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domingo, 3 de mayo de 2009

Elecciones: el verdadero debate


“El kirchnerismo ha consolidado el rumbo de su táctica de la antinomia letal. Según Néstor Kirchner, el estratega principal, y la presidente Cristina Fernández, su ejecutora, lo que está en juego el 28 es mucho más que una elección de medio término. Lo que ese día se decidirá, dicen, es si el oficialismo conserva o no la mayoría. Si la conserva, el "modelo" sigue adelante; si la pierde, el ‘país explota’ o ‘peligra la estabilidad democrática”.Ricardo Kirschbaum, Clarín,3-5-09

“Sólo la terquedad o el ensimismamiento podrían explicar tantos errores. Néstor y Cristina Kirchner parecen convertir la campaña electoral en un callejón sin salida para ellos. Han repetido que la Argentina volará por los aires si el último domingo de junio una derrota golpea al Gobierno. Han repetido que necesitan de la mayoría parlamentaria para garantizar la gobernabilidad”. Eduardo van der Kooy, Clarín, 3-5-09

“La sombra de un relevo inevitable es ahora lo más parecido a la catástrofe de 2001. El peronismo, baqueano en el vertiginoso serpenteo del poder, entrevé que un liderazgo se extingue. Es sólo el problema de un partido, que no debería extenderse al conjunto de la sociedad argentina. Néstor Kirchner es el que quiere ampliar y socializar su drama personal; en los últimos días, ha mostrado todos los fantasmas y ha escondido todas las diferencias con la gran crisis. De él depende, no obstante, que la ejecución de aquel relevo respete los mandatos actuales sin colmar la paciencia social (…) Sólo los Kirchner están en condiciones de repetir la crisis política de 2001, entendida ésta como la culminación inmediata de un gobierno luego de una derrota electoral. Ellos podrían ponerle fin al Gobierno ante la necesidad forzosa de cambiar las formas del gobierno, que es la única obligación que tendrán. Nadie les dirá, en ese caso, que no”.Joaquín Morales Solá, La Nación, 3-5-09.

Son apenas tres citas, pero demuestran –como venimos señalando– que la mayor claridad en el análisis y las propuestas destituyentes proviene de los grandes medios concentrados de comunicación, en tanto la oposición se debate en el “consignismo” y como éste puede ser funcional a aquella corporación para que les permita seguir “apareciendo” y, por lo tanto, disputando espacios políticos públicos.

Son los medios, como bien se autodefine La Nación del mitrismo, la “Tribuna de doctrina”. Lamentablemente para la “calidad institucional” que pregonan, la función de los opositores es repetir en términos más efectistas sus líneas de pensamiento y acción, como la hipócrita definición de “terrorismo verbal”, adjudicada a la Presidenta y al titular del PJ, o el cinismo de Mauricio Macri anunciándonos que “el país explotará, pero de alegría”, si el gobierno elegido por el pueblo sufre una derrota en las elecciones del 28 de junio, sobre todo si pierde la mayoría parlamentaria.

En cambio, en sus extensos análisis, sobre todo lo dominicales, vemos en los grupos económicos dedicados a la comunicación un enfoque político global que expresa lo que el bloque dominante pretende. Se ningunea significativamente la importancia de los comicios, casi despectivamente llamados de “medio termino”, y se llega a la conclusión que de perder la mayoría parlamentaria la única consecuencia para el oficialismo será tener que negociar con la oposición en el Parlamento. Sin embargo, desde ese punto se pasa a la convocatoria descarnada a “Derrotar a los Kirchner”, pues de esta manera es posible –como alegremente “chichonearon” Grondona y Biolcatti—desplazarlos y que asuma como Presidente Julio Cobos. Suena gracioso, si no fuera de una contundencia casi golpista, que Joaquín Morales Solá lo plantee en términos de que serian los propios Kirchner los que abandonarían el poder al no poder asumir que en “democracia” se trata de dialogar y alcanzar consensos. La frase final de la tercera cita que consignamos al principio queda para la antología de la audacia y la impunidad: “Nadie les dirá, en ese caso [que se vayan solos], que no”. ¿Esta claro a dónde apuntan?

Algunos amigos y antiguos compañeros no creen, sinceramente, que el 28 de junio se enfrenten dos modelos de país: el de rapiña y renta financiera o agraria, que nos llevó al 2001, y el productivo, con sesgo en la producción nacional, el mercado interno y la exportación con valor agregado (ninguna propuesta revolucionaria, por otra parte, salvo que toca profundamente el sensible bolsillo del bloque dominante). Hablo de compañeros que tienen tradición en el campo popular, pero niegan, o minimizan, los cambios producidos desde 2003, o por el contrario hacen centro en sus insuficiencias, y aún deformaciones.

Este gobierno no solo promovió una Corte Suprema de Justicia independiente y el juicio a los genocidas cuando ninguna conveniencia política lo aconsejaba; por la resistencia de los poderosos intereses afectados, y porque nadie, pero nadie –salvo las organizaciones de derechos humanos—lo tenía en su agenda. Esta es una posición de principios que no puede cuestionarse. Y este avance sufrirá un fuerte revés si cambia la correlación de fuerzas en el parlamento. La oposición ya anuncia una ofensiva contra el Consejo de la Magistratura, instituto promovido por Raúl Alfonsín en la reforma constitucional de 1994, cuestión que pocos homenajeadores recuerdan, pese que el caudillo radical sabía que iba a ser implementado por el menemismo. Pero la institución perdura, al igual que los órganos de control en manos de la oposición, y otras modificaciones que se impusieron pese al vendaval neoliberal.

Este gobierno también enterró el concepto de relaciones carnales con los EE.UU cuando, a tono con la ola de avances de movimientos nacionales populares en América Latina, contribuyó de forma decisiva a que se diga no al ALCA en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata. Junto a los gobiernos de varios países hermanos promovió la necesidad de un desarrollo autónomo e integrado, que en buena parte nos puso a salvo de los efectos más graves de la crisis internacional que vive hoy el capitalismo. Pues bien, uno de los instrumentos básicos para enfrentar esa crisis es hoy promover la integración económica, política y aún militar de nuestros Estados, dejando atrás el sesgo meramente comercial que tuvo en su valioso comienzo. Los acuerdos con Brasil para desdolarizar el comercio, el crecimiento de Unasur, los acuerdos realizados en el área de la Defensa (avanzar en la elaboración de una doctrina común en Latinoamérica en lugar de adoptar las recetas estadounidenses, la recuperación de Atanor, de la fábrica militar de aviones de Córdoba, los acuerdos con Embraer), son exponentes de la necesaria creación de un bloque latinoamericano. También, de promover el multilateralismo frente al mundo unipolar que impuso la política agresiva y hegemónica de Estados Unidos, y defender el interés nacional en forma mancomunada con nuestros hermanos latinoamericanos. Todos estos ejes son omitidos por los analistas de los medios, y la oposición los ignora porque en realidad ha votado en contra de cualquiera de estas políticas que haya pasado por el Parlamento.

Este gobierno, sin que nadie marchara por las calles para pedirlo –y mucho menos hablara en el Congreso para proponerlo– decidió poner en el centro de la escena el papel del Estado en el desarrollo económico y social de un país. Se estatizó el Correo, que no solo remontó el déficit crónico que le dejó Macri, sino que logró ganancias en épocas en que la informática le ha dado un duro golpe a los rubros que mayor rentabilidad le otorgaban. Se estatizó Aysa, Aerolíneas Argentinas, antes se constituyó Enarsa y luego se recuperó la mencionada fábrica militar de aviones en Córdoba. Se dio el trascendente paso de estatizar los miles de millones de dólares de los aportes provisionales de los argentinos, que no solo estaban siendo manejados por un grupo de poco más de una decena de bancos, en su beneficio, llegando al extremo de prestarnos con intereses exorbitantes nuestro propio dinero, el que criminalmente se les entrego para que especulen. Todo esto fue votado sistemáticamente en contra y aprobado gracias a la mayoría parlamentaria gubernamental. En ocasiones, escuchamos argumentos patéticos como que “podría ser”, pero no “a este gobierno”, porque con su “corrupción” generalizada sólo haría “Caja”. Justamente “caja” es lo que necesitamos para enfrentar la crisis, crear empleo y distribuir el ingreso con justicia. Ni siquiera negamos la posibilidad de corrupción en algún sector. Pero cuando analizamos la futura relación de fuerzas en el parlamento, no podemos ignorar que este es un modelo, y el que defenderá otra mayoría será otro; tanto el que ejecutó el menemismo como luego la Alianza, primero con López Muphy, y luego con Cavallo, que llegó de la mano del inefable “Chacho” Álvarez, pero fue aceptado por figuras de ese gobierno que hoy están en la oposición y, naturalmente, resistido por otros dirigentes y funcionarios que integran el actual Gobierno o defienden sus posiciones desde las bancas.

Si de criticar se trata, como marxista no se me escapa el carácter de clase del Estado, la hegemonía de la clase dominante o, en todo caso, como ahora, que la correlación de fuerzas entre proyectos de capitalismo con marcadas diferencias, sean viables a largo plazo o no. Tampoco, que los que soñamos para nuestra Patria una sociedad poscapitalista –un nuevo socialismo como todavía no conoció el mundo– hemos vivido en carne propia cuánto daño en el aquí y ahora puede causar la acción de este mismo Estado cuando responde al sector más concentrado de la economía; como contrapartida, las posibilidades que ofrece cuando, en disputa –incluida aquella con sectores del propio gobierno que sabemos a que juegan– se lo pone parcialmente en beneficio del pueblo, como en los casos que tomamos sólo a manera de ejemplo en el párrafo anterior. En todo caso, el Estado es parte de la superestructura de la sociedad y por lo tanto permeable a la presión y acción de la voluntad política consciente y organizada del pueblo, que en todo caso es lo que nos está faltando para asegurar que este rumbo deje de ser un rumbo para convertirse en un destino.

Por lo tanto, no estamos acercándonos a unas “simples elecciones de medio término”. Aún más, nada es simple en este camino: en cada batalla –las ya señaladas u otras –como la ruptura con los condicionamientos del FMI o la decisión de “aumentar el gasto público” para otorgarle jubilación a 1,8 millones de trabajadores que nunca la hubieran tenido sin una decisión política— es una batalla por el tipo de modelo que queremos para nuestra Patria; esto mal que le pese a comentaristas para los cuales del “autoritarismo” del gobierno ya llegó al lenguaje, al que ha tornado militar. Graciosa crítica para quienes todos los días nos atosigan con términos como “bunker” para describirnos un local o lugar de encuentro partidario o sindical, “incondicional soldado K”, para algunos funcionarios o lideres sociales, “deserción”, “frente de combate” o “madre de todas las batallas”, para citar sólo algunos de los que leemos a diario, fruto de la simplificación o la escasa imaginación de muchos escribas.

Y un par de reflexiones finales acerca de las teorías acerca del “todo o nada” y la “lógica del miedo” que querría instalar el Gobierno, como lógica reacción de su “autoritarismo” ante la posibilidad de perder la mayoría parlamentaria.

Personalmente, no concibo la política sin diálogo con la oposición. Es más, me parece que la falta de dialogo –y por lo tanto de políticas consensuadas con los pequeños productores– favoreció el fortalecimiento del bloque que hegemonizó la patronal ruralista, al hacer creer a una parte importante de la sociedad que “sus” intereses eran los del pueblo todo, para citar el caso más resonante. Pero nunca –aún con las más prolijas, atinadas y reflexivas propuestas gubernamentales– hubiera habido consenso con los enemigos conscientes, de clase, de este modelo. Sencillamente no es posible. Quieren otro modelo de país, de renta extraordinaria a costa de la miseria y el hambre de la inmensa mayoría de los argentinos. Se puede, mientras nos dejen, y no tengan fuerza para masacrarnos como tantas veces en la historia, mantener relaciones civilizadas; pero no hay que engañarse: no hay consenso posible.

No vamos a caer en el juego, aunque lo propongan nuestros propios aliados, de considerar que toda la oposición es parte, o servil vocero, del privilegio; así como no todo el gobierno, y todos los parlamentarios que se cobijan a la sombra del poder, pretenden llevar este modelo hasta el fin. Por lo tanto, puede haber dialogo con aquellos que, desesperados por lograr su cuota de poder, repiten los argumentos de los que han sido sus enemigos, y han contribuido a voltearlos cuando fueron gobierno, o avalaron la represión a sus luchas cuando protestaron.

Por ejemplo, decirle a los radicales que no honran su origen nacional y popular, ni a Raúl Alfonsín, cuando anuncian junto a personajes como De Narváez que acordarán una agenda parlamentaria para “el día después”; cuando tratarán, por ejemplo, de restarle poder a la Presidenta, rebajar o eliminar las retenciones, que es como decir liquidar buena parte del futuro de la obra publica, la salud, la educación y la vivienda. Decirles que si eso no es poner en juego la gobernabilidad y empujar al gobierno a gobernar con decretos de necesidad y urgencia (DNU) nacimos en un repollo. Y esto es lo que advirtió la presidenta cuando habló del deterioro de la calidad institucional y la estabilidad democrática, a las que mostró su decisión de fortalecer al no haber firmado más de tres DNU. Francamente, nos duele ver luchadores de toda la vida omitiendo semejante dato de la realidad, repitiendo como loros los mismos argumentos del diario de los Mitre y la corporación mediática, cuando los personajes que citamos ya han dicho que esperan para y a partir del recambio legislativo.

¿Qué hacemos, entonces? En mi caso, en el de Izquierda Democrática y muchos militantes, aún los que apoyamos este proceso enfrentando más trabas que aliento, sin dudas apoyarlo electoralmente el 28 de junio, porque es el que más cerca conduce al país que soñamos: justo, libre y soberano. Y, a la vez, apostar a la construcción de la fuerza que necesitamos: homogénea, que apoye todo lo positivo que se ha hecho y brinde la base de sustentación social y política; para corregir lo que se ha hecho mal y encarar los cambios que faltan o, eventualmente, no se quiere realizar. Tampoco creemos que sea fácil. Hay quienes enfrentan esta perspectiva en el propio oficialismo. Pero es el único camino posible para el campo nacional y popular.

martes, 28 de abril de 2009

Izquierda y movimientos sociales en apoyo al proceso político en curso


Néstor Kirchner volvió a apelar ayer a "la memoria" de los argentinos de cara a las legislativas. Además, apuntó a las consultoras: "En algún momento tendrán que decir cuáles son las verdaderas encuestas. Estamos ganando y vamos a ganar las elecciones del 28 de junio, ellos lo saben y por eso nos atacan", disparó en un masivo acto organizado en el Luna Park por más de una decena de partidos de izquierda y movimientos sociales.

Los convocantes fueron el Frente Transversal, Frente Grande, Partido Intransigente, Izquierda Democrática, Militancia Social, Proyecto Popular, Causa Popular, Comedor Los Pibes, Partido Comunista Congreso Extraordinario, el Mojuso y la Corriente Nacional Martín Fierro, coordinando en la Mesa de Unidad Popular. Participaron miembros de las delegaciones de los partidos latinoamericanos que, junto a sus pares argentinos, analizaron ayer, y prosiguen hoy, el tema “Crisis internacional y alternativas populares” en el continente; así como legisladores y buena parte del gabinete nacional. La consigna central del acto fue “El país que queremos, la fuerza que necesitamos”, y según los matutinos logró convocar unos diez mil militantes, cifra poco habitual en estos tiempos.
Kirchner pidió tener "memoria" y aseguró que "si no tuviéramos la mayoría parlamentaria necesaria, la Argentina caería en el vacío y tendríamos la crisis del 2001". "O volvemos a millones de desocupados, a descontarle a los jubilados, los maestros y los estatales o peleamos y luchamos en la calle, puerta a puerta, pidiendo a los argentinos que defiendan este modelo que empezó a cambiar la historia de nuestra bendita patria", afirmó. "Cierta prensa sabe que estamos ganando la batalla, en algún momento darán las verdaderas encuestas, estamos ganando y vamos a ganar la batalla del 28 de junio", aseguró. "Es verdad, es casi natural que los espacios neoliberales que existen en la argentina se estén agrupando para construir la maquina de impedir", aseguró.
El ex presidente recordó la situación por la que atravesaba el país aquel 25 de mayo de 2003, "cuando alumbrábamos la posibilidad e empezar a cambiar la Argentina" y lo definió como "un tiempo difícil, en el que teníamos sólo el 22 por ciento de los votos pero con la fuerza de la intención de cambiar la Argentina". Kirchner enumeró los pasos iniciales de ese cambio y recordó los cambios en la Corte Suprema de Justicia, la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los indultos. "También salimos a renegociar la deuda privada argentina y por primera vez en la historia ahorramos 70 mil millones de dólares, por primera vez los argentinos salíamos triunfantes en una negociación con los que habían esquilmado la patria", agregó. "Le dijimos basta del gobierno vigilante del FMI le pagamos y le dijimos chau, hasta que no sirvas al desarrollo de los pueblos, no queremos saber más nada con vos". Kirchner resaltó la importancia de haber recuperado el Correo Argentino, el espacio radioeléctrico, Aguas Argentinas, y Aerolíneas Argentinas. También destacó la decisión de la Presidenta de devolverle al Estado la administración de los fondos de pensión y haber impulsado la movilidad jubilatoria. "Tenemos que tener en claro que lo que se está tratando en la Argentina es quebrar al gobierno popular, no quieren que se profundice la justicia y la equidad", aseveró. En referencia a la crisis económica internacional, el ex presidente destacó que el gobierno "está respondiendo, la Argentina sigue creciendo". "Y hay algunos que en vez de ayudar a que la Argentina tenga solvencia se han transformado en máquinas de impedir, son los que quieren que vuelva el modelo neoliberal que nació con (José Alfredo) Martínez de Hoz en el ’76 y siguió en los ’90 y que tiene empleados actuales para que vuelva ese modelo", afirmó.
El titular del PJ dijo que "no queremos volver al Centenario donde la Argentina era granero del mundo pero había Estado de sitio y los trabajadores soportaban la cárcel"."Queremos un Bicentenario donde el trabajo argentino tenga valor agregado", afirmó y reiteró que "queremos defender al trabajador argentino, la familia argentina y a la industria nacional". "Por eso le quiero decir a todos los argentinos que estamos haciendo todo lo que podemos para consolidar el cambio en la patria, tratando de consolidar el cambio en nuestro país", agregó.
Tras asegurar que es preciso tener la mayoría parlamentaria para evitar que "la Argentina caiga en el vacío y vuelva la crisis del 2001", el ex presidente afirmó que la del 28 de junio "no es una elección menor".Kirchner agradeció a los presentes y afirmó que "quiero convocarlos con amor, con la fuerza que nos da el haber trabajado para levantar al país". "No nos sentimos dueños del espacio nacional y popular, decimos con todas nuestras fuerzas que sabemos que los intereses que se mueven al servicio de restauración conservadora no nos atacan por los errores sino por los aciertos que se han logrando", aseveró.
Segunda noticia de tapa, La Nación titula “”Si perdemos, el país volverá al 2001”; “Kirchner se mostró en la Capital y criticó más a las encuestas que a los rivales”, destaca Clarín, apuntando que el acto fue convocado “por sectores alejados del PJ tradicional; “Volveríamos a caer en el vacío” (Página/12); “Kirchner pidió apoyo popular y denunció a los opositores” (La Prensa); “Néstor dice que pone directores en empresas privada para cuidar la platita de todos” (Crítica, tapa); “Kirchner: Se juegan dos modelos” (El Cronista); “Sin mayoría parlamentaria el país caería en el vacío, alerto K” (Buenos Aires Económico, tapa); “Kirchner afirma que ganará la batalla del 28 de junio” (Crónica); y “Kirchner alertó que se puede caer en el vacío” (Diario Popular).