 2007.

A los pocos días de su aparición, me reuní con Tarcus, titular del Cedinci, al que nuestra familia donó buena parte del archivo y biblioteca partidaria de mi padre, en su oficina porteña de Fray Luis Beltrán al 100, y en esa reunión se comprometió a corregir el error en futuras ediciones.

Conozco esta campaña de difamación en detalle, no solo como orgulloso hijo de Fernando, sino como miembro del Comité Central del PC elegido por el XVI Congreso, y director del periódico partidario, afiliación y responsabilidades a las que renuncié públicamente en 1990, camino que luego fue siguiendo el 90% de esa cúpula partidaria, una parte de ella para seguir cómodos y redituables caminos, alejados de los ideales que decían defender.

La agradezco LVS, y lo invito a publicar esta aclaración, junto a los comunicados, en su propio muro (cuyos textos originales puede hallar en el Fondo Fernando Nadra de la Biblioteca Nacional), pues todavía son muchos afiliados, o ex afiliados, que con dolor han creído este tipo de mentiras.

Lo saludo cordialmente

Alberto Nadra

martes, 12 de febrero de 2019

Daniel Santoro: un canalla amoral



Daniel Santoro, operador pago de Magneto, tiene una larga historia de violación de toda de ética periodística, que en estas horas vuelve a quedar en evidencia con la operación montada para extorsionar a un empresario, como es ya público y denunciado en la causa de las “fotocopias de cuadernos”.

La grabaciones de video y audio, así como los mensajes telefónicos que constan en la causa que lleva adelante el juez Alejo Ramos Padilla, muestran el mecanismo de plantar una falsa denuncia, publicarla en Clarín con la firma de Daniel Santoro, y –previamente avisado—la rápida actuación de oficio del fiscal Carlos Stornelli.

Hay virginales desmentidos del periodista militante (de Magneto) y su medio, cuando esta historia es conocida y repetida, sin ir más lejos un titular central de Clarín acusando, entre otros, a Máximo Kirchner y la ex ministra Nilda Garré de tener cuentas por más de u$s 80 millones en un banco de Delaware, con los correspondientes números de cuentas, lo que fue desmentido en forma oficial por el Departamento de Justicia de EE.UU. Claro, en una página interna del diario, largo tiempo después, Santoro publicó una confusa “aclaración”, en la que en realidad no se retractaba de nada.

Personalmente puedo dar fe de su amoralidad.

En octubre de 1990, en los difíciles días en que el que fuera mi partido se desgarraba internamente, fui entrevistado por muchos periodistas, entre ellos  Andrea Rodríguez, Edgard Mainhard, Andrés Sikirko, y Santoro, a los que brindé declaraciones públicas, y una opinión más general, pero reservada, pues aún no había decidido presentar mi renuncia al Comité Central del PC.

Santoro, el día 2 de ese mes, mostró cabalmente qué tipo de “profesional” y persona era y es.

Años después, en 2011, pude relatar públicamente lo que había denunciado  en voz alta, pero sin eco. Estas son, textualmente,  las (pocas) líneas que dedico al hecho, y al personajillo, en mi libro “Secretos en Rojo. Un militante entre dos siglos”,

 (…)
El entonces recientemente incorporado periodista de Clarín, Daniel Santoro –quien hoy pretende dictar cátedra de Ética Periodística– consignó la noticia, pero violando groseramente en su nota el off the record[1].

Cualquier periodista sabe lo que tantas veces le repetí a mis alumnos de la materia “Ética y Periodismo” en la Universidad de Palermo: es parte de la “ética”, de la conducta moralmente correcta del periodista, preservar las preferencias del entrevistado/fuente en relación a lo que  dice “en on” (sea información extra o sus datos personales, el periodista es libre de publicarlo) y lo que dice “en off” (cuando el entrevistado indica que cierta información, incluidos nombre y apellido se mantengan en secreto).
Se trata de un principio ético central, con justificaciones que van desde lo deontológico (teniendo en cuenta los intereses de quien de buena fe nos ha brindado información y nuestra promesa de no traicionarlo) hasta lo teleológico (teniendo en cuenta los intereses de la circulación de información entre, hacia y para los periodistas).
Ante mi renuncia al PC, todos los medios  lo respetaron, en la cobertura de aquel suceso (desde Página/12[2] hasta, nada menos, que Ámbito Financiero[3] y El Cronista Comercial[4]). Todos los medios, exceptuando el de Santoro, a quien en esa época, de seguro, le preocupaba más ascender en el escalafón, lo que logró con creces, que torturarse acerca de los valores..



[1] Daniel Santoro, El Poder sobre el dinero. Discusión en el PC sobre los fondos partidarios, Clarín, 2 de octubre de 1990.
[2] Página/12, Manotazos contra disidentes. La interna del PC, 2 de octubre de 1990.
[3] Edgard Mainhard, Crisis no ideológica en el PC: se robaron la caja, Ámbito Financiero, 2 de octubre de 1990.
[4] Andrés Sikirko, Amenazas y escándalo en el PC “por un puñado de dólares”. El Cronista, 2 de octubre de 1990.


martes, 1 de enero de 2019

¿Qué hacer ante la destrucción del país y la ruina de los argentinos?




   La situación ha llegado a un límite insostenible con la nueva oleada de brutales aumentos del transporte, la luz, el gas y el agua, que se suman a cifras dramáticas de pobreza e indigencia, endeudamiento externo, recesión económica e inflación descontrolada, con pretensión de imponer un techo a las paritarias.

   Ante esta realidad, que se fue agravando día tras día desde diciembre de 2015, fuera del oficialismo explícito hay una parte de la dirigencia política burguesa que es cómplice y otra que se reivindica opositora, pero facilitó gran parte de los atropellos de la derecha neoconservadora.

   Los dirigentes surgidos del campo nacional y popular han cometido –a mi juicio, claro-- dos errores, que no son nuevos:

1)    No convocan –los que tienen autoridad y poder para hacerlo-- en forma permanente a la lucha organizada del pueblo. Piensan que con la crítica, aún la más enérgica, se cumple con el papel opositor, y que ese rol se agota en la difícil tarea de presentar una alternativa electoral para 2019.

2)    Como no conciben la construcción de poder popular en los territorios, los establecimientos educativos y de trabajo, causa fundamental que limitó las indudables conquistas de 12 años de gobierno, impidió su profundización y nos llevó a la derrota en 2015, creen que la construcción del frente nacional se reduce a los acuerdos superestructurales, aún los mejores que se puedan lograr. Esos acuerdos son imprescindibles, sin duda, pero totalmente limitados, y hasta con perniciosos condicionamientos, si carecen del acompañamiento del más amplio protagonismo popular.


   Es absurdo enojarnos con la supuesta “indiferencia”, de una porción importante de nuestro pueblo, entre ellos los principales afectados por este gobierno, si los que hoy son objetivamente la dirigencia opositora no convocaron desde la política a resistir desde el primero al último intento de avasallar derechos y conquistas, lo que se hizo muy parcialmente, y fundamentalmente desde el sindicalismo combativo y las organizaciones sociales.

   No se hizo, y lo que es más grave, no se ha producido un planteo político concreto que impida, o frene tanta brutalidad, con lo que de hecho se llamó, y se llama, a esperar un triunfo electoral en 2019, y hasta entonces se resignan a la destrucción del país y el empobrecimiento del pueblo, que se agravó con cada día de la actual gestión y se agravará aún más en cada día que nos queda hasta esa fecha.

   No pretendo, al margen de mis ideales, que  convoquen a una revolución, o asuman las peregrinas ideas de todo o nada que plantean los que los medios denominan como “la izquierda”. Sencillamente porque no es posible, ni el planteo ni su concreción.

   Nuestra Constitución Nacional, concebida al igual que la estadounidense bajo el concepto de que “El pueblo no delibera ni Gobierna, sino a través de sus representantes”, expresamente formulado para impedir la participación popular, no contempla mecanismos de democracia directa como la Constitución De La Ciudad De Buenos Aires, que habilita en su artículo 67 la “Revocatoria de Mandato”. La condición es que el Supremo Tribunal Electoral declare la razonabilidad del pedido y habilite planillas especiales para sumar una cifra equivalente al 20% del padrón electoral del distrito (unas 500.000 firmas), con lo cual se convoca a un referéndum, que si gana en las urnas desplaza por voluntad popular al Jefe de Gobierno y/o los funcionarios cuestionados.

   Claro que el PRO lo oculta pero, con intencionada demora en su decisión, la justicia electoral admitió ya avanzado 2014 la “razonabilidad” de un pedido de revocatoria para Macri y Vidal, fundamentada en la brutal represión en el Borda, las muertes y destrucción de las inundaciones en Saavedra y la violación de la legislación vigente por el abuso de los decretos de necesidad y urgencia. En poco tiempo, se obtuvieron 130.000 firmas, sin el apoyo de ninguno de los partidos de la oposición, ni siquiera del Frente para la Victoria porteño, pese a que éramos referentes de ese espacio los que impulsamos esa iniciativa, que debió interrumpirse cuando en 2015 comenzaron a regir los plazos previos a las elecciones nacionales.

   ¿Qué hubiera pasado si la oposición se unía, si entre todos los que bien sabíamos quiénes son Macri y Vidal obteníamos el respaldo suficiente, y llegábamos al referéndum?

   Aun sin lograr mayoría, lo que era previsible por la conducta del electorado porteño, el debate y esclarecimiento en todo el país en torno a la gestión y las responsabilidades de Macri y Vidal no dudo que hubieran hecho imposible su estrecho triunfo, y en el balotaje, a nivel nacional.

   Ya dijimos, la Constitución Nacional no habilita estos mecanismos de democracia directa, pero si permite que los legisladores reclamen el juicio político a Macri y sus funcionarios sobre la base de su mala gestión, el injustificable endeudamiento externo, su –en casos-- mortal desprotección de la población en salud, educación o vivienda. Concretamente, el Artículo 53 confiere la potestad a la Cámara de Diputados de acusar ante el Senado "...al presidente, vicepresidente, jefe de gabinete de ministros, ministros y a los miembros de la Corte Suprema, en las causas de responsabilidad que se intenten contra ellos, por mal desempeño o por delito en el ejercicio de sus funciones; o por crímenes comunes...". En el caso de que el Senado decida por la mayoría de dos tercios de votos sobre todos los cargos, o sobre alguno de ellos, se declarará al acusado incurso en la destitución de su empleo, según lo establece el Artículo 60.

   Esta es una iniciativa política concreta –legítima, legal, constitucional y totalmente democrática-- para reconciliar la Ciudadanía y la Política, que convoca al protagonismo popular, al debate y movilización masiva para frenar los abusos, aún si no se logran las fuertes mayorías exigidas en las dos Cámaras, al tiempo que facilita y da un marco general para la multiplicación de las luchas para frenar esta ofensiva brutal, el despojo a que nos somete Cambiemos, que no se detendrá mientras conserven el poder.

   Esta es, ante todo, una posición y no una receta, puede no ser compartida, o surgir otra/s, aunque no sucedió a lo largo de estos tres años, pero lo que no se puede hacer es limitarse a esperar un triunfo electoral (por el que sin duda pondremos todo lo que cada uno pueda poner), mientras día a día destruyen al país y condenan a los argentinos hasta un muy lejano 10 de diciembre de 2019.