miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cara y Ceca de la crisis capitalista


Las crisis capitalistas pueden originarse en una guerra, en una catástrofe o en un colapso de superproducción o, más comúnmente, en el sector financiero.

La economía iraquí, como antes la vietnamita, la coreana y la argelina fueron llevadas a la ruina por sus guerras de liberación, ya que ningún país de la periferia está en condiciones de financiar un enfrentamiento que dure varios años. El caso más notorio es el de la propia Europa, que en las tres décadas que transcurrieron entre las dos guerras mundiales perdió la hegemonía capitalista que ostentaba desde la Edad Media .

Por su parte las catástrofes son siempre una amenaza, ya sean espontáneas (huracanes, tsunamisterremotos) o inducidas (explosiones nucleares, guerras). Esto se vio en Hiroshima y Nagasaki, ciudades que tras los bombardeos cayeron en una crisis profunda que llevó décadas superar.

En cuanto a los colapsos por superproducción, estos ocurren cuando la demanda no pude consumir todo lo que la oferta produce, y entonces comienza una serie de reacciones en cadena que termina en quiebras generalizadas y desempleo masivo. Así se inició la crisis en 1929, resuelta por EEUU con la súper demanda que provocó la II Guerra Mundial, y continuada después con el Plan Marshall que posibilitó la reconstrucción de Europa y aseguró las exportaciones estadounidenses por dos décadas.

Por fin la crisis puede originarse en el sector financiero. Esto ocurre cuando una serie de grandes inversiones especulativas se desmoronan por falta de pago. Así ocurrió en 1929, con la feroz especulación bursátil en Wall Street, y en 2008 con la crisis de las hipotecas sub-prime que afectó a la industria de la construcción en Estados Unidos. Los bancos tienen ahora una cartera de miles y miles de viviendas impagas que hoy valen la mitad, es decir que al venderlas no pueden recuperar lo prestado.

Las crisis del capitalismo actúan como los incendios forestales. Son enormes hogueras donde se queman los valores simbólicos, ficticios, puro papel pintado (acciones, títulos, bonos) para devolverle la supremacía a los capitales físicos, productivos, reales. Al momento de estallar la crisis, el globo de la especulación había alcanzado los mil millones de millones de dólares, mil billones, es decir veinte veces el Producto Bruto Mundial, un despropósito que reclamaba un incendio purificador.

Como la naturaleza, al ser despojado de sus partes secas o inservibles el capitalismo se renueva y comienza un nuevo ciclo basado en la supremacía de la producción, el empleo y el consumo. El sistema tiene una lógica de hierro: sin trabajo no hay plusvalía; sin plusvalía no hay ganancias y sin ganancias no hay capitalismo. Por eso, todo lo que atente contra el empleo y el consumo a la corta o a la larga será removido. Las crisis constituyen la herramienta apropiada para esa remoción.

Dos factores complican hoy una tradicional salida “keynesiana” de la crisis, es decir que no basta ya con un fuerte aumento de la inversión estatal para obtener la recuperación del empleo, las ventas y las ganancias, y por ende el reinicio del círculo de acumulación del capital. 

Uno es el avance de la tecnología, ya que hoy la producción puede crecer sin que aumente el empleo, y por ende hace falta más dinero que antes para generar un puesto de trabajo. Además, los capitales requeridos para reponer los empleos que destruyó la crisis son hoy muchos mayores que en 1929, ya que aquella población de 4,5 mil millones de personas devino en esta de 6,5 mil millones. En este rápido análisis no se puede desconocer que la II Guerra Mundial fue detonada por Alemania, Italia, Japón (y España), naciones que apelaron al nazismo, al fascismo y otras variantes del autoritarismo para luchar salvajemente por mayores porciones del mercado mundial.

El segundo factor es que la receta keynesiana, consistente en reemplazar la inversión privada con dineros públicos, fue funcional al capitalismo industrial de 1930 y de post guerra, pero ya no lo es al capitalismo financiero del siglo 21. No hay keynesianismo posible sin grandes déficit en los países centrales, pero EEUU, por ejemplo, ya tiene un gran déficit y al presidente Obama le resulta cada día más difícil convencer al Congreso para que le apruebe nuevos gastos. En 2009 la Casa Blanca quiso salvar a la Chrysler pero el Capitolio se opuso y la empresa, un icono de Detroit, paso a manos de la Fiat.

La Unión Europea ha fijado un límite de 3% para el déficit de los estados miembros, pero el déficit de EEUU no tiene límites, ya que es producto de la supremacía militar y de la política guerrera. Tras la II Guerra Mundial ese país intervino sucesivamente en Corea, Vietnam, Afganistán, dos veces en Irak y, entre ambas, en los Balcanes.

La tecnología bélica de punta, la industria espacial asociada y grandes inversiones en el área de Defensa le permiten mantener esa supremacía, que es estratégica, aunque su costo es descomunal: el 80 por ciento del déficit estadounidense se generado por el aparato militar-industrial. Por eso no extrañó que, a poco de asumir, un presidente negro convalidara al frente del Pentágono al mismo hombre que designara su antecesor blanco. No obstante las promesas de campaña, Obama resolvió quedarse en Afganistán y nadie sabe cuándo se irá de Irak. Más allá del color de piel del presidente, en Washington, como en el viejo Far West, siguen mandando las armas (Norberto Colominas).

sábado, 3 de noviembre de 2012

SECRETOS EN ROJO


 Ediciones Corregidor tiene el agrado de invitarlo a Ud. a la presentación
de su nuevo libro:
 
Secretos en rojo. Un militante entre dos siglos
de
Alberto Nadra
 
El evento tendrá lugar el jueves 15 de noviembre a las 18.30 en el Auditorio del Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP) ubicado en Tte. General Perón 2625, de la ciudad de Buenos Aires.
La mesa que será coordinada por el periodista Norberto Colominas, ex Jefe de Redacción de Télam y El Periodista, estará compuesta por Rafael Bielsa, ex Canciller y actual Secretario de Estado en SEDRONAR; Héctor Valle, Presidente FIDE, Cofundador del Plan Fénix (Ciencias Económicas. UBA), Osvaldo Nemirovsci, ex diputado nacional y Coordinador general del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre; Eduardo Sigal : ex Subsecretario de Estado y Presidente de la Fundación Acción para la Comunidad.

Sobre el libro:
Revelador, movilizador e imprescindible, Secretos en Rojo encaja piezas de un rompecabezas que explica gran parte del derrumbe del Partido Comunista de la Argentina. Revisando apuntes, e interpelando a la memoria dormida en archivos y vivencias, Alberto Nadra desarrolla de manera clara y detallada verdades celosamente ocultadas sobre el partido político más enigmático de la izquierda argentina. Con un estilo testimonial, pero documentado, y una pluma sólida y atrapante, Nadra rescata del olvido o del secreto personajes y situaciones. Confirma el rumor de la existencia de una estructura político militar formada por el PC, que comandó la primera guerrilla argentina del siglo XX –en el entonces Territorio Nacional del Chaco– y fue responsable de algunas acciones de alto impacto público, atribuidas a otras organizaciones, o hasta ahora de autoría desconocida. También demuestra cómo el siempre citado “aparato financiero” de ese partido fue una creación de innobles mentores, con fines que pueden haber sido loables, pero que se ejecutaban con terribles metodologías; lesivas incluso para el propio PC y sus militantes.
Nadra también revela, por primera vez, los aportes argentinos a una heroica red de información y solidaridad que salvó vidas y denunció atrocidades durante los años de plomo de la llamada Operación Cóndor –el plan de exterminio de las dictaduras sudamericanas– en América Latina.
Secretos en Rojo es, también, una acusación –con testimonios únicos y renovados, en ocasiones autobiográficos y, en general, desgarradoramente conmovedores– que desnudan el escandaloso fraude del llamado “viraje en unidad” del PC en 1986. Historias desconocidas o anécdotas inéditas sobre el Che en Cuba, África y Bolivia; la resistencia civil antidictatorial –e incluso su propio planteo para una Militancia del Siglo XXI completan este libro imperdible, documentado e impactante, con un cierre que no deja de asombrar. Una caja de sorpresas, pero a la vez una obra con la inconfundible marca de un protagonista comprometido con la lucha de izquierda de los ’60 y ’70, que despierta un abanico de emociones que van desde el asombro hasta las lágrimas, mezcla de nostalgia y homenaje a esos años tan turbulentos como irrepetibles.
 
Sobre el autor
Alberto Nadra nació en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, en abril de 1952. Fue dirigente de la Federación Juvenil Comunista (FEDE) y, luego, miembro del Comité Central del Partido Comunista (PC) hasta 1989, año en que presentó su renuncia a esa organización. Fue uno de los ideólogos de la formación de las Juventudes Políticas Argentinas Argentinas (JPA), y uno de los principales impulsores de su reconstrucción después del golpe de 1976. Durante todo el tiempo de su militancia activa, dirigió los órganos periodísticos centrales de la organización: Imagen y Aquí y Ahora (en el marco de la FEDE) y Qué Pasa; éste último, con una distribución de 150.000 ejemplares (en el marco del PC). Como periodista se inició en el mítico semanario Propósitos, de Leonidas Barletta, y fue corresponsal de varios periódicos latinoamericanos y europeos. Entre 1976 y 1982, se desempeñó como Jefe de Redacción de la agencia de noticias cubana Prensa Latina. Entre sus acciones más notables en ese rol figuran su denuncia constante de las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura y el haber sido el primero en enviar al exterior la Carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar. Años antes había participado en el rescate y difusión del último poema de Víctor Jara, escrito antes de su asesinato en El Estadio de Santiago de Chile. Por estas acciones fue reiteradamente condenado a muerte por grupos de tareas, pero a la vez premiado por la Organización Internacional de Periodistas (OIP), en 1979. En democracia, recibió el Premio Héctor Oesterheld 2003, de la mano de la esposa del escritor, secuestrado y desaparecido al igual que sus cuatro hijas. En 2004 fue uno de los fundadores de "Los 100" –agrupación de periodistas y trabajadores de la comunicación– de la que actualmente es Secretario de Organización. Hoy en día, se dedica al periodismo y es docente universitario. Reside en la Ciudad de Buenos Aires con su esposa y sus dos hijas

Norberto Gugliotella

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