lunes, 31 de octubre de 2011

Los límites del progresismo


Más que interesante añadido, a una nota anterior de Norberto Colominas

El interrogante del millón se refiere a los límites que enfrenta una economía capitalista para producir inclusión y justicia social sin interrumpir la apropiación de plusvalía. Esa es la cuestión de fondo.

En un registro económico, la pregunta es: ¿hasta cuando el consumo global puede tirar de la demanda sin que los salarios se escapen de control y el trabajo deje de ser "productivo", es decir, deje de posibilitar la reproducción de plusvalía? Eso y no otra cosa es la famosa "productividad". Basta recordar el Congreso de 1953 convocado por Perón, al que por entonces no le cerraban las cuentas.

¿Existe la posibilidad de construir un capitalismo sin pobres, sin homless, sin desocupados, sin parias, en fin, un capitalismo con empleo, alimentos, agua, ropa, salud, educación y seguridad para todos? La respuesta es negativa. Pero existe una zona intermedia, una área desmilitarizada --por decirlo así-- donde es posible repartir, incluir y democratizar, aunque hasta cierto punto. Con esta pregunta se enfrentó Perón y también se enfrentará Cristina: ¿dónde se encuentra ese punto, ese límite, que además no es fijo sino variable? En todo caso, ¿dónde se encuentra hoy, en plena crisis mundial, esa frontera?

En un tercer registro, esta crisis económica puso sobre la mesa los límites de la socialdemocracia europea y el desmantelamiento progresivo del estado de bienestar (su creación después de la II Guerra Mundial, a caballo del Plan Marshall). Es precisamente con los recursos de la seguridad social que se pagará a los bancos, por lo menos el capital prestado y quizá bastante más. Ese es hoy el punto central de la discusión entre los gobiernos de la Unión Europea. Y como no hay acuerdo sólo aparecen analgésicos, no antibióticos. La socialdemocracia se resiste a seguir cediendo; los liberales van por todo, despejado ya el temor al comunismo que dio lugar tanto al Plan Marshall como al estado de bienestar.


La socialdemocracia será borrada de Europa en el próximo turno electoral, empezando por el PSOE español. No por casualidad los “indignados” nacieran en la Plaza del Sol, en el corazón de Madrid. Indignados, sobre todo, por la ausencia de una izquierda seria y la presencia de una socialdemocracia cómplice.

La perspectiva económica de Europa es mala. Como la locomotora alemana está frenando, todo irá peor y será de agradecer que algún loco no encienda la mecha. Siempre recuerdo las palabras de McNamara, ministro de Defensa de Nixon: "Un mundo de 8 mil millones de personas es una invitación al genocidio". Lo dijo cuando la población mundial era de 5 mil millones; a fin de año habrá superado los 7 mil millones).

La crisis es brava. En Estados Unidos ya hay 20 millones de desocupados (media población argentina) y 2 millones de personas perdieron sus casas como consecuencia de la quiebra de las hipotecas sub-prime. Hay homless por todas partes y leyes contra la inmigración cada vez más duras. El déficit público de la Unión es inmanejable y sólo se puede cubrir con más emisión. Obama está maniatado por la oposición, que no le autoriza audacias keynesianas ni reformas que aumenten los impuestos a los ricos porque se viene la batalla electoral de 201, cuando esperan recuperar el gobierno (el poder ya lo tienen).

Japón no crece desde hace 5 años. China crece bastante pero todavía tiene 500 millones de campesinos que viven en una economía de subsistencia. Ese es su karma pero también su potencial. Crisis y oportunidad. Si las cosas se ponen feas puede mirar hacia adentro y compensar un deterioro de sus exportaciones con la ampliación de su mercado interno). En ese sentido es posible que se esté abriendo un espacio de antiglobalización, un regreso a las fronteras nacionales y/o regionales con la consecuente afirmación del proteccionismo. El Mercosur no será una excepción.

Naturalmente, ni el Mercosur ni la Argentina están blindados, pero tiene economías con un relativo grado de desconexión (Argentina) y buenas perspectivas (Brasil está a punto de convertirse en la sexta economía del mundo), aunque ni una ni otro dependen sólo de sí mismos sino, sobre todo, de la evolución de la economía china, el principal cliente de ambos.

En los últimos 18 meses la Argentina vio disminuir progresivamente el doble superávit comercial y fiscal. La sustitución de importaciones no marcha tan rápido como debiera y la importación crece más que las exportaciones, las reservas adelgazan por la fuga de capitales y los salarios ya están muy "altos" comparados con el promedio del Mercosur. Es previsible una devaluación y no ya de centavos, aunque más no sea para bajar los salarios en dólares y para no permitir que el real se acerque al peso. Además, la inflación sigue alta ("demasiado consumo", dicen los ajustistas) y los subsidios ya comprometen las cuentas fiscales, es decir, muestran que el límite está cerca.


El peronismo es como el Minotauro. Vive en su laberinto y todavía nadie lo pudo matar. Me temo que el peronismo (que es tantas cosas) ya se haya incorporado a la cultura nacional como Boca, el tango, el asado y la viveza criolla. Ni radicales, ni socialistas ni izquierdistas pueden decir lo mismo. Por ahora sigue siendo capaz de responder con eficacia a la pregunta social por excelencia: ¿Cómo se puede vivir mejor sin hacer la revolución?

jueves, 27 de octubre de 2011

Hasta Siempre, Néstor

Mis palabras hace un año. El compromiso sigue vigente.

Lo conocí los primeros días de febrero de 2003. La actividad en la Casa de Santa Cruz era vertiginosa, con la intención de voto todavía en un dígito. Con un grupo de dirigentes políticos, estábamos por decidir el apoyo a su candidatura, convencidos de que era la mejor opción para la Argentina, aunque tal vez no la que cada uno de nosotros había soñado.

Lejos de la imagen de hombre irascible y autoreferencial que han instalado en una parte de la sociedad algunos medios y dirigentes opositores, en aquel entonces encontré en Néstor una calidez que me tocó íntimamente; algo que no suele pasar cuando uno tiene muchos años de política. Cuando nos despedíamos, me tomó del hombro, con todo el afecto que podía permitir un primer encuentro, pero que era indudablemente genuino. Me llevó con deferencia hacia un costado para recordarme a mi padre (“gran persona tu viejo, y un dirigente del que aprendimos mucho; quizás el único con el que disentíamos, pero sabíamos que no era gorila”) y mi participación en las Juventudes Políticas (“también me acuerdo perfectamente lo que vos hiciste, hasta el golpe y después del golpe; espero que los años que vienen nos encuentren juntos”). Por varios días pensé que esos datos le había sido anticipados para la ocasión por algún colaborador (como suele suceder en casos similares). Pero él se encargó de comprobarme lo contrario en los escasos, pero trascendentes encuentros que sucedieron a ese; entre ellos, cuando me pidió que acompañara a su co-provinciano, el desarrollista José Ramón Granero, primero en el PAMI y, luego, en una Secretaría de la Presidencia.

La primera reunión no fue pacífica, debo reconocerlo (¿es que había reuniones pacíficas con ese político que defendía sus convicciones con toda la fuerza, y había cuestiones de fondo que uno discutía?). Pero el planteo de su proyecto fue firme, con absoluta seguridad; y la conclusión que nos embargó a todos fue la misma: había que apoyarlo.

“Estamos de acuerdo en la convocatoria del gobernador [de Santa Cruz] a un frente nacional y popular, con participación de fuerzas y personalidades no peronistas, para lograr un modelo de producción y trabajo contrario al neoliberal, pues nuestra propuesta económica y social es el plan Fénix y, en lo político, contribuir a la construcción de una confluencia de fuerzas nacionales y populares”, reproduce un cable de Télam, días después, las declaraciones que realicé a la salida del encuentro.

Y también, con fecha 16 de febrero de 2003, cita el despacho: “Si el compromiso (de Kirchner) se cumple, estamos ante una ineludible oportunidad para los que buscamos una alternativa en el país”.

Y vaya si fue un compromiso cumplido: terminó con el conflicto docente a horas de haber asumido; reinstaló las paritarias congeladas durante más de una década; devolvió el aporte arrebatado a los jubilados y los estatales; promovió el desarrollo del mercado interno, y que las exportaciones sólo sean consideradas útiles en tanto no se limiten a ser primarias y, en cambio, incluyan el valor del trabajo, es decir, el salario argentino; retomó el camino que ahora transitamos en el juicio a los responsables del genocidio dictatorial, cuando ni los militantes más comprometidos soñábamos que fuera posible luego de tanto tiempo; estrechó los lazos con la Patria Grande latinoamericana.

Cristina siguió este camino y profundizó estos importantes cambios, como el mismo Néstor había anticipado al despedirse de la presidencia: dignificación de los jubilados; la incorporación de millones que tenían vedado el acceso a su pensión; recuperación de los dineros de los trabajadores regalados a las AFJP para un negocio construido sobre la miseria y la muerte de millones de argentinos; recuperación del área estatal de la economía (Fabricaciones Militares, Astilleros, entre otros); matrimonio igualitario: Asignación Universal por Hijo; impulso al UNASUR y participación decisiva contra el golpe en Honduras y el intento sedicioso en Ecuador…Los avances han sido numerosos. Aquí sólo menciono algunos, que surgen al correr de la máquina; porque no es momento de balances; sólo quiero rendir un homenaje a mi manera.

Es cierto que hay aspectos que discutimos y seguiremos discutiendo: la irreparable falta de la construcción de una fuerza nacional y popular organizada, pluralista y transversal, que permita defender y profundizar, con la mayor eficacia, estas conquistas –impedir, por ejemplo, que nos derrotara la asonada ruralista y que el apoyo de la izquierda quedara dividido por la oposción– y profundizar en todas las que, sin duda, faltan, para levantar, efectivamente, las banderas de justicia social, soberanía política e independencia económica.

Pero Néstor superó con creces todas nuestras expectativas. Quizás, como en aquel ‘73, porque las ilusiones eran moderadas y los logros fueron mayores. Algunos –que estaban desde el principio, o que se incorporaron tadíamente– no alcanzaron a comprender el momento histórico que estamos protagonizando, y se alejaron resentidos, desanimados. Tal vez porque del rechazo y el escepticismo pasaron a creer que un hombre podía tomar el cielo por asalto, conseguir lo que ellos jamás consiguieron con su propia fuerza. Se alejaron con algunas razones, pero sin ninguna justificación. Porque la oportunidad es esta. Y lo sigue siendo, con el apoyo a Cristina: seguir la brecha abierta por Néstor, un estadista nacional y regional; pero también un hombre de carne y hueso, como lo prueba la superioridad de la muerte. Pero un hombre con arrojo y valentía política, que la despreció de frente, una y otra vez, con su indetenible actividad.

En medio de tantas infamias y acusaciones, de adjetivos calificativos y poca política, –salvo la del privilegio– Néstor dio su última lección, la definitiva: el proyecto político de “los Kirchner”, que hoy es el único viable para el campo nacional y popular, merece ser defendido hasta con la propia vida, en esta época del “fin de los grandes relatos”. Ese legado es claro e ineludible. Y, más allá de cualquier matiz, lo llevaremos adelante. Porque está en juego nuestra historia militante y nuestro futuro; el bienestar y la felicidad del pueblo.

martes, 25 de octubre de 2011

Progresismo, modernidad y política

Una reflexión de Norberto Colominas

Sobre el progresismo, la modernidad y la política se ha escrito mucho, aunque pareciera que siempre hay que empezar de nuevo. En la reciente campaña electoral vimos progresistas que han aceptado una versión, digamos, esperanzada de la globalización, puesto que exige una democracia avanzada, o eso es al menos lo que ellos piensan.

Así lo indican algunos estudios de teoría política, aunque sus conclusiones son erróneas. Lejos de ayudar a una “democratización de la democracia”, como diría Chantal Mouffe, ese pensamiento es la causa de muchos de los problemas que enfrentan en la actualidad las instituciones políticas, puesto que forma parte de una visión común “antipolítica”, que se niega a reconocer la dimensión antagónica que es constitutiva de “lo político”: la lucha de clases, de sectores, de intereses.

Su objetivo es el establecimiento de un orden conceptual superador de las nociones de izquierda y derecha, antiguas por antagónicas, y también de elementos constitutivos de la nacionalidad como son la soberanía y la independencia, dos presuntos arcaísmos. Desde esta perspectiva de análisis cualquier antagonismo es malo. Para ello reemplaza arbitrariamente el concepto dinámico de clases sociales por el de pueblo o el de sociedad, que son amorfos, indivisos, unidimensionales.

Esta suerte de sociología optimista, funcional a la derecha, está muy difundida en la actualidad. Por ejemplo, a más de medio siglo de la muerte de Sigmund Freud, la resistencia de la teoría política respecto del psicoanálisis es todavía muy fuerte, tanto que sus enseñanzas acerca de la imposibilidad de erradicar el antagonismo en las sociedades humanas no han sido asumidas, posiblemente porque la violencia y la hostilidad son percibidas como expresiones arcaicas, en el sentido de no modernas, e incluso ateas, en el sentido de no cristianas.

Hubo pocos intentos por articular una noción moderna de democracia en base a una antropología que reconozca el carácter ambivalente de la sociabilidad humana y el hecho de que la solidaridad y la hostilidad son reacciones que no pueden ser disociadas, como no pueden disociarse el odio y el amor.

En lugar de aceptar que en toda sociedad hay valores en conflicto, y que esa realidad se corresponde con una vida pública vibrante en la que tengan lugar luchas intensas y donde puedan confrontarse diferentes proyectos políticos en lucha por la hegemonía, lo que constituye una condición básica para que pueda haber un ejercicio efectivo de la democracia.

Si no, ¿cuál sería el sentido del diálogo? ¿De qué conversaría la sociedad? Y ¿quiénes conversarían? En el plano político, si no hay una opción disponible, y si quienes participan de la discusión no pueden decidir entre alternativas claramente diferenciadas, no se dialoga ni se participa ni se elige. Eso es aproximadamente lo que ocurre en nuestras democracias globalizadas, donde pareciera que hay que agradecer la posibilidad de votar cada dos años, y entre comicio y comicio soportar que los medios de comunicación (de concentración) voten todos los días.

Naturalmente, para esta mirada la globalización exige recato público, pasividad social, porque si algo detesta el establishment es que le muevan el bote.

domingo, 23 de octubre de 2011

¡Ay de los Vencidos!



Seguimos con nuestra selección dominical de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Héctor Zimmerman, Editorial Aguilar.

En el año 390 a.C, un jefe galo llamado Breno inflingió una seria derrota a los romanos, y sus hordas se apoderaron de la capital. Sólo el Capitolio resistió durante siete meses. Por fin los sitiados acordaron pagar un rescate que consistía en colmar de monedas de oro el plato de una gran balanza. No bien empezaron a cargar el oro, los romanos advirtieron que las pesas eran falsas y que con ellas el tributo resultaba mucho mayor. Reclamaron, pero Breno, por toda respuesta, lo aumentó todavía más arrojando su enorme espada entre las pesas. Su única justificación fue un grito “¡Ay de los vencidos!”. Y los romanos tuvieron que someterse a las razones de la fuerza. Breno era sin duda un bárbaro. Pero era también un individuo realista. Cualquiera que haya sufrido una derrota, aunque sea deportiva, sabe que no hay compasión para quien pierde. O ve perder a su equipo favorito.


lunes, 17 de octubre de 2011

Antonio Carrizo, una metáfora de Buenos Aires


Este es el prólogo del libro que Antonio Carrizo estaba escribiendo con la colaboración de los periodistas Norberto Colominas y Daniel Vecchiarelli, cuando fue sorprendido por un ACV que aún lo tiene postrado. Como el libro ya no podrá terminarse, el prólogo adquiere una impensada vigencia.

Extraña Buenos Aires, totalizadora como los dioses que vinieron en los barcos, destotalizada como el tango, esa música del antihéroe que si no llora, no mama y si no afana es un gil. Seductora, filosa, con todo el empuje caótico del siglo nuevo, del mundo viejo, la ciudad envilecida se traga una bengala y vomita el agua negra del subsuelo. Mata doscientos en una sola noche pero humilla pibes cada día. Siglo XX Cambalache. Siglo XXI Cromañón. No nos une el amor sino el espanto.

Las palabras no inventan la realidad, sólo aluden a ella; algunas veces la niegan, otras la exaltan, o la justifican, y casi siempre la disimulan. Algunos quisieran privatizar la vida y reservarse el derecho de contarla. La eliminación del disenso es el sueño esvástico del pensamiento imperial, no importa si es Hitler, Stalin o Bush el que levanta la bandera de la unanimidad, ese ideal fascista. Tienta escribir “no pasarán”, pero cada vez que escribimos eso, pasaron.

El fulano destotalizado es existencial, agonista. Las consignas le caen pesadas, salvo la de ir por la vida con los ojos abiertos para mirar y ver. Quizá algún día los descomunales asesinos del 76 pasen otra vez. ¿Quién garantiza lo contrario? ¿Acaso los descomunales asesinos de Irak? ¿Acaso Europa, que todo lo consiente por un vaso de petróleo? ¿Acaso los bancos que devoran países?

Ayer nomás

A Borges se le hizo cuento que empezó Buenos Aires; a Carrizo, que empezó el tango. Si hace un rato tocaban a parrilla los primeros compases en el café de la esquina; si dos cafishos acaban de inventar esa danza de prostíbulo y abulia que todavía no multiplica 2x4; si Carlos Gardel, más francés que el camembert, toulousiano de a pie, aún entrena la gola cantando foxtros, pasodobles y rancheras, pero también gatos, zambas y otras canciones criollas que todavía no se llaman folklore; si unos extraviados vecinos de enfrente no habían difundido la fábula de que el morocho del Abasto nació en Tacuarembó. Pequeños homeros y su ilíada trucha del Río de la Plata. Homeros grandes como Manzi, Alsina Thevenet o Expósito jamás convalidaron esa tontería. Tampoco lo hicieron uruguayos valiosos como Juan Carlos Onetti, Eduardo Galeano, Alfredo Zitarrosa o Víctor Hugo Morales, por nombrar algunos.

Las cosas en su lugar: el tango nació en Buenos Aires y Carlitos en Toulouse, como lo demuestra con las escrituras en la mano Enrique Espina Rawson, nuestro gardelista en jefe.

Tango argentino, entonces, ya que también lo hay uruguayo, colombiano, finlandés, japonés y de innumerables geografías. Tango para todos y de todas partes, porteño y universal, aunque todavía no se organizó el mundial de tango, pero uno de verdad, el que merece y se debe Buenos Aires.

Antonio y el tango

El vínculo de Antonio Carrizo con la música de Buenos Aires se inició en los 40 y llega hasta hoy. Ese amor correspondido atesoró poetas, cantores, músicos, orquestas; la épica sonora del tango, contraseña de los argentinos en cualquier lugar del mundo.

La vasta formación de Antonio nos devuelve, reelaborado, el nacimiento arrabalero del tango, desde las primeras composiciones hasta La cumparsita; desde las guitarras robadas al flamenco hasta el bandoneón de Arolas; desde la maestría poética que alcanzó con Homero y Cátulo (¡qué injustas son las enumeraciones!) hasta el extraordinario desarrollo musical que le dieron Troilo, Di Sarli y más acá Piazzola. Tanto que a mediados del siglo XX el tango ya ocupaba junto con el jazz un lugar privilegiado entre las músicas del mundo.

Como el jazz, el tango no ha dejado de reinventarse para volver a ser, de un modo secreto, otro y el mismo; el de hoy, el de siempre. El tango no dejó de evolucionar porque nunca dejó de ser, con Buenos Aires, una y la misma cosa.

Es el sonido de esta ciudad llamada Buenos Aires pero nacida Santa María del Buen Ayre, en homenaje a la virgen que empujaba los barcos en los que navegaban hacia América los marineros andaluces, a fuerza de sextante y audacia, arrastrados por la pasión del oro.

El puerto de Palos, de donde zarpó Colón, y las ciudades de Cádiz y Sevilla, sedes de organismos imperiales que regían estas tierras, son territorio andaluz. Así llegaron a Buenos Aires los Fernández, Pérez, Rodríguez, González, Gómez, Díaz y cuanto apellido grave terminado en z, descendientes de los moros castellanizados por Madrid. En esa tropa también vinieron judíos cristianizados como Saavedra y otros por el estilo, con doble a, y algunos esdrújulos como Alvarez. Pero los argentinos decidimos que en vez de andaluces eran gallegos (ya fueran del norte, es decir nietos de celtas, si eran rubios y de ojos claros; ya del sur, mezcla de vascos con gnomos portugueses, cuando salían petisos y cejijuntos). Hacia el 1350, con la expulsión de los árabes del sur de la península, el bisabuelo Abdul Nadim pasó a llamarse Juan Fernández, fue obligado a casarse por iglesia, a bautizar a sus hijos y a ir a misa los domingos. Pero aún con nombre castellano siguió siendo andaluz. Los apellidos gallegos tienen otra música: Longueira, Seoane, Oreiro.

Sur

El tango nació en esta geografía de metrópoli austral, sureña del sur, y se largó a vivir en una cultura portuaria hecha de fragmentos, de sobras, de retazos. Después creció hasta convertirse en uno de los fundamentos de identidad de Buenos Aires, la ciudad que en 300 años pasó de ser el fuerte perdido de sus dos nacimientos a la capital cultural de Sudamérica.

Esas extrañezas, esas encalladuras, esas contradicciones prepararon el humus que abonaría el nacimiento del tango, "un sentimiento que se baila", y así entraría en la vida de los abuelos, los padres y los nietos, porque el tango es de todos, incluso de aquellos que aún no descubrieron lo mucho que les gusta. “Los espero después de los 30”, le dijo Osvaldo Pugliese a un grupo de estudiantes que admiraban su compromiso militante pero aún no habían sido alcanzados por el tango.

Esas extrañezas, la de los inmigrantes por ejemplo, que en realidad fueron exiliados, porque si bien entre nosotros encontraron tierra y sustento nunca pudieron superar ese estigma de origen. “Inmigrante” es una palabra escondedora, demasiado neutral para ser justa, un eufemismo que encubre el sentido más duro de expatriado, y aún el lúgubre de desterrado, que definen mejor la vivencia de quienes han debido abandonar su país a pesar suyo, para no morir de hambre, como hace un siglo fue el caso de los abuelos, o simplemente para no morir, como hace treinta años ocurrió con sus nietos, quienes recién entonces pudieron comprender el dolor de aquellos tanos y gallegos, de aquellos turcos, “rusos” y franchutes empujados a vivir bajo otro cielo.

Para los rioplatenses el tango es tierra propia, embajada y embajador al mismo tiempo, no importa el país dónde se escuche. Y es oportuno recordarlo porque el tango se nutrió de esas injusticias viejas y nuevas, de esas lágrimas cruzadas, de esas idas y vueltas por todos los océanos.

Por eso su instrumento emblemático no fue inventado por los quilmes o los quechuas sino por un gringo rubio, europeo del centro y no del sur. Ese instrumento fue inventado en Alemania por un luthier llamado Band, que nunca estuvo en la Argentina, que nunca escuchó un tango y que ya había muerto hacía mucho tiempo cuando se estrenó “Mi noche triste”.

A Band se le dio por inventar un instrumento basado en la mecánica del fuelle; de ahí el apodo. Así nació ese hijo natural de la acordeona y el órgano, una especie de cajón manuable, es decir amable para las manos, con el que se podía tocar música religiosa en las procesiones, ya que los órganos eran demasiado grandes para sacarlos a la calle, y las acordeonas demasiado mundanas. Ese híbrido pudo llamarse banda, bandeja, bandido, bandeirante, pero fue bandoneón.

Y el bandoneón --un inmigrante más-- fue trasplantado del incienso de las novenas al humo espeso del cabaret; de los velorios europeos a la triste alegría de los arrabales; de la mitra y el capelo a las alegres mascaritas. Una noche tosió en un patio alumbrado a querosén y fue adoquín, farol, Alumni; después madame Ivone, muñeca brava y Mimí como Ninón; de arranque Cumparsita y al final Corrientes, el puerto y otra vez los océanos, viaje a viaje y barco a barco. Gardel lo cantó en París para el asombro; Borges lo llevó en secreto a su Palermo de esquinas y cuchillos.

El tango está poblado de personajes más trascendentes que los hombres y mujeres que lo difundieron por el mundo, en el sentido de que Gardel fue más grande que su voz, que la suma de sus tangos, que sus películas, que su sonrisa y que su pinta. Por eso el plus, el mito.

Pero Antonio fue amigo de la persona y no del mito, de pichuco antes que de Troilo, del polaco antes que de Goyeneche. Muchos lo admiran por los incontables logros de su carrera; otros lo recuerdan como presentador de aquellos bailes de carnaval en los que la gente se apiñaba para escuchar a las orquestas populares, o como adelantado del tango en televisión; en fin, como bonaerense que llegó de Villegas a los 22 años y eligió ser porteño.

La radio fue testigo del interminable diálogo de Antonio con todos los grandes: directores, poetas, cantores. Fueron célebres sus reportajes, desde los que realizó en El Mundo durante las décadas del 40 y el 50 hasta los que difundió por Rivadavia desde La vida y el canto. Material de una riqueza extraordinaria que sólo fue emitido una vez y permanece inédito en gráfica, casi virgen.

Su discoteca es parte de una vasta biblioteca en la que conviven incunables, fotografías, cartas, retratos, carátulas, portadas; la innumerable gráfica del tango. Este libro es apenas un índice de esa doble riqueza: la que guarda en su casa y la que lleva en su corazón.

Final

No hay tango sin ciudad. Arisca, imprevisible, víbora o ardilla según te vaya en la conquista, Buenos Aires aprendió a pedir cada vez más por hacerte un favor, a darte todo porque sí, y también a quitártelo de un solo manotazo. Le sobra carpeta: va de la farsa al dolor y del llanto a la alegría como quien mueve un caramelo dentro de la boca. Hoy juega el cuatro del desprecio, mañana la sota de la compasión y nunca le adivinás el juego. Sabe aplaudir aunque no corresponda y sobre todo cuando corresponde. El siglo nuevo la hizo pragmática: ama el buen gusto pero negocia con el mamarracho. Buenos Aires es al mismo tiempo lo que hace de vos, lo que hace con vos y lo que te deja hacer.

No nos une el amor sino el espanto. Será por eso, Antonio, que la queremos tanto.

lunes, 10 de octubre de 2011

La Ideología de los Montoneros en "El Descamisado"

Buenos Aires, 8 de octubre (Télam).- Las hermanas Nadra, Giselle y Yamilé, dieron el paso para revisar el archivo de la revista "El Descamisado", y deducir de esa lectura minuciosa la ideología de la organización Montoneros, que volcaron en un libro de aparición reciente.

El volumen, publicado por la casa Corregidor, fue presentado por un panel de notables -entre los que se contaban los periodistas Miriam Lewin y Norberto Colominas- la semana pasada en la 5ta. Feria del Libro Social y Político que tuvo lugar en la sede del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

Giselle Nadra nació en Buenos Aires en 1985; es licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano, e integrante del Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria; actualmente, está en comisión por el Observatorio Argentino de Drogas (OAD).

Yamilé Nadra nació en esta misma ciudad un año antes. Abogada por la Universidad Torcuato Di Tella, es integrante de la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las Causas por Violaciones a los Derechos Humanos cometidos durante el período 1976-1983 en la Procuración General de la Nación.

En la introducción, las autores explican por qué eligieron a los Montoneros y por qué a "El Descamisado": "El 22 de mayo de 1973 salió a la luz el primer número. A tres días de la asunción de Héctor Cámpora como presidente de la Nación".

"En esta etapa de casi tres años de convulsionada democracia -prólogo acorde con uno de los capítulos más oscuros en la memoria argentina-, `El Desca`, como se referían a él la mayoría de sus lectores, surgió como la primera publicación de la organización político-militar Montoneros", cuentan las autoras, nietas del histórico dirigente del Partido Comunista Argentino, Fernando Nadra.

El semanario se difundió legalmente hasta el 8 de abril de 1974, con una tirada que osciló entre los 100 mil y los 150 mil ejemplares, que se vendían en todo el país.

Las hermanas Nadra, de sólida formación académica, leen en esas páginas dirigidas por Dardo Cabo (hijo del sindicalista Armando), un punto que nunca queda del todo despejado: ¿qué ideología era la de los Montoneros; eran reformistas o revolucionarios?

"La gran popularidad de Montoneros combinada con su imposibilidad de lograr un triunfo político, es a menudo percibida como paradojal", escriben las hermanas Nadra. "Esta aparente paradoja, sumada a los demás elementos de importancia de la organización (...) ha conducido a historiadores, periodistas, politólogos y ex miembros de la propia organización, a investigar, analizar y/o exponer elementos relevantes para comprender el fenómeno".

Este libro, que define desde el principio que se quiere decir cuando se dice ideología, es un aporte más, no en la vertiente más periodística o testimonial, sino desde las organizaciones armadas mismas en su estructura y operaciones, a ese debate, acaso alguna vez salvado. (Télam)

domingo, 9 de octubre de 2011

Antes pasará un Camello por el Ojo de una Aguja


Seguimos con nuestra selección dominical de Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato, de Héctor Zimmerman, Editorial Aguilar.

En el Evangelio según San Mateo se lee: “Antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entrará en el reino de los Cielos”. La frase, que alude a los poderosos que no comparten nada con su prójimo, ha llamado la atención de los comentaristas bíblicos por lo inusitado de la comparación.

Algunos suponen que en Jerusalén había una puerta que por su forma y su estrechez era llamada “El Ojo de la Aguja”. Pero nunca se comprobó su existencia. Para otros se trata de una confusión entre dos palabras que en hebreo suenan muy parecido: camello se dice gamal, y cable, gavel. Enhebrar un cable (una soga), por inconcebible que ello sea, resulta menos disparatado que enhebrar un camello.

Pero la Biblia es rica en metáforas que asombran. ¿Por qué no admitir también ésta? Sobre todo si se piensa que, desde hace veinte siglo, integra el más vívido repertorio de nuestras expresiones.

viernes, 7 de octubre de 2011

¿ Y si hubiera un Cielo?


"Digo,
y si hubiera nomas un cielo
un lugar donde están los que no están

los treintamil y los que murieron peleando
contra la impunidad en estos treintaypico de años,
cuatrocientos y nosecuantos meses
y un montonazo de días, horas y segundos
de la puta impunidad

Digo,
ya se que es difícil
pero si al final de cuentas
hubiera un cielo
donde estén el Roby y Agustín
el Paco y Rodolfo y el Negrito
y la Adriana y el viejo Floreal

Digo,
yo no creo que lo haya
porque quinientos años de ciencia
y los telescopios y eso del
materialismo dialéctico y el antidhuring
pero, si por las putas hubiera un cielo,
que fiesta que tendrán los compañeros!
que pedo de vino barato! como el clandestino
que alegría que tendrán los que vencieron la
muerte
viendo al muerto de Videla temblar ante la sentencia
después de tanto alardear y amenazar
mostrándose al fin en su desnuda imagen asesina

Digo,
como decía armando, si no existe el cielo
al menos
debería haber un cielo para los compañeros,
puta, que les cuesta,
al menos para que esta noche brindemos juntos
y soñemos que estamos allá y que están acá
que no se fueron nunca o que no nos salvamos
que seguimos juntos
y juntos derrotamos….

Digo,
ya se que no del todo ni integralmente
y todo eso que bien lo se
que mariano y formosa y la villa de soldatti
y el Julio y todo lo demás
pero Videla se fue para la cárcel
y nosotros estamos aquí y en el cielo
de los compañeros
celebrando
y eso merecería que hubiera un cielo"

José Schulman