domingo, 13 de febrero de 2011

Despues de mí el diluvio...


Seguimos con nuestra selección dominical de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Héctor Zimmerman, Editorial Aguilar.


Frase que traduce una total desaprensión por los males que nuestros actos pueden causar en el futuro. Ya sea una deuda contraída sin saber como ha de pagarse, de un contrato de improbable cumplimiento o de cualquier otro compromiso muy difícil de afrontar. Suele ser atribuida a Luís XV en el momento de morir, pero diversos testimonio prueban que madame de Pompadour, amante del monarca, ya la había empleado refiriéndose a ambos. Cuando el rey se mostraba preocupado por los desastres que culminaron con la pérdida para Francia de sus posesiones en Canadá y en la India, y con una pésima situación económica, la Pompadour le aconsejaba indiferencia: “No debéis afligiros: después de nosotros, el diluvio”. La expresión tiene el valor de un encogimiento de hombros, de una negativa a enfrentar y tratar de resolver nuestros propios errores. Hoy más que nunca vale también a políticos que sólo se ocupan del llamado “corto plazo”, y es aplicable a quienes irracionalmente dañan las condiciones de vida en el planeta. Cuando, más tarde o temprano, las consecuencias sobrevengan, y otros deberán hacerse cargo de ellas.

sábado, 12 de febrero de 2011

La indiferencia que oxigena


En las horas previas al discurso sobre el estado de la Unión realizado por el presidente de Estados Unidos, se conoció la noticia de que Barack Obama realizará la primera gira por Sudamérica desde el comienzo de su administración. En concreto, el mandatario norteamericano tendrá reuniones con sus pares de El Salvador, Brasil y Chile, pero omitirá realizar una escala en Argentina para reunirse con la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Fundamenta su agradecimiento Fernando Zack, Director Ejecutivo del capítulo Buenos Aires de la Sociedad Internacional para el Desarrollo (SID-Baires).

Las crónicas periodísticas que abordaron esta cuestión, enfatizaron la omisión de Obama y la interpretaron como un signo del aislamiento y la falta de relevancia de nuestro país dentro de la comunidad internacional y, por supuesto, en la agenda norteamericana.
Lejos de sorprender, lamentablemente estamos acostumbrados a la proliferación de análisis que anhelan los tiempos en que la política exterior de nuestro país se preocupaba más por satisfacer las demandas y la cesión ante las presiones de las potencias extranjeras que de saldar la deuda en materia de desarrollo, combate de la pobreza y reducción de la desigualdad existentes en Argentina. No por casualidad, esos tiempos que con nostalgia muchos recuerdan, coincidían con la visita del Presidente Bush (padre) a la Argentina a la vez que éste recibía con honores a Carlos Menem en la Casa Blanca.
En forma análoga a los atentados del 11/9, la actual crisis económica internacional aporta oxígeno a la voluntad política del Gobierno nacional para implementar una estrategia de desarrollo nacional auto-determinada. La crisis mantiene a las principales potencias del planeta sumidas en sus problemas domésticos, combatiendo el desempleo y las presiones fiscales que surgen a partir de los paquetes de estímulo y planes de salvataje implementados para detener el derrumbe.
Argentina no posee grandes atributos de poder que nos conviertan en un centro de atención para Estados Unidos. Tampoco representamos una amenaza a su seguridad. Por el contrario, la diplomacia norteamericana es consciente de que nuestro país contribuye decisivamente a la paz, la seguridad y la estabilidad de la región. En consecuencia, si la irrelevancia es la causa de la ausencia de Argentina en la agenda de Obama, bienvenida sea!
La indiferencia, lejos de matar, muchas veces oxigena. En este caso, el hecho de que estemos lejos de ser una prioridad para la política norteamericana nos dota de importantes márgenes de libertad y autonomía para establecer posiciones y alianzas en la arena internacional, en un contexto en el que la cuota de poder mundial que le toca administrar a Estados Unidos dista mucho del escenario unilateral que ostentó a principios de siglo. El sistema internacional comienza a consolidarse sobre una estructura multilateral en la que Obama se encuentra condicionado por el G-20, los BRIC y por la crisis económica que viven sus aliados europeos de la OTAN.
Paralelamenete, los análisis económicos que más consensos reunieron en el reciente Foro Económico de Davos coincidieron en que la economía que está emergiendo de la crisis se caracterizará por un crecimiento a tres velocidades donde el mayor dinamismo lo experimentarán los países emergentes y en un segundo y tercer lugar estarán Estados Unidos y la Unión Europea con un menor crecimiento económico y altos índices de desempleo. Esto confirma que la locomotora del crecimiento mundial se está trasladando desde el Atlántico (Estados Unidos y Europa) hacia la región de Asia-Pacífico. Más claramente, es el momento de la cooperación Sur – Sur.
En consecuencia, los analistas de política internacional deberían preocuparse no tanto por lo que hace o deja de hacer Barack Obama, sino en realizar aportes para que nuestro país diseñe una estrategia acorde a los desafíos que vienen.
Ahora bien, esto no supone que debemos cambiar de patrón para dejar de defeccionar ante Estados Unidos y comenzar a hacerlo ante las nuevas potencias emergentes. Por el contrario, de lo que se trata es de lograr un relacionamiento con ellas que promueva el desarrollo nacional. Esto implica que no debemos insertarnos como exportadores de alimentos y commodities de escaso valor agregado, sino que debemos hacerlo con productos diferenciados de calidad, alto valor agregado y que sean el resultado de procesos de innovación e incorporación de tecnología.
Como nos enseñara el gran Arturo Jauretche en su manual de zonceras argentinas, “Hay una cuestión determinada por la naturaleza de los recursos naturales y otra determinada por la inteligencia política”. La buena noticia, es que ser inteligentes depende sólo de nosotros.

viernes, 11 de febrero de 2011

Informalidad laboral: tarea pendiente y urgente


2011 encuentra a la Argentina con algunas deudas estructurales que persisten incluso luego del ciclo de crecimiento económico que desde 2003 a la fecha solo fue interrumpido por la crisis internacional de 2009. La informalidad laboral es sin duda una de las deudas más difíciles de saldar, y sobre esto alerta el economista Emmanuel Agis

Según la última información disponible, en el tercer trimestre de 2010 el 35,8% de los asalariados no hacía aportes jubilatorios. Este porcentaje se ha venido reduciendo desde 2003 a la fecha. En la comparación regional la Argentina se ubicaba en 2009 en el cuarto puesto de países con menor informalidad, con una tasa de 39,9% contra un promedio latinoamericano de 48,4%. No obstante, resulta importante discutir algunas de las implicancias que tiene la informalidad, sobre todo en un contexto en el cual la economía estaría supuestamente aproximándose al “pleno empleo”.

De hecho, para algunos analistas económicos la Argentina se encuentra “peligrosamente” cerca del pleno empleo de la fuerza de trabajo. Con una tasa de desempleo de 7,2% para el tercer trimestre de 2010, pareciera que todo intento por continuar reduciendo el desempleo sería contraproducente. Si la hipótesis del pleno empleo fuera cierta, los estímulos al crecimiento presionarían sobre una oferta de mano de obra plenamente utilizada y se traducirían en aumentos de precios, sin producir mejora alguna para los sujetos involucrados. Sin embargo, estos argumentos omiten una de las consecuencias macroeconómicas más importantes de la informalidad laboral, esta es, que la tasa de desempleo no constituye un indicador del grado de proximidad respecto del pleno empleo de la fuerza de trabajo.

El fenómeno de la informalidad es extremadamente complejo y las simplificaciones pueden inducir a errores. En la Argentina, la informalidad laboral está afectada por la heterogeneidad de su estructura productiva. Esto implica que dentro de la informalidad conviven fenómenos heterogéneos que responden a distintas causas y tienen distintas soluciones.

La principal causa de la informalidad en la Argentina es que la economía presenta una deficiencia estructural para generar suficientes empleos formales. Esta deficiencia estructural genera, a su vez, dos tipos de fenómenos. Por un lado, el déficit en materia de generación de empleos formales genera una lógica de refugio por parte de los trabajadores. Muchas de las actividades que se desarrollan en la informalidad son el resultado de estrategias de supervivencia implementadas por individuos que no acceden al mercado de trabajo formal. ¿Cuál es la solución para este tipo de informalidad? La reducción de las actividades de refugio solo puede provenir de una solución de carácter macroeconómico y estructural. La necesidad de sostener el crecimiento económico y las capacidades de generación de empleos dignos son centrales para permitir que los individuos afectados encuentren empleos en el sector formal de la economía. Al mismo tiempo, la superación de la heterogeneidad estructural es una condición necesaria para que la reducción de la informalidad sea sostenible. La existencia de este “ejercito industrial de reserva” que hoy se refugia en actividades de subsistencia explica por qué la tasa de desempleo no constituye un indicador satisfactorio del grado de rigidez del mercado de trabajo: la oferta potencial de trabajadores es mucho más alta que lo que se puede deducir a partir de la simple observación de la tasa de desempleo.

Por otro lado, existe lo que se puede denominar como informalidad “de costos”, que se genera como consecuencia de la baja productividad de cierto tipo de empresas (en general PyMEs y microempresas) y que deriva en estrategias que hacen de la evasión fiscal su principal recurso de subsistencia económica.

En este segmento de la informalidad existe una profunda heterogeneidad. Mientras que en algunos casos la informalidad es efectivamente el resultado de una baja productividad, en otros, aquella constituye un mecanismo adicional de reducción de costos, utilizado por empresas donde conviven trabajadores formales e informales. La identificación y separación de estos casos es central para el correcto diseño e implementación de soluciones de carácter integral, que otorguen esquemas de incentivos a las primeras y castigos a las segundas. En último lugar aparece la informalidad que aquí denominaremos “triple i”, que es aquella informalidad que es, a la vez, ilegal, inaceptable e indignante. Dentro de este tipo de informalidad se encuentran actividades que explotan a trabajadores en condiciones que se asemejan a la esclavitud. Si bien estas prácticas resultan ilegales e inaceptables, existe una característica adicional que las vuelve indignantes: los recientes casos de trabajo esclavo en el sector agrícola (que en el período 2003-2008 empleó al 67% de sus trabajadores de manera informal) resulta indignantes por provenir de uno de los sectores con más alta productividad y, en parte gracias a estas prácticas, también de más alta rentabilidad de toda la economía. Es claro que para este tipo de informalidad las soluciones “económicas” carecen de sentido. En estos casos, el control por parte del Estado y de los respectivos sindicatos constituye una herramienta ineludible para combatir un fenómeno que no tiene causas estructurales, sino que responde a lógicas arcaicas, absolutamente repudiables y condenables.

domingo, 6 de febrero de 2011

Defenestrar a un funcionario


Seguimos con nuestra selección dominical de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Héctor Zimmerman, Editorial Aguilar.


Es corriente leer en los diarios que un funcionario importante por lo general un ministro ha sido defenestrado. El hecho supone habitualmente, presiones o conflictos políticos y en algunos regímenes de fuerza suele ir acompañado de actos de violencia. Etimológicamente defenestrar, que es herencia del latín fenestra (ventana) significa tirar por la ventana. La expresión nació en mayo de 1618 con la llamada defenestración de Praga. La promovieron los protestantes de Bohemia (hussitas) como reacción contra un cierre de capillas que violaba las normas de libertad religiosa comprometida por el católico emperador Matías. Al no recibir satisfacción a sus reclamos, los protestantes irrumpieron en el palacio real y arrojaron por las ventanas a los dos regentes imperiales y a varios de sus consejeros más fanáticos. Como bien señala Homero Alsina Thevenet en su Enciclopedia de datos inútiles: “En la actualidad un ministro es defenestrado cuando es removido de su puesto en forma abrupta. Eso no supone sin embargo que en todos esos casos se lo arroje por la ventana”.

viernes, 4 de febrero de 2011

Medios esclavos


El G-6, que siempre ha nombrado los jueces laborales, se horroriza por designaciones de profesionales de intachable carrera académica y judicial, de los reclamos salariales y hasta de las formas de protesta, con el descaro de citar un llamado a la reflexión de la Presidenta. Bueno hubiera sido que hiceran lo mismo con sus definiciones acerca del trabajo esclavo de quienes jamás ganaron tanto en tan poco tiempo. Frente a las recientes denuncias, a las que hoy se suman otras en Azul y Salto, Roberto Samar y Ariel Lieutier ponen en evidencia de qué manera grandes medios de comunicación contribuyen al ocultamiento de estas situaciones reforzando la invisibilización social.

En la Argentina del siglo XXI hay trabajadores cuyas condiciones de vida y explotación lindan con la esclavitud. Sin embargo, los medios hegemónicos rara vez hacen referencia a ello. Frente a determinados temas que se contrapongan con los intereses o las concepciones de quienes dirigen su línea editorial, la salida es la omisión. Una noticia no es noticia, no por falta de interés sino precisamente por el interés de esos medios en que no lo sea. En el ágora mediático, a diferencia de un hospital, el silencio no es salud, sino ocultamiento.

La explotación existe por su invisibilización social. Pero la invisibilización es doble: también la reproducen los medios de comunicación, lo que refuerza y sostiene a la primera.

Un hecho puede taparse o puede hacerse tapa, reza un slogan de marketing comercial de un matutino. Eso ocurrió en el mes de enero, cuando Página/12 inició una amplia cobertura disparada por un procedimiento judicial, realizado en San Pedro donde se reveló que la transnacional Nidera, una de las mayores exportadoras de cereales, tenía reducidos a condiciones de servidumbre a 130 trabajadores, entre ellos 30 niños y adolescentes. El tema fue tapa no menos de seis veces en dos semanas. El país abolió la esclavitud en 1853, por lo que es razonable que para la política editorial de un diario el tema sea noticiable.

No lo fue, sin embargo, para Clarín y La Nación, para cuyos editores los ejes elegidos en esa semana fueron el golpe boquetero a un banco, la presión tributaria y la falta de billetes.

En dichos periódicos, la reducción a la servidumbre de trabajadores por parte de Nidera SA sólo obtuvo una cobertura marginal. Varios días después, cuando no se podía seguir negando la existencia de la noticia, el diario La Nación publicó en formato de nota periodística un comunicado de la empresa, sin dar lugar a otras voces. No hubo testimonios de las víctimas ni de las organizaciones que entienden en la problemática ni de las áreas del Estado que intervinieron.

Asimismo, en una editorial de La Nación, se tomaba el comunicado de Nidera como incuestionable y señalaba “cabe preguntarse si, tratándose de un trabajo migratorio, de pocas semanas, abonado en blanco y contratado de acuerdo con las leyes respectivas, se justifica la calificación de esclavitud y reducción a la servidumbre que se ha deslizado contra determinadas empresas agrícolas”. Cualquiera que haya visto las fotos y leído las crónicas y los testimonios de los trabajadores está en condiciones de responder a un interrogante tan malicioso. La editorial terminaba, en un increíble giro, deslizando sutilmente una sospecha de que en realidad Nidera podría llegar a ser víctima de una persecución política o ideológica.

Según los manuales de periodismo, la “actualidad” y la “novedad” son dos valores destacables que tiene que tener una noticia. Para Clarín el tema recién existió casi una semana después de su difusión. Su cobertura no superó los cuatro párrafos y también dio exclusivamente la versión de la empresa sobre los hechos.

Es probable que los vínculos con la transnacional Nidera influyeran en esa cobertura. Nidera es uno de los principales expositores en Expoagro, la exhibición anual organizada por una sociedad cuyos accionistas son esos diarios. Sin embargo, la reticencia de los medios hegemónicos a difundir noticias que puedan afectar sus relaciones comerciales va más allá de este caso puntual. Las noticias sobre las condiciones de trabajo esclavo en los talleres textiles clandestinos son otra muestra de esta lógica. Si bien este tema es abordado con cierta recurrencia por los medios más grandes, sólo excepcionalmente se hace referencia a las importantes marcas que han sido descubiertas contratando a estos talleres. Además, las coberturas tienden a dar más importancia a la falsificación de marcas que al trabajo esclavo.

Los medios de comunicación, ya se sabe, no reflejan la realidad, sino que muestran un botón de los acontecimientos y una primera interpretación. El abordaje sobre el trabajo esclavo, por lo general encubre la responsabilidad de los actores económicos, dotándolos de cierta impunidad pública que los deja indemnes de las sanciones sociales.

Rodolfo Walsh escribió que la historia en ocasiones se convierte en propiedad privada “cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”. La agenda pública también lo es. Los medios son esclavos de sus intereses. Y eso también merece ser informado.

jueves, 3 de febrero de 2011

La revolución árabe en su estación egipcia


Esta “revolución del verdulero” que se inició con la inmolación de Mohamed Bouazizi, en Sidi Bouzid, Túnez, el 17 de diciembre de 2010, está atravesando ahora su etapa egipcia, estación intermedia con destino final en Israel, nos alerta Norberto Emmerich, autor de la anterior nota en este blog, sobre Tunez, que ahora abre nuevas perspectivas.

El viernes 28 el presidente Mubarak impuso el toque de queda en las tres principales ciudades del país: El Cairo, Alejandría y Suez, donde se habían producido las manifestaciones más importantes del denominado “día de ira” contra el gobierno. Un millón de manifestantes en la ciudad de Alejandría desbandó a la policía, expulsó a las autoridades, tomó el palacio de gobierno y se hizo cargo del control de la ciudad. Alejandría es el principal lugar de asentamiento del grupo ilegalizado de los Hermanos Musulmanes, un grupo islamista opositor con influencia en todo el Oriente Próximo.

El toque de queda se inició a las 6 de la tarde y se prolongó hasta las 7 de la mañana del día siguiente. En virtud de esta medida el Ejército entró en acción para respaldar la acción de la policía. Las movilizaciones desconocieron la medida, el Ejército se negó a una represión masiva y el toque de queda fracasó. En la primera noche del toque de queda fue incendiada la sede central del Partido Nacional Democrático, el partido oficial del gobierno.

El presidente Mubarak pidió la dimisión de todo el gobierno y nombró un nuevo Poder Ejecutivo, con el anterior jefe de los servicios secretos como vicepresidente, el general Omar Suleiman. Hace 30 años que Egipto no tiene vicepresidente, y con esa medida Mubarak intenta colocar a Suleiman como su sucesor, en lugar de su hijo Gamal, hasta ahora delfín del régimen. Con este recambio, en vez de retroceder, el gobierno intenta profundizar la represión, desentonando con la recomendación del presidente Barack Obama. Los recursos de Estados Unidos para influir en el proceso político inmediato son infinitos, pero al mismo tiempo no le garantizan nada, del mismo modo que el rechazo a la política norteamericana unifica las protestas pero un cambio de esa política no traerá la pacificación.

En definitiva la decisión del gobierno egipcio no fue suficiente y los manifestantes, apoyados por los soldados, sitiaron la zona céntrica del Cairo.

Además en la medianoche de ese mismo viernes 28 de enero el gobierno egipcio decidió desconectar a Egipto de Internet, algo similar sucedió con las llamadas y mensajes por celular. Solo uno de los proveedores de servicios de Internet en Egipto siguió funcionando con normalidad, Noor Group, que presta servicios a la bolsa de valores del país. Es la primera vez en la historia que un país se desconecta casi por completo de la red. En el pasado otros países como Irán hicieron cortes parciales, pero nunca con la profundidad del apagón egipcio, que lo puede hacer por la estructura centralizada de los servicios de Internet que deposita el control de última instancia en el gobierno.

Al día siguiente estaba programada la cuarta jornada consecutiva de movilizaciones para exigir la renuncia del presidente Hosni Mubarak.

El régimen de Mubarak

Hosni Mubarak gobierna Egipto desde 1981. Luego de la presidencia de Anuar El-Sadat (1970-1981) construyó un sistema pluripartidista controlado que le permitió la cooptación de las elites marginadas por Sadat mediante la adjudicación de escaños en el Parlamento y el consentimiento de una libertad de expresión “aristocrática”, aislada de la sociedad. Así consiguió instalar la falsa idea de una “apertura democrática”. En 1990, cuando la oposición decorativa entendió que sería el régimen y no las urnas quien definiría la competencia electoral, Mubarak deshace el acuerdo pluripartidista y se hace reelegir presidente por tercera vez en 1993.

En las décadas de los 80s y 90s la oposición provenía de las clases medias empobrecidas. Aunque a mediados de los 80s se habían produjeron importantes aunque escasas protestas laborales en los conglomerados industriales del Estado sólo un pequeño sector de las clases populares, tanto rurales como urbanas, habían sido atraídas por los mensajes islamistas, tanto de los Hermanos Musulmanes como de imanes y proselitistas radicales. Los sectores políticamente activos de la clase media quedaron encerrados en “burbujas” en las que gozaban de cierta libertad: el reducido sistema político del régimen y sus medios de comunicación o en los colegios profesionales sometidos a permanente vigilancia. Los más arriesgados militaron en la semiclandestinidad de los Hermanos Musulmanes, a veces reprimida y a veces tolerada.

Estas áreas de “libertad limitada”, aisladas del resto de la sociedad, eran una válvula de seguridad que dejó a la oposición inmersa en la disyuntiva islamismo-laicismo. Sólo los organismos de derechos humanos trascendieron estos compartimentos.

Además la dependencia económica del Estado fue un factor de contención importante para la clase media, en particular el sector de la producción cultural e intelectual. La mayoría de los periodistas e intelectuales trabajaban para el aparato de edición, comunicación y educación estatal creado por el nasserismo, que condicionaba su posición. Dependían económicamente del Estado y de sus poderosos mecanismos de retribución y castigo. Por otro lado si dentro del aparato del Estado la situación económica era mala y en permanente deterioro, fuera del Estado era peor.

En el año 2003 comenzaron a producirse manifestaciones callejeras, al grito de ¡Basta! (Kifaya), que por primera vez cuestionaban radicalmente el régimen político, a Hosni Mubarak y a su hijo Gamal. El régimen permitió esas manifestaciones buscando una autorreforma que le diera continuidad. El impulso a la figura Gamal Mubarak como candidato a la sucesión respondía a la necesidad de un recambio que satisfaciera a las nuevas élites socioeconómicas del régimen. Gamal era el candidato de los grandes empresarios y hombres de negocios del sector privado, que se habían beneficiado del régimen y habían colaborado con él en una posición de inferioridad respecto de las élites burocráticas y del ejército de los regímenes de Nasser, Sadat y Mubarak hasta entonces. Los empresarios del sector privado beneficiarios del proceso de liberalización buscaban consolidar su posición frente a la vieja guardia y dar una imagen moderna y renovada de su hegemonía en el país. Estos objetivos debían obtenerse sin correr riesgos, amparados en el poder presidencial y en un apoyo popular que frenara al aparato burocrático. La hora de un nuevo acuerdo había llegado.

Por su parte Estados Unidos y la Unión Europea buscaban posicionarse ante la sucesión oscilando entre Ayman Nur, el candidato liberal alternativo, los Hermanos Musulmanes y el nuevo régimen que surgía en torno a Gamal Mubarak. Así llegaron las elecciones legislativas de 2005. En el año 2000 las elecciones habían sido condicionadas por la sujeción a las normas de juego exigidas por el Tribunal Constitucional. El acceso de los hombres de Gamal al poder se había retrasado. Además muchos de ellos fueron derrotados como candidatos oficiales del Partido Nacional Democrático por el voto de los disidentes. En el año 2005 las normas del Tribunal Constitucional habían adquirido un respeto más acentuado y el pacto alcanzado con los Hermanos Musulmanes les permitió competir por un 25% de los escaños. Las elecciones fueron muy limpias en su primera fase (un tercio del país), comenzaron a ser controladas en la segunda y acabaron maniatadas en la tercera. La oposición obtuvo casi un 25% de los escaños, los Hermanos Musulmanes el otro 25% y los candidatos oficiales del Partido Nacional Democrático un 35%. El resto se distribuyó entre los disidentes del partido oficial, reintegrados luego a la disciplina del partido. Nuevamente Gamal Mubarak y su nueva guardia tuvieron que esperar.

En estos comicios de 2005 el régimen de Mubarak quiso mostrar que la única alternativa al poder constituido eran los Hermanos Musulmanes.

Tras las elecciones el régimen egipcio volvió a imponer un severo límite a las posibilidades de alternancia mediante cambios a la constitución y el alejamiento de los jueces del control electoral. En las elecciones legislativas de noviembre-diciembre de 2010 la oposición quedó casi totalmente excluida del Parlamento y Gamal Mubarak y su nueva guardia han colocado a sus parlamentarios.

En esta situación de fracaso del proceso de autorreforma hay dos elementos que han llevado a la situación actual: por un lado las protestas laborales, por otro lado la irrupción de los jóvenes de clase media en la política a través de nuevas formas de organización, las redes sociales y las nuevas tecnologías.

En 2004 las huelgas de los trabajadores industriales de las empresas estatales y ex estatales del Delta del Nilo iniciaron una escalada de conflictos laborales. En primer lugar por los éxitos obtenidos, en segundo lugar por el temor del régimen a su gran número y finalmente por el temor a que la protesta laboral se convirtiera en protesta política.

Los jóvenes de irrumpieron en la política nacional convocando por Facebook a una exitosa huelga general, la primera de los últimos 70 años, para el 6 de abril de 2008, en solidaridad con los trabajadores industriales de Mahal.la al-Kubra y sus reivindicaciones. Desde entonces se llaman Jóvenes del 6 de abril y en las movilizaciones actuales ocupan un rol central.

Los inicios

Los episodios de Túnez actuaron como catalizador de una situación que ya estaba madura en Egipto. Los primeros indicios concretos de la repercusión de los acontecimientos en Túnez surgieron a mediados de enero cuando varias personas se prendieron fuego frente al edificio del Parlamento y de la oficina del Primer Ministro en El Cairo. Y las primeras manifestaciones fueron convocadas a raíz de estas inmolaciones. Túnez estaba en boca de todos, pero los episodios de Egipto son gigantescos en comparación con Túnez.

Grandes movilizaciones se habían protagonizado en el año 2008, en las ciudades de Mahalla (en el Delta del Nilo) y Borollos, como parte de un proceso de cuatro años de grandes huelgas de trabajadores en el cordón industrial del Delta. En Mahalla, sede de la industria textil egipcia, con 28 mil obreros, la policía ha perdido todo control sobre las calles de la ciudad.

Como resultado de esas luchas nacieron los dos primeros sindicatos independientes desde 1957: el de cobradores de contribuciones de bienes raíces, con 40 mil afiliados, y el sindicato de técnicos de la salud, con 30 mil. El régimen sindical egipcio sigue fuertemente controlado por el Estado, por eso este levantamiento no está protagonizado por sindicatos, como sí lo fue en Túnez. De todos modos el rol de los sindicatos en todo el mundo árabe sigue siendo crucial.

La situación internacional nunca estuvo ajena al incremento de las luchas populares en Egipto. La invasión de Estados Unidos a Irak o el ataque de Israel a la franja de Gaza en enero de 2010 provocaron la solidaridad de la población y una fuerte represión del gobierno. Lo regional se convirtió en local, y de las manifestaciones en apoyo a Palestina se pasó a las manifestaciones contra Mubarak.

Al igual que en Túnez, las protestas se basan en la pobreza generalizada y el desempleo. Casi el 50% de los 80 millones de egipcios vive por debajo del nivel de pobreza que Naciones Unidas fija en 2 dólares diarios. Esta base económica es parte de un descontento político por las injusticias, las desigualdades y la corrupción del régimen de Mubarak.

La inicial exigencia de reformas políticas, entre ellas la derogación del estatuto de emergencia que rige desde 1981, se incrementó hasta convertirse en un rechazo total al régimen pro norteamericano de Hosni Mubarak.

La transición

Dado que Mubarak parecería haber cruzado el punto de no retorno, el problema que se le presenta a Obama es el de construir un "mubarakismo" sin Mubarak; es decir, garantizar mediante un oportuno recambio del autócrata la continuidad de la autocracia pro estadounidense. Las primeras esperanzas de autorreforma del régimen fueron desalentadas con el nombramiento del general Omar Suleiman como vicepresidente.

Una transición hacia un régimen sin Mubarak, puede estar encabezada por el Mohamed Al-Baradei, un burócrata de Naciones Unidas, poco conocido en Egipto y que no ha vivido en el país durante las últimas décadas. Este es el proyecto de Estados Unidos que ya ha conseguido el respaldo de la Hermandad Musulmana, el grupo más fuerte de la oposición en Egipto, con una fuerte división interna por colaborar con Mubarak. La Hermandad ha intentado en vano frenar las manifestaciones y luego se incorporó a las demandas de renuncia de Mubarak. Ahora ha prometido apoyar a El Baradei, encargado de negociar la transición con Mubarak.

Los principales partidos de la oposición han solicitado a Al Baradei, ex director de la Agencia para la Energía Atómica de la ONU, que encabece un posible Gobierno de transición ante la previsión de que el régimen de Mubarak caiga en las próximas horas.

Por el momento se ha constituido una comisión de diez miembros representantes de "todas las fuerzas nacionales egipcias". Esta comisión está encabezada por Al-Baradei e incluye a Muhammad Al-Baltagi (Hermanos Musulmanes), Ayman Nur (liberal, ex candidato a la presidencia y ex prisionero por ello), Magdi Ahmad Husein (de orientanción islamista laborista), Georges Ishaq (fundador de Kifaya), Abdel Hamid Qandil (naserista), Hamdin as-Sibahi (naserista), un líder del movimiento Jóvenes del 6 de abril y otras personalidades. Esta comisión pretende negociar con el régimen y con el ejército las condiciones del abandono definitivo del poder por parte de Hosni Mubarak y la constitución de un gobierno de unidad nacional.

En la transición egipcia parecen abrirse tres posibilidades para la política exterior de Estados Unidos:

(a) sostener el régimen actual, pagando un alto costo político en el mundo árabe y con la posibilidad de no poder detener el proceso;
(b) una toma del poder por una alianza cívico-militar en donde los opositores de Mubarak ejercerán una creciente importancia. Esta parece ser la opción más viable.
(c) si se produce un vacío de poder, que los islamistas de la Hermandad Musulmana tomen el gobierno por asalto.

Las dictaduras seguirán cayendo

11.- Mubarak es presidente desde 1982, M. Alí Abdalá Saleh dirige Yemen desde 1978.

2.- En Jordania, Abdalá II sucedió en 1999 a su padre, que accedió al poder en 1952.

3.- En Siria, Bachar Al-Assad sustituyó a su padre, quien había accedido al poder en 1970.

4.- En Marruecos el rey Mohamed VI sucedió en 1999 a su padre, quien había reinado desde 1961.

5.- En Libia Gadafi gobierna desde 1969 y prepara a su hijo para que le suceda.

6.- Ben Alí, presidía Túnez desde 1989.

El rey Abdalá de Jordania destituyó al primer ministro Samir Rifai, centro de las protestas de las últimas semanas por los aumento de los precios del combustible y de productos básicos. En su lugar, Abdalá ha designado en el cargo a Maruf al-Bajit, general retirado, quien ya ocupara ese puesto entre 2005 y 2007. Ha sido embajador de Jordania en Israel. Es un firme defensor de los vínculos con Israel y con Estados Unidos. La autorreforma jordana es un reforzamiento de las relaciones del país con Estados Unidos.

En Yemen miles de personas salen a la calle y llaman a seguir el ejemplo de Túnez. También hay movilizaciones y crisis políticas en Mauritania, Níger, Costa de Marfil y Argelia.


martes, 1 de febrero de 2011

Túnez, la revolución del verdulero


El amigo Norberto Emmerich, licenciado en Relaciones Internacionales y doctor en Ciencia Política, esta actualmente trabajando en la Universidad de México, pero desde allá nos manda este aporte sobre un tema, un paìs, una zona, de la que conocemos poco, pero es de estricta necesidad comprender un poco más. Lean y vean porquè. Vale la pena.

El domingo 23 de enero de 2011 miles de personas rodearon el palacio del primer ministro interino, Al-Ghannouchi. El palacio del Primer Ministro, situado en la Kasbah, en la parte antigua de la ciudad, convive con el Ministerio de Finanzas, el Ayuntamiento y el Palacio de Justicia. Allí van los manifestantes a exigir la renuncia de Ghannouchi y la de todos los miembros del gabinete que pertenecen al régimen anterior, especialmente los ministros de Defensa, Interior y Relaciones Exteriores.

La semana anterior ya habían renunciado cinco ministros, con lo cual el país está gobernado por un gobierno incompleto.

El contingente crecía constantemente, nutrido de miles de manifestantes que se unían a las manifestaciones en la capital provenientes de las ciudades del interior del país.

La denominada Caravana de la Liberación partió el sábado a la noche de Kasserine y Sidi Bouzid, la tierra natal de Mohamed Bouazizi, en el centro del país.

Todos ellos fueron convocados por la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT). Activistas sociales, estudiantes, campesinos, profesionales sin trabajo, policías y bomberos se unieron a la caravana.

En un intento por volver a la normalidad, el gobierno provisional anunció la reapertura de colegios y universidades para el lunes 24. Por su lado los maestros de todo el país anunciaron el inicio de una huelga por tiempo indeterminado. Entre sus demandas también figura la disolución de la Reagrupación Constitucional Democrática (RCD), el partido del dictador Ben Alí. El sindicato de maestros exigió “la formación de un gobierno provisional que aparte de entre sus miembros a los enemigos de nuestro pueblo”.

El poder ejecutivo no lograr hacerse cargo del gobierno, sus decisiones no son acatadas, su composición es desafiada y su permanencia parece insostenible.

Por su lado la UGTT está impulsando la creación de comités sindicales para elaborar propuestas en materia de reformas políticas, económicas y sociales. También ha pedido la proclamación del 14 de enero como día de fiesta nacional.

Sin embargo también ha hecho un llamamiento a los trabajadores “para oponerse a los intentos de obstaculizar el normal desenvolvimiento de las instituciones y su retorno a la normalidad”, precisamente lo que están haciendo los desempleados y jóvenes tunecinos con sus movilizaciones y su exigencia de renuncia del gobierno interino.

El mismo domingo 23 de enero se anunció la creación del Frente 14 de Enero, una coalición que agrupa a un amplio espectro de fuerzas izquierdistas y nacionalistas hasta ahora divididas: el Partido Comunista, los Patriotas Democráticos, el Partido del Trabajo Patriótico y Democrático, nasseristas, baasistas, trotskistas y otros grupos de inspiración marxista. No se ha incorporado el Congreso de la República, de Moncef Marzouki, que está negociando una alianza con los islamistas del Nahda, el partido del promocionado Rachid Gannouchi, vuelto del exilio y sin fuerza en este proceso revolucionario. La fuerza decisiva sigue siendo la UGTT, que tiene medio millón de afiliados en todo el país. Mientras sus bases son el componente decisivo de la movilización, su dirección ha sido en parte tolerante y en parte cómplice del régimen anterior, y formó parte del primer gabinete de Al-Gannouchi.

El programa del Frente 14 de Enero impulsa el establecimiento de un gobierno provisional del que solo estaría excluida la antigua RCD y la convocatoria de elecciones para asamblea constituyente a fin de redactar una nueva constitución. Ese gobierno se mantendría durante un año. Pero también incluye algunos puntos concernientes a la política social e internacional: “la construcción de una economía nacional al servicio del pueblo que ponga los sectores vitales y estratégicos bajo el control del Estado, con la nacionalización de todas las empresas e instituciones privatizadas y el rechazo de toda naturalización de relaciones con la entidad sionista, así como el apoyo a todos los movimientos de liberación nacional del mundo árabe”.

Ya se han formado las llamadas “comisiones populares” o “consejos de defensa de la revolución” en todo el país. Su misión principal es proteger a los barrios de las milicias del régimen anterior, pero ante los acontecimientos se están encargando de los servicios municipales por la incapacidad de la burocracia gubernamental para poner en funcionamiento el aparato del Estado. Por otro lado también deben solucionar la parálisis empresaria porque muchos gerentes y directivos de empresas estatales y privadas fueron expulsados por los trabajadores.

En cuanto a las milicias benalistas, el peligro proviene de la Guardia Presidencial, un cuerpo muy bien armado y compuesto por una cantidad desconocida de miembros. La dictadura de Ben Alí mantenía prisioneros políticos en cárceles secretas, la UGTT desconoce la cantidad de prisioneros políticos en el país. Casi todos ellos son miembros del Partido Comunista o del partido islamista Nahda, las dos únicas fuerzas realmente opositoras a Ben Alí. Debe remarcarse que el islamismo del Nahda es moderado, aceptando la separación de Iglesia y Estado.

Mientras la policía se ha unido a los manifestantes, el Ejército se mantiene expectante y relativamente independiente, mientras acumula el apoyo de la población, que desconfía de la policía. Rachide Ammar, el héroe militar que se negó a aceptar las órdenes represivas de Ben Alí, dio un discurso en la Kasbah el martes 25 convocando a apoyar al gobierno interino. Las aguas comienzan a separarse, dejando claro que la unidad que implica toda revolución democrática, cede paso a la división que caracteriza a toda revolución socialista. Los medios de comunicación que festejaron la caída de Ben Alí, ahora difunden imágenes y comentarios de la Avenida Bourguiba, donde los turistas y los intelectuales progresistas festejan la revolución, mientras desconocen y silencian los acontecimientos de la Kasbah, donde miles de manifestantes exigen la caída del gobierno.

Qué piden los tunecinos en sus consignas: democracia. Lo único que todos quieren negarles, Estados Unidos, la Unión Europea, Kadafi, los islamistas, Israel y la RCD.

Las inútiles políticas preventivas de los países vecinos

Esta situación explosiva no es privativa de Túnez, en un grado u otro está presente en países como Egipto, Argelia, Libia, Siria, Jordania, Sudan y Mauritania. En Túnez la chispa del movimiento que derrocó a Ben Alí fue la autoinmolación de Mohamed Bouazizi en protesta por la persecución de la policía municipal contra su actividad de venta ambulante de verduras. Ejemplos como estos ya se repitieron en Argelia, Egipto, Mauritania y otros países. Las manifestaciones que reclaman trabajo y exigen el fin de los aumentos de precios ya son hechos cotidianos e incluyen el reclamo de cambios políticos.

Siria lleva años aplicando una política de eliminación de subsidios a los alimentos, los hidrocarburos y a otros insumos de consumo popular. Ahora está adoptando medidas en sentido contrario. El 16 de enero el gobierno decretó el aumento del bono petrolero a sus funcionarios públicos hasta un monto de 33 dólares por mes. Estableció una red social que atiende a las necesidades de 2 millones de personas mientras otras instancias civiles calculan que se trata de 4.5 millones. En 2008 el mismo Gobierno había rebajado el bono petrolero elevando así los costos de producción especialmente de los agricultores. Además eliminó las subvenciones a los fertilizantes a pesar de la oposición de los sindicatos campesinos.

Algo similar sucede con la monarquía en Jordania. Desde la asunción del rey Abdallah II todos los sucesivos gobiernos ajustaron la economía del país a los parámetros neoliberales: disminución o anulación de los subsidios a los alimentos básicos, a los derivados de hidrocarburos, apertura del mercado a la inversión extranjera directa, etc.

El 14 de enero en la protesta del “día de ira”, más de 5.000 personas marcharon contra la escalada de precios de los alimentos y el desempleo.

Ante la abrupta salida de Ben Alí en Túnez el gobierno jordano anunció el 16 de enero la puesta en marcha de un plan de emergencia de 225 millones de dólares para reducir los precios de los hidrocarburos y de alimentos básicos como el azúcar y el arroz. Luego anunció la asignación de 283 millones de dólares para sueldos de funcionarios y jubilados. La respuesta popular exige cambios políticos: equilibrio entre los poderes de la Corona y el Ejecutivo con el Parlamento y el fin de los aumentos de precios.

Argelia, un país productor de petróleo y gas, con una formidable reserva internacional de divisas (150 mil millones de dólares) lleva varios años enfrentando un creciente descontento popular por la caída de sus servicios públicos (educación, vivienda, salud), el alto desempleo juvenil y una economía alimentaria informal con especulación y aumento de precios. El 4 de enero la Gaceta Oficial publicó el presupuesto anual 2011 con aumento de precios en los productos básicos como el azúcar y el aceite de cocina. Ante los hechos de Túnez el gobierno redujo esos precios en un 41% y anuló impuestos y aranceles al azúcar y el aceite de cocina. Sin embargo estas medidas no calmaron los reclamos populares que se extienden y radicalizan.

En Egipto los reclamos alcanzaron un alto nivel político. Ante la amenaza de la revolución tunecina el 17 de enero el gobierno anunció un aumento en las subvenciones a los productos de consumo popular por más de 1.200 millones de dólares, beneficiando a 63 millones de egipcios. El descontento no disminuyó, 4 manifestantes se autoinmolaron y en el “día de ira” del 26 de enero las calles del país exigieron la renuncia de Hosni Mubarak. A diferencia de Túnez, el país más pequeño del Magreb, Egipto tiene 80 millones de habitantes y es el país más poblado del mundo árabe. Por otro lado a diferencia de Túnez, la oposición islámica ha jugado un rol importante en las movilizaciones contra el régimen de Murabak. Y finalmente, si Túnez no tiene un gran peso estratégico para Estados Unidos, Egipto es el segundo receptor mundial de ayuda militar, sólo detrás de Israel.

También en Marruecos el régimen del Rey Mohamed VI es inestable y tiene similitudes con la situación tunecina.

El proceso tunecino fue tema central de la Segunda Cumbre Económica de países árabes reunida en el balneario egipcio de Sharm El Sheij. Originalmente la agenda de la cumbre trataría sobre megaproyectos de ferrocarril, marítimos y terrestres, liberalización de servicios y apertura de los espacios aéreos. Finalmente se decidió priorizar un programa de 2 mil millones de dólares para "apoyar las economías más débiles" y evitar las "protestas callejeras".