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domingo, 19 de agosto de 2012

Yo Sé Dónde Me Aprieta el Zapato





Después de una ausencia prolongada, retomamos nuestra selección dominical de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Héctor Zimmerman, Editorial Aguilar. Que la disfruten...

La frase se basa en una anécdota popular en Roma, en lo primeros siglos de nuestra era.
Se relata allí la historia de de un conocido patricio que estaba casado con una mujer de fortuna; muy hermosa e inteligente. Un día en que se hallaba bebiendo con sus amigos el hombre declaró su intención de divorciarse.
La noticia asombró a los presentes, quienes siempre habían envidiado su matrimonio. Con insistencia trataron de disuadirlo ponderando las muchas virtudes de su joven esposa.
Él los escuchó en silencio largo rato. Cuando acabaron de hablar, sorprendió a todos quitándose un zapato. “¿Ven este zapato?”, les preguntó. “Es nuevo, está hecho con los mejores materiales, por el mejor zapatero en Roma. A la vista no presenta el menor defecto. Pero nadie que no sea yo mismo puede saber dónde me aprieta al caminar”.
La parábola es clara: sólo en a intimidad de cada uno se esconden los motivos profundos que lo llevan a actuar. Todos tenemos algún punto débil que, como el zapato de la historia, hace doler, y a veces, sin que los demás puedan sentirlo en carne propia.

domingo, 10 de junio de 2012

Un Día de Perros



Seguimos con nuestra selección dominical de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Héctor Zimmerman, Editorial Aguilar.

 Una jornada llena de contratiempos y encontronazos, en que nada sale bien, suele ser calificada como “un día de perros”.
La frase no tiene que ver con ladridos ni mordiscos. Se remonta a los tiempos de Julio César, y está relacionada con Sirio, también llamada estrella del Perro (o del Can) por pertenecer a esta constelación.

 En cierta época del año –que siglos atrás coincidía con la culminación del verano en el hemisferio Norte– Sirio aparecía al mismo tiempo que el Sol.
Ese fenómeno hizo creer a los romanos que los intensos calores propios de julio y comienzos de agosto se debían a que al calor del Sol se sumaba el que irradiaba la estrella del Perro. Por ello, a esta temporada tan difícil de soportar la llamaban días del Perro, expresión que con el tiempo tomó la forma actual.
Hoy nadie piensa en Sirio ni en su constelación para echarles la culpa de sus contratiempos y rabietas. Cualquier día, por templado que sea, puede hacernos sentir que nos acosa una jauría.